Uno de los pilares fundamentales de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca es la preservación de la memoria, con un objetivo muy específico: construir el futuro en un espacio digno para la vida.
Por ello, el Museo Infantil de Oaxaca se esmera en hacer de las raíces prehispánicas un tema cotidiano para las infancias, así como en permitirles convertirse en guardianes de la memoria a través del arte, como la cerámica y la fotografía. La BS Casa de la Cacica se suma a esta noble labor a partir de la revitalización del Tu’un Savi. Siguiendo esta inercia, el programa Seguimos Leyendo recupera la potencia imperecedera del mito para la expresión de la niñeces y la FAHHO Itinerante, la del teatro.
Por su parte, Adabi Oaxaca sigue recuperando la historia de diferentes comunidades, esta vez la de Santa María Zacatepec. Mientras tanto, el Taller de Conservación y Restauración Documental nos habla sobre las condiciones climáticas que permiten mantener viva nuestra memoria de papel. Por otro lado, la Biblioteca Henestrosa hurga en el olvido para recordar a una figura fundamental de la generación del 27.
El Centro Cultural San Pablo presenta al Conejo Venado como una figura que hibrida atributos, símbolos y cosmovisiones. Entretanto, la Coordinación de Medio Ambiente celebra a esos seres que llevan consigo la memoria del mundo entero para hacerla florecer.
Finalmente, Guerreros de Oaxaca rememora su primer y victorioso juego en el Estadio Yu ́va; el Museo de la Filatelia celebra su cumpleaños número 28 reconociendo que la vida de un museo palpita en las personas que lo adoptan; y el Museo Textil reafirma esta postura haciendo notar aquello que la inteligencia artificial jamás podrá emular ni sustituir: el pulso de la vida que se gesta en comunidad.
Disfruta las siguientes páginas y forma parte de la historia que crece con la comunidad FAHHO. Porque la memoria no solo resguarda lo que fuimos, también inspira lo que podemos construir juntos.
Asistentes a la presentación del libro en Monte Albán. Fotografía: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca
Quienes estamos aquí reunidos para la presentación de este libro no necesitamos ser convencidos de las maravillas de Monte Albán. Transmitir al público la sensación de asombro que inspira este lugar es un gran desafío para los educadores. Hacerlo para los niños es un reto aún mayor. En mi opinión, este libro —escrito con destreza y mucha imaginación por Brenda Arango, Patricia García y Marichelle Romero, y maravillosamente ilustrado por Carlos Vélez Aguilera— cumple con ese objetivo tan elevado, aunque rara vez alcanzado. Sin duda, hay muchas más personas que participaron en la culminación de este volumen y, pese a que no aparecen sus nombres, todos merecen grandes elogios y felicitaciones. Este es un libro que triunfa en muchos ámbitos: en el cuento, en su estructura, en sus cualidades didácticas y en sus llamativas ilustraciones.
En cuanto a la narrativa, este libro cuenta la historia de dos hermanos —un niño y una niña zapotecos o binni záa— que viven en el periodo Clásico (500–850 d. C.) e invitan al joven lector a acompañarlos en un viaje que comienza antes del amanecer hacia la lejana ciudad de Monte Albán. El propósito de su viaje se mantiene en secreto y se oculta al lector para despertar su curiosidad y atraerlo hacia la travesía: no es hasta la mitad de la historia cuando se revela que presenciarán la coronación del nuevo rey de Monte Albán.
A lo largo del camino, los hermanos y su lector acompañante experimentan la cotidianidad como la vivían los habitantes de Monte Albán, desde la gente común y la nobleza, hasta la realeza. Durante su ascenso, desde el fondo del valle hasta la ciudad de Monte Albán, situada en la cima de la montaña, conocen y participan en algunas de las rutinas cotidianas y en los espectáculos que disfrutaban personas de cada estrato social.
En el río Atoyac, los niños pescan con el atlatl con cordel de ixtle, almacenan agua en un calabazo y descubren la flora y fauna del entorno. A continuación, ascienden a un barrio de gente común que habita en chozas de bajareque y se viste con ropa elaborada de fibra de maguey para el evento tan especial programado para más tarde. Luego pasan por una casa noble en Atzompa y, junto a la residencia, admiran a los artesanos mientras elaboran ollas enormes de cerámica para tepache. Más tarde, entran al mercado frente al Templo de los Danzantes y atestiguan el espectáculo del juego de pelota. Participan en las plegarias a Cociyo, dios del rayo (el dios zapoteco de la lluvia), en los templos y en el espejo de agua en el centro de la Plaza Principal. Entran en una casa noble cuyo amo —quien será el nuevo rey— consulta a los espíritus de sus antepasados, que se alojan en la tumba familiar subterránea instalada bajo el piso de la casa. Los niños y su compañero presencian la llegada de embajadores de Teotihuacán, quienes acuden para asistir a la coronación del rey. Terminan su día en el Observatorio, escuchando al sacerdote interpretar las señales de las estrellas para conocer el destino del nuevo rey.
Cada uno de los eventos mencionados anteriormente constituye un capítulo del libro y sigue la misma estructura. Recrea en texto e imagen lo que habríamos visto, oído, olido y sentido si estuviéramos ahí, mostrándonos a los habitantes, su entorno, su vestimenta y su equipamiento. Así, el joven lector va conociendo, poco a poco, por medio de una rica experiencia sensorial, el pueblo de Monte Albán, las actividades diarias, el entorno y su materia cultural.
Cada capítulo está acompañado por íconos de los animales, plantas y objetos en uso en el lugar. Es así como se invita al lector a participar activamente, buscando los mismos objetos ocultos en la gran ilustración que acompaña al texto de cada sección.
Esto nos lleva a la cuestión de las ilustraciones del libro, realizadas con gran destreza y atención al detalle por el maestro Carlos Vélez Aguilera.
Se trata de un libro de gran formato, de 27 por 27 cm, lo que se presta para la amplia ilustración panorámica que acompaña a cada capítulo. Por su perspectiva, cada ilustración transmite la fuerza y la majestuosidad que sentimos al estar en la Plaza Principal y en otros lugares de la antigua urbe. Además, varias ilustraciones más pequeñas enriquecen y complementan cada apartado.
Los colores seleccionados por Vélez Aguilera son sublimados. Tal vez esas tonalidades son una metáfora de que no todo es visible.
El artista presta mucha atención a los detalles de la materia cultural de los antiguos zapotecos. Por ejemplo, se reconstruye el Palacio de los Altares, los talleres de alfarería, todos en Atzompa, tomando en cuenta su diseño y los artefactos revelados ahí por las excavaciones arqueológicas. De la misma manera, el nuevo rey consulta a los espíritus de sus antepasados frente a la fachada de la famosa Tumba 104 excavada por los arqueólogos.
Otros artefactos zapotecos procedentes de sitios arqueológicos del valle de Oaxaca, al igual que las plantas y animales del valle, animan las guardas del libro.
La obra contiene un gran mapa de la Plaza Principal que ubica los lugares y las sedes de los eventos descritos a lo largo del cuento. Servirá como una gran ayuda para orientar a niños y niñas en la Plaza Principal, además de recordarles los eventos descritos en el libro cuando visiten Monte Albán.
Desde una perspectiva académica, hay que reconocer que este es un libro difícil de escribir. Si bien la arqueología de Monte Albán y del valle de Oaxaca es bien conocida gracias a las excavaciones pioneras de Alfonso Caso y a las de muchos otros que continuaron su labor, su historia es objeto de intensos debates y controversias. Intentar dar sentido a todo ello resulta para las autoras un gran desafío. Ellas han realizado una labor admirable al fundamentar su relato en la bibliografía arqueológica. Es posible discrepar en ciertas particularidades, pero hacerlo supondría pasar por alto el verdadero propósito de la obra: evocar la vida como se experimentó y se sintió en este antiguo lugar. En este aspecto, el libro triunfa y supera todas las expectativas.
Como ha quedado patente, las autoras abordan la tarea de adquirir conocimiento apelando a los sentidos. Los conocimientos llegan al intelecto del lector mediante la experiencia sensorial. Considero que la arqueología académica tiene algo importante que aprender de este libro: su apelación a los sentidos y a la maravilla de Monte Albán, así como de otros lugares que, en un principio, nos atrajeron a nosotros, los arqueólogos, hacia estos sitios imponentes.
Cabe destacar que el libro tiene un segundo público que no resulta evidente a primera vista: los adultos —padres de familia, maestros y bibliotecarios— que lo leerán a los niños o con ellos, o que organizarán talleres parecidos a los del Museo Infantil de Oaxaca. Sin duda, será tan apreciado por los adultos como por los niños.
Siempre pensando en su público principal, las autoras reconocen, como deben, la labor del joven lector por haber realizado el viaje. “¡Felicidades! No todos tienen el valor de emprender un viaje tan largo, pero tú lo lograste. Ya eres parte de quienes saben escuchar lo que cuentan las piedras, los árboles, las nubes y las estrellas… Monte Albán no es sólo un lugar antiguo: es un puente entre quienes fuimos, quienes somos y quienes seremos”.
* Dictada al público durante la presentación del libro en el Museo del Sitio de Monte Albán el día 26 de junio de 2026.
La dimensión humana de los talleres del Museo Textil de Oaxaca
La dimensión humana de los talleres del Museo Textil de Oaxaca
La dimensión humana de los talleres del Museo Textil de Oaxaca
Durante la edición 2026 de Museum Week, un evento cultural digital nacido en Francia y respaldado por la UNESCO, cientos de instituciones culturales, museos, galerías y bibliotecas de todo el mundo compartieron contenidos, historias e iniciativas en redes sociales. Uno de los temas que despertó mayor interés fue el del papel de la inteligencia artificial (IA) en los museos. El Museo Textil de Oaxaca, participante desde 2015, también formó parte de esta conversación. Las propuestas fueron diversas: desde herramientas para mejorar la gestión de colecciones hasta aplicaciones para la mediación con visitantes y la investigación curatorial. Estas iniciativas abren una conversación pertinente para el ámbito cultural, y también invitan a reflexionar sobre la naturaleza misma de los museos y aquello que los hace relevantes.
La inteligencia artificial es una herramienta que forma parte de nuestra vida cotidiana, por ello, es comprensible que las instituciones culturales exploren sus posibles aplicaciones. Sin embargo, la cuestión no debería centrarse únicamente en qué es lo que puede hacer esta herramienta, sino en preguntarnos si los museos la necesitan y cuáles son los objetivos que se persiguen con su uso.
En algunos ámbitos, la IA puede ofrecer beneficios concretos. Por ejemplo, ayudar a organizar y analizar grandes cantidades de información, facilitar la catalogación de acervos, mejorar la accesibilidad de contenidos mediante traducciones e incluso realizar descripciones automatizadas. También puede convertirse en un medio para acercar colecciones y conocimientos a públicos que difícilmente podrían visitar un museo de manera presencial. En estos aspectos, este tipo de tecnología podría representar una oportunidad para ampliar el acceso al patrimonio cultural.
Sin embargo, los museos son mucho más que espacios donde se almacenan, clasifican o exhiben objetos e información. Por su parte, el MTO genera encuentros entre las personas y su patrimonio, promueve el diálogo y la reflexión, y construye puentes entre distintas formas del conocimiento. Cada exposición implica una serie de decisiones sobre qué historias contar, qué voces incluir y qué preguntas plantear al público. Son procesos que involucran investigación, experiencia profesional, sensibilidad y, sobre todo, una profunda responsabilidad ética.
Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Esta dimensión humana adquiere aún mayor relevancia en instituciones cuya misión está estrechamente vinculada con las comunidades que dan sentido a sus colecciones. Para el MTO, su trabajo no solo se limita a presentar textiles como objetos estéticos o históricos, pues, mediante diversas exposiciones, talleres, encuentros, investigaciones y proyectos colaborativos, busca fomentar un diálogo constante con las personas y las comunidades.
Desde esta perspectiva, resulta difícil imaginar que una herramienta tecnológica pueda reemplazar aspectos fundamentales de esa labor. El diálogo con una comunidad, la construcción de relaciones de confianza, la escucha de experiencias y saberes, o la comprensión de los significados que una pieza tiene para quienes la elaboran, transforman y utilizan, son procesos profundamente humanos. No se trata únicamente de reunir información, sino de establecer vínculos y reconocer contextos que están en constante transformación.
Algo similar ocurre con la curaduría, la museografía y la restauración. Estas disciplinas combinan el conocimiento especializado con la capacidad de interpretación y el criterio profesional. En un proceso de curaduría no solo se seleccionan objetos, sino que también se construyen narrativas, se plantean preguntas y se buscan conexiones que permitan generar nuevas lecturas sobre una colección. La museografía, por su parte, diseña experiencias espaciales y sensoriales que influyen en la forma en que el público se relaciona con los contenidos y el discurso de la exposición. La restauración exige, además de conocimientos científicos, una comprensión ética sobre los límites de la intervención y el respeto por la historia material de cada pieza textil.
La inteligencia artificial podría convertirse en una herramienta útil para apoyar algunas de estas tareas. Sin embargo, las decisiones fundamentales seguirán dependiendo de las personas responsables de cada proyecto. El conocimiento especializado, la experiencia acumulada y la sensibilidad que se desarrolla por medio del trabajo directo con las colecciones y las comunidades continúan siendo elementos que no se pueden sustituir.
Quizá uno de los riesgos de la conversación actual sea pensar que la innovación únicamente sucede en términos tecnológicos. Los museos han innovado durante décadas en sus propios ámbitos de acción, el MTO, por su parte, ha perfeccionado nuevas formas de participación, educación, investigación y colaboración social. Muchas veces, las transformaciones más significativas no provienen de herramientas digitales, sino de la capacidad de escuchar a las comunidades, incorporar perspectivas diversas y replantear las formas en que se construye y comparte el conocimiento.
Por ello, la discusión sobre la inteligencia artificial no debería plantearse como una elección entre tradición y modernidad, ni entre personas y tecnología. Más bien, representa una oportunidad para preguntarnos qué tipo de museos queremos construir y cuáles son los recursos que mejor responden a esa misión. En algunos casos, la IA podrá aportar soluciones valiosas; en otros, su papel será limitado o incluso innecesario. Lo importante es que cualquier decisión tecnológica debe estar al servicio de los objetivos culturales y sociales de cada institución, y no al revés.
La conversación impulsada por Museum Week invita a reflexionar sobre estas cuestiones. La inteligencia artificial seguirá evolucionando y probablemente encontrará nuevos espacios dentro del ámbito cultural. Sin embargo, la esencia de los museos posiblemente continuará recayendo en algo que ninguna tecnología puede replicar plenamente: la capacidad de generar encuentros significativos entre personas, conocimientos, objetos e historias. En diferentes museos, como el Museo Textil de Oaxaca, donde el diálogo cercano y participativo con las personas y las comunidades ocupa un lugar central, esa dimensión humana no es un complemento de la labor museística, sino su razón de ser.
Proceso de organización del archivo. Fotografías: Adriana Chávez
Proceso de organización del archivo. Fotografías: Adriana Chávez
Proceso de organización del archivo. Fotografías: Adriana Chávez
El pasado mes de junio, el equipo de Adabi Oaxaca organizó el archivo de la agencia de policía de Aquiles Serdán, perteneciente al municipio de Santa María Zacatepec. Su acervo es pequeño pero importante, y su documentación histórica comprende el periodo de 1936 a 1980. El contenido es valioso, pues nos permite visualizar un tema delicado como el de la posesión de la tierra en la región de la Costa Chica. También resulta relevante la reconfiguración territorial que atravesaron algunos municipios, suceso que los llevó tanto a la expansión como a la pérdida de territorio. Estos procesos nos permiten contextualizar las solicitudes de dotación de ejidos en el periodo posrevolucionario, así como la necesidad de acreditar la “categoría política” de determinados pueblos en esta área de Oaxaca. Tal es el caso de la agencia de Aquiles Serdán.
Conocer la fundación de la agencia significa remontarnos al pasado de su cabecera municipal. La comunidad de Zacatepec resguarda copias de dos lienzos originales que describen el origen de este pueblo. Gracias a ellos se sabe que la comunidad fue fundada en el periodo prehispánico por mixtecos de la Mixteca Alta. Los pictogramas justifican la posesión del territorio que habitan. Con la llegada de los españoles, las tierras costeras se convirtieron en agostaderos para ganado importado de Europa. Durante el virreinato, los europeos organizaron la trashumancia de ganado menor por una extensa ruta entre Puebla y la costa mixteca. Distintos grupos de pastores que se ocuparon de los rebaños se establecieron en estaciones a lo largo de esta ruta, algunas de las cuales se ubicaron en el territorio de Zacatepec y, en el transcurso de varios siglos, fundaron pueblos y ranchos. Hasta 1777 los jesuitas seguían arrendando tierras a este pueblo para establecer sus haciendas de ganado menor. Varios particulares se vieron beneficiados con las políticas liberales de las leyes de terrenos baldíos durante el porfiriato, de modo que, por medio de contratos, se apoderaron de comunidades completas arrendando tierras para el mismo fin y provocando conflictos con las comunidades.1
Después de la Revolución, la situación en Zacatepec cambió drásticamente. Durante la década de 1920, y como resultado de las nuevas leyes agrarias posrevolucionarias, las poblaciones mestizas y nahuas asentadas en los terrenos de este municipio comenzaron a pedir la dotación de tierras.2 Para ese momento, dentro de los asentamientos se encontraba San Miguel, el nombre que anteriormente tuvo la agencia de Aquiles Serdán. El expediente más antiguo del archivo es de 19363 y está relacionado con las primeras gestiones como comité ejecutivo agrario, identificándose como cuadrilla San Miguel Piñas, cuyo objetivo era solicitar la dotación de ejidos. El documento incluye un padrón de ciudadanos, así como la petición de un ingeniero agrónomo que los apoyara en el deslinde de sus terrenos para agilizar su expediente agrario. Estas diligencias provocaron la reacción defensiva del municipio, lo que generó represalias. Existen quejas contra esta autoridad por el hostigamiento al que fue sometida la cuadrilla. Otro reclamo se desprendía del hecho de que ganaderos de Putla arrendaban tierras a Zacatepec para sus ranchos, sin embargo, no se hacían cargo de la reparación de los graves daños que el ganado ocasionaba a las milpas de los campesinos de San Miguel, y la autoridad hacía caso omiso de esta problemática.
Algunos de los documentos del archivo
Algunos de los documentos del archivo
Algunos de los documentos del archivo
En 1940, la agencia continuaba solicitando la dotación.4 Los documentos nos permiten ver algunas de las vicisitudes por las que atravesaron en la búsqueda de la resolución presidencial. Por un lado, en 1945 la autoridad agraria argumentaba que por haber cambiado el nombre de la población al de Aquiles Serdán, en 1937, se había perdido su expediente agrario.5 Por otra parte, en 1952 no estaba definida su solicitud, es decir, no estaba claro si lo que requerían era dotación de ejidos o confirmación de tierras comunales, ya que estas pertenecían al municipio de Zacatepec.6 En consecuencia, optaron por gestionar la confirmación de terrenos comunales, no obstante, la autoridad les requería los títulos originales que ampararan la propiedad de la tierra, pero estos paraban en manos del municipio.
El problema del abigeato —robo de ganado— en la ruta del camino nacional Putla-Pinotepa ha sido recurrente. Esto encendió alarmas en las autoridades, por lo que en 1936 la comunidad de San Miguel Piñas dirigió un documento al presidente de la República exponiendo algunas de sus problemáticas. Entre ellas, cuestionaban si era una obligación prestar el servicio gratuito de policía que les exigía la cabecera. También, por esos años, el Departamento de Asuntos Agrarios instruía al presidente del comité ejecutivo agrario de la comunidad a recaudar fondos para comprar armas, incentivándolos a crear guardias rurales. En 1956 se constituyó formalmente una guardia rural7 ya bajo el nombre Aquiles Serdán.
El archivo histórico contiene algunos documentos que podrían conducir a nuevas investigaciones sobre la configuración de estas poblaciones.
1. Sebastián van Doesburg, Los lienzos de Santa María Zacatepec, Oaxaca: INPI, Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, 2022, p. 24.
2. Sebastián van Doesburg…, p.28.
3. Archivo de la agencia de policía de Aquiles Serdán, Sección Gobierno, Serie Tierras, 1936, caja 2.
4. AAPAS, Sección Gobierno, Serie Tierras, 1940, caja 2.
5. AAPAS, Sección Gobierno, Serie Tierras, 1945, caja 2.
6. AAPAS, Sección Gobierno, Serie Tierras, 1950-1958, caja 2.
7. AAPAS, sección Gobierno, Serie Tierras, 1956, caja 2.
El Conejo Venado es una figura híbrida: cuerpo y largas orejas de conejo; cornamenta ramificada de venado. Fotografía: Eduardo González
El Conejo Venado es una figura híbrida: cuerpo y largas orejas de conejo; cornamenta ramificada de venado. Aparece sentado y erguido en una postura atenta que proyecta hacia lo alto las formas que lo identifican. Pertenece a la serie de criaturas que el Taller Jacobo y María Ángeles ha producido a partir de los animales del calendario zapoteca y de la tradición de los nahuales.
En esta cosmovisión, cada animal ocupa un lugar dentro del orden de los días y porta cualidades propias. Las figuras híbridas surgen del cruce entre dos de esos signos y dan origen a un ser que ya no es ni conejo ni venado, sino una nueva entidad que reúne atributos de ambos. La superficie de la pieza está cubierta por un minucioso trabajo simbólico y pictórico: grecas, rombos y trazos geométricos derivados de la iconografía zapoteca, sobre un fondo azul profundo, perfilados con líneas anaranjadas. La cornamenta y las orejas, resueltas en una paleta distinta, organizan el peso visual de la pieza hacia arriba.
La versión aquí expuesta está realizada en fibra de vidrio y pintada con una paleta distinta de la empleada en versiones anteriores. Este material permite al taller producir piezas de mayor escala y llevarlas a espacios exteriores, donde la madera no resistiría durante periodos prolongados.
Las piezas monumentales del taller se han exhibido en espacios públicos alrededor del mundo.
Dedicatoria del editor Altolaguirre a Andrés Henestrosa. Fotografías: Acervo de la Biblioteca Henestrosa
El oficio del editor busca siempre ser invisible; cuando se lee un libro, nadie busca el nombre del editor hasta que encuentra en el texto algún error sintáctico u ortográfico, incluso una errata. El error lo hace presente; el editor más exigente siempre pasará inadvertido: su buen trabajo lo vuelve invisible.
Quizá por ello algunos de los grandes editores de la literatura terminan siendo olvidados. Cuando se habla de la Generación del 27 en España, siempre se piensa, sin duda, en poetas como García Lorca o Rafael Alberti. Pocas veces se pronuncia el nombre de Manuel Altolaguirre (1905, Málaga, España–1959, Burgos, España). Fue poeta, editor, impresor y librero, pero casi nadie recuerda que fue él quien editó gran parte de los libros de la citada generación española.
Altolaguirre estudió leyes en las ciudades de Málaga y Granada, donde conoció a Lorca; sin embargo, abandonó la abogacía para viajar a Londres, donde se formó como tipógrafo. Gracias a este oficio y a su inquietud literaria, fundó, al lado de Emilio Prados, las revistas Ambos y Litoral.
Durante la guerra civil española y la posterior instauración del franquismo, Altolaguirre tuvo mejor fortuna que Lorca y logró exiliarse. Después del fusilamiento de sus hermanos, en 1943 llegó a México en calidad de exiliado. Entre las varias amistades que fraguó en las tierras del Anáhuac se cuenta la del escritor ixhuateco Andrés Henestrosa; testimonio de ese vínculo son los ejemplares dedicados que resguarda la biblioteca homónima.
La Biblioteca Andrés Henestrosa conserva al menos diez publicaciones del poeta malagueño. Entre ellas destaca Poemas de las islas invitadas (SEP, 1944), ejemplar dedicado por el autor al escritor ixhuateco.
Para Andrés, en los primeros días, después de muchos años, estos poemas que solo escribí para buenos amigos como tú. Un gran abrazo, Manolo.
Uno de los poemas representativos del trabajo literario de Altolaguirre es “Dos aguas”; en él personifica el río y sus aguas, atribuyéndoles cualidades humanas. A partir del ciclo hídrico construye una metáfora existencial: un viaje en el que contrasta la pureza inicial del líquido con el caos de sus aguas finales, como si se tratara de un individuo que termina sus días destruido.
Aguas sin suerte, solteras despreciadas de los trigos, canosas ya por la espuma de las riberas del río, ¿qué infancia de nube airosa recordáis? Habéis perdido la niñez en cielos altos y ahora andáis largo camino hacia la mar que es la gloria del agua, su paraíso. ¡Qué vejez la del torrente! ¡Qué angustioso torbellino! Sin calmar la sed de nadie, y sin ser para Narciso espejos, vais a la muerte, aguas finales del río.
Tal vez ahí resida también el destino de Manuel Altolaguirre. Mientras muchos recuerdan a los poetas cuyos libros imprimió y editó, pocas veces se vuelve la mirada hacia quien hizo posible la existencia material de buena parte de aquella generación. Como los mejores editores, Altolaguirre terminó siendo casi invisible; sin embargo, basta con abrir uno de sus libros para advertir que detrás de aquellas páginas hubo también un creador cuya obra consistió en hacer perdurable la de los otros.
Integrantes del Taller Permanente de Lengua Mixteca
Integrantes del Taller Permanente de Lengua Mixteca
Integrantes del Taller Permanente de Lengua Mixteca
Este año, el Taller Permanente de Lengua Mixteca que se imparte en la Biblioteca BS Casa de la Cacica sigue construyendo un camino hacia la revitalización del mixteco, tal como ha ocurrido desde la apertura de la biblioteca en 2013.
Uno de los recursos más valiosos para aprender la lengua originaria es el contacto directo: la posibilidad de conversar y convivir con hablantes nativos para familiarizarce con ella. Los niños siempre han aprendido su primer idioma mediante la inmersión. La lengua materna se aprende con la comunicación natural, sin un proceso de enseñanza-aprendizaje consciente y sin una instrucción lingüística previa. Las y los niños aprenden porque sus familias y las personas que los rodean practican su lengua en su vida cotidiana.
Los niños hablantes nativos son excelentes modelos a seguir; imitar su entonación y pronunciación ayuda a desarrollar el oído fonético, que suele ser distinto al del español.
Las lenguas indígenas tienen una cosmovisión única, puesto que las palabras cobran gran sentido cuando se intenta comprender el significado completo de los conceptos en su contexto cultural. Este proceso requiere tiempo, más aún cuando en el contexto de aprendizaje no se cuenta con una población hablante de la lengua. Sin embargo, en la BS Casa de la Cacica se busca crear este espacio, donde las niñas y los niños no hablantes del mixteco que asistan al taller convivan de forma directa con los que sí lo hablan.
En esta ocasión, se llevó a cabo una primera visita a San Francisco Caballúa, comunidad perteneciente al municipio de San Antonino Monte Verde, ubicada en la región de la Mixteca, a una hora y media de Teposcolula. En esta visita se realizaron actividades lúdicas para poner en práctica lo aprendido en el Taller y también para seguir aprendiendo.
Fotografías: Acervo de la BS Casa de la Cacica
Fotografías: Acervo de la BS Casa de la Cacica
Fotografías: Acervo de la BS Casa de la Cacica
Camino a San Francisco, se observa una montaña tras otra, una riqueza natural invaluable: el bosque y las montañas parecen una armadura o un escudo contra el mundo exterior. Las comunidades rodeadas por estas murallas naturales se resisten a perder lo valioso que las representa y las hace únicas: su identidad, la memoria colectiva, los saberes, su lengua, la cultura y la naturaleza constituyen un legado vivo que enriquece la historia de toda la sociedad.
Al llegar a la comunidad, los niños ya esperaban nuestra llegada, al principio, un poco tímidos y con cierta reserva para compartir sus saberes lingüísticos; después, poco a poco, se podía sentir cómo nos acogían para hacernos parte de su contexto. La resistencia para comunicarse en su idioma es resultado de la discriminación que por décadas han sufrido las lenguas originarias. La gente mayor nos decía que los niños “sí lo hablan y lo entienden, pero les da vergüenza comunicarse con nuestro idioma, piensan que se van a burlar de ellos”. Ahí comprendimos por qué mostraron resistencia al principio para comunicarse en su lengua.
Las integrantes del Taller Permanente de Lengua Mixteca que asistimos para convivir con los niños también nos sentimos un poco tímidas, pero siempre tratando de formar parte de ese momento en el que dos mundos podían fusionarse a través de una sola voz: la lengua mixteca.
Este primer acercamiento a la comunidad de San Francisco Caballúa, Monte Verde, fue muy emotivo. Una experiencia llena de aprendizajes y, sobre todo, con nuevas expectativas por cumplir en las próximas visitas.
Las estrellas de los primeros juegos en el Estadio Yu’va. Fotografías: Eduardo González
Las estrellas de los primeros juegos en el Estadio Yu’va. Fotografías: Eduardo González
Las estrellas de los primeros juegos en el Estadio Yu’va. Fotografías: Eduardo González
Los Guerreros de Oaxaca comenzaron a escribir una nueva etapa en su historia deportiva al registrar sus primeras victorias en su nueva casa. La novena bélica consiguió su primera victoria oficial en el Estadio Yu’va al derrotar 17 carreras a 3 a los Conspiradores de Querétaro en el primer juego de la doble cartelera celebrada el sábado 23 de mayo de 2026.
Luego de la inauguración oficial del recinto la noche del viernes, el primer juego oficial para la organización oaxaqueña se registró al día siguiente, debido a que las condiciones climatológicas no permitieron el primer cotejo; con ello, las primeras acciones en la fortaleza bélica se llevaron a cabo en una doble jornada.
La historia comenzó desde el primer lanzamiento en el Estadio Yu’va, que fue ejecutado por el serpentinero Luis Miranda, y el primer cuadrangular que se registró en el diamante fue de Dwight Smith Jr.
Posteriormente, Jorge Flores marcó el primer out defensivo en la nueva fortaleza zapoteca que completó junto con el primera base Juan Santana, mientras que el primer hit fue conectado por Alexi Amarista.
Pizarra del primer juego
Tras un inicio complicado, Oaxaca reaccionó de forma explosiva en la tercera entrada con un rally de nueve carreras. Asimismo, Amarista produjo la primera carrera para la organización bélica.
Yariel González impulsó la del empate y más adelante aparecieron Luis Barrera, Ricardo Valenzuela y Juniel Querecuto para encender a toda la afición presente.
La ofensiva continuó haciendo daño con producción de Mel Rojas Jr., Juan Santana y, nuevamente, Juniel Querecuto, mientras que Alexi Amarista selló la noche conectando un cuadrangular de dos carreras en la sexta entrada, el primero en la historia del Estadio Yu’va.
Cabe mencionar que la pelota del primer jonrón en la historia del recinto fue atrapada por Luis Armando Sánchez Guerra, quien donó la esférica para que fuera conservada como parte de la historia de la organización.
La primera victoria para un lanzador en el estadio fue para Luis Miranda, mientras que la primera derrota fue para Esmil Rogers.
Con la pizarra de 17 carreras a 3 a su favor, la organización de Guerreros de Oaxaca escribió una nueva página en su historia al conquistar la primera victoria oficial dentro del Yu’va.
Primer lanzamiento: Luis Miranda Primer jonrón: Alexi Amarista Primer out defensivo: Jorge Flores, quien completó la jugada con Juan Santana Primera cuarteta de ampayers: Gustavo Pena (Hom Plate); Marco Garibay (1B); Jair Fernández (2B); Lucio Cebreros (3B).
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Doble victoria para Oaxaca Los Guerreros de Oaxaca se quedaron con el segundo juego de la doble cartelera frente a los Conspiradores de Querétaro en una intensa batalla disputada en la fortaleza bélica, la cual culminó por pizarra de 8 carreras a 4.
La tribu zapoteca tomó ventaja desde la segunda entrada gracias a un batazo productor de Luis Barrera; posteriormente, llegó una carrera más de caballito para colocar el juego 2-0.
Querétaro respondió en la tercera alta con producción de Macías y, más adelante, empataron el encuentro con un cuadrangular de Urrutia.
Pizarra del segundo juego
En la quinta entrada, Conspiradores tomó momentáneamente la ventaja con un imparable productor de Solarte, pero la respuesta de Guerreros fue inmediata y explosiva. Mel Rojas Jr. hizo estallar el Estadio Yu’va al conectar el primer grand slam que le dio nuevamente el control del encuentro a Oaxaca y encendió a toda la afición.
El propio Rojas Jr. volvió a producir un imparable de dos carreras para ampliar la ventaja oaxaqueña, mientras que Conspiradores únicamente logró descontar en la séptima entrada con producción de Urrutia.
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
El comienzo de esta nueva era, en la que la arquitectura, el arte y el beisbol se fusionan en un mismo recinto, promete grandes emociones en el Estadio Yu’va, donde los Guerreros de Oaxaca buscarán escribir nuevos y emocionantes capítulos en su historia deportiva.
Diversos públicos y actividades para celebrar a los polinizadores. Fotografías: Acervo de la Coordinación de Medio Ambiente
Diversos públicos y actividades para celebrar a los polinizadores. Fotografías: Acervo de la Coordinación de Medio Ambiente
Diversos públicos y actividades para celebrar a los polinizadores. Fotografías: Acervo de la Coordinación de Medio Ambiente
Pequeños insectos, grandes historias.
El pasado 27 de junio, el Centro Cultural San Pablo se llenó de insectos. El motivo fue el cierre de “Celebrando a Nuestros Polinizadores: Persea, Polen y Biodiversidad” (CNP), evento de divulgación realizado en el marco de la Semana de Polinizadores. Cobijados por la sombra de dos árboles acogedores, una explosión de formas y colores se instaló en el patio exterior del recinto, representada por mariposas Monarca, morfo, alas de golondrina y amarillas, polillas esfinge, búho, jeroglíficas y más, acompañadas de escarabajos joya y longicornios, avispas y abejas silvestres. Esta diversidad de insectos polinizadores pudo apreciarse tanto en fotografías como en colecciones entomológicas de exhibición e investigación del CIIDIR-Oaxaca.
Además, con ayuda de un microscopio, las y los visitantes se adentraron al secreto mundo de las estructuras de los insectos, como los pelos plumosos de las abejas o las texturas de la superficie de sus exoesqueletos, que pueden ser rugosas, con puntos o cubiertas de pelos diminutos. También pudieron observar insectos de apenas unos pocos milímetros, como abejas y escarabajos, que a simple vista no se pueden reconocer pero que comúnmente revolotean en las áreas verdes de la ciudad y sus alrededores.
En las mesas de contacto, el público pudo interactuar con colegas y estudiantes que desarrollan diversos estudios sobre insectos en los Valles Centrales de Oaxaca. Después de un recorrido visual por las formas y las historias de vida de los insectos exhibidos, las infancias tuvieron la oportunidad de plasmar su propia visión de color con crayones y plumones sobre dibujos de polillas, avispas, abejas y también sumergirse en el mágico mundo de la lectura, con temas relacionados con los insectos polinizadores y el cuidado del medio ambiente. Mientras tanto, en la sala de exposiciones se proyectaba un video con fotografías y sonidos de los polinizadores que habitan en el Jardín Etnobiológico de Oaxaca (JEBOax).
Fotografías: Acervo de la Coordinación de Medio Ambiente
Fotografías: Acervo de la Coordinación de Medio Ambiente
Fotografías: Acervo de la Coordinación de Medio Ambiente
A partir de las 10:30 horas se realizaron dos ciclos de charlas cortas con temas relacionados con la diversidad local de flores, sus polinizadores y el papel de la ciencia ciudadana en su conocimiento. Este año, el grupo polinizador representativo fueron las avispas: temidas aliadas que reciben poca atención, por esta razón, la charla que abrió el primer ciclo fue sobre ellas. En el intermedio de estos dos ciclos se proyectó el cortometraje Historia de un nido, un conmovedor relato sobre una madre de colibrí opaco (Phaeoptila sordida) y el destino de sus polluelos ante la adversidad; luego, el público participó con sus preguntas y comentarios sobre las diferentes actividades. La tarde culminó con destellos de verde metálico con la proyección del video Perfume insólito: una historia de las abejas de las orquídeas, que mostró un interesante comportamiento de los machos de estas abejas registrado por jóvenes biólogos e investigadoras en el JEBOax.
Así, entre alas translúcidas, con escamas, como estuches, con plumas y las historias que nos cuentan, culminó la novena edición del CNP en Oaxaca. En Michoacán, el cierre fue el 26 de junio en la Isla de Yunuén, ubicada en el lago de Pátzcuaro, en donde la comunidad abrió sus puertas para celebrar a los polinizadores.
El CNP es coordinado por el Instituto de Ecología, Centro Regional del Bajío y el CIIDIR-Oaxaca del IPN, enmarcado en la gran iniciativa de la Semana de Polinizadores iniciada y gestionada, desde 2007, por la ONG Pollinator Partnership (pollinator.org). Este año el CNP contó con el respaldo institucional de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, por medio de su Coordinación de Medio Ambiente y el Centro Cultural San Pablo, así como del Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado de Michoacán y de las investigadoras e investigadores por México SECIHTI en el Jardín Etnobiológico de Oaxaca. Por supuesto, esta edición fue posible gracias al trabajo de muchas personas que apoyaron en el diseño, la difusión, la logística del evento y, desde luego, a todos los públicos que nos acompañaron de manera presencial y virtual en las distintas actividades: ¡muchas gracias, nos vemos en 2027!
Medición con termohigrómetros para la óptima muestra expositiva. Fotografías: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental
Medición con termohigrómetros para la óptima muestra expositiva. Fotografías: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental
Medición con termohigrómetros para la óptima muestra expositiva. Fotografías: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental
Cuando visitamos una exposición y observamos un libro antiguo, un manuscrito o un documento histórico dentro de una vitrina, pocas veces imaginamos todo el trabajo que existe detrás de su presentación. Antes de llegar al espacio expositivo, cada pieza pasa por un proceso de evaluación y preparación destinado a garantizar que pueda mostrarse sin poner en riesgo su conservación.
Uno de los aspectos fundamentales en una exposición es conocer y controlar las condiciones ambientales del lugar donde será exhibida la pieza. Pero ¿por qué es necesario medir la humedad y la temperatura?
Los documentos históricos están elaborados con materiales sensibles como papel, pergamino, cuero, tintas y adhesivos, los cuales reaccionan ante los cambios del ambiente. Un exceso de humedad puede favorecer el desarrollo de microorganismos, provocar deformaciones o alterar algunos materiales; por el contrario, un ambiente demasiado seco puede ocasionar que pierdan flexibilidad y aumente su fragilidad.
Durante una exposición, los documentos se enfrentan a un entorno distinto del que ocupan habitualmente. Una sala de exhibición puede tener variaciones propias debido a sus características arquitectónicas, la circulación de visitantes, los sistemas de climatización o incluso los cambios del exterior. Por esta razón, el monitoreo ambiental permite conocer cómo se comporta el espacio y, de esta manera, poder anticipar posibles riesgos para las piezas.
Para realizar este seguimiento se utilizan instrumentos llamados termohigrómetros, encargados de registrar la temperatura y la humedad relativa del ambiente. Aunque pueden parecer dispositivos sencillos, funcionan como una especie de “memoria” del espacio, ya que almacenan información que permite conocer cómo han cambiado las condiciones a lo largo del tiempo.
Los datos obtenidos por medio de estos instrumentos pueden organizarse en tablas y gráficos que facilitan la interpretación del comportamiento ambiental; en consecuencia, estas mediciones permiten comprender las características climáticas del espacio y tomar decisiones para mejorar las condiciones de conservación.
Existen diferentes tipos de equipos de monitoreo ambiental, desde pequeños termohigrómetros digitales utilizados para conocer las condiciones de un espacio específico, hasta sistemas de registro continuo que permiten almacenar datos durante largos periodos. La elección del instrumento depende de las características del lugar, las necesidades de la colección y el tipo de actividad que se desarrolla, ya sea almacenamiento, consulta o exhibición.
Así, cuidar un documento durante una exposición no consiste únicamente en colocarlo dentro de una vitrina. Implica comprender sus necesidades, observar su entorno y generar las condiciones adecuadas para que pueda compartir su historia con el público sin comprometer su permanencia.
Los visitantes viviendo el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Los visitantes viviendo el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Los visitantes viviendo el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Los objetos preservan la memoria; las personas le dan significado.
¿Qué convierte realmente a un museo en un museo? La primera respuesta suele ser sus colecciones. Después de todo, desde tiempos remotos, el ser humano ha sentido la necesidad de conservar objetos para comprender su historia y transmitirla a quienes vendrán después. Sin embargo, una colección, por extraordinaria que sea, no basta para dar vida a un museo.
Un museo encuentra su verdadero sentido cuando alguien cruza sus puertas, se detiene frente a una pieza, descubre una historia, formula una pregunta o encuentra una emoción inesperada. Sin ese encuentro, incluso la colección más valiosa permanece en silencio.
Hace veintiocho años nació el Museo de la Filatelia de Oaxaca con una idea que, vista en retrospectiva, parece tan sencilla como poderosa: que un pequeño timbre postal puede contener la historia de un pueblo, la memoria de una época y la identidad de una sociedad. Desde entonces, el Mufi ha preservado y difundido uno de los acervos filatélicos más importantes del país, pero también ha construido algo imposible de exhibir en una vitrina: una comunidad.
A lo largo de casi tres décadas, el museo ha encontrado nuevas formas de dialogar con públicos diversos. La filatelia ha dejado de entenderse únicamente como una práctica de coleccionismo para convertirse en un punto de encuentro con la historia, el arte, la ciencia, el diseño, la comunicación y la memoria. Quizá esa sea una de las razones por las que el Mufi continúa siendo un museo vivo.
El proyecto “Del timbre postal al cartel”, concebido para celebrar este vigésimo octavo aniversario, refleja esa vocación por abrir nuevas conversaciones. Todo comenzó con una pregunta: ¿Qué sucede cuando artistas contemporáneos observan los timbres postales no como piezas de colección, sino como una fuente de inspiración?
Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Durante doce meses, doce artistas y colectivos respondieron a esa interrogante mediante la creación de una obra gráfica original. El resultado fue mucho más que una exposición: dio origen a un diálogo entre la filatelia y la gráfica contemporánea, entre el patrimonio documental y las miradas de quienes reinterpretaron el acervo del museo desde sus propios lenguajes visuales. Fue también una invitación a descubrir que la filatelia sigue siendo un lenguaje capaz de inspirar, emocionar y generar nuevas formas de mirar nuestro patrimonio.
Cada aniversario ofrece la oportunidad de hacer una pausa. Este, por supuesto, no fue la excepción. Toda celebración invita a mirar el camino recorrido, a agradecer a quienes lo hicieron posible y a pensar en el futuro que aún está por construirse.
Celebrar estos veintiocho años también significa reconocer a quienes han dado vida al museo: a sus fundadores, quienes imaginaron este proyecto; a aquellos que han trabajado y continúan haciéndolo cada día para hacerlo crecer; a investigadores, artistas, filatelistas, voluntarios y colaboradores que han enriquecido su historia; pero, sobre todo, a las miles de personas que lo han hecho suyo.
Son quienes recorren sus salas con curiosidad; quienes participan en un taller, imprimen una postal o estampan un morral; quienes descubren aquí su primer timbre postal y comienzan una colección; quienes encuentran inspiración para crear una obra; quienes regresan una y otra vez porque hallan un lugar para compartir el tiempo con quienes más quieren o, simplemente, para hacer un nuevo amigo. Son esas experiencias las que, día con día, mantienen vivo al museo.
Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Quizá esa sea la mayor enseñanza que obtenemos de estos primeros veintiocho años del Museo de la Filatelia: comprender que el valor de un museo no se mide únicamente por aquello que conserva, sino por los vínculos que es capaz de crear.
Entonces, ¿qué convierte realmente a un museo en un museo? En el Mufi, hemos aprendido que la respuesta no está únicamente en sus colecciones, sino en quienes las descubren, las interpretan y las hacen suyas.
Porque la memoria solo permanece viva cuando se comparte.
El museo encuentra la mejor razón para seguir abriendo sus puertas. En cada niño que descubre su primer timbre postal, en cada artista que encuentra inspiración y en cada persona que decide volver. Hoy celebramos no solo veintiocho años de historia, sino también los encuentros, el aprendizaje, la curiosidad compartida y a las miles de personas que llegaron atraídas por un timbre postal y descubrieron mucho más: un lugar donde siempre hay espacio para crear, compartir, inspirarse y sentirse bienvenidos.
Porque quizá esa sea, después de todo, la respuesta a la pregunta con la que comenzamos. Un museo no se define únicamente por las colecciones que este resguarda, sino por las personas que las hacen suyas, por las historias que nacen en su interior y por los vínculos que perduran mucho después de la visita.
Porque un museo vive cuando las personas lo habitan.
Puesta en escena de Salomé 68 por estudiantes del COBAO. Fotografía: Acervo de la FAHHO Itinerante
Puesta en escena de Salomé 68 por estudiantes del COBAO. Fotografía: Acervo de la FAHHO Itinerante
Puesta en escena de Salomé 68 por estudiantes del COBAO. Fotografía: Acervo de la FAHHO Itinerante
¿Qué pasó la noche antes del 14 de julio de 2026? Esfuerzo infinito. Virtuosos amateurs de la actuación del Colegio de Bachilleres, plantel San Antonio de la Cal, vivieron una vez más memorias viejas, un pretexto antes de partir para hacer un poco de ejercicio mental: reencontrarse y reconectar con las abuelas. Mamparas listas, cajones limpios, un poco más de sangre falsa sobre la camiseta. Tercera llamada. ¡Comenzamos!
Así, el recorrido de tres años de trabajo memorial con los abuelos y de mitografía aplicada volvió a la escena para estremecer a quien estuviera mirando. El teatro que invocó la Coordinación de Programas Colaborativos por medio de FAHHO Itinerante y el Grupo Teatral “Caliches” es un ejemplo muy claro de la posibilidad que se genera cuando se reúnen las voluntades adecuadas en el tiempo y el espacio precisos. Salomé 68 es una obra teatral que evoca un momento en la historia del México contemporáneo, a partir de la pregunta: ¿Qué pasó la noche previa al 2 de octubre de 1968?, la respuesta es una inteligente adaptación del mito católico de Herodes, Herodías, Juan el Bautista y Salomé.
Salomé, embelesada por Juan Bautista Sierra, debe confrontar al monstruo de mil cabezas para hacer que funcione. Pese a la voluntad de su madre, Salomé está dispuesta a huir y dejarlo todo por amor; sin embargo, en su búsqueda por la verdad, Juan deberá poner por encima de cualquier cosa su convicción, su lucha y a sus compañeros, lo que desatará toda la furia y los acontecimientos que desembocan, irremediablemente, hacia el clímax de la obra. Es sabido que la posibilidad de simbolizar al ser humano brinda multiplicidad de significados para quien observa, interpreta y reflexiona, y el teatro, como dispositivo vivo, es un punto de encuentro que permite esta producción simbólica entre memoria y realidad, lo que existe y lo que debió existir. De esta forma, Salomé 68 no solo es una propuesta escénica brillante, sino una mitología que busca dar respuesta a las atrocidades vividas durante el movimiento estudiantil de 1968, además de que reproduce las vilezas e impulsos del ser humano que, desde el tiempo de Herodes y hasta nuestros días, siguen rondándonos.
Fotografía: Acervo de la FAHHO Itinerante
Fotografía: Acervo de la FAHHO Itinerante
Fotografía: Acervo de la FAHHO Itinerante
A pesar de la oscuridad y la violencia en la que se cocina el montaje, la obra es sumamente luminosa: permite entender que, si bien el teatro solo ocurre en presente, se invoca desde el pasado, a partir de relatos y memorias, de roperos viejos y de los patrones geométricos que portaban nuestros abuelos en su juventud. De esta forma, es un acierto que, bajo la conducción de su director, el maestro Áyax Cruz, los jóvenes estudiantes de bachillerato se acercaran a sus antepasados y preguntaran, desde una mirada crítica, cómo era antes, qué hubo antes, para acercarse un poco a la respuesta sobre quiénes son ahora. Esta función fue también un pretexto para encontrar voz en las nuevas generaciones. Quienes fueron artífices de tal proyecto han llegado a la recta final de sus estudios, por lo que San Pablo fue el anfitrión del penúltimo decapitamiento de San Juan, hasta que los nuevos discípulos de San Antonio decidan que es momento de volver a hacerlo, aunque con distintas manos.
Intentaremos seguir invocando teatro desde sus santos y sus demonios, porque lo que se vivió el 14 de julio de 2026 no le hace justicia a los sueños que lo hicieron posible.
Montaje de teatro de sombras corporal, a partir de la historia “La guerra de los inmortales”, del libro Dioses y héroes de la mitología griega, de Ana María Shua. Fotografías: Vanessa Méndez.
Montaje de teatro de sombras corporal, a partir de la historia “La guerra de los inmortales”, del libro Dioses y héroes de la mitología griega, de Ana María Shua. Fotografías: Vanessa Méndez.
Montaje de teatro de sombras corporal, a partir de la historia “La guerra de los inmortales”, del libro Dioses y héroes de la mitología griega, de Ana María Shua. Fotografías: Vanessa Méndez.
Durante los últimos cinco años, el Programa Seguimos Leyendo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha ofrecido al público diferentes cursos de verano, y este año, con la idea de experimentar, jugar y crear junto con las infancias, nació el Laboratorio de Mitos Teatrales: un espacio lúdico de aprendizaje y creación colectiva en el que se explora la versatilidad del escenario y lo épico de la mitología para recrearla por medio del teatro de sombras.
Este proyecto innovador se diseñó pensando en acercar a las infancias oaxaqueñas, de 7 a 10 años de edad, al juego escénico. Los mitos y la pedagogía teatral son la inspiración para desarrollar la metodología lúdica que enriquece esta propuesta. Los libros que sirven de base para este curso de verano pertenecen a la colección de diccionarios de mitologías de la autora mexicana María García Esperón. Así, con la esperanza de pasar dos semanas llenas de lecturas, diversión, ejercicios y experimentos teatrales, se abrió la puerta de este laboratorio.
Desde la publicación de la convocatoria, contamos con la presencia de quince niños y niñas, quienes se involucraron activamente en todas las actividades planeadas. Durante el proceso exploran la capacidad que poseen para representar escenas de la vida cotidiana e imaginarias, utilizando el cuerpo, los sentidos y la imaginación; además aprenden a transformar cualquier “error” en un evento divertido, emocional o épico.
Fotografía: Vanessa Méndez
Fotografía: Vanessa Méndez
Fotografía: Vanessa Méndez
En esta aventura no estuvimos solos, ya que contamos con la valiosa intervención de la maestra Isabel Cruz Daza, también conocida como “Tichá”, quien participó en dos sesiones para reforzar los aprendizajes, compartir sus experiencias y apoyar en el montaje de la obra.
Como proyecto final y muestra de todo el trabajo realizado durante estas dos arduas semanas, se llevó a cabo el montaje de un teatro de sombras corporal, a partir de la historia “La guerra de los inmortales”, del libro Dioses y héroes de la mitología griega, de Ana María Shua. En esta presentación, un grupo de niños prestó su voz para la lectura guiada, mientras el resto del equipo hacía uso de sus dotes escénicas para dar vida a los seres mitológicos de la obra.
El Club de Creadores en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Fotografía: Acervo del MIO
Si hubieras visitado el Vagón de Arte del MIO entre marzo y mayo, probablemente habrías pensado que ahí se libraba una batalla. El barro cubría las mesas, se extendía por el piso, aparecía en manos y ropa. De alguna manera, había llegado hasta las paredes y las puertas de vidrio ya no se veían tan transparentes.
Por primera vez, el Club de Creadores se adentró en exploraciones tridimensionales, en las que nuestras manos descubrieron lo que eran capaces de crear utilizando solo tierra y agua. Muchos resultaron ser expertos y potenciales escultores; algunos descubrieron que lo suyo era la bidimensión, y otros solo se divirtieron explorando el material. Las clases parecían largas y, para ser sinceros, el barro solo es fácil de moldear cuando lo hemos amasado bien. Al final de cada sesión, todos nos íbamos emocionados, esperando continuar el proceso de las piezas. Isabella nos sorprendió con la fuerza con la que preparaba sus placas de barro; Arturo corría de un lado a otro, llevando el barro consigo a todas partes y, de alguna manera, siempre terminaba con manchas en la cara; Farid nos contó que el barro sabía a metal y, como nadie quiso comprobarlo, le creímos.
Cada quien trabajó en una figura única, desde monstruos con tentáculos hasta dragones sobre edificios. Juntos, imaginamos un mundo marino con sirenas, barcos, estrellas de mar y todo lo que se nos ocurrió. Algunas de las preguntas que más escuché esos meses fueron: “¿Ya se quemaron las piezas? ¿Sobrevivieron?”. Después de todo, el horno era el último gran reto y todos esperábamos que nuestras creaciones regresaran sanas y salvas. Estos Imaginarios Barrosos concluyeron en una muestra montada en el vestíbulo de la antigua estación del ferrocarril.
Nuestra siguiente gran aventura nos llevó a conocer otro lugar, otra técnica y a nuevas personas que nos acompañarían en este camino de aprendizaje. Después de todo, los grandes artistas nunca dejan de explorar ni de crear. Fue así como el Club de Creadores emprendió una pequeña residencia en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo.
Nos adentramos en el mundo de la fotografía en el mejor lugar para hacerlo. Cambiamos nuestro vagón por una casona del centro, repleta de paredes blancas, plantas que suben hasta los techos y un espejo de agua que sorprendió a más de uno.
Desde la primera sesión se sintió el torbellino de pequeños artistas recorriendo el espacio, con unas ganas tremendas de tocar el agua y de entrar en cada sala para descubrir lo que escondía. El equipo del Centro Fotográfico preparó una magnífica clase de introducción a partir de una pregunta: ¿Cómo pensar la fotografía para las niñas y los niños? Podría parecer que una sesión teórica sería complicada, pero el ingenio de quienes la impartieron y la curiosidad que despertó terminaron formando a un grupo de grandes fotógrafos.
Conocimos cámaras de distintas épocas y aprendimos sobre la luz, la oscuridad y el encuadre. Habitamos una cámara estenopeica gigante y, agarrados de las manos, entre risas, cuchicheos y exclamaciones de sorpresa, descubrimos un mundo al revés.
Entrar al cuarto oscuro fue otro desafío, quizá un poco mayor para aquellos que le tememos a la oscuridad, pero, tranquilos, lo logramos. Una vez dentro, con las luces apagadas, todos vimos un destello brillante: eran los tenis de Ezra. Mientras tanto, Romina intentaba asustarnos con sus historias de terror.
Aprovechando que algunos revelaban sus imágenes, afuera el espacio se transformó en un estudio fotográfico. Quienes esperaban su turno para entrar al cuarto oscuro se retrataban entre ellos. Posaban, jugaban, corrían y dirigían los encuadres según lo que querían obtener. El resultado de esos retratos fue un ejercicio de cianotipia, en el que cada participante pudo intervenir su imagen hasta sentirla verdaderamente propia.
Y, aunque me gusta recordar esto como un gran triunfo, la verdad es que esa semana la lluvia y el cielo nublado nos alejaron del sol e hicieron que el revelado se convirtiera en un auténtico reto. Pero no se preocupen: nosotros teníamos plan B, C, D… Después de una espera que pareció eterna, y con ayuda de lámparas UV, por fin aparecieron los esperados azules. Entonces estuvimos listos para comenzar el montaje de nuestra muestra en el CFMAB.
“El azul a través del estenopo” fue mucho más que el cierre de un trimestre. Conforme el proyecto ha crecido, ha surgido también una pregunta: ¿Cómo hacer que las niñas y los niños no solo visiten los espacios culturales, sino que también los habiten? De esta inquietud nació la colaboración con el CFMAB, una oportunidad para compartir un proceso de formación y una experiencia artística diferente.
Para quienes participaron, significó descubrir que una idea, un juego o un experimento pueden formar parte de una exposición. Para las familias y quienes visitaron la muestra, fue una invitación a mirar la infancia como una fuente de imaginación, sensibilidad y creación. Al final, abrir estas puertas también es reconocer el derecho de las infancias a participar, crear y ocupar otros espacios.