Batazos que llegan más lejos: 30 años de Home Runs Banamex

30 Aniversario del Programa Home Runs Banamex en el Estadio Yu’va. Fotografías: Eduardo González

Hace treinta años, don Alfredo Harp Helú logró unir dos de sus grandes pasiones, el beisbol y el deseo de ayudar, en una sola idea. Pensó que cada carrera, cada jonrón y cada victoria de un equipo podían convertirse también en oportunidades para alguien más. Así nació Home Runs Banamex, un programa que desde 1996 ha encontrado en el diamante otra manera de hacer comunidad.

Y no es casualidad que aquella historia comenzara también en Oaxaca. Desde sus primeros años, los Guerreros fueron parte de este esfuerzo: lo que ocurría en el campo se transformaba en apoyo para organizaciones que, desde distintos lugares y con distintas causas, trabajaban todos los días para mejorar la vida de otras personas. En 2011, por ejemplo, 68 instituciones oaxaqueñas recibieron donativos; un año después fueron 52, en una entrega realizada en el Estadio Eduardo Vasconcelos. Para entonces, el programa ya había canalizado más de 132 millones de pesos en Oaxaca y la Ciudad de México.

Con los años, Home Runs fue creciendo junto con las necesidades de las comunidades. Cuando cumplió dos décadas de existencia, la celebración volvió a poner al rey de los deportes en el foco: 102 organizaciones oaxaqueñas recibieron 5.3 millones de pesos y, de manera especial, se apoyó a 13 ligas infantiles y juveniles de beisbol, que reunían a 4790 deportistas. Era una forma mágica de cerrar el círculo: un programa nacido de la pasión por el beisbol que ayudaba también a que más niñas, niños y jóvenes pudieran seguir jugando.

Un año después, en 2016, Home Runs donó una bolsa de 4.7 millones de pesos a 101 organizaciones en Oaxaca para mejorar las condiciones de vida de alrededor de 77 mil personas. Las causas eran diversas: bienestar social, salud, educación, medio ambiente y deporte, entre otras. Porque quizá una de las mayores fortalezas de este programa ha sido justamente esa: entender que ayudar puede tomar muchas formas y caminos, y que detrás de cada proyecto hay personas que conocen de cerca las necesidades de su comunidad.

También han cambiado los espacios y las maneras de encontrarse. En 2018, por ejemplo, la ceremonia de entrega de donativos se realizó en el Centro Cultural San Pablo. Ese año, 85 organizaciones recibieron 4.25 millones de pesos, destinados a proyectos tan diversos como aulas, equipos de cómputo, bibliotecas digitales, equipamiento hospitalario y espacios deportivos.

Y cuando llegó la pandemia, Home Runs también supo cambiar de rumbo. En 2020, la convocatoria se orientó a proyectos relacionados con la emergencia por COVID-19; en 2021, se destinó una bolsa de 7.5 millones de pesos a instituciones afectadas por la pandemia, en ámbitos como bienestar social, educación, cultura, salud, deporte y proyectos productivos. En tiempos difíciles, la ayuda tenía que llegar de otras maneras y atender otras necesidades.

Después vino la reactivación. En 2022, bajo el lema “Un batazo por la reactivación de México”, el programa volvió a acompañar proyectos que buscaban recuperar la vida comunitaria después de la pandemia. En 2023 puso especial atención en el tratamiento del cáncer infantil; en 2024 llamó a sumar esfuerzos con la consigna “Un batazo de unidad para servir a México”; y en 2025, “Un batazo por un México unido, sano y creativo”, destinó 10 millones de pesos a 148 proyectos que beneficiaron a 400 709 personas en Oaxaca.

Treinta años después, la esencia sigue siendo la misma: hacer equipo. En 2026, Home Runs Banamex destina 20 millones de pesos distribuidos de la siguiente manera: 10 millones para apoyar a 80 organizaciones de la Ciudad de México y otros 10 millones para 129 organizaciones de Oaxaca. Los proyectos abarcan alimentación, autonomía económica, bienestar social, educación, sistemas de cuidado comunitario, salud, deporte, medio ambiente, cultura y desarrollo de proyectos productivos.

Pero detrás de las organizaciones y de las cifras acumuladas durante tres décadas, existe algo mucho más sencillo creciendo: personas ayudando a otras personas. Hay quienes abren las puertas de una escuela, quienes acompañan a una familia, quienes protegen un bosque, quienes transmiten un oficio, quienes cuidan a alguien enfermo, quienes hacen posible que los niños y las niñas sigan jugando. Hay comunidades que encuentran en una organización una mano para seguir adelante.

Desde 1996, Home Runs ha entregado 4605 donativos a más de 2000 organizaciones y ha beneficiado a 2.1 millones de personas. Ha canalizado además 347 millones de pesos, equivalentes a 607 millones de pesos a valor presente. Son cifras enormes, pero, quizá, lo más importante no cabe en ellas: las historias que iniciaron su camino con un apoyo, los proyectos que pudieron continuar, las personas que encontraron una oportunidad y las comunidades que pudieron fortalecerse.

Eso es lo que celebra Home Runs Banamex en su treinta aniversario: la alianza entre Banamex, la Fundación Alfredo Harp Helú, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y los equipos de beisbol, y una manera de entender que los logros pueden compartirse, que una buena jugada puede ser una gran victoria en un sentido ético y social para llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.

Treinta años después de aquella primera idea de don Alfredo Harp Helú, el juego continúa. Cada batazo sigue teniendo la posibilidad de convertirse en algo más: en alimento, salud, educación, cultura, deporte, oportunidades, esperanza. En una mano que se tiende para ayudar y tomar la de otros para hacer equipo.


Un museo para llevar

Los libros del MIO. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

Cuando era niño y hacía mis primeras visitas a museos junto con mi familia, uno de los momentos más emocionantes del recorrido solía ser el final, cuando llegábamos a la tienda de recuerdos. Entre pines, postales y lápices gigantes, el reto estaba en encontrar un tesoro que me ayudara a recordar lo emocionante de la visita. Los recuerdos más especiales eran aquellos que me invitaban a seguir descubriendo.

Por eso, los libros ocupaban un lugar especial en mi colección. Un cuento, un catálogo, un mapa, un cuaderno de actividades o cualquier otro material de lectura podía llevarme de regreso a aquel museo, a sus salas y a las historias que había descubierto en ellas. La visita no terminaba al salir por la puerta: podía llevarme el museo a casa y volver a explorarlo cada vez que abría sus páginas. Yo creo que uno de los grandes poderes de los libros es convertir un recuerdo en una oportunidad para volver a descubrir.

Desde que abrió sus puertas en 2017, el Museo Infantil de Oaxaca ha intentado hacer precisamente eso. Cada dos años, con la llegada de una nueva exposición didáctica, también creamos un libro que permite continuar la exploración que comienza en la antigua estación del ferrocarril. Con el tiempo, esta tradición se ha convertido en una colección que lleva juegos, historias, reproducciones artísticas y actividades hasta los libreros de las familias de Oaxaca.

No existe una fórmula para crear los libros del museo. Un libro puede ser un viaje mágico por medio de la obra de Rodolfo Morales, un taller de artes portátil como el de Las Sonrisas de Tamayo o una aventura emocionante para encontrar a Teocintle. Cada publicación ha sido un nuevo reto y una nueva oportunidad para imaginar cómo llevar los temas de nuestras exposiciones más allá del museo y ponerlos en manos del público infantil.

Con cada publicación hemos aprendido a encontrar nuevas formas de contar. Descubrimos que no existe una sola manera de leer un libro y que todos los lectores pueden disfrutarlo de forma distinta. Por eso, cada nuevo título nos ha permitido jugar con la lectura de una manera diferente. Los primeros libros del MIO, dedicados a grandes maestros del arte oaxaqueño, nos plantearon el reto de ofrecer a las niñas y los niños una experiencia que hasta entonces parecía reservada para los adultos: contemplar las obras de grandes artistas en libros de excelente calidad, donde pudieran apreciarse tal como son y con el cuidado de una edición y una impresión a la altura de las propias obras.

Con nuestra tercera publicación quisimos hacer que algo tan cotidiano como el maíz y sus compañeros de la milpa se convirtieran en un viaje fantástico y maravilloso. Así nació Anoche soñamos con Teocintle, un relato ilustrado centrado en la aventura y el descubrimiento, pero también en el arte de contar historias y en la posibilidad de acercarnos a nuestros orígenes. Con cada libro, el MIO ha encontrado una nueva oportunidad para experimentar, probar distintas maneras de leer, imaginar y aprender, y para preguntarse qué más puede ser un libro para los niños.

Escribir libros infantiles no significa simplemente hacer textos fáciles de leer o explicar las cosas utilizando palabras sencillas. Como museo, y ahora también como editorial, entendemos que trabajar para los lectores más jóvenes implica cuidar cada detalle. Las niñas y los niños saben reconocer cuando un libro ha sido pensado realmente para ellos. No basta con tener ilustraciones bonitas o una edición atractiva; cada libro debe sentirse único, creado para despertar su curiosidad y acompañar su manera de descubrir el mundo.

Por eso para el MIO es tan importante trabajar con ilustradores que comprendan a sus lectores, cuidar con precisión los contenidos y hacer de cada historia, imagen, juego y aprendizaje una experiencia fascinante. Todos los elementos cuentan y deben ser trabajados con el mismo cuidado, porque queremos crear libros que, además de acompañar la experiencia en el museo, se conviertan, para nuestros visitantes, en algo que quieran conservar, volver a abrir y descubrir una y otra vez.

Justamente por eso, nuestra cuarta publicación ha significado un reto todavía mayor. Un día en Monte Albán es el resultado más reciente de este camino y una nueva oportunidad para preguntarnos hasta dónde puede llegar un libro para niños. Se trata de un libro de arqueología que también es un juego constante. La publicación invita a los pequeños lectores a viajar hasta Monte Albán en su época de esplendor, acompañar la vida de la ciudad desde que amanece hasta que cae la noche y buscar entre sus paisajes objetos, animales y pistas que nos conectan con quienes habitaron este lugar hace cientos de años. Observar, jugar y descubrir se convierten así en una forma distinta de leer, en un recorrido que puede comenzar una y otra vez y que siempre tiene algo nuevo por contar.

El 13 de agosto de este año, Un día en Monte Albán recibió la mención honorífica en la categoría Mejor Obra Infantil del XXVIII Premio Antonio García Cubas, en el marco de la 37ª Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia. Este galardón celebra el trabajo de las escritoras Brenda Arango, Patricia García y Marichelle Romero, del ilustrador Carlos Vélez Aguilera y del equipo que participó en su edición y producción. Pero también reconoce que hacer un libro en el MIO es un trabajo de muchas personas. Detrás de cada página hay manos, ideas, conversaciones, revisiones y esfuerzos de un grupo de profesionales que, desde distintas áreas, hizo posible que esta publicación cobrara vida y llegara a las niñas y los niños. Por eso, esta mención honorífica no solo distingue a Un día en Monte Albán; también nos permite celebrar el camino que el MIO ha construido desde 2017 y reconocer nuestra trayectoria como editorial.

En el MIO no tenemos una tienda de regalos. Y, sin embargo, cada visita puede terminar con ese broche de oro que es salir con un recuerdo emocionante, un aprendizaje nuevo o un descubrimiento que da ganas de compartir con todas las personas que uno se encuentra en el camino. Cada juego, actividad y recorrido puede convertirse en esa búsqueda. En estos años, nuestra colección de libros también nos ha convertido en una pequeña fábrica de recuerdos, una máquina del tiempo y un espacio para las historias que nos permiten seguir disfrutando de aquello que encontramos en el museo. Como parte del equipo que hace posibles estos tesoros de páginas y letras, me siento profundamente orgulloso de crear libros no solo para las niñas y los niños que visitan el MIO hoy, sino también para quienes, como yo, alguna vez hubieran querido conocerlo y, sobre todo, para aquellos que en el futuro seguirán descubriendo el museo a través de sus páginas.


Mozaika

Izabela Jurczyk, Mozaika. Tejido en telar Jacquard. Fotografía: Acervo del Museo Textil de Oaxaca

La obra que fue donada al Museo Textil de Oaxaca es parte de una serie de ocho composiciones gráficas de gran formato (250 x 165 cm) que pertenecen al ciclo Legends. The Dialogue of Symbols, elaborado en telar Jacquard. El proyecto nace de mi convicción de que el lenguaje visual tiene la capacidad de construir puentes entre las culturas, más allá de las diferencias lingüísticas, geográficas y sociales. Mi punto de partida son la cultura popular, las leyendas y los símbolos de la tradición polaca, que después trasladé al contexto cultural de México. No se trata de un intento por establecer comparaciones entre dos culturas distantes, sino de explorar qué elementos pueden acercarlas entre sí: arquetipos, valores y experiencias compartidas.

Tanto las tradiciones polacas como las mexicanas poseen historias que narran la batalla entre el bien y el mal, así como temas de valentía, sacrificio y transformación, o la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Así, los símbolos se entienden como un lenguaje universal que puede preservar la memoria de una cultura, al mismo tiempo que se abre un espacio para encontrar la cultura de El Otro.

Mozaika es una expresión particular de este diálogo. Su estructura geométrica en blanco y negro, conformada a partir de triángulos y rombos que se repiten rítmicamente en arreglos simétricos, se refiere a la tradición de recorte decorativo de papel (papel picado) de la región del Bosque Sandomierz, al sureste de Polonia. Sobrepuesto a esta estructura se encuentra un collage fotográfico, de mi autoría, inspirado en detalles arquitectónicos de la réplica de la fachada de un templo maya que pertenece al sitio arqueológico de Hochob, dentro del jardín exterior de la Sala Maya del Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México. Tuve la oportunidad de admirar en persona esa arquitectura y documentar sus detalles mediante fotografías.

El encuentro entre la tradición polaca y la mexicana dio vida a una nueva composición: una especie de mosaico cultural en el que las formas, los signos y las memorias que proceden de lugares distantes comienzan a dialogar entre sí. La obra también es un gesto de admiración y respeto por la extraordinaria herencia cultural de México, uno de los pilares fundamentales de la historia y la civilización que compartimos.


Alejandro González, el “Spiderman”, celebra los treinta años de los Guerreros de Oaxaca

Las hazañas del “Spiderman” en el diamante. Fotografías: Eduardo González

Hay jugadores que dejan números importantes; otros dejan momentos que permanecen en la memoria de una afición. Por ejemplo, Alejandro Federico González Soto pertenece a ese segundo grupo. Conocido en el mundo del beisbol como “Spiderman”, el jardinero sonorense construyó buena parte de su historia en la Liga Mexicana de Beisbol defendiendo durante más de una década la franela de los Guerreros de Oaxaca.

Nacido el 18 de octubre de 1985 en Navojoa, Sonora, González es un pelotero ambidiestro, de perfil derecho a la defensiva, que se distinguió principalmente por su capacidad para cubrir los jardines y por su estilo agresivo para jugar cada pelota.

La historia profesional de Alejandro González comenzó con los Diablos Rojos del México, organización con la que debutó en la Liga Mexicana de Beisbol en 2007.

Sus primeros años fueron de pocas oportunidades: en 2007 participó en nueve encuentros y en 2008 apareció en cinco. Sin embargo, aquella experiencia representó el primer paso de una carrera que terminaría consolidándose en Oaxaca.

Para 2009 llegó a los Guerreros de Oaxaca, organización en la que encontró la oportunidad de desarrollarse y convertirse paulatinamente en uno de los jardineros mexicanos más identificados con la afición oaxaqueña.

Su primera temporada con la tribu todavía fue corta, con 17 juegos y 11 imparables, pero a partir de 2010 comenzó a ganar protagonismo. Ese año disputó 91 encuentros, conectó 77 hits, anotó 71 carreras y se robó 14 bases.

Con el paso de los años, González no solamente se convirtió en un jugador habitual en los jardines de Oaxaca, también comenzó a ganarse un lugar especial entre los aficionados.

Su principal característica estaba en la defensa. En el jardín central, el sonorense desarrolló una reputación de jugador espectacular, capaz de lanzarse por batazos difíciles y convertir conexiones que parecían imparables en outs. Fue así como nació y se consolidó el sobrenombre de “Spiderman”, una referencia a esas atrapadas en las que parecía desafiar la gravedad. Su entrega defensiva terminó convirtiéndose en una de sus principales cartas de presentación.

Pero González no era solo un jugador defensivo. Con el bat también fue creciendo hasta convertirse en un elemento importante dentro de las alineaciones bélicas. En 2012, por ejemplo, bateó para .280, conectó 103 imparables, 17 dobles y 10 cuadrangulares, además de producir 42 carreras. Un año después volvió a superar los 10 jonrones al conectar 11 cuadrangulares y producir 43 carreras.

La permanencia de González coincidió con diferentes etapas de los Guerreros de Oaxaca. Compartió vestidor con varios jugadores que también se convirtieron en referentes de la organización y fue parte de generaciones que llevaron nuevamente al equipo a pelear en los primeros planos de la Liga Mexicana.

Su importancia dentro del equipo fue creciendo hasta convertirse en uno de los nombres que identificaban a la afición con la organización. En 2018 vivió uno de los capítulos más importantes de su carrera con Oaxaca. Los Guerreros conquistaron el campeonato de la Zona Sur y avanzaron a la Serie del Rey, donde enfrentaron a los Sultanes de Monterrey. Y precisamente en aquella final, González tuvo un papel protagonista.

En el sexto juego de la Serie del Rey, disputado en Monterrey, Alex González conectó un sencillo productor que permitió a Samar Leyva anotar la primera carrera de Oaxaca. Más adelante, en la octava entrada, González volvió a embasarse y anotó la segunda carrera de los Guerreros, que en ese momento tomaban ventaja de 2-1.

Finalmente, Monterrey reaccionó y terminó ganando el encuentro 3-2 para conquistar el campeonato. Sin embargo, aquella serie representa uno de los grandes capítulos de la historia reciente de la organización oaxaqueña.

Si hay una campaña que puede considerarse especial en la carrera de Alejandro González, fue la temporada 2019. El “Spiderman” terminó aquel año con promedio de .316, producto de 119 imparables, además de 34 dobles, tres triples y nueve cuadrangulares, con 58 carreras producidas.

Fue una temporada en la que González mostró prácticamente todas las facetas que lo caracterizaron durante su carrera: contacto, oportunidad, experiencia y una defensa que seguía siendo una de sus principales virtudes.

Durante aquella campaña también protagonizó algunos momentos importantes para los Guerreros. Así, podemos recordar que en junio conectó el batazo productor con el que Oaxaca dejó tendidos a los Pericos de Puebla y aseguró el triunfo que le permitió al equipo quedarse con el liderato de la Zona Sur en la primera vuelta. Meses después, en agosto, conectó su noveno cuadrangular de la temporada frente a los Piratas de Campeche.

En 2021, González salió temporalmente de Oaxaca para incorporarse a los Tigres de Quintana Roo en calidad de préstamo, en busca de ayudar al equipo durante la recta final de aquella temporada. Fue un movimiento que puso una pausa a una relación que ya se había convertido en parte importante de la historia reciente de los Guerreros.

Al año siguiente regresó a los Diablos Rojos del México cuando Carlos Figueroa pasó a Oaxaca. Para entonces, González acumulaba 14 temporadas de experiencia jugando en la Liga Mexicana y un promedio de bateo de por vida cercano a .280.

El vínculo entre Alejandro González y Guerreros de Oaxaca no terminó con su etapa como jugador. En 2026, el “Spiderman” regresó al equipo, ahora como integrante del cuerpo técnico, con la intención de transmitir a las nuevas generaciones la experiencia acumulada durante tantos años dentro del terreno de juego. Su llegada a esta nueva etapa adquiere todavía mayor significado porque ocurre precisamente en el año en que Guerreros celebra sus 30 años de historia y estrena el Estadio Yu’va.

Ahora, González tiene una responsabilidad diferente: ya no se trata solo de atrapar la pelota, correr las bases o producir carreras. Su tarea consiste en transmitir conocimientos, formar jugadores y ayudar a construir la siguiente generación de Guerreros.


Hegemonía escarlata

Fotografías: Enrique Gutiérrez

Después de una lucha de alto voltaje que se prolongó por más de tres semanas, Juan Carlos Gamboa se proclamó como nuevo campeón de bateo de la Liga Mexicana de Beisbol, el undécimo en la historia de los Diablos Rojos del México, tras superar en una carrera frenética a Harold Ramírez, de los Sultanes de Monterrey.

El logro del campocorto escarlata, además de sorpresivo, provocó que, por primera ocasión en la historia de la LMB, un equipo tuviera entre sus filas a tres champion bats diferentes en años consecutivos: Robinson Canó (2024), Carlos Sepúlveda (2025) y Juan Carlos Gamboa (2026).

En lo individual, el único antecedente lo protagonizó el legendario Héctor Espino, quien entre 1966 y 1968 fue campeón de bateo de la LMB con los Sultanes de Monterrey.

A diferencia de las coronas de Canó y Sepúlveda, la del Haper Gamboa no se veía venir al iniciar julio, cuando bateaba para .333, 38 milésimas por debajo de su promedio de .371, que ya lo colocaba como un bateador excelente.

El Haper Gamboa: campeón de bateo de la LMB
Fotografías: Enrique Gutiérrez

Cabe destacar que el repunte en los números de Gamboa se dio mientras tenía la mira puesta en una marca personal muy distinta: sus primeros mil hits en la LMB, logro que tendrá que esperar hasta 2027, pues se quedó a solo dos para llegar a ese número durante esta temporada.

Para alcanzar el título de bateo y convertirse en el segundo mexicano en hacerlo con el uniforme de los Diablos Rojos, Gamboa registró un promedio de bateo de .440 entre el 1 de julio y el 5 de agosto, es decir, conectó 44 hits en sus últimos 100 turnos legales de la temporada.

El colombiano Harold Ramírez, quien ocupó el segundo lugar en la carrera parejera, dio una batalla ejemplar hasta el último día de la campaña, cuando requería tres imparables para superar al shortstop del México, quien apostó por no participar como titular en el juego de clausura del rol regular. El experimentado bateador sudamericano culminó con .367 y un destacado .411 desde que llegó a los Sultanes de Monterrey, procedente de los Tecolotes de los Dos Laredos.

Además de ganar su primer cetro de bateo, Juan Carlos Gamboa suma cinco temporadas consecutivas con un promedio arriba de .300, y superó la barrera de los 100 hits, por segunda ocasión, en una carrera llena de logros individuales y colectivos, a la altura de lo que se espera del capitán de los multicampeones.


Reconocimiento a la salvaguarda de la memoria escrita en tiempos de guerra

La salvaguarda de la historia de una civilización, depositada en los libros y archivos, es un acto de amor a la propia humanidad. Y qué mejor acto de amor que aquel que se convierte en afrenta en tiempos de guerra y de actos de injusticia que atentan contra la integridad de un pueblo.

Es de celebrar que la UNESCO reconozca este año con el Premio UNESCO/Jikji Memoria del Mundo 2026 la labor y dedicación del historiador Abdul Latif Hashim y la especialista en investigación patrimonial Haneen Al-Amassi por sus esfuerzos para la protección del patrimonio documental palestino, que peligra ante las difíciles circunstancias que enfrenta el pueblo de Gaza. La subdirectora general de Comunicación e Información de la entidad que otorga el premio habla de esta labor como digna de laurearse, al señalar que: “El patrimonio documental es una poderosa fuente de conexión y resiliencia, portador de la memoria y el conocimiento compartidos de las comunidades”.1

El trabajo de ambos galardonados —que, cabe resaltar, son las primeras personas en recibir este premio generalmente destinado a instituciones— consistió en labores de rescate de emergencia, registro, digitalización y conservación de poco más de veinticinco mil páginas de manuscritos en riesgo, que corresponden a los periodos mameluco y otomano. Asimismo, se encuentran participando en el desarrollo de protocolos de conservación y rescate de emergencia para colecciones de manuscritos del patrimonio palestino en riesgo de desaparecer. Todo este trabajo ha sido apoyado por el Programa de Archivos en Peligro de la Biblioteca Británica.

Hace trece años, Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México fue galardonado con este mismo premio, siendo la primera institución privada en el continente americano que recibía el Jikji Memoria del Mundo, en reconocimiento por su labor innovadora en la conservación y acceso a los archivos.

Es un honor para la asociación poder compartir con estos especialistas este reconocimiento a un trabajo que busca proteger la memoria colectiva de los pueblos y, por ende, el patrimonio de la humanidad. Enhorabuena.

1 Mariya Gabriel, “Profesionales palestinos del patrimonio documental recibirán el Premio UNESCO / Jikji Memoria del Mundo 2026”, UNESCO, https://www.unesco.org/es/articles/profesionales-palestinos-del-patrimonio-documental-recibiran-el-premio-unesco/jikji-memoria-del


Raíces de la emigración: Líbano ante la adversidad

Fotografías: Acervo del Archivo Libanés de México

Durante el siglo XIX, el Cercano Oriente permanecía bajo el dominio del Imperio otomano y para muchos habitantes del Líbano el panorama ofrecía pocas oportunidades para construir un futuro estable. Ante esta situación, numerosos jóvenes comenzaron a considerar la emigración como una alternativa y se dirigieron principalmente hacia distintos países de América.

El gobierno otomano ejercía un control severo sobre la región, al tiempo que las diferencias entre las distintas comunidades religiosas se agravaban. Las aspiraciones de libertad del pueblo libanés parecían cada vez más lejanas, especialmente a causa de una serie de conflictos que debilitaron profundamente la organización social y política del país y aumentaron las tensiones entre los grupos confesionales.

Durante varios siglos, desde el XVII hasta el XX, el Monte Líbano padeció condiciones extremadamente difíciles bajo la administración otomana. Las persecuciones y enfrentamientos provocaron la muerte de numerosos drusos y cristianos, mientras que muchos otros se vieron obligados a abandonar su tierra en busca de mejores condiciones de vida. La incertidumbre hacía prácticamente imposible pensar en un porvenir seguro: la estabilidad económica era limitada y tampoco existían garantías suficientes para preservar la integridad y la seguridad de las familias.

Fotografías: Acervo del Archivo Libanés de México

Ante una realidad tan adversa, los libaneses se enfrentaron a una decisión que marcaría profundamente la historia de su pueblo: permanecer bajo el dominio otomano y enfrentar sus consecuencias, o abandonar su tierra en busca de nuevas oportunidades y una vida con mayores posibilidades de libertad y seguridad.

No olvides tus raíces, pues las llevarás por siempre en tu nombre y en tu rostro.


La palabra viva: voces que encuentran otras voces

Ceremonia de graduación de la primera generación del dilevano. Fotografías: Acervo de la Coordinación de Proyectos Educativos y Culturales

Desde hace 13 años, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y la Universidad La Salle Oaxaca han creado programas formativos en los campos de la cultura escrita, cuyo nicho abarca desde la primera infancia hasta los adultos.

Después de diez meses de formación, 29 narradores oaxaqueños de los egresados de la primera edición del Diplomado Internacional en Lectura en Voz Alta y Narración Oral (DILEVANO) compartieron su trabajo artístico en el 1er Festival de la Palabra Viva 2026, organizado por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca por medio de la Coordinación de Proyectos Educativos y Culturales.

Las y los participantes —en su mayoría lectores voluntarios del Programa Seguimos Leyendo— llegaron al diplomado con experiencias diversas en torno a la lectura. A lo largo de diez meses, acompañados por especialistas de México y otros países, exploraron la voz, el cuerpo, los gestos, los silencios y las posibilidades de habitar una historia para compartirla con otras personas.

Para André, uno de los aprendizajes más significativos fue descubrir que “no es necesario memorizar el texto” y que resulta más relevante apropiarse de la lectura y ser uno mismo. Según sus propias palabras, por medio de este proceso “pude entenderme y reconocer mi voz como elemento primordial al narrar”. Ana María coincide en la importancia de “ser tú misma sin imitar al autor o cualquier otro narrador”, mientras que Gio destaca la capacidad de interiorizar la historia y la importancia de cuidar el principal instrumento de trabajo: la voz.

El proceso también implicó enfrentarse a los propios temores. Fabiola cuenta que antes del diplomado interpretaba los libros al leerlos; después de la experiencia, “las historias me habitan, se apoderan de mí para utilizar todo mi ser para contarlas y así, el miedo de soltar el libro desaparece poco a poco”. Para una de las participantes, narrar significó precisamente “enfrentar mi propia voz, mi cuerpo, mis gestos, mis silencios y, sobre todo, mis inseguridades”. Comprendió que narrar no significa hacerlo perfecto, sino atreverse a compartir algo de uno mismo por medio de una historia y convertirla en un puente para conectar con otras personas.

Así, la palabra se convirtió en una forma de encuentro. Por ejemplo, Ángel resume su experiencia al señalar que el diplomado les “brindó no sólo técnica o experiencia […] abrió la puerta hacia otro mundo de posibilidades, donde el actor principal de la historia sigue siendo la palabra”. Zule, por su parte, reconoce que este recorrido le ha ayudado a encontrar su propia voz: “Entendí que la palabra siempre me ha habitado”, expresó.

Para quienes participaron, narrar también es una manera de hacer comunidad. Gabi lo describe como “un acto de recuperación y un llamado a la comunidad para mirarnos, escucharnos y compartir quiénes somos y de dónde venimos”. La palabra, afirma, ocupa un lugar de resistencia y encuentro: es “el hilo que reconecta con nuestra memoria colectiva y nos permite construir espacios seguros”.

Viki comparte una idea cercana: “Compartir historias es una manera de hacer comunidad, de mirarnos, reconocernos y reconstruirnos a través del tiempo, para dejar una huella en este camino e inspirar a nuevas generaciones”. Y añade una certeza que atraviesa la experiencia de este primer grupo de narradores: “La palabra vive y respira por la comunidad”.

La escucha ocupa también un lugar central. Mariela expresa su agradecimiento hacia aquellas personas dispuestas a prestar sus oídos “en este tiempo en que la mayoría están viendo el celular”. Para ella, prestar su voz significa dar vida a historias, anécdotas y recuerdos, y despertar “la imaginación y las emociones que solo da la palabra viva”. Amparo comparte su percepción: en un mundo donde todo parece suceder cada vez más rápido, “sentarnos a escuchar y dejarnos tocar por una voz es también una forma de volver a encontrarnos”.

Migu describe la narración como un encuentro en el que quien cuenta y quien escucha participan de una experiencia compartida: “Compartir es entrar descalzo al corazón, es mantener una disposición llena de fe. Cuando se narra y se escucha hay un mutuo acuerdo: ‘Encontrémonos aquí, a medio camino’”.

Las experiencias reunidas después del Festival muestran que la formación no solo les proporcionó herramientas técnicas para narrar. Para las y los participantes también significó transformar su relación con la lectura, con la voz y con quienes escuchan. Gladys reconoce que ahora mira la narración oral “con otros ojos” y la valora más. Tali, por su parte, atesora las enseñanzas que han transformado profundamente su quehacer y su entrega como lectora voluntaria: “La narración se ha convertido en la herramienta más poderosa para rescatar la escucha atenta, crear comunidad y devolverle la magia a lo cotidiano”.

Eve lo resume de una manera sencilla: “Compartir una historia frente a otras personas es un acto de amor”.

El Festival de la Palabra Viva configuró un espacio donde estas nuevas voces pudieron poner en práctica lo aprendido. La experiencia y el talento de estos 29 narradores se difundieron a lo largo de nueve funciones que llegaron a los asistentes en diferentes espacios de la FAHHO e instituciones amigas, tanto en la ciudad de Oaxaca como en la región Mixteca. Esto nos confirma que una historia no termina cuando se cierra un libro, sino que vuelve a vivir cuando alguien la hace suya, la cuenta y encuentra a otra persona dispuesta a escucharla.


Leer sin saber leer

Actividades de lectura con primeras infancias. Fotografías: Acervo de la BS Casa de la Cacica

Leer sin saber leer es un juego de palabras cargado de significados que va más allá de lo escrito: una experiencia que tiene que ver con las emociones y los sentimientos. La lectura no es solo una actividad que permite a las personas conocerse a sí mismas, descubrir y redescubrir gustos y pensamientos, sino que además transporta a mundos imaginarios, estimula la creatividad, permite viajar, crear y hasta acompañar a los personajes en sus múltiples aventuras. Por ello, es fundamental desarrollar este hábito desde la infancia.

Quienes todavía no saben leer llegan a esta experiencia por medio de algunas sensaciones: los sonidos, los gestos, las palabras y la imaginación que surgen mediante la escucha; utilizan todos los sentidos para leer. En otras palabras, leen con el cuerpo. Leer de esta manera crea un vínculo mucho más profundo, más significativo entre el lector y el libro, ya que se construye un significado sin depender de la lectura mecánica convencional.

La infancia es la etapa en la que se sientan las bases para el acercamiento a la lectura. Este debe procurar ser una fuente de placer, es decir, el primer contacto del infante con los libros debe despertar amor por la palabra desde las imágenes, los cantos y los sonidos.

A partir de esta perspectiva, en la BS Casa de la Cacica promovemos estas experiencias con la actividad “Arrullo de Letras”, las tardes literarias y una bebeteca llena de cuentos. En este encuentro con los libros y la lectura en voz alta, los infantes disfrutan de relatos de piratas, dinosaurios y otros personajes. Estas historias, algunas veces con muy pocas palabras y muchas imágenes, incentivan en los niños el placer por la lectura y los invitan a ver el mundo que los rodea de una forma distinta. En sus visitas a la biblioteca buscan, emocionados, su libro favorito entre los estantes, o bien, aquel que por el título o las imágenes les resulta interesante; quienes aún no leen observan las ilustraciones, y con ello es suficiente para imaginar y crear historias. Experimentan un relato visual al momento de pasar de una página a otra, esto se convierte en un juego que los invita a volver todos los días por más diversión.

Es alentador y emocionante observar cómo, tras una lectura en voz alta, los infantes son capaces de recrear las narraciones con sus propias palabras y pueden leer, una y otra vez, las ilustraciones del mismo libro sin que les parezca aburrido, pues en cada lectura descubren un mundo nuevo lleno de personajes y aventuras. Este proceso demuestra el poder transformador de la voz y las imágenes en la formación de futuros lectores.


Los gustos de la vida…, en la filatelia

Muestra de la exposición “Astrofilatelia…”. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca

Desde niño siempre he tenido el gusto por coleccionar, y hablo de mucho más que solo filatelia: monedas, billetes, cards, pines, etc. Si bien mi afición comenzó con una especialidad de comunicación en los Scouts, también nació de ese continuo deseo de tener “uno de cada uno”, como se dice por ahí. Pero, claro, no puedes coleccionar todo de todo.

Con el tiempo descubrí que coleccionar también era una forma de reunir las cosas que me gustan, los temas que despiertan mi curiosidad y aquellos momentos que, por alguna razón, se quedan conmigo. Así es como logro tener un poco de ellos en la palma de mi mano, ya sea algo terrenal, algo etéreo o algo que refleja un sentimiento.

Primero fueron las tarjetas durante mi infancia, con las famosas Pepsi Cards, también los tazos y las corcholatas de Coca-Cola. Después, ya un poco más consciente de lo que significaba clasificar, organizar y coleccionar, comencé con monedas y billetes, adentrándome así en la numismática. Al poco tiempo conocí la filatelia y descubrí que en esos pequeños trozos de papel podía encontrar muchos de los temas que siempre me habían interesado. Entre ellos, el espacio ocupa un lugar especial.

En 1991, un eclipse total cubrió el centro de México. En aquellos años yo radicaba en Acámbaro, Guanajuato, y recuerdo especialmente el momento en el que las aves y otros animales se acurrucaron para dormir en cuanto oscureció. También quedó grabada en mí la imagen del eclipse reflejado en un balde de agua. Aquella experiencia marcó por completo mi sentir y despertó una fascinación por el espacio que me ha acompañado desde entonces.

Con los años, ese interés encontró también un lugar dentro de la filatelia y dio origen a “Una aventura en el espacio”, mi colección de astrofilatelia. Actualmente cuenta con tres marcos y próximamente llegará a tener cinco. Su recorrido comienza con los primeros observadores de la bóveda celeste y continúa por algunos de los momentos que transformaron nuestra relación con el espacio: la carrera espacial, las misiones de Estados Unidos y de la URSS, la participación de México y los avances que nos han llevado hasta la Estación Espacial Internacional, que hoy orbita la Tierra, como algo que alguna vez habría parecido propio de una historia de ciencia ficción.

Parte de esta colección se encuentra en exhibición en el Museo de la Filatelia de Oaxaca, dentro de la exposición “Astrofilatelia: la conquista del espacio a través de los timbres postales”, donde las estampillas permiten recorrer algunos de los episodios, personajes y misiones que han marcado la exploración espacial.

Pero mis colecciones también hablan de otros momentos y gustos de mi vida. Los gatos, por ejemplo, han estado presentes desde mi infancia. Siempre tuve la dicha de convivir con gatos domésticos y me fascinaba observar su comportamiento. Viví el nacimiento de camadas, el cuidado de la gata madre, su crecimiento, la caza, sus aventuras y también la diversidad de razas. De ahí nació mi segunda colección, “Felis silvestris catus”, dedicada al gato doméstico, donde abordo su nomenclatura, atributos físicos, razas, domesticación, salud y, claro, su presencia en la cultura popular. ¿Cómo olvidar a Garfield, Kitty y Silvestre?

Después, mi vida me llevó a León, Guanajuato, donde, poco tiempo después de llegar, hacia 2002, se inauguró el primer Festival Internacional del Globo. De inmediato llamó mi atención la posibilidad de ver e incluso tocar esas “máquinas” capaces de elevarse y alcanzar, de alguna manera, la inmensidad del cielo.

Quizá había algo de aquella fascinación por el espacio en ese interés por los globos: la posibilidad de elevarse, mirar desde otra perspectiva y acercarse un poco más a aquello que siempre está sobre nosotros. Finalmente, pude vivir esa experiencia durante el festival de 2016. Fue ahí que nació mi colección de globos aerostáticos, todavía en construcción y titulada “Más ligeros que el aire”.

Otro de mis grandes intereses es la geografía. Mi proyecto más reciente es un álbum del Museo Smithsoniano, A Stamp for Every Country, que propone reunir una estampilla de cada país, además de piezas de sus predecesores y de otras categorías, como ocupaciones, emisiones militares, oficinas foráneas, entre otras. En total son 888 estampillas. El álbum todavía está en proceso y me permite seguir conociendo países, territorios e historias por medio de la filatelia.

Al final, coleccionar también es una forma de preservar aquello que nos ha acompañado: una anécdota, un conocimiento, una afición, un momento o una historia. En mi caso, muchas de esas cosas han terminado reunidas en pequeños trozos de papel dentado… o sin dentar, y comparto ahora ese interés por medio de mis exhibiciones.


Inesperados encuentros con la historia de Tiltepec

Archivo de la agencia municipal de Santa María Tiltepec. Fotografía: Acervo de Adabi Oaxaca

En meses pasados, el equipo de Adabi Oaxaca realizó la organización del archivo de la agencia municipal de Santa María Tiltepec. Esta comunidad pertenece a la cabecera municipal de San Pedro Topiltepec en la Mixteca Alta de Oaxaca. Actualmente, solo cuenta con 176 habitantes, pero en otros tiempos tuvo una población importante que comenzó a construir una hermosa iglesia en el siglo XVI.

En otro número de este boletín se habló de la intervención de los libros que se conservan en el templo,1 lo que permitió un acercamiento con las autoridades para realizar el diagnóstico y la organización del conjunto documental que fue originado por la agencia municipal en el ejercicio de sus funciones administrativas.

Después del proceso de clasificación, ordenación e inventario, se contabilizaron 32 cajas AG-12. Aunque no es un archivo de gran extensión, se localizó un expediente de 1672 que se clasificó en la Sección Justicia porque contiene los testimonios legales con los que pudieron amparar su territorio. Siempre causa sorpresa que las pequeñas comunidades guarden documentos tan antiguos. En este caso, se trata de una transcripción de 1590 en la que se dice que don Francisco Pimentel de Mendoza, cacique de Tiltepeque, encabezaba un pleito con Yanhuitlán y sus estancias en defensa de los montes que eran de su propiedad y señorío. Por tal motivo, no les permitía cortar ni sacar ningún género de leña y madera, mientras sus opositores alegaban lo contrario a partir de otros mandamientos, autos y diligencias.

Es interesante observar cómo la reconfiguración política hizo que, con el tiempo, antiguos pueblos se convirtieran en agencias municipales, sobre todo después de la ley orgánica para el gobierno y administración interior del 16 de noviembre de 1857, que se reiteró en 1889, con el establecimiento de agentes municipales en las poblaciones que tuvieran menos de 500 habitantes. De hecho, durante el proceso de clasificación se identificó un documento de 1919, en el que el agente de Tiltepec preguntaba al secretario general del superior gobierno si el poblado sería reducido a agencia municipal a pesar de tener 533 habitantes y, en caso de ser así, solicitaba seguir perteneciendo a Teposcolula, ya que se trataba del ayuntamiento más cercano con el que mantenía una relación de armonía. No obstante, el cambio de estatus se realizó ese mismo año con sujeción al municipio de Topiltepec.

Al parecer, como explica otro documento, la población había disminuido durante la Revolución “[…] con especialidad la región Mixteca en donde las partes contendientes no se establecían sino andaban en guerrillas […]”,2 y los vecinos se vieron obligados a emigrar. En 1923 contaban con 543 habitantes, por lo que solicitaban la restitución de la categoría de ayuntamiento. No obstante, la respuesta fue negativa debido a que la Constitución del Estado requería una población no menor de dos mil habitantes para erigirse como municipio. De cualquier forma, el número de pobladores siguió disminuyendo hasta la actualidad, como ha sucedido con varios pueblos de esta región.

El equipo de Adabi Oaxaca en el Archivo de Santa María Tiltepec. Fotografía: Acervo de Adabi Oaxaca

Los procesos demográficos fueron una de las principales causas para que se llevara a cabo la reconfiguración de las jurisdicciones políticas, lo cual explica por qué las poblaciones actuales, que no siempre fueron tan pequeñas, conservan testimonios que constatan la importancia política, económica y social de otra época. El objetivo de la organización de sus archivos facilita el acceso a la información para la construcción del conocimiento histórico; además, permite que la misma comunidad se acerque y conozca sobre la existencia de sus valiosos documentos y se apropie de ellos como legado de sus antepasados, para que formen parte de su identidad.

1 Salvador López, Ezequiel Barba, “Tratamiento de desinsectación en el templo de Santa María Tiltepec”, Boletín Digital FAHHO, 62 (mayo 2026): 40-41, disponible en: https://fahho.mx/BoletinDigitalFAHHO62.pdf

2 Archivo de la agencia municipal de Santa María Tiltepec, Sección Justicia, Serie Diligencias, 1911.


This is also México

Códigos del tatuaje en las subculturas urbanas. Fotografía: Acervo de la Biblioteca Henestrosa

“This is also México” es un retrato de la sociedad mexicana no reconocida. Es la mirada hacia esa periferia aislada, segregada y racializada que, a pesar del rechazo, forma parte indiscutible de nuestra identidad.

Tomando como punto de partida El espejo enterrado, de Carlos Fuentes, la muestra explora la disyuntiva de las identidades migrantes —del pachuco y el pocho al tacuache—. Se trata de comunidades expulsadas de su tierra que transforman la cultura de los países receptores (Estados Unidos y Canadá), habitando la compleja paradoja de pertenecer a ambos lugares y, a veces, sentirse en la nada.

Esta exposición traza un nuevo mapa de México por medio de sus otredades. Es un recorrido visual por la ilegalidad, los códigos del tatuaje y la indumentaria de subculturas urbanas: un paisaje donde resuenan las cumbias rebajadas de los cholombianos, los corridos tumbados, los sonideros y el rock urbano. Son expresiones musicales antes estigmatizadas como “música de ignorantes” que hoy dominan las listas globales y demuestran que México también es contraste, misticismo y, de forma inevitable, violencia y corrupción.

Al hilvanar esta iconografía con el legado fotográfico de Federico Gama, plasmado en sus libros Mazahuacholoskatopunk y Cholos a la Neza, la muestra plantea la pregunta de si la indumentaria y el gregarismo son escudos de resistencia ante la discriminación. En este entorno, los altares a la Virgen de Guadalupe, san Juditas o la Santa Muerte (La Niña Blanca) se vuelven estandartes de supervivencia.

Nacida de la experiencia personal del artista como migrante ilegal, la exposición cuestiona nuestro aferramiento a la mexicanidad en el extranjero. En la antigüedad, se enterraban espejos para iluminar el inframundo; hoy, estas identidades periféricas son el espejo enterrado que nos guía y nos devuelve el reflejo de lo que verdaderamente somos.

“This is also México” puede visitarse en las instalaciones de la Biblioteca Henestrosa, ubicada en la calle Porfirio Díaz 115, Centro, Oaxaca.


Gente que lee*

Estuve en esta ciudad de Oaxaca para las vacaciones de fin de año y Día de Reyes. Visité la Librería Grañén Porrúa entonces y, hoy, que vuelvo a cruzar el umbral, recuerdo que dejé una nota pendiente (pendiente de colgada, aquí en el mesanín de hierro). A principios de año vinimos de paseo mi madre, mi padre, mi hermana mayor y yo. Hoy, más por azar que por gusto, volvemos únicamente mi madre y yo.

La cajera no nos reconoció, pero yo a ella sí. A veces encuentro extraño que las personas no me resulten extrañas, y que les salude como a la vecina que veo por la mañana al salir de casa, y por la noche al volver. Llegué preguntando: “¿Qué tal?, ¿cómo estás?, ¿cómo ha ido este año?, —que parece un siglo—”. Nos reímos. Sus compañeros estaban alegres, como buscando algo entre los libreros. O quizás estaban acomodando; el gesto es el mismo: sacar los títulos del estante, mirarlos y sospechar si se encuentran en el mueble correcto: yo igual me preguntaría si 1984 va en Clásicos o en Ciencia Ficción, o en autores británicos nacidos en otro país. La de diversión que han de tener.

De pronto, mientras cruzo lentamente de la primera sala hacia la de piso amarillo, me pregunto si puede hacerse feng shui en una librería. Intuyo que la respuesta es sí, porque estoy viendo que aquí lo hacen con mucho gusto. Ahora el mueble de las gorras está de frente, como un espejo de su anterior posición; la caja se redujo, y enmedio de la sala amarilla se formó un pasillo largo de libros. La de Poesía, que es la sección que siempre busco, ahora está arriba. Es lindo acomodarse en este pasillo de hierro mientras ves lo que sucede allá abajo, con un libro de poesía en las manos. Aunque suene a pleonasmo.

Mamá encontró la sección de Pensamiento Político también aquí arriba, así que estamos revisando desde lo alto de esta nave. De igual manera ella se ha dado cuenta y me señala: “¿Verdad que esta mesa no estaba aquí? Esos cuadros también son nuevos, ¿cierto? Están muy lindos, a tu hermana le gustaría llevarse ese quetzal”.

Es curioso que una librería no solo sea de libros, sino de sensaciones, de instantes y de movimiento. De obra gráfica, blusas, libretas, artesanías, de flores blancas y sillas a mitad de la sala, como el hogar. Dije que tenía una nota pendiente, pero no es esta, apenas la estoy encontrando.

* Colaboración 2/2


Guantes, ¿sí o no? Buenas prácticas para consultar libros

Fotografías: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental

Cuando entramos en una biblioteca y nos entregan un libro antiguo o cualquier otro material documental, es común pensar que debemos ponernos guantes antes de tocarlo. Durante mucho tiempo, los guantes de algodón se consideraron una medida básica para proteger los documentos. Sin embargo, hoy sabemos que su uso no siempre es necesario y que, en algunos casos, puede incluso dificultar una manipulación cuidadosa.

La mejor manera de comenzar una consulta es mucho más sencilla: tener las manos limpias y completamente secas. Antes de manipular un libro, debemos lavarlas con agua y jabón o limpiarlas con gel de alcohol, y repetir la limpieza al terminar la consulta.

¿Siempre debemos usar guantes? Los guantes no siempre protegen mejor al libro. Al cubrirnos las manos perdemos parte de la sensibilidad que necesitamos para sentir el grosor, la flexibilidad y la resistencia de las hojas. Esto puede hacer más difícil pasar una página o manipular con cuidado cualquier material frágil. En muchos casos, unas manos limpias y secas permiten tener mayor sensibilidad y control durante la manipulación.

Los famosos guantes de algodón tienen, además, algunos inconvenientes: absorben el sudor de las manos, suelen atrapar polvo y sus fibras pueden engancharse en los bordes, las esquinas o las partes sueltas de un libro y provocar pequeñas roturas.

Esto no significa que los guantes no deban utilizarse, sino que no todos sirven para lo mismo. Cuando realmente se necesita una barrera entre las manos y el material, por ejemplo, ante un exceso de polvo o una posible presencia de microorganismos, se recomienda utilizar guantes de nitrilo. Estos ofrecen buena resistencia mecánica y presentan menos problemas de alergia que los de látex. Deben estar limpios, ser de la talla adecuada y cambiarse si se rompen.

Los guantes de látex, aunque son flexibles y resistentes, pueden provocar irritación o reacciones alérgicas en algunas personas y favorecer la sudoración de las manos durante su uso prolongado. Por estas razones, no son la primera opción para la consulta habitual de libros.

¿Cuándo sí debemos usarlos?
Hay materiales en los que el uso de guantes es necesario. Es el caso, por ejemplo, de fotografías, negativos, películas, microfilmes, microfichas y algunos materiales ópticos como CD y DVD, donde el contacto directo de los dedos puede dejar marcas sobre sus superficies. Para estos casos se recomiendan principalmente guantes de nitrilo o guantes sintéticos libres de pelusa.

También pueden ser necesarios cuando un material tiene una gran cantidad de polvo o existe la posibilidad de que haya microorganismos. En estas situaciones, el objetivo principal del guante es proteger a la persona que está realizando la consulta, no sustituir las medidas de higiene.

Cuidados adicionales
Más allá de decidir si usamos guantes o no, hay algo que siempre debemos hacer: tratar los libros con cuidado. Pasar las páginas suavemente, evitar apoyarse sobre ellas o arrastrar los dedos sobre textos e imágenes son acciones sencillas que ayudan a conservarlos.

Para no forzar su apertura, es común utilizar cojines de consulta, que ayudan a sostener el libro abierto sin ejercer presión sobre su encuadernación, especialmente cuando se trata de ejemplares grandes, pesados o frágiles. Si encontramos una hoja suelta, una rotura, un elemento desprendido o cualquier otra condición que dificulte la manipulación, lo mejor es detenernos y pedir ayuda al personal encargado.

Consultar un libro es también entrar en contacto con su historia. Cada vez que abrimos uno, tenemos la oportunidad de contribuir a que ese mismo ejemplar pueda seguir siendo consultado muchos años después.

Manos limpias, manos secas y una manipulación cuidadosa son las mejores herramientas para conservar un libro.


El tren que marcó la hora

Fotografía: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

Aunque es difícil de imaginar, existió un momento en la historia en el que el tiempo era una medida local. La hora del día era dada por la posición del sol en el cielo, los primeros relojes mecánicos en las plazas principales o el repique de las campanas de la iglesia del pueblo.

Esta forma de medición, más práctica que técnica, era útil para organizar la vida diaria de una población. En ese entonces los viajes largos eran escasos, por lo que la diferencia horaria producida por los traslados entre una población y otra tampoco resultaba particularmente significativa. Sin embargo, los avances tecnológicos en materia de transporte cambiaron las dinámicas de movilidad, traslado y por supuesto, la percepción del tiempo.

Fue la aparición de los ferrocarriles y su capacidad de conectar territorios uno de los principales motivos que exigió adoptar una sola forma para medir el tiempo. En la ausencia de un parámetro estándar era común que los pasajeros perdieran los viajes, existiera una deficiente coordinación entre las horas de salida y llegada de los trenes e incluso eran frecuentes las colisiones al usar la misma vía de tránsito. Este cambio, por supuesto, fue paulatino, y un resultado de los múltiples retos operativos de los trenes en funcionamiento.

Inglaterra, como el primer país que desarrolló un sistema ferroviario nacional, fue el pionero en adoptar esta nueva “hora ferrocarrilera”, que tomó como parámetro estándar la hora dada por el Observatorio Nacional de Greenwich. A esta medida de estandarización nacional le siguieron Estados Unidos y Canadá, que pasaron de tener 144 horarios diferentes a una sola hora para ambas naciones en 1878.¹

Por su parte, México hizo lo propio. Las compañías ferroviarias que operaban al interior de la república fueron las primeras en adoptar un horario nacional a partir de la información que compartía el Observatorio Astronómico Central.

Marco Arturo Moreno Corral, en el libro Los husos horarios en México (2001), relata cómo en 1890, Pedro Noriega y Pedro Benítez propusieron, ante la sección neoleonesa de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la unificación de la hora en toda la nación. Sin embargo, dicha medida fue considerada y puesta en vigor treinta años más tarde.

A medida que el país se modernizó y su conexión fue cada vez más frecuente con los países vecinos, la hora nacional fue sustituida por los protocolos internacionales que establecen el sistema horario mundial. El decreto que alineó la medida del tiempo de México con el resto del mundo entró en vigor el 1 de enero de 1922 durante la presidencia de Álvaro Obregón.²

En un principio, México quedó adherido al sistema de husos horarios a partir del meridiano 105° al oeste de Greenwich. Sin embargo, el sistema ferroviario obligó en más de una ocasión a modificar los husos horarios de referencia. Un ejemplo de ello sucedió en 1923, cuando se cambió el meridiano de referencia del 105° al 120°; para 1924, la referencia volvió a cambiar al meridiano 90°, medida que exceptuó a los ferrocarriles que corrían entre Veracruz y Oaxaca.

Para 1927, el país volvió a quedar unificado por un mismo huso horario hasta que Pascual Ortiz Rubio dividió al país en tres horarios: la hora del golfo, regida por el meridiano 90° al oeste de Greenwich; la hora del centro, medida a partir del meridiano 105°; y la hora del oeste, fijada a partir del meridiano 120°.

En 1948 con el Plan Alemán de Rehabilitación Ferroviaria en marcha, Miguel Alemán Valdés hizo una nueva modificación: Baja California fijó su hora a partir del meridiano 120° a fin de procurar las relaciones de importación y exportación que mantenía con Estados Unidos y Canadá a través de los ferrocarriles. Finalmente, en un nuevo esfuerzo por estandarizar la hora nacional, el 13 de agosto de 1997, el presidente Ernesto Zedillo estableció los husos horarios que continúan vigentes actualmente.

Esta breve revisión histórica sobre la medición del tiempo evidencia que aunque hoy parece que el tiempo es una medida objetiva, la aplicación y estandarización de este en el mundo moderno fue, en gran medida, una respuesta a las necesidades de los ferrocarriles.

En el caso mexicano, los husos horarios, los meridianos de referencia y las modificaciones de la hora oficial han respondido a necesidades de movilidad, comunicación y comercio. El tiempo puede medirse con precisión, pero la manera en que decidimos organizarlo y utilizarlo continúa respondiendo a las necesidades humanas.

Como cada año, el Museo Infantil de Oaxaca se detiene a reflexionar sobre algún aspecto de la historia del ferrocarril, en conmemoración del Día del Ferrocarrilero, que se celebra el 7 de noviembre. En esta ocasión hacemos alusión al tiempo, y a cómo fue que la máquina locomotara influyó en la percepción y la implementación de los husos horarios en diferentes partes del mundo, especialmente en Oaxaca.

1 Brown, L. How railroads inspired the creation of time zones. BBC (noviembre 2024) https://www.
bbc.com/travel/article/20241115-how-railroads-inspired-the-creation-of-time-zones

2 SIID División de Política Social. “Horario de Verano. Antecedentes y legislación comparada”. (s/f). Gob.mx. https://www.diputados.gob.mx/bibliot/publica/inveyana/polisoc/horver/conte.htm


Presentación editorial en la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío

Portadas de la edición de 1916 y la correspondiente a 2026 de Vida y milagros de Pancho Reyes.

La Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío fue el escenario sobre el que se presentó la nueva edición de la obra Vida y milagros de Pancho Reyes, primera publicación mexicana de corte detectivesco publicada a principios del siglo XX por Santiago Méndez Armendáriz. Para presentar las dos aventuras de Pancho Reyes consignadas en esta publicación, participaron Vicente Francisco Torres, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, especialista en novela detectivesca y policiaca; Alby Tubilla, investigador, coleccionista y estudioso de la obra de Antonio Helú; Nahum Torres, fundador de la editorial Librosampleados, encargada de publicar esta obra. La charla estuvo moderada por Cathy Fourez, especialista en la materia e investigadora de la Universidad de Tours, Francia, quien además escribió un texto muy interesante sobre el arte detectivesco de leer, publicado en una edición pasada de este boletín.1

La directora de Adabi les dio la bienvenida a los presentadores y al público asistente y compartió una breve semblanza de los invitados, así como un recuento de las circunstancias que condujeron a la presentación de Vida y milagros de Pancho Reyes. Para entrar en materia, la moderadora aludió a diversos estudiosos del género policiaco mencionando que se trata de “la epopeya del espíritu humano en la lucha contra un mundo opaco”. Así, el detective, personaje de lógica irrefutable, es el descubridor del misterio y recreador de las circunstancias en las que se cometió el delito: “el teatro del silencio”.

Vicente Torres compartió con el público el recuerdo de cómo encontró a Pancho Reyes entre recetas de cocina y cancioneros; mientras narraba su hallazgo fue presentando al autor y al propio Pancho, detective en una Ciudad de México de hace más de un siglo, que refleja singularmente su época. Para sorpresa de todos, el doctor Torres exhibió un ejemplar original de la Vida y milagros, que ya cuenta con 110 años de antigüedad, cuya edición añade aún más valor a la nueva impresión, que mejoró la lectura de la obra. Mencionó también a Rafael Bernal, autor de El complot mongol, considerado por mucho tiempo el iniciador de la novela negra en México.

Por su parte, Alby Tubilla realizó un breve pero necesario repaso por la literatura policiaca mexicana, así como de las referencias internacionales que aparecen citadas en Vida y milagros de Pancho Reyes, tales como Conan Doyle y Maurice Leblanc, sin olvidar la presencia de Antonio Helú dentro del género policiaco mexicano. Tubilla encuadra a Pancho Reyes dentro de una sociedad porfiriana en decadencia por la llegada del movimiento revolucionario, y atisba la posibilidad de que, a pesar del conflicto armado, haya también procesos de largo aliento que cambian más despacio que los acontecimientos que se desarrollan cotidianamente y que aparentemente pueden modificar el transcurso de la historia. El coleccionista también hizo énfasis en el tinte misterioso de los títulos que se incluyen en esta edición, especialmente de “El tres de espadas”, que, desde la carga significativa que se les da a las cartas, puede denotar dolor, conflicto y/o traición, a esto se puede sumar o se le puede contrastar con la noción que se deriva del Tarot sobre una posible simbología de una sociedad secreta.

Para finalizar la presentación se le cedió la palabra al editor de la obra, Nahum Torres, quien destacó la personalidad del autor: un personaje que, debido al exilio, tuvo que publicar la primera edición en San Antonio, Texas, ya que además no deseaba ser identificado tan fácilmente. Por otro lado, hizo una comparación entre esta primera edición y otra aparecida en El Universal Ilustrado, en donde ya es notoria la intervención de un editor y que se convertiría en la referencia para la edición que se presenta, con la característica de ser de un corto tiraje y propia de especialistas.

La presentación de esta novedad editorial está disponible en nuestro canal de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=KXhhFA37Sag


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