Boletín FAHHO Digital No. 64 (Jul 2026)

El pulso de la tierra

Isabel González / Marla Ramos
Piezas de barro de Tlapazola, Tierra Caliente y Atzompa. Fotografías: Acervo de Arte Popular

En muchas tradiciones artísticas los materiales son mucho más que materia prima: son memoria, emoción, territorio y cosmovisión. Así ha ocurrido, desde hace generaciones, con la alfarería de San Marcos Tlapazola, Santa María Atzompa y Tierra Caliente, en Tamazulápam del Espíritu Santo, donde la arcilla se ha convertido en una posibilidad de sustento, creación y permanencia. Aunque separadas por la geografía, la lengua y distintas tradiciones culturales, estas comunidades comparten una relación profunda con una materia que nace de la tierra y vuelve a ella transformada en objetos para la vida cotidiana, la contemplación, la celebración y la remembranza.

Las piezas conservan la impronta de los paisajes que las originan y de las manos que les dan forma. En San Marcos Tlapazola, las Mujeres del Barro Rojo (Macrina Mateo, Amalia Cruz, Elia Mateo, María Francisca Gutiérrez, Dorotea Mateo, Alberta Mateo, Griselda Mateo, Victorina Mateo, Modesta Martínez y Concepción Sánchez) preservan técnicas ancestrales que dialogan con procesos de innovación capaces de mejorar las condiciones de trabajo sin alterar la esencia del oficio. En Santa María Atzompa, Lucía López, Francisco López, Elizabeth López y Leticia García forman parte de una tradición cerámica que ha dado lugar a una de las expresiones alfareras más reconocidas de Oaxaca, donde el dominio técnico y la capacidad de adaptación han permitido diversificar formas, usos y posibilidades expresivas sin perder el vínculo con sus raíces comunitarias. En Tierra Caliente, la alfarería de Teresa Cruz y Honoraria Franco refleja una estrecha relación con el entorno: la arcilla, las piedras de río, las hojas de los árboles y la leña participan en un proceso completamente artesanal en el que cada elemento natural deja una huella visible sobre las obras.

Más allá de sus diferencias formales, las creaciones reunidas en esta exposición comparten una misma condición: son resultado de un conocimiento colectivo construido a lo largo del tiempo. Cada pieza contiene saberes heredados, decisiones técnicas, experiencias familiares y formas particulares de habitar el territorio. Son objetos moldeados por manos expertas, pero también a partir de las historias comunitarias que encuentran en la cerámica una manera de permanecer vivas.

El fuego ocupa un lugar central en esta metamorfosis. A ras de suelo y a cielo abierto, o mediante hornos que incorporan nuevas tecnologías para reducir el humo y el consumo de leña, la cocción convierte la fragilidad de la arcilla en resistencia. Es el instante en que la materia cambia de estado y adquiere una nueva vida gracias al diálogo constante entre los elementos y la experiencia de quienes dominan el fuego.

“El pulso de la tierra” reúne tradiciones alfareras provenientes de distintos rincones de Oaxaca. A lo largo del pabellón y la crujía del antiguo convento de San Pablo, estas obras se presentan como testimonio de inventiva, transmisión de saberes, trabajo comunitario y arraigo territorial. En cada pieza habita una historia nacida en el corazón de la tierra, cuyo pulso perdura y se transforma en las manos de quienes la modelan.


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