“Para ayudar, nos volamos la barda. 30 años haciendo equipo por el desarrollo de México”
PRESENTACIÓN
La Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca A.C. en adelante (FAHHO) en coordinación con la Fundación Alfredo Harp Helú A.C. en adelante (FAHH) y Fomento Social Banamex A.C. en adelante (FSB) le invitan a participar en la emisión Home Runs 2026 para la donación de recursos a instituciones que destacan por su trayectoria y compromiso social en favor de quienes más lo necesitan en el estado de Oaxaca.
Para esta emisión 2026, denominada “Para ayudar, nos volamos la barda. 30 años haciendo equipo por el desarrollo de México”, la FAHHO cuenta con una bolsa global de $10,000,000.00 (diez millones de pesos 00/100 M.N.), que se distribuirá entre las instituciones que resulten ganadoras al presentar proyectos que desarrollen temas relacionados con fomento al deporte, medio ambiente, salud, bienestar social, educación, cultura y proyectos productivos. Lo anterior, previa evaluación y selección por parte del Comité de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, A.C.
REQUISITOS PARA PARTICIPAR
1. Podrán participar municipios del estado de Oaxaca y asociaciones civiles que sean donatarias autorizadas por el Servicio de Administración Tributaria (SAT), de acuerdo con la última publicación en el Diario Oficial de la Federación.
2. Solicitar su inscripción mediante la plataforma https://homeruns.fahho.mxdel 15 de junio al 30 de julio de 2026. Enviar las dudas acerca del registro al siguiente correo: homeruns@fahho.mx
3. Si fueron beneficiarios de algún donativo otorgado previamente por parte de la FAHHO, es prerrequisito haber cumplido en tiempo y forma con la comprobación.
PROCEDIMIENTO POSTERIOR A LA INSCRIPCIÓN
Una vez realizado el registro de inscripción, cada entidad deberá ver el video de uso de la plataforma y marcar la acción como completada para poder realizar el registro de sus proyectos y la carga de la documentación respectiva.
Los proyectos que cumplan los requisitos antes mencionados serán evaluados por el Comité de la FAHHO, el cual determinará las instituciones beneficiadas, así como los montos para cada una de ellas de conformidad con la bolsa de recursos disponibles para la entrega de donativos. Dicho resultado se les hará saber vía correo electrónico.
COMPROBACIÓN DEL DONATIVO
Durante la ejecución del proyecto, las instituciones estarán sujetas a una verificación por parte de la FAHHO, con la finalidad de revisar los avances y la correcta aplicación de los recursos en el proyecto beneficiado. La fecha límite para recibir las comprobaciones del donativo recibido será el día 11 de diciembre de 2026, para lo cual deberán entregar un informe acompañado de cinco fotografías y otorgar el derecho de uso a la FAHHO.
AVISO DE PRIVACIDAD
Toda la información que la FAHHO recabe es tratada con absoluta confidencialidad con- forme a las disposiciones legales aplicables. Para conocer más información sobre la pro- tección de sus datos personales, consulte el siguiente enlace: https://fahho.mx/aviso-de-privacidad/
Hemos llegado a la mitad del año, y los meses por venir son una oportunidad para acompañar a toda persona que cruza alguna de las puertas que la FAHHO ha abierto en Oaxaca, para su gente y para el mundo. Así es como podemos abrir la siguiente emisión con las afortunadas y profundas palabras de Nadya Rasheed, embajadora del Estado de Palestina en México. Se trata de un llamado a la unión, tal como la vocación de toda labor textil.
La cultura de la paz es ya un lema del programa Seguimos Leyendo, que en esta ocasión se busca a partir de la creación y lectura del libro-álbum en familia. El Museo Infantil trabaja sobre la idea del arte como espacio de encuentro entre el museo y las comunidades oaxaqueñas. Asimismo, procura el descubrimiento y la unión de las infancias con el patrimonio natural de la antigua estación del ferrocarril.
En sintonía, la Biblioteca Infantil de Oaxaca se ocupa en el cuidado de su jardín y de sus árboles. Por su parte, la Coordinación de Medio Ambiente rinde homenaje a las abejas en su día, por medio de actividades encaminadas a hacer notar la importancia de estos seres vivos.
En su búsqueda por hacer una pausa en medio de la acelerada vida actual, el Museo de la Filatelia nos permite reencontrarnos con el glorioso pasado del escritorio público, así como con el fondo reservado José Lorenzo Cossío y Cosio para conocer un poco sobre clichés, pesas postales y linotipos.
El Taller de Conservación y Restauración Documental nos habla sobre la importancia de las guardas en los procesos de conservación. Por su parte, Adabi de México aborda los vínculos existentes entre los archivos y las comunidades que los crean; mientras que, Adabi Oaxaca narra los descubrimientos que, en el Colegio Minerva, dieron lugar a la creación del Fondo Personal Guillermo Mondragón Gómez. En diálogo con estas acciones, el Centro Cultural San Pablo nos muestra las proezas del azul añil en el templo de Santa María Ozolotepec.
En los deportes, la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú da cuenta del formidable desempeño del talento juvenil mexicano en el Torneo Internacional de Academias Wilfredo Polidor. Mientras tanto, los Diablos Rojos del México distinguen a dos grandes voces de la escuela mexicana de narración deportiva.
En otros temas, Andares del Arte Popular muestra el trabajo de dos jóvenes artistas que fusionan tradición y deporte; FAHHO Itinerante inaugura su cineclub para acercar a las juventudes a la riqueza del cine mexicano; finalmente, la Librería Grañén Porrúa aparece como un recuerdo y un espacio que acompaña la vida de los lectores.
En conjunto, las siguientes páginas nos recuerdan que el encuentro sigue siendo la mejor manera de transformar nuestro entorno y construir comunidad.
Thob (vestido), siglo XX, Al-Jalil. Fotografías: Vanessa Méndez
Thob (vestido), siglo XX, Al-Jalil. Fotografías: Vanessa Méndez
Thob (vestido), siglo XX, Al-Jalil. Fotografías: Vanessa Méndez
Marhaba. Bienvenidos. Bienvenidos a este hogar abierto. En este espíritu de encuentro quisiera saludar con especial aprecio a quienes hacen posible este espacio: Al licenciado Hector Manuel Meneses, director del Museo Textil de Oaxaca, por abrir las puertas de este recinto para que la cultura y la memoria colectiva encuentren resonancia en cada uno de nosotros. A la Dra. María Isabel Grañén Porrúa y al Sr. Alfredo Harp Helú, por hacer florecer la visión de civilización con su compromiso y esfuerzo. A la maestra Rocío Ocádiz, directora de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, por su labor al frente de esta institución, acompañando e impulsando estas iniciativas con enfoque y receptividad.
Y al profesor Shadi Rohana, de El Colegio de México, por tender puentes desde la palabra, la lengua y la memoria, y por acompañar este diálogo desde una cercanía que también es profundamente palestina.
La exposición “Gaza Permanece. El bordado y la cultura de Palestina” es un espacio donde dos culturas antiguas, dos pueblos cuyas raíces son más profundas que cualquier frontera trazada en su contra, se encuentran para crear, para celebrar y para resistir a través de nuestro origen, potencia y riqueza humana.
Durante más de setenta años, la cultura palestina ha sido el blanco preciso para eliminarnos. A nuestras aldeas les han cambiado el nombre por otro siempre ajeno, impropio, ilegal. Nuestros sagrados olivos son arrancados de raíz y quemados con el firme propósito de opacar el aliento de nuestros ancestros, con el humo y la asfixia de la bandera de la destrucción.
La herencia de nuestro bordado ha sido usurpada por voces irresponsables, externas y extrañas. Todo, absolutamente todo, ha sido objeto de constante robo, como nuestra comida, música y poesía.
La constante distorsión de nuestro legado pretende ser y proyectarse como la primera y última página de nuestra historia. Pero, como el olivo, sin ramas, sin raíces a la vista, nosotros volvemos a levantarnos y seguimos dando frutos, honrando la vida hoy como desde la antigüedad.
Aquí estamos, heridos, de luto, inundados de lágrimas por tantas muertes en nuestro interior, pero seguimos, de todos modos, como individuos, como pueblo, como siempre Palestina.
Nadya Rasheed leyendo su discurso en la inauguración de la exposición “Gaza Permanece”. Fotografía: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Nadya Rasheed leyendo su discurso en la inauguración de la exposición “Gaza Permanece”. Fotografía: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Nadya Rasheed leyendo su discurso en la inauguración de la exposición “Gaza Permanece”. Fotografía: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Nunca estuvimos únicamente en nuestras casas. Estamos en nuestro hilo. Estamos en nuestras recetas. Estamos en las palabras que nuestras abuelas susurraban sobre la tela. Estamos en los patrones que nuestras hijas todavía trazan con los dedos antes de conocer siquiera su propio nombre.
El tatreez, nuestro bordado sagrado, no es decoración. Es un mapa. Es un idioma. Cada patrón geométrico, cada combinación de color, cada puntada colocada con intención pronuncia el nombre de una aldea, marca una estación, registra una boda, llora una pérdida, celebra una cosecha. Una mujer que lleva tatreez carga toda su geografía en el cuerpo. Lleva su linaje en el pecho. Cuando quemaron nuestras bibliotecas, vestimos nuestra literatura. Cuando demolieron nuestros hogares, cargamos nuestra arquitectura en hilo. El tatreez sobrevivió la Nakba en maletas, doblado entre las pocas cosas que las familias pudieron llevarse. Sobrevivió a los campos de refugiados, al exilio, a la diáspora. Sobrevivió porque las manos de nuestras mujeres recordaron lo que ningún documento podía contener.
Nuestras tradiciones no son reliquias. Son actos vivos y palpitantes de presencia. El dabke, nuestra danza en círculo, son pies que dicen: “esta tierra es nuestra” con cada paso. Nuestra mesa, el musakhan, la maqluba, la knafeh, el za’atar con aceite de olivo, es una forma de memoria que alimenta el cuerpo y el alma al mismo tiempo; nuestra poesía oral, nuestra narrativa, nuestra manera de abrir la puerta a cada extraño como si fuera familia; no son costumbres de un pasado lejano. Son la forma en que hemos sobrevivido. Son la forma en que insistimos, cada día, en existir.
El olivo ha sido nuestro testigo más antiguo y nuestra metáfora más profunda. No produce fruto con rapidez. Pide décadas de paciencia, de cuidado, de confianza. Algunos de nuestros olivos tienen miles de años, son más antiguos que los imperios que se creyeron eternos. Han visto ir y venir a los conquistadores. Han sido quemados, arrancados, robados. Y aun así, del tronco más viejo y más golpeado, la vida regresa. Nosotros somos ese árbol. Nuestras raíces son así de tercas, así de profundas, así de comprometidas con la luz.
Hoy, en “Gaza permanece”, no solo observamos una colección de piezas. Somos testigos de una historia que se niega a desaparecer. Y es aquí, en Oaxaca, donde este lenguaje encuentra un eco profundo.
Este es también el resultado de una colaboración entre el Museo Palestino de Birzeit y el Colegio de México, por medio de la Cátedra José Helú, que hoy permite que este diálogo llegue hasta Oaxaca.
Como las mujeres palestinas que cargan su mundo en hilo y raíz, las mujeres de Oaxaca conocen esta misma conversación antigua entre la mano y la tierra. Su bordado, vívido e intrincado, florece desde una visión del mundo que sabe que la naturaleza es sagrada, que borda el cosmos en la tela, que mantiene vivo, mediante el color y la forma, lo que la historia ha intentado silenciar. Sus manos han resistido como el bordado. Sus manos también han transformado el dolor en belleza y la belleza en supervivencia.
Jerqa (velo), prob. siglo XVIII, Ramala, Palestina. Colección Federico Jiménez, adquisición del Museo Textil de Oaxaca.
Jerqa (velo), prob. siglo XVIII, Ramala, Palestina. Colección Federico Jiménez, adquisición del Museo Textil de Oaxaca.
Jerqa (velo), prob. siglo XVIII, Ramala, Palestina. Colección Federico Jiménez, adquisición del Museo Textil de Oaxaca.
Este encuentro no comienza hoy. Desde la Embajada del Estado de Palestina hemos tenido el honor de acompañar iniciativas, como el taller de tatreez palestino con Amanneh Sharif, que abrió un espacio de intercambio directo en torno a estas tradiciones, y donde también participaron bordadoras oaxaqueñas, generando un primer diálogo vivo entre ambas prácticas.
Confiamos en que esta exposición será también el punto de partida para nuevas colaboraciones durante los próximos meses, fortaleciendo los lazos entre Palestina y Oaxaca por medio del arte, la memoria y las manos de sus mujeres.
Cuando las mujeres palestinas y oaxaqueñas se sientan juntas hoy sobre la misma tela, dos ríos de memoria se encuentran. No para convertirse en el mismo río sino para reconocer, la una en la otra, la misma fuente: la voluntad in-que-bran-ta-ble de mujeres que se negaron a dejar morir su cultura, que se inclinaron sobre el hilo y la aguja como un acto de amor, de valentía, de fe en las generaciones que aún están por venir. Este proyecto nace de ese encuentro, de la convicción de que las raíces, al encontrarse, se entrelazan en una amistad inevitable. Y que la belleza compartida, incluso a pesar del desplazamiento y la distancia, se vuelve más poderosa que cada tradición por separado.
Estamos aquí para bordar juntas lo que nadie podrá deshilachar.
El escritorio público del Mufi en la explanada de Santo Domingo
Mirar hacia atrás y a la distancia suele evocar momentos que, en retrospectiva, parecen mejores: más tranquilos, con un ritmo más pausado y con una manufactura más cuidadosa. En ese paisaje aparece una figura hoy casi olvidada, pero que durante mucho tiempo fue esencial para la comunicación: el escritorio público.
Hace apenas unas décadas, formaba parte de la vida cotidiana en nuestras ciudades. Se recurría a un escritorio público para llenar una solicitud de empleo, redactar una petición dirigida a alguna dependencia gubernamental o escribir una carta de amor cargada de emoción y afecto. En esa labor, el escritorio público cumplía una función invaluable: no solo la de transcribir palabras con precisión, sino también la de orientar, estructurar y dar forma a un mensaje con la mayor elocuencia posible.
Su importancia es indiscutible, y su relación con la correspondencia aún más. Por ello, el Museo de la Filatelia de Oaxaca, en su labor de difundir y promover la filatelia, así como el uso de la correspondencia y la estampilla postal, decidió traer de vuelta este espacio.
La invitación es sencilla, pero poderosa: escapar por un momento del ajetreo y de la inmediatez de la vida actual. Detener el tiempo durante unos minutos y escribir una carta mecanografiada a alguien especial. Puede ser para un amigo, un familiar o un amor, pero también para alguien que ya no está en este plano y a quien aún necesitamos decirle algo. O incluso para nosotros mismos: una pequeña cápsula del tiempo que resguarde palabras de aliento, preguntas o deseos que algún día se reencontrarán con nuestro yo del futuro.
La protagonista de este escritorio público es una hermosa máquina de escribir Remington modelo 17, producida entre 1939 y 1950, que llegó al museo como parte de una donación. Una máquina que, en otro tiempo, escribió cartas de amor, buenas noticias y despedidas, y que hoy, al igual que la correspondencia, vuelve a la vida para recordarnos que, aunque ciertos medios parecen olvidados, nunca dejarán de conmovernos.
Con mucha expectativa por la respuesta de los transeúntes, el domingo 22 de marzo llegamos a la calle Macedonio Alcalá, en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, frente a la Librería Grañén Porrúa. Cerca de las 3:30 de la tarde comenzamos a montar el mobiliario: un par de mesas y sillas funcionaron como sala de espera, mientras que las piezas más llamativas fueron la máquina de escribir y un pequeño, pero encantador, buzón rojo. El mismo que ha recorrido distintas partes del estado recolectando correspondencia y manteniendo viva la tradición epistolar.
El escritorio público del Mufi en la explanada de Santo Domingo
Pero un escritorio público no podría funcionar sin alguien capaz de transformar emociones en palabras, y esa labor estuvo a cargo de Charly A. Secas, escritor, poeta y promotor de la lectura. Más que transcribir lo que escuchaba, Charly acompañó a cada participante en la construcción de su mensaje: una experiencia que, en muchos casos, se asemeja más a una conversación íntima —casi psicológica— que a un simple ejercicio de escritura.
A las cuatro de la tarde, el escritorio entró oficialmente en servicio y, poco a poco, comenzaron a acercarse los primeros curiosos.
Mientras las cartas eran mecanografiadas, podían escucharse testimonios como el siguiente: “Cuando era joven escribía mis tareas y alguna que otra carta para una novia en una máquina muy parecida a esa”. Los más jóvenes, en cambio, preguntaban con curiosidad cómo funcionaba la dinámica. Jacqueline y Karla, prestadoras de servicio social, respondían con una sonrisa: “Es un escritorio público. Si gustas, puedes tomar asiento en la sala de espera y, cuando llegue tu turno, Charly te ayudará a escribir una carta para quien tú quieras. Incluso podrás enviarla por correo postal si así lo deseas”.
Algunos se quedaban a esperar su turno; otros simplemente tomaban una fotografía, fascinados ante un objeto que parecía venir de otro tiempo, de un mundo ajeno a ellos. Y no era para menos: la belleza de la manufactura de la máquina despertaba admiración por sí sola.
La tarde avanzaba y seguían llegando personas atraídas por una escena poco común: herramientas y prácticas casi en desuso que, hace no tanto, formaban parte de la vida cotidiana. La emoción era tal que ni la amenaza de lluvia logró dispersar a quienes esperaban su turno, incluso cuando las primeras gotas comenzaban a caer para mojar las hojas recién mecanografiadas.
Con la finalidad de hacer más amena la espera, el espacio ofrecía cartas escritas por personajes ilustres, como Frida Kahlo, F. Scott Fitzgerald, Octavio Paz, entre otros. Estaban ahí para que los participantes pudieran leerlas y recordar que escribir una carta siempre ha sido una forma de permanecer a pesar del paso del tiempo.
Al finalizar la jornada, un puñado de cartas dio testimonio de algo evidente: aunque los escritorios públicos y la correspondencia parecen haber sido desplazados por la tecnología, siguen vivos en la memoria de quienes los conocieron y en la curiosidad de quienes los descubren por primera vez. Así es como su existencia continúa, como una pequeña cápsula del tiempo.
Esperamos encontrarte algún domingo por las bellas calles del centro histórico de Oaxaca para tomarnos el tiempo, aunque solo sea por una vez, de escribir algunas palabras, algunas emociones mecanografiadas.
“Santa María Ozolotepec, según nos dejan ver las diferentes fuentes e impresos de la época [novohispana], era un pueblo constituido en su mayoría por indios de lengua zapoteca, que se caracterizaba por una abundante producción de grana, trigo y maíz, bienes que se vendían e intercambiaban en el mercado semanal de Miahuatlán, punto nodal en la ruta comercial entre las poblaciones costeras de Huatulco y Pochutla y la ciudad de Antequera”,1 explica la investigadora Selene del Carmen García Jiménez sobre la iglesia de Santa María Ozolotepec.
A partir del encomiable trabajo de investigación y documentación archivística de este enclave en la Sierra Sur de Oaxaca —emprendido por Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, A. C. (Adabi) en el año 2006—, se destacó la relevancia de su magnífico templo como cabecera de los pueblos de San Marcial, San Esteban, Santa Catarina, San Gregorio, Santo Domingo, San Miguel y San Pablo, todos con la misma etimología náhuatl del “cerro del ocelote”.
Pedro de Otálora Carbajal, párroco emprendedor y liturgista de esta iglesia, dejó un deslumbrante programa de imágenes, realizado entre 1652 y 1660, donde retablos, lienzos, tallas estofadas y, sobre todo, la pintura mural en el techo artesonado y los frescos en los muros de la nave mayor constituyen una auténtica orquesta de colorido y simbología, plenamente cargada del espíritu contrarreformista que acompañó la doctrina cristiana de la antigua Antequera.
Entre los altares, concebidos y dirigidos por Otálora, destaca el que representa los pasajes de la vida del lisboeta Fernando Martins de Bulhões (1195-1231), cuyo nombre de fe sería Antonio de Padua. El “Arca del Testamento”, como lo llamaba el papa Gregorio IX, fue ampliamente conocida por sus dotes de prédica ejemplar. Los estupendos pinceles anónimos relatan sendos pasajes de su vida como intermediario, sanador y guía, así como la visita que le hiciera el Niño Jesús, acaso el más conocido de su iconografía.
Otra de las pinturas de mayor relevancia es la que muestra a santa Catalina de Alejandría, emblema de fortaleza, erudición y castidad. García Jiménez la describe del siguiente modo:
Santa Catalina está ataviada con túnica rosa, stola ocre y azul y un tipo de palla roja; sobre la cabeza luce una pequeña tiara de oro. Sobre el hombro izquierdo desciende un angelillo que está a punto de timbrarla con una guirnalda de olivo y entregarle una palma de victoria. Son tres los atributos iconográficos distintivos que se miran en el lienzo: una rueca dentada, instrumento de su martirio, la espada con la que fue degollada, y la cabeza del emperador Majencio, quien ordenó su ejecución.2
La Divina Pastora. Fotografías: Héctor Palhares
La Divina Pastora. Fotografías: Héctor Palhares
La Divina Pastora. Fotografías: Héctor Palhares
El altar mayor, con lienzos hagiográficos que incluyen a José, Domingo de Guzmán, Nicolás de Tolentino, Luis de Francia, Lorenzo, Juan el Bautista, san Miguel Arcángel, entre otros, se enmarca por un hermoso arco de medio punto, cuyo intradós expone los grandes símbolos de la Letanía Lauretana en honor a la Virgen.
Una de las más bellas advocaciones marianas, de gran arraigo a partir del siglo XVIII, fue la de la Divina Pastora. En el cuerpo superior del altar lateral izquierdo, María aparece con el rebaño sagrado a sus pies —alter ego de la feligresía— recibiendo sus bondades en la figura de rosas de vivo carmesí. Un par de angelillos volanderos sostienen la corona de la Madre de Dios, al tiempo que el jefe de los Ejércitos celestiales somete a la bestia en el plano de fondo.
Resulta imprescindible destacar, amén de los lienzos, esculturas y motivos que posee la iglesia: la magnificencia de su techo artesonado, acaso uno de los mejores de la antigua Antequera, cuyos tirantes y modillones de estilo mozárabe seiluminan e iluminan con los visos del azul índigo o añil. Señala la investigadora María Castañeda Delgado:
El índigo que se obtenía en Europa antes del descubrimiento de América, provenía de la India y se obtenía de la especie vegetal Indigofera tinctoria. En México, la especie endémica es la Indigoferasuffructicosa; los indígenas conocían perfectamente la forma de aprovechar el colorante azul, que utilizaban para producir el azul maya.3
La particularidad de la indigotina, componente mayor del añil, es que tiene una estructura molecular con “enlace conjugado” que permite la absorción de la luz, generando un intenso color que funciona como pigmento sin necesidad de aglutinantes. En Oaxaca, su producción mayor proviene de la comunidad de Santiago Niltepec, en la región del Istmo. No resulta extraño que los pueblos de la Sierra Sur, como Santa María, San Francisco o San Juan Ozolotepec, en constante contacto mercantil con la costa, recibieran el preciado pigmento para engalanar su arte sacro.
Bajo este cielo azulado como “tienda cósmica”,4 acudiendo a la investigadora Martha Fernández, se concretó el arraigo de fe y devoción que hoy día sigue reverberando con fuerza en la espiritualidad de las comunidades de Oaxaca.
1Selene del Carmen García Jiménez, “Un párroco emprendedor y liturgista: el retablo de Santa María Ozolotepec”, Cuadernos del sur, revista de Ciencias Sociales (enero-junio 2017): 73.
2 García Jiménez, “Un párroco emprendedor y liturgista”, 85.
3 María Castañeda Delgado, “El índigo en la pintura de caballete novohispana: mecanismos de deterioro”, Intervención. Revista Internacional de Conservación, Restauración y Museología, Núm. 19 (Enero-junio de 2019): 27.
4 Martha Fernández, “La imagen del cielo en la arquitectura novohispana. Mantos, doseles y cortinajes”, Históricas Digital (2018): 283-304.
Leyendo bajo el árbol. Fotografía: Acervo de la BS Biblioteca Infantil de Oaxaca
En la BS Biblioteca Infantil de Oaxaca, los libros no son los únicos que cuentan grandes historias; nuestro jardín también tiene mucho que decir: es un refugio generoso para quienes buscan la calma de una lectura; es el aula verde donde niñas y niños desafían sus mentes en las clases de ajedrez o en alguno de los muchos talleres que se realizan bajo las frondas frescas de los árboles; es también un punto de encuentro donde las familias se reúnen en torno a un juego de mesa o para comer un refrigerio; ha sido el escenario de múltiples conciertos, narraciones y eventos donde convocamos a las familias usuarias del espacio. Incluso ha sido un rincón romántico donde parejas han encontrado, entre el canto de las aves y las risas de los niños, el amor.
Así mismo, es un hogar vibrante. Entre sus ramas y raíces habitan insectos, lagartijas, aves, mamíferos y otras cuantas especies que encuentran en este refugio de la ciudad un lugar seguro para existir. La magia del jardín radica en quienes lo habitamos, por eso, además de ser un espacio dedicado al conocimiento y la lectura, en la BS tenemos un interés particular en abordar temas que impactan a la comunidad y al medio ambiente. Creemos que este tipo de aprendizajes no solo ocurre entre libros, sino también en los espacios que habitamos y cuidamos día a día.
Como parte de sus acciones a favor del medio ambiente, el equipo de la BS, junto con el biólogo Matías Domínguez, ha puesto manos a la obra y ha iniciado un proyecto enfocado en el manejo responsable de los residuos orgánicos que se generan en el propio jardín de la biblioteca. Gracias a la amplitud de nuestras áreas verdes y las diversas especies de árboles que en ellas habitan, se produce una significativa cantidad de materia prima aprovechable: hojarasca. Regulada por factores climáticos y bióticos y un proceso de compostaje sostenible, la hojarasca influye en la calidad del suelo y el ciclo de sus nutrientes.
Mediante pequeñas intervenciones, el equipo está integrando nuevos conocimientos a su formación para transformar las hojas secas y los residuos orgánicos en nutrientes útiles y disponibles para los árboles de la BS, con el objetivo de mejorar las condiciones del suelo, fomentar mayor infiltración de agua y fortalecer la salud de los árboles. En específico, estamos trabajando sobre el compostaje tradicional, la elaboración de microorganismos de montaña (MM) y lombricomposta, técnicas agroecológicas que ayudarán a enriquecer el suelo con nutrientes naturales que favorezcan el crecimiento, aumento, producción y vida del arbolado. Esto, a partir del fortalecimiento de su sistema inmune para que puedan resistir enfermedades y plagas. Este proyecto, que se encuentra en su primera etapa de desarrollo, no solo busca mejorar las condiciones de nuestras áreas verdes, sino también contribuir a la formación de nuevas experiencias para todos los facilitadores, quienes podrán acercar estas prácticas a las infancias y sus familias como parte de una educación ambiental respetuosa, contemplativa y activa, que cuida, valora y se compromete con todas las formas de vida. En este sentido, el jardín de la BS se convierte en un espacio para reconocer y conectar con la naturaleza como parte de la vida cotidiana.
Estamos seguros de que acciones que podrían parecer pequeñas, como recolectar hojas, preparar composta o airear la tierra, pueden generar cambios significativos cuando se realizan con un sentido de conciencia ambiental y mucha constancia. Los procesos en la naturaleza no son rápidos, pasan por un sinfín de pruebas y aprendizajes que nos van mostrando su propio ritmo. Desde la biblioteca, entendemos que cada acción cuenta, que transformar residuos en vida es una manera de sembrar conciencia en la comunidad que nos visita todos los días. Cuidar este jardín es un acto de cariño colectivo. Te invitamos a disfrutarlo con respeto, a observar con detenimiento, a protegerlo y mantenerlo limpio: al cuidar el jardín, también cuidamos el futuro de las infancias y les enseñamos pequeñas acciones que podemos replicar desde nuestros propios territorios.
El arte de acomodar libros en la Librería Grañén Porrúa. Fotografías: Vanessa Méndez
El arte de acomodar libros en la Librería Grañén Porrúa. Fotografías: Vanessa Méndez
El arte de acomodar libros en la Librería Grañén Porrúa. Fotografías: Vanessa Méndez
Lo que más me gusta de la Librería Grañén Porrúa es el espacio. Punto. Su oferta de libros abarca, como otros espacios en el centro de la ciudad, una gran cantidad de géneros, líneas, voces, nacionalidades, temáticas, etc. Pero debo decir que aquí la disposición de estos elementos es particular. Es decir, la diferencia es el espacio. La oferta de otros objetos, además de los libros, no tiene nada que envidiarle a las grandes cadenas; sin embargo, aquí la selección —curaduría, si se quiere— es más fina, más pensada: obra gráfica, libretas, separadores, detalles que una lectora fiel o que un lector minucioso agradece. Y esto también tiene que ver con el lugar: con este sitio al sureste de México, enclavado entre una sierra y otra, entre un valle y otro. No es lo mismo una librería en Monterrey que una de San Cristóbal de las Casas, otra en Ciudad de México o esta que se encuentra en Oaxaca.
Por mi parte, llevo más de diez años comprando libros en esta librería. Y, por parte de mi madre y mi padre, quizás el mismo tiempo. Me recuerdo sentado frente al tambor hojeando libros infantiles mientras mis progenitores platican con los libreros o con las personas encargadas. Me recuerdo descubriendo que este aroma particular de las lecturas mezcladas con madera, polvo y silencio es uno de mis favoritos. Me recuerdo convirtiéndome en un puberto, luego en un adolescente y después —si así fuera— en un adulto: siento que este espacio creció al mismo tiempo y en armonía conmigo.
¿Así les sucederá a todas las personas que frecuentan un sitio? Quizás en las situaciones afortunadas, cuando se trata de lugares que resguardan riquezas, o de lugares muy bellos, el crecimiento sucede a la par de quienes lo habitan y lo aprecian: se vuelve uno grande y, al mismo tiempo, el espacio. Mi padre envejeció, mamá también, pero este sitio parece devolverles un aura de santos, como si los tres entráramos a una cámara del tiempo, aunque más lerdos y parsi moniosos. La Librería Grañén Porrúa nos devuelve a los tres cierta vitalidad. Una vez más, gracias.
Hoy vengo de la mano de mi novia y nos zambullimos entre los libreros de la misma manera en que lo hacía cuando pequeño: como si no existiera el tiempo o las responsabilidades allá afuera. En ocasiones solo podemos pasar rápido para revisar las novedades, pero en otras aprovechamos más y nos quedamos un largo rato en cada sala.
Aunque no es la única librería que visitamos —porque, hay que decirlo, el bibliófilo es catador y conocedor de espacios, ahí radica su destreza—, sí es la que más nos gusta. Tal vez por el gusto adquirido gracias a mis padres, o por la amenidad con que nos reciben los libreros —que se vuelven amigos con el tiempo—, o por la selección de títulos y su acomodo… esta librería tiene algo.
Jóvenes mexicanos en el Torneo Internacional de Academias Wilfredo Polidor. Fotografías: Acervo de la Academia de Beisbol AHH
Jóvenes mexicanos en el Torneo Internacional de Academias Wilfredo Polidor. Fotografías: Acervo de la Academia de Beisbol AHH
Jóvenes mexicanos en el Torneo Internacional de Academias Wilfredo Polidor. Fotografías: Acervo de la Academia de Beisbol AHH
Entre el 18 y el 24 de marzo, la ciudad de Medellín, Colombia, fue escenario del Torneo Internacional de Academias Wilfredo Polidor, una competencia que reunió a algunas de las principales plataformas de desarrollo de talento joven en América Latina. Con la participación de seis equipos de Venezuela, tres de República Dominicana, uno de Colombia, uno de Panamá y uno de México, el evento se convirtió en una vitrina de alto nivel para medir, comparar y proyectar a los prospectos que buscan abrirse camino hacia el beisbol profesional.
En ese contexto, la representación mexicana llevó a cabo una actuación sobresaliente. El combinado nacional, integrado por jóvenes de distintas academias del país, contó con una importante presencia de la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú, que aportó cinco jugadores al roster. Junto con representantes de la Academia del Pacífico de los Leones de Yucatán y otras instituciones formativas de México, los peloteros de la Academia Harp asumieron el reto de competir frente a países que históricamente han marcado la pauta en el mercado internacional de firmas.
El resultado deportivo fue motivo de orgullo. México avanzó invicto durante la ronda regular y superó en semifinales al combinado de Venezuela número tres, uno de los equipos más fuertes del torneo. Finalmente, el equipo mexicano terminó como subcampeón, cerrando una semana de competencia que confirmó el crecimiento del beisbol formativo nacional y la capacidad de sus jóvenes para competir en escenarios internacionales de máxima exigencia.
Por parte de la Academia Alfredo Harp Helú, destacaron el jardinero Leonel Villa, prospecto de la clase 2027, y el mazatleco José Cruz Sánchez, lanzador zurdo de la clase 2026. Ambos dejaron una impresión importante por su talento, madurez competitiva y proyección. Junto a ellos también participaron los pitchers César Uscanga, clase 2028; José Covarrubias, clase 2029; y Alain Zarza, clase 2029, quienes vivieron una experiencia de enorme valor formativo al enfrentar a bateadores de Venezuela, República Dominicana, Panamá y Colombia.
Más allá del resultado, el torneo representó una oportunidad estratégica para mostrar el nivel que ha alcanzado el desarrollo de peloteros en México. Durante años, el mercado internacional ha estado dominado por Venezuela y República Dominicana, países con una larga tradición en la producción de talento para organizaciones de Grandes Ligas. Sin embargo, la actuación mexicana en Medellín dejó claro que el país cuenta con prospectos capaces de competir en la misma plataforma y bajo condiciones similares de evaluación.
La Academia Alfredo Harp Helú, fundada bajo la visión de impulsar el talento mexicano con estructura, disciplina e infraestructura de primer nivel, volvió a demostrar que su modelo de desarrollo está dando muy buenos resultados. La presencia de sus jugadores en un torneo de esta naturaleza no solo habla del talento individual de los muchachos, sino también de un sistema que busca prepararlos de forma integral: técnica, física, mental y competitivamente.
Arturo López, exlanzador de Grandes Ligas y arquitecto del programa de desarrollo de picheo de la Academia, estuvo presente durante el evento y subrayó la importancia de este tipo de iniciativas para el beisbol mexicano.
“En estas competiciones podemos ver a todos los departamentos de scouteo de Grandes Ligas y directores, que vienen listos para llevar prospectos al sistema de MLB. Sin duda debemos participar en eventos como este para ayudar a nuestros muchachos a mostrarse en la misma palestra que los líderes del mercado internacional”, afirmó López.
Para el exgrandeliga, la experiencia en Medellín confirma que México debe tener una presencia más constante en este tipo de competencias. No se trata únicamente de ganar juegos, sino de colocar a los prospectos mexicanos frente a los ojos correctos, en el momento correcto y en un entorno donde puedan ser comparados directamente con jugadores de los países más productivos del continente.
“El talento mexicano no tiene nada que envidiarle al venezolano o al dominicano. Lo que necesitamos es seguir generando espacios de exposición, competir contra los mejores y demostrar que nuestros jugadores están listos para ese nivel”, agregó.
López también señaló que una de las metas a futuro debe ser organizar eventos similares en México, aprovechando la infraestructura que existe gracias al compromiso de la familia Harp con el beisbol. Instalaciones como la Academia Alfredo Harp Helú, en Oaxaca, y el Estadio Alfredo Harp Helú, en la Ciudad de México, ofrecen condiciones ideales para recibir torneos, showcases y encuentros internacionales que permitan atraer a scouts, directores y evaluadores de organizaciones de Grandes Ligas.
La participación en Medellín dejó, además, una consecuencia inmediata y simbólica. Poco después de finalizado el torneo, José Cruz Sánchez, joven lanzador zurdo originario de Mazatlán y ficha de los Guerreros de Oaxaca en la Liga Mexicana de Beisbol, fue firmado oficialmente por los Yankees de Nueva York. La transacción fue registrada el 8 de abril de 2026 por MiLB, y distintos medios nacionales reportaron que el pícher iniciaría su camino profesional en República Dominicana, dentro del sistema de desarrollo de la organización neoyorquina.
Su firma representa mucho más que un logro individual. Es también una muestra concreta del valor que tienen estos escenarios internacionales para los jóvenes mexicanos. Cruz Sánchez llegó a Medellín como parte de una delegación que buscaba competir, aprender y mostrarse; semanas después dio uno de los pasos más importantes en la vida de cualquier prospecto: ingresar formalmente a una organización de Grandes Ligas.
Para la Academia Alfredo Harp Helú, esta experiencia reafirma una convicción central: el talento mexicano existe, compite y puede proyectarse internacionalmente cuando recibe las herramientas adecuadas. La combinación de disciplina, infraestructura, tecnología, entrenadores capacitados y exposición internacional está permitiendo que más jóvenes encuentren rutas reales hacia el beisbol profesional.
El subcampeonato en Medellín no fue solamente una medalla ni una buena semana de resultados. Fue una declaración: México puede competir. La Academia Alfredo Harp Helú puede colocar a sus prospectos frente a los mejores. Y el beisbol mexicano, cuando se organiza y se atreve a salir al mundo, tiene argumentos suficientes para ocupar un lugar cada vez más importante en el mercado internacional de talento.
Seminario Internacional Archivos y Bibliotecas en Tiempos de Transformación Global. Fotografía: Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información – UNAM
Adabi de México fue invitada a participar en el Seminario Internacional Archivos y Bibliotecas en Tiempos de Transformación Global, organizado por el Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Council on Library and Information Resource (CLIR). La directora de Adabi, Verónica Loera y Chávez Castro, participó en la mesa seis: “Vínculos colectivos, cooperación internacional y redes transnacionales para la preservación del patrimonio: una apuesta por la paz”. Bajo la moderación de Amanda Rosales Bada, directora del Archivo Histórico de la UNAM, en esta mesa también participaron Buhle Mambo-Thata (CLIR), bibliotecaria de la Universidad Nacional de Lesoto; Luisa Solchaga López, directora general de Proyectos de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Ayuda Humanitaria y Vinculación, de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México; Marco Enríquez, secretario ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Archivos (ALA), y Leticia Cano, directora del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Algunas de las preguntas presentes fueron las siguientes: ¿Cómo pueden los países del sur global aprovechar su rica herencia cultural para facilitar, apoyar o promover la cooperación internacional en la preservación del patrimonio? ¿Cuál es el papel de la participación de la comunidad en el rescate? ¿Cuáles son las experiencias que pueden ayudar a la visibilización de la riqueza de los archivos? ¿Qué papel deben asumir las instituciones de memoria para contribuir a la paz, la cohesión social y la defensa de los derechos humanos, especialmente en las comunidades afectadas por la violencia, el desplazamiento o la pérdida del patrimonio? Tales cuestionamientos obtuvieron respuestas con un común denominador: la cooperación, seguida de la socialización de las experiencias, del aprendizaje y del conocimiento. Asimismo, se insistió en la capacidad de las comunidades para aportar conocimientos, experiencias y metodologías de organización comunitaria, prácticas de mediación social y modelos de ayuda. Todo esto, dentro de un contexto de reciprocidad más que de dependencia.
Los archivos deben de asumir un papel ético y social más visible, ya que ellos son pieza clave para reconstruir vínculos sociales, garantizar el acceso a los testimonios, apoyar procesos de reparación y proteger pruebas fundamentales para la defensa de los derechos humanos mediante la preservación de la memoria. A esta labor se puede sumar la vocación de los archivos como espacios de dignidad, reconocimiento y restitución simbólica de las comunidades afectadas, como espacios de pertenencia donde las comunidades puedan identificarse con su historia y, por lo tanto, construir identidad.
En las cinco mesas se abordaron distintos temas, entre ellos, un replanteamiento de lo que se debe conservar y, en consecuencia, del proceso de depuración, la fragilidad tecnológica y cómo la nube ha dejado de concebirse como una panacea al plantearse el problema de la huella de carbono que dejan los servidores, la necesidad de una legislación sobre el respaldo de archivos públicos, la reformulación de los planes de estudios que fueron creados con modelos para un mundo estable que ya no existe, la alfabetización digital, enseñar a las personas a identificar fuentes confiables. En estos procesos, las bibliotecas y los archivos ofrecen acceso sin filtros a la información para conocer ecosistemas informativos, así como los trabajos que hay que realizar para alcanzar la soberanía digital; entre otros temas de gran interés, como el de la incidencia de la inteligencia artificial y la soberanía digital.
En la conferencia inicial el presidente de CLIR, Charles Henry, hizo alusión al mito nórdico en el que se describe al dios Odín con un cuervo posado en cada hombro. Uno de ellos representa la cultura y la memoria, y el otro simboliza el pensamiento, el presente. Cuando entra en batalla, ambos cuervos desaparecen hasta que vuelve la calma. Con este mito, Henry introdujo a los asistentes presenciales y virtuales en el péndulo que oscila entre la IA y la memoria colectiva.
Sin duda la realización de este seminario fue necesaria para dialogar, reflexionar y poner manos a la obra en torno a la memoria, la colectividad y el futuro.
El MIO lleva el museo a diferentes comunidades. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca
El MIO lleva el museo a diferentes comunidades. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca
El MIO lleva el museo a diferentes comunidades. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca
Convertir espacios públicos en salas de exposición. ¿Es importante? ¿Es necesario?
Desde mi llegada al Museo Infantil de Oaxaca, hace un par de años, uno de los principales retos que he enfrentado ha sido diseñar muestras para lugares que no cuentan con la infraestructura de un museo o una galería. El desafío consiste en transformar patios, canchas, bibliotecas y prácticamente cualquier edificio en espacios expositivos dignos y funcionales.
En el MIO, la labor museográfica contemporánea implica transformar una cancha de basquetbol en una sala de museo donde sus propios habitantes asuman la labor de guías y custodios de estas efímeras muestras. El proceso de descentralizar el arte conlleva la interacción con la comunidad y procurar hacerla partícipe tanto como sea posible.
El primer acercamiento —en la mayoría de los casos— ha surgido por iniciativa de los propios habitantes, lo cual suele ser un indicador favorable para el éxito de la colaboración. Algunos ejemplos que podemos mencionar son “Las Vías del Progreso” en Huitzo y “Rostros de Arte y Color” en San Miguel Tixá.
En el primer caso, la comunidad ferrocarrilera conoció la muestra en 2024 mientras se encontraba instalada en el andén sur del MIO. Esto derivó en una solicitud directa al museo para llevarla a la antigua estación de ferrocarril en San Pablo Huitzo. El proyecto se concretó un año después, con el objetivo de hacerlo coincidir con la celebración del Día del Ferrocarrilero en México.
Considero que esta forma de generar vínculos entre la institución y las comunidades es una de las más valiosas, ya que de esta manera el museo llega a la comunidad como un aliado y no como un agente de imposición cultural o intelectual. Un patio trasero de la antigua estación de San Pablo Huitzo, ahora convertido en patio escolar, fue el espacio designado para presentar la exposición “Rostros Ferroviarios”. Al mismo tiempo, en la cabecera municipal se encuentra la Casa de Cultura, la cual cuenta con un amplio patio central, que también cumple la función de cancha pública. Fue ahí donde se presentó el rediseño de nuestra muestra “Las Vías del Progreso”.
De esta manera, el MIO ayudó a convertir lugares cotidianos en espacios capaces de narrar la memoria ferroviaria de la comunidad.
En 2023 inauguramos “Rostros de Arte y Color” en la comunidad de San Miguel Tixá, en la Mixteca oaxaqueña. Esta fue instalada en la recién restaurada Casa de Visita, ubicada en el corazón de la comunidad.
La Fundación Alfredo Harp Helú concluyó los trabajos de restauración en la antigua Casa de Visita de San Miguel Tixá, lo cual derivó en el primer contacto entre los habitantes y el museo. Con la incertidumbre sobre lo que harían con el nuevo inmueble, los pobladores se acercaron al MIO para solicitar una muestra dirigida a las niñas y los niños de la comunidad.
Durante dos años y medio, los habitantes de Tixá asumieron el papel de mediadores culturales, guías y custodios, siempre acompañados por la asesoría y el respaldo del MIO. Cuando los pobladores habitan y se apropian de estos proyectos culturales, no hay nada que pueda debilitarlos. Al poco tiempo, gracias al interés de la propia comunidad, la labor cultural se volvió permanente con la creación de la Biblioteca Infantil BS Mira.
Los grandes retos museográficos suelen presentarse, muchas veces, en la distancia entre el museo y las comunidades. El trabajo comienza siempre como una idea, sin una noción clara de las dimensiones reales del lugar, a esto se suma la necesidad de realizar una o dos visitas para, a partir de ellas, desarrollar un proyecto que permanecerá por más de un año. Además, durante un proceso de montaje surgen diversos inconvenientes que se complejizan al presentarse a kilómetros de distancia, esto convierte el trabajo en algo ligeramente más complejo.
Portadas de los cuatro libro-álbum recomendados. Fotografías: Acervo de Seguimos Leyendo
Vivimos en un mundo que, a veces, nos invita más a defendernos que a encontrarnos. Las noticias, la prisa, la incertidumbre…, todo parece empujarnos hacia el conflicto, la desconfianza y el miedo. Pero ¿sabías que desde nuestro hogar podemos escribir una historia distinta?
Educar a nuestras hijas e hijos no es solo acompañarlos en su crecimiento físico o académico. Es, también, formar personas capaces de convivir, de dialogar, de ponerse en el lugar del otro. Dicho con otras palabras: educar para la paz.
Pero ¿de qué va realmente educar para la paz? No se trata de evitar conflictos. Al contrario: el conflicto es parte natural de la vida. Educar para la paz implica enseñar a hablar de los conflictos, solo que sin violencia, es nombrar lo que sentimos, saber escuchar antes de responder, buscar soluciones que no dañen.
La forma en que resolvemos una discusión en casa, cómo reaccionamos cuando nuestros hijos se equivocan, el modo en que hablamos de otras personas…, todo eso modela sus conductas.
Cuando una madre o un padre dice: “Entiendo que estás enojado, pero no puedes lastimar”, está enseñando algo fundamental: todas las emociones son válidas, pero no todas las acciones lo son. Cuando escuchamos sin interrumpir o pedimos perdón, validamos una emoción, construimos puentes de escucha y diálogo.
En este contexto, los libros-álbum tienen gran poder: permiten hablar de temas complejos —como la diferencia, la tristeza, la identidad o la empatía— sin imponer, más bien, abriendo preguntas. En los libros-álbum la historia no solo se relata con palabras o con imágenes, se hace a partir del diálogo entre ambas. El texto sugiere, nombra o deja silencios; la imagen completa, contradice, amplía o revela lo que no se dice. Juntos construyen una narrativa profunda que nos permite conectarnos con emociones complejas, de manera sutil y a la vez con fuerza. Los libros-álbum son maravillosos para acompañar tanto a niñas y niños como a personas adultas porque no explican la vida, la muestran.
Por eso, aquí te comparto cuatro libros que pueden convertirse en puertas para abrir conversaciones significativas en familia:
El gato que buscaba un nombre, de Fumiko Takeshita (Ediciones Akal, 2020), es una historia sobre identidad y pertenencia: ¿Quién soy? ¿Cómo me nombro? ¿Cómo nombro a los demás?, son preguntas fundamentales para construir una convivencia respetuosa.
El árbol de los secretos, de Vanessa Miklos (Ediciones El Naranjo, 2022), invita a reconocer el mundo interior y la importancia de expresar lo que sentimos. Abre conversaciones sobre la confianza, la escucha y la necesidad de no guardaren silencio aquello que necesitamos compartir.
¡Así fue! ¡No, fue así! ¡No, así!, de Kathrin Schärer (Océano Travesía, 2010), muestra que no existe una sola versión o mirada de la realidad. Abre conversaciones sobre la escucha, la empatía y la importancia de reconocer la mirada del otro en los conflictos.
Caballera. ¡En guardia, diccionario!, de Michelotto y Begon (Picarona Obelisco, 2022), es un álbum que rompe estereotipos de género y conduce a cuestionar lo que significa ser niña o niño, abriendo la posibilidad de construir la identidad desde la libertad y la autenticidad.
Leamos juntos, dialoguemos, pausemos y hagamos preguntas: ¿Tú qué piensas? ¿Te ha pasado algo así? ¿Cómo crees que se siente este personaje?
Educar para la paz requiere recordar que cada palabra construye o destruye, y que cada gesto acerca o separa. Que cada día tenemos la oportunidad de elegir: levantar muros… o tender puentes.
Quizá sea ocioso decir que el universo de los alebrijes oaxaqueños comparte los mismos límites que el de los sueños. Por ello, no es extraño ver los más variados temas dialogando con la imaginación de sus creadores. En esta ocasión, Andares del Arte Popular usa estas páginas del boletín para hablar de la fusión entre arte y deporte, precisamente, a partir de las piezas creadas por Manuel Cruz Prudencio y Rubí Martínez Fabián, un matrimonio de jóvenes artistas que transforma el lenguaje tradicional de la talla y la pintura en escenas donde animales, uniformes, pelotas, bates, manoplas y colores conviven bajo una misma lógica: la de la ensoñación artesanal.
Ambos artesanos comenzaron su relación con este oficio desde caminos distintos, aunque complementarios. Rubí se acercó al mundo de los alebrijes a los catorce años, cuando fue invitada a trabajar en un taller de su comunidad, San Martín Tilcajete. Ahí aprendió cada etapa del proceso, desde la talla hasta la pintura. Manuel, por su parte, heredó el oficio de su familia y representa la segunda generación dedicada a esta tradición en San Jacinto Amilpas. Para ambos, el trabajo artesanal se convirtió no solo en una herencia cultural, sino también en una forma de sustento y permanencia.
Su taller comenzó a tomar forma después de casarse. Desde entonces, su trabajo creativo se construye a partir de la colaboración cotidiana: Manuel se especializa en el diseño y tallado de las piezas, mientras que Rubí desarrolla el trabajo de pintura, decoración y diseño cromático. Las ideas surgen entre ambos, pero también del diálogo con otros colaboradores del taller y los clientes, así como de las inquietudes que aparecen en el camino. El resultado son piezas donde la técnica y la imaginación se alimentan mutuamente.
La serie dedicada al beisbol nació a partir de una invitación de Andares del Arte Popular cuando decidieron reinterpretar un equipo de beisbol mediante figuras híbridas: cuerpos de jugadores con cabezas de animales y decoraciones inspiradas en el estilo pictórico de Rubí. La propuesta conserva la esencia fantástica de los alebrijes, pero la desplaza hacia un territorio contemporáneo donde el deporte también puede convertirse en símbolo y narrativa visual.
Para Manuel y Rubí, los alebrijes poseen una cualidad profundamente versátil. Al surgir de los sueños, pueden dialogar con cualquier tema: la vida cotidiana, la cultura urbana, las fiestas populares o el deporte. Sin embargo, detrás de estas exploraciones permanece viva la memoria de su comunidad. Entre sus piezas podemos apreciar danzantes zapotecos, mujeres con huipiles de distintas regiones, escenas del campo y animales que forman parte del paisaje cotidiano.
Más que una ruptura con la tradición, el trabajo de Rubí y Manuel propone una continuidad en movimiento. Ambos consideran fundamental que las nuevas generaciones mantengan el amor y la pasión por este arte, pero también la capacidad de innovar. Frente a la producción seriada defienden la creatividad como una forma de resguardo cultural. Mantener la pasión, la imaginación y el carácter único de cada pieza es, aseguran, una forma de cuidar la vitalidad de esta tradición artesanal.
Dentro de su taller, el béisbol se ha convertido en algo más que un tema: es ya parte de su sello personal. Una muestra de cómo dos jóvenes artistas han sabido fusionar sus habilidades, la actualidad y la tradición para continuar expandiendo sus posibilidades expresivas sin dejar de mirar hacia el origen.
Óscar Soria, Alfredo Harp Helú y Eduardo Ortega en el Museo Diablos. Fotografías: Enrique Gutiérrez
Desde hace décadas, México tiene una presencia constante en las Grandes Ligas gracias a destacados exponentes de la crónica beisbolera que forman parte de las transmisiones en español de distintos equipos.
En el máximo nivel del beisbol, se reconoce que la escuela mexicana de narración deportiva está entre las mejores. Afortunadamente, cada vez es más frecuente escuchar voces familiares en la radio, la televisión y las plataformas digitales que acompañan a miles de aficionados hispanoparlantes y que además fortalecen la pasión por sus equipos favoritos.
Los San Diego Padres y los Arizona Diamondbacks son dos de las organizaciones que, año tras año, han mantenido un firme compromiso con las transmisiones en español, teniendo como principales referentes a dos de los mejores narradores de la industria: Eduardo Ortega y Óscar Soria.
Originario de Tijuana, Eduardo Ortega cumple cuarenta años como cronista de los Padres de San Diego, organización que lo considera uno de sus embajadores más importantes. Dueño de un estilo cercano y alegre, Lalo ha logrado trascender más allá de su identificación con los frailes, participando en múltiples eventos de primer nivel, como Juegos de Estrellas y Series Mundiales, en algunas de las cadenas de mayor prestigio.
En México, Ortega también ha estado ligado durante décadas a la Liga Mexicana del Pacífico con las Águilas de Mexicali, aunque sus primeros pasos en la narración los dio en la Liga Mexicana de Beisbol con los Algodoneros de Unión Laguna.
También nacido en Tijuana, aunque radicado en Hermosillo desde niño, Óscar Soria es un referente de la crónica deportiva sonorense. Inició su carrera a muy temprana edad en Telemax, televisora cuya señal alcanza incluso algunas regiones de Estados Unidos, especialmente el estado de Arizona.
Con los Naranjeros de Hermosillo y siendo sucesor de cronistas históricos como Fausto Soto Silva y Carlos Andrés Vázquez Castro, Óscarl el Buki Soria está cerca de cumplir tres décadas en los micrófonos de los Diamondbacks de Arizona. Ha conquistado a la afición gracias a su puntual manejo de estadísticas, anécdotas e historias, complementadas con gran ritmo y una dicción impecable.
Durante su reciente visita a la Ciudad de México para la serie de temporada regular entre Padres y Diamondbacks, ambos recibieron un reconocimiento por parte del Archivo Histórico del Beisbol, debido a su enorme contribución a la difusión y al crecimiento del Rey de los Deportes en nuestro país.
Eduardo Ortega y Óscar Soria no solo han narrado el juego y su historia sino que se han convertido en parte de su memoria.
Cliché con la imagen del timbre postal Tehuana, 1934 utilizado para el Álbum postal Instructivo de la República Mexicana, 1936. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca
La Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío del Mufi alberga un fondo reservado conformado por catálogos, libros, revistas, boletines, folletos, documentos de archivo y algunos objetos que, aunque parezcan extraños para algunos, están vinculados con justa razón al contexto del filatelista: unas gafas lupa, un recipiente de lata y una variedad de platones decorados con timbres postales; así como lámparas con lupa que permitían una adecuada iluminación para observar las delgadas líneas del trazo de una efigie o el relieve en la impresión de un motivo postal. Entre estos objetos se cuentan cientos de clichés que fueron utilizados en algunas de las publicaciones de la autoría de don José L. Cossío.
La palabra cliché tiene su raíz etimológica en el francés y alude originalmente a un estereotipo, “una réplica de una placa o troquel, o un bloque hecho por fundición directa o indirecta, pero aplicado libremente por filatelistas a los componentes individuales de una placa de impresión”.1
Para organizar las piezas que forman parte de este fondo se generó un proyecto de seis meses, para el cual contamos con la participación de dos estudiantes: Sebastián Méndez, de la Facultad de Administración Turística de la Universidad La Salle Oaxaca, y Aldo Hernández, de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, quienes realizaron su servicio social de octubre de 2025 a abril del año en curso.
Para comenzar, fue necesario realizar un proceso de limpieza con brocha suave para remover polvo, óxido e incluso partículas de tinta seca. Esta etapa fue interesante, ya que atrajo la atención de los visitantes, quienes se acercaban a los estudiantes para preguntarles por lo que estaban haciendo. Ellos explicaban el proceso y el contexto de las piezas, así como el periodo aproximado durante el que estas fueron utilizadas, además, les mostraban los libros del fondo. Sus respuestas despertaron aún más el interés de los visitantes al enfatizar que el arte de la elaboración de un libro es fascinante, especialmente cuando los libros forman parte del patrimonio cultural.
El proceso de clasificación consistió en identificar las imágenes de los timbres postales o cancelaciones de los clichés con relación al orden en el cual se muestran en las páginas correspondientes a las siguientes publicaciones: Álbum postal. Instructivo de la República Mexicana (1936), Breves apuntes sobre los timbres del Correo Mexicano de 1874 a 1883 (1935), México emisión postal 1874-1883 (1937), Primera emisión postal para el exterior 1879-1882 (1937), Sellos usados en las oficinas de correos de la República Mexicana durante los años de 1868-1879 coleccionados y ordenados (1961) y Monedas antiguas de China No. 1. Publicaciones de la Sociedad Numismática de México (1963). El registro de esta última publicación da cuenta de la colección de monedas KU-PU. Es importante mencionar que únicamente el colofón el Álbum postal hace referencia al número de fotograbados, es decir, a la cantidad de clichés utilizados.
En este lote de clichés se identificaron otro tipo de piezas, como las pesas postales, también conocidas como plomos postales o precintos postales, descritos como objetos redondos perforados cerca del borde para ensartar un cordón de hilo de algodón o sintético, que, sujetos al bulto postal (valijas), a manera de sello, indicaban un porte cubierto para su envío por el servicio postal. De cierta manera, esto otorgaba garantía para su inviolabilidad. Estos precintos tienen el escudo de España y la inscripción MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES. Además, se identificaron linotipos, es decir, líneas de caracteres que, a diferencia de los tipos móviles individuales, forman líneas completas de texto en una sola pieza de metal (plomo) para imprenta. Se incluye una placa de impresión cuyo diseño corresponde únicamente al marco de 16 estampillas postales con la inscripción CORREOS DE VENEZUELA · EJÉRCITO REVOLUCIONARIO.
Una vez identificados los materiales se realizó el registro de cada una de las piezas considerando número de inventario, título, dimensiones, descripción, estado de conservación de la placa de metal y del soporte de madera, así como campo de notas para referenciar la página y algunos detalles como anotaciones con lápiz o tinta en el soporte, entre otros. Posteriormente, se elaboraron las etiquetas para anotar el identificador, conformado por las iniciales de la biblioteca, el fondo al cual pertenece, las iniciales del título de la obra seguido del número del inventario y el año con relación a la fecha de publicación en la que se utilizó el cliché. Para la colocación de etiquetas se utilizó hilo de algodón.
En general, los clichés se encuentran en un buen estado de conservación, con algunas excepciones en las que el grabado se ha perdido debido a la corrosión.
Como parte de este proyecto, también se organizó la colección de los sellos de goma que el Mufi, siguiendo el peculiar estilo postal, ha generado desde 1998 para las distintas actividades que se realizan, como exposiciones, cancelaciones especiales, cursos de verano y eventos especiales. Lo anterior resultó en la elaboración de un catálogo que permite consultar la imagen del sello.
La participación de los estudiantes que realizan su servicio social en la biblioteca, coadyuva significativamente en la preservación del acervo del Mufi.
1 Sutton, R. J. The Stamp Collectorʼs Encyclopaedia. Philosophical Library. Estados Unidos de América, 1966.
Actividades en el atrio del Centro Cultural San Pablo por el Día Mundial de las Abejas.
La Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca se unió a la conmemoración del Día Mundial de las Abejas, con el propósito de contribuir a difundir el importante papel que desempeñan estos pequeños seres vivos vitales para el soporte de los ecosistemas, la producción de alimentos y la protección de la biodiversidad de la que depende la vida en el planeta.
La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 20 de mayo de 2017 como Día Mundial de las Abejas, con el objetivo de concientizar sobre la importancia que estos seres vivos tienen como polinizadores para la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
En el mundo existen alrededor de 20000 especies de abejas; en México se han registrado 1800, incluidas las meliponas, que no tienen aguijón. Algunas presentan tonalidades verdes o azules metálicas, negras, cafés, amarillas o naranjas, mientras que otras conservan el característico patrón amarillo con negro.
De esas 20000 especies, tan solo una minoría produce miel en cantidades significativas. La mayoría son solitarias y no viven en grandes colonias que requieran almacenamiento de alimento. Las especies utilizadas en apicultura pertenecen principalmente al género Apis, así como algunas sin aguijón (meliponas), que también viven en colonias organizadas.
Las abejas existen desde hace ciento veinte millones de años, convivieron con los dinosaurios y evolucionaron junto con las primeras plantas con flores. Son famosas por cinco cosas que hacen muy bien: polinizar las flores, producir miel, zumbar y picar. Ah, y volar: también son bastante buenas en eso.
Además, las abejas participan en la polinización de alrededor del 75 % de las plantas de cultivo más productivas del mundo. Junto con escarabajos, moscas, mosquitos, avispas, abejorros, mariposas, polillas, algunas lagartijas, aves (colibríes, mieleros, calandrias), murciélagos y el reciente descubrimiento del zorro culpeo (Lycalopex culpaeus) como polinizador de un chagual (Puya alpestris), una planta endémica de los Andes centrales. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que cerca del 35 % de la producción global de alimentos depende directamente de polinizadores, y que 87 de los 115 principales cultivos alimentarios requieren de su intervención. Asimismo, documenta que aproximadamente el 87.5% de las plantas con flores son polinizadas por animales, y que más del 80% de las especies silvestres con flores dependen especialmente de insectos para la polinización.
La polinización es un proceso crucial en la reproducción de la mayoría de los cultivos que se consumen en el mundo. A pesar de que existen diferentes polinizadores, las abejas son los principales actores en este proceso, pues permiten la dispersión y producción de semillas y frutos. Sin embargo, no solo las plantas obtienen un beneficio, sino toda la cadena alimentaria, ya que muchos animales dependen directa o indirectamente de las plantas que son polinizadas por las abejas para obtener alimento, refugio y otros recursos.
Algunas especies de abejas son especialistas en el cultivo que polinizan, y eso las convierte en actores clave para la producción de cultivos de importancia económica. Aunque la especie Apis mellifera es la más conocida, no es una especie nativa de México. Sin embargo, es importante reconocer a las abejas nativas de nuestro país, pues también juegan un rol determinante en la polinización.
No obstante, en las últimas décadas, las poblaciones de abejas han disminuido significativamente debido a múltiples factores, como el uso de pesticidas en los cultivos, la pérdida de su hábitat por la tala y la deforestación, así como por enfermedades ocasionadas por patógenos que no se controlan a tiempo y terminan acabando con la población entera. Esto representa una amenaza para la seguridad alimentaria, la biodiversidad e, incluso, para la economía de quienes se dedican a la producción y venta de miel. Por lo tanto, es de suma relevancia tomar medidas estratégicas para proteger a las abejas y su hábitat desde enfoques gubernamentales, científicos y comunitarios.
La celebración anual del Día Mundial de las Abejas permite sensibilizar acerca del papel esencial que las abejas y otros polinizadores desempeñan en el mantenimiento de la salud de las personas, el ecosistema y del planeta entero, así como sobre los muchos desafíos que estos seres afrontan hoy en día.
Por lo anterior, desde la Coordinación de Medio Ambiente de la FAHHO, nos dimos a la tarea de desarrollar un pequeño programa bajo el título “Un acercamiento al mundo de las abejas”. Esto fue posible gracias a la colaboración con profesores y alumnos de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UABJO, así como a la participación del equipo de Abejas de la Coordinación de Medio Ambiente FAHHO. Fue así como, el 20 de mayo de 2026, desarrollamos diálogos con técnicos apicultores, impulsamos una pequeña sesión de anecdotarios, presentamos pósteres difusivos sobre las abejas, realizamos una degustación de mieles, llevamos a cabo una mesa de contacto con el equipo y los materiales que se emplean para trabajar con las colmenas; además, hicimos una demostración sobre la extracción de miel.
Con estas actividades refrendamos nuestro compromiso con la difusión y el aprendizaje sobre el medio ambiente y sus interacciones.
Taller “Aves del ahuelito” para observar los pájaros de la estación en compañía del equipo de Tierra de Aves.
Cada día, el Museo Infantil de Oaxaca se llena de diversos y variados sonidos. Entre los árboles, los vagones y las antiguas estructuras del ferrocarril, las aves comienzan a aparecer poco a poco, llenando el entorno de movimiento, cantos y pequeños destellos de color. Aunque la estación guarda una profunda historia ferroviaria, también se ha convertido en un refugio para distintas especies que encuentran alimento, sombra y descanso. También es un punto de encuentro donde niñas y niños de Oaxaca corren, juegan y descubren.
El taller “Aves del ahuelito” nos permitió observar los pájaros de la estación en compañía del equipo de Tierra de Aves. Durante una hora, el MIO se transformó en un espacio de observación y descubrimiento.
Desde el inicio, los participantes se involucraron activamente, colocando sobre sus hombros capas hechas con plumas de tela que los invitaban a imaginarse como parte del mundo de las aves. Por medio del juego, comenzaron a reconocer distintas especies y sus características de manera cercana y divertida.
Después llegó el juego de lotería y, con él, el murmullo entre las mesas se escuchaba cada vez que pasaba una carta: “Ya casi lleno mi tabla”, “a mí me falta uno”, “¿el de cabeza gris?”, “¡ah, ya lo encontré!”, “¡lotería!”.
Las risas y la emoción acompañaban cada descubrimiento, dando lugar a momentos de atención y curiosidad.
Lo que normalmente parecía un simple árbol o un sonido lejano comenzó a cobrar sentido por medio de la observación. Las miradas se levantaron hacia las copas, los oídos intentaban seguir los cantos y la emoción de los niños aparecía cada vez que alguna ave cruzaba rápidamente el cielo o se detenía entre las ramas. Poco a poco, comenzaron a identificar detalles como sus patas, las formas en que se desplazaban y los sonidos que emitían. Asimismo, reconocieron la importancia de acercarse con calma, avanzando despacio para no espantarlas y poder observarlas más de cerca a través de los binoculares.
Gran parte de esa vida encuentra refugio en el árbol más importante de la estación: el antiguo Ahuehuete que, con 1572 años de antigüedad, permanece como uno de los grandes guardianes del lugar, pues mucho antes de la llegada del ferrocarril ya extendía sus raíces sobre esta tierra. En él habitan diferentes especies que encuentran resguardo entre sus ramas, desde aves que descansan o anidan hasta pequeños organismos que forman parte de este ecosistema.
A unos cuantos metros lo acompaña el Higo del Valle, cuya sombra recibe diariamente a quienes visitan la estación. Bajo sus ramas descansan familias, trabajadores, estudiantes y visitantes que encuentran un momento de calma en medio del día. Un lugar donde la vida social y cultural también se hace presente: en diversas ocasiones su sombra ha sido escenario de conciertos y presentaciones musicales que reúnen a la comunidad, transformando el entorno en un punto de convivencia, escucha y disfrute. Mientras la música fluye entre sus ramas, el Higo del Valle no solo ofrece resguardo, sino también experiencias compartidas.
De esta manera, la antigua estación del ferrocarril se convierte en un sitio activo de aprendizaje y convivencia, donde las niñas y los niños pueden acercarse a la naturaleza de forma significativa. Mediante talleres, como “Aves del ahuelito”, se fomenta la observación, la curiosidad y el reconocimiento del entorno, fortaleciendo el vínculo entre las infancias y el patrimonio natural y cultural que convive en este lugar.