“Destroza” este museo

Hace algunos años recibí como regalo un libro que desde el título invitaba a los lectores a destruirlo. Al principio, la idea de rayar, rasgar, manchar y hasta cortar sus páginas me parecía un sacrilegio. Afortunadamente, la curiosidad y las ganas de jugar fueron mayores. Diariamente me di a la tarea de seguir las instrucciones de aquel libro rebelde y juguetón: engrapé sus páginas, lo manché con mi taza de café y hasta lo aventé a un charco para ver qué sucedía con sus hojas. Cada día terminaba con más ganas de ver a qué nueva travesura me incitaba.
El valor de aquel librito cambió por completo. Dejó de importarme por su carácter literario y se convirtió en el reflejo más personal de mi curiosidad, en la fuente de muchísimas nuevas ideas. Cada experimento resultó en un nuevo proyecto personal o en algo que podía llevar al plano de mi trabajo en el Museo Infantil de Oaxaca. En el acto de destruir, descubrí los primeros cimientos del juego y la creatividad.
Ahora, esta forma de jugar, cuestionar y desbaratar lo que parece intocable trae consigo una pregunta: ¿Qué pasaría si las niñas y los niños de Oaxaca pudieran “destrozar el museo” para reinventarlo con sus propias ideas? ¿Cómo sería el museo nacido de sus experimentos? ¿Qué nuevos discursos y preguntas surgirían de un espacio cultural construido desde el juego y la curiosidad infantil?
Al preguntarnos, como adultos, qué es la cultura, casi siempre obtenemos una imagen mental muy parecida a aquella que yo mismo me hice al recibir mi libro. Hablamos de ella como algo lejano, solemne y cuidadosamente colocado tras una vitrina, como en uno de esos museos en los que nada se toca ni se juzga. Rara vez nos damos la oportunidad de jugar con ella, cuestionarla y, mucho menos, preguntarnos cómo la viven o entienden los niños. Quizás para ellos el valor del patrimonio cultural no se encuentra en un monumento histórico o una pieza antigua. Tal vez un niño podría señalar como importante la forma en que se prepara un platillo en su casa o los colores utilizados para pintar cierta obra de arte.
Conocer la mirada de las niñas y los niños no significa simplificar la cultura. Significa reconocer que ellos también observan, identifican y transforman el mundo que habitan.
En la actualidad, la responsabilidad de algunas instituciones culturales ya no está solamente en presentar el patrimonio cultural al público infantil. También necesitamos espacios que permitan a los niños preguntarse, conversar y moldear su propia visión del mundo que los rodea. Por ello, en el MIO creamos un proyecto que busca precisamente eso: los Exploradores Culturales MIO.

Como su nombre lo plantea, este nuevo club del MIO no pretende ser un curso o una clase sobre patrimonio, más bien, se trata de un laboratorio de experiencias vivas. Por medio de su propia investigación, niñas y niños irán formando su propia visión del patrimonio de Oaxaca. Cada sesión será una aventura distinta. Ya sea una excursión a alguno de los muchos sitios históricos de la ciudad, una conversación con artistas y artesanos o una visita a una cocina tradicional, los exploradores tendrán la oportunidad de rasgar, rayar, arrugar y destrozar aquello que los adultos aseguramos conocer para reinventar y jugar con la cultura.
A menudo creemos que nuestra labor como adultos consiste en hacer más sencilla la información para que los niños puedan entenderla. Sin embargo, para que una travesía como la de los Exploradores Culturales sea una verdadera aventura, también es necesario transformar la forma en que entendemos nuestro propio papel. En espacios como el que buscamos crear, el adulto, más que un maestro que tiene todas las respuestas, debe ser un compañero de viaje: alguien que escucha, propone y ayuda a formular nuevas preguntas. Así pues, nuestro trabajo no consiste en condensar la información, sino en acercar a niñas y niños a los lugares, eventos y personas que les permitan vivirla por sí mismos. La curiosidad es una de las herramientas más poderosas para comprender el mundo y, cuando los niños pueden ejercerla libremente, cada aventura se convierte en una página nueva de un libro que muchos adultos hemos olvidado cómo leer.
Desde hace nueve años, el MIO ha sido un espacio pensado para que niñas y niños de Oaxaca jueguen y aprendan de su cultura. Los Exploradores Culturales representan un paso más en este recorrido, uno que busca llevarnos un poquito más lejos e imaginar un museo en el que las infancias participen activamente de la vida cultural. Ya no se trata solamente de acercar a los visitantes más jóvenes al patrimonio, sino de incorporar sus preguntas, intereses e interpretaciones a nuestro quehacer cultural. Al transformar el juego en una práctica de exploración y observación más consciente, el museo puede convertirse en una plataforma de participación y diálogo.
La frase “destroza este museo” podría representar una de las peores pesadillas para muchos de los que trabajamos en el ámbito cultural. Pero, después de casi una década en Oaxaca, creemos que ha llegado el momento de doblar, rayar, arrugar y pintarrajear las ideas con las que hemos construido el MIO, con la seguridad de que tales actos destructivos guardan en sí la promesa de la reinvención. ¿Cómo imaginan los niños el patrimonio cultural? ¿Cómo deberían vivir las niñas y los niños una visita al museo? ¿Cuáles son las cosas más interesantes y divertidas de vivir en Oaxaca? Quizás los adultos no tengamos estas respuestas, pero estamos convencidos de que vale la pena salir a buscarlas.
En septiembre comenzará esta nueva expedición. Si hay niñas y niños dispuestos a hacer preguntas inesperadas, explorar su comunidad y ayudarnos a imaginar nuevas formas de entender la cultura, en el MIO ya estamos preparando las mochilas para recibir a los primeros Exploradores Culturales.