EDITORIAL

Es bien sabido por ustedes, nuestros lectores, que la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca goza de celebrar actos cuya estela consiste en guardar y reavivar la memoria. Eso es lo que han hecho Juan Pascoe y el Taller Martín Pescador, por eso arrancamos este número invitándoles a unirse, próximamente, a estos festejos. De igual manera, con el programa Seguimos Leyendo y desde la Dirección General, nos emocionamos por el egreso de una generación más de personas entregadas al fomento de la Literatura Infantil y Juvenil.

En este mismo camino, Adabi de México refrenda su compromiso con la memoria documental eclesiástica en el estado de Michoacán; Adabi Oaxaca y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova muestran los trabajos de conservación sobre el Lienzo de Ihuitlán; el Museo Textil de Oaxaca aprovecha la virtualidad para conectar a una comunidad con su patrimonio; mientras tanto, el Centro Cultural San Pablo nos recuerda, por medio del patronazgo de San Miguel Arcángel, los trabajos de conservación en las comunidades auspiciadas bajo este patrono.

También la BIJC presenta la exposición sobre Enrique de Schleyer y su Plano del Ingenio de la Concepción. En este mismo rubro la Coordinación de Comunicación hace una crónica de la muestra “Los perros de Dios en Antequera”; Andares del Arte Popular reseña la exhibición “De cantera es Antequera”; por su parte, el Museo Diablos Rojos comenta la exposición “Un jonrón de arte y significado”.

El Museo de la Filatelia de Oaxaca y el Museo Infantil de Oaxaca continúan sus esfuerzos por compartir, a partir de muy diversas actividades, el arte, el patrimonio y la cultura con las infancias, al tiempo en que la BS Canteras se dedica a las adolescencias. Por otro lado, la Librería Grañén Porrúa revela su capacidad de convocatoria hacia diversos públicos.

De la mano de La Brigada de la Coordinación de Medio Ambiente, aprendemos cómo el acto de cultivar un huerto podría transformar nuestras vidas. Otra forma de apreciar nuestro entorno es la que nos muestra el programa FAHHO Itinerante con la visita a la cueva de Guilá Naquitz. Finalmente, Guerreros de Oaxaca hace un recuento de su trayectoria en la temporada regular 2026.

Así, entre la memoria y el presente, el patrimonio y la creación, seguimos construyendo espacios para compartir, aprender y celebrar aquello que nos une. Deseamos que este recorrido por las actividades de la FAHHO les invite, una vez más, a formar parte de ellas.


Homenaje al impresor Juan Pascoe y al Taller Martín Pescador

María Isabel Grañén Porrúa, Los grabados en la obra de Juan Pablos, prólogo de Clive Griffin y notas tipográficas de Juan Pascoe, México: Adabi, FCE, 2010.

Recientemente el Taller Martín Pescador cumplió sus cincuenta años de existencia. Fundado por el impresor Juan Pascoe, el Taller ha rebasado el millar de libros e impresos hechos con una calidad excepcional. Una Washington del siglo XIX acompaña la labor del genial editor, quien letra por letra compone la página que verá la luz. Antes que esto suceda Pascoe investiga, descubre su próximo proyecto, estudia el texto, se compenetra con él para decidir qué familia tipográfica va a utilizar, cuántos puntos y cuántas columnas tendrá. El papel también es importante, y prefiere siempre aquellos hechos artesanalmente para que la calidad del producto iguale a la calidad del gusto tipográfico y de la impresión. En ellos se puede disfrutar el color, sentir la textura y notar con el tacto la huella que deja el metal.

La selección del texto es de especial importancia; Juan acude a fuentes históricas sacadas de los archivos o de publicaciones impresas siglos atrás. Es por ello, irónicamente, que sus libros, folletos o incluso páginas sueltas, siempre son novedades editoriales. Están hechas con amor, mejor dicho, pasión, pasión por las letras —en sentido literal y figurado—, esa sensación intensa que brota desde el interior de su alma es su razón de existir, a ello ha dedicado su vida. Juan Pascoe es un ser excepcional, a pesar de las adversidades que conlleva su vocación —por ser un gusto que pocos aprecian, por tener que sobrevivir a pesar de los cambios tecnológicos con ritmos tan acelerados, por la violencia que hay en el estado donde decidió montar su taller—, él se mantiene firme con un solo objetivo: hacer publicaciones de calidad para mantener la memoria y sorprendernos a los privilegiados que lo seguimos con fruición. Otros tantos que enloquecemos con sus propuestas ingeniosas que nos dejan boquiabiertos al sentir la belleza que logra en un impreso. Recuerdo el día que me llegó por correo una publicación del Taller Martín Pescador y Cuadernos del Taller Armadillo, que consistía en un poema de David Huerta escrito para dejar testimonio de la tragedia de Ayotzinapa; Pascoe lo imprimió con tal delicadeza que la sensación fue muy impactante: recibir algo tan hermoso, escrito e impreso con dolor y cariño, y, a la vez, con tanto horror como el suceso que narraba. Me quedé muda y lloré.

Este 9 de octubre la Biblioteca Francisco de Burgoa, Adabi de México, la FAHHO, el Museo de la Filatelia de Oaxaca y el Centro Cultural San Pablo brindarán un homenaje al impresor y músico Juan Pascoe. Amigos cercanos al Taller Martín Pescador —Verónica Murguía, Andrés Íñigo y Raúl Eduardo González— y el Grupo Mono Blanco se unen para celebrar este cincuentenario editorial. Primero en la Biblioteca Burgoa, a las doce del día, donde también se presentará el libro Oratio funebris habita a magistro Damiano Gonçalez de Cueto…, y habrá una exposición de impresos. En la tarde, la convocatoria es a las siete, en el Centro Cultural San Pablo, para escuchar al Grupo Mono Blanco y, quien se anime, a dar unos cuantos zapateados de Son Jarocho. Los esperamos.


Palabras y más palabras

Discurso de la Mtra. Rocío Ocádiz, directora general de la FAHHO, dirigido a los egresados del Diplomado Internacional en Promoción de la Literatura Infantil y Juvenil.

Fue una palabra incipiente con la que comenzamos a relacionarnos con el mundo en el que fuimos invitados a vivir.

Con palabras que jugaban a serlo, empezamos a nombrar cada elemento, cada espacio, cada persona a la que le abrimos o cerramos la puerta de nuestra realidad más íntima.

Palabras. Cuánto no se ha dicho sobre ellas (paradójicamente):

Si tan solo tengo palabras y palabras
para decir mi angustia, mi sed de eternidad,
y las palabras no son más que espejos
desolados
que no pueden su imagen reflejar…

Elías Nandino

No me gaste las palabras,
no me cambie el significado,
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro…

Mario Benedetti

Uno puede llorar con la palabra
“excusado” si tiene ganas de llorar…

Jaime Sabines

Palabras y más palabras.
Con palabras hemos tenido las discusiones más sonadas y gracias a ellas también hemos construido las conversaciones más significativas en nuestras vidas.

También con palabras recreamos las historias que ya pasaron e imaginamos y formulamos aquellas que nos ayudan a darle sentido a nuestras vidas (por poco escribía “aquellas historias que nunca pasaron”… pero en realidad, ¿pasan… o no pasan esas historias que nosotros u otros imaginaron?)

Esta realidad intrigante está relacionada con lo que aquí celebramos. Porque durante casi un año varias personas han estado descubriendo, reconfigurando y dotando de un nuevo sentido esas realidades que solo pueden ser posibles a través de ese santuario de palabras que llamamos “Literatura”.

Ellas y ellos han sido acompañados a llevar luz a las zonas más recónditas del mundo de la Literatura Infantil y Juvenil, han osado conocer y penetrar sus secretos, se han atrevido a concebir caminos en los que, como el flautista de Hamelin, generen magnetismos infalibles para llevar a niños y jóvenes a mundos de los que ya no querrán volver. O mejor aún, a partir de los cuales esos mismos niños y jóvenes puedan formular sus propios espacios dentro del fascinante mundo de la palabra escrita.

Celebremos esa constancia que nos trajo a este día; y es que, gracias a ella, su relación con las palabras adquiere una realidad diferente.

El hecho de haber concluído este tramo de su camino personal llamado Diplomado Internacional en Promoción de la Literatura Infantil y Juvenil, no puede más que proporcionarnos una profunda alegría en diferentes vertientes: nos da alegría por el trabajo bueno que se hace entre dos entidades como la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y la Universidad La Salle Oaxaca; nos entusiasma por la labor de los docentes entregados a una tarea que cada vez es de mayor y apremiante necesidad para niños y jóvenes; y nos encanta la idea de que más y más personas se acerquen a la Literatura Infantil y Juvenil con ojos nuevos, azorados de todos los derroteros que se pueden alcanzar a través de ella.

Dos buenas palabras para este acontecimiento: Enhorabuena, felicidades.

Y ahora sí, no más palabras.


Lo que sembramos nos transforma

Cuidar un huerto es una de esas actividades que uno comienza sin saber muy bien en qué se está metiendo. Al principio parece sencillo: preparar la tierra, sembrar una semilla, regarla y esperar. Pero pronto uno descubre que las plantas tienen sus propios tiempos, sus necesidades y hasta su carácter. Algunas crecen rápido, otras parecen no tener ninguna prisa y están las que, por más cuidados que uno les dé, simplemente no logran salir adelante. Ahí empieza realmente el aprendizaje.

Nosotros, los responsables del huerto del Parque H2A de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, no nos consideramos expertos en agricultura. Lo que sabemos lo hemos aprendido principalmente haciendo, observando y equivocándonos. El conocimiento que tenemos no viene de grandes libros ni de muchos años de estudio; viene de meter las manos en la tierra, de mirar una planta todos los días, de preguntarnos por qué una hoja cambió de color, por qué una semilla no germinó o por qué, de repente, una planta que parecía perdida comenzó a recuperarse. El huerto me ha enseñado que hay cosas que solamente se comprenden cuando uno las vive.

Ser responsable de un huerto implica estar pendiente de él todos los días. Regar cuando hace falta, pero también saber cuándo no hacerlo. Revisar las plantas, retirar hojas dañadas, proteger los cultivos de algunas plagas, alimentar la tierra con compostas o bioles y procurar que cada planta tenga lo necesario para crecer.

Hay algo especial en llegar por la mañana al huerto y descubrir que una planta creció unos centímetros durante la noche, que apareció una flor donde antes no había nada y ahora las abejas meliponas se abalanzan sobre ella para obtener su néctar o que, finalmente, comenzó a formarse el fruto que uno llevaba semanas esperando. Esos pequeños acontecimientos terminan convirtiéndose en motivos de alegría. Uno empieza a conocer el huerto casi como se conoce a una persona: aprende sus tiempos, sus señales y hasta sus cambios de ánimo.

También hay momentos divertidos. Uno puede pasar varios días cuidando una planta con toda la atención del mundo y descubrir que, justo al lado, una semilla que nadie había considerado importante germinó por su cuenta y creció con una fuerza impresionante. Puedes pensar que ya sabes cómo hacer las cosas y descubrir, con mucha humildad, que la naturaleza tenía otros planes. Creo que esa es una de las grandes enseñanzas de tener un huerto: nos obliga a ser pacientes.

Vivimos acostumbrados a obtener casi todo de inmediato. Vamos a una tienda y encontramos frutas, verduras y hierbas listas para llevar a casa. Pocas veces pensamos en todo lo que ocurrió antes de que esos alimentos llegaran a nuestras manos. Sembrar cambia esa mirada. Cuando uno cosecha un jitomate, unas hojas de lechuga, un manojo de hierbas o cualquier otro alimento que vio nacer, empieza a valorar de otra manera lo que come.

En Oaxaca, donde la relación con la tierra, los alimentos y las formas tradicionales de cultivo forma parte de nuestra vida cotidiana, recuperar la práctica de sembrar puede tener un significado todavía más profundo. Solo necesitamos un pequeño espacio: algunas macetas, un recipiente reutilizado o un rincón del patio pueden ser suficientes para comenzar.

La FAHHO ha impulsado programas de huertos orgánicos, donde la Brigada —particularmente los responsables del huerto— ha participado activamente con su experiencia, impulsando y apoyando iniciativas en comunidades y escuelas. Esto ayudó al equipo a comprender que un huerto puede convertirse en un espacio para aprender, en un refugio o en una fuente de alimento para diferentes especies, incluso para nosotros mismos. Un huerto nos recuerda que todavía podemos recuperar una parte de esa capacidad de producir lo que llevamos a nuestra mesa.

Aprender a sembrar debería ser una experiencia vivida por todos; incluso podría incluirse en todas las escuelas y espacios de uso común de Oaxaca y México. No necesariamente para convertirnos en agricultores, sino para entender de dónde viene lo que comemos y cuánto esfuerzo hay detrás de cada alimento que consumimos; seguramente habría un gran cambio en nuestros esquemas alimenticios y, desde luego, en nuestra relación con el medio ambiente.

Un huerto también enseña responsabilidad. Si dejamos de atenderlas, las plantas lo resienten. En cambio, si las cuidamos, las protegemos y las alimentamos, tarde o temprano algo comienza a crecer. Esa relación tan sencilla termina siendo una lección de vida: lo que cuidamos necesita tiempo, atención y constancia.

Por eso, cuando alguien nos pregunta si vale la pena cuidar y mantener el huerto del Parque H2A, nuestra respuesta es sí. Vale la pena por los alimentos, pero también por todo lo que sucede mientras esperamos: por ensuciarnos las manos, por aprender de nuestros errores, por compartir una cosecha y por descubrir la maravilla de haber ayudado a producir algo.

Tal vez el fruto de un huerto no sea solamente lo que podemos llevar a la mesa, sino también la paciencia y el conocimiento que adquirimos, así como la satisfacción de saber que una pequeña semilla, con nuestros cuidados y un poco de tierra, puede convertirse en vida.

Y lo mejor es que esta experiencia se puede compartir. Si una persona aprende a sembrar, puede enseñar a otra. Si una persona o familia comienza un pequeño huerto, otra puede animarse a hacerlo. Así, poco a poco, una semilla se convierte en una invitación a volver a la tierra, a cuidar lo que nos alimenta y, por qué no, a descubrir que nosotros también podemos cultivar una parte de nuestra propia vida.


Un verano entre huellas y bigotes

Como parte del programa infantil de verano 2026, “Un verano entre huellas y bigotes”, el Museo de la Filatelia de Oaxaca abrió sus puertas a un grupo de 14 niñas y niños, durante tres semanas, para vivir una experiencia llena de aprendizaje, creatividad y convivencia.

El programa tomó como punto de partida la exposición temática “Entre huellas y bigotes: perros y gatos en la filatelia”, una muestra que invita a descubrir cómo estos animales, convertidos en compañeros cercanos de la vida cotidiana, han sido representados en distintos elementos postales de diversos países y épocas. Esta exhibición explora los vínculos entre las personas y las mascotas, considerando a estas como símbolos de compañía, trabajo, protección y ternura.

A partir de esta exposición, las actividades tuvieron como objetivo enriquecer la experiencia de los participantes al provocar una reflexión sobre el vínculo entre arte, cultura y filatelia mediante una serie de actividades dirigidas por artistas y talleristas invitados. Cada sesión fue una oportunidad para conocer distintas disciplinas artísticas y creativas, que invitaron a las niñas y los niños a reflexionar sobre la relación que mantienen con sus mascotas. De esta manera, las piezas filatélicas trascendieron el espacio expositivo para convertirse en el punto de partida de ideas, historias y procesos creativos para fortalecer la conciencia sobre el cuidado, el respeto y la importancia de las mascotas.

El lunes 20 de julio de 2026 nos dimos cita para recibir a los 14 integrantes del grupo. Una de las primeras actividades consistió en la impresión, mediante serigrafía, de los mandiles que utilizarían durante el curso. Tras un breve receso, iniciamos el laborioso proceso que, semanas después, culminó con la elaboración de un títere de madera inspirado en la mascota de cada participante.

En los días siguientes, el grupo elaboró bebederos de cerámica. Guiados por su creatividad, cada participante diseñó una pieza única destinada a sus mascotas. Durante la actividad se escuchaban comentarios como: “Mi bebedero será muy grande porque mi perro es muy grande y toma mucha agua” o “Yo haré uno muy pequeño para que los pajaritos bajen a tomar agua”. Estas sesiones resultaron especialmente inspiradoras, pues reflejaron el cariño que cada participante siente por sus mascotas y por otros animales. Posteriormente, las piezas fueron trasladadas a un taller especializado para su cocción, con el fin de convertirlas en objetos funcionales.

En el taller de elaboración de bandanas y collares, las niñas y los niños utilizaron cuentas de colores, pompones e impresiones DTF para crear composiciones que adornarían los cuellos de perros y gatos. Más adelante, las artes plásticas cedieron espacio a la gastronomía y las niñas y los niños se convirtieron en pequeños chefs que, con mangas, espátulas y pinceles decoraron un pastel dando rienda suelta a su imaginación. Cada creación reflejaba la personalidad de quien la elaboró.

Otra de las actividades consistió en la elaboración de máscaras mediante la técnica del papel maché. El objetivo fue crear una máscara que representara al tecuani, inspirada en este personaje como símbolo protector de la comunidad. Durante la última semana, las máscaras se integraron a una exploración de movimientos de la Danza de los Tecuanes, en la que las y los participantes descubrieron nuevas posibilidades de movimiento y expresión corporal, acercándose, por un momento, a las exigencias propias de las artes escénicas. Esta actividad permitió combinar las artes plásticas con la danza en una experiencia creativa y significativa.

Las piezas filatélicas de la exposición también sirvieron como punto de partida para experimentar con técnicas gráficas como el esténcil, conocer los principios básicos del huecograbado mediante un ejercicio de punta seca y elaborar rompecabezas inspirados en el lenguaje gráfico de las estampillas postales, en combinación con imágenes de sus mascotas. Asimismo, descubrieron las posibilidades del bordado mediante la elaboración de llaveros de tela inspirados en personajes como Snoopy. Además, realizaron ejercicios pictóricos por medio de la intervención de pequeños alebrijes tallados en madera de copal, propios de San Martín Tilcajete.

Como cierre del programa, las niñas y los niños tuvieron la oportunidad de conocer a Jorge, un gato de apoyo emocional rescatado por el doctor Alberto Villavicencio. Alberto compartió con el grupo información sobre el trabajo de los médicos veterinarios y la importancia del cuidado de las mascotas, promoviendo la conciencia sobre su bienestar y el compromiso que implica brindarles un entorno seguro y afectuoso.

El último día se realizó una muestra del trabajo desarrollado a lo largo de las tres semanas. Madres, padres y familiares pudieron apreciar los álbumes encuadernados con fotografías de las mascotas de cada participante, impresiones en cianotipia, ejercicios de huecograbado, bandanas, collares para mascotas y muchas de las piezas elaboradas durante el curso.

Con el paso de los años, el programa de verano del Museo de la Filatelia de Oaxaca se ha convertido en una tradición para muchas niñas, niños y sus familias. No son pocos quienes han regresado verano tras verano, permitiéndonos ver cómo crecen mientras el museo sigue formando parte de sus vacaciones. Ese es, quizá, el mayor valor de este programa: demostrar que la filatelia puede ser mucho más que una colección de estampillas; puede convertirse en una herramienta y un espacio para despertar la curiosidad, estimular la creatividad, fortalecer la sensibilidad y abrir la puerta al arte, la cultura y la imaginación.


Tratamiento de desinsectación: Santiago Ihuitlán Plumas

En las culturas originarias de México, los lienzos pictográficos poseen un valor histórico y cultural primordial. Durante el periodo colonial sirvieron como instrumentos jurídico-cartográficos esenciales para que las comunidades respaldaran sus títulos de propiedad y legitimaran su organización social. Un ejemplo claro es el Lienzo de Ihuitlán, cuyo contenido es predominantemente genealógico y resalta las alianzas dinásticas entre las casas señoriales de Ihuitlán y Coixtlahuaca. El manuscrito pictográfico original, elaborado sobre tela de algodón, se conserva en el Brooklyn Museum de Nueva York desde su adquisición en 1941. Sin embargo, a finales del siglo XIX, Francisco Belmar elaboró un calco sobre tela de dicho documento; esta valiosa reproducción se ha conservado en Santiago Ihuitlán hasta la fecha.

Gracias a la estrecha colaboración con la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova se tuvo conocimiento de que dicha reproducción estaba expuesta en la sala principal del palacio municipal, colocada dentro de una vitrina con marco de madera, anclada a la pared. Durante su inspección, se identificó la presencia de insectos bibliófagos que ya habían provocado perforaciones, galerías y otros daños que comprometían la integridad del soporte documental. Ante este riesgo inminente, el taller de restauración documental de Adabi Oaxaca optó por aplicar de manera urgente un tratamiento de desinsectación para salvaguardar este importante ejemplar.

El procedimiento comenzó al extender el lienzo sobre una cama de papel secante dentro de una cámara de fumigación adaptada a las dimensiones requeridas. Debido a la naturaleza del objeto, se realizaron pruebas previas de solubilidad para evaluar la estabilidad de las tintas. Una vez verificada su solidez, mediante nebulización se procedió a la aplicación del insecticida para exterminar las plagas que lo deterioraban. Al término de esta fase, la cámara fue sellada herméticamente, dejando actuar el fumigante durante el fin de semana.

Concluido el periodo de exposición, se retiró el sellado de plástico y se dio paso a la limpieza mecánica del lienzo mediante microaspirado, con lo que se eliminaron insectos muertos, polvo y residuos derivados del tratamiento. Finalmente, tras corroborar la ausencia total de agentes nocivos, el ejemplar fue embalado en tela Tyvek® para garantizar la estabilización del soporte y su conservación preventiva a largo plazo.

Con esta intervención hecha por el equipo, no solo se frena el deterioro físico de un testimonio clave para el pueblo chocholteco, sino que se restituyen las condiciones para que la comunidad de Santiago Ihuitlán conserve y revalorice su patrimonio documental histórico.


El patronazgo de san Miguel Arcángel

Y entonces Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel miraron desde el
cielo y vieron mucha sangre derramada sobre la tierra, y
toda la iniquidad que se estaba forjando sobre la tierra.

Libro de Enoc 9: 1

¿Quién como Dios? (Quis ut Deus), traducción latina del significado del nombre hebreo del Jefe de los Ejércitos Celestiales, evoca a san Miguel, patrón supremo de las jerarquías divinas. Su importancia devocional en la antigua Antequera —y en toda Nueva España— está presente en numerosas comunidades del estado que llevan su nombre, muchas de ellas beneficiadas con programas de restauración y apoyo por parte de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.

Cada 29 de septiembre, en los templos que honran el patronazgo del líder de las huestes divinas, se elevan plegarias acompañadas de copal, música, flores y ofrendas para el primerísimo de los arcángeles. Ataviado con yelmo emplumado, espada en mano para vencer al Mal, peto o lorica musculata tachonado de estrellas, faldellín y cáligas o botines de guerra, y acompañado por el Sol y la Luna como insignias, Miguel revolotea estoico y ejemplar en fachadas, retablos, pinturas y conjuntos escultóricos con la majestad de quien ha de vencer a Satanás con el golpe certero de su tizona.

La espléndida iglesia de San Miguel del Valle, en la región de Valles Centrales de Oaxaca, que hoy se aprecia nuevamente gracias a la intervención integral realizada por el Taller de Restauración de la FAHHO, expone a su santo patrón acompañado, además, de una cruz como símbolo de la defensa de la fe. El ángel nos mira desde el nicho central en su retablo de estípites doradas y tallas con estofa.

Contigua a la casa de visitas del templo de San Miguel Adéquez, entre la penumbra, se accede a la pequeña nave con pintura al fresco de vivos azules. El altar mayor, con baldaquino de madera, resguarda dos esculturas de bulto redondo, ataviadas por los locales, cuyas espadas poderosas desvelan la identidad del capitán celestial. La casa de visitas del siglo XVI vuelve a lucir su envergadura gracias a los trabajos de consolidación de muros, rehabilitación de vanos y recuperación de la cubierta de viguería de madera, llevados a cabo por el mismo taller.

También en la Mixteca, en San Miguel Tequixtepec, una delicada talla con policromía y dorado parece iniciar el vuelo desde un nicho vidriado que se ilumina con el permanente neón en el nombre del arcángel. En el interior del templo, la riqueza cromática de sus pinturas se aprecia gracias a la intervención de la Fundación, que impulsó la restauración de una parte sustantiva de este valioso conjunto. Asimismo, cuando la FAHHO emprendió las labores de conservación del puente de piedra del siglo XVI que aún permanece en la comunidad —consolidación estructural, restitución de mamposterías y morteros de cal, recuperación del empedrado, conservación de los glifos mixtecos y protección contra la erosión del río—, se abocó a recuperar el paisaje histórico donde el puente formó parte del recorrido cotidiano y ceremonial hacia el templo.

Cerca de Teposcolula, en San Miguel Tixá, su restaurada iglesia exhibe un magnífico conjunto retabular, donde Miguel despliega sus alas triunfales al compás de los drapeados del manto, finamente esculpido por manos anónimas novohispanas. En esta misma comunidad, la FAHHO restauró integralmente la casa de visitas del siglo XVI, recuperando su estructura de piedra, la cubierta original de viguería de madera, así como los pisos y acabados tradicionales para, finalmente, devolver el edificio al uso comunitario como biblioteca y centro cultural.

Por último, el deslumbrante templo de San Miguel Huautla posee uno de los más representativos trabajos artísticos sobre tan destacable iconografía angélica. Su retablo principal muestra a los arcángeles canónicos y apócrifos (Miguel, Gabriel y Rafael, por un lado; y Sealtiel, Jehudiel, Barachiel y Uriel, por el otro), en una suerte de distribución constelar en torno al vencedor universal de las tríadas angélicas. El aspecto actual del edificio está ligado a la participación del Taller mediante las labores de recuperación de la nave del templo y de la cubierta que protege el coro. En el interior se llevaron a cabo acciones de protección de los retablos y otros bienes, así como la instalación de una cubierta provisional para proteger el inmueble.

Acerca del culto a san Miguel Arcángel, señala el investigador Ramón Avendaño:

Su devoción cobró fuerza en México a partir del siglo XVII, pues cerca del Tepeyac ya existía una ermita en su honor en 1667. Para la siguiente centuria, se concentraron esfuerzos encaminados a convertirlo en patrono de Nueva España; no obstante, este sitio ya estaba ocupado, de facto, desde 1531, por la Virgen de Guadalupe, milagroso ayate del que se decía fue bajado del cielo por el propio Miguel.1

1 Palhares, Héctor y Ramón Avendaño, et al., Ángeles. Las huestes celestiales en la Tierra, México: Secretaría de Cultura / INBAL, 2024, 39-40


Guerreros culmina su temporada regular 2026

La temporada regular 2026 llegó a su fin para los Guerreros de Oaxaca. Fue una campaña de altas y bajas en los números de juegos ganados y perdidos, llena de rachas buenas y malas; pero, como cada año lo demuestra este equipo, pudo salir avante y obtener, por tercera ocasión y de forma consecutiva, su pase a la postemporada en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB).

Guerreros inició la temporada 2026 jugando de gira en un total de 30 encuentros, esto debido a la construcción del nuevo recinto de los bélicos, el Estadio Yu’va. En esa gira alcanzaron un récord de 20 juegos ganados y 10 perdidos, coronándose con el primer lugar en el standing de la zona del Sur; pero, como todo equipo profesional, tuvo un pequeño slump en la temporada, lo cual terminó por apretar el standing y su ingreso a los play offs.

Roberto Chapo Vizcarra, quien dirigió al equipo oaxaqueño en un total de 80 juegos, culminó su etapa con la tropa bélica con un récord de 41 juegos ganados y 39 derrotas, siendo relevado por el boricua Javier Valentín, quien fungió durante dos años como coach de bateo en la organización. Como dato histórico, Javier Valentín y José Tony Valentín se convierten en los primeros hermanos en dirigir a los Guerreros de Oaxaca en su historia.

El equipo nuevamente alcanzó los primeros lugares en las estadísticas finales en diferentes departamentos: Alexi Amarista fue sublíder en imparables con un total de 131, además de ser el séptimo mejor jugador en porcentaje de bateo en toda la liga con un grueso .347 en average.

En su primer año con los bélicos, el dominicano Juan Santana tuvo un gran año en la ofensiva, liderando en carreras producidas con un total de 71 remolcadas; además, fue tercero en total de imparables (116) y sublíder en cuadrangulares con 15 batazos de vuelta entera.

Otro que fue “bujía” en la temporada regular fue el experimentado Mel Rojas Jr., quien en su segunda etapa con la tribu bélica se consagró como líder de cuadrangulares dentro de la organización con 17 conectados, además de remolcar 65 compañeros al plato y ser líder en dobletes (alcanzando 25). Asimismo, hay que reconocer su liderazgo dentro y fuera del terreno de juego.

En el picheo, Luis Fernando Miranda fue el líder en juegos ganados con 8 en 17 aperturas en la campaña, siendo el abridor “as” de la tribu zapoteca nuevamente; Miranda también culminó la temporada con un porcentaje de carreras limpias admitidas de 5.02, en una ciudad tan complicada en lanzamientos como lo es Oaxaca.

Uno de los extranjeros que arribó ya iniciada la temporada, y que vino a darle un revulsivo a la rotación abridora oaxaqueña, fue William Cuevas, quien con su experiencia inyectó la confianza y el control que el cuerpo técnico de los Guerreros requería para encarar la campaña regular y los play offs; Cuevas culminó la temporada con 5 juegos ganados y 2 derrotas.

El bullpen de los bélicos fue sólido al inicio y al final de temporada; los pitchers que mostraron confianza y seguridad fueron Reid Birlingmair, Edwar Colina, Garret Alexander y un Thyago Vieira, que llegó para dejar ver un grupo más fuerte en las rectas finales de cada encuentro.

El norteamericano James Kaprilean —procedente del equipo escarlata— fue de las últimas contrataciones de Guerreros, quien terminaría por ser uno de los brazos de confianza del mánager Javier Valentín.

Para iniciar sus play offs número 18, Guerreros se enfrentó a los Diablos Rojos del México, equipo contra el cual se ha medido en tres ocasiones previas, donde los bélicos han ganado dos (1998 y 2018) y perdido una serie (2024)


Comunidad, acervos y virtualidad

Los acervos de los museos resguardan objetos e historias significativas de la herencia cultural de la humanidad. Si bien es cierto que únicamente un pequeño porcentaje de las colecciones de una institución se encuentra visible mediante los programas de exposiciones, esto no significa que aquellas piezas que descansan en los depósitos estén olvidadas o, al menos, no debería ser así. En el Museo Textil de Oaxaca hemos atestiguado las formas en que las piezas en resguardo pueden establecer un diálogo con los mundos de hoy mediante las consultas al acervo. En estas visitas, las fronteras establecidas por el tiempo y el espacio se desdibujan: tejidos y bordados elaborados hace más de 50 años dialogan directamente con tejedoras y bordadores en sus propias lenguas. Técnicas de antaño se retoman en las prácticas actuales; diseños que ya solo habitaban en la oralidad logran reintegrarse en los tejidos contemporáneos; la sinfonía de color, textura y formato de textiles antiguos da pie a nuevas interpretaciones. En ocasiones, las consultas no pueden realizarse de manera presencial, por lo que hemos recurrido al uso de tecnologías que nos permiten conectar sin importar la distancia ni el huso horario. A través de videollamadas grupales, hemos logrado establecer encuentros entre distintas comunidades y museos. El caso más reciente ocurrió entre la comunidad de Santiago Nuyoó, Oaxaca, y el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (National Museum van Wereldculturen – NMW), en la ciudad de Leiden, Países Bajos.

En junio de 2026, artesanas, artesanos, autoridades y demás vecinos de la comunidad tuvimos la oportunidad de conocer detalles de algunos textiles de Santiago Nuyoó, actualmente resguardados en Leiden. Durante la consulta virtual pudimos conocer los huipiles que fueron adquiridos por Bodil Christensen e Irmgard Weitlaner Johnson en la década de 1960 y, aunque únicamente se pudo consultar una parte de la colección de textiles de Santiago Nuyoó, la actividad dejó gratas experiencias entre quienes participamos. Esta visita virtual constituyó la continuación de una consulta del acervo que resguarda el MTO, la cual se realizó el pasado mes de febrero de manera presencial.

Este encuentro fue enriquecedor para todos los asistentes. El grupo de personas en Nuyoó, reunido en el patio de la sala de sesiones del municipio y enlazado por medio de una computadora y un proyector, estuvo muy participativo y mostró gran interés por conocer la colección de textiles del museo europeo; de hecho, causó asombro saber que en un lugar tan lejano se conservan textiles tan antiguos de la comunidad. Además, siempre hubo admiración al ver el cuidado y la delicadeza con que eran manejados y protegidos dichos textiles. La comunidad expresó su gratitud por la oportunidad de conocer el acervo del museo y mencionó que, de no ser por esta videollamada, hubiera sido imposible tener un acceso tan directo a la colección. Por su parte, los participantes de Oaxaca y de Países Bajos fuimos testigos de que la tradición textil de Nuyoó sigue latente y pudimos apreciar que se ha diversificado; incluso, conocimos algunos detalles de manufactura que fueron proporcionados por las personas de la comunidad. Durante el encuentro, se enfatizó la labor de la comunidad, en especial de las tejedoras, para conservar el conocimiento y la práctica del tejido en telar de cintura; esta consulta sirvió como un aliciente para continuar en la preservación de esta tradición textil. Al término del encuentro, se estableció el compromiso de realizar tomas fotográficas de ciertos detalles del diseño y la manufactura de las distintas piezas consultadas para que la comunidad tenga acceso directo a ese material.

La consulta virtual fue posible gracias a un esfuerzo colaborativo entre las autoridades de Santiago Nuyoó mediante la interlocución de Rubicel López, el NMW por medio de Araceli Rojas Martínez Gracida, Sasja van der Woude y Daan van Dartel, y el MTO, que fungió como mediador durante una videollamada que mezcló cuatro lenguas: mixteco, neerlandés, inglés y español.

A pesar de las limitantes que implica una consulta de tipo virtual, esta actividad dejó una grata experiencia tanto al municipio de Santiago Nuyoó como a los participantes de Oaxaca y Países Bajos. Esperamos que en el futuro se realicen más colaboraciones de este tipo para dar a conocer a las comunidades algunos bienes que, por distintos motivos, han salido de sus lugares de origen.


La Librería Grañén Porrúa, un espacio para todos

Creo que muchas de las personas que transitan por el Andador turístico de nuestra ciudad ven a la Librería Grañén Porrúa como cualquier otra librería: un lugar al que solo entrarían si necesitan comprar un libro. Con estas líneas quiero desmentir esa idea, porque, desde mi experiencia, la LGP ha sido un espacio que no ha hecho más que abrirme sus puertas y dar cabida a las ideas que propongo.

Un claro ejemplo de ello fue el taller “Apapacha tu libro”, que impartimos el pasado sábado 1 de agosto. Contra todo pronóstico, al tratarse del primer taller de crochet que organizábamos y con la expectativa de recibir, cuando mucho, a cinco personas, ¡nos acompañaron veinte participantes! Fue muy emocionante ver llegar a cada quien con un libro en las manos y con la disposición de aprender algo nuevo por el simple gusto de hacerlo. Compartimos risas, una que otra frustración con el tejido, café, galletas y, sobre todo, el entusiasmo de crear en comunidad. Al finalizar el taller, como lo hago aquí, les invité a visitar la Librería y seguir explorando las oportunidades que nos brinda.

Gracias al aforo de esta actividad, pudimos darnos cuenta del poder de convocatoria que tiene este espacio. Si bien no todas las personas necesitan comprar un libro cada dos o tres días, hay muchas otras formas de acercarse a la lectura, y la LGP les ofrece justamente esos espacios. Hay talleres para aprender a escribir reseñas, un club de lectura que nos invita a relacionarnos mediante las letras y talleres de encuadernación para crear libretas donde plasmar nuestros pensamientos más poéticos. Siempre podemos encontrar una actividad o un objeto capaz de emocionarnos y motivarnos a leer un poquito más.

Me entusiasma ver cómo un lugar del que me considero parte continúa creciendo y explorando diferentes formas de atraer a nuevos y diversos públicos hacia el amor por la lectura. Cada taller, cada presentación y cada actividad son una oportunidad para que más personas conozcan y se sumen a este proyecto que sigue construyéndose con entusiasmo.

No me queda más que agradecer al equipo de la LGP por su disposición, su confianza y el apoyo para hacer posible este taller. Visitar este espacio siempre deja un buen sabor de boca y maravillosos recuerdos.

A quienes llegaron al final de estas líneas, los invito a darse la vuelta por la Librería. Y a quienes participaron en el taller de tejido, ¡nos vemos en la próxima edición!


Bibliomancia: el libro que te elige

Fotografías: Acervo de la BS Canteras

Existen varias maneras de elegir un libro, por ejemplo, conociendo el autor o el tema. Pero ¿te has preguntado de qué manera un libro te elige? La bibliomancia es una práctica adivinatoria que consiste en abrir un libro al azar e interpretar un pasaje como respuesta o guía ante una pregunta o circunstancia. El término procede del griego biblíon ‘libro’ y manteía ‘adivinación’. Sus antecedentes se encuentran en antiguas prácticas adivinatorias basadas en el sorteo (sortes), que en el mundo grecorromano llegaron a relacionarse con textos de autores como Homero y Virgilio.

Así que la respuesta está en la suerte, justo en ese momento en que llegamos a las salas de lectura con la tarea intuitiva de elegir un libro: es en esos minutos, o incluso segundos, cuando ocurre ese pequeño arte adivinatorio de descubrir cuál será la siguiente historia.

En su novela El libro salvaje, Juan Villoro menciona lo siguiente: “Mis libros sienten que los puedes querer como nadie los ha querido y que puedes compartirlos con alguien a quien quieres mucho”. De esto se trata compartir la lectura: escuchar, mirar, oler y sentir lo que susurran los libros, en compañía de las bibliotecarias encargadas de charlar con ellos y reconocerlos en los estantes, tal como se recuerdan las cuadras de los vecinos.

En el círculo de lectura Bibliomancia, proyecto de BS Canteras, vamos descubriendo los libros que nos han llamado para ser queridos. Acercar al lector a las historias, algunas veces, puede acompañarse de algunas disciplinas; una de ellas es el cine. La cinematografía se ha encargado de transformar las historias desde las nuevas técnicas de animación, dándoles otra vida a esas palabras.

Dos veces al mes nos reunimos para platicar de lo que hemos leído y de las películas que hemos visto. Bibliomancia es un proyecto joven, con apenas tres meses, que ha reunido a un pequeño grupo de adolescentes. En un inicio exploramos cuentos de terror y fantasía. El primer libro que leímos fue la antología de cuentos de Amparo Dávila, El huésped. A partir de esa lectura seleccionamos los géneros literarios que más les gustan a los jóvenes lectores, entre los que destacan la fantasía (cuentos de hadas), los bestiarios y sus propios libros favoritos. Durante las sesiones, los integrantes del círculo demuestran con mayor seguridad sus opiniones e incluso generan recomendaciones de la sala juvenil.

La creación artística es un proceso colectivo en el que el diálogo nos permite desarrollar el personaje, el ambiente y la trama. Estos elementos nos inspiran a crear un cortometraje con materiales que tenemos a la mano. Una referencia será el stop motion similar al de los Estudios Laika, así como las bestias y los gatos que han destacado en muchas de nuestras historias favoritas.

Próximamente, el tendedero se convertirá en el camino a la lectura que te elija desde una palabra, un párrafo o una portada. En la sala juvenil se colgarán fragmentos de libros seleccionados por lectoras del círculo.

¡Permite que el libro te elija!


“De cantera es Antequera”: Óscar Fabián y la memoria de la piedra

“De cantera es Antequera” en el Patio Domina

Magdalena Apasco, en el valle de Etla, es reconocida por su larga tradición canterera. Generaciones de maestros artesanos han preservado el conocimiento de la extracción, el corte y el labrado de la piedra, especialmente de la cantera característica de la región. Su producción ha abastecido tanto la construcción como la restauración de numerosos inmuebles históricos de la ciudad de Oaxaca, convirtiendo al municipio en uno de los principales centros canteros de los Valles Centrales.

Ahí nació Óscar Fabián, quien forma parte de la cuarta generación de maestros canteros de su familia y actualmente presenta la exposición “De cantera es Antequera”, en el Centro Cultural San Pablo. La tradición se remonta a su bisabuelo y su abuelo, quienes, además de extraer la cantera, aprendieron a labrarla. Así fue como el conocimiento pasó a sus tíos y a su padre, su maestro en este arte. Esta historia se puede rastrear hasta los inicios del siglo XX, en la época porfiriana, cuando el bisabuelo participó en la extracción y corte de ónix, mineral originario de Magdalena Apasco, para la construcción del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. De acuerdo con Óscar, existen registros fotográficos de esta actividad, así como del traslado de esta piedra semipreciosa hacia el ferrocarril, en bueyes y con morillos. Sin embargo, la Ciudad de México no fue el único destino del ónix de Magdalena, ya que también se exportó a Europa, especialmente a Francia e Italia.

El tono amable y tranquilo de Óscar al narrar su historia —con una voz también golpeada por la piedra —, expresa un profundo cariño y orgullo por su oficio, el mismo que le reveló esas aptitudes artísticas que lo llevaron, inevitablemente, a la escultura. La idea de que la forma se encuentra latente en el bloque de piedra, como pensaban los escultores clásicos y renacentistas, guía el trabajo de este maestro cantero. Tal vez sea porque su vínculo con la cantera se ha estrechado tanto que es capaz de escuchar lo que la propia piedra le va pidiendo: toca, dibuja, golpea y quita allí donde el bloque le indica; sin bocetos, solo con un lápiz, un marro y un cincel. Después, para realizar los acabados y el pulido, utiliza esmeriles, taladros, brocas y discos diamantados.

Óscar recuerda cuando, siendo un niño de entre 10 y 12 años, llevaba la comida para su familia que participaba en los trabajos de restauración del Templo de Santo Domingo, así como lo hizo en la recuperación de los templos de la ruta dominica. Así creció, maravillado por la majestuosidad y la belleza de la cantera, y ahora se siente orgulloso de exponer en un lugar como el Centro Cultural San Pablo, sitio que también está ligado a los dominicos y a esa valiosa materia.

Fotografías: Vanessa Méndez

En el Patio Domina, las esculturas de Fabián se mimetizan con el espacio: fluyen y dialogan entre los antiguos muros de cantera, la grava roja del suelo, el espejo de agua y el jazmín del Istmo; evocan el tiempo antiquísimo de la tierra, de la vida misma. La cantera verde de Reyes Etla, la rosa y la gris de Xuchilquitongo, así como la amarilla y la piedra de río de Magdalena Apasco, están talladas con el ritmo y las formas que recuerdan al arte lapidario de las antiguas culturas mixteca y zapoteca. En la Capilla del Rosario, diversas piezas talladas en cantera, piedra de río y ónix se integran a los nichos de
la arquitectura simbólica del retablo.1 Las esculturas contemporáneas de Óscar Fabián no sustituyen una función devocional, sino que establecen un diálogo entre dos formas de concebir la piedra y la imagen. Asimismo, ponen de manifiesto la continuidad del trabajo de canteros y escultores, quienes, desde los periodos prehispánico y virreinal novohispano, han transformado la piedra en un vehículo de significados.

Las piezas se presentan en formatos pequeños y medianos, pues la mayoría están labradas con los desprendimientos de las rocas utilizadas en obras de mayor escala, como las fuentes y las columnas. Asimismo, es posible notar en ellas incrustaciones de elementos como brocas y discos de metal, los cuales se rompen durante el proceso creativo y terminan formando parte del cuerpo de las esculturas. La consigna es aprovechar la materia, sus formas y sus tamaños, buscando el equilibrio de las piezas, ya que se trata de un recurso no renovable cuya obtención ha llevado a la fuerza humana más allá de sus posibilidades. Se trata de mostrar respeto por un material que ya ha sido marcado y labrado por el tiempo y por la misma tierra que le dio vida.

Para el maestro Óscar Fabián, tal como la cantera que permanece en la montaña, sus piezas son objetos inacabados, entregados a los caprichos del ambiente y del tiempo, y a veces también a los suyos propios. Los golpes, los desprendimientos y las caídas forman parte también de la vida humana, tal como lo hacen la belleza y la capacidad de transformarnos para trascender en el tiempo. Es así como nos asemejamos a la cantera: seres inacabados que encuentran en el paso del tiempo, en las heridas y en la transformación la posibilidad de permanecer sin renunciar a convertirse en algo distinto.

1 Este retablo es una pieza reubicada, realizada en 1761 por el maestro ensamblador Antonio Ramírez para un templo de la región de Villa Alta.


Medio milenio de sincretismo cultural en el CCSP

Conjunto escultórico de cerámica pigmentado con azul maya y grana cochinilla.

El Centro Cultural San Pablo posee la facultad de transformarse en una suerte de máquina del tiempo. Más que un simple espacio museístico, este antiguo exconvento opera como una cápsula temporal que transporta al visitante a través de dimensiones tanto reales como imaginarias, nacidas de la creatividad de los artistas cuyas obras albergan sus muros.

En esta ocasión, la experiencia inmersiva nos traslada exactamente cinco siglos atrás, al periodo de mayor auge del Marquesado de Hernán Cortés. En este recinto —el primer monasterio de la Orden Dominica—, los monjes atravesaban umbrales y recorrían pasillos, habitaciones y jardines dedicados al aprendizaje profundo de las lenguas zapoteca, mixteca y nahua, herramientas lingüísticas que emplearían posteriormente en la evangelización de las comunidades originarias.

Nuestra travesía comienza en la actual Sala Refectorio, espacio original de alimentación de la comunidad religiosa. Guiados por William Santiago, custodio de San Pablo, nos adentramos en “Los perros de Dios en Antequera”. Esta exhibición de cerámica policromada es obra del creador mixteco José Luis García, quien, tras un riguroso trabajo de investigación en los acervos de las bibliotecas Juan de Córdova y Francisco de Burgoa, recrea artísticamente los 500 años de la llegada de la orden dominica a la Nueva España.

A través de la muestra, el edificio recobra el misticismo y la solemnidad de su edificación en el siglo XVI. La combinación de sus muros colosales, una iluminación tenue y el canto gregoriano —seleccionado especialmente por el autor— generan una atmósfera que evoca la vida conventual de la época en Oaxaca.

De acuerdo con la explicación de William, la colección gira en torno a la fusión de la fe católica con la cosmovisión prehispánica de Mesoamérica. El maestro José Luis busca propiciar un vínculo interpretativo individual con cada espectador. Es así como surgen distintas lecturas: algunos visitantes perciben en las esculturas dispersas —de las cuales varias superan el metro de estatura— las siluetas de los antiguos frailes reunidos en asamblea. Otros contemplan en ellas representaciones de templos edificados a lo largo del territorio oaxaqueño y mexicano, modelados minuciosamente con la incorporación del azul maya y la grana cochinilla. En la sección posterior de la sala, destaca una interpretación contemporánea del Catecismo testeriano. Conforme a los testimonios del propio artista en su recorrido inaugural, esta pieza fue elaborada a bordo de una embarcación en el mar oaxaqueño, empleando pigmentos orgánicos como la grana cochinilla y el caracol púrpura para capturar la identidad del México mestizo.

Fotografías: Eduardo González

A juicio de William, la propuesta visual del maestro García no se centra en el carácter impositivo de la evangelización, sino que, mediante el barro, prefiere acentuar los aportes y la riqueza estética derivados del contacto entre ambas culturas, entrelazando la iconografía cristiana con los mitos prehispánicos. La sección final de la muestra exhibe, en una sala contigua, dos imponentes estructuras de madera y cerámica revestidas en hoja de oro, creadas por el autor para evocar el brillo celeste y concebidas como una reinterpretación de los retablos característicos del Templo de Santo Domingo de Guzmán. Recreando un entorno eclesiástico, al fondo se sitúa la rama de un “árbol de la mala sombra” dispuesta en forma de crucifijo, asentada sobre un bloque de cantera. Dicho pedestal muestra la inscripción grabada en lengua mixteca “Yyacga taniño ychi andehui”, ‘escalera al cielo’, junto al emblema dominico y la efigie de un religioso que, al pie de la escalinata, porta un libro que alude a la Doctrina Christiana, fuente probable de inspiración de la obra.

Los frailes Bernardino de Minaya y Gonzalo de Lucero fueron los primeros dominicos en establecerse en 1529 en este primer asentamiento, bautizado originalmente como San Pablo de los Indios. Estudios arqueológicos señalan que el conjunto conventual fue erigido sobre los vestigios de una residencia noble que pertenece al periodo Monte Albán I, con más de dos milenios de antigüedad. Transcurridos cinco siglos, la estructura arquitectónica prevalece y funciona hoy como un centro de difusión cultural, artística y académica. El público interesado puede efectuar el recorrido bajo la guía especializada de William o del equipo de custodios del Centro Cultural San Pablo.

La exposición temporal “Los perros de Dios en Antequera” se encuentra abierta, de manera gratuita, en las instalaciones del CCSP en la calle Hidalgo 907, de lunes a domingo, de 10 a 20 horas.


Enrique de Schleyer y su Plano del Ingenio de la Concepción

El trabajo cartográfico que Enrique de Schleyer desarrolló en la Sierra Norte de Oaxaca en 1870 y 1871 es relativamente conocido gracias a algunas investigaciones sobre la historia de esa región, así como al hecho de que algunos de sus planos han sobrevivido hasta nuestros días. Hace un par de años, en este boletín publicamos1 el Plano topográfico de los terrenos de Ixtlán Villa-Juárez, que forma parte del acervo de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova y que desde entonces se exhibe en nuestras instalaciones. En aquel texto hablamos acerca de lo poco que se conocía sobre la biografía de Schleyer y las circunstancias que le trajeron a trabajar a Oaxaca.

Desde entonces, hemos seguido indagando e identificamos que existe otro plano resguardado en nuestro acervo, que también es obra de Schleyer. Se trata del más temprano conocido y el único que representa un territorio ubicado en la Mixteca.

Nuestro personaje nació en la ciudad de Koblenz, en la actual Alemania, el 30 de julio de 1840. Fue registrado con el largo nombre de Heinrich Carl Friedrich Wilhelm Ferdinand Nicolaus Schleyer, siendo sus padres Heinrich Christobal Schleyer y Pauline Marie von Schrabisch. No sabemos más de su vida temprana, pero entre los años de 1861 y 1865 aparece listado como cadete del Regimiento de Infantería de Línea del ejército imperial austriaco.

Schleyer formó parte de un grupo de ocho mil militares que, entre 1864 y 1865, se integraron al Cuerpo Imperial de Voluntarios de Austria-Hungría que viajó a México con la misión de defender a los emperadores Maximiliano y Carlota y combatir a las tropas republicanas del gobierno de Juárez. Este cuerpo militar reflejaba la composición del imperio de los Habsburgo, pues incluía a húngaros, alemanes, polacos, italianos y checos. Sus integrantes fueron seducidos por ascensos y pagas más altas, entre otras motivaciones, para venir a nuestro país.

El Ejército Republicano de Oriente, bajo el mando de Porfirio Díaz, logró derrotar a los franceses, mexicanos imperialistas y austro-húngaros en varias batallas alrededor de Oaxaca en 1866 y el 31 de octubre de ese año tomó la ciudad. Entre los soldados austro-húngaros que fueron hechos prisioneros ese día en Oaxaca figura el nombre del subteniente Enrico de Schleyer. Como muchos otros legionarios, Enrico o Enrique se quedó en México después de ser liberado.

La cartografía militar del Imperio austro-húngaro a mediados del siglo XIX se encontraba entre las más experimentadas del mundo, sobre todo para realizar levantamientos topográficos de gran escala. Al parecer Schleyer se formó en esa tradición. Pero a diferencia de otros de sus colegas y antiguos compañeros de armas, que se dedicaron a realizar mapas y planos de haciendas y minas en Puebla, Veracruz, el Estado de México y Tlaxcala —el caso de Ferdinand (Fernando) von Rosenzweig y Alois (Luis) Bolland es uno de los más conocidos—, Schleyer desarrolló su trabajo cartográfico en Oaxaca, entre los años de 1867 y 1871, durante el periodo conocido como la República restaurada.

Posteriormente, Schleyer se trasladó a Puebla, donde se casó en 1876 con Margarita Villegas Balcázar. El matrimonio vivió en Atlixco y tuvo varios hijos. No sabemos si en esa última etapa de su vida llegó a elaborar algún otro plano o cuál fue su oficio. Falleció en 1905, a los 65 años de edad.

El Plano geográfico del Ingenio de la Concepción (1867)
La hacienda “Ingenio de la Concepción” se ubicaba a 70 kilómetros al suroeste de Tlaxiaco, entre la Mixteca Alta y la Mixteca Costa. ¿Cómo y por qué, apenas unos meses después de haber caído prisionero en la ciudad de Oaxaca, el ingeniero Schleyer emprendió este trabajo? Hasta ahora no hemos ubicado alguna referencia o documento que nos lo explique directamente, pero diversos estudios sobre los procesos económicos y sociales de esa época nos clarifican el contexto.

El Ingenio de la Concepción estaba conformado a su vez por cinco haciendas (El Rosario, San Antonio, San José, San Vicente y La Concepción) fusionadas como una sola propiedad dedicada a la siembra de caña en una fértil planicie de clima cálido atravesada por ríos y rodeada de montañas, conocida como la cañada de Yosotiche. Ahí se procesaba, a mediados del siglo XIX, cerca del 20% de la producción de azúcar y panela en el estado de Oaxaca, además de una gran cantidad de aguardiente. Por esa época también fue un importante centro de población y lugar de intercambio de mercancías. Su territorio era atravesado por el camino real que durante el periodo virreinal comunicaba a la Mixteca Alta con Pinotepa del Rey y con el puerto de Huatulco.

En la época en que se elaboró el plano, sus dueños eran varios hermanos de ascendencia española, entre quienes destacaban Esteban Esperón, encargado de la casa comercial “Esperón Hermanos” (con sucursales en Oaxaca y Puebla) y José Esperón, quien tuvo altos puestos en la política estatal y llegó a ser gobernador entre 1874 y 1876. Dado que ambos solían residir en la ciudad de Oaxaca, cualquiera pudo haber sido quien cruzó caminos con Enrique Schleyer, encargándole la elaboración del plano.

La importancia industrial y comercial de La Concepción posiblemente no basta para explicar por qué se comisionó la elaboración de este plano. Varios investigadores, entre quienes destacan John Monaghan, Francie Chassen-López y Marta Martín Gabaldón, han estudiado y descrito la prolongada e intensa confrontación que se desarrolló durante la segunda mitad del siglo XIX entre los dueños de la Hacienda de la Concepción y las comunidades mixtecas ubicadas al oriente de la cañada de Yosotiche, particularmente con Santa María Yucuhiti, propietaria legal de varias de las montañas, terrenos planos y corrientes de agua colindantes con la Hacienda.

En 1856, los hermanos Esperón aprovecharon su influencia política y las recién proclamadas Leyes de Desamortización para comprarle a Tlaxiaco (que también poseía tierras en la cañada de Yosotiche) una serie de terrenos que podían proveer el agua, la madera y los lugares de siembra que les interesaban para ampliar la operación del Ingenio. Entre ellos se encontraban varios que Yucuhiti consideraba suyos y que le habían sido ratificados por las autoridades durante el periodo virreinal.

Aunque el plano de 1867 no contiene alguna indicación sobre los criterios considerados para delimitar el territorio del Ingenio, otro plano de La Concepción, elaborado en 1886 (probablemente basado en el de Schleyer), con una delimitación casi idéntica, incluye la siguiente leyenda: “Área que comprende los terrenos adjudicados en 1856 por el Ayuntamiento de esta Ciudad de Tlaxiaco a los señores Esperones”.

En su multicitado artículo sobre la desamortización de la propiedad comunal en la Mixteca,2 John Mongahan señala que en 1867 se intensificó la disputa territorial y los dueños del Ingenio denunciaron a Yucuhiti por invasión. Es posible que, en ese contexto, los hermanos Esperón hayan concebido que las destacadas habilidades de un cartógrafo del recientemente derrotado Ejército Imperial podían servir a sus intereses.

Lo que es seguro es que el plano de Schleyer fue utilizado en un momento posterior del mismo conflicto, que continuó por vías legales e incluso armadas durante las siguientes décadas. En su anverso se anotó que en el año 1900 este documento sirvió como base para un convenio entre algunos vecinos de Yucuhiti y Esteban Cházari Esperón, nuevo propietario del Ingenio que había pertenecido a sus tíos. Pese a las negociaciones, la disputa continuaría en los años siguientes y solo tendría un giro radical tras la Revolución mexicana.

1 Sebastián van Doesburg, Demián Ortiz, “Los mapas de la Sierra Juárez del ingeniero Enrique de Schleyer”. Boletín FAHHO Digital, No. 40 (Jul 2024), https://fahho.mx/los-mapas-de-la-sierra-juarez-del-ingeniero-enrique-de-schleyer1/

2 Monaghan, J. “La desamortización de la propiedad comunal en la Mixteca: resistencia popular y raíces de la conciencia nacional”. En: María de los Ángeles Romero Frizzi (Comp). Lecturas históricas del estado de Oaxaca. Vol. III: Siglo XIX. México: INAH/Gobierno del estado de Oaxaca. 1990.


Un miércoles de plaza entre las nubes

Cada que entro a un mercado de Oaxaca, algo se activa en mí. Tal vez son los montones de hierbas frescas, las frutas brillantes o todas esas voces que se mezclan entre ellas. De inmediato recuerdo mi infancia, cuando acompañaba a mi abuela a vender cazuelas de barro. Era tanto el ruido que no lograba distinguir qué le decían, pero recuerdo claramente una palabra que se repetía: trueque.

En ese entonces no entendía por qué no le pagaban con dinero, sino con productos como fruta, carne o tortillas. Años después comprendí que el trueque es una forma de intercambio que se ha practicado desde hace siglos y que aún permanece vivo en muchos pueblos de Oaxaca. Recordar esto mientras exploraba la exposición “El Reino de las Nubes” del Museo Infantil de Oaxaca me llevó a hacerme una pregunta: ¿y si el trueque, en vez de explicarse, pudiera vivirse desde que somos pequeños?

En el MIO impartir talleres es siempre una nueva aventura; correr de un lugar a otro en busca de pistas, ver a los niños arrancar verduras del huerto mientras están disfrazados de tlacuaches, o convertir la antigua bodega de los ferrocarrileros en un mercadito. Así nació “Detectives del trueque”, un taller en el que niñas y niños de Oaxaca, a través del juego, se tienen que convertir en exploradores de una historia viva.

Al iniciar el taller, tenían la misión de llenar sus bolsillos de la moneda más valiosa en nuestra pequeña ciudad zapoteca: el cacao. Para ello tendrían que realizar diferentes trabajos a lo largo de la exposición y recibir algunas semillas como recompensa.

Comenzamos en la sala de Arqueología, donde las miradas se dirigieron a la gran urna zapoteca de 8 Temblor. Luego, entre el silencio y el misterio, descendimos a la tumba en busca de un consejo de nuestros ancestros. Y quienes tenían más paciencia, se aventuraron a tejer en el telar, tal como todavía lo hacen algunos abuelos.

Más adelante, el ambiente cambió. La ciudad de nuestro juego se llenó del aroma del copal y así supimos que era momento de dejar atrás las malas energías. Podíamos pasar a hacernos una limpia con hierbas del huerto, en un instante que mezclaba juego y ritual. Después, la curiosidad nos condujo al piye, en donde descubrimos nuestros nombres con base en el calendario zapoteca.

Nuestras riquezas fueron creciendo, y con ellas la expectativa que sentíamos por alcanzar el siguiente reto. Pronto llegamos a la cancha, donde nos esperaba un duelo de juego de pelota. Ahí corrimos, gritamos y nos entregamos por completo a la emoción del partido. Al final, con el cuerpo cansado, pero aún con ánimo, ofrecimos un baile ritual al gobernante del Reino de las Nubes. Para entonces, ya no éramos solo visitantes en el museo: nos habíamos convertido en auténticos been zaa, habitantes de la gran ciudad de Monte Albán.

Entonces llegó el día de plaza. El pasillo que tantas veces habíamos recorrido era ahora algo completamente distinto. Estaba lleno de olor a hierbas frescas, montones de verduras de temporada y un gran escándalo de voces que gritaban al mismo tiempo:

“¡Pásele, pásele, marchanta!
¡Que no le digan y no le cuenten!
¡Lleve el romero pa’ la memoria, la
menta pa’l empacho!
¡Hierba santa pa’l estómago y té de limón pa’l resfriado!
¡Llévele, llévele, que se acaba!”

Con el bolsillo lleno de granos de cacao y el rostro iluminado de emoción y asombro, nos acercamos a cada uno de los puestos para intercambiar las ganancias por los productos que ahí se ofertaban. Regateamos, preguntamos y ofrecimos nuestras semillas a cambio de diferentes productos del mercado. Sin darnos cuenta, estábamos viviendo aquel trueque del que yo solo había oído hablar cuando era niña.

Ver que niñas y niños recorren todos los rincones del MIO, jugando e imaginando la vida de los antiguos zapotecos, nos confirma que la exposición didáctica infantil “El Reino de las Nubes” es mucho más que un espacio museográfico. Es un lugar donde pueden reconocerse, reencontrarse con sus raíces y sentirse parte de una historia que sigue viva.

En cada recorrido, en cada risa y en cada intercambio se abre la posibilidad de entender que esas prácticas no pertenecen únicamente al pasado, sino que siguen formando parte de quienes somos. Ahora me pregunto: ¿qué otras cosas que yo no entendía cuando era niña podríamos transformar en juego para compartirlo con quienes hoy empiezan a hacerse esas mismas preguntas?


Adabi en Michoacán: rescatando la memoria documental eclesiástica

La historia de la Iglesia católica en México se remonta a la llegada de los evangelizadores que acompañaban a los conquistadores. La relevancia de conocerla, estudiarla y, por ende, resguardarla radica en su valor dentro de la conformación de la identidad nacional, el sincretismo cultural y el peso relacional entre el poder civil y el religioso, que llevó a la conformación del Estado laico. Esta concepción es, en parte, la base que sustenta los años de trabajo que el equipo de Adabi lleva dentro de los archivos eclesiásticos; su rescate y organización le han dado, además, el reconocimiento de la institución religiosa. Un ejemplo claro de ello es el otorgamiento de la presea San Rafael Guízar y Valencia en 2022 por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

En lo que va del último lustro, Adabi ha enfocado sus esfuerzos en un proyecto un tanto ambicioso, pero bien planeado: el rescate de los archivos parroquiales de la Arquidiócesis de Morelia. La primera etapa, que concluyó a inicios de 2026, consistió en la organización de los archivos de 36 parroquias. El éxito de la labor fue tal que la asociación entabló, nuevamente, conversaciones con la Arquidiócesis con el fin de dar continuidad al trabajo y marcar la pauta para iniciar una segunda etapa de labores de rescate en junio pasado.

El equipo encargado de realizar los trabajos de rescate está conformado por dos personas que no solo están capacitadas para esta labor, sino que además comparten el interés de Adabi por la preservación de la memoria documental eclesiástica del estado de Michoacán.

En dos meses se ha logrado el rescate de los archivos de dos parroquias: San Pedro y San Pablo, en Zinapécuaro, y los Santos Reyes Teremendo; además, existe un tercer archivo que se encuentra en proceso de recuperación: el de Nuestra Señora de los Remedios, en Zitácuaro. La importancia de estos archivos radica en su antigüedad, ya que dentro de su documentación se encuentran expedientes de diversa índole que datan del siglo XVII. Por otro lado, cabe agregar que se trata de una región de gran relevancia por su temprana evangelización marcada por la presencia de Vasco de Quiroga (1470-1565), primer obispo de Michoacán, figura clave para la organización social y cultural en aquella época.1

En próximos boletines daremos cuenta de los avances de este gran proyecto, así como de los testimonios del equipo que se encuentra trabajando para lograr los rescates de tan importantes archivos.

1 Muy conocidas son las hazañas de Quiroga en pro de la educación de los indígenas. Fue un letrado legista que fungió como abogado y juez en España; ya en territorio de la Nueva España, se desempeñó como oidor. Una de sus más importantes contribuciones consistió en la puesta en práctica de algunas ideas de la Utopía de Tomás Moro, al fundar los pueblos-hospital; estos lugares eran más que casas de curación para los enfermos, ya que cumplían diversas funciones comunitarias y servían de habitación. El primero de ellos (ubicado cerca de la Ciudad de México) sirvió como un ensayo para la instauración de los siguientes, cuando Quiroga ya había sido nombrado obispo de Michoacán. Véase Fernando Campo del Pozo, “Don Vasco de Quiroga promotor de la educación indígena”, Revista Historia de la Educación Latinoamericana, vol. 13, 2009.


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