Un jonrón de arte y significado

Dentro de la cotidianidad del rey de los deportes, nunca hacen falta las cábalas y rituales que pasan de generación en generación, de bat en bat. Una de las más recientes es tocar el pie derecho de El Catcher, que espera a los aficionados en la explanada del Estadio Alfredo Harp Helú en la Ciudad de México. Desde la temporada inaugural del recinto, este gesto se ha transformado en una tradición que carga con el simbolismo y la esperanza de hacer que la mayoría de los asistentes se levante de sus butacas para celebrar cada hit, cada carrera, cada home run, hasta llegar a la victoria. Pero, aunque esta emblemática escultura sea reconocida por todos, pocos saben quién es el creador de este tótem.

Sergio Hernández es uno de los artistas plásticos mexicanos más importantes de la actualidad. Pintor, grabador, escultor y ceramista, cuyo universo creativo está construido por la tradición oaxaqueña, la mitología mesoamericana y sus vivencias personales, dentro de las cuales se encuentra el beisbol. Gracias a la colaboración con la Fundación Alfredo Harp Helú, el Museo Diablos exhibe en sus salas “Un jonrón de arte”, exposición temporal que cuenta con 48 piezas —curadas por el maestro Héctor Palhares— mediante las cuales los visitantes podrán acercarse al imaginario del maestro Hernández y su extraordinaria capacidad para transformar experiencias cotidianas en complejas construcciones simbólicas. Por medio de su plástica cargada de composiciones dinámicas y cromatismo vibrante, con pitchers, catchers, bateadores, guantes, bates y diamantes, el artista es capaz de transmitir la vertiginosa emoción que hace sentir un juego de beisbol.

Fotografías: Acervo del Museo Diablos Rojos

Este tipo de experiencias son muy valiosas para nuestro museo, ya que contribuyen y dan continuidad a lo que ha sucedido en nuestras salas temporales anteriormente: se trata de que nuestros públicos puedan tener acceso a artistas de la talla de los maestros Francisco Toledo, Demián Flores y ahora Sergio Hernández, quien recientemente ha ingresado al acervo del MET de Nueva York con seis obras realizadas entre 2017 y 2020. Es así que, hasta septiembre de este año, no habrá que ir tan lejos para poder disfrutar de esta fiesta de color y movimiento.


La cueva de Guilá Naquitz

El 1 de agosto se celebró el 16 aniversario de la inscripción de las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla como patrimonio mundial ante la UNESCO. Para conmemorar la actividad, la FAHHO Itinerante organizó un recorrido por tres de los abrigos rocosos que se encuentran en la región. La visita fue guiada por integrantes de la comunidad de Unión Zapata y la arqueóloga y socióloga Mtra. Adriana Giraldo. A continuación, les comparto un extracto de la entrevista realizada a la Mtra. Giraldo en la cueva de Guilá Naquitz, última parada del recorrido.

Muchas gracias por el acompañamiento en este inolvidable recorrido, Mtra. Adriana, ¿podrías contarnos en dónde nos encontramos?

Estamos ubicados en el Valle de Tlacolula, al sur de la ciudad de Oaxaca, en la comunidad de Unión Zapata. Aquí se conservan, como áreas protegidas, alrededor de 4900 hectáreas que comprenden varias comunidades, entre ellas Unión Zapata, Tlacolula y Díaz Ordaz. Estas comunidades protegen toda esta zona. El día de hoy, precisamente, visitamos tres cuevas en la comunidad de Unión Zapata: la Cueva de la Paloma, la Cueva de los Machines y la Cueva de Guilá Naquitz.

¿Por qué es importante este lugar?

Esta área es de una importancia única y excepcional, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Natural y Cultural. Estamos hablando de un patrimonio mixto que relaciona el territorio con los procesos culturales que tuvieron lugar en este espacio. Tiene que ver con la domesticación del maíz y de la calabaza, con vestigios muy antiguos e, incluso, con pintura rupestre.

Es un área de suma importancia porque en esta zona ocurrieron procesos culturales fundamentales: el paso de grupos nómadas a grupos sedentarios, el origen de la agricultura, el origen de la milpa misma.

¿Podrías contarnos cómo ocurrió este proceso de sedentarización?

Este territorio es sumamente importante porque tiene una ocupación muy antigua. Tenemos fechas que abarcan desde el 10000, el 6000 y el 4000 antes de Cristo. En esta región se han hecho evidentes procesos humanos que van desde los grupos nómadas hasta el sedentarismo, la domesticación de plantas y animales, así como el inicio del simbolismo, al dejar plasmados en las cuevas, en estos lienzos de piedra, símbolos y mensajes pictográficos.

Todo este proceso humano llega hasta el día de hoy. Pasamos de ser grupos nómadas a sedentarios en este valle. En América, este es uno de los ejemplos más importantes de ocupación continua: los seres humanos ocuparon estas cuevas y abrigos rocosos, y desarrollaron procesos que los llevaron a convertirse en grupos sedentarios, después a crear grandes ciudades-Estado como Monte Albán y, posteriormente, ciudades coloniales, como la gran ciudad de Oaxaca.

Oaxaca también ha sido reconocida por la UNESCO por su excepcionalidad. Actualmente cuenta con un desarrollo artístico y arquitectónico importante. Nuestros espacios tienen mucho que ver con conservar ese origen, darles importancia a nuestras tradiciones y gestionar y promover nuevas creaciones que nunca olviden ese pasado.

¿Existen algunos elementos tangibles que ejemplifiquen esta continuidad?

Tenemos representaciones pictográficas muy antiguas y vivimos en una ciudad con un despliegue artístico importante, con grandes galerías y artistas que desarrollan obras e imágenes impresionantes, también desde la literatura. Entonces, entender que todo ha sido un proceso continuo es fundamental.

Cuando veíamos en las cuevas las pinturas rupestres, observábamos cómo todos esos elementos naturales fueron interpretados desde lo pictórico, desde los colores, como el jaguar, por ejemplo. Vemos ese jaguar en la Cueva de los Machines y, si entramos a una galería en el centro de Oaxaca o pasamos por Monte Albán, encontraremos también representaciones del jaguar.

Es muy interesante ver esa continuidad que nos da la idea de que las cosas no son estáticas, pero tampoco se olvidan. Existe una continuidad en la línea del arte y de la arquitectura, y este entorno territorial también nos proporciona elementos que nos permiten crear desde aquí y generar ciertas iconografías que perduran hasta el día de hoy.

¿Cuál es la importancia de esta cueva en la que nos encontramos?

La Cueva de Guilá Naquitz es una de las más importantes de esta área, porque los vestigios que en ella se encontraron —a partir de las excavaciones e investigaciones encabezadas por el arqueólogo Kent Flannery en los años sesenta— permitieron nuevas interpretaciones desde una nueva concepción de la arqueología procesual y de la ecología cultural.

Se trataba de entender cómo los seres humanos y las comunidades se fueron adaptando a su territorio y de qué manera los procesos humanos se fueron desarrollando en espacios concretos que tenían que ver con su medio ambiente y con las necesidades que los grupos cubrían para sostener a sus propias comunidades.

En este espacio se han encontrado algunas de las fechas más antiguas relacionadas con el maíz y la calabaza. También tenemos otras de la época en Tehuacán, Puebla. A nivel regional, este lugar es muy importante porque aquí se han encontrado evidencias muy antiguas de estas semillas.

¿Cuál es la relevancia de estas cuevas en la vida cotidiana de los habitantes del Valle de Oaxaca?

Por sí mismos, el origen del maíz y de la agricultura son elementos muy importantes porque permiten el crecimiento de la población. Hacen posible que la población se agrupe en diferentes comunidades y que pueda crear excedentes de producción que, a su vez, permitan formar ciudades.

A pesar de que migramos o nos movemos por viajes, el concepto de sedentarismo sigue siendo importante para comprender a la sociedad actual.

A nivel holístico yo rescataría la visión del entorno, la perspectiva de los procesos humanos y también el enfoque de lo que las comunidades hacen actualmente con este tipo de espacios y con el maíz mismo, con la agricultura.

Por ejemplo, en las comunidades de esta área se protegen bancos de semillas y se organizan eventos que promueven y rescatan esta agricultura de forma natural. Después de haber pasado una pandemia, yo creo que nos dimos cuenta de que el campo y la agricultura son muy importantes en el sostén de la vida misma, en el sostén de estas sociedades sedentarias.

Entonces, creo que hay que reconocer cómo las mismas comunidades han sostenido y sostienen al mundo mediante la agricultura.

Entonces, ¿aquí se encuentran vestigios de los albores de la civilización actual?

Completamente. Yo les comentaba durante el recorrido que no solemos estudiar ni dar el reconocimiento que realmente tuvo esta región para el desarrollo mesoamericano y, posteriormente, para el desarrollo continental. Actualmente tenemos casi la misma dieta: maíz, frijol, calabaza y chile. Entonces, es necesario rescatar la base de la alimentación y la organización alrededor de la milpa como un núcleo fundamental en el desarrollo de las sociedades actuales.

Muchas gracias por la entrevista, Mtra. Adriana. Ha sido una visita excepcional. Más allá de la distancia recorrida, hemos viajado por una franja de tiempo que se extiende hasta los albores de la civilización mesoamericana. En este lugar se dibujaron las características fundamentales —como el arte y la agricultura— que nos hermanan con todos los pueblos de la tierra. Invadido por la magia del paisaje, me quedo con las palabras de Herzog revoloteando en la punta de la lengua: “Aquí despertó el alma humana”.


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