Boletín FAHHO Digital No. 65 (Ago 2026)

La inteligencia artificial en los museos,¿necesaria?

Salvador Maldonado

Durante la edición 2026 de Museum Week, un evento cultural digital nacido en Francia y respaldado por la UNESCO, cientos de instituciones culturales, museos, galerías y bibliotecas de todo el mundo compartieron contenidos, historias e iniciativas en redes sociales. Uno de los temas que despertó mayor interés fue el del papel de la inteligencia artificial (IA) en los museos. El Museo Textil de Oaxaca, participante desde 2015, también formó parte de esta conversación. Las propuestas fueron diversas: desde herramientas para mejorar la gestión de colecciones hasta aplicaciones para la mediación con visitantes y la investigación curatorial. Estas iniciativas abren una conversación pertinente para el ámbito cultural, y también invitan a reflexionar sobre la naturaleza misma de los museos y aquello que los hace relevantes.

La inteligencia artificial es una herramienta que forma parte de nuestra vida cotidiana, por ello, es comprensible que las instituciones culturales exploren sus posibles aplicaciones. Sin embargo, la cuestión no debería centrarse únicamente en qué es lo que puede hacer esta herramienta, sino en preguntarnos si los museos la necesitan y cuáles son los objetivos que se persiguen con su uso.

En algunos ámbitos, la IA puede ofrecer beneficios concretos. Por ejemplo, ayudar a organizar y analizar grandes cantidades de información, facilitar la catalogación de acervos, mejorar la accesibilidad de contenidos mediante traducciones e incluso realizar descripciones automatizadas. También puede convertirse en un medio para acercar colecciones y conocimientos a públicos que difícilmente podrían visitar un museo de manera presencial. En estos aspectos, este tipo de tecnología podría representar una oportunidad para ampliar el acceso al patrimonio cultural.

Sin embargo, los museos son mucho más que espacios donde se almacenan, clasifican o exhiben objetos e información. Por su parte, el MTO genera encuentros entre las personas y su patrimonio, promueve el diálogo y la reflexión, y construye puentes entre distintas formas del conocimiento. Cada exposición implica una serie de decisiones sobre qué historias contar, qué voces incluir y qué preguntas plantear al público. Son procesos que involucran investigación, experiencia profesional, sensibilidad y, sobre todo, una profunda responsabilidad ética.

Esta dimensión humana adquiere aún mayor relevancia en instituciones cuya misión está estrechamente vinculada con las comunidades que dan sentido a sus colecciones. Para el MTO, su trabajo no solo se limita a presentar textiles como objetos estéticos o históricos, pues, mediante diversas exposiciones, talleres, encuentros, investigaciones y proyectos colaborativos, busca fomentar un diálogo constante con las personas y las comunidades.

Desde esta perspectiva, resulta difícil imaginar que una herramienta tecnológica pueda reemplazar aspectos fundamentales de esa labor. El diálogo con una comunidad, la construcción de relaciones de confianza, la escucha de experiencias y saberes, o la comprensión de los significados que una pieza tiene para quienes la elaboran, transforman y utilizan, son procesos profundamente humanos. No se trata únicamente de reunir información, sino de establecer vínculos y reconocer contextos que están en constante transformación.

Algo similar ocurre con la curaduría, la museografía y la restauración. Estas disciplinas combinan el conocimiento especializado con la capacidad de interpretación y el criterio profesional. En un proceso de curaduría no solo se seleccionan objetos, sino que también se construyen narrativas, se plantean preguntas y se buscan conexiones que permitan generar nuevas lecturas sobre una colección. La museografía, por su parte, diseña experiencias espaciales y sensoriales que influyen en la forma en que el público se relaciona con los contenidos y el discurso de la exposición. La restauración exige, además de conocimientos científicos, una comprensión ética sobre los límites de la intervención y el respeto por la historia material de cada pieza textil.

La inteligencia artificial podría convertirse en una herramienta útil para apoyar algunas de estas tareas. Sin embargo, las decisiones fundamentales seguirán dependiendo de las personas responsables de cada proyecto. El conocimiento especializado, la experiencia acumulada y la sensibilidad que se desarrolla por medio del trabajo directo con las colecciones y las comunidades continúan siendo elementos que no se pueden sustituir.

Quizá uno de los riesgos de la conversación actual sea pensar que la innovación únicamente sucede en términos tecnológicos. Los museos han innovado durante décadas en sus propios ámbitos de acción, el MTO, por su parte, ha perfeccionado nuevas formas de participación, educación, investigación y colaboración social. Muchas veces, las transformaciones más significativas no provienen de herramientas digitales, sino de la capacidad de escuchar a las comunidades, incorporar perspectivas diversas y replantear las formas en que se construye y comparte el conocimiento.

Por ello, la discusión sobre la inteligencia artificial no debería plantearse como una elección entre tradición y modernidad, ni entre personas y tecnología. Más bien, representa una oportunidad para preguntarnos qué tipo de museos queremos construir y cuáles son los recursos que mejor responden a esa misión. En algunos casos, la IA podrá aportar soluciones valiosas; en otros, su papel será limitado o incluso innecesario. Lo importante es que cualquier decisión tecnológica debe estar al servicio de los objetivos culturales y sociales de cada institución, y no al revés.

La conversación impulsada por Museum Week invita a reflexionar sobre estas cuestiones. La inteligencia artificial seguirá evolucionando y probablemente encontrará nuevos espacios dentro del ámbito cultural. Sin embargo, la esencia de los museos posiblemente continuará recayendo en algo que ninguna tecnología puede replicar plenamente: la capacidad de generar encuentros significativos entre personas, conocimientos, objetos e historias. En diferentes museos, como el Museo Textil de Oaxaca, donde el diálogo cercano y participativo con las personas y las comunidades ocupa un lugar central, esa dimensión humana no es un complemento de la labor museística, sino su razón de ser.


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