Un día en Monte Albán*

Quienes estamos aquí reunidos para la presentación de este libro no necesitamos ser convencidos de las maravillas de Monte Albán. Transmitir al público la sensación de asombro que inspira este lugar es un gran desafío para los educadores. Hacerlo para los niños es un reto aún mayor. En mi opinión, este libro —escrito con destreza y mucha imaginación por Brenda Arango, Patricia García y Marichelle Romero, y maravillosamente ilustrado por Carlos Vélez Aguilera— cumple con ese objetivo tan elevado, aunque rara vez alcanzado. Sin duda, hay muchas más personas que participaron en la culminación de este volumen y, pese a que no aparecen sus nombres, todos merecen grandes elogios y felicitaciones. Este es un libro que triunfa en muchos ámbitos: en el cuento, en su estructura, en sus cualidades didácticas y en sus llamativas ilustraciones.
En cuanto a la narrativa, este libro cuenta la historia de dos hermanos —un niño y una niña zapotecos o binni záa— que viven en el periodo Clásico (500–850 d. C.) e invitan al joven lector a acompañarlos en un viaje que comienza antes del amanecer hacia la lejana ciudad de Monte Albán. El propósito de su viaje se mantiene en secreto y se oculta al lector para despertar su curiosidad y atraerlo hacia la travesía: no es hasta la mitad de la historia cuando se revela que presenciarán la coronación del nuevo rey de Monte Albán.
A lo largo del camino, los hermanos y su lector acompañante experimentan la cotidianidad como la vivían los habitantes de Monte Albán, desde la gente común y la nobleza, hasta la realeza. Durante su ascenso, desde el fondo del valle hasta la ciudad de Monte Albán, situada en la cima de la montaña, conocen y participan en algunas de las rutinas cotidianas y en los espectáculos que disfrutaban personas de cada estrato social.
En el río Atoyac, los niños pescan con el atlatl con cordel de ixtle, almacenan agua en un calabazo y descubren la flora y fauna del entorno. A continuación, ascienden a un barrio de gente común que habita en chozas de bajareque y se viste con ropa elaborada de fibra de maguey para el evento tan especial programado para más tarde. Luego pasan por una casa noble en Atzompa y, junto a la residencia, admiran a los artesanos mientras elaboran ollas enormes de cerámica para tepache. Más tarde, entran al mercado frente al Templo de los Danzantes y atestiguan el espectáculo del juego de pelota. Participan en las plegarias a Cociyo, dios del rayo (el dios zapoteco de la lluvia), en los templos y en el espejo de agua en el centro de la Plaza Principal. Entran en una casa noble cuyo amo —quien será el nuevo rey— consulta a los espíritus de sus antepasados, que se alojan en la tumba familiar subterránea instalada bajo el piso de la casa. Los niños y su compañero presencian la llegada de embajadores de Teotihuacán, quienes acuden para asistir a la coronación del rey. Terminan su día en el Observatorio, escuchando al sacerdote interpretar las señales de las estrellas para conocer el destino del nuevo rey.
Cada uno de los eventos mencionados anteriormente constituye un capítulo del libro y sigue la misma estructura. Recrea en texto e imagen lo que habríamos visto, oído, olido y sentido si estuviéramos ahí, mostrándonos a los habitantes, su entorno, su vestimenta y su equipamiento. Así, el joven lector va conociendo, poco a poco, por medio de una rica experiencia sensorial, el pueblo de Monte Albán, las actividades diarias, el entorno y su materia cultural.
Cada capítulo está acompañado por íconos de los animales, plantas y objetos en uso en el lugar. Es así como se invita al lector a participar activamente, buscando los mismos objetos ocultos en la gran ilustración que acompaña al texto de cada sección.
Esto nos lleva a la cuestión de las ilustraciones del libro, realizadas con gran destreza y atención al detalle por el maestro Carlos Vélez Aguilera.
Se trata de un libro de gran formato, de 27 por 27 cm, lo que se presta para la amplia ilustración panorámica que acompaña a cada capítulo. Por su perspectiva, cada ilustración transmite la fuerza y la majestuosidad que sentimos al estar en la Plaza Principal y en otros lugares de la antigua urbe. Además, varias ilustraciones más pequeñas enriquecen y complementan cada apartado.
Los colores seleccionados por Vélez Aguilera son sublimados. Tal vez esas tonalidades son una metáfora de que no todo es visible.
El artista presta mucha atención a los detalles de la materia cultural de los antiguos zapotecos. Por ejemplo, se reconstruye el Palacio de los Altares, los talleres de alfarería, todos en Atzompa, tomando en cuenta su diseño y los artefactos revelados ahí por las excavaciones arqueológicas. De la misma manera, el nuevo rey consulta a los espíritus de sus antepasados frente a la fachada de la famosa Tumba 104 excavada por los arqueólogos.
Otros artefactos zapotecos procedentes de sitios arqueológicos del valle de Oaxaca, al igual que las plantas y animales del valle, animan las guardas del libro.
La obra contiene un gran mapa de la Plaza Principal que ubica los lugares y las sedes de los eventos descritos a lo largo del cuento. Servirá como una gran ayuda para orientar a niños y niñas en la Plaza Principal, además de recordarles los eventos descritos en el libro cuando visiten Monte Albán.
Desde una perspectiva académica, hay que reconocer que este es un libro difícil de escribir. Si bien la arqueología de Monte Albán y del valle de Oaxaca es bien conocida gracias a las excavaciones pioneras de Alfonso Caso y a las de muchos otros que continuaron su labor, su historia es objeto de intensos debates y controversias. Intentar dar sentido a todo ello resulta para las autoras un gran desafío. Ellas han realizado una labor admirable al fundamentar su relato en la bibliografía arqueológica. Es posible discrepar en ciertas particularidades, pero hacerlo supondría pasar por alto el verdadero propósito de la obra: evocar la vida como se experimentó y se sintió en este antiguo lugar. En este aspecto, el libro triunfa y supera todas las expectativas.
Como ha quedado patente, las autoras abordan la tarea de adquirir conocimiento apelando a los sentidos. Los conocimientos llegan al intelecto del lector mediante la experiencia sensorial. Considero que la arqueología académica tiene algo importante que aprender de este libro: su apelación a los sentidos y a la maravilla de Monte Albán, así como de otros lugares que, en un principio, nos atrajeron a nosotros, los arqueólogos, hacia estos sitios imponentes.
Cabe destacar que el libro tiene un segundo público que no resulta evidente a primera vista: los adultos —padres de familia, maestros y bibliotecarios— que lo leerán a los niños o con ellos, o que organizarán talleres parecidos a los del Museo Infantil de Oaxaca. Sin duda, será tan apreciado por los adultos como por los niños.
Siempre pensando en su público principal, las autoras reconocen, como deben, la labor del joven lector por haber realizado el viaje. “¡Felicidades! No todos tienen el valor de emprender un viaje tan largo, pero tú lo lograste. Ya eres parte de quienes saben escuchar lo que cuentan las piedras, los árboles, las nubes y las estrellas… Monte Albán no es sólo un lugar antiguo: es un puente entre quienes fuimos, quienes somos y quienes seremos”.
* Dictada al público durante la presentación del libro en el Museo del Sitio de Monte Albán el día 26 de junio de 2026.