Memorias del II Simposio de Fuentes para la Investigación Musical

La asociación civil Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México se encuentra de plácemes al llegar a sus primeras dos décadas de actividad y decidió celebrarlo con música. El motivo no es del todo menor, puesto que parte esencial de nuestra memoria documental está representada por un vasto —y poco conocido— pasado sonoro que se resiste a quedar en el olvido.

Este pasado sonoro, consistente en una práctica musical que abarca más de tres siglos y medio de ininterrumpida actividad pende de lo que se denomina como “el manuscrito musical”. Tal como suena, estos manuscritos son documentos cuyo sentido y valor se reconocen gracias a su particular simbología.

Amén de los diversos factores que nos han distanciado de este mundo sonoro, hay que considerar que los músicos, desde principios del siglo XVI y hasta mediados del XIX, transmitieron su oficio al escribir, copiar y arreglar melodías en manuscritos.

Es decir, existe una abundancia de escritos musicales originales que se encuentran repartidos en espacios religiosos —como catedrales, basílicas, conventos y parroquias— y laicos —como colegios, conservatorios, museos y colecciones particulares—. Es este legado, precisamente, el que nos concierne aquí.

En México, el acceso a la música, así como su respectivo estudio, sobre todo dentro de la temporalidad mencionada, sigue siendo in situ. Esto quiere decir que hay que trasladarse al acervo o archivo que resguarde los manuscritos, buscar a la persona responsable y, literalmente, pedir permiso para consultar este mundo sonoro. Sin embargo, nos enfrentamos con una ineludible realidad. Los materiales musicales se encuentran, en el mejor de los casos, arrumbados en la parte superior de un librero, dentro de cajas, en algún cajón olvidado o desperdigados sobre una mesa; si bien forman parte de un corpus documental, hace falta una clasificación y un inventario —o un catálogo, que sería lo ideal— que permita su consulta, labor que continúa como un gran pendiente en nuestro medio.

Así, Adabi decidió organizar y auspiciar el II Simposio de Fuentes para la Investigación Musical. Acordamos que la premisa consistiría en invitar y reunir a colegas mexicanos y de otras latitudes para dialogar sobre objetivos e intereses comunes. El resultado fueron tres mesas que se presentaron entre el 7 y 9 de junio.

Primera mesa

Para dar inicio al Simposio, Édgar Calderón, desde Morelia, Michoacán, nos habló sobre los “Criterios y herramientas de documentación para la catalogación e investigación musicales novohispanos (Archivo
Musical de Santa Rosa, siglo XVIII)” para saber cómo aprovecharlos y encontrar concordancias existentes entre ellos. Por ejemplo, Calderón nos presentó el manuscrito que fue hallado recientemente en una bodega del Conservatorio de las Rosas, y habló del “Acto Primero” de la ópera seria La Mèrope, del compositor catalán Domingo Terradellas.

En segundo lugar se presentó “Discusiones en torno a la música sacra en la prensa mexicana del siglo XIX”, tema desarrollado por Antonio Moreno. Radicado en Santiago de Querétaro, Moreno se ha sumergido en el estudio de un periodo del que parece que se ha dicho todo, aunque en realidad todavía queda mucho por descubrir. Las discusiones sobre la música sacra en la prensa católica y liberal hacia fines de siglo XIX fueron puestas sobre la mesa con la idea de revisar si las opiniones de los periodistas de esa época fueron un intento de cambiar la realidad de la música sacra o de mantener la misma narrativa que se había visto envuelta por un estilo “profano y dramático”.

Por su parte, Jesús Herrera, docente de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, habló sobre los “Acervos musicales en posesión de particulares”; hizo un extenso recorrido que comenzó con su valioso trabajo de investigación sobre el Quaderno Mayner, manuscrito resguardado en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, para luego hacer mención de las seis sonatas “misteriosas” que contiene y cuya autoría seguimos sin conocer, lo que da pie a sus comentarios sobre las colecciones privadas familiares en este caso— y su relevancia al ser mudos testigos que vale la pena estudiar.

Se contó con la participación de Cristóbal Durán y Eduardo Escoto, originarios de Guadalajara, Jalisco, quienes impartieron las charlas “Música y memoria: Fuentes para el estudio de la cultura musical en Guadalajara, siglos XVIII-XIX” y “Valoración sobre la investigación de la música decimonónica en diferentes archivos de Guadalajara”, respectivamente. La ponencia de Durán es el resultado de un gran esfuerzo luego de estudiar ciertos fondos musicales —que incluyen libros de coro, manuscritos, códigos musicales, entre otros— hallados en algunas catedrales de ese estado, en la Biblioteca Pública de Jalisco y en otros archivos históricos. A la par, toma en cuenta la diversa documentación histórica administrativa, relevante para completar el estudio de tales acervos musicales. Para cerrar la primera mesa, Eduardo Escoto compartió una brillante perspectiva interdisciplinaria que abona al estudio de las fuentes musicales y extramusicales halladas en diferentes tipos de archivos; el investigador nos propone, en resumen, pensar en una mayor revaloración de nuestro patrimonial musical.

Comparación del introito de la misa de san Gabriel arcángel en los libros L35, ff. 61v-62 (inicios del siglo xvii) y L88, f. 74-75 (c. 1643). Obsérvese la presencia de notas de paso adicionales en el libro más tardío y las diferencias en la distribución del texto e, incluso, en las ligaduras (neumas).

Segunda mesa
Esta segunda jornada dio inicio con la charla del Dr. Aurelio Tello (Perú), quien nos compartió detalles de “La Colección Sánchez Garza: la catalogación como un proyecto musicológico”, un claro ejemplo de cómo se debe de hacer un catálogo musical. Hay que recordar que al lado de Tello también colaboraron Bárbara Pérez, Omar Morales y Nelson Hurtado, quienes tomaron cerca de 400 obras que alguna vez pertenecieron al Convento de la Santísima Trinidad de Puebla para ofrecernos un valioso documento de tal calidad que ya es un referente de consulta documental que puede visitarse en línea: Catálogo de publicaciones Adabi -Adabi de México, A. C. (fahho.mx)

Por otro lado, Antonio Ezquerro (España) ahondó sobre “Cuestiones en torno a la catalogación y estudio crítico de fuentes documentales en los archivos y bibliotecas de música españoles y su puesta en común”, una ilustrativa y metódica muestra en torno a la producción hecha en España de un amplio número de catálogos y trabajos de tesis sobre la historia de la música.

La segunda parte de esta mesa, presentada en inglés, inició con la participación de Houman Behzadi (EUA), responsable de la biblioteca de la Facultad de Música de la Universidad de McGill, quien nos habló sobre la idea de estos espacios como “ecosistemas” en los que el bibliotecario funge como un facilitador que conecta a la comunidad, el estudiante, el músico intérprete, el investigador y cualquier interesado, con los varios recursos documentales que tiene a su cargo. Como ejemplos de estos ecosistemas, el ponente mencionó los siguientes: Marvin Duchow Music Library | McGill Library – McGill University; Music special collections | McGill Library McGill University; Welcome! – Archival
Collections Catalogue (mcgill.ca)

La última participación de esta jornada estuvo a cargo de Jennifer Ward (Alemania), representando al Répertoire International des Sources Musicales, quien nos ofreció una visión global de la gran tarea que RISM ha desempeñado desde hace más de siete décadas, catalogando fuentes musicales de todo el mundo. Su base de datos cuenta con más de 1.4 millones de entradas que se encuentran libres para su consulta. La especialista añade que aunque la participación de Hispanoamérica comienza a ser visible, la suma de entradas solo demuestra lo mucho que esta región puede —y debe— aportar. Jennifer concluyó con una invitación abierta para cualquiera que quiera colaborar con RISM (véase: II Simposio Fuentes para la Investigación Musical – Répertoire International des Sources Musicales [rism.info])

Tercera mesa
Bárbara Pérez y Mónica Aguilera, académicas del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez, presentaron “Fuentes para el estudio del canto monódico en México: revisión y proyección”, teniendo como base los libros de coro de la Catedral de México. El proyecto de Bárbara y Mónica consiste en hacer un censo de las fuentes monódicas novohispanas sobre todo libros de coro en canto llano— que se encuentran en México, tarea que, señalaron, resulta compleja, ya que hay que localizar e identificar cada uno de estos monumentales e históricos documentos.

John G. Lazos, con su ponencia “Primer adelanto sobre los manuscritos musicales del antiguo Convento de Santa Clara en la Ciudad de Santiago de Querétaro”, dio una primicia de lo hallado en el Archivo Histórico Agustín González que se encuentra en el Conservatorio de Música José Guadalupe Velázquez. Entre los más de doce mil documentos que resguarda este archivo, existe un distintivo corpus de manuscritos musicales con referencias directas a Santa Clara, el cuarto convento de mayores dimensiones en Nueva España. Este proyecto finalizará con el catálogo musical que tiene prevista su publicación para principios del próximo año.

También se contó con la exposición “El Archivo Histórico del Conservatorio Nacional de Música y el Archivo Zevallos Paniagua: dos acervos para estudiar la música del siglo XIX”, a cargo de la especialista Áurea Maya. La doctora hace referencia a la importancia de la catalogación de acervos musicales y pone como ejemplo el caso de Cenobio Paniagua, compositor de Catalina de Guisa (1859), considerada la primera ópera mexicana. Maya lleva tiempo trabajando a fondo con el legado de este autor, investigación que ha dado como resultado el catálogo musical de su obra y la de su hijo, Manuel Paniagua.

Posteriormente, en 2017, llevó a cabo el rescate, edición y puesta en escena de Catalina de Guisa. Si hay algo con lo que uno sueña en este medio musical y archivístico, es el poder escuchar parte del
repertorio al que dedica años de estudio, y Áurea ha tenido la afortunada iniciativa de promover varias interpretaciones con jóvenes talentos mexicanos.

Finalmente, concluimos este Segundo Simposio con Luisa Vilar-Payá, catedrática de la Universidad de las Américas Puebla, con su ponencia “Deducciones a partir de sellos estampados en partituras y manuscritos de fines del siglo XIX y principios del XX”. Los sellos del Fondo Terrés, que consta de libros e impresos de música y que comprenden los años de 1930 y 1981, resultan fundamentales para entender la circulación y apropiación de un repertorio musical que también incluye varios de los nombres de sus intérpretes, la gran mayoría mujeres.

Agradecemos la iniciativa e interés de Adabi por rescatar y difundir parte fundamental de nuestro patrimonio sonoro, que, como hemos visto en los últimos años, se resiste a guardar silencio. Para aquellos que todavía no han tenido la oportunidad de ver y escuchar estas charlas, o también para los que gusten de repetir, adjuntamos aquí el enlace con las tres mesas y sus respectivos participantes: Adabi | Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibli… – YouTube



Francisco Toledo y su labor por las lenguas oaxaqueñas

Fotografía: Francisco Ramos.

La exposición que presentamos en las instalaciones de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, hasta el 20 de agosto, está dedicada a la inigualable labor de casi 50 años, en favor de las lenguas de Oaxaca, del maestro Toledo.

A Francisco Benjamín López Toledo (1940-2019) se le identifica como artista visual, pero esa caracterización se queda corta si consideramos todas las actividades y proyectos que desarrolló a lo largo de su vida: fue un prolífico impulsor de espacios culturales y promotor de numerosas causas sociales y ambientales. Además, contribuyó a la discusión pública y a la atención de temas esenciales como la conservación del maíz nativo, el destino de los archivos históricos oaxaqueños y la conservación de los espacios verdes.

Algunas de estas banderas las enarboló por solidaridad y empatía, mientras otras fueron más cercanas a su experiencia directa, como en el caso de su preocupación por las lenguas oaxaqueñas. Sus padres y abuelos hablaban zapoteco del Istmo, pero él y sus hermanos crecieron lejos del terruño; las vacaciones con familiares en Ixtaltepec y Juchitán no bastaron para que dominaran la lengua, y en su casa y en la escuela no se hablaba por temor a la discriminación, situación que aún experimentan miles de oaxaqueños y personas de otras latitudes.

Así, gracias a su experiencia directa, Francisco Toledo pudo apreciar la riqueza del universo cultural de su región de origen, pero también sus dificultades y necesidades. A lo largo de su vida mantuvo un interés personal por el zapoteco y también impulsó diversas iniciativas para el conocimiento, valoración y fortalecimiento de esa y otras lenguas indígenas de Oaxaca.

Tras vivir en París, con su formación y trayectoria artística consolidados, el maestro regresó por temporadas a Juchitán, donde ayudó a fundar la Casa de la Cultura con otros estudiosos como Víctor de la Cruz, Macario Matus, Gloria de la Cruz y Elisa Ramírez. Entre 1972 y 1983 este grupo impulsó proyectos editoriales en los que la lengua y la cultura zapoteca tuvieron un papel central. Uno de ellos fue la revista Guchachi’ Reza (‘Iguana Rajada’), publicación trimestral que integraba notas de cultura tradicional y aportaciones de la vanguardia artística de esa época. También lanzaron una serie de cuadernillos acerca de documentos, sucesos, personajes y tradiciones musicales y literarias vinculados con la historia y la cultura del Istmo, basados en investigaciones de campo y de archivo.

Tras establecerse en la ciudad de Oaxaca, a finales de la década de 1980, Toledo continuó gestionando proyectos editoriales en los que las lenguas oaxaqueñas tenían un lugar importante. Un ejemplo de lo anterior son las publicaciones sobre códices y otros documentos históricos y la reimpresión de obras en lengua zapoteca del periodo virreinal. Una de las iniciativas más acertadas y provechosas fueron las ediciones facsimilares del Arte y el Vocabulario en lengua zapoteca de Fray Juan de Córdova, fuentes fundamentales para el estudio de la lengua zapoteca. Estas obras, hasta entonces de difícil consulta, se volvieron más accesibles para investigadores, activistas y hablantes nativos gracias a los proyectos editoriales de Toledo.

Debido a su gran capacidad para establecer el diálogo entre texto e imagen, el maestro generó y aportó obra gráfica para publicaciones en lenguas mexicanas, incluyendo varias colaboraciones con su hija Natalia Toledo. Tal es el caso del cuento El tío coyote y el conejo, el libro Ba’ du’ gui ñapa ñuuna’ (‘El niño que no tuvo cama’) y La muerte pies ligeros, un cuento para niños escrito por Natalia que fue publicado en zapoteco, mixe, mazateco, chinanteco y mixteco, en cada caso con su traducción al español e ilustrado con la obra de su padre.

Los Premios CaSa (Centro de las Artes de San Agustín) son una iniciativa del maestro Toledo para estimular y difundir el talento literario de los hablantes de las lenguas indígenas de Oaxaca mediante una convocatoria anual que invita al público en general (no necesariamente a escritores profesionales) a presentar sus creaciones inéditas.

Tuvieron su primera emisión en 2011 y se han convocado ininterrumpidamente hasta el día de hoy, convirtiéndose en uno de los más importantes estímulos a la creación literaria en lenguas indígenas; a la fecha se han recibido más de 1 700 trabajos en ocho idiomas oaxaqueños y se ha podido premiar a 150 autores. En 2020 se instauró, adicionalmente, el premio FAHHO-CaSa dedicado a la memoria de Emiliano Cruz Santiago, joven lingüista originario de San Bartolomé Loxicha y hablante de zapoteco miahuateco, que falleció prematuramente en 2015. Cruz Santiago se dedicó con ahínco a la documentación, descripción y promoción de su lengua materna, y en su honor se instauró un estímulo que anualmente reconoce el trabajo de quienes, como él, promueven sus lenguas por iniciativa propia y generan importantes resultados en sus comunidades.

Fotografía: IAGO.

En sus últimos años de vida, Toledo coordinó la traducción, adaptación y publicación de una selección de fábulas de Esopo al zapoteco, mixteco, mixe, ixcateco y huave. También impulsó la generación de juegos y materiales didácticos en diferentes lenguas oaxaqueñas, con el objetivo de aportar materiales para la enseñanza y fortalecimiento de la lectoescritura.

Una vez que se retire la muestra de los pasillos de la BIJC, las publicaciones y materiales que la integran regresarán a los estantes, donde podrán ser consultados por nuestros usuarios.

Para facilitar la identificación de las numerosas publicaciones en las que participó, o que están relacionadas con el trabajo de Francisco Toledo, tanto la asociación civil Amigos del IAGO como nosotros hemos desarrollado listados que pueden ser consultados y descargados en las siguientes ligas:

https://drive.google.com/file/d/1HyQbwcQgjndhmn86mpgaIrCJjB3g0oGZ/view?pli=1&fbclid=IwAR3nCzMSCx-pv3T0L18bZCdQZKCq3C0mXIaFsMpw2jgrkE-OJrqcQjhBkk4

https://bijc.pages.fahho.mx/wp-content/uploads/sites/10/2023/04/Cata%CC%81logo-Toledo-BIJC-.pdf?fbclid=IwAR0fo7gHr7avT7kUX9DKRQi2LnL0hnhmu5gfSrG4DMo114Kw1ud2leF4AMQ


Para restaurar un textil…

¿Alguna vez te has preguntado acerca delos procesos previos por los que atraviesan las piezas que ves exhibidas en las salas del Museo Textil de Oaxaca? Los textiles que mostramos rara vez pasan directamente del depósito a las salas.

Los depósitos son los espacios donde resguardamos las piezas en las mejores condiciones posibles, lugares organizados y limpios. Algunos ejemplares se mantienen en plano al interior de cajones, otros se enrollan, algunos más se cuelgan. Cuando se eligen los textiles que irán a la exposición, primero se revisan con atención para verificar si están en condiciones de presentarse en las salas: checamos si hay roturas, arrugas, hilos sueltos, marcas de dobleces o agujeros. Algunos de los problemas más comunes que encontramos en este proceso son manchas y suciedad. Que un tejido esté sucio, no es algo que solo afecte la belleza de la pieza, sino que puede acarrear otros problemas que alteren la resistencia o el color de los textiles. Por ejemplo, una mancha provocada por óxido podría crear, con el paso del tiempo, un agujero en la pieza.

Para atender estas cuestiones, el MTO cuenta con un área de restauración donde cada textil se estudia de manera puntual para entonces decidir las acciones de intervención que se llevarán a cabo sobre él. Es importante enfatizar que los tratamientos de restauración no siguen recetas ni manuales, más bien, parten de lineamientos que nos orientan para tomar las decisiones más pertinentes en cada caso. La restauración exige conocimiento técnico y material específico. Es necesario saber, por ejemplo, qué fibras componen un huipil o de qué manera responden los colorantes utilizados en una blusa ante agentes limpiadores, como agua y detergente. De igual forma, es importante conocer los contextos de uso y los significados contenidos en los tejidos. Los textiles empleados en ámbitos religiosos son ejemplo de ello, ya que es común encontrar restos de cera o parafina sobre la superficie de las telas. Estos materiales son evidencia del uso que tuvieron los tejidos dentro de sus comunidades de procedencia, pues recordemos que la cera y la parafina son imprescindibles en la elaboración de velas.

A la izquierda se encuentra el huipil deteriorado y a la derecha después del proceso.

Cada problemática hallada en un textil requiere una solución hecha a la medida. Así, la restauración de textiles necesita paciencia, conocimiento y destreza para sujetar, por ejemplo, hilos sueltos de un bordado a través de puntadas diminutas realizadas con un hilo de seda que es tan delgado como un cabello. O bien, para lavar un huipil empleando agua que debe pasar por cuatro filtros que ayudan a contrarrestar la presencia de numerosas sales minerales que contiene el agua en la ciudad de Oaxaca. Lo mismo aplica para el desvanecimiento o eliminación de manchas a partir del uso de geles de limpieza, una técnica que se ha desarrollado en los últimos años y que apenas ahora hemos comenzado a incorporar en el laboratorio de restauración del mto. Desafortunadamente, algunas técnicas y procedimientos no han podido explorarse a profundidad en nuestro país debido, por ejemplo, a los precios elevados de ciertos materiales y equipos, así como a la dificultad de conseguirlos. De esta forma, la restauración de textiles no solo es radicalmente distinta a la ejecución de un mero recetario técnico, sino que es una profesión que se actualiza y continúa su desarrollo de manera constante, tal y como ocurre en el campo de la creación textil.


Las abejas nativas sin aguijón y su importancia en la polinización

Los pueblos originarios de Mesoamérica nos heredaron un tesoro de conocimiento y uso de la biodiversidad que se manifiesta en diversas expresiones bioculturales como la lengua, vestimenta, música, gastronomía, medicina y cosmovisión, por mencionar algunas. Este legado anida, principalmente, en comunidades cuyos sistemas productivos están basados en el autoconsumo y muy poco en la comercialización de los excedentes.

Por esta razón, dicho conocimiento se mantuvo resguardado y sin mayor difusión durante décadas, dado que no representaba un beneficio económico productivo; no obstante, se trata de elementos fundamentales que dan vida a las comunidades y que generan un mosaico de saberes del entorno natural.

En este contexto, las culturas mesoamericanas domesticaron cuantiosas especies de flora y fauna para su uso en la gastronomía y medicina tradicional, como en el caso de las abejas nativas sin aguijón (meliponinos). En México se tienen registros de 46 especies de abejas sin aguijón, o abejas meliponas, y Oaxaca cuenta con 35 de ellas.1

Dentro de estas 35 especies se encuentra la Nannotrigona perilampoides. Dicha especie no se emplea en la producción de miel para comercialización o consumo, pues durante un ciclo productivo apenas logra elaborar 100 ml por colmena que prácticamente consumen ellas mismas para su alimentación y reproducción. No obstante, el beneficio más importante que otorgan estas abejas es la polinización, tanto de flora silvestre como de especies vegetales cultivadas.

Al ser una especie nativa, sus características evolutivas les permiten polinizar flora local mediante tipos de polinización específica como la vibración, lo que las hace más eficaces. También resalta su tamaño, pues al ser más pequeñas pueden acceder a flores de tamaños más limitados. También sus hábitos al visitar las flores son diferentes y, por su gran actividad, realizan la polinización con mayor eficiencia.

Las abejas Nannotrigona perilampoides miden entre 4 y 4.2 mm, son de color negro mate en tórax, negro brillante en abdomen, poseen una antena café claro, ojos verdes y dos puntos claros muy finos en los bordes de la parte media del tórax que se notan a simple vista. En su mayoría, son abejas muy tímidas y se resguardan rápidamente ante cualquier disturbio; durante la noche cierran la entrada con un tejido de cerumen. En su estado natural anidan en troncos secos principalmente. Se encuentran en distintas regiones del estado de Oaxaca, razón por la cual se les conoce con distintos nombres (véase la siguiente tabla).2

Dado que se trata de especies polinizadoras, su protección y conservación es de suma importancia, pues desempeñan una actividad biológica fundamental para la permanencia y el equilibrio de los ecosistemas, sin embargo, hoy sus poblaciones se enfrentan a una disminución gradual por efectos del cambio climático global, la deforestación y el cambio de uso de suelo, el uso intensivo de agrotóxicos y la introducción de especies exóticas.

Actualmente, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca implementa actividades e intercambio de saberes encaminados a la conservación, manejo y cuidado de las abejas nativas sin aguijón.

1 Noemí Arnold, et. al Las abejas sin aguijón y su cultivo en Oaxaca, México. Conabio 2019.

2 Noemí Arnold, Catálogo de especies de abejas sin aguijón de Oaxaca, México. Conabio 2019



Trazos en el Museo Diablos

Gerardo Rivas Flores, mejor conocido como El Ipol, es un aficionado hasta el tuétano de los Diablos Rojos del México, quien, desde Barcelona, España, no deja de estar al pendiente de cada uno de los juegos del equipo escarlata.

Gerardo creció siendo un visitante frecuente del Parque del Seguro Social, donde se enamoró de la novena capitalina y comenzó a ligar la pasión por su deporte favorito y su fantástica habilidad para registrar sus memorias mediante dibujos que con el tiempo fue perfeccionando.

Ya en Europa, El Ipol se hizo notar en redes sociales con ilustraciones increíbles, lo mismo de estrellas de todos los tiempos que de jugadas actuales. Sus trazos cobraron tal notoriedad que logró establecer amistad con diferentes jugadores y personajes de la Marabunta Roja, quienes lo han recibido con gran alegría en cada uno de sus viajes de pisa y corre que organiza anualmente, sobre todo para inauguraciones de temporada o en los emocionantes playoffs.

Su presencia se volvió indispensable en la edición del libro Los Rojos, para ilustrar momentos brillantes de la historia incomparable de los multicampeones, logrando un trabajo lleno de nostalgia y alegría que ya forma parte de la colección más reciente del Archivo del Beisbol Mexicano.

Con generosidad y sin mucho tiempo para planearlo, Gerardo Rivas accedió a compartir su tiempo y talento con jovencitos entusiastas que participaron en un taller de dibujo en el Museo Diablos como parte de la celebración del primer año del recinto rojo.

Entre sonrisas y miradas inquietas, los talentosos participantes se dejaron guiar por su coach, logrando plasmar en su lienzo lo que más les llamó la atención durante su recorrido por el corazón del Diamante de Fuego.

Con esta actividad, el Museo Diablos reunió por segunda ocasión a pequeños dibujantes que con su participación han asegurado un lugar en un taller sorpresa que muy pronto se dará a conocer.


Las Bibliotecas Móviles Urbanas

Las Bibliotecas Móviles Urbanas son una alternativa que brinda servicio a todas las personas sin distinción de edad. Dado el carácter itinerante de estas bibliotecas, nosotros como personal tenemos contacto con distintas experiencias comunitarias que tienen en común el compartir con infancias, adolescentes y adultos. Pretenden ser el lugar en el que las y los usuarios puedan acercarse a nuevos mundos creados a partir de la lectura, donde la imaginación y el conocimiento compartido mediante los libros contribuyen a la formación de personas sensibles.

Actualmente esto es posible gracias a las dos bibliotecas móviles urbanas que cubren la zona conurbada de la ciudad de Oaxaca. Este proyecto se retomó en el año 2022, después de una pausa debido a la pandemia. A la fecha, la Biblioteca Móvil 1 cuenta con doce sedes: San José Hidalgo Atzompa, Fraccionamiento Reyes Mantecón, Teotitlán del Valle, San Sebastián de las Flores, Etla, Fraccionamiento Riveras del Atoyac, Santiago Ixtaltepec, Ánimas Trujano, La Ciénega de Zimatlán, San Agustín de las Juntas, San Antonio de la Cal y la Villa de Zaachila, sin dejar de mencionar el convenio de colaboración con la Dirección de Ejecución de Medidas para Adolescentes (D. E. M. A.).

Mientras que la Biblioteca Móvil 2 tiene once sedes: San Pedro Ixtlahuaca, San Jacinto Amilpas, Santa María Atzompa, San Francisco Lachigoló, San Lorenzo Cacaotepec, San Bartolo Coyotepec, Santa Cruz Amilpas, Lomas de Santa Cruz, Colonia del Maestro, San Jerónimo Tlacochahuaya y Nazareno Etla.

Durante el mes de marzo, las bibliotecas móviles urbanas alcanzaron 2 048 asistentes a sus actividades, quienes consultaron 1 786 libros en nuestra modalidad de préstamo in situ y a domicilio; así como la inclusión de 30 nuevas credenciales bibliotecarias. De igual manera, se implementaron distintas actividades como la lectura en voz alta, recomendaciones literarias y diversos talleres. Entre otras cosas, se realizaron lecturas individuales y colectivas, intercambio de leyendas de tradición oral, juegos mexicanos y préstamos de juegos de mesa. La existencia de las bibliotecas móviles es posible gracias al esfuerzo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, que se apoya en la Red de Bibliotecas Infantiles para su operación, y en las comunidades que se suman.

La influencia de estas se evidencia en el acercamiento de las y los antiguos usuarios que se entusiasman con las visitas que se retoman en sus comunidades, brindando experiencias que promueven a la Literatura de boca en boca. Seguiremos trabajando para alcanzar cada uno de nuestros objetivos, principalmente, formar comunidades lectoras.



“Espacios sagrados”

En algún momento, hace miles de años, cuando los humanos todavía eran aves, ciervos, osos, lobos… empezaron a asignar lugares para la experiencia de lo sagrado: un cerro, una cueva, un círculo en el suelo, un espejo de agua, un árbol; aunque, en sentido estricto, todo el espacio es lo que queda del primer evento sagrado; todos los mundos visibles e invisibles son el residuo de la creación que se renueva cada día.

Para esa renovación son necesarios los rituales, y que estos sucedan en lugares donde la experiencia humana se convierta en experiencia mística; en el ritual los eventos no son solamente humanos, son vida compartida con los dioses. Pues los dioses no pueden habitar el mundo (demasiado veneno) ni los humanos pueden habitar el cielo, aunque a veces logran conversar.

De acuerdo con la tradición védica no divulgada —y hasta la que sí lo es— el lugar en el que se lleve a cabo el ritual debe ser siempre un poco alto e inclinado ligeramente hacia el oriente y al norte, a partir de ahí se puede intentar reconstruir la conjunción entre pensamiento y mundo. Volver a poner en marcha la relación entre la mente y todo lo que fluye sin fin y sin principio, voluntad, conciencia, emociones, agua, números… eso es el origen de la actividad que llamamos “arte”.

La exposición instalada en el Centro Cultural San Pablo, “Espacios sagrados”, incluye la obra “Tooba”, de Shirin Neshat, producida en Oaxaca en 2002. En esta videoinstalación, la artista logra un vínculo entre la idea cristiana de Jardín del Edén y el árbol sagrado del Korán llamado, precisamente, “Tooba”, y también alude al libro Mujeres sin hombres, de la escritora Shahrnush Parsipur; en esa novela, una de las protagonistas se convierte en árbol, y en la obra de Shirin Neshat lo sagrado ocurre como experiencia al mismo tiempo del árbol y de la mujer en un espacio delimitado al que es difícil tener acceso.

La exposición también incluye un vitral del maestro Toledo producido en colaboración con Christian Tornton y Salime Harp en la empresa Xaquixe; se compone de tres piezas de vidrio con materiales plateados incrustados y colores rojos y azules en diversos matices, el dibujo de una cruz sobre una calavera sintetiza la imposibilidad de la experiencia total de lo sagrado mientras se está en un cuerpo. A pesar de que el destino de cada vida humana resulta indiferente a los dioses, en el momento en que distinguen a alguien dispuesto al ritual se agazapan en torno al lugar y permanecen atentos a su realización exacta. Sin embargo, cada paso del ritual está lleno de trampas, los enemigos acechan y es fácil engañarse. Cada pensamiento, cada imagen, cada palabra pronunciada, incluso en silencio, son importantes; cualquier equivocación implica un peligro mortal.1

“Espacios Sagrados” también incluye la obra “Riaba Riasa”, de Ana Hernández, que es una red dorada detenida en su caída sobre un espacio de carbón intensamente negro y sobre el cual hay peces de madera cubiertos de oro. Esos peces míticos simbolizan también todo lo que deseamos y es muy difícil de lograr. La tensión del deseo, tejida en una hermosa red que ofrece capturar los sueños más dorados, es ya una trampa.

Hernández nos recuerda con esta obra que, respecto a los recursos humanos, hay cosas que no pueden obtenerse, y muestra que el pensamiento occidental puede ser más rico si considera la imaginación y la poesía de la lengua zapoteca, o de otras lenguas antiguas, que nos ayuden a construir una mente más atenta a lo que ocurre en la experiencia que no es solamente humana.

La exposición también incluye obras de Alejandro Santiago, Fernando Aceves Humana, Fernando Franco, Melanie Smith, Sergio Hernández, Jacobo Ángeles, entre otros artistas; así como apuntes de la Dra. Denise Fallena y del Dr. Robert Markens, quienes organizaron el Coloquio Espacios Sagrados, en colaboración con las sedes de la UNAM en Ciudad de México y Chicago.

Este encuentro presentó las investigaciones más recientes sobre sitios rituales en América Latina y el Sur de Estados Unidos, y la exposición suma la perspectiva del arte como práctica que puede convertir una idea, un objeto, un pensamiento o una palabra, en un vínculo con lo sagrado; pues precisamente poner en marcha la relación entre la mente y todo lo que fluye sin fin y sin principio, voluntad, conciencia, emociones, agua, números… es el origen de esa actividad que llamamos “arte”.

1 Plinio cuenta que Tulio Hostilio fue alcanzado por un rayo cuando intentaba realizar el ritual de los Numa dedicado a Júpiter, porque se equivocó en un gesto mínimo.


Un pueblo llamado Milpa

La misión del Museo Infantil de Oaxaca siempre ha sido celebrar y compartir con la niñez toda la riqueza del patrimonio cultural y natural de nuestro estado. Entre las parcelas, rieles y vagones del MIO, miles de niños se inspiran en grandes artistas para pintar sus propias obras; sueñan con convertirse en artesanos, escuchan cuentos tradicionales y afinan sus miradas para buscar signos en los códices.

Ese fue el afán que nos guio durante el desarrollo de nuestras dos primeras exposiciones: “Rodolfo Morales: maestro del color” (2017-2019) y “Las sonrisas de Tamayo” (2019-2023). Sin embargo, cuando llegó el momento de definir el tema al que habríamos de dedicar la tercer gran etapa del museo, nos pareció justo y necesario volver al origen.

¿Y cuál es la raíz de las culturas oaxaqueñas? ¿Qué hay detrás de sus expresiones? ¿Qué tienen en común las lenguas y los textiles? ¿Qué une aquí a la medicina, la cocina, la pintura, el grabado, la música, las danzas, fiestas, costumbres, alfarería, arquitectura y hasta el duelo? ¿De dónde viene Oaxaca?

Nadie terminará jamás de responder estas preguntas, pues es precisamente en la pluralidad de entendimientos que radica la esencia de esta tierra. No obstante, sí hay una verdad universal en Oaxaca: todo lo que somos y todo cuanto sabemos lo aprendimos viviendo en el campo. La milpa es, después de tantos milenios de historia, la matriz cultural de nuestro mundo.

Las niñas y niños que a partir de este mes visiten el MIO descubrirán que cada milpa es un bosque hecho a mano, una sinfonía de plantas y bichos trabajando al compás del campesino. También verán por qué decimos que es un “patrimonio vivo”, un ecosistema, una forma de cuidar la tierra y la principal estrategia de vida de muchos de nuestros abuelos.

Al adentrarse en las nuevas salas del MIO contemplarán las distintas formas del maíz y pintarán con los colores de sus granos; se asomarán a una tumba zapoteca y gatearán dentro de una troje repleta de historias. En la cocina, que hemos renovado, molerán en metate, palmearán tortillas, batirán tejate y descifrarán con nosotros los secretos del nixtamal. No tendrán que salir del museo para jugar entre la milpa, pues cazarán quelites y calabazas bajo un cielo de papalotes azules. Finalmente, como tanto insistió el maestro Toledo, podrán sembrar en el huerto con sus propias manos, seguros de que cada granito de maíz que dejen en la tierra contiene el pasado y el futuro de la humanidad entera.

Eso, entre muchas cosas más, podrás encontrar en la nueva exposición didáctica “Un pueblo llamado Milpa”. Te invitamos a conocerla a partir del 26 de agosto, en el Museo Infantil de Oaxaca.


Experiencias que marcan caminos

En un tiempo prepandémico, el quehacer del equipo de Lectores Voluntarios —dirigidos por el Programa Seguimos Leyendo, de la Coordinación de Proyectos Educativos de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca— marcaba ritmos y espacios que se ajustaban a las necesidades que la sociedad y la praxis literaria requerían en esos momentos. Como el tiempo no se detiene, estas prácticas evolucionaron de manera involuntaria, sigilosa, paulatina y permanente, haciendo que todo cambiara. Algo parecido sucedió con el rumbo de las actividades y estrategias de este programa.

Hemos notado que los gustos, afinidades e intereses literarios de los lectores han cambiado, se han convertido en un acto que los deconstruye y hace evolucionar como los seres orgánicos que son. Al regresar a los espacios de lectura vemos que, a pesar de que algunos conservan sus ubicaciones y estructuras pedagógicas, los directivos, maestros y alumnos ya no son los mismos, muchos han decido recorrer otros caminos. En aquellos sitios en donde leíamos narrativa y jugábamos con el género lírico, ahora se disfruta de textos informativos con contenidos científicos como una propuesta fresca y diferente.

Es así como actualmente apostamos por el proyecto JUCOA: El Continente de los Libros Informativos. Se trata de un taller donde infancias de entre 8 y 11 años juegan, conocen y aprenden; las sesiones semanales son impartidas por un equipo de lectores amantes de la divulgación científica. Por fortuna, JUCOA está en una etapa de consolidación, pero hasta ahora ha sido bien recibida por nuestros queridos jucoamigos, quienes pasean y se divierten en el mundo de los fósiles y dinosaurios, clasifican parte de la flora y fauna local y observan diversos tejidos en el microscopio.

Otro de los proyectos que se han retomado es el de lecturas en voz alta en el Andador turístico, lo llamamos “Lecturas Callejeras”. La actividad se realiza en colaboración con la Librería Grañén Porrúa todos los jueves a las 17 h. Esta ha sido una aventura para quienes acuden a compartir sus libros además de una experiencia agradable para las personas que se detienen a escuchar. Una característica de estas sesiones es que se abre el micrófono para que cualquiera que vaya pasando lea algún fragmento de sus obras favoritas. En estos últimos meses se han realizado lecturas con temáticas diversas y nos ha acompañado turismo local y extranjero que queda maravillado con las actividades.

El uso de la tecnología y de las redes sociales nos hizo pensar en un reto para la Coordinación. Este verano se pone en marcha el taller #Soybooktuber, en el que las y los adolescentes aprenderán a crear contenido audiovisual de los libros que han leído para subirlos a Tik tok, Facebook, Instagram, YouTube, entre otras plataformas. Se busca que quienes participen conozcan el proceso de creación de contenido, y para ello nos acompaña un invitado especial: el maestro Carlos Cruz Kruzdhi, quien tiene una larga trayectoria en la elaboración de contenido audiovisual en el estado.

Otra opción para este verano es el taller Nueve lunas para arrullarte, una iniciativa dirigida a mujeres embarazadas. En este mágico encuentro se busca crear una conexión con el bebé mediante la estimulación prenatal que incluye juegos, nanas, lecturas y arrullos. Las asistentes elaborarán un libro de estas experiencias que será el primero de su hija o hijo. Cada una de las sesiones fueron pensadas para cada una de las etapas del embarazo y en una de ellas nos acompañará un profesional en la materia. Este espacio, sin duda, abrirá el camino para acercar a las madres y padres a la palabra poética mientras esperan nueve lunas para acoger entre arrullos a su bebé, trayendo a su memoria los cantos de su infancia.

Las actividades que realizamos desde la Coordinación son un impulso para renovarnos y seguir promoviendo el amor por la lectura. Próximamente estaremos comentando un poco más sobre el Círculo de Lectura “Cucharadas de Poesía” y el inicio de la Décima Edición del Diplomado Internacional en Promoción de la Literatura Infantil y Juvenil.


Barros de Oaxaca

En Oaxaca no podemos dejar de hablar de los distintos tipos de piezas utilitarias y ornamentales que existen gracias al barro. Esta especie de cerámica que existe en nuestro estado es herencia viva de las culturas milenarias; las grandes maestras y maestros del arte popular son guardianes de estas técnicas y gracias a los descubrimientos en las diversas zonas arqueológicas podemos admirar que las técnicas que hoy existen son muy antiguas.

Un ejemplo de ello son las piezas utilitarias de San Bartolo Coyotepec. Se trata de piezas cocidas en su totalidad que al ser sacadas del horno adquieren un tono grisáceo mate o platinado, estilo observado en elementos descubiertos por excavaciones arqueológicas en Monte Albán.

Santa María Atzompa es otro punto importante para conocer esta tradición oaxaqueña. Dicha comunidad es reconocida por ser un pueblo alfarero que elabora cerámica con vidriado verde, aunque este fue introducido después de la Conquista.

Otro hallazgo importante en la zona arqueológica de Atzompa fue el descubrimiento de un horno prehispánico que tiene la misma estructura de los que aún se utilizan en la comunidad; hoy en día, Atzompa se dedica a la elaboración de piezas utilitarias para la cocina y piezas ornamentales.

Al hablar de la elaboración de cerámica debemos comprender que el material es distinto de una comunidad a otra: los elementos que le dan vida a cada una son únicos y con una combinación adecuada se puede llegar a la creación de la misma. Y no podemos olvidar la presencia de los cuatro elementos que ayudan al alfarero a crear las piezas que se siguen elaborando con los mismos patrones y para los mismos objetivos.

Si visitamos la Sierra Mixe también podemos conocer comunidades que se dedican a la tradición alfarera heredada por generaciones, cuyas piezas de gran formato son muy características, ya que su elaboración conlleva un gran reto y su acabado toma mucho más tiempo. Las piezas tradicionales de estas comunidades son los cántaros de múltiples bocas y las ollas que funcionan para cocinar y almacenar agua. Una pieza que es utilizada en la actualidad en esta zona es el patojo, una pequeña olla alargada que ha sido utilizada desde la antigüedad para colocarse en los fogones y mantener el agua caliente.

Te invitamos a conocer las piezas elaboradas con la gran variedad de barros de Oaxaca que se encuentran en nuestras distintas salas. Visítanos en Av. Independencia 1003, Oaxaca, Centro.


IX Foro Itinerante “Unidades de información y diversidad cultural”

Del 12 al 14 de julio se llevó a cabo la IX edición del Foro Itinerante de la Red de Unidades de Información de Oaxaca, en la que participaron bibliotecas de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, otras pertenecientes a universidades públicas y privadas e instituciones de la sociedad civil. En esta ocasión, las sedes que cobijaron las diferentes mesas fueron la Biblioteca Beatriz de la Fuente (UNAM), la Biblioteca Francisco de Burgoa (UABJO) y la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío (Mufi).

En esta edición del Foro, que tuvo por nombre “Las Unidades de Información y la Diversidad Cultural”, se tuvo como objetivo el intercambio de conocimientos y experiencias sobre las formas en las que las Unidades de Información gestionan sus colecciones, servicios y/o procesos para atender comunidades cultural y lingüísticamente diversas; por lo que cada participante dio testimonio de los proyectos que llevan a cabo en diferentes comunidades dentro y fuera del estado: en la Universidad Tecnológica de la Sierra Sur de Oaxaca, en Comachuén, Michoacán, en la Universidad de Cienfuegos, en Cuba, en la Universidad Nacional Autónoma de México y en Santa Catarina Minas, Oaxaca, por mencionar tan solo unos ejemplos.

Algunas de las ponencias que se impartieron en los tres días que duró esta emisión fueron: “Des-racializando la diversidad cultural: una cuestión de dignidad”, “Experiencias comunitarias en el acceso y gestión de literatura para las infancias en contextos rurales”, “Las bibliotecas públicas y la diversidad sexual en los acervos de México”, “La Biblioteca de Semillas”, “Gestión corresponsable de proyectos y acervos lingüísticos jny’on nda”, “De la biblioteca monolítica a la biblioteca multicultural: una reflexión en torno al quehacer bibliotecario”, “Cartillas indígenas: Colección de cartillas de lectoescritura del Instituto Lingüístico de Verano” y “Breve historia sobre la inclusión y la accesibilidad de las bibliotecas en Oaxaca. Tecnologías adaptadas para acercar información a personas ciegas y con baja visión”. Además, se compartieron dos talleres: “Airtable para bases de datos” y “Taller práctico de Wikipedia y proyectos hermanos”.

Luego de casi diez años de realizar este foro (además de La Noche de las Bibliotecas), la ruio se va consolidando como una organización clave para la cooperación entre las unidades de información en Oaxaca y el foro como un espacio de vinculación e intercambio de conocimientos y experiencias entre profesionales de la información a nivel internacional.

Les invitamos a consultar sus redes sociales o su página web: https://udisoaxaca.wordpress.com/


La digitalización y catalogación de las cartillas en lenguas originarias: Una colaboración con la Universidad Estatal de San Diego

Si bien existen antiguas y extraordinarias tradiciones de escritura en las lenguas originarias de Mesoamérica, estas son difíciles de apreciar por su naturaleza fragmentada y de difícil acceso. Por ello, una de las metas de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca es hacer que estas tradiciones sean más conocidas y accesibles para personas de Oaxaca y de todo el mundo. Así, ha reunido una de las colecciones de materiales en lenguas mesoamericanas más importantes en México que abarca un periodo desde mediados del siglo XVI hasta la actualidad.

En el México posrevolucionario, la escritura en lenguas originarias fue patrocinada por el Estado como parte de una política educativa nacional, cuyo objetivo final era promover la alfabetización en español. En colaboración con organizaciones como el Instituto Lingüístico de Verano y el Instituto Nacional Indigenista, la Secretaría de Educación Pública imprimió cientos de pequeños libritos en lenguas mesoamericanas que fueron diseñados para promover la alfabetización. Estas publicaciones de alfabetización suelen ser de pequeño formato, por lo que se les ha denominado “cartillas”.[1] Los materiales pueden incluir explicaciones del alfabeto y la ortografía de las lenguas indígenas, así como cuentos, traducciones e información educativa sobre temas como la salud, la geografía, la historia, la gramática y la ciencia. Hay esfuerzos por rescatarlos del olvido; es el caso del proyecto de Adabi de digitalización de cien cartillas o el colaborativo de la Biblioteca Daniel Cosío Villegas de El Colegio de México y el Instituto Lingüístico de Verano, A. C., con quienes tenemos comunicación.2

La BIJC alberga una de las colecciones más importantes de este tipo de publicaciones en México. Incluye la colección personal de cartillas de Lorenzo Cossío y Cosío, cartillas de la oficina de Mitla del Instituto Lingüístico de Verano y cartillas que habían pertenecido a investigadores, como Thomas Smith-Stark y Michel R. Oudijk.

Estas publicaciones presentan múltiples desafíos para su catalogación. Debido a su pequeño formato y distribución local, a casi ninguno se le asignó nunca un número de ISBN, una cadena alfanumérica internacional que sirve única para identificar datos básicos que permite a las bibliotecas, librerías y lectores rastrear libros y estandarizar la información sobre la editorial, el título y la información del libro, lengua y edición. Asimismo, no existe un catálogo de autoridades de estos libritos ni una bibliografía completa de lo producido. A menudo, la única forma de saber qué se produjo es tener acceso a un ejemplo. Sin embargo, a menudo las ediciones eran pequeñas, en algunos casos con solo decenas de ejemplares. Por lo tanto, el acceso es un tema crucial.

Las ortografías para escribir las lenguas también presentan varios desafíos especiales. Primero, las ortografías de mediados del siglo XX a veces usaban caracteres que no son parte de Unicode; es decir, un estándar de codificación para la representación y manipulación de textos expresados en los muchos sistemas de escritura del mundo. En segundo lugar, las ortografías de muchos idiomas han cambiado con el tiempo. Por ejemplo, una cartilla de 1961 con el título mixe “Cotsu Uu‘m N’ayoocamda”, hoy se escribiría “Kötsï ïï’m n’ayöökamta”. ¿Cómo se puede hacer recuperable esta información para los hablantes de mixe? Finalmente, las cartillas no siempre indican la variedad en que se está escrito. ¿Se escribió una cartilla mixteca en la variedad de San Miguel el Grande, la de San Esteban Atatlahuca o la de Santo Tomás Ocotepec? El análisis lingüístico, combinado con la contextualización histórica, puede hacer la determinación.

Para hacer frente a estos desafíos, la BIJC y la Biblioteca Universitaria de la Universidad Estatal de San Diego (SDSU por sus siglas en inglés) se han asociado para digitalizar y catalogar esta colección, y así abrirla para los usuarios de hoy. Gracias a un proyecto especial del rector de SDSU, Yunitza Vásquez Vásquez, con orientación de Lisa Lamont (jefa de colecciones digitales de SDSU), comenzó a trabajar la colección de cartillas de la BIJC en abril. Ha escaneado, página por página, más de 120 cartillas en mixteco, mazateco, zapoteco, cuicateco y náhuatl. También está elaborando un inventario detallado en donde se identifican datos como: los títulos en la lengua originaria y su traducción, fecha de publicación, variedad en la que se escribió, lugar de edición, autores, número de páginas, número de ejemplares, características físicas de cada cartilla, entre otros datos. Una vez que esta fase del proyecto haya finalizado, las cartillas estarán disponibles en línea para que puedan acceder a ellas tanto los hablantes de estas lenguas como los investigadores y se buscarán fondos adicionales para terminar de digitalizar y catalogar toda la colección.

[1] Véase “Cartillas en lenguas indígenas del convenio SEP-ILV.” Boletín de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, 24 (mayo-junio de 2018): 9

2 Puedes visitar el sitio: https://cartillasindigenas.colmex.mx/#/


Torneo de basquetbol FAHHO-Oaxaca 2023

Con la movilización de más de cinco mil basquetbolistas en todo el estado, concluyó de manera exitosa el torneo Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca 2023, en el complejo deportivo Hermanos Flores Magón de la capital estatal.

La doctora María Isabel Grañén Porrúa, presidenta de la FAHHO, entregó los premios a los ganadores: en la rama varonil categoría libre, Valle Oaxaca venció 56-51 a Puerto Escondido y en la femenil, la Mixteca dio cuenta de Valles Centrales por 44-38.

El torneo se llevó a cabo desde el 6 de mayo hasta el 11 de junio con las finales en las cuatro categorías, tanto las libres en ambas ramas y la juvenil de 18 a 20 años para basquetbolistas originarios de Oaxaca. Los dos equipos ganadores recibieron un premio de parte de la FAHHO de $40 000.00 y $20 000.00 para los dos segundos lugares más un kit deportivo, este último premio también se entregó a los equipos semifinalistas.

El torneo llegó hasta los municipios más recónditos de las ocho regiones del estado. Sin duda, el basquetbol es uno de los deportes más queridos y apreciados en México y en Oaxaca no es la excepción, ya que cuenta con más de 3 525 canchas, distribuidas en sus 570 municipios, de ahí el gran interés de la FAHHO por llevar a cabo este torneo.

Así como en otros estados el principal deporte practicado es el futbol, en cada municipio de esta entidad no puede faltar la siguiente disposición: el palacio municipal, la iglesia y una cancha de basquetbol, pues esta vigorosa disciplina es parte de una identidad y de la cultura de nuestra tierra.

Está comprobado, además, que el deporte, la cultura y las actividades físicas promueven la cohesión social, la participación comunitaria y generan situaciones positivas para la salud, por ejemplo, la disminución del sobrepeso, la obesidad, diabetes, hipertensión y cardiopatías.

A este evento se incorporaron las asociaciones que promueven el basquetbol en la entidad mediante la participación y convocatoria del Instituto del Deporte del Estado de Oaxaca, con base en ello se tuvo la participación de casi 500 equipos con un marcado acento en la equidad de género.

Como es característico en las actividades que promueve la FAHHO, se entrelazan el deporte con el arte y la cultura, por ese motivo los premios son unos bellos trofeos de barro realizados por el artista oaxaqueño José Luis García.


Cita con la música

La cita a los conciertos de la Fonoteca Juan León Mariscal siempre es la misma: jueves, siete de la noche, Centro Cultural San Pablo. Entrada libre. Quien guste asistir solo tiene que llegar minutos antes de la hora y sumarse a la fila que hacen en el Atrio los primeros invitados, sentados al filo de la jardinera, para ingresar cuando se les indique y disfrutar del recital de la noche.

Ese día, o mejor dicho, esa tarde, mientras cae la noche y llega la hora de abrir las puertas del Claustro, los maestros Roque Ignacio Martínez y Aristarco Pérez García —en ocasiones acompañados por Manuel Martínez—, dan la bienvenida a los pacientes asistentes con música de chirimía: flauta y tambor que en San Bartolomé Yatoni —de donde son originarios— y otras comunidades de Oaxaca y México suelen acompañar y anunciar las festividades más importantes. Ricardo Rodys, el coordinador de la Fonoteca, ha escrito en el Boletín FAHHO sobre esta tradición: https://fahho.mx/tres-an%cc%83osde-chirimia-en-los-conciertos/.

En San Pablo, la espera es un microconcierto de chirimía que se acaba pasando las siete, cuando el portal se abre y los músicos entran y avanzan sobre el pasillo hasta llegar al escenario, mientras, los invitados se apresuran y escogen el mejor sitio para ver y escuchar a los protagonistas de la noche.

Comúnmente los recibe un elegante piano de cola, un Steinway & Sons donado por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca a la Fonoteca. Pierre-Arnaud Le Guérinel y la maestra Úrsula Topete son pianistas que se han sentado en él para interpretar a Chopin, Listz, Brahms o algún arreglo de la vasta música tradicional oaxaqueña, según lo marque el programa.

Otras veces, en lugar del piano hay atriles, dos o tres, el número depende de los músicos que integren la agrupación invitada. La Camerata Oaxaca es una de ellas. A lo largo del año se preparan conciertos temáticos, alusivos a las festividades de la ciudad. En julio, por ejemplo, interpretan un repertorio con música que se escucha durante el espectáculo de la Guelaguetza, en el Cerro del Fortín; en septiembre tocan obras de compositores mexicanos para conmemorar el Día de la Independencia y en noviembre a la Revolución; en Todos Santos el Réquiem de Mozart, y en Navidad los tradicionales Villancicos.

En su primera década de vida, la Fonoteca ha recibido un sinnúmero de solicitudes de artistas locales, nacionales y extranjeros que buscan su foro para compartir, aquí en Oaxaca, la diversidad de músicas que existen en el mundo. Para comprobarlo solo hay que asistir a la cita de todos los jueves a las 19 horas, en el Centro Cultural San Pablo, la entrada, les recordamos, es libre. También pueden seguir la transmisión en vivo que se hace por las redes sociales de la Fonoteca, San Pablo y la FAHHO.


El agua bendita de buen augurio: 25 años del Mufi

Cinco lustros han pasado desde ese día que del cielo cayó la primera lluvia del año, la más esperada; y justo en ese momento, en pleno julio, inauguramos el Museo de la Filatelia de Oaxaca, único en su tipo, y el que se convertiría en un espacio de convivencia para la comunidad. ¡Agua bendita de buen augurio! En ese año de 1998, el acervo del Mufi comenzó con dos colecciones, una de José Sayeg Helú, con estampillas de todo el mundo, y la de Alfredo Harp Helú, quien comenzó a construirla desde niño, visitando las embajadas y pidiendo a sus conocidos esas diminutas piezas, colocadas en los sobres, que tanta emoción le causaban. Mientras organizaba sus piezas, aprendía sobre geografía, historia, ciencias naturales y hazañas de grandes personajes: sin saberlo, fomentaba una disciplina que lo convertiría en todo un coleccionista de estampillas postales, con un interés especial en la filatelia mexicana. Así que de una afición, que pareciera irrelevante, nació el Mufi, una fábrica de sueños para los filatelistas profesionales, un sitio de asombro para quienes cruzan su umbral, un lugar de encuentro para las familias que descubren el mundo por medio de sus colecciones y un espacio de disfrute para el público en general.

Como aficionados al coleccionismo filatélico, ha sido para nosotros un enorme placer ver nutrirse este sueño dedicado a tantas personas que, sorprendidas, podrán observar una obra y preguntarse cómo es que alguien, a quien no se conoce personalmente, tenga tan claro aquello que se ha querido decir durante toda la vida. A diferencia de otros espacios museísticos que exhiben obras de gran formato, el Mufi resguarda una cantidad inimaginable de pequeños recuadros que condensan datos geográficos, temas diversos y estilos artísticos que funcionan como diminutas cápsulas del tiempo e interesantes clases de historia sobre cualquier rincón del mundo. Es tal la riqueza y la belleza de las estampillas postales que el museo también ha podido ser un motor que impulsa la creatividad de quienes lo visitamos, especialmente de los niños que tienen un lugar preponderante en nuestras actividades.

En un mundo donde las cartas y el género epistolar han sufrido transformaciones decisivas, el Mufi brilla y se convierte en custodio de especímenes raros y curiosos capaces de inspirar a poetas, artistas, científicos, deportistas, especialistas y público en general. A las dos colecciones con las que iniciamos se han sumado otras, ya que numerosas personas han decidido donar sus acervos porque consideran que este espacio es ideal para conservarlos, estudiarlos y difundirlos. Así, el acervo reúne miles de objetos —entre los que destaca una pequeña e interesante colección de monedas mexicanas— que le permiten a nuestro museo ser un punto de referencia gracias a la bóveda que guarda esos tesoros.

Otro personaje que se unió al proyecto desde el inicio fue Manuel Cossío Gabucio, amigo de Alfredo, quien donó la biblioteca de su padre, don José Lorenzo Cossío y Cosío, especializada en filatelia. Con el paso de los años, esta se enriqueció y hoy cuenta con más de 6 000 ejemplares que incluyen algunos manuscritos, impresos, boletines, catálogos, literatura filatélica, álbumes con estampillas de correo aéreo, timbres clásicos de México, fotografías, correspondencias, estudios sobre emisiones, notas periodísticas, diplomas, utensilios filatélicos, reconocimientos, entre muchos elementos más. ¡Un deleite para cualquier curioso e investigador y de donde han surgido tantas historias conmovedoras!

Otro gran aliado en este andar ha sido Enrique Trigueros Legarreta, quien ha sabido darle impulso al Mufi en el mundo de los filatelistas, ha promovido encuentros internacionales y ha logrado traer magníficas colecciones y exposiciones para difundirlas en Oaxaca. Es una dicha tenerlo tan cerca y aprender de él.

Nuestra casa también ha ido creciendo, pues la familia y las colecciones cada vez se vuelven más numerosas. Afortunadamente, logramos adquirir los predios vecinos, formando con sus cinco hermosos patios un laberinto: cada uno posee un atractivo especial que vuelve la estancia de nuestros visitantes todavía más agradable. Además, la oferta cultural atrae a todo tipo de público para disfrutar conciertos, exposiciones, presentaciones de libros, proyecciones de películas, o simplemente para deleitarse con una taza de café, sentarse a escuchar música, escribir o contemplar los jardines y su bella arquitectura.

Así, en el transcurso de un cuarto de siglo, el Mufi se ha ido nutriendo en contenido y espacio hasta convertirse en un centro cultural, un lugar de reunión, convivencia y aprendizaje del que nos sentimos muy orgullosos: hemos creado una comunidad que busca un respiro de belleza, armonía, paz, arte y cultura. ¡Muchas felicidades! ¡Gracias, Mufi y Alfredo Harp Helú, por estos años de alegrías y grandes logros! Sin duda, ¡cayó el agua bendita de buen augurio!


Estampas de un espacio: XXV Aniversario

¿Cuántas historias puede albergar el Museo de la Filatelia de Oaxaca? Incontables, y más cuando se trata de un espacio creado con el propósito de resguardar estampillas postales de todo el mundo que, a su vez, se relacionan con un sinfín de tópicos que redescubren la historia misma y que, al formarse en colecciones expuestas, generan el espacio museístico.

25 años de vida del Mufi se dice fácil, pero resumir su historia, hablar de un antes y un después de su arquitectura o de los objetos que lo conforman, no es sencillo.

En la vida cotidiana del museo se generan exposiciones, se clasifica y cataloga el material filatélico; se planean, diseñan y desarrollan distintos proyectos; se preserva y difunde el acervo y se promueve el arte y la cultura. En un recorrido se narra la historia de los “Comecartas”, del “Penny Black” y del “Hidalgo Azul” y de cómo llegó al museo la colección de cartas de Frida Kahlo y el doctor Leo Eloesser. Y cuando la curiosidad se asoma, respondemos una que otra pregunta: ¿Todavía existe el correo? ¿Aún se escriben cartas?

Los espacios abiertos se mantienen firmes día y noche, silenciosos. El muro de cantera y el de adobe, el espejo de agua y los cactus seguramente tienen más anécdotas, pero son discretos custodios.

El Mufi encierra tal magia que cada uno de sus rincones evoca inspiración; en un escenario simple, los sueños se vuelven realidad, como aquel que comenzó hace 25 años y que hoy hace posible que el Museo exista.

¡Felicidades, Mufi!


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