“Lacres: custodios del mensaje”

La Filatelia de México tiene un área de coleccionismo inmensa, que se basa principalmente en los timbres postales; sin embargo, cuando hablamos de filatelia, debe entenderse que es posible coleccionar todo aquello que el correo haya emitido y, más aún, si forma parte de un ciclo postal. Esto quiere decir que existe un protocolo para llevar a cabo la entrega de la correspondencia. Estos procedimientos postales inician desde que el usuario —aquel que desea enviar una carta— la lleva a la oficina postal. Todo comienza con el pesaje de la carta, momento en el que el servidor postal pregunta: ¿qué tipo de servicio requiere? Justamente aquí es donde profundizamos, pues uno de los servicios que el correo brinda hasta hoy en día es el de la “correspondencia registrada”.

Este servicio de correspondencia registrada, ocurrida entre los años 1880 y 1913, se caracterizó por emplear uno de los sistemas de seguridad más antiguos para cerrar y otorgar garantía de autenticidad y protección a las cartas: el lacre.

El lacre es una resina que se funde con el calor para ser aplicada en las uniones del cierre de una carta. Cuando está fresco, puede marcarse con un cuño para grabar un texto, un monograma o una imagen. Esta forma de marcar la correspondencia proviene de siglos atrás, de épocas en las que la realeza los colocaba para dar fe de la autenticidad de un documento, permitiendo que viajara con la máxima garantía de confidencialidad.

En México, este protocolo dentro del servicio postal representa un área de estudio poco atendida. Reglamentos del correo en la década de 1880 indican que la correspondencia registrada debía ser lacrada, por lo que cada oficina debía contar con su cuño, identificado con la oficina a la que correspondía. Datos de reportes del correo para 1900 proporcionan un registro de más de mil oficinas distribuidas en todo el país. ¿Podemos imaginar cuántos lacres debieron ser aplicados? Sin embargo, las cantidades que fueron conservadas son mínimas, pues para quienes recibieron una carta por medio del correo, el interés se centraba en el contenido del sobre y no en su parte exterior. Conservar el sobre debe considerarse como resultado de la mera suerte, más que de una acción intencional. A ello se suma la posibilidad de que no sufriera desperfectos con el paso del tiempo, lo que permite entender cómo lograron conservarse.

Los lacres que se exhiben en la exposición temporal “Lacres: custodios del mensaje” en el Museo de la Filatelia de Oaxaca corresponden a una recopilación de más de 200 piezas distintas que he reunido durante casi dos décadas. La principal consideración para que un lacre integre esta colección es su estado físico. Se busca que no presente daños relevantes causados por el paso del tiempo y que su aplicación haya sido pulcra. Otras consideraciones tienen que ver con la dificultad de su localización. Por ejemplo, una pieza correspondiente a una oficina de la Ciudad de México es común, mientras que las de provincia o de estados con baja densidad poblacional se consideran raras debido al menor uso del correo. Un ejemplo visible en esta exposición es el lacre de Chazumba, Oaxaca, que, en comparación con el de Puebla, Puebla, resulta difícil de encontrar.

En la sala Amelia Earhart del Mufi se presenta una selección de lacres en condiciones excepcionales, con huellas de cuños que han permanecido casi intactos tras más de un siglo de haber sido colocados y que son testimonio de su función como verdaderos “custodios del mensaje”.


El agua como tema urgente de reflexión

Representación del agua en el Mapa de Teozacualco, Oaxaca, Mixteca Alta, siglo XVI.

En el mes de febrero tuvo lugar el coloquio “El agua como patrimonio: desde la época prehispánica hasta nuestros días” organizado por Adabi de México. Mediante cuatro mesas de discusión se abrió la oportunidad de apreciar la importancia del vital líquido para el ser humano, así como la relación con el mismo, ya sea por su manejo, ausencia, movimiento e, incluso, por su representación artística.

En las palabras de bienvenida del coloquio la directora de Adabi de México mencionó las declaraciones de la Organización de las Naciones Unidas hechas en enero pasado respecto a la “bancarrota” que existe ya en el planeta en relación a este recurso vital. En consecuencia, resulta necesario insistir en la revisión de esta problemática para poder comprender el uso y abuso actual del agua.

Se presentaron ponentes nacionales y extranjeros que hablaron de la lucha histórica por el agua, sus usos rituales, las tecnologías para su manejo y presencia en las ciudades, con lo que buscaron mostrar las diferentes vertientes de la historia del vital líquido en diversos tiempos y espacios. ¿A quién pertenece el agua?, ¿quién tiene prioridad en su uso y aprovechamiento?, ¿qué papel ritual ha tenido el agua en culturas nativas de México y la occidental?, ¿puede el agua adivinar el futuro?, ¿cómo evolucionó la tecnología para controlarla? Estas y otras muchas interrogantes fueron abordadas a partir de expedientes localizados en diversos archivos históricos, esta trascendencia en el tiempo hace todavía más evidente la importancia actual del agua, su cuidado y aprovechamiento.

El descubrimiento, conquista y colonización de América fue la oportunidad para que los colonos crearan asentamientos muy distintos a los del viejo mundo; sin embargo, en su arribo a Tenochtitlán, los españoles se enfrentaron a una tecnología desconocida que no solo los dejaría maravillados, sino que cambiaría definitivamente el rumbo del asentamiento de la Ciudad de México. El destino de la ahora capital mexicana pudo haber sido distinto si las decisiones estratégicas hubieran sido tomadas por otras personas, tal como lo comentó en su conferencia el arquitecto Salvador Ávila.

Esta relación humano-agua, especialmente en las ciudades, fue el tema más abundante en el coloquio. Ciudad de México, Oaxaca, Veracruz, Zacatecas y Uruapan fueron los asentamientos revisados por los ponentes en diversos momentos históricos.

La última mesa del coloquio giró en torno a la introducción del agua, el riego, la transformación de un barrio a partir de una fuente, la labor de los aguadores, la escasez y las disputas.

En próximas publicaciones del Boletín estaremos compartiendo una muestra de cada ponencia, pues resulta imperativo no dejar de hablar de un tema tan relevante y necesario no solo en la actualidad, sino en toda la historia de la humanidad.


María Sada. Memorias de la Tierra

El movimiento detenido de los pétalos tiene una relación de la
mirada con un tacto agitado. Son como mil dedos ejerciendo para
nuestros ojos su multiplicada caricia. Comienza la cinestesia, el
poder de la poesía, visual o escrita, de activar un sentido a través
de los órganos de otro. En su obra, los ojos son acariciados […] El
tiempo y el ritmo es el tiempo de la naturaleza, evidentemente,
más lento. María nos transmite emocionalmente una gran cantidad, inmanejable, de tiempo en un solo instante
.
Alberto Ruy Sánchez

María Sada (Monterrey, Nuevo León, 1954), restauradora de arte de profesión, ha combinado por más de treinta años su conocimiento profundo de técnicas y materiales con la representación del entorno. Desde 1993, la naturaleza —por medio de experiencias personales y viajes, muchos de ellos casi iniciáticos— protagoniza sus composiciones. En la obra de María, de pincelada precisa y metódica, desfilan selvas, animalia, ríos, cascadas, bosques, montañas, mares y una neblina que va hilvanando la floresta en pie de igualdad con la creación primigenia.

Desde el bastión contemporáneo, donde la extinción y el agotamiento del planeta son un doloroso y recurrente tópico, Sada acude, cual alquimista, a un estado de conciencia general dentro del que todos figuramos en el mismo escenario. No es una artista de dogmatismos, sino una creadora de sueños y realidades…; aquello que ha desaparecido, pero también lo que permanece. En una suerte de doble mirada, el público está invitado a observar desde lo más profundo las memorias de la Tierra.

Sada ha expuesto en diferentes países, entre los que destacan México, España, Estados Unidos, Suiza y Bélgica. Entre 2022 y 2023 presentó una gran retrospectiva de su obra, bajo el título Biofilia. Arte y naturaleza, en el Museo Nacional de Arte (MUNAL).

Este marzo llega al Centro Cultural San Pablo con casi setenta piezas que, en cinco núcleos temáticos, abordan los espejos y reflejos de lo humano ante el cosmos; anthologias (del griego anthós, flor) de diferentes formas y latitudes; la serie del bosque y el árbol caído que recuperó bloques de madera de sabino para convertirse en “lienzos” de distintos verdores; la animalia, siempre presente como nuestro “otro yo”, se encuentra con los divertimentos realizados en kashigata o moldes japoneses para dulces; y, finalmente, los diálogos que rinden homenaje a grandes figuras de la historia del arte, como Matisse, Duchamp, Kandinski, Pollock o Warhol. Sobre estos trabajos apuntó la artista: “Me propuse hacer diálogos con los artistas que hicieron aportaciones fundamentales, principalmente al arte abstracto y conceptual, o que nos dieron nuevos elementos a los pintores que les hemos seguido, para hacer más amplia nuestra gama de recursos de expresión”.


El archivo del Colegio Particular Minerva: La educación en el siglo XX

En el mes de noviembre del año pasado, el equipo de Adabi Oaxaca recibió la solicitud de un comité de exalumnos para obtener apoyo en la organización del archivo de la que había sido su escuela primaria. Su intención era conseguir información para elaborar una cronología de la institución como parte de un homenaje al cuerpo docente que encabezó el maestro Guillermo Mondragón. El Colegio Particular Minerva, fundado en 1935, brindó sus servicios hasta 1969 en un inmueble de la capital oaxaqueña ubicado en la calle Murguía esquina con Pino Suárez, la casa que popularmente se conoció después como el Restaurante Candela y que actualmente se encuentra en restauración.

El colegio vivió grandes momentos de transformación en la educación del estado: la laicidad, la implementación de las escuelas mixtas, los talleres socialistas, la federalización de las escuelas, las campañas contra el analfabetismo y otros acontecimientos más.

La intervención de la Coordinación de Archivos Civiles y Eclesiásticos comenzó en el mes de diciembre con el proceso de limpieza del acervo y, a su vez, con una revisión que permitiera, con el apoyo del comité, una primera identificación de las series documentales para diseñar un cuadro de clasificación propio a partir de las funciones de la institución educativa.

Hasta el momento, la mayor parte de los compiladores identificados se encuentran agrupados por años y asuntos; por ejemplo, el de la Sociedad de padres de familia contiene listas de tutores, actas de las asambleas y actas de nombramientos. En otro bloque de documentos y cuadernos hay listas con información sobre la matrícula de la escuela dividida por grupos, con anotaciones sobre la edad, el alta o baja de los estudiantes, y cuadernos con la lista de pagos de la colegiatura, también divididos por grado y grupo. Desafortunadamente, algunos documentos fueron alcanzados por la humedad y por la voracidad de los insectos, ocasionando una pérdida de más del 80 % de su contenido. Los informes estadísticos que entregaba el director cada año a la SEP nos muestran el declive de la escuela: por falta de matrícula el coste ya no pudo ser sostenido, pues tenían gastos de sueldos de maestros, además del pago de la renta del inmueble y de los mantenimientos, y, de forma paralela, nuevas instituciones iban surgiendo.

Al estar involucrados los exalumnos en el trabajo de organización, sus conversaciones nos ayudaron a entender y conocer más sobre la institución, así como acerca de la historia de la educación de las élites en esa época. Varias generaciones de gente reconocida en la historia de Oaxaca pasaron asistencia por este colegio.

La casa que fue recinto de esta institución resguarda, debajo de sus recubrimientos, no solo cimientos originales, sino también memorias y recuerdos que están siendo nuevamente explorados al abrirse las carpetas de sus archivos. El proyecto se vuelve emotivo con cada hoja leída; hay mucha documentación personal del director y fundador que nos cuenta parte de su vida privada. Con el entusiasmo de los exalumnos por recordar, reconocer y preservar la historia de una institución que suma un testimonio más a la memoria de la educación en el estado, este rescate archivístico es también un digno homenaje al maestro Guillermo Mondragón Gómez y a su vocación por una educación digna para todas las infancias y adolescencias que pasaron por el Colegio Particular Minerva.


Entre creencias y buenas prácticas: Aclarando ideas para cuidar mejor nuestros documentos

El papel es un material vivo: responde al ambiente, a la luz, a la humedad y al uso. Con el paso del tiempo, sus fibras cambian, se debilitan o se transforman según las condiciones en las que se mantengan. Muchas prácticas que creemos protectoras pueden, sin saberlo, acelerar su deterioro o generar daños difíciles de revertir.

Tanto en el ámbito institucional —donde los documentos resguardan memoria e identidad colectiva—, como en archivos y bibliotecas personales, el cuidado merece la misma atención. Actas, fotografías, cartas, libros o expedientes forman parte de nuestra historia. Revisar estas creencias y distinguir entre costumbre y buena práctica nos permite tomar decisiones más responsables y conscientes para su cuidado a largo plazo.

A continuación, presentamos algunas creencias frecuentes sobre la conservación del papel y revisamos casos en los que la buena intención no siempre garantiza una adecuada preservación.

Plastificar protege los documentos para siempre
La plastificación es una práctica irreversible que puede generar más riesgos que beneficios. El calor y los adhesivos utilizados alteran la estructura del papel y pueden afectar las tintas. Además, al quedar sellado, el documento pierde su capacidad natural de intercambio con el ambiente, lo que puede favorecer la acumulación de humedad interna. En ciertos casos, esto crea condiciones propicias para la aparición de microorganismos como hongos, especialmente si el documento se encuentra en ambientes cálidos o húmedos.

Si está guardado en una caja, ya está protegido
Guardar un documento no garantiza su conservación. Es fundamental que las guardas de protección como carpetas, sobres o cajas— sean libres de ácido y estén diseñadas para la conservación. Existen distintos niveles de guarda: desde carpetas individuales hasta cajas de resguardo que crean una barrera adicional frente a la luz y el polvo. Además, el espacio donde se almacenan debe tener condiciones estables de humedad y temperatura. La protección depende tanto del contenedor como del entorno.

La humedad solo afecta si el papel se moja
El daño no ocurre únicamente cuando el documento entra en contacto directo con el agua. Una humedad ambiental elevada puede provocar ondulaciones, debilitamiento de fibras, manchas y proliferación de hongos. Incluso pequeñas variaciones constantes pueden generar tensiones en el material. Mantener espacios ventilados y con condiciones controladas es clave para evitar este tipo de deterioro silencioso.

Guardar en bolsas plásticas protege del polvo
Aunque pueda parecer una solución práctica, el uso de bolsas plásticas comunes no siempre es recomendable. Estos materiales pueden generar pequeños microclimas en su interior, favoreciendo la condensación y el aumento de humedad. Esta condición crea un entorno propicio para la aparición de hongos y manchas. Además, no todos los plásticos son estables a largo plazo. En el ámbito de la conservación se requieren materiales específicos, diseñados para no emitir sustancias que puedan afectar el papel.

Reparar con cinta es mejor que dejar la rasgadura
Ante una rotura, la reacción inmediata suele ser colocar cinta adhesiva para “evitar que se siga rompiendo”. Sin embargo, las cintas comerciales envejecen mal: el adhesivo migra, se oscurece y penetra en las fibras del papel, dejando manchas difíciles de eliminar. Lo que en un inicio parece una solución rápida puede complicar una futura intervención profesional. En muchos casos, es preferible resguardar el documento y consultar antes de aplicar una reparación improvisada.

Los documentos recientes no necesitan cuidados especiales
Existe la idea de que solo lo antiguo requiere atención, pero el deterioro no depende únicamente de la edad. Muchos papeles modernos, elaborados con procesos industriales y componentes ácidos, pueden degradarse con mayor rapidez si no se almacenan adecuadamente. La conservación no solo es una cuestión de antigüedad, sino de prevención. Cuidar los documentos desde su creación es la mejor forma de garantizar su permanencia en el tiempo.

Todo documento antiguo debe restaurarse
La restauración no siempre es la mejor ni la primera opción. Intervenir implica modificar, en cierta medida, el estado del documento. Muchas veces, la decisión más adecuada es estabilizarlo, mejorar sus condiciones de almacenamiento y evitar que el daño progrese. La conservación debe priorizar el respeto por la integridad histórica del material, entendiendo que las marcas del tiempo también forman parte de su valor. Además, una intervención innecesaria puede alterar información, materiales originales o características propias de la época. En conservación, menos puede ser más.

En definitiva, conservar papel no significa “arreglarlo” constantemente, sino comprender cómo funciona y qué necesita para mantenerse estable. Pequeñas decisiones informadas —como elegir buenas guardas, evitar la plastificación o controlar la humedad— marcan una gran diferencia en la preservación de nuestra memoria documental. Ante daños visibles o materiales de especial valor, siempre será conveniente buscar la orientación de un profesional en conservación.


Reglas y Leyes que se han de observar en el Revesino Malilla y los cientos

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, el revesino es un juego de naipes diseñado para cuatro personas.

En la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío, custodiada por Adabi de México, se encuentra un ejemplar con las reglas del juego que se remonta a la primera mitad del siglo XIX.

La partida se juega con una baraja española de 40 o 48 cartas y el objetivo consiste en tener la menor puntuación posible.

Se tiene noticia de que en España ya se jugaba desde el siglo XV, pasando después a Francia, de donde procede la presente edición de 1836.

Se presume que los primeros juegos de cartas aparecieron en Oriente y de ahí pasaron a Europa, donde la Corona española poseía el control de la fabricación, distribución y comercialización de las barajas. En la Nueva España existía un impuesto especial llamado estanco, entre cuyos objetivos se encontraba la obtención de un ingreso monetario y la regulación del juego mismo al evitar, en lo posible, las falsificaciones.

A lo largo de los siglos, la Corona otorgó diversos privilegios para la producción y venta de naipes.

La edición
Reglas y Leyes que se han de observar en el Revesino Malilla y los cientos

Nueva edición revisada y corregida París: Pillet Ainé, 1836.

En la Biblioteca Palafoxiana es posible encontrar otro título semejante: Instrucción puntual y reglas generales, que se deben observar en el juego de naipes para el Revesino según su origen.


El Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz reconocerá a promotores de lenguas originarias

  • Este concurso premiará a una persona que promueva su lengua de manera original y por iniciativa propia
  • La persona ganadora recibirá un premio de $30,000 pesos y una obra gráfica de José Ángel Santiago
  • La convocatoria cierra el lunes 21 de septiembre de 2026

El Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), la Asociación Civil Amigos del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) y del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB), en colaboración con la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO) y a través de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, emiten por séptimo año consecutivo la convocatoria para el Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz, cuyo objetivo es reconocer a personas o colectivos que realicen una labor extraordinaria y creativa por la promoción de su lengua materna por iniciativa propia.

El Premio conmemora a Emiliano Cruz Santiago, joven de San Bartolomé Loxicha, quien desde los 19 años hasta su muerte repentina a los 29 años, se dedicó a la documentación, descripción y promoción de su lengua materna, el dí’zdéh (zapoteco miahuateco). Cruz Santiago realizó diversos proyectos en torno a su lengua, como la recopilación de un diccionario, materiales didácticos, talleres, entre otros. Con este reconocimiento, se honra su memoria y se celebran los esfuerzos de personas o colectivos a favor de sus lenguas y comunidades.

A lo largo de la existencia del Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz, se ha reconocido a seis promotores en lenguas. En su primer edición en el 2020, el Premio fue otorgado a Cipriano Ramírez Guzmán, hablante del ixcateco, idioma en alto peligro de extinción; en su segunda edición, el ganador fue Roberto Gómez López por los aportes realizados al idioma mixteco (tu’ún savi) de Yosoyúa a través de redes sociales; en la tercera edición, la ganadora fue María de Lourdes Martínez Gómez, hablante de zapoteco de Quialana y activista por el acceso a la salud en lenguas originarias; en la cuarta edición, el ganador fue Javier García Martínez, promotor, escritor y traductor del mazateco a través de la narración oral; en su quinta edición, se premió a Reynaldo López de la Paz, quien promueve el mixteco (tu’ún savi) de Jamiltepec a través de talleres dirigidos al personal médico con la finalidad de proveer un trato digno a pacientes monolingües; en su sexta edición, se reconoció la trayectoria de Juana Vásquez Vásquez, que se ha desempeñado como traductora, paleógrafa, promotora de la lengua zapoteca de la variante xhon (dill whlall) de Yalálag y defensora del territorio y de los derechos de los pueblos indígenas.

Para participar, se puede nominar a cualquier persona o colectivo, hablante de alguna lengua originaria de México, que realice una labor extraordinaria por su lengua. Cabe destacar que la participación se extiende a todo el territorio nacional, sin distinción de lengua o región en la que desempeñe su labor. El premio consiste en $30,000 pesos (treinta mil pesos) y una obra gráfica donada por el artista José Ángel Santiago.

Las nominaciones deberán ser enviadas por terceras personas, organizaciones o autoridades municipales. Si la persona nominada realiza actividades remuneradas por parte de alguna institución para documentar, describir, promocionar o divulgar las lenguas originarias, debe demostrarse que la razón por la que se le nomina, va más allá de sus deberes oficiales.

Las nominaciones se recibirán a través de un formulario en el enlace bit.ly/PremioEmilianoCruz donde deberá proporcionarse información de contacto de quien nomina y la persona o colectivo nominado, descripción de la labor que realiza –esto debe incluir detalles sobre por qué debe ser considerada la nominación–, descripción de su impacto en las comunidades hablantes; además, tres referencias de beneficiarios, autoridades municipales, educativas o líderes comunitarios y cómo se relacionan con su trabajo.

La convocatoria está abierta y aceptará nominaciones hasta el lunes 21 de septiembre de 2026 y los resultados se anunciarán el viernes 6 de noviembre a través de la página web del CaSa y las redes sociales de las instituciones convocantes. Las bases de participación están disponibles para consulta en la página web casa.oaxaca.gob.mx/?p=18302

EDITORIAL

Quienes han seguido este Boletín, conocen el tono celebrativo de sus páginas, porque eso es lo que procura la FAHHO: acciones que abran camino hacia la festividad de la vida y sus distintos modos de habitarla. Así es como, junto con la Lotería Nacional, celebramos el trigésimo quinto aniversario de la Fundación Alfredo Harp Helú con la emisión de un billete conmemorativo alusivo a este hecho. Asimismo, damos paso al reconocimiento de la vocación formativa de la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú con la firma de Daniel Rodríguez con los Padres de San Diego, un acontecimiento que reafirma la fuerza de un proyecto como la ABAHH. En este mismo sentido, los Diablos Rojos del México reconocen la historia de una profesional que abrió camino en el deporte de alto rendimiento para inspirar a más mujeres a integrarse a este ámbito.

En el ámbito museístico, el Museo Textil nos comparte dos exposiciones: una nos permite mirar al pasado por medio de las labores, mientras la otra nos ubica en un presente que apuesta por la innovación en la apreciación, producción y venta de los textiles. En consonancia, el Museo Infantil presenta el bordado como un acto grandioso, significativo y difícil de ignorar. Por su parte, el Museo de la Filatelia muestra un diálogo entre la filatelia y la tradición textil destacando la creatividad, el ingenio y la resistencia cultural de los pueblos originarios. Entretanto, el Centro Cultural San Pablo abre sus puertas a la exposición “Geografías líquidas”, de Mauricio Cervantes, para pensar lo humano y lo natural como una sola vertiente de la vida. No podemos dejar de mencionar la exposición de la FAHHO Itinerante que se presenta en la Casa de la Ciudad, pues se trata de una muestra de lo que la fuerza colaborativa generada entre las distintas filiales de la FAHHO puede lograr en coordinación con las comunidades conurbadas a la ciudad.

En lo referente a los libros, la lectura y la palabra, las notas del CCSP, Seguimos Leyendo y las Bibliotecas Móviles exploran la imaginación y la creatividad como un territorio de encuentro y de conocimiento. Apelando también a la imaginación, el MIO subraya la importancia de la creatividad, la experimentación y el aprendizaje colectivos en la infancia.

En el ámbito de la preservación de la memoria se reúnen diversas miradas sobre los procesos que esa labor implica: Adabi Oaxaca escribe una nota sobre la organización de archivos en San Mateo Etlatongo, Oaxaca; el Taller de Conservación y Restauración Documental habla de un enemigo cotidiano y silencioso de los libros: el polvo; y la Fonoteca Juan León Mariscal nos relata la travesía en los archivos para desempolvar la historia detrás de la leyenda de Macedonio Alcalá.

Así, este Boletín nos invita a reconocer la diversidad de caminos que convergen en un mismo horizonte: la formación, la cultura y el compromiso con la comunidad. Un conjunto de experiencias que abren nuevas posibilidades para seguir imaginando, creando y creciendo.


Todo lo que se pueda

Como una especie de regalo de graduación del destino —y tal vez de vocación— don Alfredo Harp Helú se ganó la lotería la misma semana que hizo su examen profesional. Con ello tuvo la oportunidad de entrar a la casa de bolsa para iniciar una trayectoria muy fructífera en la institución. Aunque confesó al público que no era muy aficionado a jugar a la lotería, lo hacía porque era una manera de apoyar las necesidades de la gente cuando la Lotería Nacional era “para la asistencia pública”. Tiempo después crearía su propio mecanismo de apoyo a México: la Fundación Alfredo Harp Helú (FAHH).

En 2026 la FAHH celebra su trigésimo quinto aniversario y, para homenajear el inicio de una trayectoria que ha tocado muchas vidas en México, el pasado viernes 23 de enero se develó un billete conmemorativo de la Lotería Nacional alusivo a este hecho. Para introducir el billete del Sorteo Mayor 4000, la directora general de la institución, Olivia Salomón, dirigió, en primera instancia, unas palabras al público reunido en el auditorio de la institución que preside, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El discurso estuvo centrado en los conceptos de generosidad, compromiso, convicción, pero, sobre todo, en los de visión y constancia; cada uno de ellos da cuenta de la “forma clara y coherente de ejercer la filantropía” por parte de don Alfredo Harp, mediante la fundación que lleva su nombre. La maestra Salomón afirmó que los billetes de lotería tienen como finalidad visibilizar trayectorias, reconocer esfuerzos y “conmemorar historias que han contribuido al desarrollo de México”, por lo que, gracias a este billete, es posible reconocer esa filantropía que no ha sido momentánea ni casual, sino producto de una visión y una convicción profundas: creer en México y trabajar cada día con disciplina, constancia y ética para transformar el éxito en un compromiso.

La directora general de la Lotería también hizo alusión a los diversos programas que la FAHH tiene como líneas de acción, los cuales responden a la lógica de su creador y presidente: invertir en las personas, pensar a largo plazo y actuar con responsabilidad para construir un futuro; ideas representadas en 3600000 cachitos impresos para este Sorteo Mayor.

Por su parte, don Alfredo Harp Helú aseguró que una de las ideas capitales en su vida es creer que “la mejor inversión está en México”, en lo que es posible hacer en ámbitos como la educación, el deporte y la cultura. Por lo que hizo hincapié en las diversas áreas de atención de la Fundación, citando como ejemplos el impulso a los deportes, la construcción de estadios, los programas de promoción de la lectura mediante bibliotecas móviles, así como el apoyo a la astronomía y a los archivos, además de los recursos invertidos en becas para estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional, por mencionar a las instituciones más apoyadas.

“Todo lo que se pueda” es la respuesta de don Alfredo a la pregunta sobre qué quiere hacer. Por eso se levanta cada día con la misma convicción: hacer lo mejor para conseguir hacer de México “el mejor país del mundo”, mediante el trabajo unido de todos.


La fábrica de talento no se detiene

Firma de Daniel Rodríguez con los Padres de San Diego. Fotografía: Acervo ABAHH

La Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú arrancó el 2026 con una noticia que confirma el rumbo y la madurez del proyecto: la firma del pícher mazatleco Daniel Rodríguez con los Padres de San Diego. Es un inicio simbólico y contundente, no solo por el prestigio de la organización que apuesta por su brazo, sino porque llega inmediatamente después de un año histórico para la Academia, en el que se alcanzaron 16 firmas rumbo a Grandes Ligas. Una cifra que habla de consistencia, metodología y visión a largo plazo.

La firma de Rodríguez representa, además, una historia que sintetiza el ADN de la Academia: la capacidad de diseñar rutas de desarrollo, de detectar potencial, y acompañar transformaciones reales. Hasta agosto del año pasado, Daniel era campocorto; su perfil atlético, su habilidad para soltar la pelota y su lectura del juego lo convertían en un jugador valioso en el infield. Pero el beisbol moderno, cada vez más atento a la proyección de herramientas, también exige decisiones valientes. La Academia, en coordinación con su estructura de formación, tomó una decisión estratégica: reconvertirlo en lanzador.

La transición no fue un gesto improvisado, fue un proceso. Convertir un jugador de posición en pícher implica un reto integral: mecánica, adaptación física, mentalidad competitiva y, sobre todo, tiempo de aprendizaje. Daniel aceptó el desafío con disciplina y apertura. Y el primer gran escenario para probar esa evolución fue el torneo Rising Stars de Cancún, una vitrina donde compiten talentos emergentes y se mide, sin concesiones, la capacidad de responder bajo presión.

Allí, la Academia Alfredo Harp Helú dejó una señal nítida: fue finalista del torneo, pese a presentarse con el promedio de edad más bajo de toda la competencia, con apenas 16 años. Ese dato no es menor. Ser competitivos con un róster más joven significa que el proceso formativo está funcionando: los fundamentos se sostienen, la preparación física acompaña, el enfoque mental está siendo trabajado y el modelo de juego es capaz de competir contra grupos con mayor experiencia y madurez biológica.

En ese contexto, el caso de Daniel Rodríguez adquiere un valor especial. Su conversión en lanzador no solo es un cambio de posición, es una confirmación del principio que guía a la Academia: el desarrollo no es lineal, pero sí puede ser dirigido. Cuando hay diagnóstico, seguimiento y un entorno que prioriza el crecimiento, los cambios se convierten en oportunidades. Desde la propia organización de los Diablos Rojos del México, la evaluación fue clara. Arturo López, coordinador de picheo de toda la franquicia y exligamayorista, comentó sobre Rodríguez: “muestra un físico envidiable y una proyección que hace soñar en la posibilidad de un nuevo grandeliga”. En una frase, López resume lo que la Academia busca todos los días: transformar el potencial en trayectoria.

Pero este anuncio no se entiende como un punto final, sino como el primer capítulo del año. La firma de Daniel Rodríguez es el primero de múltiples acuerdos que se van a concretar a lo largo de 2026, reafirmando la naturaleza exportadora de talento que ha caracterizado a la Academia Alfredo Harp Helú. La proyección interna es ambiciosa y, al mismo tiempo, realista frente a lo logrado. El presidente ejecutivo de los Diablos Rojos del México, Jorge del Valle, afirmó que espera que la Academia exporte alrededor de diez peloteros este año para liderar nuevamente el mercado mexicano.

En Oaxaca, el mensaje es consistente: la Academia no compite por momentos, compite por procesos. Cuando un proyecto se sostiene sobre metodología, formación integral y alianzas sólidas, los resultados dejan de ser sorpresa y se convierten en tendencia. Con Daniel Rodríguez como primera firma del año, 2026 empieza con el pie derecho y con una promesa tácita: seguir abriendo puertas para que más jóvenes mexicanos encuentren, desde la Academia, el camino hacia el beisbol de más alto nivel.


No solo a los niños les gustan los cuentos

El siguiente relato fue leído en el Centro Cultural San Pablo con motivo de la celebración del Día de Reyes, para acercar a las infancias la magia de creer, imaginar y compartir.

De eso estoy segura: a nosotros “los grandes” también nos gustan los cuentos. Nos gustan los que empiezan con “había una vez” y también aquellos donde hay gigantes, brujas y hadas, magia, y cosas que nos dan miedo, nos gustan o nos dejan pensando.

Este es un cuento de una niña que no creía en los Reyes Magos. Ella se llamaba Yunuén y les decía a todos sus amigos que no entendía por qué seguían creyendo en los Reyes.

—Los Reyes Magos no existen —les decía una y otra vez—, a mí nunca me traen nada.

Esa tarde fría de enero, mientras daban vueltas en la calle montados en sus bicis, una vez más les estaba diciendo eso a sus amigos, y la alcanzó a escuchar don Beto, uno de los vecinos.

Don Beto era un señor viejito que vivía en una de las últimas casas de la calle donde estaba la casa de Yunuén, y que todas las tardes iba, paso a pasito —con su bastón en mano—, a comprar pan para merendar. Era muy común ver a don Beto, una tarde cualquiera, regalarles chicles a los niños que jugaban en la calle cuando pasaba de regreso de comprar su pan.

—¡Buenas, don Beto!— le gritaron algunos de los niños al verlo pasar.
—Buenas, buenas— respondió don Beto, mientras pensaba lo que Yunuén había dicho y que había alcanzado a escuchar.

La calle tenía muchas luces de colores porque acababa de pasar la Navidad. La única casa que no estaba adornada era esa chiquita, muy sencilla, donde vivía don Beto y a la que finalmente llegó. Sacó la llave de su bolsillo y abrió despacito la puerta mientras seguía oyendo las risas y los gritos de los niños en la calle.

Una vez en casa, don Beto dejó el pan en la mesa, se sentó en su sillón y se quedó pensando. Conocía de vista a la mamá de Yunuén, una señora que trabajaba casi todo el día y llegaba por la noche para estar con su hija apenas un rato antes de que Yunuén se fuera a dormir.

De repente, como si le hubieran prendido un cohete, don Beto se levantó del sillón, agarró su bastón y salió de nuevo a la calle.

—¡Yunuén! ¡Yunuén!— gritó, llamando a la niña. Yunuén lo oyó y se acercó en la bici, derrapando un poco al frenar junto a la puerta de la casa de don Beto.

—¿Qué pasó, don Beto?
—Pues que oí lo que dijiste y que yo tampoco creo en eso de los Reyes. Es puro cuento, puras patrañas que han pasado de generación en generación.

Pero… ¿y si hoy en la noche los Reyes vinieran y nos trajeran algo a los dos? ¿Tú creerías en ellos? Yunuén se quedó dudosa.

—Pues igual y sí creería, pero la verdad, la verdad, no creo que eso pase.
—Pues veamos si pasa. Y si nos traen algo, yo no me sentiré tan solo como me siento todos los días, y tú ya no dirás que no crees en ellos.
—Juega, don Beto— dijo Yunuén rascándose la cabeza y acomodándose su coletero —pero conste que nomás lo haré por darle gusto.

Al día siguiente, Yunuén descubrió dos libros y un juego de mesa con un moño en el patio de su casa, junto al que había una nota: “Para Yunuén, de los Reyes Magos”.

Y don Beto, al salir de su casa, encontró pegada en la puerta, con cinta, una bolsa de papel que contenía una pieza de pan, y una notita que decía: “Sabemos que este es tu pan favorito, perdona que no te pudimos traer más”.

Esa mañana del 6 de enero, la mamá de Yunuén no podía entender dos cosas: que al llegar del trabajo la noche anterior, su hija le pidiera con insistencia ir a la panadería para comprar un pan… y que muy temprano ese día encontrara en el patio a Yunuén llorando y sonriendo a la vez, mientras abría, por primera vez en su vida, un regalo de los Reyes Magos.


Hacer memoria

Las creadoras de la colcha colectiva de Teotitlán del Valle frente a su obra. Fotografías: Karen Sandoval

Como parte de las actividades de FAHHO Itinerante, el 23 de enero de 2026 en la Casa de la Ciudad, se inauguró la exposición “Hacer memoria”. La muestra presenta dos lienzos realizados en San Francisco Lachigoló y Teotitlán del Valle, además de un registro audiovisual y fotográfico del desarrollo de un proyecto de enseñanza de técnicas artísticas a infancias y juventudes. La exposición estará montada hasta el 31 de marzo de 2026, te invitamos a visitarla. A continuación, reproducimos íntegro el texto de sala.

Hacer memoria
Los dos lienzos que conforman esta exposición son el resultado de un proyecto de enseñanza artística impulsado por FAHHO Itinerante, en colaboración con el Museo Infantil de Oaxaca, el Museo de la Filatelia de Oaxaca y el Museo Textil de Oaxaca. A lo largo de varias sesiones mensuales, los equipos educativos de estas instituciones visitaron las comunidades de Teotitlán del Valle y San Francisco Lachigoló, donde trabajaron con dos grupos distintos: niñas y niños, en el primer caso, y jóvenes estudiantes de bachillerato, en el segundo.

A partir del acompañamiento del equipo de instructores, las y los participantes exploraron diversas técnicas artísticas —bordado, serigrafía, grabado, sellos, pintura textil, entre otras—, las cuales se articularon en un proceso colectivo orientado a la creación de una obra común.

El proyecto se articuló en torno a un planteamiento central: ¿cómo se enseña y se aprende el arte?, ¿cuál es la mejor manera de acercarse a los procesos de creación? La respuesta se construyó desde la práctica, entendiendo el arte como una forma de conocimiento en la que el hacer y la reflexión se producen de manera inseparable. Parafraseando a Bruno Munari, se piensa mejor con las manos. Con esto en mente, se diseñó un programa cuyo eje fue la experiencia directa: el hacer colectivo y la exploración de los materiales.

El proceso se inició con una conversación en torno al territorio. Inspirados en los lienzos mesoamericanos y en la tradición de los quilts en Norteamérica, las y los participantes se preguntaron por los símbolos que conforman su entorno, por los elementos que dan sentido a su comunidad y por las relaciones que tejen cotidianamente con quienes la habitan. A partir de estas preguntas, y mediante dinámicas de diálogo y experimentación, fueron construyendo un repertorio de formas y significados que, mes con mes, se integraron en la obra textil.

El resultado de este proyecto se concreta en este par de lienzos que dan testimonio de un proceso colectivo de aprendizaje. Cada técnica artística utilizada es el registro de una experiencia compartida, de una memoria en construcción y de un territorio que se narra a sí mismo por medio de las manos de quienes lo habitan.


LABOR-ES: Un arte difícil y estimable

Muestra de textiles del Colegio de Vizcaínas en el Museo Textil. Fotografías: Acervo MTO

“LABOR-ES: Un arte difícil y estimable” —que se presenta en el Museo Textil de Oaxaca hasta el 12 de abril próximo— es el título de una muestra compuesta por una selección de 25 piezas de la colección del Museo del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, en Ciudad de México. Diferentes materiales y técnicas muestran el talento de las alumnas del colegio, quienes confeccionaron estos trabajos textiles entre los siglos XVIII y XIX.

El Colegio se fundó en 1732 como una institución para mujeres, donde la enseñanza de las labores fue parte importante de su formación. La colección de textiles consta de 1650 obras, de las cuales la mayoría fue elaborada por las colegialas de esta institución. En la sala de labor, bajo la dirección de excelentes profesoras, se confeccionaron piezas de indumentaria religiosa que fueron usadas en la Catedral Metropolitana e incluso se exportaron a España, así como vestimenta para santos y objetos de uso litúrgico. El reglamento que seguían con rigor dio lugar a la formación de destacadas alumnas.

A finales del siglo XIX se enviaron sobresalientes manufacturas a exposiciones internacionales, como la de Filadelfia en 1876, la de Chicago en 1893 y las de París, donde obtuvieron premios.

Aunque podemos conocer la autoría de algunas de estas creaciones, se desconoce la de la mayoría; por esta razón, el hecho de organizar una exposición es una forma de rendir homenaje a tantas manos anónimas que participaron en la creación de obras sobresalientes. La colección está formada por ejemplares que provienen de la Capilla de Aránzazu del Colegio de Nuestra Señora de la Caridad y San Miguel de Belén. Esta institución cerró a raíz de las Leyes de Reforma, de modo que alumnas, colecciones y documentos se trasladaron al Colegio de Vizcaínas en 1862. Por tal motivo, en el Archivo Histórico de Vizcaínas se conservan documentos que hacen referencia a varios temas relacionados con los textiles, tal es el caso de un inventario de la indumentaria religiosa de la Capilla de Aránzazu, datado en 1820, con la lista de los diferentes colores que se usaban en la liturgia. Cabe destacar la importancia de los documentos del Archivo Histórico, pues en ellos encontramos valiosa información que amplía el conocimiento del rico acervo textil.

El Colegio tuvo un primer museo entre 1938 y 1944, donde se exhibieron algunas pinturas, esculturas y muebles; gracias a los informes, se sabe que también se expusieron algunos textiles. Fue hasta 1996 cuando se acondicionaron diez salas para poder exhibir la colección del Colegio. De las 1650 piezas textiles, solo se muestra un número mínimo. En la actualidad —en vísperas de su 30 aniversario— es prioridad crear una sala específicamente para exhibir una selección de textiles que puedan apreciar los visitantes del Museo Vizcaínas.

La colaboración con otras instituciones es fundamental para posicionar la colección en otros ámbitos. Un ejemplo claro es el Museo Textil de Oaxaca, donde un público cautivo y especializado en textiles visita con regularidad las exposiciones temporales y, al mismo tiempo, recibe un gran número de visitantes locales, nacionales y extranjeros, quienes podrán descubrir y apreciar el gran talento de las manos de las colegialas que habitaron el Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, en la Ciudad de México.


Mi abuela y sus flores: Bordar en grande

Mi abuela y sus flores, bordado a mano con rafia plástica sobre malla metálica, 2.70 m de ancho por
2 m de alto. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

En julio de 2024 realicé el mural Mi abuela y sus flores, una pieza que mide 2.70 metros de ancho por 2 metros de alto, bordada completamente a mano con rafia plástica sobre malla metálica. Nace del deseo de sacar el bordado del lugar pequeño y silencioso para colocarlo en el espacio público, hacer de este un gesto contundente, visible y difícil de ignorar. A partir de febrero de 2026, el mural tendrá un nuevo hogar en el Museo Infantil de Oaxaca.

Es un homenaje a mi abuela Mauricia, quien me acompañó desde pequeña y me ayudó a convertirme en la mujer que soy hoy. De ella aprendí muchas cosas: a bordar, a soltar, a resistir, a decir lo que pienso y a luchar por lo que quiero. No era una mujer que expresara mucho sus emociones, pero bordaba sin descanso. Con el tiempo entendí que ese era su lenguaje y que, poco a poco, se fue convirtiendo también en el mío.

Pero este mural es, asimismo, una ofrenda colectiva a las miles de mujeres que bordan todos los días para decir, con hilo y aguja, aquello que no siempre pueden expresar con palabras. Mi abuela, como muchas de ellas, bordaba flores una y otra vez. Flores que no se agotaban y que parecían crecer sin fin. Se acompañaba de pájaros de hilo que observaban, cuidaban o simplemente existían ahí. En su bordado había repetición, paciencia y tiempo acumulado. Para ella no era un pasatiempo, sino una forma de estar en el mundo.

Con sus flores, mi abuela retoma el hacer cotidiano del bordado y lo amplifica. La imagen se construye desde la memoria afectiva, pero también desde el saber femenino donde el bordado ha sido refugio, lenguaje y resistencia. Bordar no como adorno, sino como necesidad.

Para muchas mujeres, el bordado ha sido históricamente un espacio íntimo para procesar emociones, silencios, duelos, deseos y cansancios. Se borda mientras se cuida, mientras se espera, mientras se sobrevive. Se borda cuando hablar no es una opción.

Hilda Xitlalic López y su mural Mi abuela y sus Flores

Este mural busca visibilizar ese trabajo invisible. Honrar a las mujeres que, generación tras generación, han encontrado en el hilo, así como mi abuela, una forma de expresión profunda, aunque pocas veces reconocida como arte. Bordar se convierte aquí en un acto político: darle cuerpo, escala y presencia a lo que siempre se mantuvo al margen.

Tradicionalmente, el bordado ha sido colocado en el terreno de la manualidad, lo decorativo, lo doméstico y lo “delicado”. Mi abuela y sus flores cambian deliberadamente esta narrativa y proponen otra forma de mirar en la que el bordado deja de ser algo accesorio para convertirse en presencia.

Nada en el mural es casual: ni el tamaño ni el material. Bordar con rafia plástica sobre malla metálica es una decisión que busca crear tensión entre lo blando y lo duro, lo textil y lo industrial, lo íntimo y lo urbano. El resultado es una pieza ruda, ruidosa y frontal, que ocupa espacio y exige ser vista. La obra no se cuelga discretamente en una pared interior, sino que irrumpe en la calle y obliga a voltear, como si de un ruido potente se tratase.

Una de las intenciones centrales de esta obra es reivindicar el bordado como una práctica artística contemporánea, capaz de dialogar con el muralismo, el arte público y las narrativas urbanas. No como algo menor o secundario, sino como un lenguaje con potencia conceptual, técnica y simbólica.

Al trasladarse a esta escala y a un soporte no tradicional, la pieza cuestiona los límites impuestos al textil y a quienes lo practican. ¿Qué pasa cuando el bordado deja de ser pequeño, silencioso y portátil? ¿Qué ocurre cuando se vuelve pesado, visible e imposible de ignorar?

Mi abuela y sus flores son, en el fondo, un acto de justicia poética. Una forma de decir: aquí estamos. Aquí estuvimos siempre. El mural intenta dar lugar y voz a todas esas mujeres no vistas durante años, cuyas manos sostuvieron hogares, comunidades y memorias, mientras su trabajo era minimizado o invisibilizado. Al bordar en grande, al bordar en metal, al bordar en la calle, la obra reclama un espacio que históricamente les fue negado.

Este mural no persigue la nostalgia, sino que busca estar presente. Por medio de él deseo que el acto de bordar haga ruido, que sea imposible pasar frente a él sin sentir algo y que la memoria florezca, como las flores de mi abuela, una y otra vez.

El día de hoy, el MIO nos abre sus puertas y mi abuela con sus flores mantienen su camino como una obra viva, en un espacio donde niñas, madres y abuelas pueden compartir otras miradas, experiencias y sentires. Mientras existan mujeres que continúen bordando para sostenerse, para sanar o para decir lo indecible, este mural seguirá teniendo sentido. Porque bordar, cuando se hace en grande, también es una forma de gritar.


Imaginación enraizada

Dibujo elaborado por Constanza, niña de 7 años originaria de San Agustín de las Juntas, Oaxaca.

La ciencia ficción (…) es lo que la gente realmente hace y siente, cómo se relaciona la gente con todo lo demás en este apilamiento, este vientre del universo, este útero de cosas por venir y tumba de cosas que fueron, este relato sin fin.
Ursula K. Le Guin.

¿Qué sentido tiene hablar sobre ficción, fantasía, utopía, distopía, etcétera, con las infancias, o, mejor dicho, construir colectivamente imaginarios posibles con las infancias en medio de los presentes distópicos en los que vivimos?

La fantasía, la ciencia ficción y muchos universos creativos se han usado mayormente para inspirar futuros tecnológicos, sociedades alternativas, “nuevos mundos” y viajes a otros planetas. Estos relatos influyen en la creación de artefactos y sistemas tecnológicos que hoy circulan globalmente, los cuales hablan un lenguaje que no es compatible con el lenguaje de muchos pueblos humanos ni de otras especies, menos aún con el de la tierra. En este sentido, tampoco existe afinidad con la forma en que diversos seres habitan las diferentes etapas de su crecimiento, incluyendo las primeras etapas de los humanos.

En la niñez, más que en otras edades, hay un lugar que frecuentamos: la imaginación y, en consecuencia, los terrenos de la creatividad; es ahí donde la realidad tiene más posibilidades de mezclarse con los territorios oníricos y con las varias posibilidades “futuras”. Es en este lugar fértil en donde nos urge, en tanto educadores, trabajadores de la cultura y como personas, encontrarnos y escucharles (con todo lo que ello requiere), porque es posible que encontremos múltiples ideas, configuraciones ingeniosas y fecundas ante el presente. Tales como el acto de construir más que el de destruir, la escucha más que la palabra arrebatada y la duda más que la certeza.

Este vínculo entre imaginación y realidad es estrecho: podemos decir que después de la imaginación está el hacer o que luego de la imaginación están las ideas, los sueños, las corazonadas y enseguida el hacer. Y cuando el hacer se convierte en práctica, estamos más cerca de provocar caminos distintos a los que nos han impuesto y hecho creer que son los únicos.

Otro elemento importante es la raíz o la tierra donde nacemos, crecemos, vivimos; de tal mezcla resultan los imaginarios enraizados, que contienen los conocimientos de los pueblos y la relación con el territorio. Por ejemplo, los pueblos campesinos, ceramistas, pesqueros, textileros y migrantes nutren su creatividad, sus sueños y, por tanto, sus prácticas en identidad con su territorio.

Así, los imaginarios colectivos enraizados y los espacios de creatividad no le pertenecen solo a unas cuantas personas, ni representan escenarios hipotéticos, sino que se manifiestan ante realidades que hoy y hace mucho tiempo no nos sirven ni nos hacen sentido. Frente a ellas tenemos las nuestras: las que tienen raíces que hay que buscar con las manos en la tierra y de cuclillas o sentadas en compañía de las infancias.


Diálogos entre filatelia y tradición textil en el Mufi

Un timbre postal y un textil comparten más de lo que a primera vista podría suponerse. Ambos cumplen una función esencial: ser portadores de memoria. Desde escalas y materiales distintos, condensan historia, identidad y valores culturales; además, funcionan como medios a través de los cuales las sociedades se representan y se comunican. Son superficies donde se inscriben símbolos,técnicas y decisiones estéticas que hablan del tiempo y del contexto en el que fueron creados. Desde soportes distintos, resguardan mensajes que, al ser observados y estudiados con atención, permiten leer fragmentos del tiempo, de la vida cotidiana y de las tradiciones culturales que una sociedad decide representar y transmitir.

Otra coincidencia fundamental entre ambos es su capacidad de resistencia. Tanto el textil como la filatelia han atravesado el paso del tiempo adaptándose a nuevos contextos, técnicas y lenguajes sin perder su esencia. En el caso del textil mexicano, la herencia cultural se ha depositado durante siglos en los diseños, las tramas y los colores. Cada pieza funciona como un registro vivo que refleja la mentalidad de una época y de una comunidad. Los textiles se nutren de relatos transmitidos en el ámbito doméstico y ritual, y se sostienen gracias a la sabiduría que, en gran medida, las mujeres de los pueblos originarios heredaron generación tras generación, desde una lógica colectiva y comunitaria.

Los timbres postales, por su parte, han sido, desde su origen, un espacio privilegiado para representar la historia y el patrimonio cultural. En México, estas pequeñas imágenes han dado visibilidad a su arquitectura, tradiciones, danzas, gastronomía y expresiones artísticas, entre ellas el arte textil. Bajo esta mirada surge la Serie Permanente del Servicio Postal Mexicano, realizada en colaboración con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas que, después de dieciocho años sin una emisión de este tipo, eligió al arte textil como tema central. La serie “México Arte Textil”, lanzada en 2023, está conformada por trece estampillas dedicadas a textiles representativos de trece pueblos indígenas de Nayarit, Durango, Puebla, Oaxaca, Estado de México, Tlaxcala, Yucatán, Michoacán, San Luis Potosí, Sonora, Guerrero, Chihuahua y Chiapas. Cada diseño se basa en piezas originales del Acervo de Arte Indígena del INPI y forma parte de una emisión de amplia circulación y reimpresión ilimitada.

En diciembre de 2025, el Museo de la Filatelia de Oaxaca inauguró la exposición “México Arte Textil”, una muestra que establece un diálogo directo entre la serie de timbres y textiles realizados con las mismas técnicas y provenientes de las mismas comunidades. Las piezas, procedentes del Museo Textil de Oaxaca y del propio Acervo de Arte Indígena, se presentan junto con estampillas, planillas y sobres de primer día, acompañados de información que permite comprender los procesos históricos, tecnológicos y estéticos que los originaron.

Entre las piezas destacadas se encuentra el Traje de Tata K’éri, del pueblo purépecha, indumentaria ceremonial del personaje central de la danza de los kúrpites, celebrada cada 8 de enero en San Juan Nuevo Parangaricutiro, Michoacán. El Tata K’éri, ‘el gran señor’, simboliza la sabiduría y la autoridad comunitaria. Su traje reúne bordados con lentejuelas y cuentas, espejos, encajes y listones que aportan brillo y movimiento, acompañados por un manto púrpura bordado, un penacho multicolor y un bastón de mando con cabeza de caballo, emblema del poder ceremonial. En la exposición se presenta el traje original que da imagen al timbre postal, gracias al préstamo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

También se exhibe la prenda jíniam, una cobija tradicional del pueblo yoreme confeccionada en lana hilada y teñida con colorantes naturales. Tejida en telar de piso, su composición geométrica y simétrica articula función y simbolismo. En el centro destaca un gran rombo concéntrico en tonos marrón, negro y gris, acompañado de figuras que evocan semillas, flores y ojos protectores. A los costados, amplias franjas de zigzags multicolores, conocidos como “culebrillos”, sugieren el movimiento de las serpientes y aportan dinamismo visual a la pieza.

La exposición se amplía con una selección de timbres del acervo del Mufi que, a lo largo del tiempo, han representado la riqueza textil de México, estableciendo un contrapunto histórico con las piezas en sala. En este diálogo se integra la obra del artista textil y escritor oaxaqueño Noa González, proveniente de una familia de tejedores. Su producción, realizada principalmente en telar de pedal con la técnica de pepenado, combina hilo de algodón, materiales reciclados y bordado manual. Sus piezas, de distintos formatos, evocan elementos de la naturaleza, como árboles y aves, y proponen una lectura contemporánea de la tradición desde la experiencia personal y comunitaria.

Asimismo, se presenta el video Urdimbre, del artista y productor audiovisual Gesner Melchor, quien transforma el proceso textil de Teotitlán del Valle en una experiencia visual profundamente sensorial. La pieza documenta el trabajo de los maestros tejedores Tomás Mendoza Ruiz y Martha Marisol García García, del taller Flor de Oaxaca, para revelar la textura, el color y el ritmo del tejido como un pulso orgánico. El video dialoga con la música original Hilar (b) de Aragón Iriarte, una composición de minimalismo postclásico que sostiene la atmósfera íntima de la obra.

Por último, una infografía ofrece al público una visión sintética de la diversidad textil de Oaxaca, mostrando algunas de las técnicas, los materiales y las formas de teñido presentes en las distintas culturas que coexisten en el estado. Aun dentro de un mismo territorio, las diferencias resultan visibles y complejas, reflejo de una riqueza cultural excepcional.

“México Arte Textil” celebra la creatividad, el ingenio y la resistencia cultural de los pueblos indígenas, y reconoce a la filatelia como un medio capaz de otorgar presencia, difusión y circulación a estas expresiones. En estas pequeñas imágenes postales y en estas manifestaciones materiales se despliega un país entero: sus colores, sus historias, sus saberes y las manos creadoras que los han hecho posibles.


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