Puro Berrinche. Instrucciones para armar una fiesta

Primero, hay preguntas que debes hacerte: ¿quieres que a tu fiesta asistan amistades tranquilas y mesuradas? No invites a una banda de rock. ¿Quieres que tu fiesta termine temprano para irte a dormir a buena hora? No invites a una banda de rock. ¿Quieres que el evento transcurra de lo más silencioso y sin contratiempos? Por nada del mundo se te ocurra invitar a una banda de rock. Y es que, para ser sincera, una banda de rock es descontrol, locura, gritos, zarandeo, sudor, griterío. No obstante, invitar a una banda de rock es lo mejor que podrías hacer para tu fiesta. Lo sabemos.

Un viernes 13, como cualquier otro, la Librería Grañén Porrúa celebra una fiesta, simplemente por el gusto de hacer ruido y de reunirnos con amistades queridas. Ahora, platiquemos del quehacer de una banda de rock a la que fácilmente podrías invitar a tu fiesta. A continuación, la voz —la pluma— de Plumífero, baterista de Puro Berrinche, quien nos concede esta charla: siempre muy presto a organizar locuras y hacerlas realidad.

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Las artes son inherentes al ser humano. Todos pintamos, dibujamos, cantamos, danzamos, construimos, creamos: las ideas y las cosas materiales son parte de nuestra vida y nuestro desarrollo. La música, por ejemplo, es un lenguaje natural y una de las manifestaciones más bonitas del ritmo y la vibración. Por medio de ella podemos experimentar emociones, expresar ideas y crear espacios de convivencia. Y todo esto podemos verlo en los conciertos, en las reuniones, hasta en las calles con las calendas. Hay mucha música para escuchar, bailar y cantar, sin embargo, la mayoría está hecha y pensada para el mundo adulto, principalmente la música con letra: siempre hablan de temas que tienen que ver con la vida, los problemas, las necesidades y los sueños de los adultos; siendo sinceros y estrictos, muy poca gente escribe para las infancias.

En Puro Berrinche creemos que los niños y las niñas tienen derecho a gozar de la música y de asistir a conciertos donde se les hable con respeto y de frente, no desde arriba. Conciertos donde las letras puedan hablar de realidad, pero también del mundo fantástico, donde se pueda jugar y bailar como sea y libre de prejuicios, con menos filtros que el mundo adulto.

No es muy difícil darse cuenta de que las propuestas de música para infancias son muy pocas, solo hay que revisar la cartelera de eventos de la ciudad, donde podemos ver muchos conciertos para adultos: cada fin de semana puedes encontrar música en bares, centros culturales y foros para conciertos. Oaxaca es reconocido por su música, hay muchísimos proyectos musicales, pero muy raros son los que deciden trabajar para los niños y las niñas. Parece que todo nos lleva a crear un adultocentrismo, mientras que el público infantil queda relegado. Por otra parte, pienso que muchas veces el ego del músico impide ver las posibilidades, pues parece que trabajar para las infancias está lejos de la idea de ser un “rockstar”; además, el pensamiento construido alrededor de la música para infancias es que tiene que ser simple o fácil, y que hay que sobreactuar y hasta ridiculizarse en el escenario para un público infantil.

Nosotros solo conocemos un par de proyectos activos, además del nuestro, en esta ciudad: Papaloteando y Musijugarte.

Nosotros, Puro Berrinche, somos un proyecto de música dirigido a infancias, formado por músicos y pedagogos profesionales, tenemos diez años de trayectoria, un álbum de estudio y ya estamos cocinando el segundo. A lo largo de nuestro andar hemos tocado en escuelas de nivel preescolar, primaria, secundaria y bachillerato, en bibliotecas públicas, foros culturales y en festivales para infancias como la Feria Internacional del Libro, el Festival Eduardo Mata, entre otros. Con la experiencia de este tiempo sabemos que nuestra música es para todo público, sin importar la edad. Hemos logrado armar un show que es un espacio donde las líneas entre la adultez, la infancia y demás etapas se desdibujan porque el diálogo y la interacción son espontáneas, respetuosas y divertidas. Se trata de un espacio pensado para todos y todas.

Esperamos poder llegar a muchos lugares, queremos que la gente sepa que sí hay opciones de calidad para las crías, queremos ir a los pueblos, que es donde hay menos música para las infancias; queremos ir a foros grandes e importantes, soñamos con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara; pero, sobre todo, deseamos que más músicos se animen a explorar esta escena que es muy noble, receptiva, amigable; en ella uno puede proponer sin filtros, los niños y las niñas escuchan de todo.

Esperamos que haya más conciertos y espacios para que las infancias ejerzan su derecho a escuchar música en vivo enfocada en ellas, quizás hasta puedan inspirarse y aprendan a tocar algún instrumento y vean la música como algo divertido y natural, que bailen, griten, jueguen y se expresen a través de este arte.

Hacer conciertos en la calle nos parece una buena forma de comenzar a hacer ruido, incidir en espacios donde el público es aleatorio y abierto. Como hemos dicho, mucha gente no sabe que hay opciones para las niñas y los niños. Y si comenzamos a hacerlo frecuentemente, seguro empezará a resonar la idea de que sí hay proyectos enfocados en infancias, además de oportunidades para la comunidad de músicos. Se habla de que hay mucho nivel en Oaxaca, y es verdad, quién sabe qué podría armarse con el tiempo, las posibilidades de reunirse por y para las infancias se vislumbran maravillosas.


El Reino de las Nubes: Arqueología, patrimonio y juego*

Arriba brillaba el sol intensamente. Parecía que caminábamos en el
país de las nubes, lejos del mundo y de sus preocupaciones habituales.

Alfonso Caso

Es bien sabido que, en la experiencia humana, el viaje es mucho más que el destino en sí mismo. Es así como describiría, en primer lugar, la experiencia de perderse al interior del Reino de las Nubes —la exposición del Museo Infantil de Oaxaca en colaboración con el Centro INAH Oaxaca y la Zona Arqueológica de Monte Albán—, que nos transporta al interior de la antigua ciudad zapoteca sagrada.

Surgen muchas preguntas a la hora de entender la motivación y la curaduría detrás de un proyecto como “El Reino de las Nubes”. ¿Qué tienen que ver niños y niñas con zonas arqueológicas? ¿Acaso puede un niño o una niña comprender las dimensiones de un asunto tan complejo como el patrimonio?

Estas interrogantes provienen del razonamiento del adulto, quien ha creado un “deber ser” bastante riguroso y ceremonial alrededor de la forma en que debe darse el aprendizaje en la infancia, desconociendo la experiencia infantil.

Debemos aceptar que el escenario museístico y el relacionado con el patrimonio cultural han desarrollado una relación ambivalente con las infancias. Aún hoy en día predominan espacios culturales donde el niño o la niña tienen que despojarse de su ruidosa y agitada naturaleza infantil para acceder, suprimiendo temporalmente uno de sus más naturales instintos y necesidades: aprender mediante los sentidos, manipulando los conceptos e interactuando activamente con el objeto de aprendizaje.

Sin embargo, es necesario plantearnos nuevas preguntas al respecto: ¿para quién cuidamos este patrimonio?; ¿quién debe acceder de forma prioritaria a él?; ¿dónde pueden las infancias acceder con libertad al conocimiento y la experiencia de su patrimonio cultural?

Partiendo de mi experiencia como mamá dentro de una nueva era de crianza, y también como docente dentro de una pedagogía que defiende el acceso de las infancias a herramientas y espacios que les permitan alcanzar la metacognición —la capacidad para reflexionar sobre sus procesos de pensamiento y adquisición de conocimientos— de forma independiente, puedo afirmar que a nuestra sociedad le aflige un mal al que no le prestamos la suficiente atención: el adultocentrismo.

Un mal que por generaciones nos ha llevado a percibir a los niños y las niñas “como personas con menos capacidad para producir cultura o acceder a ella” (Maldonado y Andrade, 2017). Este pensamiento colectivo ha fijado un estereotipo peligroso para el libre acceso de las infancias a los espacios culturales complejos, como los relacionados con el patrimonio cultural. Los adultos hemos decidido, deliberadamente, considerar a las infancias como seres no calificados para comprender el incalculable valor cultural, histórico y económico del patrimonio de la humanidad. Creemos que solo nosotros, los adultos con madurez cognitiva, estamos en capacidad de caracterizar y pormenorizar los secretos de la historia. Solo arqueólogos y científicos especializados podrían desentrañar el significado de un glifo, la pasada utilidad de una urna o la identidad de una deidad.

Tal postura no podría ser más desacertada, pues es justamente la infancia el primer punto de encuentro del ser humano con la indagación por curiosidad y la deducción por experimentación; todo en estado puro. Desconocemos —porque hemos olvidado nuestra propia infancia— la capacidad científica infantil que se manifiesta por medio del juego y la interacción.

Apartándose de los patrones excluyentes, el MIO ha apostado una vez más por los niños y las niñas. La exposición didáctica infantil “El Reino de las Nubes” entiende que existe una deuda con las infancias y su interacción con la historia; una historia de la cual son protagonistas y que ellos mismos continúan escribiendo.

¿Acaso no podría descifrar un niño la antigua utilidad de una vasija de barro de 800 años —elaborada por un alfarero del entonces barrio de Atzompa, hallada en una tumba en Monte Albán—, cuando es muy probable que en su propia casa o en la de su abuela encuentre una indudablemente similar, comprada en alguna visita familiar al centro de Santa María Atzompa?

Tras algunos años de escuchar ambas conversaciones, por un lado la académica con todas sus virtudes de racionalidad, técnica y rigurosidad, y, por otro lado, la de los niños y las niñas, con sus virtudes de espontaneidad, curiosidad y libertad; puedo decir que las hipótesis de los niños frente a la Arqueología y el Patrimonio son mucho más divertidas y, quizá, mucho más certeras.

Durante visitas a diferentes espacios —como el Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Monte Albán, el MIO o el Museo de las Culturas— las infancias han dicho cosas como “Maestra, mi mamá tiene una taza así para los ajos” o “Mira, es como el del tejate”. Estas expresiones son una evidencia de que en Oaxaca la historia no es algo que se consulta únicamente en bibliotecas o museos. Aquí, aún hoy en día, la historia se transita a diario en los pasillos del mercado, en las fiestas, en los nombres de personas y objetos cotidianos, en el cuerpo que es abrazado por el huipil o en la madre que alecciona en su lengua materna a sus pequeños después de alguna travesura.

Dentro de esa historia que se escribe día a día, “El Reino de las Nubes” se erige como resultado de grandes esfuerzos colectivos interinstitucionales; del corazón y propósito de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, pero, muy especialmente, es el resultado de la convicción del MIO por escuchar a las infancias y hacerlas partícipes de su historia, de su comunidad.

En el estado de Oaxaca, las infancias nacen y crecen dentro de un sistema de comunicación que nombra su mundo exterior e interior en lenguas indígenas, sean hablantes o no de alguna de ellas: palabras que nombran fiestas, pueblos, cerros, recintos, objetos e incluso a sí mismos o a sus amigos. Por ello, la labor que realiza de forma extendida esta exposición es de vital importancia, pues ha permitido acercar diferentes topónimos y conceptos de la vida diaria del antiguo Monte Albán al universo lingüístico de las infancias que asisten a los diversos talleres y sesiones.

La travesía por “El Reino de las Nubes” recoge de forma sensible la extensa teoría que acompaña al estudio de la ciudad sagrada de Monte Albán y sus alrededores, reconociendo los intereses y necesidades de las infancias; y hace esto a partir de la mejor y más natural herramienta de aprendizaje infantil: el juego. En este reino sucede el encuentro de la mirada infantil con una ciudad viva: activa, ruidosa, llena de movimiento y con acciones que suceden simultáneamente; espacios y actividades que pretenden despertar la curiosidad mediante una pregunta lúdica. Pues, además de imaginar cómo era Monte Albán, el MIO intenta que niños y niñas también se pregunten: ¿qué haría yo en Monte Albán?

Qué harían si vivieran el día a día de aquella antigua ciudad, donde definitivamente existieron bebés de brazos, niñas y niños que trepaban árboles, reían, corrían de un lugar a otro con su juguete favorito y, de vez en cuando, rompían alguna que otra vasija de barro con una pelota. Basta una mirada a la ilustración de “El Juego” en uno de los muros de la exposición, para darse cuenta de que la historia escrita ha omitido que todo lo construido por el ser humano fue primero un sueño del niño que habitó en él.

Es por ello que la exposición ofrece espacios con experiencias sensoriales, manipulativas e inmersivas, dedicadas a actividades económicas, artísticas, religiosas y sociales propias de la historia de Monte Albán. De esta manera podemos acercarnos al trabajo con textiles, la arquitectura zapoteca, la escritura y lengua de los Ben’Zaa, los rituales funerarios y la conexión con los ancestros, así como la cocina tradicional.

He pasado muchas tardes perdiéndome en la observación de las ilustraciones de los muros; viajando al interior de una tumba; he dedicado mensajes a los ancestros y, por supuesto, he comido deliciosos tamales de fieltro excesivamente cargados de hoja santa, preparados por las manos juguetonas de mi hija Helena. Así es como, una vez más, me he dado la oportunidad de avanzar en el entendimiento del valor incalculable del juego imitativo.

Como mamá, como docente y como la niña que fui: hoy más que nunca les invito a recordar que las infancias poseen el derecho humano de acceder al arte, a la cultura y al esparcimiento; tanto en el hogar como en espacios de apropiación e interacción libre mediante el juego. En palabras de Huizinga (1968): “El juego oprime y libera, el juego arrebata, electriza, hechiza. Está lleno de las dos cualidades más nobles que el hombre puede encontrar en las cosas y expresarlas: ritmo y armonía”. Jugar, estimado lector, es la forma más notable en la que un niño se puede acercar al arte y a la cultura.

Y en cuanto a nosotros, los adultos —como hizo don Alfonso Caso—, caminemos un rato en el “país de las nubes”, lejos del mundo y de sus preocupaciones habituales (seguro que a todos nos viene bien).

* Para leer esta nota en su versión completa, dirígete al Boletín Digital FAHHO en la emisión de mayo de 2026.


Caravana literaria 2026: “El pueblo del humo”

El pasado 17 de febrero de 2026, las cinco Bibliotecas Móviles —“Ando leyendo, leyendo ando”— de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca viajaron, por más de cinco horas, desde el Istmo, pasando por la Sierra Norte, la Costa y la Mixteca, para arribar al municipio de Putla Villa de Guerrero, “El pueblo del humo”.

Al llegar, en las calles encontraron música, danza, textiles, gastronomía y, sobre todo, la alegría de las personas que participaban en el tradicional “Carnaval Putleco”, cuyo origen se remonta al siglo XIX. Esta fiesta de hermandad reúne a personas de diferentes comunidades, principalmente de la región Triqui, así como de diversos estados del país y del extranjero.

Esta vivencia permitió a las promotoras y promotores de lectura de la cuarta “Caravana literaria” conocer parte de la historia de la comunidad y, por un momento, ser parte de ella. Después llegó la hora de agradecer este recibimiento y, por supuesto, las Bibliotecas Móviles llevaban su guelaguetza, un regalo muy especial: contar y compartir cuentos con la niñez y juventud putleca.

Desde 2023, la Coordinación de Proyectos Educativos de la FAHHO tuvo la iniciativa de que, una vez al año, por medio del programa Bibliotecas Móviles, se visitaran lugares que estuvieran fuera de la ruta cotidiana de trabajo. El objetivo es acercar a las comunidades experiencias literarias que les permitan vivir la lectura de una manera distinta, mediante el juego, el canto, los talleres creativos y las proyecciones de cine.

Estas experiencias también permiten reforzar el trabajo en equipo y el intercambio de formas de experimentar la lectura. Es una manera de verse en el otro y llevarse algo distinto para seguir sembrando historias en las rutas literarias.

Para esta caravana elegimos a Putla porque, desde 2025, la BM ruta Triqui inició actividades mensuales con una excelente respuesta y una gran asistencia de lectores. Consideramos de gran relevancia visitarlos para reforzar el trabajo que ya se viene haciendo y que nos permitirá continuar esta gran labor de promoción de la lectura.

Fuimos recibidos con gran expectativa y, sobre todo, con gran alegría. La gente se sumó a las actividades diseñadas especialmente para las cinco agencias municipales que se visitaron: San Juan Lagunas, Malpica, Tierra Colorada, Gregorio de Álvares y Guadalupe Yutee, donde las y los escuchas tuvieron la posibilidad de vivenciar la lectura mediante la voz de las y los diez promotores de lectura encargados de cumplir esta gran encomienda.

En cada caravana, cuando se visitan lugares en los que no hay espacios, o son muy pocos los dedicados a la cultura, nos hemos percatado de que cinco bibliotecas móviles no son suficientes. Esto nos hace considerar la importancia de que más iniciativas se sumen de una manera genuina y profesional para llevar a cabo esta labor inestimable. La cultura genera espacios para la libertad de expresión, lo que resulta invaluable en estos tiempos en los que parece que la inseguridad y la violencia nos rebasan.

Esta cuarta “Caravana literaria” fue posible gracias a la labor interinstitucional entre la FAHHO y el municipio de Villa de Guerrero, representado por el presidente municipal, Lic. Próspero Francisco Cruz Ricardo; la regidora de Educación, Ing. Ángela Odilia Cuencas Vivar; y el director de Educación, MVZ Héctor Manuel Cid Fernández, a quienes agradecemos sus atenciones y apoyo para culminar con éxito esta visita.


Tratamiento de desinsectación en el templo de Santa María Tiltepec

Ejemplares que fueron sometidos al proceso de desinsectación. Fotografía: Acervo Adabi Oaxaca

El patrimonio documental y bibliográfico de orden eclesiástico, resguardado dentro de las comunidades oaxaqueñas, constituye una fuente invaluable para la historia religiosa y cultural de México. En este contexto, los misales y libros de coro conservados en el templo de Santa María Tiltepec representan un ejemplo no solo como objetos litúrgicos, sino como testimonios materiales de las prácticas devocionales y la tradición musical novohispana. Prueba de ello es el Graduale Dominicale, pieza destacada dentro de este conjunto de textos, cuya conservación exige la aplicación de intervenciones especializadas, como el tratamiento de desinsectación que se detalla a continuación.

Previo a la intervención, el personal de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova observó la presencia de infestaciones activas y daños asociados a insectos bibliófagos, organismos que afectan directamente el papel, las encuadernaciones y los adhesivos orgánicos. Estos agentes biológicos generan galerías, abrasiones y debilitamiento estructural del soporte documental, comprometiendo la integridad física y la legibilidad de los textos. Lamentablemente, este tipo de problemáticas se han vuelto recurrentes en archivos parroquiales que carecen de la infraestructura adecuada para la conservación, donde las condiciones ambientales inestables, la escasa ventilación y la acumulación de polvo favorecen la proliferación de estas plagas. Una vez detectado el problema, los ejemplares fueron resguardados en cajas de polipropileno para iniciar la etapa de cuarentena.

Al exponerse esta situación ante la coordinación de Adabi Oaxaca, se tomó la decisión de poner en marcha un tratamiento de desinsectación que estuvo a cargo del área de conservación y restauración. El procedimiento inició con la colocación de los materiales dentro de una pequeña cámara de fumigación de construcción rústica, seguida de la aplicación de un agente insecticida y una solución de agua y alcohol al 30% mediante nebulización, con el objetivo de erradicar insectos en todas sus fases (huevo, larva, pupa y adulto), procurando en todo momento la seguridad de los soportes documentales. Posteriormente, la cámara fue sellada herméticamente, dejando actuar el desinsectante durante tres días.

Transcurrido este tiempo, se llevó a cabo la limpieza mecánica de los ejemplares mediante microaspirado, eliminando polvo, serrín de carcoma y residuos biológicos, lo que contribuye a reducir los factores que favorecen la reaparición de estos insectos. Enseguida, los materiales fueron embalados en tela Tyvek® y almacenados nuevamente en cajas de polipropileno. De esta manera, se inicia la estabilización y preparación para una siguiente fase de intervención, que contempla procesos de restauración para algunas obras.

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Las acciones realizadas en los misales y libros de coro del templo de Santa María Tiltepec constituyen un ejemplo significativo de buenas prácticas en la salvaguarda del patrimonio bibliográfico. Sin embargo, es necesario considerar un proyecto integral que abarque todo el templo, ya que esculturas, retablos, muebles y el órgano presentan ataques activos de insectos xilófagos. Gracias al trabajo coordinado entre Adabi Oaxaca y la BIJC, fue posible detener procesos de deterioro biológico y estabilizar los materiales. Este tipo de iniciativas no solo preserva los objetos físicos, sino que protege la memoria histórica y la identidad cultural de las comunidades, garantizando que estos testimonios continúen disponibles para las futuras generaciones.


Contemporáneas: Casa de lectura y escritura

Integrantes del círculo de lectura Contemporáneas. Fotografías: Acervo de la BS Xochimilco

Los círculos de lectura son una pausa para descansar de los ritmos del mundo. Un lugar donde se transita otro tipo de tiempo: el del libro. A veces lento y ligero, como la poesía de Mary Oliver, o tempestuoso, como los huracanes de Fernanda Melchor, pero siempre a un ritmo acompañado, para que aquello que la lectura provoca, remueve o trastoca pueda ser dicho, habitado, reflexionado y digerido en colectivo.

Contemporáneas es un círculo de lectura y escritura donde el tiempo también transcurre a su propio ritmo: un remanso que se organiza por medio de la lectura en voz alta y la conversación. Desde noviembre de 2024, el círculo reúne a mujeres y disidencias sexogenéricas mayores de 15 años para leer, en su mayoría, a escritoras latinoamericanas contemporáneas y acercar sus obras a nuevas lectoras.

Las sesiones se sostienen por la lectura en voz alta como práctica central que deriva, a su vez, en el diálogo y la reflexión para pensar la experiencia propia y los contextos que se habitan. Otra experiencia primordial en cada sesión es la escritura, que se integra no como un ejercicio accesorio, sino como una forma de elaborar lo leído y producir una voz propia y, también, colectiva.

La elección de las obras que se socializan en el círculo de lectura entraña una labor especial. Al momento de seleccionar los textos se prioriza la obra de autoras históricamente relegadas, como El diario del dolor, de la mexicana María Luisa Puga, o Cuarto de desechos, de la brasileña Carolina María de Jesús, ambas de la Colección “Vindictas”, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Esto, con la intención de visibilizar sus aportes, ampliar el horizonte de lectura y reconocer su lugar en un mundo editorial encabezado principalmente por autores.

Actualmente, el círculo está conformado por mujeres de entre 19 y 65 años, lo que propicia un espacio intergeneracional donde convergen distintas experiencias de vida. Asimismo, las participantes provienen de ámbitos diversos: estudiantes, amas de casa y profesionistas, muchas de ellas del campo educativo, lo que ha permitido que las experiencias del círculo se trasladen también a otros espacios, como escuelas o comunidades de aprendizaje. Algunas de las asistentes son vecinas de la biblioteca o de colonias cercanas, otras hacen recorridos de hasta una hora para poder asistir.

A lo largo de diecisiete sesiones se han generado dos publicaciones colectivas: Contemporáneas: Noche de escritura para brujas, realizada en la sesión inicial, y Contemporáneas: Casa de escritura 2025, que es una compilación de los textos surgidos durante el año pasado. El vínculo se ha visto fortalecido por la asistencia continua de las participantes, lo que ha permitido dar seguimiento a los proyectos colectivos como las publicaciones, así como al gran objetivo de todo círculo de lectura: crear comunidad.

De la mano de Alexandra Rivera López, Contemporáneas se ha afianzado como un espacio donde la lectura y escritura no solo se practican, sino que se comparten y se ponen en relación con la vida cotidiana.

¡Larga vida a los círculos de lectura, a las lectoras y a los libros!


Poesía contra la desolación Elena Jordana en la Henestrosa

De manera simple podemos afirmar que una biblioteca es un acervo; es decir, un conjunto de bienes culturales —en este caso, libros— acumulados por tradición o herencia. El acervo de la Biblioteca Andrés Henestrosa se fundó hace veintidós años a partir de la colección del autor ixhuateco al que debe su nombre, a la cual se han ido sumando distintas colecciones que han enriquecido la diversidad literaria al servicio de nuestros lectores.

Es difícil precisar si los libros nos encuentran o si, por el contrario, somos nosotros quienes vamos a su encuentro. Lo que sí podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, es que dos caminos se cruzan en ese momento: el del libro y el del lector. Por una parte, está el trayecto del libro, que comenzó cuando el autor lanzó al mundo una obra derivada de lo más humano de su ser. Por otra parte, el lector, como sujeto, está atravesado por experiencias, conocimientos e intereses que determinan la afección que el libro ejerce en él.

El libro puede llegar a nosotros por múltiples vías: por recomendación de un lector aventajado, por la exploración del lector o, en una suerte de milagro, por el hallazgo. Adentrarse en una biblioteca exige estar preparado para la sorpresa y el encuentro. En este caso, el hallazgo se presentó mientras revisaba el acervo de la Colección Andrés Henestrosa: la obra de Elena Jordana (Buenos Aires, 1934), poeta argentina que, en 1971, antes de radicar en México, vivió en Nueva York, donde tomó talleres de poesía con Nicanor Parra y fundó una editorial cartonera a la que llamó Antiediciones Villa Miseria.

Antiediciones Villa Miseria procuraba la difusión de la expresión poética en soportes y formatos que transgredían las convenciones, recurriendo a materiales de bajo costo para materializar una poética propia. Hablamos de libros impresos en mimeógrafo y esténcil, con portadas de cartón reciclado y papel estraza o kraft en su interior, con tirajes de apenas 250 ejemplares y sin engrapar: sus páginas se sujetaban por un mecate delgado. La propuesta antieditorial de Villa Miseria se adelantó varias décadas a proyectos como Eloísa Cartonera, fundada en 2003 por el poeta Washington Cucurto, cuyos integrantes han sido considerados pioneros en el uso de cartón reciclado para la confección de libros.

En el acervo de la Biblioteca Henestrosa se encuentran dos de los cuatro poemarios publicados a lo largo de la vida de Elena Jordana: S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados. El primero fue publicado bajo el sello de Antiediciones Villa Miseria; el segundo obtuvo el Premio de Poesía Aguascalientes en 1978, convirtiendo a Jordana en la primera mujer en recibir este reconocimiento.

Tras obtener el Premio Aguascalientes, Elena Jordana fue entrevistada por el periodista Sergio Monsalvo. En esa conversación definió su obra de la siguiente manera:

Mi primer libro [S. O. S. Aquí New York] fue completamente negativo, crítico, destructivo; hacía pedazos todo lo que me parecía mal. Tenía entonces 25 años y me imaginaba como mujer de 50, vendiendo como histérica empleada de una tienda neoyorquina, o borracha en un parque o encerrada en mi cuarto. En ese entonces veía muy desolado mi futuro.

Y añadía:

No es que no haya seres humanos en Nueva York; es que están demasiado atrapados por el sistema, endurecidos, y hay poco espacio para las relaciones humanas verdaderas. En S. O. S. era la vida desolada, alienada, dura y angustiante de Nueva York. En Poemas no mandados están los antihéroes: el hombre que va a su oficina, que no es célebre en nada, que tiene tics por donde explotan las neurosis de su mujer, la indiferencia de sus hijos, el mal salario que le pagan en su trabajo. Está la mujer a la que ves con una cara desolada en una banca de Reforma, una mujer de 50 años de quien imaginas su pasado, pero sobre todo el futuro que le depara: la soledad.

Elena Jordana, con su poética cruda y desolada, captura las tensiones de un mundo marcado por la angustia existencial, la alienación y la lucha de los individuos por encontrar un resquicio de humanidad en medio de la rutina. S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados son dos ventanas a un universo sombrío y profundo, pero también constituye una crítica desgarrante de nuestra realidad, tanto personal como colectiva.

Al leer su obra, nos enfrentamos a un espejo que refleja nuestras propias ansiedades, pérdidas y pequeños actos de rebeldía frente a un sistema que a menudo parece aniquilar las relaciones genuinas y la esperanza. Su escritura nos invita, con un estilo singular y una mirada desencantada, a sumergirnos en el flujo de sus versos y a reconocer, acaso, algo de nosotros mismos en sus palabras.

Por ello, si deseas explorar la poesía de una de las voces más auténticas del siglo XX, te invitamos a acercarte a S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados. Estos poemarios no solo reflejan la lucha individual, sino que también convocan a repensar nuestra existencia, nuestra relación con el entorno y, sobre todo, con nosotros mismos. La Biblioteca Andrés Henestrosa pone a disposición de sus lectores estas obras literarias, que prometen abrir no solo nuevas rutas de lectura, sino también una comprensión de la poesía como acto de resistencia frente a la deshumanización.


Disputa sobre la enseñanza de la filosofía en México a finales del siglo XIX

Seguramente, la mayoría alguna vez hemos leído, visto o escuchado algo acerca de ciertos filósofos como Platón o Aristóteles, Descartes o Nietzsche, pero ¿siempre se han enseñado estos autores en las aulas? ¿Cómo era la enseñanza de la filosofía en el siglo XIX?

Dentro de la memoria histórica y literaria de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, uno de los textos que nos acerca a comprender la manera en que se impartía la filosofía en México, concretamente en Guadalajara, es la obra de Agustín de Rivera, titulada La filosofía en la Nueva España, o sea Disertación sobre el atraso de la Nueva España en las ciencias filosóficas precedida de dos documentos publicada en Lagos, Jalisco, en 1885. El autor comienza por presentar dos escritos oficiales, los cuales manifiestan la manera en que la ciencia física —conocida entonces como filosofía natural—, del plan de estudios de la Facultad de Filosofía en el Colegio de Santo Tomás —actual Biblioteca Octavio Paz— y, seguramente, en el Seminario Conciliar de San José en Guadalajara, presenta un notable atraso en comparación con los desarrollos modernos de la ciencia en Europa, dejando de lado a España y a lo que en algún momento fueron sus colonias.

En ambos documentos se hallan evidencias claras de una instrucción fuertemente “escolástica”, es decir, que la terminología y los razonamientos que se impartían en las asignaturas de las facultades de filosofía —física, metafísica, ética y lógica— contenían en sumo grado nociones de la metafísica tradicional, tales como substancia, esencia, acto y potencia, materia primera, principio, etc. Estos conceptos son esclarecidos en el primer escrito que presenta la obra — Programa de un acto público de Física, que hubo en el Colegio de Santo Tomás de los jesuitas de Guadalajara, de 1764—, mientras que en el segundo —Titulo y cinco proposiciones del programa de un acto público de Toda Filosofía, en el Seminario de Guadalajara, de 1798— se refiere la manera en que algunas de estas nociones pueden explicar los fenómenos naturales en la realidad. Empero, la firme crítica contra esto comienza a partir de que estas ideas y sus conclusiones son observadas como arcaicas e inaplicables, al menos dentro del panorama científico al que se enfrenta el conocimiento en un ya recorrido siglo XIX.

Ante este contexto, la respuesta de Rivera —sacerdote nacido en Lagos, Jalisco, con una importante formación en jurisprudencia en lo que hoy es la Universidad de Guadalajara, el Seminario Conciliar de dicha ciudad y gracias a su gran labor en el estudio de la ciencia moderna— es contundente, pues es consciente de la realidad que domina el marco científico moderno: la Revolución Científica iniciada por Copérnico y que, continuada por muchos otros hombres y mujeres de ciencia, llega a cierta madurez con la física newtoniana. En este sentido, su empresa se centra en presentar y evidenciar, por medio de varios estudiosos de renombre, científicos importantes, citas de los santos padres de la Iglesia, papas, virreyes, concilios y textos sagrados, la decadencia que presentan los contenidos en los planes de estudio donde se imparte la filosofía.

La discusión desarrollada en la primera parte del texto se centra en la recopilación de varias opiniones de ilustres doctores en distintas artes y ciencias, en su mayoría españoles, pero también estudiosos mexicanos, entre algunos de los muchos citados figuran: Adolfo Llanos y Alcaraz, periodista, militar y escritor español; D. Niceto de Zamacois, poeta, historiador y periodista; fray Ceferino Gonzales y Díaz Tuñón, arzobispo español y profesor universitario en Ciencias Naturales; Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, religioso benedictino, ensayista y erudito de gran preminencia, español de nacimiento. A partir del Teatro crítico universal, de este último autor, se realiza una disertación analítica en el área de la física, la lógica y la metafísica.

Cabe señalar que la selección de los discursos intenta evitar una crítica dentro de la región, para que sea el juicio externo y público el que califique el grado de actualidad respecto de la cuestión filosófica. Así, no queda excusa de los pormenores que puedan advertirles los eruditos de otros países en la materia mencionada, y que son evidentes dentro del texto.

La estructura del libro consiste en una portada tipográfica con el título de la obra y el nombre del autor, el año y el lugar de publicación, además, se atribuye la tipografía a Vicente Veloz González y la impresión a Ausencio López Arce, quien es amigo del autor, según se menciona en otro lugar de la obra. Al final del libro se hallan un índice analítico y uno alfabético. No contiene colofón. Una peculiaridad de este maravilloso ejemplar es que cuenta con una disertación del autor sobre la problemática de la imprenta en Jalisco durante la época novohispana y los años siguientes, dejando en claro que existen muchas confusiones y posibles registros inexactos sobre distintas publicaciones, así como la necesidad de más imprentas en un lugar tan abundante de eruditos.

En definitiva, este texto de Agustín Rivera pone en marcha un cuestionamiento que sigue vigente en nuestros días, especialmente tomando en cuenta los avances y pormenores de nuestro mundo actual: ¿Qué tan beneficioso ha resultado abandonar la visión antigua del mundo desde la filosofía cristiana, para adoptar la modernización teórica?


EDITORIAL

Capilla abierta de Teposcolula. Fotografía: María Isabel Grañén Porrúa.

Abril se nos presenta como un mes cálido y alegre. El aplomo del sol ilumina todo y nos lo revela como nuevo. Ver las cosas con otros ojos, desacostumbrar la mirada, es algo que procuramos en la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.

Así es como, desde el exconvento de San Pablo, testigo vivo de la huella dominica en México, se desempolva el pasado para conmemorar los 500 años de la llegada de la Orden de los dominicos a estas tierras. Asimismo, se presenta la restauración del nacimiento de cera “Las Palomas” para prolongar la vida no solo de estos objetos artísticos, sino de un antiguo oficio.

Los Diablos Rojos del México vuelven sobre sus propias huellas para revivir su primer campeonato. Mientras tanto, desde sus diferentes sedes —Ciudad de México, Oaxaca y Puebla—, Adabi sigue cultivando la memoria colectiva con la recuperación y conservación de archivos parroquiales y fondos personales.

Por su parte, el Museo Textil apuesta, una vez más, por el fortalecimiento de las comunidades de artistas textiles a partir de talleres que promueven una innovación capaz de preservar sus tradiciones creativas. Entretanto, el Museo de la Filatelia detiene su mirada en las juventudes que buscan la desconexión digital.

El Museo Infantil de Oaxaca reconoce la imaginación como esa potencia capaz de hacer las cosas nuevas y de construirse un lugar en el mundo; por ello, cultiva la materialización de las ideas de las infancias y potencia su desarrollo desde los primeros meses a partir de diferentes estrategias, como la música.

En compañía del Programa Seguimos Leyendo, nos detenemos a mirar con otros ojos el trenzado del cabello y el disfrute de una taza de café. Esto mismo es lo que pretende la recomendación de lectura que presenta la Biblioteca Henestrosa: El día que no paró de llover, de Antolina Ortiz Moore; una invitación a extrañarnos de lo cotidiano, a percibir la realidad como algo que debe ser reconstruido desde la sensibilidad y la imaginación.

Así, en cada una de estas acciones, la FAHHO recuerda que mirar de nuevo también es una forma de cuidar, de preservar y de transformar: un llamado a habitar el presente con asombro y a construir, desde ahí, futuros posibles.


Romper los esquemas creando comunidad

Actividades dentro de los talleres dirigidos a la comunidad de artistas textiles

Por medio de los talleres dirigidos a los artistas, el Museo Textil de Oaxaca se ha configurado como un punto de encuentro donde se comparten conocimientos y técnicas textiles, pero también —entre risas e historias familiares y de la vida cotidiana— se consolida una red de apoyo y trabajo en equipo; se afianza una comunidad de artistas cuya diferencia generacional no hace más que tenderse la mano y motivarse unos a otros.

Rocío Vidal y Guillermo Vargas, dos maestros que acompañan a los artistas del museo en la creación de sus piezas, los invitan a salir de su zona de confort, a romper esquemas utilizando la asimetría, y a probar colores y texturas con los que no acostumbraban a trabajar. Felipa Velasco, artista de Santa María Cuquila, Tlaxiaco, menciona lo siguiente sobre su experiencia:

Es una revolución en mi cabeza, porque cuando me dicen que haga algo, voy directamente al telar y pienso cómo le voy a hacer. Somos quince mujeres; dije que era mi oportunidad de innovar. No pensaba encontrarme con la asimetría, creí que solo íbamos a combinar colores. Voy a llegar a transmitirle eso a mis compañeras.

Uno de los principales recursos que se ejercitan en estos talleres es la observación. Horacio Mendoza, artista de Teotitlán del Valle, comparte los resultados de los ejercicios que realizó combinando colores primarios con secundarios: “Este color que obtuve es un verde oscuro, parecido a la hoja de rosita de cacao, y este negro grisáceo parece el cielo de noche. Por este ejercicio tuve que pararme y observar”. Así, los artistas se motivan a buscar otros colores y texturas en la naturaleza, dentro de su propia comunidad, para integrarlos a sus piezas.

Las herramientas que los maestros les brindan a los artistas les permiten experimentar con otras formas y superar lo que ellos mismos consideraban un reto. Denisse Cajero, bordadora de Santiago Jamiltepec, analiza su paso por los talleres:

Yo estaba en mi zona de confort hasta que me puse a pensar cómo iba a romper esas líneas, entonces empecé a trabajar en lo curvo y serpenteante. Ahora ya sé cómo denominar cada cosa que hago. Antes hacía flores para rellenar y ahora puedo crear motivos a escala, [antes] quería algo fácil, todo recto.

Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca

Estos espacios han incentivado a los artistas a reflexionar sobre su trabajo, así como a aprender a asumir tareas que anteriormente no realizaban en sus talleres, o que delegaban a otras personas. Dice Fermina Ruíz, artista de Teotitlán del Valle:

A mí [la composición] me está costando mucho. Me dedico más al tinte, a los colores; me acostumbré mucho a tener un patrón de lo que yo hago, siempre me ha costado, pero desde el momento en que dijeron que teníamos el taller nadie quería venir, mis hijos ya están grandes y no pensaba lograrlo.

Con una sonrisa, Fermina muestra el boceto de un camino de mesa en el que finalmente pudo plasmar los ejercicios y conceptos trabajados en el taller.

Los talleres también han representado una oportunidad para que los artistas desarrollen propuestas novedosas mediante las cuales se preserva la tradición textil de sus comunidades de origen. Este es el caso de Sinhué Ascona, bordador de San Juan Guichicovi, quien señala:

A mí siempre me ha gustado hacer cosas diferentes; ya hago algo novedoso, cadenilla en prendas de hombre, pero con el taller se me presentó otra forma de seguir creando; se abren posibilidades y tú decides hacia dónde ir, pueden salir cosas bonitas siempre desde donde venimos, con muchas aún por pensar para plasmarlas.

Con la exploración de estas nuevas posibilidades y la búsqueda de la convivencia de la moda con lo artesanal, Marco Antonio López, artista de Santo Domingo Tomaltepec, se pregunta: “¿Por qué no crear nosotros las mismas tendencias? Tenemos el poder para generar nuevas tendencias sin perder la originalidad”. De esta manera se pone de manifiesto que las piezas que crean son de alto valor, pues además de trabajar con materiales de calidad plasman una parte de sus historias colectivas y personales.

Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca

Los maestros Rocío y Guillermo exhortan a los artistas a apreciar lo que se está haciendo tanto en Oaxaca como en otras partes del mundo e inspirarse en ello. Es por eso que uno de los referentes para este grupo ha sido Gabino Méndez, artista de Villa de Mitla, quien ofreció una visita guiada por medio de su exposición “Presencia-ausencia”, además de entablar un diálogo enriquecedor entre ellos. Al respecto, Cory Hernández, tejedor de San Baltazar Guelavila, expresa:

Los maestros nos han ayudado a nombrar lo que ya trabajamos en nuestras piezas para cuando nos pregunten. También encontré inspiración en el maestro Gabino. Estoy en mi búsqueda y lo voy a aplicar en mi taller. El maestro Gabino logró su búsqueda, te abre el panorama e inspira a seguir creciendo.

Sin duda, salir de lo que los artistas consideran su zona de confort ha sido un reto que han abordado con entusiasmo y solidarizándose los unos con los otros, compartiendo sus experiencias y conocimientos, reconociendo que cada una de sus propuestas va más allá de lo individual, además de complementarse como un gran equipo. Como menciona Yamileth López, bordadora de La Ventosa, Juchitán: “Siempre hay algo que admirar de los propios compañeros. El taller me invitó a buscar las similitudes de mi cultura con la cultura de los demás”.

En octubre de 2026, en el 5° Encuentro de Textiles Mesoamericanos (TEXTIM), conoceremos las piezas que los artistas trabajaron en estos talleres, y la manera en que han logrado materializar sus conocimientos, sus historias de vida, así como el intercambio de ideas que se gesta en estos encuentros generados por el Museo Textil de Oaxaca.


Los perros de Dios en Antequera. A 500 años de la llegada de los dominicos a Nueva España

Dejadme obrar; yo sé bien lo que me hago. Amontonado
el trigo se corrompe; esparcido fructifica.

Santo Domingo de Guzmán (1170-1221)

En las bulas promulgadas por el papa Honorio III, en 1216 y 1217, se ratificaba la fundación de la Orden de Predicadores (OP), promovida por el burgalés Domingo de Guzmán, cuyo legado de alabanza, bendición y prédica —Laudare, Benedicere, Praedicare— habría de conformar uno de los bastiones más poderosos para la defensa de la Iglesia católica en tiempo de herejías, detracciones y reconfirmación de la fe.

Los dominicos o “perros de Dios”, por su etimología latina, en paridad con las otras órdenes mendicantes de franciscanos y agustinos, iluminaron el ocaso medieval con sus modelos de virtud, recogimiento y observancia.

Luego de la Conquista de México, fray Domingo de Betanzos fue comisionado para establecer la orden en Nueva España, la Capitanía General de Guatemala y las Filipinas. En 1526 arribaron los predicadores a tierras mexicanas. Dos años más tarde, junto con fray Gonzalo Lucero y fray Bernardino de Minaya, se dieron las bases para un nutrido programa evangélico en la antigua Antequera. La complejidad geográfica y lingüística del territorio derivó en la planeación de diferentes rutas catequéticas, acompañadas, por supuesto, de grandes construcciones que marcaron los ejes didácticos y filosóficos para la instrucción de los naturales.

Fue en 1529 cuando se colocó la primera piedra de la Parroquia de San Pablo de los Indios —ahora convertido en el Centro Cultural San Pablo—, que pasó por diferentes vicisitudes, sobre todo sísmicas, las cuales habrían de requerir constantes procesos de reconstrucción y asignación de nuevas advocaciones. El llamado Convento de la Recolección de Santo Domingo de Soriano —devoción de Calabria, en el sur de Italia, a partir de la visión mística de un sacristán que recibió de manos de la Virgen María un retrato del santo fundador—, acabaría por abandonarse frente a un nuevo proyecto, con técnicas arquitectónicas más modernas que garantizaban su estabilidad, y que hoy constituye el portentoso templo y antiguo convento de Santo Domingo de Guzmán, en la capital antequerana.

A su vez, las rutas mixteca y zapoteca fructificaron en sendos inmuebles que, como portavoces de la doctrina cristiana, se edificaron con magníficas pinturas murales, retablos, lienzos, tallas estofadas, artes decorativas y ajuares litúrgicos que hoy podemos apreciar y valorar, gracias al apoyo de diversas instituciones, como la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, en tanto parte del encomiable legado de los perros de Dios en Antequera.

Resultaría por demás pretencioso abordar en estas líneas la totalidad de templos, parroquias, capillas, ermitas y demás recintos vinculados a los menesteres de la orden en Oaxaca. Sin embargo, destacaremos algunos de ellos mediante los elementos de propaganda fide, que constituyen buena parte del arraigo de una religiosidad que hoy sigue reverberando en la vida cotidiana, en los usos y costumbres del estado.

En la región mixteca es imprescindible mencionar los conjuntos de Santo Domingo Yanhuitlán, San Pedro y San Pablo Teposcolula y San Juan Bautista Coixtlahuaca. El primero, que emerge como una suerte de visión en medio de la planicie rodeada de montañas, conserva el retablo mayor asignado al gran maestro sevillano Andrés de Concha, en colaboración con el flamenco Simón de Pereyns. Las tablas con pasajes cristológicos y marianos exaltan motivos ejemplares para la feligresía en una orquesta de colorido, teatralidad y efectismo, propios de la mejor tradición manierista novohispana.

Mención aparte debe hacerse a la capilla abierta de Teposcolula, reconocida como la de mayor dimensión en el país, cuya elegancia renacentista logró el cometido de los predicadores de promover la fe e impartir los sacramentos en un espacio monumental, a la manera de las grandes explanadas de los teocallis prehispánicos. De igual forma, aunque de menor tamaño, la que flanquea la iglesia de Coixtlahuaca —con representaciones de la cosmogonía indígena en paridad con patrones cristianos— entra en diálogo con los símbolos pasionarios labrados en la cantera que encontramos en la portada lateral del templo. Refirió fray Francisco de Burgoa en su Geográfica Descripción de la parte septentrional… (1674):

[…] dellas sacaron los esclare/cidos tropheos de la fee, para nuevo esplendor de la Religion Catho/lica, blason decoroso de la Monarquia Española, y timbre de el escudo azerado de mi Orden de Predicadores, clarines fueron tan sonoros que à la voz del Catholico Josue, retumba/ron por estas Regiones de la mas supersticiosamente obstinada Jericò, y à sus ecos rindieron los escollos, y breñas mas impe/netrables su braveza […].1

También en la Mixteca, no menos espléndida, la iglesia de San Cristóbal Suchixtlahuaca, aderezada con los grandes ciclos pictóricos del poblano Miguel de Mendoza, resguarda distintas tallas estofadas angélicas como portavoces de los mensajes divinos.

Por otra parte, gracias a la herencia espiritual y devocional de los predicadores, tenemos los conjuntos retabulares de Santiago Comaltepec, Santo Tomás en Ixtlán de Juárez y San Mateo en Capulálpam de Méndez. Todos ellos, en la Sierra Norte, alcanzan el mayor esplendor de la sensibilidad barroca dieciochesca en un crisol de líneas sinuosas, formas orgánicas y pan de oro que ponen de frente al Cielo con la Tierra, como refería Juan Plazaola (SJ). Entre querubines, serafines, acantos, rocallas, medallones, imágenes de santas y santos, pasajes de la vida de Jesús y de María, rompimientos de Gloria y la benevolente figura del Padre Eterno en los remates, en estos templos se observa el ímpetu devocional y el gusto por la belleza y el preciosismo que caracterizan, por derecho propio, al arte sacro de Oaxaca. Explica la investigadora Martha Fernández: “Entre los muchos simbolismos que posee el templo cristiano, se encuentra la representación del paraíso o, por decir mejor, de los paraísos: el terrenal, el cielo donde habita Dios y la Jerusalén celestial”.2

1 Fray Francisco de Burgoa, Geografica descripcion de la parte septentrional, del Polo Artico de la America, y Nueva Iglesia de las Indias Occidentales, y sitio astronomico de esta provincia de predicadores de Antequera Valle de Oaxaca: en diez y siete grados del Tropico Cancer…. Consagrala a su esclarecido Patriarca Santo Domingo, decoroso timbre de Guzmanes, plana celeste del zodiaco de luzes…, México: Imprenta de Juan Ruyz, 1674. Prólogo, 1-2.

2 Martha Fernández, “La imagen del cielo en la arquitectura novohispana. Mantos, doseles y cortinajes” en Históricas digital, México: UNAM, 10 de diciembre de 2018, 288.


Sesiones Analógicas en el Mufi

Hay un dato que me asombra genuinamente cuando veo las métricas de las redes sociales del Museo de la Filatelia de Oaxaca: el de su público. La mayor parte de los seguidores —más del 60%— se compone de una audiencia joven, de 18 a 35 años. Y no solo se trata de un dato digital, pues el registro de las visitas físicas lo corrobora; basta con recorrer las instalaciones del museo en su dinámica diaria —desde la recepción, pasando por sus salas expositivas, sus jardines y sus patios hasta llegar al final en la Sala de Numismática Mexicana—, para darse cuenta de que el Mufi rebosa de vitalidad y energía juveniles. Esta dinámica podría explicarse por la belleza de las instalaciones del museo y su ubicación céntrica, lo que ha convertido a este espacio en un punto de reunión especial para estudiantes y jóvenes. Sin embargo, esta respuesta simplifica y reduce un fenómeno complejo que está sucediendo prácticamente en todo el mundo: el de la búsqueda de actividades analógicas por parte de las nuevas generaciones.

El pasado 17 de enero, el periódico La Jornada publicó un artículo titulado “Gen Z y millennials reviven escritura de cartas en busca de desconexión digital”, en el que aborda un fenómeno muy interesante: una contrarrespuesta al agotamiento por hiperconexión o, en otras palabras, el resurgimiento de actividades analógicas que no requieran pantallas o dispositivos digitales para disfrutarse. Por supuesto que entre estas actividades encontramos la creación de cartas y postales, labores que el museo realiza en todo momento y que son parte de sus tareas continuas de difusión. El artículo también menciona otras importantes, como la lectura de libros físicos, clubes de caligrafía, grupos de escritura con máquinas de escribir, comunidades que crean sellos, sesiones de escucha de vinilos, entre otras. Es por eso que, inspirados en este reciente fenómeno —que busca retomar las formas tradicionales de comunicación y convivencia—, hemos diseñado las “Sesiones Analógicas” en el Mufi, un espacio para celebrar la escritura a mano, la escucha de música en vinilo y la creación con herramientas manuales colorear, ilustrar, fotografiar, entre otras—; un espacio para conjugar actividades y desintoxicarse por un momento de los dispositivos digitales.

Estas sesiones en realidad son una iniciativa que complementa lo que ya hacen las juventudes en sus visitas al museo, pues no es para nada extraño encontrar en los jardines del Mufi a chicas y chicos leyendo literatura, escribiendo cartas y postales, coloreando ilustraciones de Bobbie Goods, personalizando sus cuadernos con scrapbooking (técnica que involucra la utilización de stickers, sellos, fotos, recortes) o haciendo junk journaling (creación de un diario con elementos reciclados, tickets, envolturas de dulces, stickers, instantáneas).

Nuestro objetivo es propiciar encuentros —de manera regular, cada mes— entre quienes optan por explorar formas creativas más cálidas, genuinas y tangibles, capaces de construir conexiones significativas con más personas de manera presencial; además, las sesiones serán armonizadas con música de fondo a partir de una selección de vinilos. Y, finalmente, como museo de filatelia no podíamos dejar el coleccionismo atrás, así que estas sesiones se acompañarán con la impresión de miniprints artísticos únicos, los cuales estarán disponibles solo el día señalado.

Las Sesiones Analógicas del Mufi iniciarán en julio, como parte de los festejos por nuestro vigesimoctavo aniversario. Muy pronto anunciaremos la fecha de la primera sesión. Nos emociona abrir este espacio para encontrarnos de otra manera: escribir a mano, escuchar música en vinilo, crear con calma y compartir el tiempo para vernos, reunirnos y disfrutar el simple hecho de estar juntos. Para conocer la fecha y los detalles de la primera sesión, te invitamos a seguir las redes sociales del Museo de la Filatelia, donde muy pronto compartiremos toda la información.


Rescate de los archivos parroquiales de la Arquidiócesis de Morelia: entrega de resultados

Inauguración de la exposición de documentos notables encontrados en el Proyecto de Rescate
de Archivos Parroquiales de la Arquidiócesis de Morelia. Fotografías: Acervo de Adabi México

En el marco de las Jornadas Archivísticas del estado de Michoacán y de la celebración del Día del Archivista en México, tuvo lugar la presentación del Proyecto de Rescate de Archivos Parroquiales de la Arquidiócesis de Morelia en la Casa de la Cultura de esta ciudad. Para dar a conocer el resultado de este trabajo, se presentaron dos mesas que abordaron los temas de cooperación interinstitucional y la experiencia en el rescate de archivos eclesiásticos. Esta labor fue posible gracias al trabajo conjunto de la Arquidiócesis de Morelia y la Secretaría de Gobierno del Estado de Michoacán, por medio de la Dirección de Archivos del Poder Ejecutivo que, en colaboración con Adabi de México, apoyaron el rescate de 37 archivos históricos parroquiales en un periodo de dos años, más uno dedicado a la investigación y al trabajo editorial.

La primera mesa contó con la participación del doctor Humberto Urquiza Martínez, como representante de la Secretaría de Gobierno del Estado; el presbítero Leopoldo Díaz Díaz, en representación del arzobispo de Morelia; Román Rubén Corona Ferreyra, director de Archivos del Poder Ejecutivo; Martha Luz Corona Bustos, directora del Archivo Histórico del Poder Judicial de Michoacán; Verónica Loera y Chávez Castro, directora de Adabi; y el maestro David Eduardo Ruiz Silera, presidente de la Red de Archivistas Michoacanos. Con la moderación de Fernanda Silva Bante, los participantes se congratularon del buen resultado de la colaboración entre instituciones, es decir, del rescate y organización de 37 archivos parroquiales y, por lo tanto, de la memoria y la historia de las poblaciones en las que se ubican. La intención es continuar con otros desafíos y dedicar más tiempo de calidad.

La directora de Adabi de México agradeció profusamente la confianza de las autoridades para llevar a cabo el proyecto, así como a los participantes del mismo, ya que afirmó que es una tarea que implica muchos retos por resolver durante la marcha. Al concluir esta mesa, se hizo entrega oficial de los 37 inventarios en formato digital a los representantes de cada institución, así como de sus versiones impresas al padre Leopoldo, para que él, a su vez, las haga llegar a las parroquias a las que pertenecen. De igual manera, se otorgaron reconocimientos a los analistas que participaron en el rescate y que se encontraban presentes en el evento.

En la segunda mesa, los participantes se dieron cita para conversar desde su experiencia como instituciones receptoras y como integrantes de los equipos de trabajo: el presbítero Luis Daniel Rubio Morales, de la parroquia de San Jerónimo Huandacareo —quien, junto con el padre Leopoldo Díaz Díaz, fue un importante pilar para el desarrollo del proyecto, pues facilitaron y gestionaron todo lo necesario para que las parroquias abrieran las puertas de sus archivos—; el presbítero Juan Ruiz Rebollo, de la parroquia de Santiago Apóstol, Undameo; y el presbítero Roberto Plancarte Martínez, de la parroquia de Santiago Apóstol, Capula. Ellos tres hablaron de lo que significa para sus parroquias la organización de la documentación, además, el párroco de Undameo abordó las experiencias personales respecto a la importancia de los documentos en la vida cotidiana. Hablaron de los baches y las dudas ante la llegada de personal ajeno a sus instituciones, en quien, finalmente, decidieron confiar para llevar a cabo la tarea.

Por su parte, Gabriela Patricia López Ortiz, Carlos Josafath León Nieves y Alan García Orozco egresados de la carrera de Historia de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo—, quienes formaron parte del equipo que se encargó del rescate documental y de la investigación que da contexto
a cada uno de los inventarios realizados, narraron su experiencia. En su relato destacaron la sensación de tener en sus manos documentos con firmas autógrafas de personajes históricos, lo que, como historiadores, les representó un acercamiento más entrañable con las fuentes primarias de la historia.

Al finalizar la segunda mesa se invitó a los asistentes a acudir a las instalaciones de la Dirección de Archivos del Poder Ejecutivo, donde se llevó a cabo la inauguración de la exposición dedicada a los documentos notables hallados en las 37 parroquias participantes del proyecto. Esta exposición contó con la explicación de Gabriela Patricia López, quien fungió como coordinadora operativa durante todo el proyecto, además de ser el enlace entre las tres instancias y el equipo de analistas.


Canciones para crecer

Desde antes de nacer, los bebés ya habitan un mundo de gran riqueza sonora. Reconocen voces, perciben ritmos y encuentran calma en aquello que les resulta familiar. La música, en este sentido, no es solo un acompañamiento, sino una de las primeras formas de crear vínculos. Sin embargo, entre tantos sonidos disponibles, surge una pregunta: ¿cuál es la música más adecuada para nuestros bebés?

La música es una herramienta indispensable durante la primera infancia, ya que aporta entusiasmo y bienestar desde los primeros meses de embarazo. Es fundamental que cada mamá y cada bebé puedan escucharla desde su primer instante juntos. Estos sonidos iniciales serán los mismos que, al nacer, le brindarán calma y seguridad al bebé cuando llegue a un mundo completamente nuevo.

Algunos expertos, como el Dr. Ibrahim Baltagi, recomiendan optar por piezas clásicas o de arrullo en esta primera etapa. Él sugiere acercar al vientre de mamá música lenta, suave y repetitiva; melodías que desaceleren los latidos del corazón del bebé y le ayuden, más adelante, a establecer rutinas de sueño y a acompañar momentos de llanto.

Por otro lado, los estímulos musicales impulsan el desarrollo de ciertas habilidades. Cuando el bebé escucha desde el vientre el canto de mamá, comienza a estimularse su sentido del oído. Aprende a identificar su voz y la de papá al responder, poco a poco, a esos estímulos con sus movimientos. Al nacer, el canto le proporciona tranquilidad porque es un sonido que reconoce al instante. No importa si no tenemos una gran voz, lo verdaderamente significativo es que ese sonido está cargado de amor, ritmo y cercanía.

En esta etapa también se fortalece la adquisición del lenguaje. A mayor exposición a canciones con palabras repetitivas y sencillas, mayor será la probabilidad de que el bebé desarrolle sus primeras palabras en el momento correspondiente. Incluso el movimiento que acompaña a estas canciones cumple una función, pues contribuye al desarrollo psicomotriz, favoreciendo la conciencia espacial y el reconocimiento de las partes del cuerpo. Pero, entonces, ¿qué podemos cantarles y cómo elegimos las opciones más adecuadas para su edad?

La música puede convertirse en una hermosa puerta para guiar a nuestros bebés en su exploración del mundo. Antes de centrarnos en el género musical o en alguna canción específica, podemos partir de un tema que despierte su interés. Por ejemplo, si durante la primavera notamos curiosidad por los insectos, esta puede ser una gran oportunidad para descubrir propuestas musicales relacionadas con ese tema. Una búsqueda sencilla en una plataforma de contenido musical, como “insectos para bebés”, abre la puerta a un universo amplio de artistas, géneros y melodías, del cual también surgen nuevas posibilidades de estimulación sensorial.

No obstante, se recomienda priorizar plataformas en las que el bebé no tenga acceso a pantallas. Cuando madres, padres o personas cuidadoras mantienen el control sobre el uso de los dispositivos electrónicos para escuchar música, se evita la sobreestimulación sensorial. Asimismo, es importante escuchar el contenido antes de presentarlo a los bebés. De esta manera, se toma una decisión consciente sobre aquello que se desea compartir. La pregunta es si favorece el desarrollo auditivo y del lenguaje, si aporta a la formación de valores o ayuda a mostrar, de una manera más didáctica y amorosa, el entorno al que se están adaptando.

En el Museo Infantil de Oaxaca, el trabajo con sonidos y canciones ocupa un lugar central dentro de los talleres dirigidos a la primera infancia. Somos conscientes de su importancia y del valor que tiene en el desarrollo del lenguaje, la creación de vínculos afectivos, la creatividad, la socialización y el juego entre pares.

A lo largo de los más de 36 talleres que he creado en el MIO, he tenido la oportunidad de descubrir artistas mexicanos y de otras partes del mundo que enriquecen mi labor, haciéndola más emocionante, profesional y comprometida. Las listas de reproducción que elaboramos mes con mes no solo responden a una necesidad dentro de los talleres, sino que también representan una invitación a adentrarnos en un mundo lleno de imaginación y juego: un espacio donde podemos estimular los sentidos, apapachar, cantar e incluso convertirnos en personajes que dan vida a las historias que la música nos cuenta.

Si este mundo sonoro para la primera infancia te emociona tanto como a mí, te invito a escuchar nuestras playlists en Spotify por medio del siguiente enlace y a permitirte descubrir, junto con tu bebé, nuevas formas de encontrarse, escucharse y acompañarse desde la música: https://open.spotify.com/playlist/3DCVE8WaKW7MOqgz9EuT9e?si=Bmoaf08oRtK33dFUweJMHA


La chispa que encendió una tradición ganadora: 70 años del primer título

Para la temporada de 1956, los Diablos Rojos del México tenían el compromiso moral de conquistar su primera corona. El hecho de haber quedado a un juego del primer sitio en la campaña anterior y de que el campeonato se lo hubieran llevado los Tigres de México —quienes debutaban con ese nombre en la Liga Mexicana—, resultó una gran afrenta.

Tras el fracaso de Gilberto Torres y Mario Díaz como managers en 1955 —sumado a que en el último encuentro el equipo escarlata no pudo contar con Alonzo Perry por estar arrestado—, el propietario del equipo, Héctor Peralta, decidió echar la casa por la ventana y buscar al piloto adecuado para que la novena escarlata intentara arrebatarle el título al equipo de su hermano, don Alejo. El personaje elegido fue el cubano Lázaro Salazar, quien ya se había coronado con Córdoba, Azules de Veracruz, y en cuatro ocasiones con Monterrey, tres de ellas de manera consecutiva.

El Príncipe de Belén había aceptado un puesto como scout de los Piratas de Pittsburgh después de dejar atrás a los Sultanes, y ya que no estaba convencido de alejarse del terreno de juego, no dudó en aceptar la oferta para dirigir al México.

La presencia de Salazar, aunada a la conformación de un roster altamente competitivo —en el que sobresalían nombres como los de Perry, Ernesto Natas García, Héctor Chero Mayer, Felipe Hernández, Panchillo Ramírez, Diómedes Guayubín Olivo, entre otros—, permitió que los Rojos avanzaran como una aplanadora durante el desarrollo de la temporada.

El dominio escarlata fue tan abrumador que llegaron a tener victorias consecutivas: tres de cinco, una de seis, una de siete y otra de diez, antes de asegurar el primer lugar en el standing.

El único bache que llegó a inquietar a la afición roja fue una racha de tres derrotas ante los Tigres a mitad de la temporada. Cabe recordar que la llamada Guerra Civil había surgido un año antes, y la pasión subía de tono con cada enfrentamiento entre ambos equipos de la ciudad, que en aquellos tiempos se conocía como la región más transparente del aire.

Ocho días antes de la conclusión del calendario, los Diablos Rojos se coronaron campeones. La primera de dos victorias sobre los Leones de Yucatán, el domingo 26 de agosto, puso fin a la sequía de 16 años. Aquel logro fue aún más notable porque incluyó una hazaña nunca antes vista en el beisbol profesional mexicano, la cual no se ha repetido hasta nuestros días: Francisco Ramírez se apoderó de la triple corona de picheo (juegos ganados, efectividad y ponches), mientras que Alonzo Perry hizo lo propio a la ofensiva, liderando los departamentos de porcentaje de bateo, home runs y carreras producidas.

Ramírez registró una marca de 20 victorias, 3 derrotas, 2.25 de efectividad y 148 ponches. En el caso de Perry, su porcentaje de bateo fue de .392, con 28 cuadrangulares y 118 carreras empujadas. Por si fuera poco, también fue líder en hits, dobles y triples.

A siete décadas de distancia, los logros de los Diablos Rojos del México siguen siendo referencia e inspiración en una trayectoria deslumbrante que hoy incluye 18 campeonatos y un prestigio inigualable en el beisbol profesional de nuestro país.


Cucharadas de poesía

Los siguientes textos fueron generados en el taller de Cucharadas de poesía haciendo eco del poema “Instrucciones para dar un beso”, de Julio Cortázar.

Instrucciones para hacer una trenza
Georgina Villanueva

Sin mirarte al espejo, toca y disfruta la textura de tu cabello. Desliza los dedos de arriba abajo, una, dos, tres veces mientras vas quitando enredos, obstáculos y preocupaciones. Ahora toma el peine, ve pasándolo de abajo hacia arriba, centímetro a centímetro. Deja que la madera de naranjo se lleve lo pesado. Luego peina de la frente a la punta del cabello, de una sola vez. Recibe en la nuca, poco a poco, el tiempo; cierra los ojos, siente el cabello en tus manos y separa entre los dedos tres tantos. Con firmeza, sostén las hebras de cada lado y deja suelta la tercera; empieza a pasar la de la derecha a la izquierda, la del centro a la derecha y la de la izquierda al centro. En principio, será difícil: es como equilibrar presente, pasado y futuro. Hay que hacerlo al despertar y al irse a dormir para practicar. En una semana será más fácil trenzar tu cabello; en dos semanas intenta con listones —si son anchos se pueden torcer—. No te rindas: al final tendrás una trenza tejida con moños y sueños.

Instructivo para tomar café con una persona especial
Eduardo Navarro

Todos sabemos que una taza de café es un poderoso vínculo entre dos almas. Por eso resulta importante, incluso vital, conocer el procedimiento correcto para no caer en errores que podrían resultar fatales.

Al ir a tomar un café con alguien especial, nunca debemos sentarnos junto a esa persona, ya que resultaría por demás inadmisible. Lo correcto es sentarse justo frente a la persona con la que queremos disfrutar ese momento mágico de tomar un café juntos. Esto, para poder estar en condiciones de verle directamente a los ojos y, sutilmente, y de vez en cuando, admirar su sonrisa.

Al tener nuestra taza de café frente a nosotros —y aquí se aconseja tomarlo sin azúcar—, lo primero que debemos hacer es percibir su aroma. Sabido de todos es que el aroma del café se dibuja en el aire y traza sus mágicas figuras por todo el lugar. Este será el momento ideal para comentar con nuestra acompañante el tipo de aroma y su delicadeza. Nuestra plática debe ser inteligente y sensata, de modo que, al percibir el aroma del café, también respiremos las palabras y que estas toquen todos nuestros sentidos.

Posteriormente, daremos un sorbo a nuestro café para proceder a paladear su sabor y, justo en ese momento, hablaremos de su textura, de su cuerpo y de ese sabor amargo producto del proceso de tueste del grano. Miraremos con disimulo, pero al mismo tiempo con ansiedad, el instante en que nuestra acompañante lleve la taza a sus labios, para contemplar el sublime momento en que el café se posa en ellos. De esta forma, nuestra plática estará también acompañada de exquisitos sabores que nos envolverán y llenarán el espíritu.

Hasta aquí hemos logrado atraer la atención de esa persona especial, y su pensamiento será quedarse más tiempo con nosotros disfrutando esa unión de almas en torno a un buen café y una grata conversación, que hace que la vida se vea diferente y, desde luego, invite a repetirse en otras ocasiones.

Al final, y cuando nosotros consideremos que es el momento adecuado —quizá rozando su mano sutil y tiernamente—, le diremos con voz firme y segura: ¿Sabes que es lo que más me gusta del café?… Son tus ojos cuando tú lo tomas.


El Fondo Personal de Floriberto Díaz Gómez

A fines de 2025 visitamos por primera vez el archivo del antropólogo y activista Floriberto Díaz Gómez (1951-1995), originario de Santa María Tlahuitoltepec, Mixe. Este fondo lo integran documentos, publicaciones y fotografías que aún se encontraban dentro de cajas plásticas, tanto en el domicilio familiar como en el espacio que será la sede del acervo. Hasta ahora, la familia había realizado una revisión general para la publicación de algunos de sus textos, pero estaba interesada en una organización más sistemática del conjunto documental, debido a las solicitudes que ha recibido para su consulta.

Del mismo modo que los archivos institucionales —que se clasifican según las funciones para formar la misma estructura con que fueron generados los documentos—, la clasificación de los archivos personales tiene como objetivo reconstruir los aspectos más importantes de la vida del personaje, lo cual requiere una investigación biográfica. Por fortuna, la familia de Floriberto cuenta con bastante información de las actividades que él desempeñó, lo que nos permitió establecer un cuadro de clasificación compuesto por tres secciones documentales en nuestra primera comisión, realizada en febrero.

La Sección Asociaciones Regionales es la más extensa de todas. Estos documentos dan cuenta de sus actividades en defensa de los derechos de los pueblos mixes frente a la explotación de sus recursos. Asimismo, muestran sus esfuerzos por la alfabetización de la lengua mixe para facilitar su lectoescritura, así como por la instrumentación de una educación dirigida a las comunidades indígenas en sus propias lenguas y a partir de su cultura. Tales acciones lo llevaron a capacitar personal y a crear algunas escuelas. Los expedientes fueron generados durante su activa participación en el Comité para la Defensa de los Recursos Naturales, Humanos y Culturales de la Región Mixe (CODREMI), en la Asamblea de Autoridades Mixes (ASAM) y de Servicios del Pueblo Mixe (SER A. C.).

La Sección Autoridad Comunitaria aún no es muy grande. Se planteó para los documentos sobre los cargos que desempeñó en Tlahuitoltepec, aunque también contiene información de otras áreas que fueron de su interés en su comunidad, y que estaban relacionados con sus actividades regionales en educación, organización comunitaria, autonomía, etc.

La Sección Personal reúne documentos de su vida privada, como su formación profesional con sus primeros estudios eclesiásticos y su posterior ingreso a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, así como su participación en diversas actividades de la Organización de las Naciones Unidas. Por lo general, este apartado no es de consulta pública debido a la sensibilidad de sus conversaciones privadas, pero sin duda es rico para la elaboración de su biografía.

También existe una colección de fuentes de información que en su mayoría contiene fotocopias de artículos de revistas, recortes de periódicos, libros, ponencias y documentos sobre la lucha por los derechos de los pueblos indígenas en México y en el mundo.

Aún falta mucho material por revisar. Esto hace muy probable el hecho de que pudieran plantearse otras secciones o series documentales. Lo cierto es que será un archivo extenso con datos valiosos para los interesados en la defensa y reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas.


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