Proceso de restauración de las piezas del nacimiento
Proceso de restauración de las piezas del nacimiento
Proceso de restauración de las piezas del nacimiento
En el amplio universo de las artes tradicionales existen oficios que, a pesar de su extraordinaria delicadeza y complejidad, han sido históricamente catalogados como artes menores. Entre ellos se encuentra uno frágil y casi olvidado: la cerería figurativa. Este arte, que durante siglos floreció en conventos y talleres familiares de Europa, ha desaparecido casi por completo en ese continente. Hoy sobrevive con una fuerza discreta en México.
A diferencia de los nacimientos de barro, madera o yeso, las figuras de cera poseen una cualidad casi viva: la luz se filtra en su superficie translúcida, otorgándoles una suavidad visual que evoca la piel humana. Esta cualidad no es casual. La cera de abeja, material noble y orgánico, ha sido utilizada desde la antigüedad por su maleabilidad, su aroma tenue y su capacidad de capturar detalles minúsculos.
El proceso de elaboración es completamente artesanal. La cera se limpia lentamente al calor, se filtra para eliminar impurezas y se mezcla, por lo general, con pigmentos naturales. Luego comienza el trabajo de modelado: rostros diminutos, ojos de vidrio, manos delicadas, pliegues de túnicas, cabellos y barbas cuya vida emerge gracias a la paciencia.
Las figuras se realizan mediante moldes parciales que después se intervienen manualmente. El verdadero valor del artesano aparece en ese momento: cada expresión, cada inclinación de la cabeza se termina a mano. Ninguna figura es completamente idéntica a otra.
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Tal diferencia no radica solamente en la fisonomía de las piezas, sino en los secretos que guardan. Un ejemplo claro de ello son las figuras que conforman el nacimiento “Las palomas” —elaborado con cera de abeja— del Centro Cultural San Pablo, pues, durante su restauración, su interior develó algo inesperado. Dentro de ciertas figuras, dando volumen a sus ropas, se encuentran pequeños fragmentos de papel, muchas veces periódicos viejos que conservan fechas perfectamente legibles. Dentro de figuras aparentemente elaboradas al mismo tiempo, han sido encontrados fragmentos de periódicos que corresponden a los años de 1938, 1939 y 1942. Este hallazgo transforma las piezas en algo más que objetos devocionales o artesanales: se convierten en cápsulas de tiempo.
Los periódicos no solo revelan la antigüedad aproximada de las figuras, sino que también insinúan la vida cotidiana del taller donde fueron creadas. En algún sitio silencioso, alguien modelaba en cera una Virgen, un Moisés, un Ángel o un pequeño Niño Dios, envolviendo su interior con fragmentos de ese mismo mundo.
México se ha convertido en el último refugio de un arte silencioso. La continuidad de algunos talleres familiares y el trabajo de aprendices de estos espacios han permitido que este oficio no desaparezca por completo.
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Los artesanos no solo producen figuras; mantienen vivo un lenguaje material que conecta la religiosidad popular, la memoria familiar y una historia del arte poco valorada y reconocida. De este modo, en un nacimiento de cera conviven tres tiempos: el bíblico que intenta representar, el histórico del papel escondido en su interior y el presente del espectador que los contempla.
Así, en el encuentro entre cera, papel y memoria reside la verdadera grandeza del delicado nacimiento de cera “Las palomas”. La FAHHO busca devolver a cada figura de este conjunto su integridad estética y simbólica, respetando sus materiales originales y su valor histórico; para ello realiza su restauración y rescate, permitiendo que futuras generaciones puedan conocer y apreciar esta magnífica obra.
Presentación del libro El día que no paró de llover en la Biblioteca Henestrosa
En esta ocasión me enfrenté a otra lectura y la verdad es que me siento satisfecha. Durante una entrevista con Guillermo Sánchez Cervantes, Guadalupe Nettel —quien por cierto escribe la cuarta de forros del libro que aquí reseño—, reflexionando sobre su interés por los personajes distintos o marginales, dijo: “Al hablar de lo que perturba, la incomodidad es donde se encuentra la brecha por la que pasa el conocimiento. Creo que aquello que incomoda es lo que nos hace entender algo”. En parte estoy de acuerdo. Lo que nos inquieta abre una vía de conocimiento. Esta intuición se ha cultivado a lo largo de los distintos momentos de la literatura. Por ejemplo, en una carta enviada a su amigo Oskar Pollak, Franz Kafka escribió una de las frases más citadas sobre el efecto perturbador de la literatura: “Un libro debe ser el hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros”. Entonces, la literatura no es un jardín paradisíaco para el lector, sino un terreno de palabras vivas que lo sacude para revelarle algo oculto. Y en el conocimiento hay placer. ¿Por qué lo descoloca? Pienso que cuando una persona se anquilosa en su comodidad, cuando no busca más que el placer, frivoliza la existencia y pierde perspectiva acerca de los otros y de sí mismo. De pronto puede medir la vida únicamente desde el interior de una estancia climatizada, observando a ratos el exterior por la ventana con una copa de vino tinto en la mano, sentada en una mullida poltrona forrada con la piel de las magnolias mientras degusta un plato de charcutería fina y quesos añejos, y lee una nota sobre feminicidios en su celular y avanza en la pantalla para ver otra cosa menos trágica, porque esa no es su batalla ni su responsabilidad.
La vida ya tiene sus complicaciones y nadie escapa de que le ocurran algunas o varias. Aclaro, no estoy en contra del gozo y el placer en la vida, sino que no me parece una existencia auténtica la que ha sido absorbida por un sistema al que el individuo, que no tiene una naturaleza fija, atiende sin mayor responsabilidad que la de hacer lo que se debe, sin asumir conscientemente su libertad. Sí, desde lo que se piensa, se dice y se hace. —Y todos dirán: “Bueno, yo sí; yo sí pienso, hago y digo lo que se me pega la gana”. Pero no es cierto. En el fondo siempre estamos atravesados, nacemos en un sistema, de hecho, nacemos en una historia familiar de la que nos apropiamos. No podemos vivir siempre en esta conciencia absoluta, deshacernos de todo, pero para ciertas cosas o para muchas pienso que es bueno indagar, tener un pensamiento reflexivo, crítico, analítico y, en la posibilidad mayor, generar nuestras propias ideas, nuestro propio criterio, querer y entonces decidir, y eso es ejercerse con libertad auténtica, de acuerdo con lo que los existencialistas sostienen—.
Bajo la literatura del desasosiego es común encontrarse con ciertas escrituras oscuras, de esas que mantienen al lector con los muslos tensos en una silla sintiendo el borde como filo de navaja. Las páginas como copas de perdigones en las entrañas. Y está bien, depende del género, el momento histórico: el ánimo del lector y el escritor en gran medida están supeditados al tema y su abordaje. Hay asuntos que en determinado momento y bajo ciertos humores no pueden nombrarse de otro modo, como las experiencias de quienes están realmente de frente a la muerte, como en una guerra, por ejemplo, cualquier guerra.
Sin embargo, más allá de lo extraordinario, la vida transcurre y cada persona la experimenta, danza con ella, la degusta, la disfruta y también la padece. Es como decir que así es la vida: a ratos dulce y a ratos amarga. La vida tiene días de sol y días de tormenta. Para entender esto, se ha de haber pasado ya por las posturas radicales de la inexperiencia original natural. Es necesario cierto equilibrio entre los ideales y la realidad, entre las emociones y el intelecto, para hallar los destellos de belleza franca de la vida, para no caer en el sinsentido, botarlo todo y vivir sólo desde el abismo. Antolina Ortiz Moore, en su más reciente novela, El día que no paró de llover, logra este equilibrio, y de manera gozosa mantiene al lector atrapado bajo la incertidumbre por el futuro de los personajes, entendiendo a la Ciudad de México como un personaje también. No se siente la orilla del asiento como un filo incesante, pero dan ganas de no pararse para leer la novela de cabo a rabo. Dispara balines y lo hace con gran elegancia; por eso van también a la frente y no solo al pecho. Hay un manejo inteligente de los recursos narrativos en el desarrollo y tejido de las historias, lo que provoca la empatía en el lector y aleja los tonos viscerales que pueden desembocar en la sensiblería. Las historias suceden con gran naturalidad. Da la impresión de estar mirando una película desde una experiencia de 360°.
Esta novela dispone del hacha que refiere Kafka, muy fina y afilada, para romper el hielo dentro del lector. Sus personajes a simple vista parecen habitantes comunes de una vecindad del centro de la Ciudad de México en los años cincuenta. Así nos vemos desde lo público: como individuos de tal o cual tipo, generalizados y comunes. Lo maravilloso está en la cercanía, en la intimidad, en lo privado. Ahí cada persona es diferente, hasta rara, valiosa en su unicidad. Ortiz Moore nos deja acceder a lo que piensan y sienten los personajes, a lo que atraviesan sus venas y nervios en el presente, desde su pasado y hacia sus añoranzas. Por eso se vuelven entrañables y no es posible formarse un juicio de cada uno a la ligera, como luego ocurre en la vida real entre los de a pie. Está Mateana, una mujer originaria de una población de Oaxaca que se dedica al trabajo doméstico y al cuidado de Fabi en la vecindad. Fabi es un pequeño que tuvo poliomielitis, cojea y sueña con ser piloto aviador. Pasa mucho tiempo sin su mamá, Tulipa. El marido de Tulipa desapareció —¿eso no sucede?—; ella trabaja todo el día en la panadería del español Manuel, lo que la hace sentir culpable y atrapada en el deber, sin oportunidad para disfrutar un poco de la vida.
Manuel llegó a México como refugiado de la guerra civil española; extraña a su madre y no se siente cómodo con la vida porque su hermano murió fusilado. Piensa a ratos que debió haber muerto él también o sólo él. Manuel fuma cigarros con Agustín, quien es pionero de la XEW, dirige radionovelas y hace los efectos especiales. También firma los guiones como si fuera el autor en lugar de Inés, porque a ella, por ser mujer, no se los compran. Agustín es gay, tal como era en esa época: oculto. Ama ir al Salón México con la elegancia del Pachuco y bebe de tanta pena y frustración. Inés también bebe mucho mientras escribe. Es maestra, es feminista y es muy amiga de Pascuala. Inés lucha por el derecho de las mujeres al voto —que en México fue posible hasta 1953—, a decidir sobre sus cuerpos, a no casarse y a vivir como a cada una le parezca. La amistad entre Inés y Pascuala podría resultar incómoda para algunas personas. Pascuala es modista, realizó sus estudios en París cuando su padre vivía; tiene en el vientre el dolor de una hija no nacida y procura a Luana, una joven que vive con su abuelita y aspira a ser licenciada en medicina. Sueña con desarrollar vacunas para evitar enfermedades como la polio. Luana y Fabi son amigos como hermanos. Ambos escuchan a los canarios de Inocente; esos canarios cantan por la noche cuando algo va a suceder.
Inocente, como Sandro, casi no sale de su departamento; se la pasa buscando un tesoro, haciendo agujeros en las paredes porque ahí las personas escondieron joyas o monedas de oro durante la Revolución. Sandro es relojero; se salvó de milagro por un simple viaje de negocios que lo dejó vivo y a la deriva, lejos de su familia —detalla nuestra autora—. De alguna manera, él tiene un problema con el tiempo; es como estar desfasado en otro ritmo sin poder volver, existiendo con el peso de los segundos. Mateana escucha la radionovela “La huérfana de oro”, escrita por Inés, firmada y dirigida por Agustín. Esta radionovela funciona como una puesta en abismo o historia enmarcada; no es solo un relato dentro de otro, funciona como espejo de algo en la historia mayor. En este caso, la huérfana de oro es Carlota, un personaje interpretado en la radio por una actriz. El destino de Carlota avanza un tanto en paralelo con lo que sucede respecto a las mujeres asesinadas por la noche en la ciudad.
Ahora bien, vamos con la Ciudad de México. El día que no paró de llover refiere los días iniciales de la gran inundación de 1951, resultado de la lluvia intensa que no cesó entre la noche del 15 de julio y la madrugada del 16. La Ciudad de México fue construida sobre terrenos lacustres, el lago de Texcoco y ríos que fueron entubados. Dos terceras partes de la ciudad quedaron cubiertas por agua: el centro histórico, las colonias Guerrero, Morelos, Dolores, Doctores y la Condesa. En las zonas más bajas el nivel alcanzó hasta 2 metros de profundidad y la gente se movía en lanchas. El agua permaneció casi 3 meses. Ratas, cucarachas, aguas negras, basura, lodo, mosquitos, enfermedades, negocios con grandes pérdidas, árboles y construcciones venidos abajo por la humedad. Los muertos se ahogaron en el panteón, en las catacumbas… toda la descomposición de la ciudad del progreso salió a flote. La gran ciudad no es solo un escenario, un espacio para los sucesos, es casi un personaje; es una presencia activa que condiciona la vida, el lenguaje y el destino de los demás. La ciudad respira, expele, ahoga, protege, recuerda. En esta tradición se inscriben novelas como La región más transparente, Las batallas en el desierto, La noche de Tlatelolco y así un montón.
En El día que no paró de llover, la Ciudad de México es un lugar de inestabilidad, de peligros, de lo que huele mal y no es posible ocultar más, de los desechos de la antigua refinería de Azcapotzalco. No es casualidad que hoy en día tengamos las playas del sur de Veracruz también con contaminación por derrame de crudo. Y así, es el espacio donde todos tratan de llevar la vida lo mejor posible, aunque llueva sobre mojado. Uno de los más importantes valores literarios que encontré en la novela de Antolina Ortiz Moore es que no requiere girar en torno a personajes oscuros, torcidos o violentos para que su obra vibre en las cuerdas íntimas de los lectores. Sí, eligió personalidades interesantes, ejemplares para ciertos temas, pero nada que no corresponda con la realidad cotidiana de una vecindad en la Ciudad de México, o de una colonia popular en Oaxaca, por ejemplo. Lo que se revela está dentro del lector mismo. En mi caso, a cada momento estaba esperando una tragedia, la derrota de alguien, un canario y un grito. Hubo que seguir. La vida encontró nuevos rumbos.
Los invito a sumergirse en el diluvio de esta novela para que descubran si la descomposición social los lleva al naufragio, o si lo valioso de cada persona muestra, en el tejido de las relaciones, las formas de la esperanza. La vida nos ocurre y en ella los infortunios no piden permiso para llegar. No es posible controlar los relojes ni la voluntad de los otros que luego deciden hacer el daño. Sin embargo, seguimos soñando con volar. Bailamos y añoramos a nuestros seres amados. Pretendemos el pan dulce y la fruta fresca en la mesa. Buscamos tesoros, ser libres, el abrazo de la buena fortuna, un cachito de lotería. De esto va la vida. Gracias y muchas gracias, Antolina.
* Novela presentada en la Biblioteca Henestrosa con la presencia de la autora, acompañada de Enna Osorio Montejo y Thania Zepol.
Ezra admirando su inventífero. Fotografía: Acervo MIO.
La criatura se llama Tomi. Es tan grande que, según su creador, podría medir “de piso a techo”. Vive en lugares llenos de piedras, cerca de bosques donde conviven árboles y animales. Combina rasgos de varias criaturas: patas de gato, dos cuellos largos como serpientes, cola de pez o de ajolote, y una personalidad que mezcla lo juguetón con lo dormilón.
Tomi no nació en un laboratorio ni en el gabinete de un viejo hechicero. Nació en la imaginación de Ezra García, un niño que desde hace algunos años asiste a los talleres del Museo Infantil de Oaxaca y que participó en la convocatoria de los Inventíferos Peludos 2025, lanzada en junio del año pasado por el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), Francisco Toledo A. C. y el Museo Infantil de Oaxaca. Por medio de esta convocatoria se invitó a niñas y niños, como Ezra, a imaginar y dibujar una criatura fantástica a la que artistas especializados en afelpado darían vida en sus talleres, transformando la imaginación infantil en un objeto real.
“Los dibujos que hacía se parecían mucho a otras cosas”, cuenta Ezra. “Y yo quería que no se pareciera a nada”.
Esa búsqueda de algo completamente original se convirtió en Tomi, un proceso creativo que comenzó una noche cualquiera. Ezra estaba acostado en su cama, sin sueño, mirando las formas en el techo de su cuarto. En su mente comenzó a formarse una figura extraña: algo parecido a un caballo con patas de araña, un cuello largo con rayas y una cola que recordaba a la de un pez. No lo dibujó en ese momento. Primero se durmió. Pero, al despertar, lo recordó y comenzó a dibujarlo. Así empezó a tomar forma su criatura.
Para un artista como Ezra, imaginar seres no es algo extraño. Desde pequeño le gusta dibujar y pensar en animales fantásticos, criaturas con comportamientos propios, lugares donde habitar y personalidades muy claras. Tomi, por ejemplo, es dormilón, juguetón y curioso. Vive en un entorno natural y, aunque puede parecer grande e imponente, en realidad tiene algo de animal doméstico en su comportamiento.
Cuando supo que su criatura había sido seleccionada y que sería convertida en una pieza real, la sorpresa fue enorme. “No pensé que fuera a ganar”, cuenta. “Un día llamaron a mi papá, contestó y me dio el teléfono. Yo no sabía qué hacer, nunca me habían llamado por teléfono. Nos invitaron al CaSa. Yo pensé que iba a ser más pequeño, pero es enorme”.
Más allá del tamaño del lugar, lo que más le impactó fue saber que artistas profesionales estaban trabajando en una criatura que había salido de su imaginación. “Me sentí orgulloso de mí mismo por estar con personas que son profesionales”, dice.
La experiencia de ver a Tomi transformado en un objeto tangible fue distinta a cualquier otra cosa que hubiera imaginado. Aquello que antes existía únicamente en su cuaderno ahora podía tocarse, observarse desde distintos ángulos, ocupar un espacio en el mundo. Para un niño que dibuja, esa transición es pura magia.
Pero también habla de una cualidad más profunda: la importancia de que existan lugares donde las ideas de los niños puedan tomar forma. Desde hace algunos años, Ezra ha encontrado uno de esos espacios en los talleres del MIO; especialmente en el Club de Creadores, del que forma parte desde sus inicios. Ahí ha aprendido distintas técnicas, ha explorado materiales y ha hallado un lugar donde imaginar y crear es parte natural de la experiencia.
Para muchas niñas y niños, estos entornos resultan invaluables. Ezra lo dice de manera más sencilla. Cuando se le pregunta si los artistas de su edad tienen buenas ideas para crear, él responde sin dudar: “Sí, porque tienen más imaginación”.
Para él, el arte es un espacio de tranquilidad y descubrimiento. Cuando dibuja, dice, se siente tranquilo. También le gusta revisar sus cuadernos con el paso del tiempo y ver cómo han cambiado sus dibujos. Esa curiosidad por aprender y mejorar es una de las muchas razones por las que cree que deberían existir más espacios para que los niños creen y compartan sus ideas. “Me gustaría ver qué crearían otros niños”, dice.
Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que quiere dibujar, pero siente pena de mostrar sus dibujos, Ezra tiene una respuesta sencilla: “Que lo intente y que lo enseñe”, responde. “Y si alguien dice algo malo, que no le importe mucho, porque es un dibujo”. La frase resume algo importante: para muchos niños dibujar no es solo un pasatiempo. Es una forma de expresar ideas que no tienen otras maneras de salir.
Tomi es prueba de eso. Una criatura que primero existió en la mente de un niño, luego en una hoja de papel y finalmente en las manos de artistas que decidieron tomar esa imaginación en serio.
Si Tomi pudiera hablar, su creador piensa que tendría algo que decirle.
“Creo que me agradecería por crearlo”. Y nosotros le agradecemos a Ezra por haberlo creado.
Una de las misiones de Adabi de México es rescatar el patrimonio documental depositado en archivos y bibliotecas antiguos de todo el país, que representa la memoria viva de los mexicanos.
Por tal motivo, nos dimos a la tarea de visitar los archivos parroquiales que organizamos en nuestros inicios, hace poco más de 20 años. Así, en junio de 2025, Adabi Puebla visitó los archivos parroquiales y municipales organizados en la Mixteca poblana hace dos décadas. La finalidad era conocer las condiciones de conservación que presentan estos archivos después de tanto tiempo y comprobar si requieren de apoyo o asesoría para su mantenimiento y conservación.
El recorrido inició en seis de las parroquias más antiguas del decanato número 2, perteneciente a la Diócesis de Huajuapan de León, las cuales resguardan documentos de mediados del siglo XVII al siglo XX: San Juan Bautista Acatlán, Santiago Apóstol Petlalcingo, San Jerónimo Xayacatlán, San Pedro Apóstol Yeloixtlahuaca, Santa María de la Asunción Chila de las Flores y San Pablo Apóstol Anicano. Asimismo, visitamos la parroquia de Santo Domingo de Guzmán Tepexi de Rodríguez, que también se localiza en la región de la Mixteca poblana, aunque pertenece a la diócesis de Puebla; fue precisamente su cercanía con el decanato 2 lo que motivó su inclusión en el recorrido.
Los párrocos mostraron su disposición y apoyo para realizar las visitas y diagnósticos de los archivos. El resultado general fue positivo: los documentos muestran un buen estado de conservación y mantienen el orden original de la organización, salvo algunos deterioros presentes en ciertas cajas archivadoras debido al paso del tiempo, su uso y manipulación.
Para seguir fomentando la conservación, se hicieron algunas recomendaciones al personal para un mejor cuidado y manipulación de los libros y documentos, con el fin de evitar su deterioro. Es satisfactorio constatar que los archivos se conservan íntegros a pesar de los años.
Estado actual de uno de los archivos visitados. Fotografía: Acervo de Adabi Puebla
Estado actual de uno de los archivos visitados. Fotografía: Acervo de Adabi Puebla
Estado actual de uno de los archivos visitados. Fotografía: Acervo de Adabi Puebla
Por su parte, los archivos municipales que entraron en el recorrido de diagnóstico del estado actual de conservación fueron el de San Jerónimo Xayacatlán, y sus dos juntas auxiliares, Santo Domingo Tonahuixtla y Gabino Barrera: en ambas poblaciones aún se habla la lengua mixteca y son fieros custodios de su patrimonio, por lo que fue importante contar con el beneplácito de la autoridad de este municipio, quien manifestó su interés de hacer el diagnóstico, pues comentó que cuando recibieron la administración no se les hizo entrega del archivo y desconocían la información que resguarda, así como su importancia.
Aquí radica la relevancia de que cada comunidad conozca su memoria documental, y que, al ya tenerla organizada, pueda consultarla. Las autoridades municipales señalaron que existen personas interesadas en consultar el archivo, pero por temor a la pérdida de algún documento han negado la consulta, por lo que se les hizo entrega de un ejemplar del inventario, para posteriormente proceder a la valoración y de esta forma darles algunas recomendaciones para el manejo y conservación adecuados del archivo.
También se visitó el archivo municipal de Totoltepec de Guerrero, cuyo presidente dio todas las facilidades para realizar el dictamen. Pese a que el archivo se encontró en el mismo lugar donde fue resguardado luego de la organización anterior, la habitación ha sido ocupada también como bodega para guardar diversos enseres. Además, se encontró un ejemplar fuera de su caja, un libro de escrituras de tierras de Totoltepec de 1841, el más antiguo de la población, por lo que se procedió a brindar las recomendaciones de resguardo después de que se lleve a cabo la consulta de cualquier documento.
En general estos archivos mantienen la misma organización y buen estado de conservación, lo que demuestra que las autoridades se han preocupado por mantener limpio e incluso bien cerradas las cajas para evitar el deterioro de los documentos.
Todavía queda un largo camino por recorrer para conocer y evaluar el estado actual de conservación de los diversos archivos que Adabi ha trabajado a lo largo de veinte años. La idea de compartir esta experiencia es, en parte, dar a conocer a las comunidades la importancia de la ordenación de sus archivos, ya que esto permite que, con el paso del tiempo, su deterioro sea menor y las próximas intervenciones resulten lo menos invasivas posibles.
Se trata de un libro de música litúrgica del siglo XVI, impreso por Antonio de Espinosa, segundo impresor establecido en la Nueva España, reconocido como uno de los tipógrafos más destacados de su tiempo.
Oaxaca, Oax., 17 de marzo de 2026.- La comunidad de Santa María Tiltepec, agencia municipal de San Pedro Topiltepec, realizó la entrega del Graduale Dominicale de alrededor de 1565 a la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, con el propósito de que el volumen lleve un proceso de restauración especializada y posteriormente sea devuelto a su comunidad de origen.
Se trata de un libro de música litúrgica del siglo XVI, impreso por Antonio de Espinosa, segundo impresor establecido en la Nueva España, reconocido como uno de los tipógrafos más destacados de su tiempo.
Durante el acto de entrega, autoridades y representantes de las instituciones participantes explicaron la relevancia histórica y material del ejemplar, destacando los materiales utilizados en su impresión, el proceso de elaboración de las tipografías y las técnicas de entintado propias de la época.
El proceso de restauración estará a cargo de la Lic. María del Refugio Gutiérrez Rodríguez, restauradora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien realizará la intervención con el objetivo de garantizar la conservación del documento y su adecuada preservación. Este trabajo contará con el apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca para la adquisición de los materiales necesarios.
Después del acto de entrega y la firma del acta de entrega, la Dra. María Isabel Grañén Porrúa invitó a la comunidad a recorrer la exposición de libros que para la ocasión se había expuesto en la biblioteca, en donde se exhibieron algunos otros impresos de Antonio de Espinosa pertenecientes a la Biblioteca Burgoa y a la Biblioteca Juan de Córdova.
Cabe señalar que previo a este acto, personal de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova asesoró a la comunidad, invitándola a conocer el taller de restauración de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa para obtener el conocimiento informado para una decisión a nivel comunitario, ya que la salida de este tipo de materiales debe ser sometida a consenso.
En la ceremonia estuvieron presentes la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, presidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca; René Pérez Santiago, agente municipal de Santa María Tiltepec; Alejandro Reyes Lara, comisariado de Bienes Comunales; Amado Soriano García, sacristán de la iglesia de Santa María Tiltepec; el Dr. Sebastián van Doesburg, miembro del consejo directivo de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, y la Lic. Penélope Orozco, coordinadora académica de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa.
En la categoría latinoamericana, los galardonados han sido Alfredo Harp Helú y la Doctora María Isabel Grañén Porrúapor su contribución al desarrollo cultural y social en Oaxaca, a través de su trayectoria bajo el lema “La mejor inversión está en México”.
Yannick y Ben Jakober, Alfredo Harp y María Isabel Grañén, y Batia Ofer reciben el galardón por su destacada labor de apoyo y compromiso con el arte
El solemne acto de entrega se ha celebrado en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, reconociendo las tres categorías del premio, español, iberoamericano e internacional, en las que los ganadores son referentes en el ámbito del mecenazgo y la filantropía
En este contexto y coincidiendo con los Premios también ha tenido lugar una audiencia de S.M. el Rey Felipe VI al Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales, promovido por la Fundación Callia, tras celebrar su reunión anual
Madrid, 3 de marzo de 2026.- Fundación Callia ha entregado los XI Premios Internacionales de Mecenazgo, unos galardones que distinguen y promueven el compromiso de la sociedad con el arte, en una solemne ceremonia celebrada en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Como cada año, los premios reconocen la labor de tres mecenas de ámbito nacional, iberoamericano e internacional. En esta edición, el jurado ha reconocido en la categoría española el extraordinario trabajo de Yannick y Ben Jakober por la conservación, difusión y promoción del patrimonio artístico a través de su Fundación con sede en el Museo Sa Bassa Blanca en Alcudia (Mallorca). En la categoría latinoamericana, los galardonados han sido Alfredo Harp Helú y su mujer María Isabel Grañén Porrúa por su contribución al desarrollo cultural y social en Oaxaca, a través de su trayectoria bajo el lema “La mejor inversión está en México”. Finalmente, la categoría internacional ha sido otorgada a Batia Ofer, presidenta del Trust de la Royal Academy de Londres, reconocida coleccionista y mecenas.
La solemne entrega de los Premios Internacionales de Mecenazgo ha sido presidida por el director de la Real Academia de San Fernando, D. Tomás Marco.
Estos premios nacen no solo con la misión de reconocer el mecenazgo y a las personas que han hecho de él una forma de realización personal, sino con la de convertir ese ejemplo en impulso para la formación y creación de nuevos mecenas. Pero también con la de ejercer el mecenazgo de forma directa a través de la captación de fondos para la restauración de obras esenciales del patrimonio público español.
En palabras del director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Tomás Marco, “el mecenazgo ha estado en el corazón de la vida artística de esta Real Academia desde su creación. Nuestra colaboración con la Fundación Callia en su labor de distinguir cada año a las personas que con su ayuda nos permiten reforzar una tarea esencial para el arte, la de custodiar y poner las obras que conservamos al servicio de todos, es algo que nos llena de gozo. Queremos seguir apoyando a la Fundación para que continue creciendo”.
Por su parte, la presidenta de la Fundación Callia, Camen Reviriego, ha destacado “la generosidad y humildad de los galardonados al sumarse a este impulso y contribuir a que los Premios inspiren a otros hombres y mujeres para implicarse de forma activa en la conservación, promoción y difusión del patrimonio y el talento artístico”.
El Rey recibe al Consejo Internacional de Mecenazgo de las Colecciones Reales
En este contexto y coincidiendo con los Premios, ha tenido lugar una audiencia de S.M. el Rey Felipe VI al Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales.
Este órgano de mecenazgo creado por Fundación Callia en colaboración con Patrimonio Nacional, tiene la misión de promover la conservación y restauración del patrimonio cultural común y universal de las Colecciones Reales y su internacionalización a través de programas de actuación a ambos lados del Atlántico.
Sobre los premiados
Yannick y Ben Jakober
El matrimonio formado por los artistas y coleccionistas Yannick Vu y Ben Jakober constituyeron en 1993 la Fundación Yannick y Ben Jakober, con sede en el Museo Sa Bassa Blanca de Alcudia (Mallorca) que abrió sus puertas al público en. En este tiempo han desarrollado una trayectoria ejemplar en el ámbito del mecenazgo cultural, donde destaca su colección NINS alberga más de 150 retratos de niños datados entre los siglos XVI y XIX, y reconocida como Bien Catalogado de Patrimonio Histórico y expuesta de manera permanente al público, constituyendo un legado único para la historia del arte y la sociedad contemporánea.
Asimismo, la Fundación ha recibido numerosos premios y distinciones, entre los que destacan la Mención Especial del Premio Unión Europea de Patrimonio Cultural / Europa Nostra (2009), la Medalla de Oro de la Ciudad de Alcudia (2008), la Placa de Oro de la Fundación para el Fomento del Turismo de Mallorca (2008) y el galardón a la Experiencia Turística (2017), entre otros.
Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén Porrúa, forman un reconocido matrimonio de filántropos y mecenas en México.
Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén Porrúa
Alfredo Harp Helú y su esposa, María Isabel Grañén Porrúa, forman un reconocido matrimonio de filántropos y mecenas en México. Su exitosa trayectoria ha estado guiada por el lema “La mejor inversión está en México”. Con esa premisa, invierten en el desarrollo del capital humano a través de la educación y la salud, la cultura, el deporte y el medio ambiente, creando museos, bibliotecas y centros culturales que fomentan la convivencia y la paz.
También han impulsado programas de conservación del patrimonio artístico, lingüístico y documental en el país. El impacto es especialmente destacado en la ciudad Oaxaca, donde se ha logrado fortalecer significativamente el tejido social de forma constructiva y humanista.
Batia Ofer
Es presidenta del Royal Academy Trust en Londres. Fundó Art of Wishes, una iniciativa destinada a recaudar fondos a través del arte para cumplir los deseos de niños con enfermedades graves, devolviéndolos al lugar al que pertenecen: una infancia llena de sueños. Es cofundadora, junto con su esposo, de la Fundación Idan & Batia Ofer.
Sobre Fundación Callia
Los Premios Internacionales de Mecenazgo son el instrumento principal -pero en absoluto el único- para el desarrollo de su misión y actúan como eje vertebrador de otras iniciativas relevantes que la fundación lleva a cabo, como el ejercicio de la Presidencia del Consejo Internacional de Mecenas de Las Colecciones Reales, las charlas “La Suerte de Dar” con participación de artistas y grandes actores del mundo del arte frente a grandes audiencias, o la Gala Benéfica Anual que se celebra con cada edición de los Premios y cuya recaudación ha financiado la restauración de más de 60 obras maestras de patrimonio público. Otras instituciones, además de la Real Academia de Bellas Artes, como Patrimonio Nacional y el Ayuntamiento de Madrid forman parte de la constelación de fuerzas que hacen posible la enorme relevancia alcanzada por los Premios y la Fundación.
Muestra de tejido en telar de cintura de San Andrés Chicahuaxtla a cargo de Simona Trinidad. Fotografía: Vanessa Méndez
Muestra de tejido en telar de cintura de San Andrés Chicahuaxtla a cargo de Simona Trinidad. Fotografía: Vanessa Méndez
Muestra de tejido en telar de cintura de San Andrés Chicahuaxtla a cargo de Simona Trinidad. Fotografía: Vanessa Méndez
En el Boletín Digital FAHHO damos la bienvenida a la primavera y a todo lo que florece. En este sentido, mostramos el impacto de las fundaciones y aportaciones de don Alfredo Harp Helú por México; son cifras que poseen una significación vital y existencial para millones de mexicanos. Volver a comenzar y renovar los ánimos es otra de las promesas que nos devela la primavera y ese es el mensaje que también nos comparte la Mtra. Rocío Ocádiz Luna, nueva directora de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. Las flores de la FAHHO se engalanan en la Mixteca Alta de Oaxaca, donde la Dra. María Isabel Grañén Porrúa encabezó una gira de trabajo para dar seguimiento a diferentes labores y convenios hacia el impulso de la educación, el patrimonio y la cultura.
En el mundo de la cultura escrita y los libros, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova presenta un folleto del siglo XIX que nos encamina hacia una de las formas en que la mujer ha sido percibida. En este mismo ámbito, la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío nos permite conocer un pequeño fragmento en la historia de los naipes. Asimismo, la Librería Grañén Porrúa nos invita a “no dejar de hablar de Palestina” con la lectura de Universitas Tenebris.
En la preservación del patrimonio, Adabi de México narra la entrega oficial del Fondo Documental Severo Martínez Peláez a la BUAP, al tiempo en que insiste en la urgencia de hablar sobre el agua a partir de la memoria documental. Mientras tanto, Adabi Oaxaca expone su participación en la recuperación de un archivo promovida por los exalumnos de un colegio. Por su parte, el Taller de Restauración y Conservación Documental comparte algunas ideas para cuidar nuestros documentos. Desde el Centro Cultural San Pablo se rastrea el imaginario sobre el ángel caído en algunos edificios virreinales restaurados por la FAHHO.
En el ámbito de las exposiciones, el CCSP presenta su más reciente muestra “María Sada. Memorias de la Tierra”, al tiempo en que el Museo de la Filatelia habla sobre su exposición “Lacres: custodios del mensaje”, y Andares del Arte Popular revalora el arte de la flor inmortal hacia una exposición en el CCSP.
Por otro lado, el Museo Textil comparte la experiencia de una restauradora en torno a su relación con el propio Museo. Entretanto el Museo Infantil ofrece la oportunidad de comprender y habitar el tiempo en cercanía con los ciclos de la vida. Finalmente, en su camino hacia nuevas victorias, los Diablos Rojos del México defienden su título en la champions, y los Guerreros de Oaxaca viajan al pasado para reconocer a su primer equipo.
Queridos lectores, deseamos que estas páginas permitan florecer la imaginación, la curiosidad, la creatividad y la reflexión en sus vidas para abonar una tierra fecunda en mejores formas de vida
Hace 30 años, la Fundación Alfredo Harp Helú inició una ruta de compromiso sostenido con México. Si bien esta responsabilidad se expresa en acciones, procesos, actos y agradecimientos de ida y vuelta, recíprocos, entre benefactores y beneficiarios, las cifras que esta gráfica presenta son el reflejo de una decisión y de un equipo fortalecido. Al cierre de diciembre de 2025, el patrimonio de la Fundación y la distribución de sus donativos dan cuenta de una visión de largo aliento, orientada a transformar realidades mediante la educación, la cultura, la salud, la asistencia social, el cuidado del medio ambiente, la atención a desastres y el deporte como espacios de encuentro y cohesión social.
Al término de diciembre de 2025, expresados en pesos del mismo año, el patrimonio total de las fundaciones Alfredo Harp Helú se calculó en $20,314,586,604 pesos. Monto al que se incorpora el de otras aportaciones, cuyo valor asciende a la cantidad de $17,144,503,108 pesos, para obtener un total de $37,459,089,712 pesos, cifra que integra las contribuciones de Alfredo Harp Helú a México.
La distribución de estos recursos económicos refleja una visión de largo plazo, orientada a la transformación social por medio del fortalecimiento de capacidades, la preservación de la memoria y el bienestar comunitario. El rubro de Educación y Deporte concentra el mayor porcentaje de los donativos, con 62% del total, equivalente a $10,563,937,515 pesos. En el ámbito de la educación este monto se ha destinado especialmente a la donación de becas para la educación superior y a distancia, así como a proyectos de construcción y equipamiento educativo. Por otra parte, el apoyo al deporte se ve principalmente reflejado en proyectos de infraestructura deportiva de alto impacto social y simbólico, entre los que cabe destacar la construcción de cuatro estadios: Alfredo Harp Helú, Fray Nano, Algodoneros de Guasave y Yu´va.
Construcción del nuevo estadio de beisbol en Oaxaca. Fotografía: Eduardo González
Construcción del nuevo estadio de beisbol en Oaxaca. Fotografía: Eduardo González
Construcción del nuevo estadio de beisbol en Oaxaca. Fotografía: Eduardo González
La sección que corresponde a Cultura representa el 18% de los recursos otorgados, con un monto de $3,053,461,602 pesos. Una muestra clara del firme compromiso de la Fundación con la conservación del patrimonio y la memoria históricos, el impulso a museos, bibliotecas, archivos y creación artística como ejes de la vida en comunidad, el sentido de pertenencia y la identidad comunitaria.
El Apoyo en desastres naturales y medio ambiente concentra el 8% de los donativos, equivalente a $1,426,603,341 pesos. Este rubro da cuenta tanto de la capacidad de respuesta ante emergencias como de la atención a proyectos ambientales de pequeña y gran escala. Frente a la desolación de los desastres naturales y el cambio climático, la FAHH busca el beneficio comunitario directo con una perspectiva de futuro, fortaleciendo la resiliencia de las comunidades.
Por su parte, tanto el área de Salud, como la de Asistencia y desarrollo social constituyen, cada una por separado, un 6% del total de los donativos, con sumas de $1,072,165,626 pesos y $1,028,335,024 pesos, respectivamente. Estos recursos se orientan al fortalecimiento del tejido social, la atención a poblaciones precarizadas y en situación de vulnerabilidad, así como el acompañamiento comunitario para empoderar a distintas comunidades.
En conjunto, estos recursos se materializan en una acción filantrópica extensa, incesante y diversificada. Si bien esta gráfica permite ver a la educación, el deporte y la cultura como ámbitos privilegiados por la FAHH, no es sino la consecuencia natural de su posición como pilares del desarrollo social y comunitario, pues parten del fortalecimiento de la persona y sus capacidades para reconocerse y crear sentidos. Sobre estos campos se siembra la salud que cuida el cuerpo y el tejido social; la asistencia que busca y acompaña la dignidad humana; el cuidado del medio ambiente y la atención a desastres que protegen la vida y el territorio. Bajo una visión integral de mecenazgo comprometido con México, la FAHH se empeña en hacer del bienestar colectivo una tarea compartida.
La Dra. María Isabel Grañén Porrúa y Alfredo Harp Helú.
La Dra. María Isabel Grañén Porrúa y Alfredo Harp Helú.
La Dra. María Isabel Grañén Porrúa y Alfredo Harp Helú.
Pocas veces hacemos conciencia de que, fundamentalmente, somos caminantes. Hemos caminado desde que fuimos llamados a la vida y sabemos que algún día dejaremos de caminar en este mundo.
Creo que sería interesante, de alguna manera tecnológica, construir y mirar en un video el trazo que han tenido los caminos de nuestras vidas. Por el tiempo transcurrido, algunos serían evidentemente más largos y otros más cortos. Algunos con sinuosidades muy marcadas y otros con líneas más rectas.
Sin embargo, indudablemente, cada camino tendría sus borrascas inesperadas, sus tramos de calma, sus zonas oscuras y complicadas. Cada camino tendría sus cuestas arriba en las que seguramente la velocidad disminuyó, y también los tramos que, al verlos de nuevo, muchos quisiéramos desaparecer del trayecto. Quizá veríamos las múltiples veces en que sentíamos que no podíamos avanzar, cuando nos faltaba el aliento; o aquellos momentos en que por ese compañero de camino que se quedó atrás, tomó otro rumbo o simplemente dejó de ir con nosotros, pareció que no podríamos seguir adelante. Y, sin embargo, seguimos adelante, quizá más lentamente…, quizá a rastras, ¡pero seguimos!
La realidad es que nuestro camino ahí está, incluso si no podemos reproducirlo para apreciarlo en su avance al día de hoy. Nuestro trayecto personal, con sus paisajes luminosos, sus subidas y bajadas, sus desafíos y sus nostalgias, está en nosotros. Somos caminantes y sabemos que el camino se enriquece con bifurcaciones, la intersección temporal de los caminos de otros y la unión de otros senderos. Decisión tras decisión, vamos construyendo esa senda.
Por otro lado, están esos otros caminos: senderos colectivos que también hemos recorrido, y que son decisivos en nuestra vida. Con quién caminamos, para qué caminamos, con qué rumbo, hacia qué meta. Hace más de veinte años, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca comenzó un camino en estas tierras llenas de vida, música y color. Un camino al que muchos han sido invitados: unos con su trabajo, otros con sus proyectos e iniciativas, algunos con su propio dolor callado que los empuja hacia delante, y otros con sonrisas inigualables que animan el alma de los demás.
Espacios y actividades en los que la FAHHO ha dejado huella. Fotografías: Eduardo González
Espacios y actividades en los que la FAHHO ha dejado huella. Fotografías: Eduardo González
Espacios y actividades en los que la FAHHO ha dejado huella. Fotografías: Eduardo González
Un hombre y una mujer arrancaron ese trayecto en el que su propia historia de amor ha sido el motor principal para hacerlo reverdecer a la sombra de árboles nuevos, lo ha llenado de vida con la memoria presente de nuestros pueblos, y lo hace vibrar con voces que se comunican en las lenguas de nuestros ancestros. Un camino con el ánimo resuelto para seguir jugando y creando música, para vestirse de gala con cada textil de nuestras tejedoras incansables, para escribir y mandar una misiva sellada con un timbre y un beso… y para leer, leer y volver a leer cada noche antes de dormir.
Ha sido un camino al que cada vez más personas se unen y lo enriquecen con sus propios caminos previos y sus sueños por cristalizar. Cada caminante ha aportado su propia visión y lo ha enriquecido con sus propias historias y pruebas superadas. ¡Por supuesto que ha habido dificultades y escollos, pero siempre hemos superado las sombras y hemos avanzado hacia la luz!
Esta mañana ha amanecido como cada día: por primera vez. El horizonte nos indica que el camino sigue, vamos en la dirección correcta, y cada día hay alguien que nos espera, desde su propio sendero, para aprender a sonreír de nuevo.
*Rocío Ocádiz, Directora de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.
Fachada del antiguo hospital de la Santa Vera Cruz de Teposcolula en el inicio de su restauración
Fachada del antiguo hospital de la Santa Vera Cruz de Teposcolula en el inicio de su restauración
Fachada del antiguo hospital de la Santa Vera Cruz de Teposcolula en el inicio de su restauración
Para cuidar y apreciar algo, hay que conocerlo.
El pasado domingo 8 y lunes 9 de febrero, liderados por la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, un grupo de representantes de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, el Taller de Restauración FAHHO y Seguimos Leyendo visitaron algunas comunidades de la Mixteca Alta oaxaqueña con el objetivo de inaugurar, evaluar y apreciar los proyectos que la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha desarrollado en los últimos años por medio del Taller de Restauración.
La primera parada fue San Pedro y San Pablo Teposcolula, donde la gente de la comunidad nos recibió con los brazos abiertos y un desayuno delicioso. En estas comunidades, la FAHHO arrancó los trabajos de la restauración del antiguo hospital de la Santa Vera Cruz, que fue construido durante la segunda mitad del siglo XVI y es el único de esa época que aún sigue en pie. Su edificación formó parte de la reubicación de Teposcolula en el fondo del valle, después de abandonar el sitio prehispánico en la cumbre del cerro Yucundaa a mediados del siglo XVI. El edificio estuvo conformado por una capilla, salas de enfermos y una botica. En esa época, los malestares se trataban en casa y los hospitales eran, más bien, lugares para el “bien morir” de las personas de los estratos altos de la sociedad mixteca. Sin embargo, en el paisaje patrimonial este edificio es de vital importancia, pues brinda identidad y fuerza a los habitantes al reafirmar la relación con sus raíces. Además, una vez restaurado, servirá como un espacio para el bien común en el cual las infancias, los jóvenes y los adultos podrán convivir. Estando ahí, una visita obligada fue la Casa de la Cacica, un edificio restaurado también por la FAHHO que alberga una biblioteca que acoge a las infancias de la comunidad fomentando la lectura y el conocimiento.
Nuestra segunda parada fue San Martín Huamelúlpam, cuyo símbolo identitario consiste en una lagartija, la cual se encuentra tallada en una enorme piedra en los límites de su zona arqueológica. Al llegar a su museo comunitario, nos recibió la presidenta municipal —con bastón de mando en mano— acompañada por su cabildo. En el recorrido por la sala de exhibición pudimos observar piezas increíbles, tales como piedras talladas, joyería antigua, herramientas para la elaboración de papel y unas urnas de piedra excepcionales en muy buen estado de conservación. Con un gran conocimiento de su historia, los huamelulpeños comentaron que la instauración de su museo se basa en las investigaciones de varios arqueólogos que estudiaron la zona, entre ellos, Alfonso Caso y Marcus Winter. La visita siguió su curso y, después de unos esfuerzos por subir el cerro, llegamos a la zona arqueológica conformada por un juego de pelota y tres grandes explanadas que nos dan una idea de cómo vivió la gente que habitó aquellos vestigios. Visitamos su palacio de piedra, para cuya restauración solicitaron el apoyo de la Fundación con la intención de volver a darle vida. Cómo decirle que no a una comunidad tan empeñada en mantener su historia y raíces vivas.
Para finalizar el primer día de viaje, nos trasladamos a la Heroica ciudad de Tlaxiaco, donde el presidente municipal tuvo la consideración de agradecer los apoyos que, en años anteriores, la FAHHO destinó a la restauración de su archivo histórico, cuya importancia es vital al tratarse de uno de los archivos más grandes de la Mixteca Alta.
Alumnos de música en la Casa de la Cultura de Chicahuaxtla. Fotografías: Vanessa Méndez
Alumnos de música en la Casa de la Cultura de Chicahuaxtla. Fotografías: Vanessa Méndez
Alumnos de música en la Casa de la Cultura de Chicahuaxtla. Fotografías: Vanessa Méndez
El lunes sucedió la visita a una de las comunidades más coloridas del recorrido: San Andrés Chicahuaxtla. Los fríos vientos, en compañía del agente municipal y su cabildo, nos dieron la bienvenida. La visita inició en la plaza principal, desde la cual podían observarse, a lo lejos, muchos y hermosos huipiles rojos moviéndose de aquí para allá; gente comprando frutas, verduras, pan, semillas o vendiendo sus preciosas piezas elaboradas en telar de cintura. Después de darnos el lujo de ver y comprar la despensa de la semana, siempre con la intención de apoyar a la comunidad, las autoridades nos mostraron una de las principales razones por la cual estábamos ahí: su iglesia. Dañado por el tiempo, el clima y el uso, este edificio requiere de una intervención para que su funcionamiento no se vea afectado. De igual manera, visitamos su Casa de la Cultura, la cual, a pesar de ser pequeña, alberga el alma de cada persona que participa en sus actividades. El sonido de violines, guitarras y voces en triqui acompañaron el recorrido por los increíbles proyectos que ese edificio resguarda: un banco de maíz y una sala lúdica en donde se imparten cursos para preservar su lengua originaria y se reciben las actividades de la Biblioteca Móvil.
También visitamos la primaria y la secundaria, en donde el proyecto Endless Oaxaca Multilingüe —una iniciativa de la BIJC— hizo posible la donación de computadoras para mejorar la calidad educativa. Una de las sorpresas que nos llevamos fue ver el resultado del esfuerzo que hacen los habitantes para preservar su lengua, como el proyecto del señor Misael Hernández, quien diseñó un servidor llamado TriquiNet, que alberga contenidos educativos y de entretenimiento exclusivamente en lengua triqui. Para cerrar con broche de oro, nos dieron la oportunidad de presenciar una muestra del tejido en telar de cintura elaborado por Simona Trinidad, una mujer de más de 80 años que ha dedicado su vida al telar, convirtiéndolo en su principal ingreso y en una herencia para sus hijas, quienes ahora también se dedican a la producción de textiles. El día siguió su curso y, con el corazón lleno de admiración, tuvimos que dejar Chicahuaxtla para visitar la comunidad alfarera de Santa María Cuquila, donde el Taller de Restauración rehabilitó su iglesia hace casi 10 años. Gracias al cuidado de sus habitantes el templo se ha mantenido en óptimas condiciones, sin embargo, el mantenimiento ya es necesario. Es por eso que la FAHHO se comprometió a capacitar a la gente para que aprendan técnicas de impermeabilización y ellos mismos puedan cuidar de su patrimonio sin que esto les genere grandes gastos. Dejando lo mejor para el final, la comunidad nos despidió con una comida digna de dioses, llena de tamales, tortillas enchiladas, picaditas, tetelas y café que nos darían energía para nuestro regreso a la ciudad.
Cada vez que tengo la oportunidad de cubrir una gira como esta, una parte del viaje se queda en mi corazón: los rostros, las manos y las sonrisas de las personas al recibir el apoyo de la Fundación para cuidar de su patrimonio no tienen precio.
Si tú que estás leyendo esto aún no conoces las comunidades mencionadas, te invito a que las veas con tus propios ojos; solo así se comprende, de verdad, la importancia de preservar el patrimonio
Muestra de los contenidos del Lenguaje de aves y frutas. Fotografías: Acervo BIJC
¿Alguna vez has ido a una biblioteca (o librería) y solicitado un libro que al parecer es azul (o rojo, o verde, o grande de colores, o negro brilloso, o con una foto en su portada, etc.)? Es algo muy común pedirlos de esa forma, y ciertas veces funciona (cuando el detalle es muy particular), pero en otras ocasiones (la mayoría), quienes trabajamos en las bibliotecas, no le atinamos. Inclusive, esa forma de solicitar libros se ha vuelto una especie de broma entre bibliotecarias y bibliotecarios. Pero, pues…, ¡esta vez caí en mi propio chiste!
Hace algunos años, mientras organizábamos la colección de Luis Castañeda Guzmán,1 encontré un par de folletos que llamaron mi atención. No los revisé con detenimiento, pero en la contraportada tenían impresa una mariposa, eso no lo olvidaría porque el detalle resulta muy fino y hace ver a la mariposa muy bonita, con ojos expresivos y hasta parece que sonríe. ¿Cómo se puede lograr eso en una impresión tan pequeña? ¡En fin! Los folletos se colocaron en guardas y revisteros especiales, listos para seguir existiendo, y se guardaron.
Ahora que el tiempo pasó, intento recuperar los folletos de la mariposa con el fin de darlos a conocer. Todo un reto para mí, porque solo me acordaba de eso, sin embargo, tener orden y compañeros empáticos y pacientes siempre ayuda. Ahora tengo más curiosidad que antes y mientras busco la mariposa trato de recordar algún otro detalle, pistas que me dejen llegar más rápido, pero entre mis memorias no encuentro más, así que paso de una caja de folletos antiguos a otra, revisando uno por uno, distrayéndome por instantes entre rezos, poemas, cantos, grabados, letras (muy diversas), y papeles duros, suaves, amarillentos, blancos, con orificios pequeñitos (culpa de alguna polilla o grapa) o sin ellos, pero todos con algo en común: ninguno tenía una mariposa.
A punto de abandonar mi tarea, decido dar una segunda oportunidad a la búsqueda, así que vuelvo al principio, y en menos de cinco minutos encuentro los folletos… ¡ahí estaba la mariposa (sonriente), casi como la recordaba! Acomodo un lugar especial en el escritorio, coloco ahí uno de los folletos (hay dos ejemplares), regreso a la bóveda los materiales restantes y, ya feliz por el reencuentro, comienzo a hojear.
Su nombre es Lenguaje de aves y frutas. Nuevo obsequio á las señoritas, impreso en Oaxaca por I. Candiani en 1866. Es un texto anónimo, y del impresor apenas se saben algunos datos (tarea pendiente). Su nombre: José Ignacio Candiani, oaxaqueño “quien aprendió el oficio de un tipógrafo de origen inglés llamado Guillermo Haaf, quien trajo de Norteamérica a Oaxaca una imprenta”.2 Comenzó su trabajo de impresor en los años cuarenta (1844 aprox.), en la calle de Larrazábal, y en 1877 fue nombrado director de la imprenta del estado, cargo que mantuvo cerca de diez años ininterrumpidos; asimismo, estuvo varios años al frente de la cátedra de tipografía y litografía en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado.3 Sobre este último escribió e imprimió, en 1882, el Manual de tipografía, para que sirva de obra de texto a los alumnos de la cátedra que está bajo su dirección. En 1888 abre por última vez, para cerrar definitivamente4 su imprenta.
El folleto es pequeño: apenas mide 10 cm y tiene seis páginas (tres cuadernillos cosidos). El papel es muy fino: está hecho a mano y es de buena calidad, lo que hace que también sea muy delgadito. Sus hojas se observan amarillas, reflejo del paso del tiempo; su cubierta y contracubierta son de un tono rosado, ligeramente desgastado, pero que resalta y da un toque “delicado” a la impresión, la cual está hecha a una tinta.
En la portada se encuentran el título y los datos de impresión; al reverso de la portada se lee un breve poema, escrito a modo de introducción; le sigue un capítulo titulado “Lenguaje de aves” en donde, a dos columnas y a modo de breve diccionario, se colocan por un lado 34 nombres de aves y, por el otro, sus significados; en el siguiente apartado hay un “Pensamiento”. En la página que sigue (4) hay una primera adivinanza y posteriormente da inicio el capítulo “Lenguajes de frutas”, organizado del mismo modo que el de las aves, a dos columnas, en orden alfabético, enlistando 49 frutas diferentes con sus respectivos significados; finalmente, un segundo pensamiento y una segunda adivinanza; Ninguna de ellas viene acompañada de su respuesta. Termina el folleto con la litografía de la mariposa centrada en un marco de flores, en la contracubierta.
Es una publicación “dedicada a las mujeres” en donde se asocian nombres de aves y frutas con supuestos significados (¿de dónde salió esa relación?), lo cual pude entender mejor al leer el poema introductorio en donde menciona que las mujeres utilizan las flores para expresar sentimientos y sugiere que el hombre debe responder con el simbolismo de frutas y aves. El lenguaje de las flores al que hace referencia se conoce también como “floriografía” y es un tipo de lenguaje criptológico creado durante el siglo XIX, que se utilizó para expresar sentimientos de amor o pasión de manera “secreta”: así, cada flor tenía su propio significado y simbolismo.5 El lenguaje de las aves y frutas contenido en este folleto es también un tipo de lenguaje criptológico, y no voy a dejar pasar la oportunidad de compartir un par de ejemplos: Langosta refiere a “Eres la sombra de la destrucción;” Tuna colorada, por otra parte, significa “coquetería”.
Muestra de los contenidos del Lenguaje de aves y frutas. Fotografías: Acervo BIJC
Para entender un poco más el contenido de la obra es importante ubicarla a mediados del siglo XIX, poco después del movimiento independiente, durante una corriente europea que se denominó “romanticismo literario”. Rosalba Fernández (2000, citada en la obra de Fernández Hernández, 2014), menciona que esta corriente “basó su desarrollo en el verso, la narración breve, el texto dramático y la novela, manifestando su afán renovador en las meditaciones sobre el ser, la angustia ante la muerte y la exaltación del sentimiento amoroso que nunca llegaba a la plenitud”,6 reflejo del estado sentimental romántico que predominaba en las letras, y en las artes en general.
En este tiempo, la imprenta tuvo una expansión importante. En Oaxaca se decretó la “libertad de prensa” (1852), así que comenzaron a publicarse libros, folletos, calendarios y revistas de diversos temas y en diferentes idiomas, pues existía el pensamiento de que de esta manera se contribuía con el objetivo de hacer/construir una identidad nacional mexicana (entre otras cosas), especialmente desde el romanticismo.
“Los intelectuales” de esa época comenzaron a integrar “sentimientos” que eran considerados “de mujeres” en sus creaciones, y por ello la decisión de incorporar a las mujeres de ciertas clases sociales como destinatarias de las revistas femeninas que se empezaron a publicar.7 Es por eso que obras como esta resultan una importante fuente de referencia para conocer y entender la reconstrucción de la imagen de lo femenino en ese periodo. Como ejemplo transcribo a continuación el primer pensamiento: “El pudor es la prenda mas estimable en la muger, como son en el hombre la fuerza y el carácter”.8
Finalmente puedo decir que El lenguaje de aves y frutas es el reflejo de un tiempo romántico de las letras, la imprenta y la tipografía en Oaxaca. En su contenido podemos encontrar, por medio de simbolismos, un lenguaje considerado hasta cierto punto “sentimental”, hecho para “comunicar emociones” y en su forma física observar la perfección y el arte de un maestro oaxaqueño de la impresión y la tipografía, de quien aún hay mucho por reconocer.9
De paso les comparto que en este lenguaje se relaciona a la mariposa con la inconsistencia y volubilidad.
Las hermosas adoptaron, Para cantar sus amores Lo más precioso que hallaron, El lenguaje de las flores. Ahora, si el medio no sabes De pagarles sus favores, Adopta tú, en los amores, Lenguaje de frutas y aves; Y al abrir tu corazón, Quien te conprenda será Una mujer que tendrá La ciencia de Salomón.
1. Notario público, investigador y arduo escritor de la historia de Oaxaca. Su colección se encuentra resguardada en la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova.
2. La Victoria, Oaxaca, t. II, n. 66, 20 de marzo de 1862, p. 1.
3. En el Archivo General de la Nación se localiza la copia certificada por Florencio Medina, secretario del Tribunal de Cuentas, del nombramiento de Ignacio Candiani como catedrático de Tipografía del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. Expedido por Orden de Fernando Maximiliano, emperador de México. AGN (46960/343 Volumen 1 Expediente 343 Fecha: 1866, junio 02 Foja 350).
4. Quintas Castellano, G. M., Quintas Martínez, G. R. (2020). Impresores de Oaxaca y sus imprentas a través de la historia, p. 59.
5. En 1857 se publicó el libro titulado El lenguaje de las flores y el de las frutas, con algunos emblemas de las piedras y los colores, de Florencio Jasmín, impreso en Barcelona por la Vda. de Saurí e Hijos. Obra similar a la que se describe aquí.
6. Fernández Hernández, S. (2014). El arte del cajista en las portadas barrocas, neoclásicas y románticas (1777-1850). México, UNAM, p. 208.
7. En la biblioteca tenemos La ilustración: semanario de las señoritas, publicado entre 1869 y 1870 en la imprenta de Ignacio Cumplido en la Ciudad de México, y el Calendario portátil para el año de 1837, dedicado a las señoritas de la República Mejicana, impreso por Arévalo en la Ciudad de México.
8. Copiado textualmente del folleto.
9. En 1999, la Biblioteca Francisco de Burgoa, en colaboración con diversas instituciones, llevaron a cabo una exposición sobre la historia de la imprenta en Oaxaca, de la cual se generó un libro con el mismo nombre. Este se vuelve un material de referencia obligada para quien se interese en conocer más de cerca este tema, junto con el número especial (12/13) de la revista Acervos, publicada el mismo año, y dedicada igualmente a la imprenta en Oaxaca.
Sólo eso, hijo mío, bastaría para probar que soñaste. Según la opinión de todos los demonólogos, los ángeles rebeldes tienen la voz bronca y rechinante como una cerradura oxidada; es posible que logren encubrir su rostro con apariencias bellas, pero jamás consiguen imitar la voz pura de los ángeles buenos. Anatole France, La rebelión de los ángeles, 1914
El término “demonio”, que proviene del griego δαίμων (daímōn), aludía a los seres de menor jerarquía que los olímpicos, pero que podían fungir como intermediarios entre hombres y dioses. Su extrapolación para designar a Luzbel o Lucifer, el Portador de Luz o el Lucero de la mañana, se basa en los textos bíblicos que refieren al ángel caído por su rebeldía ante el Creador. Observa Marcelo Ferrando Castro:
La fuente principal para conocer a los ángeles caídos es el “Libro de Enoc”, una antigua obra religiosa judía, atribuida por tradición a Enoc, el bisabuelo de Noé […] Al principio, los ángeles caídos pertenecían al grupo celestial que salvaguardaba los inicios de la humanidad. Fueron creados específicamente por Dios para velar por el hombre, y se les otorgó entendimiento y libertad.
Los pueblos agrícolas de la Antigüedad concibieron seres de luz y sombra que, en tanto opuestos complementarios, regulaban el destino de los hombres. Es así que encontramos una larga lista de manifestaciones de lo “daimónico”, en su connotación negativa, en las altas culturas de Mesopotamia (como los casos de Anzû, Asmodeo, Utukkū, Lamaštu); en Egipto (In-tep, Ammyt, Chery-benut); en India (Asuras, Vetalas, Ráksasas, Maras); en las culturas orientales (Yaoguai, Moguai, Gui, Yōkai); en el mundo mesoamericano (Tzitzimime y Cihuateteo), entre muchas más.
A su vez, el maniqueísmo zoroastrista persa, eje rector del pensamiento de los antitéticos o luchas entre el Bien y el Mal, definió la presencia de Ahura Mazda, quien guiaba y protegía a los hombres de las fuerzas de la oscuridad, lideradas por Angra Mainyu o Ahrimán, “el espíritu de la angustia”.
En la tradición monoteísta, la dicotomía entre los poderes divinos y los demoníacos se manifiesta en un caudal de significados éticos y pragmáticos que habrán de configurar la historia del pensamiento por las siguientes centurias. En el libro del Apocalipsis, capítulo 13, se lee:
Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?
Legado de los bestiarios medievales, la imagen de Satanás se invistió de morfologías teratológicas (monstruosas) para infundir miedo y crear un bastión de refugio para los pecadores, siempre tentados, por su propia naturaleza, a incurrir en los terrenos del Mal. Esta iconografía definió buena parte de las representaciones de lo divino y lo diabólico en los discursos evangélicos de la antigua Antequera. Aquí nos ocuparemos de algunas, varias de ellas beneficiadas por los programas de restauración y conservación de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, que permiten la continuidad de estas valiosas manifestaciones del arte sacro y sus grandes cometidos devocionales.
En la región de los Valles Centrales destacan lienzos y tallas escultóricas, en cantera o estofadas, con evocaciones de las llamadas “psicomaquias” o luchas entre el Bien y el Mal. En la propia capital antequerana, el espléndido Templo de los Siete Príncipes —que fuera colegio de damas indígenas durante el virreinato— expone como devoción principal a Nuestra Señora de los Ángeles. Se trata de una talla policromada y dorada de la Virgen del Apocalipsis, quien, alada y con el Niño entre sus manos, pisa a la sierpe como una nueva Eva que habrá de redimirnos del pecado original. En la fachada de la misma iglesia, san Miguel, el jefe de los ejércitos celestiales, blande su espada flamígera para someter a la bestia, con fisonomía de dragón y felino, que palidece ante los visos divinos de la Custodia que sostiene el arcángel en su mano izquierda. Este modelo se observa en distintos templos de la región, como San Juan Teitipac, Santiago Tlazoyaltepec, Teotitlán del Valle y Tlalixtac de Cabrera.
Del repertorio cabreriano y poscabreriano en el Templo de Santo Domingo de Guzmán, se aprecia en la bóveda, justamente sobre el coro, un medallón que representa la visión mística que tuvo Juan el Evangelista en la isla de Patmos:
Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra.
Las penas del fuego eterno, inspiradas en las vívidas descripciones de estupor y tormento que nos dejan Dante Alighieri y John Milton, alimentaron las evocaciones del Infierno en los pinceles de un maestro cercano al poblano Miguel Jerónimo Zendejas, que acompañan los retablos laterales de la colorida iglesia de Santa Ana Zegache en Ocotlán.
Por su parte, la siempre deslumbrante Mixteca resguarda encomiables trabajos pictóricos sobre este tema: en la nave mayor de Santo Domingo Yanhuitlán se distingue el altar de los santos Lorenzo y Vicente Ferrer, azuzando a las ánimas del Purgatorio a encontrar el camino salvífico hacia la Gloria de Dios. El conjunto es rematado por Nuestra Señora del Carmen quien, con escapulario en mano, hace lo propio para brindar su cobijo a los esperanzados rostros que buscan su intercesión. En el templo de San Bartolo Soyaltepec se descubre nuevamente a san Miguel, flanqueado por dos angelillos volanderos, quienes lo asisten para conducir a las ánimas lejos de las implacables llamaradas que el pintor realizó para buscar mayor expresión y didactismo en la obra. De igual forma, los muy hermosos pero deteriorados lienzos de San Miguel Tecomatlán y San Francisco Jaltepetongo reúnen, por igual, a las afligidas almas de clérigos y reyes frente a la tan anhelada redención. Las huestes angélicas también se manifiestan dulcemente para cumplir su misión auxiliadora en las iglesias de Santiago Tilantongo, Santiago Yolomécatl, San Nicolás en Tlaxiaco, Santo Domingo Tepelmeme, San Francisco Teopan, San Mateo Tlapiltepec, Santiago Ihuitlán Plumas o Tamazulápam del Progreso.
Fotografías: Héctor Palhares
Fotografías: Héctor Palhares
Fotografías: Héctor Palhares
Es imprescindible mencionar el espléndido ciclo pictórico del maestro Miguel de Mendoza en San Cristóbal Suchixtlahuaca. Bajo la severa mirada de Cristo pantocrátor (Todopoderoso), un potente san Miguel Arcángel alza su espada sobre los condenados que se dirigen, de modo inexorable, hacia las fauces de Leviatán.
De la misma forma, en las sierra Norte y Sur abundan los ejemplos del triunfo de la Luz sobre la Oscuridad: entre el fulgor dorado de los retablos de Ixtlán de Juárez, se descubre a la Virgen apocalíptica con una viva descripción de la bestia de siete cabezas retorciéndose bajo la planta inmaculada de la Madre de Dios. Al tiempo, las serenas ánimas en espera de la expiación nos miran desde los retablos de San Juan Bautista Yalálag, San Juan Bautista Tabaá, Santiago Zoochila o San Miguel Amatlán. Podemos destacar una de las tallas estofadas de mayor preciosismo que corona el altar mayor del templo de San Andrés Apóstol en Miahuatlán de Porfirio Díaz: Miguel con tizona en mano y alas poderosas como símbolo de su liderazgo sobre los ángeles de Dios.
Para concluir esta breve revisión de los ángeles caídos dentro del cosmos religioso de Oaxaca, y en un salto que trasciende al arte y nos acerca, piel a piel, con algunos de los usos y costumbres más entrañables del estado, nos referiremos al Istmo de Tehuantepec y sus escondidos tesoros: Santa María Guienagati y San Blas Atempa. De manos indígenas y con gran expresividad, en ambas iglesias hay dos pinturas que exhiben a la Virgen de los Carmelitas intercediendo por los pecadores. Aquí, la fuerza devocional y la riqueza descriptiva evocan la cita de Romanos, capítulo 12: “No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien”.
Equipo Guerreros de Oaxaca, pretemporada 1996. Fotografías: Acervo Guerreros de Oaxaca.
Equipo Guerreros de Oaxaca, pretemporada 1996. Fotografías: Acervo Guerreros de Oaxaca.
Equipo Guerreros de Oaxaca, pretemporada 1996. Fotografías: Acervo Guerreros de Oaxaca.
En 1996, Oaxaca recibía una noticia que sería del agrado de toda la afición del beisbol: por primera vez en su historia, el beisbol profesional se asentaría en el estado. Un grupo de accionistas, encabezado por el C. P. Alfredo Harp Helú, tomó la franquicia que dejaba el club Charros de Jalisco en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) para traerla a la Verde Antequera, y así lograr que todos los oaxaqueños disfrutaran del beisbol profesional.
El primer roster del equipo zapoteca estuvo encabezado por el carmelita Nelson Barrera Romellón, pelotero que ya había hecho historia con los Diablos Rojos del México y que posteriormente se convertiría en la estrella del equipo oaxaqueño. Barrera llegó como uno de los máximos jonroneros del beisbol mexicano, solo por detrás de peloteros de la talla de Andrés Mora y Héctor Espino.
El primer equipo estuvo conformado por peloteros mexicanos de la talla del receptor Rogelio Cobos; los bateadores Daniel Fornés, Fabián López, Felipe Durán, José Juan Núñez, Roberto Carlos Méndez, Leo Moreno, e Isidro Herrera; además de los lanzadores Martín Antúnez, Alejandro Carrasco, Enrique Herrera, Juan Carlos Sangeado, David Sinohui, Guillermo Güereca, el oaxaqueño Zenón García, entre otros.
Alfredo Ortiz, Manager en 1996
Alfredo Ortiz, Manager en 1996
Alfredo Ortiz, Manager en 1996
Además, el equipo también contaba con refuerzos extranjeros, entre los cuales podemos mencionar a Vince Castaldo, Joel Chimellis, Randy Milligan, Cecil Espy, Jerry Kutzler, Will Flynt, Les Lancaster, Lenin Picota y Lioner Vásquez. Guerreros contó con el manager veracruzano Alfredo “Zurdo” Ortiz, quien culminó el primer año de la tribu con un récord de 46 juegos ganados y 64 juegos perdidos.
Oaxaca debutó un 13 de marzo de 1996 frente a los Potros de Minatitlán en el Estadio 18 de Marzo, con un resultado adverso de 3 carreras por 1.
Este fue el primer lineup que presentó Alfredo Ortiz: Isidro Herrera (JI), Joel Chimelis (2B), Vince Castaldo (PC), Randy Milligan BD, Nelson Barrera (1B), Roberto C. Méndez (JC), Raúl Valverde (JD), Jesús Abrego (C), Felipe Durán 3B, Jerry Kutzler (P).
El 16 de marzo llegó la primera victoria en la historia del equipo bélico. Ocurrió en un juego contra los Rieleros de Aguascalientes en el Estadio Eduardo Vasconcelos; el primer pícher en lograr un juego ganado fue el derecho Javier Chapa.
El tiempo cíclico visto por las infancias. Fotografías: Acervo MIO
Antes de ser calendario, el tiempo fue cielo, lluvia, semilla y espera.
El ritmo con el que vivimos hoy no es el mismo para todas las personas: reconocerlo es un punto de partida fundamental para abrir caminos a otros tiempos. Asumir esta diversidad no es solo un gesto poético, sino también un posicionamiento teórico: el tiempo no es algo cambiante, sino una experiencia cultural situada.
A partir de la exposición “El Reino de las Nubes” han surgido diversas líneas de investigación orientadas a generar nuevos aprendizajes para la comunidad infantil. Estas exploraciones han abierto preguntas sobre otras maneras de concebir el mundo, y de ellas han surgido talleres como “Guardianes del tiempo”, mismo que significó una oportunidad para demostrar cómo, en el museo, la práctica pedagógica se nutre de la investigación.
La idea de este taller nació del deseo de iniciar el año explorando nuevos conocimientos, buscando reajustar el ritmo de vida que nos exige el mundo actual y aproximándonos a otras formas de entender el mundo, como las de los antiguos zapotecos. ¿Es el tiempo una línea que avanza sin retorno o un ciclo que se repite y se transforma constantemente?
Estas preguntas nos condujeron a investigar acerca de las formas en que las antiguas culturas de Oaxaca entendían el tiempo. Así encontramos dos cuentas importantes para el calendario zapoteca: el Piye y el Yza. El primero combina 20 días con 13 numerales, formando un ciclo de 260 días que articulaba sentidos simbólicos y orientaciones rituales. A este se le atribuyen tanto usos adivinatorios como la asignación de los nombres de las personas.
El segundo, más cercano al ciclo solar de 365 días, organiza 20 días en 18 periodos y se vincula con los ritmos agrícolas. Aunque se reconoce su importancia histórica, aún se sabe poco sobre cómo era su funcionamiento preciso. Esta falta de certezas se convirtió en un motor para investigar, preguntar e imaginar junto con las infancias. Por esto, el Yza se convirtió en eje del taller, para compartir la relevancia de los tiempos de la tierra, el maíz, la lluvia y la cosecha.
Para profundizar en esta dimensión, recurrí a dos voces cuyas miradas dialogan desde distintos lugares: el señor Ausencio Tomás Cruz Martínez, agricultor de Zaachila, y el doctor Robert Markens, investigador de las antiguas culturas mesoamericanas.
Don Ausencio, que ahora tiene 65 años, ha trabajado el campo desde que tenía 15. Su vida está marcada por el ritmo del maíz: siembra una vez al año y sigue un ciclo que no se rige por fechas establecidas, sino por la observación de la tierra y las lluvias. Este calendario se lee en la humedad del suelo y la memoria heredada. En enero prepara el terreno moviendo la tierra. Luego, con las primeras lluvias, la tierra se remueve y tras semanas de humedad constante llega el momento de plantar maíz y calabazas. Antes, se pide por la lluvia como parte de una relación de cuidado con la milpa. La siembra se realiza grano a grano, paso a paso, y tras los primeros veinte días, se limpia la maleza. Otra veintena más tarde se forman surcos para regular el agua y, antes de que la planta espigue, se limpia de nuevo para que no haya riesgo de tirar el polen. Como dice don Ausencio: “La planta es tan noble que solitalleva el agua a su patita, aunque sea la del sereno”.
Luego viene la espera. Durante meses la milpa crece casi en silencio. En agosto y septiembre se cortan los elotes tiernos —“los buenos son los de pelo sequito”— antes de que el grano madure y se vuelva mazorca. En noviembre se recoge la cosecha y se deja secar el zacate sobre la tierra, así, el terreno se prepara para iniciar otra vez. Entonces, el ciclo concluye para comenzar de nuevo.
Conocer los tiempos del maíz es reafrimar una forma de vida. No se trata solo de una planta, sino de un elemento que sostiene la alimentación, memoria e identidad. En su crecimiento se inscribe una idea del tiempo basada en el cuidado, la espera y la relación con la tierra.
Por otro lado, Robert Markens aporta una mirada desde la investigación histórica que dialoga profundamente con esta experiencia. Él explica que las cuentas zapotecas no eran sistemas aislados, sino complementarios: gracias a una se podía comprender la otra. Ambas coincidían cada 52 años, momento en que se completaba un gran ciclo y se articulaban en lo que hoy llamamos el calendario redondo. Conversando sobre este periodo, compartimos la idea de que quizá esos 52 años se relacionaban con la duración de la vida humana en aquel tiempo, un ciclo completo de existencia donde también era el momento en que cambiaban los cargadores del año, los cuatro símbolos más importantes del Piye.
Para los zapotecos —de acuerdo con Robert— el tiempo no avanzaba únicamente hacia adelante: se repetía, se transformaba y renacía. La vida era cíclica. Esta concepción resuena con la milpa de don Ausencio: en ambos casos, el tiempo es retorno, continuidad y renovación.
Fue el cruce de estos saberes lo que dio sustento a este taller, donde las infancias no solo aprendieron nombres de calendarios antiguos, sino que comenzaron a reconocer los tiempos del maíz dentro del calendario que habitan hoy. Hablamos entonces de cómo se puede cuidar el tiempo, no solo en horas, días o años, sino en su dimensión natural y afectiva: “Cuidar el tiempo también es querer a los árboles”, dijo una participante. “Cuidar el agua y jugar en la lluvia también”, añadió otro. “Mi parte favorita fue cuando pusimos los pies en la tierra”, compartió una niña al final del taller.
Así, por medio del juego, la investigación se vuelve experiencia sensible. Entre la voz del agricultor, la mirada del investigador y la imaginación de las infancias, el tiempo dejó de ser una cifra abstracta para convertirse en algo que se toca, se siembra y se cuida. Habitar el tiempo puede ser, también, una forma de sembrar futuro.
La tarde se fue acomodando lentamente en el horizonte poblano mientras en el auditorio de la Casa del Libro “Gilberto Bosques Saldívar”, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), daba inicio la ceremonia de entrega del Inventario del Fondo Personal Severo Martínez Peláez al Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”. No era un acto protocolario más: se trataba, a la vez, de un momento de cierre y apertura, en el que la memoria de un historiador fundamental para Centroamérica encontraba un nuevo cauce institucional y público. El acto significó la conclusión de un proceso especializado de organización archivística y la integración de este acervo al patrimonio documental de la BUAP para su resguardo y futura consulta académica.
La doctora Coralia Gutiérrez, profesora e investigadora del Instituto, abrió el encuentro con un mensaje de bienvenida en el que destacó la relevancia histórica y cultural del fondo documental. Subrayó que la entrega del inventario no solo representa un cierre administrativo, sino la consolidación de un trabajo colectivo orientado a preservar la memoria intelectual de uno de los historiadores más influyentes de América Latina. Reconoció, además, la presencia de las hijas de Severo Martínez Peláez, a quienes señaló como custodias morales de su legado.
En su intervención, el director del Instituto, doctor Guiseppe Lo Brutto, resaltó que el fondo constituye una fuente indispensable para la investigación histórica y la formación de nuevas generaciones de estudiantes y académicos. Recordó la trascendencia de La patria del criollo: ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca, escrito en 1970, como obra fundamental de la historiografía latinoamericana, y agradeció el acompañamiento de Adabi, así como el compromiso y la gestión de la doctora Gutiérrez en este proyecto.
La semblanza de Severo Martínez Peláez, compartida por la doctora Gutiérrez, situó su trayectoria en el contexto de la Guatemala posterior a 1954, su exilio en México y su formación en la UNAM bajo la influencia de historiadores como Edmundo O’Gorman y Silvio Zavala. Asimismo, destacó su perfil como intelectual crítico, su compromiso político y su contribución al desarrollo de una historiografía rigurosa y socialmente comprometida en la entonces Universidad Autónoma de Puebla, donde fue figura clave en la consolidación del posgrado en Historia.
En representación de Verónica Loera y Chávez, directora de Adabi, Fabiola Monroy subrayó que la preservación documental es un compromiso social y una condición para el ejercicio de la memoria: “Una cuestión de amor, voluntad, memoria y visión”, dijo. Recordó que Adabi cuenta con casi 23 años de trabajo en archivos históricos y bibliotecas de libro antiguo, con una presencia constante en Puebla y otras regiones del país. Enfatizó que los archivos organizados permiten transformar documentos dispersos en conocimiento accesible y que esta labor se inscribe en el marco de la Ley General de Archivos, la cual obliga a las instituciones públicas a contar con sistemas archivísticos funcionales.
El componente técnico del proyecto fue detallado por la maestra Elisa Garzón, coordinadora de Adabi en Puebla. Explicó que el proceso inició con un diagnóstico en agosto de 2024 y sedesarrolló operativamente entre septiembre y noviembre de 2025.
Las fases del trabajo incluyeron la estabilización y limpieza de documentos; aplicación y ajuste de un cuadro de clasificación que organizó el fondo en tres grandes ámbitos: docencia, investigación y vida sindical; ordenación alfabética y cronológica de expedientes; elaboración de guardas y contenedores a la medida, además de cajas AG-12 para expedientes; descripción archivística conforme a la norma ISAD(G) en una base de datos.
Como resultado, el Fondo Personal quedó instalado en 14 cajas, con materiales fechados entre 1967 y 1991, integrados en 359 expedientes, más dos cajas anexas con fichas bibliográficas y publicaciones periódicas. El inventario entregado constituye un instrumento básico de control y consulta para investigaciones futuras que permitirá, en una etapa posterior, elaborar guías y catálogos con un grado de detalle mayor.
La maestra Maricruz Calderón, responsable de la elaboración de un índice preliminar del fondo, compartió hallazgos significativos derivados de la revisión documental, entre ellos correspondencia de estudiantes, informes académicos elaborados por Martínez Peláez, solicitudes del libro Motines de indios. La violencia colonial en Centroamérica y Chiapas, provenientes de instituciones como el IPN y comunidades de Chiapas; además de listas de asistencia con anotaciones personales. Estos materiales dan cuenta del compromiso pedagógico del investigador y de su cercana relación con sus alumnos.
Durante la ceremonia se reconoció el trabajo de los analistas Mario Talavera y Steigh Ramírez, así como el acompañamiento permanente de la doctora Coralia Gutiérrez y Maricruz Calderón en las distintas etapas del proyecto.
El acto concluyó con la entrega oficial del inventario impreso y digital al maestro Félix Arenas, coordinador de la Unidad Bibliográfica, Hemerográfica y Documental del Instituto. Con este acto,el Fondo Personal Severo Martínez Peláez quedó oficialmente integrado al acervo de la BUAP para su resguardo institucional y consulta pública.
Piezas correspondientes al acervo Museo de Vizcaínas. Fotografías: Acervo MTO
Piezas correspondientes al acervo Museo de Vizcaínas. Fotografías: Acervo MTO
Piezas correspondientes al acervo Museo de Vizcaínas. Fotografías: Acervo MTO
Cursé la licenciatura en Restauración en la ENCRyM del INAH. En mi plan de estudios, el cuarto semestre estuvo destinado al Seminario Taller de Conservación y Restauración de Textiles, bajo la titularidad de la Mtra. Rosa Lorena Román Torres. Debo confesar que se trataba de uno de los talleres que más deseaba cursar, por la fascinación que siempre he sentido por los hilos, las telas, las técnicas de confección y de ornamentación, así como por las historias que pueden contarnos.
Desde el primer día de clases de esa primavera de 2012, nos adelantaron que nuestra práctica de campo sería en el Museo Textil de Oaxaca, mismo que ya era dirigido por el restaurador Hector Meneses. Al finalizar el semestre, viajamos a Oaxaca. Mi grupo fue dividido en varios equipos y a mí me tocó trabajar en el depósito de colecciones para sacar del resguardo, aspirar, así como cotejar el estado de conservación de algunas piezas que estaban en una lista de obras que viajarían para ser exhibidas en Líbano.
Se trató de una experiencia de gran aprendizaje —y que recuerdo con mucho cariño—, con la que reforcé mi predilección por el trabajo de conservación que se realiza desde los depósitos de colecciones, además de notar la importancia de tener un perfil de restaurador en los puestos directivos de los museos. Para el otoño de 2014, volví al Museo Textil ya en mi último semestre de la licenciatura, ahora como coordinadora de un grupo de la ENCRyM con el que participamos en el montaje de la exposición “Irmgard W. Johnson, una vida dedicada al textil”.
En enero de 2016 inicié mi historia en el Museo de sitio del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas. Más tarde, mis pasos me conducirían de nuevo al Museo Textil de Oaxaca, cuando en 2018 tomé un curso de conservación que ofrecieron en el marco de la tercera edición del TEXTIM, en la que participé con una ponencia sobre la colección textil de Vizcaínas, la cual fue mi objeto de estudio de la Maestría en Estudios de Arte en la Universidad Iberoamericana. En 2019, ya como directora del Museo Vizcaínas, volví al MTO con el fin tomar un curso de identificación de fibras al microscopio, impartido por Christophe Moulherat del Musée du Quai Branly, para fortalecer mis competencias profesionales, además de conocer a colegas que se desempeñan como conservadores de textiles en otros espacios del país.
En esa ocasión pude entrevistar a Hector Meneses para conocer los esfuerzos que realizaban en su museo en la documentación y conservación de su colección; tomando como referencia el ejemplo del MTO, reconocí la importancia que tenía la instalación de un depósito de colecciones. En 2020 logré el donativo del mobiliario especializado con apoyo del grupo financiero MONEX, y, tras la pandemia, se instaló en 2022. En octubre de 2023, la Dra. María Isabel Grañén Porrúa visitó Vizcaínas, siendo invitada para conocer dicho depósito, surgiendo la idea de crear una exposición en colaboración con el Museo Textil de Oaxaca. En unos cuantos días entramos en comunicación con Hector e inició la planificación de la exposición “Labor-es. Un arte difícil y estimable”.
Transcurrieron 12 años desde mi primer encuentro con el MTO. En 2025, encontrándome en los últimos semestres de mi doctorado en Historia y Teoría Crítica del Arte en la Ibero, y con mi investigación bastante avanzada, pude participar en la exposición “Labor-es”; gracias a mi formación como restauradora me encargué del levantamiento de estados de conservación y avalúos de obra, así como de la ejecución de trabajos de estabilización, asimismo, me desempeñé como comisaria y curadora, escribiendo el cedulario de las obras que se encuentran exhibidas, derivado de mi investigación doctoral. Se trató de una oportunidad para poder mirar, con mayor detenimiento, cada una de las puntadas de los bordados enmarcados que veo todos los días desde hace tanto tiempo. Así descubrí las maravillas que las virtuosas manos de las colegialas de Vizcaínas crearon, y que el paso del tiempo ha convertido en documentos materiales con los que podemos conocer sus historias de vida.