Triunfo mexicano, a la diabla

La lluvia inclemente que predominó durante dos semanas en la Ciudad de México retrasó un día la edición 91 del Juego de Estrellas de la Liga Mexicana, el que marcó el festejo más importante del primer siglo del circuito y el segundo que se celebra en el Estadio Alfredo Harp Helú.

Tras una espera de más de cuatro horas en la fecha programada originalmente, 29 de junio, la reanudación evitó que el clásico de la LMB se suspendiera por primera ocasión en la historia.

En la continuación (se jugó medio inning un día antes) la Selección Mexicana anotó dos carreras en la séptima entrada, la última programada, para vencer al equipo de Estrellas de la LMB en el Juego de Estrellas 91, el que marcó el Centenario del circuito mexicano de pelota.

Con una destacada entrega y disposición de jugadores, coaches y staff, el espectáculo que se ofreció en el terreno de juego hizo honor a la calidad que se espera de estos encuentros, clásicos en la historia del beisbol mexicano. El aplauso general para los verdaderos protagonistas de este festejo es muy necesario, debido a una serie de acontecimientos que no permitieron la brillantez que el evento merecía.

Mostrando un gran profesionalismo en lo que desde ahora se recordará como el “Juego de Estrellas de los dos días”, las Estrellas de la LMB tomaron la ventaja en la cuarta entrada con un cuadrangular de Robinson Canó, agregando otros dos en el quinto episodio, los cuales parecían encaminar a la tropa del manager campeón, Lorenzo Bundy, a una victoria. Al equipo tricolor le quedaban dos entradas de vida.

Los mexicanos, comandados por el ídolo oaxaqueño, Vinicio Castilla, reaccionaron en el sexto acto con un home run de dos carreras de Art Charles, de Yucatán, quien redondeó un fin de semana fantástico y enamoró a la afición capitalina.

Como tenía que suceder en el Estadio Alfredo Harp Helú, el epicentro de las victorias “a la Diabla”, la turbulencia se fraguó en la séptima y última entrada: primero con un vistoso y salvador doble play cuando las Estrellas tenían la casa llena; un hit del capitán escarlata, Juan Carlos Gamboa y otro de Jasson Atondo en toque de pelota; a estos se sumó una base por bolas intencional para Julián Ornelas. Con el japonés Tomohiro Anraku rodeado de aztecas, el Haper logró anotar de caballito la carrera del empate, gracias a una base por bolas que ganó Víctor Mendoza. Empatados a tres, la casa llena y un out, Jesús Fabela conectó un rodado por la antesala donde el equipo visitante buscó con desesperación un doble play que no llegó, esto permitió que Atondo timbrara la carrera de la emotiva victoria azteca.

De los cinco días de actividad intensa en el Paraíso de los Diablos Rojos, no hubo un pelotero actual con más aplausos que Art Charles, quien además de encender el regreso de la Selección Mexicana, fue el ganador del Home Run Derby y el Jugador Más Valioso del llamado clásico de media temporada, algo que no se había registrado en los cien años de vida de la Liga Mexicana.

Hay dos hechos anecdóticos dignos de señalar, aunque hubo más: el primero es que el outfielder panameño, Allen Córdoba, inició el Juego de Estrellas como elemento de los Charros de Jalisco y concluyó siendo parte de los Diablos Rojos del México; el segundo es que Francisco Mejía, el catcher escarlata, participó en el encuentro a pesar de que ya había pactado regresar a Estados Unidos con los Nacionales de Washington.


Gente que lee

Un chico con gorra oscura, ni bajo ni alto. Tez morena, un arete en cada lóbulo. Surge un cabello muy chino en la nuca. Trae una playera al menos dos tallas más grande que la que debería usar. Una pequeña mochila amarilla se amolda a su espalda. Da a la cajera el libro que ha tomado del estante de Clásicos. Su mano, que apenas dejó de ser adolescente, cruza la reja de fierro. Da un billete. Le regresan el libro y sonríe como niño de nueve años que ha descubierto el regalo de los Reyes Magos. Va a leer Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga. Dice, tímidamente: “Gracias”; “gracias a ti, que lo disfrutes”.

Qué ganas de preguntarle, en unos días, si acaso no quisiera tener una tortuga gigante de amiga, o una pequeña gamita que le lleve plumas de garza. Qué ganas de leer otra vez, por primera vez, a Quiroga.

Ҩ

Una mujer de edad avanzada. Labios rojísimos. Toda sonrisas y modos delicados. Un par de perlas en las orejas. Imposible no mirar que el tiempo ha surcado su rostro y su voz, pero qué hermoso es mirarla. Pasó dos horas yendo despacio entre los estantes, tomando los libros con firmeza, leyendo tranquilamente la contraportada. Sus manos me recuerdan a mi abuela. Le hablo con cariño. Finalmente, pasa el libro por la reja con cierto temblor, no deja de sonreír. Que qué aroma es este, que no la deja irse. Que qué buena selección, que se tardó más de lo que tenía previsto. Que gracias por la silla a media sala, pues pudo hojear su libro a gusto.

Quisiera advertirle del libro que lleva, pero me detengo de inmediato porque, a su lado, qué sé yo de advertencias. Y sonrío cómplice porque también me leí La mujer rota, de Simone de Beauvoir, y porque desde hace tiempo nada sé de roturas o composturas.

Ҩ

Un pequeño como de siete años. Manojo de cachetes rosados y cabellos sudorosos. Risas. Pantaloncito corto, altas calcetas rojas. Larga playera azul. Manitas regordetas. Corre delante de su mamá, toda fatigada y bolsas del mandado. El niño llega a la parte de atrás de la librería, parece que toca una base y regresa a la puerta de entrada. Se topa con su mamá en el camino. ¡Pregunta, pregunta, pregunta! Y corre de nuevo a la parte de atrás. El niño atleta pasa la mesa de Recomendaciones, la que tiene el juego de mesa, la escalera, dos señores. La mamá, que también es puro manojo de cachetes rosados y cabellos sudorosos, baja la bolsa del mercado. “Hola, estamos buscando libros que hablen de la segunda guerra, algo como para mi hijo, pero también como para mí”. El niño insiste, mientras da su vuelta final: “¿Lo tienen, lo tienen, lo tienen?”. “Tenemos algunos ejemplares en el librero de Historia, por este lado, sígame”. “¡Mamááá, ya lo encontrééé!”, un estruendo desde la sala de piso azul, llegó a la meta.

Hace mucho tiempo no me siento con mamá a leer, juntas, pegaditas, una historia triste; preguntando qué significa nazi, qué es odio o por qué la guerra. Hace tiempo también que ya no soy atleta.

Ҩ

Entonces tomo un libro de la sección de Poesía. No lo pienso mucho. Busco un título. Algo sobre unas bestias y un hotel de paso. Me interpela el título, pero en su portada hay un alebrije, y quiero saber qué bestias contiene. Lo leo, pero no entiendo. Puede que sea el sopor del mediodía aquí arriba, donde aguardo a que surja esta nota. Quizás las imágenes tan imposibles. O la referencia a la artesanía colorida. Llego a una página al azar. Leo en voz alta, pero sigo sin entender. Regreso al estante de poesía, acurruco el ejemplar junto a sus hermanitos. Gracias, pero no es hoy. Volveré pronto.

Ҩ

Sé que hay libros que no son para una. Pese a que la portada y el título hayan alumbrado mi ojo. Seguro alguien ya lo está buscando, ya ronda este pasillo. Hay libros que son para dejar a la mitad, que se vuelven pura especulación, y justo ahí radica su belleza. Otros que sin duda podré recomendar, porque se leen y se vuelven familiares, amigos íntimos. Y hay otros para los que tengo preguntas, angustias, dolores. ¿Ha leído a este escritor? ¿Qué le parece? ¿Leyó a esta poeta? ¿Le gustó? ¿Le gustan las historias sobre gatos? ¿Ha leído ciencia ficción? Y con estas acechanzas, como diría mi querido Manuel Matus, se pasan los días cuando hay sol, cuando no nos atraviesa la vida incontenible.


Los archivos ejidales de San Mateo Etlatongo

A finales del mes pasado, el equipo de Adabi Oaxaca terminó la organización de los archivos del Comisariado de Bienes Ejidales y del Consejo de Vigilancia de San Mateo Etlatongo en la Mixteca. Ambos archivos se encuentran en la misma oficina donde se reúnen las autoridades y se atiende a los ejidatarios, pero se mantuvieron de manera independiente debido a que fueron generados por diferentes instituciones encargadas de la propiedad de la tierra dentro del sistema de usos y costumbres.

Los ejidatarios nos contactaron conscientes de la importancia de la organización de sus archivos, porque tenían conocimiento del trabajo que realizó Adabi en 2014 en el archivo municipal, donde incluso se localizó un antiguo lienzo con el mapa de Etlatongo.1 Además, necesitaban ordenar sus documentos para facilitar su localización durante sus gestiones.

Uno de los principales retos de este proyecto fue conocer las tareas que desempeñan ambas instituciones, con el fin de realizar el planteamiento del cuadro de clasificación. Para ello contamos con el apoyo de los ejidatarios, que nos explicaron sobre sus actividades en relación con los documentos, los cuales fuimos identificando para establecer las series documentales. El caso del Consejo de vigilancia fue un poco más complejo, ya que su función es supervisar la adecuada administración de los bienes comunales y ejidales, pero ahora tiene como tarea principal en el reparto del agua de riego, sobre todo por la construcción de la presa Yuxandodo.

Al final, el archivo del Comisariado de Bienes Ejidales está compuesto por 12 cajas AG-12 con documentos fechados entre 1882 y 2024. Contiene información sobre la dotación de ejidos a partir de los terrenos de las exhaciendas de Dolores y del Rosario; conflictos por la delimitación de su territorio con San Francisco Chindúa, San Miguel Tecomatlán y Nochixtlán; dificultades en el aprovechamiento de las aguas del río Yanhuitlán; reconocimiento de nuevos posesionarios, etc. También existen documentos sobre la organización de los ejidatarios, como las actas de asamblea donde se vierten las decisiones tomadas en comunidad.

El archivo del Consejo de vigilancia se integra por 10 cajas que cubren el periodo de 1935 a 2024. Abarca documentos sobre la unidad de Riego La Nopalera y el comisariado de bienes comunales, así como información sobre sitios arqueológicos, la obra de equipamiento del pozo y del sistema de riego en el paraje Yuxandodo, entre otros.

Ambos archivos se complementan, de modo que su organización facilitará la localización de los expedientes correspondientes a cada uno, con el fin de permitir a las autoridades encargadas un manejo más eficiente de la información. También pueden ser consultados por aquellos interesados en la historia de la propiedad de la tierra y del agua, así como en la configuración territorial de este municipio.


1 https://bijc.pages.fahho.mx/recursos-digitales/documentos-de-san-mateo-etlatongo/


Puntadas poéticas

Participantes del proyecto Puntadas poéticas

Durante el mes de mayo del presente año, los lectores voluntarios fuimos convocados a participar en el proyecto Puntadas poéticas, como parte de las actividades del espacio Cucharadas de poesía de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, en el Centro Cultural San Pablo. Sobre un lienzo, con hilo y aguja en mano, tomando inspiración en las lecturas y experiencias de vida, plasmamos lo que para cada integrante significa la poesía, lo que en nuestras vidas se ha transformado en poesía o aquello que la poesía ha cambiado en nuestras vidas.

Asesorados por la maestra Marisol Carlos Robles, cada martes del mes nos reunimos mujeres y hombres para convertirnos en bordalectores y conjuntar el bordado y la poesía. Escoger el motivo, la creatividad, el tiempo y la experiencia fueron factores que para algunos se presentaron como retos. Iniciamos con la expectativa y emoción con la que se lee a un autor desconocido o a uno muy conocido y querido. A partir de una breve presentación de los participantes y sus espacios de lectura, se describieron los respectivos proyectos de bordado.

Cada sesión se inició con la lectura breve de cinco poemas por parte de los participantes más puntales. El resto se deleitó escuchando tanto a poetas oaxaqueñas como a Pizarnik, Wilde, Szymborska, Escamilla y Pérez, Mistral, Carl Norac, entre otros; a la par se enhebraba y con las puntadas sugeridas, o incluso inventadas, surgían las formas, con la paciencia necesaria para ir visibilizando el motivo que habíamos elegido. Por supuesto, también surgió poesía en este espacio de reflexión y acción.

Concluimos las cuatro sesiones en un convivio realizado el 1 de julio en las instalaciones de la FAHHO, donde cada participante compartió sus experiencias y presentó su proyecto terminado, en algunos casos transformado ya en un objeto.

Dice Elvira Sastre: “La poesía no salva, solo da sentido a las heridas”. Estas Puntadas poéticas nos permitieron, a la mayoría, confrontarnos con experiencias de vida. Desde las cenefas que representan el “abrir caminos” y sus colores “una transformación de lo que soy ahora”; dar forma a “un corazón que significa una nueva vida”; transformar los corazones sangrantes en corazones que penden de un hilo; la valorización y el acercamiento a nuestras ancestras bordadoras; la revaloración de lo hecho a mano y del acto de bordar como actividad que no define a lo “femenino”; redimir experiencias pasadas en relación al bordado; reconocer que el trabajo manual también conlleva tiempo y esfuerzo; representar los años de convivencia con la pareja; estampar la libertad en dos pares de alas; expresar nuestro derecho a florecer o simplemente plasmar el amor por el café y la lectura. Estos fueron algunos de los significados y vivencias que se desprendieron de esta actividad, que nos condujo a la conclusión de que la poesía juega un papel primordial para coadyuvar a desarrollar nuestra creatividad.


Entrelazando historias. Representaciones de la divinidad del maíz en la loza blanca poblana

Con ecos del Lejano y Medio Oriente —desde las antiguas culturas china, persa y babilónica—, esta noble tradición ceramista llegó a la Península Ibérica y a los reinos italianos durante la avanzada islámica en el continente europeo.

La loza estannífera (por el esmalte de estaño y plomo), loza fina o loza blanca (llamada tradicionalmente talavera, toponímico que alude a la ciudad homónima de Castilla-La Mancha en España), configuró una parte fundamental de los usos y costumbres novohispanos. Don Gaspar de Encinas, el Viejo, y doña María Gaytán, vecinos de Talavera de la Reina, fundaron una de las casas de mayor tradición con esta técnica que, desde el siglo XVI, generalizó el epíteto con el que la conocemos hasta nuestros días.

Hacia 1550, arribaron al virreinato de la Nueva España loceros provenientes de Toledo, Sevilla y Génova para atender necesidades cotidianas de los nuevos territorios allende el mar, específicamente la construcción de cañerías de barro y loza corriente para uso diario. Aunque sería la Puebla de los Ángeles el gran epicentro de producción de la loza vidriada o mayólica —por diferentes razones
geográficas, económicas y de su cercanía a los insumos necesarios—, su influencia se extendió a importantes regiones como Guanajuato, Michoacán, Oaxaca y la propia capital.

Para su fabricación, señala la investigadora Emma Yanes Rizo, “eran necesarios dos tipos de barro, leña, fundente, plomo, uso extensivo del agua, hornos de doble cabina y fuerza de trabajo para los distintos procesos”. Antes del esplendor de esta técnica en las cortes del barroco hispano, portugués, francés, alemán, austríaco y de los Países Bajos, el reino de Nueva España habría de iluminarse con los preciosistas diseños del gremio de loceros.

La reunión de barro rojo y calizo, amén de diferentes óxidos cromáticos que echaron mano del azul cobalto, el verde cobre y el antimonio amarillo, entre muchos más, dio como resultado un despliegue de objetos suntuarios como platos, vajillas, jarrones, lebrillos (contenedores hondos), pomos de botica o albarelos, hasta espléndidos paneles de azulejo que recubrían fachadas e interiores de palacios, casas,
iglesias y conjuntos conventuales.

Durante el Porfiriato, la tradición de la mayólica experimentó una nueva puesta en valor que se extendería a lo largo del siglo XX, a través de prestigiadas casas fabricantes que la retomaron en un rico caleidoscopio de figuras y motivos de representación. En 1990, la artista Angélica Moreno fundó el taller de Talavera de la Reyna en Cholula, Puebla, “para conservar el proceso milenario de la talavera y llevarlo a su contemporaneidad”. En los distintos y meticulosos procedimientos, se produjeron piezas de gran calidad y belleza. Los pasos técnicos, en estricto orden, son: mezcla de barros, decantación, eliminación, primer amasado, amasado, secado, limpieza de piezas, vidriado, retoque de esmalte, decorado y segunda quema.

Pieza de la exposición “El mito del dios del maíz. Imágenes y letras”. Fotografías: Acervo del Centro Cultural San Pablo

En la exposición “El mito del dios del maíz. Imágenes y letras”, resultado de la investigación iconográfica en códices mayas y decoración olmeca del doctor Enrique Florescano, se presentan referencias a la planta gramínea fundacional de Mesoamérica. Distintas imágenes, representadas en veintisiete modelos de loza mayólica de Talavera de la Reyna, dan cuenta del binomio vida-muerte presente en la tradición del mito de la deidad del maíz. Asimismo, una rica serie de alegorías prehispánicas —con estilizada geometría que se inspira en patrones de Azcapotzalco, Texcoco, Chalco, Cholula, Guerrero, entre otros sitios—, entablan un diálogo contemporáneo con los elotes de jade, obsidiana, jaspe y mármol del artista de origen filipino Eduardo Olbés.

Con un nutrido programa académico y educativo paralelo a la exposición, “El mito del dios del maíz” evoca las siguientes líneas del Popol Vuh:

Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. […] A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.


El lugar que solía amar

Los viernes a las cinco de la tarde, en la Casa de la Cultura Heberto Castillo de San Jacinto Amilpas, se lleva a cabo el Taller de Escritura Creativa y Documental, programa que forma parte de las actividades de FAHHO Itinerante. El módulo actual lo está impartiendo el maestro Matt Gleeson. A continuación les presentamos un texto de Jocelin Ortíz, integrante del taller:

Los árboles bailan al son del viento; sabinos, jacarandas, patas de vaca, pochotes, bugambilias, pirules, palmeras y ficus repartidos sobre las riberas del río Atoyac, la bandada de loros canta, trina y gorgojea al llegar a las copas como en cámara lenta. Mientras doy un paso grande, mi pie derecho se planta atrás, mi rodilla va hacia delante e inclino el peso hacia atrás. Ejercicios para que la terapia física mejore mi movilidad.

Regresamos del paseo casi a las nueve de la mañana, me agacho para retirar la correa a Patrick. Antes de irme volteo al escritorio y miro las fotografías en la computadora, claramente su muñeca está rota, solo de imaginar el dolor se enchina mi piel. Han pasado cinco días desde que nuestro Roble se recupera en el huevito, una de las Luna la cuida de sol a sombra.

Caminaba cuando de pronto le derrumbaron por ahí de las once de la noche dos escuinclas que no llegan ni a los 20 años, un par de inconscientes a bordo de una motoneta que puedes rentar fácilmente en la Punta bajo condiciones de ilegalidad y con nula garantía del sentido común de quien maneja.

La calle Lázaro Cárdenas en la Punta se cierra todos los días a las 6 de la tarde para convertirse en una calle peatonal debido a la gran afluencia de turistas, de esos a los que les gusta “lo rústico de Puerto Escondido”, la buena vibra y la falta de regulaciones en las construcciones nuevas. Restaurantes, bares y hoteles abarrotan la Punta Zicatela dejando claro que con influencia económica y un par de sobornos podría construirse hasta una casa con animales exóticos a orilla de playa.

Un recuerdo marcado fue cuando entre la familia celebramos el cumpleaños 75 del Roble como si se tratara de una quinceañera. La fiesta era enorme; cerca de cien personas en un espacio de no más de cien metros cuadrados, bajo una lona de fiesta dispuesta a proteger a todos los invitados —al principio del sol, y más tarde de la lluvia torrencial que el transcurso del día traería—. En medio de la tormenta
eléctrica y el desborde del arroyo en la esquina donde se ubica el huevito que alberga a las Luna; niños, adultos y parientes se abarrotaban en él, algunos corrían de un lado a otro como gallinas buscando sus cabezas cortadas.

Así pintaba la celebración: una pequeña misa, Luna con vestido morado adornado con olanes, brillos y encajes que cubrían la piel morena, y con un tocado que se acomodó en su afro plateado, como si se encajara una corona en un algodón de azúcar. Recuerdo verla bailar el vals, festejar y partir el pastel con mucha algarabía.

De pronto un momento de negritud invadió el cielo y comenzaron a caer gotas gordas de lluvia. Luego cayó violentamente el granizo que impactaba el techo del huevito. La lona se pandeaba a los lados mientras todos tenían el semblante de quien piensa que esto terminará no solo en un ciclón, sino en un huracán.

Crecí con la incógnita sobre Paulina, aquella maldita descorazonada que llegó a hacer desastres en la casa. “Vino y arrasó con todo”, se repetía cada vez que se hablaba de ella. Yo no entendía cómo podía ser tan mala y, sobre todo, ¿cómo es que aún no conocía a la tía Paulina? Siempre creí que se refería a Paulina, la hija de Cirina, o a la prima del esposo de mi tía Ana. En mi mente no concebía cómo alguien podía destruir tanto.

Durante el día de la celebración lo entendí todo. Vi las miradas aterradas de los más grandes. No pronunciaban su nombre, pero parecería que vendría el sucesor de Paulina, un huracán que arrasó en la costa antes de que yo naciera. La devastación fue tal que, al contar sus experiencias, las personas preferían hablar de lo que se llevó que contar sus memorias con el viento atroz y la lluvia demoledora. Quienes lo vivieron solo miraban aterrados.

Después de dos horas la tempestad cedió y pudimos tomar espacio fuera de la lona y del huevito. Abrieron el horno con la barbacoa de chivo que preparó Chaka, mientras una olla gigante de mole se preparaba dentro de la cocina para el recalentado.

Nunca vi a Luna con tanta vitalidad como en aquella ocasión. La última vez que pasé más de un mes con ella fue en febrero, 18 años más tarde.

La pantalla de la computadora se oscureció y revisé otra vez cómo a mi Roble le quebraron una rama principal, vital para su funcionamiento correcto. En el hospital un estudio preoperatorio detectó un coágulo de sangre en el pulmón derecho, un destino que sería irremediable en otras condiciones. Las cosas más desafortunadas pueden ser bendiciones disfrazadas. Han pasado más de veinte días y todo parece ir de mal en peor: procedimientos mal hechos, cuentas excesivas y resultados contraproducentes.

Es la mañana del día 26 desde el accidente, el Roble no soporta la férula, todo es caos. Las Luna han visitado a otro médico y los resultados parecen ser peor de lo esperado, un corte a la fibra de vidrio, antiinflamatorios y una imagen que revela cómo la rama interna se desplazó más hacia afuera que cuando se rompió. La reducción de fractura solo empeoró el estado inicial, por dentro se ha formado un tejido chicloso que mantendrá el hueso en la posición que se inmovilizó.

La rama quedó chueca, desplazada y con menos movilidad de lo que se había pronosticado. Esta serie de tragedias se han convertido en un huracán para la familia de las Luna. Paralelamente, la tormenta tropical se convierte en un desastroso categoría 4.

Jocelin Ortiz (nació en Puerto Escondido Oaxaca en 1998) documenta y retrata su relación con la muerte, el medio ambiente y la manera en que se ve reflejada en las personas. La fotografía es un lenguaje que le permite meditar sobre lo que ve en su día a día, desde el asombro hasta lo que después se convierte en añoranzas, memorias y registros de lo que es la realidad. Fotógrafa documental y artista visual que usa como medios la fotografía analógica, digital y el textil. Actualmente colabora con el estudio de afelpado Yutun, donde explora la interpretación de imágenes con fibras naturales.


A ras de tierra y a cielo abierto

Tierra Caliente —perteneciente al municipio de Tamazulapan del Espíritu Santo, ubicado en la Sierra Mixe de Oaxaca— es una comunidad alfarera y ceramista que ha visto crecer a varias generaciones de alcalleres. Ahí nacieron Teresa y Rufino Cruz Jiménez, quienes pertenecen a la tercera generación de ceramistas y alfareros en su familia. Fue su madre, Ernestina Avela Jiménez, quien les dio la vida dos veces: una por medio de su propio cuerpo y otra mediante el barro, porque fue ella quien les transmitió su noble oficio como una fórmula para sostener con dignidad sus propias vidas y, en consecuencia, la de sus hijos, pues esta actividad ya ha alcanzado a una cuarta generación.

El maestro Rufino recuerda las enseñanzas de su madre en el taller familiar; la venta en los domingos de plaza en Tamazulapan; los caminos a pie con las piezas en la espalda para llegar a los pueblos cercanos y su salida del pueblo para lograr vender en la ciudad. Al llegar a la ciudad de Oaxaca, alrededor de 1990, Rufino tuvo que aprender otras técnicas y despertar la creatividad para posicionar sus obras en un nuevo mercado. Así, a las piezas de uso doméstico —jarra cafetera, patojo para frijoles y ollas para tamales, principalmente— se sumaron las de uso ornamental. Entre estas últimas sobresalen las ollas y los candelabros con múltiples bocas, una innovación de su esposa, Soila Rodríguez, quien aprendió de doña Ernestina la elaboración de cazuelas muy grandes.

Esta transformación permite apreciar cómo el arte popular no es inamovible, cómo la preservación de la tradición requiere del cambio y de la creación innovadora para suceder. El arte popular se muestra, de esta manera, como un reflejo inevitable de los cambios sociales, culturales y económicos de una comunidad. La maestra Teresa reconoce la importancia de la innovación en su propia labor como una estrategia para permanecer vigente, con el fin de preservar una tradición y las obras sobre las que esta se asienta. Ya sea que se trate de una pieza novedosa o antigua, nos hace ver que cualquier obra artesanal guarda un lugar importante formando parte tanto del entorno y las actividades cotidianas como del ámbito simbólico de la fiesta y la cultura.

Aunque Teresa y Rufino Cruz Jiménez han formado sus propios talleres familiares, ambos se levantan sobre la cerámica y la arcilla. Cada materia utilizada en un proceso completamente artesanal es proporcionada por su entorno natural: arcilla, barro, olote para moldear, hojas de árbol para conseguir los acabados y piedras de río para pulir. La quema o cocido de las piezas se realiza a ras de tierra y a cielo abierto con leña de ocote. Es en este momento cuando las obras adquieren unas manchas negras, las cuales se convierten en pigmentos decorativos accidentales, sellos particulares que no hacen otra cosa que embellecerlas.

Debido a la calidad y peculiaridad de sus obras, estos dos grandes artesanos han conseguido el reconocimiento en concursos nacionales y estatales como maestros del patrimonio artesanal, específicamente como ceramistas y alfareros, en los cuales han participado con piezas tradicionales o innovadoras, e incluso con nacimientos y juguetes. La maestra Teresa Cruz y su familia figuran en el directorio de Grandes Maestros del Arte Popular.

Es el lazo hereditario ancestral y la conexión con la tierra que la cerámica propicia, el motivo que ha impulsado a la maestra Teresa y al maestro Rufino a dotar de significado su labor. Ambos confían en Andares del Arte Popular como una plataforma que, comprendiendo tal significado, no solo posibilita la venta de sus obras, sino que impulsa la difusión y el conocimiento de estas para poner en valor una tradición que late desde las entrañas de la tierra y toma forma a cielo abierto.


El papel de reúso en las encuadernaciones del libro antiguo

El libro y cada uno de sus elementos constitutivos son producto de un proceso tecnológico preciso, como también de su contexto social, económico y cultural. El papel como materia prima en la elaboración de encuadernaciones es una línea de investigación poco atendida, pero de la que puede obtenerse información histórica y documental del libro antiguo, las encuadernaciones y las colecciones bibliográficas.

La producción de papel con la calidad destinada a la impresión de libros fue, desde los tiempos de la invención de Gutenberg, escasa y problemática, pues no lograba satisfacer la demanda y, en ocasiones, esto detenía la producción de las casas impresoras. Al operar de forma intensiva, la imprenta exigía un consumo considerable de papel, lo que requería el empleo de varias resmas en una sola jornada. Así que, tras el establecimiento de las primeras imprentas y durante los siglos posteriores, la carestía del papel fue constante tanto en Europa como en Nueva España.

Diversos autores han indagado sobre la problemática de la carestía de papel y las afectaciones que ocasionaba al gremio de la imprenta. Sánchez Bueno señala que ante la falta de papel económico para coheteros, boticarios y bizcocheros se desbarataban libros para ser vendidos como papel de segunda mano.1 A esto se sumaba la venta de papeles provenientes del saqueo de archivos oficiales, que terminaban siendo utilizados en la manufactura y embalaje de distintas mercancías.

Es necesario recordar el proteccionismo por parte de la Corona española al monopolio de la industria papelera, así como el entorpecimiento que había tanto en la producción de papel como de impresos en Nueva España, junto con el irregular e insuficiente envío de papel de calidad desde Europa. Esto condujo a la obtención de esta materia prima a partir de otras fuentes, ya fueran archivos o encuadernaciones de segunda mano.

De acuerdo con Toribio Medina, con la intención de que no se detuviera la producción de la imprenta, los impresores —quienes generalmente también eran los encuadernadores—, usaron pliegos ya impresos como guardas o para la fabricación del cartón usado en la elaboración de las tapas.2 Romero Ramírez ha podido identificar extensamente el uso de papeles provenientes de impresos y expedientes en encuadernaciones mexicanas del siglo XVI, asimismo ha identificado la reutilización de papeles desde los siglos XVI al XVIII, y atribuye esta acción a la respuesta de los encuadernadores ante la carestía y dificultad por obtener esta materia prima, así como al aprovechamiento de los materiales que tenían a su alcance.3

A modo de guardas, endoses, tapas, recubrimientos o reparaciones históricas, el papel reutilizado como elemento de las encuadernaciones se encuentra con frecuencia en bibliotecas y colecciones a lo largo de todo el país y fuera de este. Cualquier investigador o usuario puede percatarse de su existencia con facilidad, pero, a pesar de ser un elemento tan común para quienes estudian o simplemente tienen un acercamiento al tema del libro antiguo, la falta de conocimiento de este material como fuente documental e histórica puede disociar o descontextualizar estos elementos de la encuadernación y de su colección.

La evidencia física que brinda el papel de reúso en las encuadernaciones tiene distintas áreas de aproximación. Entendida como testigo de la historia de vida de las encuadernaciones y colecciones documentales, puede ser una fuente invaluable para conocer los contextos históricos, culturales y tecnológicos de los bienes bibliográficos.

Identificar, conocer y valorar los distintos elementos de las encuadernaciones, en este caso el papel de reúso, permite tomar decisiones sólidas en materia de conservación en pro de la preservación y legado del patrimonio documental y bibliográfico a futuras generaciones; asimismo, contribuye a la comprensión de los contextos históricos y culturales del libro antiguo y las encuadernaciones para propiciar investigaciones más precisas.

1 M. C. Sánchez Bueno de Bonfil, El papel del papel en la Nueva España (Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1993).

2 J. Toribio Medina, La imprenta en México 1539–1821, tomo 1 (Ciudad de México: UNAM, 1989).

3 M. E. Romero Ramírez, “Limp, Laced-Case Binding in Parchment on Sixteenth Century Mexican Printed Books” (tesis doctoral, Camberwell College of Arts, University of the Arts London, 2013).


El Estadio Alfredo Harp Helú: sede estratégica del mercado internacional de Grandes Ligas

Los pasados 26 y 27 de junio el Estadio Alfredo Harp Helú, joya arquitectónica del beisbol latinoamericano, se convirtió en el epicentro del desarrollo y la proyección internacional del talento mexicano. En sus instalaciones se celebraron dos eventos sin precedentes para la Liga Mexicana de Beisbol (LMB): el primer Juego de Estrellas del Futuro y el primer gran showcase oficial de la LMB enfocado al mercado de Grandes Ligas (MLB).

Ambos encuentros reunieron a casi cien jóvenes prospectos entre los 13 y los 18 años, representantes de diez equipos de la LMB, y contaron con la presencia de 28 organizaciones de MLB y dos de Japón, lo que marcó un récord de participación internacional para un evento de esta naturaleza organizado en México.

El vicepresidente de los Diablos Rojos del México, Jorge del Valle del Mohar, subrayó que el Estadio Alfredo Harp Helú no solo representa la casa del equipo capitalino, sino que debe convertirse en una plataforma internacional para proyectar el talento mexicano:

México tiene un talento inconmensurable, y nosotros, como equipo, debemos identificarlo, potenciarlo y proyectarlo. Para lograrlo es indispensable maximizar el uso de un estadio de la magnitud, belleza y tecnología como el Alfredo Harp Helú. Su infraestructura de clase mundial y la interconectividad de la Ciudad de México nos permiten soñar con convertirnos en el centro del mercado internacional de búsqueda de talento en los próximos años.

La elección del Estadio como sede no fue casual. Su modernidad, ubicación estratégica y capacidad tecnológica lo convierten en el escenario ideal para el desarrollo de eventos internacionales de este calibre. Durante las dos jornadas, empresas líderes en innovación aplicada al deporte como Synergy (captura y edición de video), VALD (evaluación de variables atléticas mediante tecnología como “plas de fuerza” y “dinamómetros”), Trackman (reconocedor avanzado de trayectoria de vuelo de pitcheo), y Wahoo (instalación de tecnología y conexión con MLB) participaron activamente, sumando herramientas de vanguardia al proceso de evaluación.

Gracias a eventos como este, y a la modernización de nuestros procesos, en 2025 la Academia Alfredo Harp Helú alcanzó una cifra récord de 15 jugadores firmados por organizaciones de Grandes Ligas. Esperamos cerrar el año aumentando este número y seguir preparando el terreno para que México se convierta en una potencia exportadora de talento a MLB tan o más grande que Cuba y Venezuela. Hoy, la Academia representa alrededor del 20 % de las exportaciones totales del país a MLB. Si el mercado mexicano crece, debemos crecer con él. Y eso se logra generando espacios como este, con visibilidad, tecnología y una sede a la altura del reto.

La Academia se presentó en este evento con 23 jugadores provenientes de todo el territorio mexicano. Esta participación masiva, el nivel organizativo y la presencia de tecnología de clase mundial no solo marcan un antes y un después en la manera en que se proyecta el talento mexicano, sino que emite un mensaje claro al mercado internacional: el Estadio Alfredo Harp Helú es hoy el escaparate más poderoso del beisbol juvenil mexicano para el mundo.

Listado de jugadores de la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú exportados a MLB en 2025

· Roberto Salas
Pitcher – Rockies, Colorado
· Efrén Álvarez
Pitcher – Cardenales, San Luis
· Iker Redona
Pitcher – Rojos, Cincinnati
· Máximo Rodríguez
Pitcher – Marineros, Seattle
· Adrián Emmanuel Ruiz
Pitcher – Astros, Houston
· Carlos García
Catcher – Blue Jays, Toronto
· Jesus Aarón Castro
Pitcher – Padres, San Diego
· José Verdugo Cuadras
Short Stop – Padres, San Diego
· Rey David Didier Pacheco
Pitcher – Twins, Minnesota
· José Lavagnino
Catcher – Yankees, New York
· Bryan Borbón
Pitcher – Blue Jays, Toronto
· Osvaldo Platas
Pitcher – Marineros, Seattle
· José Gonzalo Treviño
Pitcher – Gigantes, San Francisco
· José María Sánchez
Pitcher – Twins, Minnesota
· Joseph Uzeta
Pitcher – Padres, San Diego


EDITORIAL

Jazmín del Istmo en el Patio Domina del Centro Cultural San Pablo.
Fotografía: Vanessa Méndez

La encomienda de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha sido siempre clara: generar comunidad entre las diferentes disciplinas que ejecutan sus filiales y la sociedad oaxaqueña. Tan clara es la tarea que cada instancia que forma parte de la Fundación dirige sus actividades al público en general, es decir, para que especialistas, curiosos e interesados se acerquen a los espacios a conocer y participar en ellas.

Para abrir este número 52, compartimos con gusto que la claridad con que la misión de la FAHHO se lleva a cabo le mereció un reconocimiento al Museo Textil de Oaxaca, el cual fue otorgado por parte de la Universidad de Leicester por su gran labor social; como ejemplo de ello, también el MTO nos regala una nota que trae a la mesa la reflexión en torno al beneficio de los remiendos a la ropa, una actividad ancestral que hemos perdido con la explosión de la moda exprés. En esta edición también le damos la bienvenida al nuevo Taller de Restauración Documental, del que tenemos una nota sobre uno de sus procesos de intervención. Otra actividad que muchas veces pasa desapercibida a nuestros ojos apresurados es la de la agricultura, por lo que desde el Museo Infantil nos regalan una bella crónica acerca del huerto que alberga en sus instalaciones. En esa misma línea, tenemos una nota que habla de los árboles, guardianes silenciosos que habitan el Centro Cultural San Pablo, donde se exhibe un ajedrez enorme que invita al juego y a la reflexión, algo sobre lo que Rocío Ocádiz nos comparte un interesante texto.

Aquí encontrarás algunas de las joyas que ciertos espacios resguardan: la colección de la revista Coyoacán Ilustrado de la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío en Adabi de México, las obras completas de la escritora Rosario Castellanos en la Biblioteca Henestrosa, la exposición de la colección mazateca de Bauer de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova; o las joyas deportivas: la colaboración entre Rótulos Bautista y Guerreros de Oaxaca, y la trayectoria del mánager estrella de los Diablos Rojos del México.

También las actividades de difusión están presentes: la labor de los estudiantes que hacen servicio social en el Museo de la Filatelia de Oaxaca, las tardes literarias en la Librería Grañén Porrúa y la Biblioteca Henestrosa —donde además podemos leer un homenaje al escritor y tallerista José Molina—, la formación de promotores de lectura en el programa Seguimos Leyendo, la unión entre arte y urbanismo en Casa de la Ciudad y la reflexión de Adabi sobre la definición de un expediente.

Les invitamos a leer y enterarse de propia cuenta sobre todas las noticias que las diferentes instancias de la FAHHO tienen para ustedes.



Reconocimiento al Museo Textil de Oaxaca

El Centro de Investigación de Museos y Galerías (RCMG por sus siglas en inglés: Research Centre for Museums and Galleries) ha anunciado los resultados para el Premio Museo Activista 2025, los cuales han reconocido al Museo Textil de Oaxaca, así como a Sado Jirde —directora de Black South West Network—, por sus prácticas culturales inspiradoras y éticamente informadas, cuyo fin es fomentar un cambio positivo en el mundo.

El premio se lanzó en 2019 como una iniciativa de Robert R. Janes para reconocer al trabajo innovador del profesor Richard Sandell, codirector del RCMG. Las personas galardonadas este año fueron nominadas por la colaboradora y miembro honorario del RCMG, Liz Ellis (directora de Planeación Estratégica en el National Lottery Heritage Fund, Reino Unido) y Américo Castilla (director y fundador de la Fundación TyPA, Argentina)

A continuación, compartimos las palabras con las que Hector Manuel Meneses Lozano, director del MTO, explica la labor de esta institución:

El Museo Textil de Oaxaca es un espacio que alberga recuerdos, historias de éxito y retos. Esta iniciativa fue impulsada y apoyada por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca en 2007, y desde entonces el MTO está comprometido con la investigación, conservación y exhibición de las colecciones textiles que resguarda. Con el mismo nivel de compromiso, el Museo fomenta un diálogo abierto con las comunidades que han dado origen a los textiles de estas colecciones.

Nunca hemos pensado en la palabra ‘activismo’ para describir nuestro trabajo. La fuerza social del MTO emana de la empatía y ha crecido mediante el labrado de una íntima red con tejedoras, bordadoras, tintoreros, hilanderas y productores de materias primas, como fibras y tintes. La industria moderna nos ha empujado hacia el uso de la ropa desechable y el consumo indiscriminado, pero, en respuesta, el Museo Textil de Oaxaca se ha centrado en el aprecio y la promoción del esfuerzo manual e intelectual que implica un textil hecho a mano.

Conscientes del sesgo que existe en la historia escrita del textil en México, el MTO ha forjado alianzas para dar a conocer el conocimiento que existe al interior de las comunidades, conocimiento que se expresa no solo en español, sino también en las diversas lenguas que hablan los pueblos originarios en nuestro país.

El premio que hoy recibimos nos motiva a seguir fomentando la documentación y preservación de las memorias que se han tejido dentro de las comunidades textileras, en conversación con los estudios formales realizados desde la Academia. Los análisis minuciosos de los textiles que se conservan en las comunidades de origen y en el MTO, la socialización de estas observaciones y la creación de registros multimedia nos permitirán desarrollar más exposiciones que se presenten no solo en la ciudad de Oaxaca, sino también en las comunidades donde las fibras y los telares han formado parte de la trayectoria de múltiples culturas. Sentimos un profundo honor y agradecemos al RCMG de la Facultad de Museología de la Universidad de Leicester por habernos confiado este premio.

La Dra. Sarah Plumb, investigadora principal asociada y coordinadora del Premio Museo Activista, declaró:

Nos maravilla continuar con el Premio Museo Activista durante su sexto año, gracias al generoso apoyo del estimado Robert R. Janes. El alcance y el impacto del Premio han crecido significativamente desde su lanzamiento en 2019, y nos entusiasma conocer la forma en que el Premio de este año puede contribuir al novedoso activismo comunitario y la labor sobre derechos culturales de Sado Jirde, así como al extraordinario trabajo que realiza el Museo Textil de Oaxaca por medio de la colaboración con comunidades indígenas.

El RCMG forma parte de la Facultad de Museología de la Universidad de Leicester, Inglaterra. Fundada en 1966, la Facultad es el único departamento autónomo dedicado al estudio de museos y galerías en el Reino Unido. El RCMG está codirigido por Suzanne Macleod y Richard Sandell. La Facultad de Museología está encabezada por la profesora Sandra Dudley.


Nuevo espacio para la conservación documental

La Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca cuenta con diversas colecciones bibliográficas y documentales que requieren trabajos de conservación. Los libros, documentos y diversas publicaciones son pilares fundamentales para preservar la memoria histórica y cultural, por lo que su conservación y difusión son esenciales para asegurar su acceso a futuras generaciones. Mantener estos documentos en buen estado no solo permite su consulta, sino también su adecuada exhibición y valorización como parte del patrimonio documental. Es por ello que se planteó la necesidad de crear un área especializada que cuidara, estabilizara y conservara los acervos bibliográficos y documentales de la FAHHO y sus filiales, principalmente el de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, cuyas colecciones son de una riqueza extraordinaria. Fue así como nació el Taller de Conservación y Restauración Documental de la FAHHO, ubicado en la calle de Independencia 904, Centro Histórico.

Recientemente, dentro de las actividades realizadas en el Taller, se llevó a cabo la intervención integral del libro El criterio sobre los métodos de escritura-lectura de Abraham Catellanos, documento impreso en 1905. Para traer a la memoria, Abraham Castellanos (1871-1918) fue un pedagogo y filósofo oaxaqueño que realizó importantes contribuciones a la educación no solamente de Oaxaca, sino del país, especialmente en el ámbito de la educación indígena. Fue de los primeros especialistas en señalar acciones educativas concretas que atendieran a la población indígena, como la adaptación del contenido educativo a la realidad y saberes de las culturas locales. El libro al que aludimos, y que forma parte del acervo de la Biblioteca Juan de Córdova, especializada en lenguas indígenas, presentaba un deterioro avanzado causado por la acción de microorganismos y mutilaciones. Esta acción de deterioro provocó un daño significativo en la estructura de encuadernación del volumen, lo que causó deformaciones en el cuerpo del libro, así como roturas en páginas, guardas y costura. El proceso de estabilización comenzó con la documentación del ejemplar, mediante la elaboración de fichas de registro que incluyen los datos generales del libro, su estado de conservación y un registro fotográfico realizado en tres etapas: antes, durante y después de la intervención. Posteriormente, se desglosó el libro y se efectuó una limpieza mecánica con brocha en todas sus páginas. Las zonas afectadas por microorganismos fueron desinfectadas de forma puntual.

Para estabilizar las fibras del papel y corregir su plano, se humectaron las hojas del libro y las guardas decoradas. Asimismo, se consolidaron roturas y se realizaron injertos en faltantes, con el fin de recuperar la integridad física de las páginas. Las hojas se unieron mediante una costura de pasada con nervios, respetando el sistema estructural de la encuadernación original. Además, esta última fue completamente renovada, ya que presentaba un daño irreversible, utilizando materiales acordes con los de la cartera original, lo que permitió mantener la estética del ejemplar.

Este proceso de intervención se realizó con el objetivo principal de preparar el material para la exposición “Tacu Ñudzavi. La escritura mixteca del Virreinato al Porfiriato”, que tuvo lugar del 3 al 13 de mayo de 2025 en la BIJC, asegurando que pudiera ser apreciado y consultado por el público sin comprometer su integridad física. Además, las técnicas aplicadas buscaron garantizar la conservación del libro a largo plazo, previniendo futuros daños y prolongando su vida útil.

Estas acciones reflejan el compromiso de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca por proteger y preservar el patrimonio documental, así como fortalecer las capacidades técnicas para el cuidado, manejo y difusión de sus acervos, asegurando que estos valiosos recursos sigan siendo accesibles y apreciados por la comunidad.


Ajedrez en San Pablo(y en la vida)

Parece sensato afirmar que lo más complicado de la vida es, precisamente, vivirla. Obviamente con ello nos referimos a vivirla de la manera más fructífera posible, que a nuestro juicio podría concretarse al generar “más vida” a nuestro alrededor: con quienes vivimos, con quienes trabajamos, con quienes estudiamos, ¡vaya!, con quienes la compartimos. Lo cierto es que la vida, esa que experimentamos cada día al despertarnos, presenta retos distintos para cada persona, con decisiones que cada uno debemos tomar ante situaciones diversas… Estemos o no preparados para ello.

Es aquí cuando nos damos cuenta de la importancia de prepararnos, de aprender a desarrollar nuestro pensamiento estratégico lo más pronto posible. Es aquí cuando reconocemos la necesidad de conocer a fondo el espacio donde nos movemos y los elementos con los que contamos para lograr nuestros objetivos. Situaciones tan disímiles, como un nuevo trabajo o la conservación de una relación de pareja, requieren de esas habilidades. Sin embargo, aun si lo anterior pudiera sonar sencillo, si consideramos cuán difícil es llegar a conocernos de manera suficiente, cuanto más lo será el poder dominar los múltiples escenarios en los que nos movemos.

Nuestra naturaleza racional debería ser la principal promotora de ese dominio y en consecuencia de nuestra calidad de vida. El razonamiento lógico y el desarrollo de nuestras capacidades estratégicas podrían ser dos de las herramientas imprescindibles para poder enfrentar la vida de mejor modo. Sin embargo, al existir como seres sentipensantes —palabra usada por Eduardo Galeano para describirnos —, la lógica de nuestra racionalidad no solo no puede regirnos de manera total, sino que siempre estará mediada, para bien o para mal, por nuestras emociones.

Quizá nos sirva imaginar la vida como una partida de ajedrez. Podemos llegar a conocer muy bien el tablero, ser conscientes de las piezas que tenemos, cómo se mueven y cómo no se pueden mover. Podemos generar pensamiento estratégico a partir de un objetivo concreto, e incluso tener la posibilidad de conocer a nuestro oponente de tal suerte que hasta imaginemos cuál será su siguiente jugada. Y, sin embargo, las emociones no resueltas o mal configuradas que estemos viviendo en el momento del juego, podrían ser la fuerza definitoria de su resultado.

Claramente necesitamos del pensamiento lógico, de la disciplina, saber de cabo a rabo las reglas del juego y seguirlas por respeto a nuestro oponente y a nosotros mismos. Creo que todos sabemos que necesitamos imaginar siempre nuevas jugadas, generar estrategias únicas para sorprender con un juego creativo y bien calculado. Y pese a dominar todo lo anterior, si no desarrollamos una estrategia bien diseñada en el manejo de nuestras emociones, podemos perder la partida aun siendo grandes jugadores.

Indudablemente el rigor y la disciplina de pensamiento que exige jugar una partida de ajedrez es útil para la vida. Por ello hemos promocionado, desde el Centro Cultural San Pablo, la práctica del ajedrez con un tablero de juego, además de convocar a un torneo de ajedrez entre los campeones de las universidades con mayor trayectoria en nuestra ciudad. Asimismo, quisimos reflexionar sobre el valor de cada decisión que tomamos, a partir de nuestra visión estratégica sentipensante, en el tablero del ajedrez. Y, por supuesto, en ese otro tablero —mucho más importante—, el de la vida misma.


Entre surcos y cosechas

Actividades en el huerto del MIO. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

Cada mañana, al llegar al huerto del Museo Infantil de Oaxaca, me invade una sensación difícil de explicar. El aire es distinto: huele a tierra viva, a trabajo honesto, a historia.

Para mí, iniciar la jornada es como abrir una puerta a mi alma. Me reciben la tierra húmeda, el sol que recién despierta, las palas que ya están listas y el canto de los loros que perchan en la punta del antiguo ahuehuete. No importa el cansancio ni el frío, porque cada planta que brota, cada semilla que germina, es un pequeño milagro. Hay algo sagrado en llegar temprano, cuando la tierra aún está tibia del sueño nocturno, cuando el rocío borda las hojas como si fueran joyas preciosas. Las plantas me miran en silencio y yo las saludo como a mis viejas amigas.

La estación de trenes que un día fue ruido, prisa y despedidas hoy es pausa, encuentro y cosecha. Cada rincón guarda historias: la semilla que no crecía y al fin brotó, el niño que descubrió el sabor de una lechuga recién cortada, la abuela que por fin conoció el bucle y el hombre que se sorprende al ver que una mujer es la que, día a día, trabaja bajo el sol con las botas llenas de tierra. Pero ¿por qué se sorprende? ¿Acaso es extraño o hay algo malo con que una mujer sea líder en el campo?

La imagen tradicional del agricultor ha sido siempre la de un hombre con sombrero y azadón. Pero detrás de cada cosecha, detrás de cada surco abierto en el campo, hay también una mujer. Porque cuando hablamos de mujeres, hablamos de guardianas de saberes ancestrales que conocen los ciclos de la luna, que escogen las mejores semillas, que crían animales, que saben cultivar sin dañar la tierra. Porque cuando una mujer tiene tierra, tiene poder. Y cuando una mujer tiene poder, florece una comunidad entera.

Muchas veces el trabajo agrícola de la mujer ha sido silenciado, ignorado u olvidado. Se dice que “ayuda en la parcela”, que “acompaña al esposo”, que “cuida los animales”. Pero no se dice que sostiene el campo con su fuerza, inteligencia y amor. Esas mujeres tienen las manos agrietadas por el trabajo, la espalda encorvada debido al peso de la tierra y de la vida, además de un corazón inmenso y silencioso que día tras día se levanta antes que el sol para alimentar a su familia.

Las mujeres del campo han existido siempre, aunque el mundo no haya puesto su mirada en ellas. Son quienes han llevado sobre sus hombros no solo la siembra de alimentos, sino también el cuidado del hogar, de los hijos y, en ocasiones, de la comunidad entera. La mujer campesina no ayuda, trabaja; no acompaña, lidera; no es secundaria, es protagonista y su huerto no solo da frutos: da comunidad, da sentido, da paz.

Hoy, la vieja estación ya no espera el tren. Nos espera a nosotras con la tierra abierta, el alma lista y los brazos del sol abrazando cada brote.


Con olor a cielo

No hay nada que la presencia de un árbol no pueda mejorar en el mundo. En diversas ocasiones hemos hablado de la bondadosa forma de existir que los árboles tienen dentro de la maravillosa manera en que este planeta acontece. Y aunque hemos llamado servicios ambientales a aquello que los árboles nos comparten: purificación del aire, captación de agua, regulación del clima, protección del suelo y preservación de la biodiversidad —incluso podemos agregar el control de inundaciones y la mitigación del cambio climático, como si a los árboles les correspondiera remediar los grandes errores que la humanidad ha cometido, precisamente porque ha visto como servidores a los propios árboles y a muchos otros seres vivos—, no se trata de otra cosa que de la manera en que los árboles viven, ellos son así, es su forma de respirar, de vivir, de estar.

En el fondo sabemos que no son para nosotros, sino con nosotros. Históricamente han acompañado el devenir de las diversas civilizaciones y culturas: han sido refugio, alimento, espacio, conexión, símbolo, lanza, flecha, cayado, silla, mesa, rueda. También los árboles nos han dado la cultura, la civilización.

Hoy nos cuesta imaginar los espacios culturales sin árboles, incluso consideramos que quien difunde la cultura debería tener un compromiso fehaciente con los entornos ambientales, con los ecosistemas naturales y humanos. La Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha asumido un compromiso ambiental desde el momento en que lo que hoy es su sede fue recuperada de entre las toneladas de cemento que revestían el esplendor del exconvento de San Pablo.

Por eso es que en el Centro Cultural San Pablo se plantaron tres árboles: dos palos mulatos en el atrio y un guie’ xhuuba en el Patio Domina. También podemos encontrar una pitahaya que abarca el muro lateral, además de albahaca, lavanda, epazote, árnica, coles y lechugas. Don Ezequiel Martínez Vargas es el jardinero de San Pablo —entre otros espacios de la FAHHO—, quien se encarga de regar las plantas de cinco a siete y media de la mañana durante el tiempo de secas, actividad que varía cuando llegan las lluvias. Una de las peticiones que don Ezequiel hace a los visitantes de San Pablo es la de no pisar el área donde se encuentran sembradas las plantas, pues la compactación del suelo es una de las condiciones que más dañan su crecimiento. Más bien, al contrario, la tierra debe mantenerse suelta y abonada, explica don Cheque, como lo conocemos en la FAHHO. La compactación reduce la porosidad, la infiltración de agua y la actividad microbiana del suelo, esto limita el desarrollo de las raíces, reduce la absorción de agua y nutrientes, dificulta el intercambio de gases y la disponibilidad de oxígeno para las raíces. Los efectos negativos también se expresan en la producción, que no solo es escasa, sino que presenta plantas pequeñas y mayores probabilidades de marchitez, asimismo, aumenta la vulnerabilidad ante la sequía y las enfermedades del sistema radicular —es decir, el sistema de raíces que se encuentran bajo tierra—.1

Las plantas que habitan el Centro Cultural San Pablo tienen un valor por sí mismas, como dije antes, porque son seres vivos que existen dadivosamente con los demás. Sin embargo, también están impregnadas de aquellos valores que les hemos dado por medio de la cultura, y un claro ejemplo de ello es el árbol guie’ xhuuba, que fue plantado en el Patio Domina. Este espacio fue, originalmente, el acceso al claustro del convento de San Pablo y, después de su restauración, se eligió para la plantación de este árbol por tratarse de una especie endémica de Oaxaca, así como por su conexión con los espacios sagrados y el uso ritual que probablemente ya tenía desde la época prehispánica.

En el libro Guie’ gui’xhi stinu Guidxi Rialle Bi / Plantas representativas de La Ventosa, Oaxaca, al guie’ xhuuba también se le llama jazmín del Istmo y se le describe de la siguiente manera:

Árbol escaso que alcanza una altura de 10 metros. Su flor es blanca y florece hacia el final de la época de sequía. Su fruto es lobulado y oscuro y se presenta poco después del periodo de floración. Se conocen dos variedades, una de monte y una de vivero. La flor se aprecia particularmente por su aroma. Eustaquio Jiménez Girón indica en su Guía Gráfico-Fonémica para la Escritura y Lectura del Zapoteco que el nombre actual de este árbol proviene de la frase guie’ xho’ guiba’ que el autor traduce como ‘flor que perfuma la gloria celestial o mansión de los Dioses’. En Tehuantepec se conoce esta flor como guie’ xho’ ba’ que se traduce como ‘flor de tumbas’.2

Por su área de ubicación, los zapotecos del Istmo sienten un particular orgullo por este árbol, cuya flor emite el aroma que ha evocado distintos nombres y significados que, atravesados por el tiempo, las traducciones y las reinterpretaciones, han dado lugar a una interesante polisemia: “Flor de maíz”, “Flor que se desgrana”, “Flor poderosa del inframundo”, “Flor que vibra en la sepultura”, “Flor con olor a cielo”. El delicado, pero poderoso aroma de la flor, que también se ha utilizado para aromatizar sahumerios y cigarros, ha evocado un horizonte místico en torno a ella, una sacralidad por medio de la cual dignifica los altares en los templos y los hogares, los tocados de las mujeres zapotecas y las sepulturas.3

Pero el guie’ xhuuba es también un milagro, hoy su presencia es escasa y la familia Jiménez García es de las pocas que se dedica a la producción en serie y conservación de este árbol. La tarea no es fácil, porque se trata de salvar a una cultura, por eso la técnica para su siembra es especial: a pesar de ser tan bellas, estas flores con olor a cielo son infértiles, la planta no se produce ni por semilla ni por rama, el secreto consiste en sembrar trozos de raíz.4 Quizás por eso se la relaciona con la muerte o, mejor dicho, con la vida, porque el ritual de los entierros, el abrazo final de la tierra, nos transforma a todos en vida.

Si observas el guie’ xhuuba de San Pablo, te darás cuenta de que la flor aparece especialmente en los días veraniegos, se deja ver por el día y se desgrana por la noche para recordarnos la importancia del instante, de la fugacidad de la vida. Su historia dentro de la cultura zapoteca nos permite notar las conexiones que guardamos con otros seres vivos, la importancia de las raíces —en un sentido metafórico y literal— que los árboles nos comparten para sostenernos en el mundo.

1 Jehison Torres, Jennifer A. Gutiérrez, Holman A. Beltrán, “Compactación, una de las causas más comunes de la degradación del suelo”, Revista de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, núm. 3 (2017): 18-22. https://doi.org/10.36436/24223484.225.

2 Smithsonian Institute, Guie’ gui’xhi stinu Guidxi Rialle Bi / Plantas representativas de La Ventosa, Oaxaca. Oaxaca: Smitsonian Institute, 2015, 53.

3 Gubidxa Guerrero Luis, “Guie’xhuuba, el ‘Jazmín del Istmo’,” Facebook, 20 de septiembre de 2020. https://www.facebook.com/gubidxaguerrero/posts/guiexhuuba-el-jazm%C3%ADn-del-istmoexiste-una-flor-enigm%C3%A1tica-harto-especial-con-la-q/10158858968199122/

4 “Miguel y su flor de Guie’ Xuuba, más de 20 años conservando el jazmín endémico del Istmo.” Istmo Press. Agencia de noticias, 26 de octubre de 2018, https://www.istmopress.com.mx/istmo/miguel-y-su-flor-de-guie-xuuba-mas-de-20-anos-conservando-el-jazmin-endemico-del-istmo/


Primera escala de un retorno: La colección mazateca de Bauer en Oaxaca

El pasado 16 de mayo inauguramos, en el exconvento de San Pablo, la exposición “Presencia mazateca en Berlín. Tras las huellas de Wilhelm Bauer-Thoma, 1903-1908”. El evento marcó una nueva etapa de la colaboración desarrollada desde 2022 entre el Museo Etnológico de Berlín y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova con el objetivo de investigar, interpretar y difundir un conjunto de alrededor de 475 objetos de la región Mazateca que fueron enviados al museo alemán a principios del siglo XX.

En el número 44 del Boletín digital FAHHO (noviembre de 2024) presentamos un primer recuento, el cual se centró en la revisión de los objetos mazatecos y su documentación, tarea realizada en Berlín a mediados del año pasado por personal del Museo Etnológico, encabezado por Ute Schüren, curadora de sus colecciones mesoamericanas, con la importante aportación de la bibliotecaria y escritora mazateca Gabriela García García, invitada especial con una beca de residencia del programa CoMuse. El equipo del museo incluyó a Carolina Bayer, quien rastreó e inventarió la colección; y por parte de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca participaron los investigadores Sebastián van Doesburg y Alejandro de Ávila.

La colaboración continuó a distancia mediante reuniones en línea, con el objetivo de desarrollar una exposición que permitiera compartir las características y el contexto de la colección con el público oaxaqueño, en particular con el de la región mazateca. Numerosas tareas en ambos lados del Atlántico fueron necesarias. Por ejemplo, en Berlín, Claudia Obrocki fotografió una selección de los objetos mazatecos; Yannick Dreessen realizó investigación de archivo acerca de Wilhelm Bauer, y Valerie von Stillfried se encargó de desarrollar materiales didácticos infantiles en estrecha colaboración con Gabriela García. En Oaxaca, el artista Noé Palafox se esmeró en la recreación minuciosa de una de las piezas más refinadas y deterioradas de la colección Bauer, mientras que Gabriela García continuó indagando acerca de los significados culturales de algunos objetos con ayuda de parientes y conocidos, y el autor de este texto, encargado de exposiciones de la BIJC, coordinó el desarrollo museográfico y realizó investigación complementaria sobre Bauer y sus viajes.

Poco a poco los textos museográficos, la selección de fotos y el desarrollo de mapas para la exposición se fueron tejiendo entre reuniones y correos de ida y vuelta entre ambos equipos. El talento oaxaqueño para el diseño gráfico, la impresión fina y el montaje se fue sumando al proyecto. Un componente muy importante fue la gestión de un conjunto de fotografías en blanco y negro tomadas durante los viajes de Bauer a la Mazateca en 1903 y 1908, de las cuales se resguardan copias tanto en el Instituto Iberoamericano de Berlín como en el Museo Etnográfico de Budapest. En ellas se pueden observar personas y lugares retratados, sobre todo en Huautla y en la región del río Tonto, en la zona baja de Chilchotla. El Archivo General del Estado de Oaxaca facilitó reproducciones de documentos y planos relevantes para entender el contexto histórico en que se desarrollaron las colectas e indagaciones de Bauer. Del acervo de la BIJC seleccionamos libros que ya teníamos; asimismo, se adquirieron un par de revistas alemanas con textos de Bauer para esta ocasión, incluyendo la que publicó, en 1908, su artículo “Paganismo y superstición entre los indios mazatecas”.

Así, tras meses de labores, el equipo de trabajo inauguró la exposición en un evento que contó con la presencia de Lars Christian Koch, director del Museo Etnológico de Berlín; de Rocío Ocádiz Luna, directora del Centro Cultural San Pablo, y de algunas autoridades y promotores culturales de Huautla de Jiménez que nos acompañaron, junto con el público en general.

La exhibición se compone por impresiones de las fotografías históricas y de los objetos y textiles de la colección mazateca en Berlín; mamparas explicativas que permiten acercarse a la vida y obra de Wilhelm (Guillermo) Bauer, así como al significado cultural de los objetos mazatecos que colectó; originales y reproducciones de documentos y publicaciones en acervos mexicanos y alemanes; además de la fabulosa réplica del fragmento del calzón (pantalón) tejido que fue colectado por Bauer. Esta muestra se presenta en los pasillos de ingreso y en el interior de nuestra biblioteca hasta el 15 de agosto, para después iniciar su exhibición en localidades de la región Mazateca, en fechas aún por definir. De esta manera se cerrará un círculo iniciado hace 120 años, cuando el Dr. Wilhelm Bauer se adentró en los pueblos mazatecos para registrar y obtener objetos de su cultura y mostrarlos en Europa.


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