Mi abuela y sus flores: Bordar en grande

Mi abuela y sus flores, bordado a mano con rafia plástica sobre malla metálica, 2.70 m de ancho por
2 m de alto. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

En julio de 2024 realicé el mural Mi abuela y sus flores, una pieza que mide 2.70 metros de ancho por 2 metros de alto, bordada completamente a mano con rafia plástica sobre malla metálica. Nace del deseo de sacar el bordado del lugar pequeño y silencioso para colocarlo en el espacio público, hacer de este un gesto contundente, visible y difícil de ignorar. A partir de febrero de 2026, el mural tendrá un nuevo hogar en el Museo Infantil de Oaxaca.

Es un homenaje a mi abuela Mauricia, quien me acompañó desde pequeña y me ayudó a convertirme en la mujer que soy hoy. De ella aprendí muchas cosas: a bordar, a soltar, a resistir, a decir lo que pienso y a luchar por lo que quiero. No era una mujer que expresara mucho sus emociones, pero bordaba sin descanso. Con el tiempo entendí que ese era su lenguaje y que, poco a poco, se fue convirtiendo también en el mío.

Pero este mural es, asimismo, una ofrenda colectiva a las miles de mujeres que bordan todos los días para decir, con hilo y aguja, aquello que no siempre pueden expresar con palabras. Mi abuela, como muchas de ellas, bordaba flores una y otra vez. Flores que no se agotaban y que parecían crecer sin fin. Se acompañaba de pájaros de hilo que observaban, cuidaban o simplemente existían ahí. En su bordado había repetición, paciencia y tiempo acumulado. Para ella no era un pasatiempo, sino una forma de estar en el mundo.

Con sus flores, mi abuela retoma el hacer cotidiano del bordado y lo amplifica. La imagen se construye desde la memoria afectiva, pero también desde el saber femenino donde el bordado ha sido refugio, lenguaje y resistencia. Bordar no como adorno, sino como necesidad.

Para muchas mujeres, el bordado ha sido históricamente un espacio íntimo para procesar emociones, silencios, duelos, deseos y cansancios. Se borda mientras se cuida, mientras se espera, mientras se sobrevive. Se borda cuando hablar no es una opción.

Hilda Xitlalic López y su mural Mi abuela y sus Flores

Este mural busca visibilizar ese trabajo invisible. Honrar a las mujeres que, generación tras generación, han encontrado en el hilo, así como mi abuela, una forma de expresión profunda, aunque pocas veces reconocida como arte. Bordar se convierte aquí en un acto político: darle cuerpo, escala y presencia a lo que siempre se mantuvo al margen.

Tradicionalmente, el bordado ha sido colocado en el terreno de la manualidad, lo decorativo, lo doméstico y lo “delicado”. Mi abuela y sus flores cambian deliberadamente esta narrativa y proponen otra forma de mirar en la que el bordado deja de ser algo accesorio para convertirse en presencia.

Nada en el mural es casual: ni el tamaño ni el material. Bordar con rafia plástica sobre malla metálica es una decisión que busca crear tensión entre lo blando y lo duro, lo textil y lo industrial, lo íntimo y lo urbano. El resultado es una pieza ruda, ruidosa y frontal, que ocupa espacio y exige ser vista. La obra no se cuelga discretamente en una pared interior, sino que irrumpe en la calle y obliga a voltear, como si de un ruido potente se tratase.

Una de las intenciones centrales de esta obra es reivindicar el bordado como una práctica artística contemporánea, capaz de dialogar con el muralismo, el arte público y las narrativas urbanas. No como algo menor o secundario, sino como un lenguaje con potencia conceptual, técnica y simbólica.

Al trasladarse a esta escala y a un soporte no tradicional, la pieza cuestiona los límites impuestos al textil y a quienes lo practican. ¿Qué pasa cuando el bordado deja de ser pequeño, silencioso y portátil? ¿Qué ocurre cuando se vuelve pesado, visible e imposible de ignorar?

Mi abuela y sus flores son, en el fondo, un acto de justicia poética. Una forma de decir: aquí estamos. Aquí estuvimos siempre. El mural intenta dar lugar y voz a todas esas mujeres no vistas durante años, cuyas manos sostuvieron hogares, comunidades y memorias, mientras su trabajo era minimizado o invisibilizado. Al bordar en grande, al bordar en metal, al bordar en la calle, la obra reclama un espacio que históricamente les fue negado.

Este mural no persigue la nostalgia, sino que busca estar presente. Por medio de él deseo que el acto de bordar haga ruido, que sea imposible pasar frente a él sin sentir algo y que la memoria florezca, como las flores de mi abuela, una y otra vez.

El día de hoy, el MIO nos abre sus puertas y mi abuela con sus flores mantienen su camino como una obra viva, en un espacio donde niñas, madres y abuelas pueden compartir otras miradas, experiencias y sentires. Mientras existan mujeres que continúen bordando para sostenerse, para sanar o para decir lo indecible, este mural seguirá teniendo sentido. Porque bordar, cuando se hace en grande, también es una forma de gritar.


Imaginación enraizada

Dibujo elaborado por Constanza, niña de 7 años originaria de San Agustín de las Juntas, Oaxaca.

La ciencia ficción (…) es lo que la gente realmente hace y siente, cómo se relaciona la gente con todo lo demás en este apilamiento, este vientre del universo, este útero de cosas por venir y tumba de cosas que fueron, este relato sin fin.
Ursula K. Le Guin.

¿Qué sentido tiene hablar sobre ficción, fantasía, utopía, distopía, etcétera, con las infancias, o, mejor dicho, construir colectivamente imaginarios posibles con las infancias en medio de los presentes distópicos en los que vivimos?

La fantasía, la ciencia ficción y muchos universos creativos se han usado mayormente para inspirar futuros tecnológicos, sociedades alternativas, “nuevos mundos” y viajes a otros planetas. Estos relatos influyen en la creación de artefactos y sistemas tecnológicos que hoy circulan globalmente, los cuales hablan un lenguaje que no es compatible con el lenguaje de muchos pueblos humanos ni de otras especies, menos aún con el de la tierra. En este sentido, tampoco existe afinidad con la forma en que diversos seres habitan las diferentes etapas de su crecimiento, incluyendo las primeras etapas de los humanos.

En la niñez, más que en otras edades, hay un lugar que frecuentamos: la imaginación y, en consecuencia, los terrenos de la creatividad; es ahí donde la realidad tiene más posibilidades de mezclarse con los territorios oníricos y con las varias posibilidades “futuras”. Es en este lugar fértil en donde nos urge, en tanto educadores, trabajadores de la cultura y como personas, encontrarnos y escucharles (con todo lo que ello requiere), porque es posible que encontremos múltiples ideas, configuraciones ingeniosas y fecundas ante el presente. Tales como el acto de construir más que el de destruir, la escucha más que la palabra arrebatada y la duda más que la certeza.

Este vínculo entre imaginación y realidad es estrecho: podemos decir que después de la imaginación está el hacer o que luego de la imaginación están las ideas, los sueños, las corazonadas y enseguida el hacer. Y cuando el hacer se convierte en práctica, estamos más cerca de provocar caminos distintos a los que nos han impuesto y hecho creer que son los únicos.

Otro elemento importante es la raíz o la tierra donde nacemos, crecemos, vivimos; de tal mezcla resultan los imaginarios enraizados, que contienen los conocimientos de los pueblos y la relación con el territorio. Por ejemplo, los pueblos campesinos, ceramistas, pesqueros, textileros y migrantes nutren su creatividad, sus sueños y, por tanto, sus prácticas en identidad con su territorio.

Así, los imaginarios colectivos enraizados y los espacios de creatividad no le pertenecen solo a unas cuantas personas, ni representan escenarios hipotéticos, sino que se manifiestan ante realidades que hoy y hace mucho tiempo no nos sirven ni nos hacen sentido. Frente a ellas tenemos las nuestras: las que tienen raíces que hay que buscar con las manos en la tierra y de cuclillas o sentadas en compañía de las infancias.


Diálogos entre filatelia y tradición textil en el Mufi

Un timbre postal y un textil comparten más de lo que a primera vista podría suponerse. Ambos cumplen una función esencial: ser portadores de memoria. Desde escalas y materiales distintos, condensan historia, identidad y valores culturales; además, funcionan como medios a través de los cuales las sociedades se representan y se comunican. Son superficies donde se inscriben símbolos,técnicas y decisiones estéticas que hablan del tiempo y del contexto en el que fueron creados. Desde soportes distintos, resguardan mensajes que, al ser observados y estudiados con atención, permiten leer fragmentos del tiempo, de la vida cotidiana y de las tradiciones culturales que una sociedad decide representar y transmitir.

Otra coincidencia fundamental entre ambos es su capacidad de resistencia. Tanto el textil como la filatelia han atravesado el paso del tiempo adaptándose a nuevos contextos, técnicas y lenguajes sin perder su esencia. En el caso del textil mexicano, la herencia cultural se ha depositado durante siglos en los diseños, las tramas y los colores. Cada pieza funciona como un registro vivo que refleja la mentalidad de una época y de una comunidad. Los textiles se nutren de relatos transmitidos en el ámbito doméstico y ritual, y se sostienen gracias a la sabiduría que, en gran medida, las mujeres de los pueblos originarios heredaron generación tras generación, desde una lógica colectiva y comunitaria.

Los timbres postales, por su parte, han sido, desde su origen, un espacio privilegiado para representar la historia y el patrimonio cultural. En México, estas pequeñas imágenes han dado visibilidad a su arquitectura, tradiciones, danzas, gastronomía y expresiones artísticas, entre ellas el arte textil. Bajo esta mirada surge la Serie Permanente del Servicio Postal Mexicano, realizada en colaboración con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas que, después de dieciocho años sin una emisión de este tipo, eligió al arte textil como tema central. La serie “México Arte Textil”, lanzada en 2023, está conformada por trece estampillas dedicadas a textiles representativos de trece pueblos indígenas de Nayarit, Durango, Puebla, Oaxaca, Estado de México, Tlaxcala, Yucatán, Michoacán, San Luis Potosí, Sonora, Guerrero, Chihuahua y Chiapas. Cada diseño se basa en piezas originales del Acervo de Arte Indígena del INPI y forma parte de una emisión de amplia circulación y reimpresión ilimitada.

En diciembre de 2025, el Museo de la Filatelia de Oaxaca inauguró la exposición “México Arte Textil”, una muestra que establece un diálogo directo entre la serie de timbres y textiles realizados con las mismas técnicas y provenientes de las mismas comunidades. Las piezas, procedentes del Museo Textil de Oaxaca y del propio Acervo de Arte Indígena, se presentan junto con estampillas, planillas y sobres de primer día, acompañados de información que permite comprender los procesos históricos, tecnológicos y estéticos que los originaron.

Entre las piezas destacadas se encuentra el Traje de Tata K’éri, del pueblo purépecha, indumentaria ceremonial del personaje central de la danza de los kúrpites, celebrada cada 8 de enero en San Juan Nuevo Parangaricutiro, Michoacán. El Tata K’éri, ‘el gran señor’, simboliza la sabiduría y la autoridad comunitaria. Su traje reúne bordados con lentejuelas y cuentas, espejos, encajes y listones que aportan brillo y movimiento, acompañados por un manto púrpura bordado, un penacho multicolor y un bastón de mando con cabeza de caballo, emblema del poder ceremonial. En la exposición se presenta el traje original que da imagen al timbre postal, gracias al préstamo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

También se exhibe la prenda jíniam, una cobija tradicional del pueblo yoreme confeccionada en lana hilada y teñida con colorantes naturales. Tejida en telar de piso, su composición geométrica y simétrica articula función y simbolismo. En el centro destaca un gran rombo concéntrico en tonos marrón, negro y gris, acompañado de figuras que evocan semillas, flores y ojos protectores. A los costados, amplias franjas de zigzags multicolores, conocidos como “culebrillos”, sugieren el movimiento de las serpientes y aportan dinamismo visual a la pieza.

La exposición se amplía con una selección de timbres del acervo del Mufi que, a lo largo del tiempo, han representado la riqueza textil de México, estableciendo un contrapunto histórico con las piezas en sala. En este diálogo se integra la obra del artista textil y escritor oaxaqueño Noa González, proveniente de una familia de tejedores. Su producción, realizada principalmente en telar de pedal con la técnica de pepenado, combina hilo de algodón, materiales reciclados y bordado manual. Sus piezas, de distintos formatos, evocan elementos de la naturaleza, como árboles y aves, y proponen una lectura contemporánea de la tradición desde la experiencia personal y comunitaria.

Asimismo, se presenta el video Urdimbre, del artista y productor audiovisual Gesner Melchor, quien transforma el proceso textil de Teotitlán del Valle en una experiencia visual profundamente sensorial. La pieza documenta el trabajo de los maestros tejedores Tomás Mendoza Ruiz y Martha Marisol García García, del taller Flor de Oaxaca, para revelar la textura, el color y el ritmo del tejido como un pulso orgánico. El video dialoga con la música original Hilar (b) de Aragón Iriarte, una composición de minimalismo postclásico que sostiene la atmósfera íntima de la obra.

Por último, una infografía ofrece al público una visión sintética de la diversidad textil de Oaxaca, mostrando algunas de las técnicas, los materiales y las formas de teñido presentes en las distintas culturas que coexisten en el estado. Aun dentro de un mismo territorio, las diferencias resultan visibles y complejas, reflejo de una riqueza cultural excepcional.

“México Arte Textil” celebra la creatividad, el ingenio y la resistencia cultural de los pueblos indígenas, y reconoce a la filatelia como un medio capaz de otorgar presencia, difusión y circulación a estas expresiones. En estas pequeñas imágenes postales y en estas manifestaciones materiales se despliega un país entero: sus colores, sus historias, sus saberes y las manos creadoras que los han hecho posibles.


Archivos del Comisariado de Bienes Ejidales y del Consejo de Vigilancia de San Mateo Etlatongo, Oaxaca

Adabi Oaxaca organizó los archivos del Comisariado de Bienes Ejidales y del Consejo de Vigilancia de San Mateo Etlatongo, Oaxaca. La conformación final consta de 12 cajas AG-12 del Comisariado y 10 cajas AG12 del Consejo de Vigilancia; ambas cuentan con las secciones Gobierno y Contable, y se encuentran en la misma oficina ubicadas en un mismo estante. Cada uno posee su propio inventario, ya que cada administración tiene que realizar su entrega-recepción.

Este archivo tuvo su origen durante el proceso de institucionalización de la Revolución Mexicana. Su documentación más antigua consta de títulos que amparan la posesión del ejido. Fue durante el sexenio de Lázaro Cárdenas cuando se llevó a cabo la concesión de tierras en San Mateo Etlatongo. Las haciendas afectadas por la dotación a los ejidatarios fueron Dolores y Molino del Rosario, ambas trigueras.1 Cabe mencionar que, en cuanto a la posesión de la tierra, el pueblo de Etlatongo es de los denominados híbridos, ya que cuenta con tierras de propiedad comunal y ejidal.2 Por su parte, el Comisariado de Bienes Comunales también cuenta con un archivo.

En los documentos podemos encontrar información sobre el proceso de creación del ejido. Este consistió, en primer lugar, en el levantamiento de un padrón de los solicitantes de tierra, así como sus peticiones3 enviadas posteriormente al gobernador del estado. Sin embargo, el propietario de las haciendas que serían afectadas no se desprendió de las tierras sin antes dar batalla, argumentando que los pobladores de Etlatongo no necesitaban más, pues ya contaban con las comunales. Por este motivo, la Comisión Local Agraria llevó a cabo una investigación y envió emisarios encabezados por un ingeniero agrónomo, quienes se encargaron de determinar si la dotación de tierras era procedente.4 En 1935, concluida la investigación, fueron 278 los solicitantes con derecho a la dotación ejidal.5 Estas tierras ejidales no fueron tituladas a miembros individuales de la comunidad, sino mediante la persona jurídica de la Asamblea, el órgano colectivo de toma de decisiones del ejido.

El Comisariado y el Consejo de Vigilancia son los encargados de llevar a cabo las gestiones administrativas y la rendición de cuentas de los gastos, convocar a asambleas, actualizar el padrón de ejidatarios de acuerdo con las decisiones tomadas en las asambleas, entre muchas otras cosas. El Consejo de Vigilancia es el custodio y se encarga de supervisar los movimientos del comisariado con miras del bienestar común de todos los ejidatarios. El archivo contiene actas de asamblea desde 1932 que describen el acontecer y la toma de decisiones del comisariado ejidal y su consejo de vigilancia. Dentro de sus labores destacan las gestiones para la construcción de una presa llamada La Nopalera. Estas actividades forman parte de sus proyectos agrícolas y de irrigación orientados a la modernización del ejido. Otros asuntos tratan sobre problemas de límites con los pueblos de San Francisco Chindúa y Asunción Nochixtlán.

Tanto el Comisariado de Bienes Ejidales como el Consejo de Vigilancia se eligen cada tres años por medio de una elección llevada a cabo en la asamblea general de ejidatarios. Actualmente, el Comisariado de Bienes Ejidales de Etlatongo está constituido como Unidad de riego Yuxandodo A. C., instaurada mediante un acta constitutiva en 2021. Esta nueva forma de administrarse es similar a la anterior, con la diferencia de que ahora el comisariado funge como un consejo directivo, integrado por un presidente, un secretario, un tesorero y los vocales que se consideren necesarios.

El Consejo de Vigilancia de San Mateo está integrado por un presidente y un secretario.6 Esta actualización administrativa responde a iniciativas gubernamentales con miras a reactivar el desarrollo de las unidades de riego mediante esquemas de organización y programas de capacitación dirigidos a directivos, usuarios y técnicos. Estos esquemas deben orientar a los usuarios a organizarse en las figuras con la personalidad jurídica que requieren los diversos programas de apoyo al campo promovidos por las instituciones gubernamentales y privadas, en apego a lo dispuesto en la Ley Nacional de Aguas, Ley Federal de Derechos, Ley de Sociedades Mercantiles, Ley de Sociedades Civiles, Código Civil y Ley del Impuesto Sobre la Renta, principalmente.7

La organización de este archivo ejidal es de gran importancia para los ejidatarios, pues les permitirá localizar sus documentos con mayor eficiencia, sobre todo ante las nuevas normatividades exigidas por el gobierno. Por otro lado, esta información es de gran utilidad para los interesados en la historia agraria y del ejido en la región mixteca.

1 Archivo del Comisariado de Bienes Ejidales de San Mateo Etlatongo, Sección Gobierno, Serie Títulos de propiedad, 1935.

2 Josafat Sánchez López, Aliados o enemigos, tierra y campesinos en la disputa por la construcción
del estado en los valles centrales de Oaxaca 1917-1979
(Tesis) [consultado en línea 19/09/2025],
disponible en: https://ciesas.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1015/923

3 ACBESME, Sección Gobierno, Serie Correspondencia, 1937.

4 ACBESME, Sección Gobierno, Serie Conflictos agrarios, 1943.

5 ACBESME, Sección Gobierno, Serie Títulos de propiedad, 1935.

6 Archivo del Consejo de Vigilancia de San Mateo Etlatongo, Sección Gobierno, Serie Normatividad, 2021.

7 José Ángel Guillen González, y otros, Organización de usuarios en las unidades de riego en México, Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, 2016 [consultado en línea el 15/10/2025], disponible en https://www.imta.gob.mx/biblioteca/libros_html/riego-drenaje/organizacion-de-usuarios.pdf


Ladx duu – tercera edición

Del 16 al 18 de diciembre de 2025 vivimos con gran emoción la tercera edición de Ladx duu, en la que artistas textiles presentamos piezas tradicionales y creaciones innovadoras como resultado de los talleres en colaboración con el Museo Textil de Oaxaca. Además, desde nuestras propias inquietudes e intereses, desarrollamos una serie de charlas, demostraciones y juegos en lenguas originarias. Estas actividades se convirtieron en el punto de partida para compartir mi experiencia y reflexiones como participante en algunas de ellas.

Por primera vez presenciamos un evento inaugural titulado “El ritual del vestir mesoamericano” en el que colaboramos las comunidades de Santo Tomás Jalieza, El Tapanco–Santa María Zacatepec, Santa María Tlahuitoltepec y San Pedro Cajonos. Cada uno de los representantes compartió parte de la indumentaria de su comunidad: el significado de la iconografía, las técnicas empleadas, los cambios que ha tenido y la manera en que se porta. En mi caso, viví un momento único y valioso al lado de mi mamá al compartir la indumentaria antigua y actual de la mujer de San Pedro Cajonos. En ese acto expresamos el ritual que llevamos a cabo al momento de vestirnos —desde colocarnos el refajo hasta la manera de ceñirnos—, el vínculo que se genera con la memoria colectiva, el significado de cada uno de los elementos iconográficos, así como los momentos que han marcado nuestra historia.

Contar con este espacio es importante para nosotros como creadores, ya que nos permite invitar al público a mirar el textil con otros ojos. Más allá de lo que se puede observar estéticamente, es primordial conocer el origen y el significado de lo que uno porta, ya que la indumentaria de nuestras comunidades es un testamento vivo de historia, cultura, resistencia, identidad y arte.

Hablar de textiles también involucra a las lenguas, es por ello que se llevó a cabo la charla “¿Cómo influye la lengua en la creación textil?”. El tema surgió de mi inquietud sobre la preservación de las lenguas originarias; por ello invité a Xapaa Gutiérrez Pérez, Olegario Santiago Martínez e Idalia Martínez García —artistas textiles y hablantes del ayuujk, mixteco de la Sierra Sur (tu’un va’a) y zapoteco (ditze xhon), respectivamente— para compartir, desde nuestra visión como creadores textiles y hablantes de lenguas originarias, las vivencias personales en relación con el textil en nuestros talleres, familias y comunidades.

Asimismo, abordamos los trabajos y propuestas textiles que hemos elaborado en nuestras lenguas como una manifestación clave para la resistencia frente a la pérdida lingüística que hemos estado observando en las nuevas generaciones.

Desde la primera edición de Ladx duu se ha promovido el uso de las lenguas originarias, y esta vez no fue la excepción. Llevamos a cabo tres rondas de juegos —loterías y memoramas— en ayuujk, tu’un va’a y ditze xhon, dirigidas a niños y niñas, quienes, durante un momento agradable, jugaron, pronunciaron y aprendieron palabras de nuestra vida cotidiana, tales como nombres de prendas, flora y fauna de nuestras comunidades.

Finalmente, Ladx duu ha sido para mí un espacio de reflexión y diálogo donde se visibilizan temas de gran importancia, se valoran los procesos textiles heredados y todo lo que conllevan: lengua, historia, cosmovisión, permitiéndonos conectar con la identidad de cada uno de los participantes que tejemos y bordamos estos saberes. Así, en esta tercera edición se reafirmó que cada prenda guarda un origen y un significado profundo que es importante no solo conocer, sino también cuidar como un gran tesoro, otorgándoles el respeto y el valor que merecen. Gracias al MTO por ser un medio fundamental para la existencia de estos espacios que fortalecen y valoran nuestra diversidad textil, lingüística y cultural.


Volver a crear juntos

Durante 2025, el Museo Infantil de Oaxaca se convirtió en un territorio creativo, donde las infancias se permitieron soñar e imaginar, por medio del arte, para conformar así el Club de Creadores MIO.

Iniciamos un viaje en el que aprendimos, hicimos amigos y construimos nuevos mundos. Todo comenzó con el dibujo, la línea que nos enseñó a mirar y a interpretar lo que vemos. Luego llegaron la pintura y el color, capaces de contar historias más allá de las formas. Al final apareció el grabado, con el que comprendimos el valor de la huella, la paciencia y el error. Ese recorrido tomó forma en la muestra “Cocinando al mundo”, donde las técnicas y las emociones se mezclaron para convertirse en una experiencia compartida.

Así, el semillero de artistas continúa su crecimiento. Cada etapa del viaje no solo enseña a crear, sino también a entender que el arte es una forma de dialogar con el mundo: observarlo, interpretarlo y transformarlo.

Este año, el Club de Creadores decide tocar la tierra para sentir la fibra y detener el tiempo mediante la mirada. La narrativa de este ciclo no es una lista de talleres aislados, sino un nuevo camino de transformación.

Comenzaremos nuestro viaje con el elemento más humilde y, a la vez, más generoso: el barro. En Oaxaca, la alfarería no solo es una técnica, es identidad. Esculpir es comprender que el mundo es maleable, y que podemos encontrarnos en sus formas. En este sentido, descubriremos otras maneras de moldear el barro más allá de nuestras manos y exploraremos el mundo marino para crear un mural cerámico, construyendo paisajes donde el color, la textura y la imaginación se encuentren.

De la densidad del barro saltaremos a la ligereza de la cartonería: la magia de transformar lo cotidiano en fantástico. En esta etapa, los creadores descubrirán que su ingenio es la herramienta más poderosa de reciclaje: nada se pierde, todo se transforma en algo nuevo y, en esta ocasión, transmutará en seres gigantes del océano.

Una vez que hayamos aprendido a dar forma a los objetos, nos enfrentaremos a un reto mayor: aprender a mirar: ¿Qué luces iluminan la antigua estación? ¿Qué historias cuentan los rostros de quienes nos rodean? Nos internaremos en un laboratorio fotográfico; aquí, el sol será nuestra herramienta principal para ayudarnos a revelar nuestras composiciones.

Entonces, daremos movimiento a las imágenes con el poder de la animación. La magia del dibujo cuadro a cuadro nos invita a jugar con el tiempo: mover, capturar, volver a mover. Así, lo que vemos deja de ser solo una fotografía y se convierte en una secuencia viva.

Agudizaremos la mirada para develar los secretos que esconden las pinturas. Conoceremos la técnica del óleo, sus transparencias y capas, y aprenderemos que el tiempo puede cambiar completamente el resultado final de nuestros cuadros. Los colores dejarán de ser solo un detalle decorativo y se convertirán en una forma de comunicar ideas y emociones, aprovechando el círculo cromático para entender las relaciones, los contrastes y las armonías entre ellos. Solo entonces la composición dejará de ser una regla rígida para convertirse, más bien, en una herramienta que nos permite pensar, experimentar y construir imágenes propias.

El cierre de este viaje nos lleva a reencontrarnos con prácticas ancestrales como el telar, los tintes naturales y el teñido, con el fin de generar una propuesta contemporánea de escultura e instalación textil. Crearemos mundos y objetos desde cero usando hilos y agujas. Descubriremos el poder del algodón y la lana al combinarlos con otros elementos que nos permitan materializar nuestros sueños. Un hilo por sí solo es frágil, pero entrelazado con otros se vuelve abrigo, se vuelve hogar. Cada puntada es una conexión y cada tejido, una historia.

Este 2026, el Museo Infantil de Oaxaca no solo invita a las infancias a aprender sobre arte: las invita a reconocerse como las nuevas constructoras de la realidad. Si el año pasado cocinamos el mundo, este 2026 nos toca darle forma con nuestras propias manos. Estamos en búsqueda de nuevos artistas para ser parte del Club de Creadores MIO, un espacio para creativos de 7 a 17 años. Si disfrutas imaginar nuevas posibilidades, consulta la convocatoria en las redes del MIO para unirte a nuestro club.

Te esperamos en la antigua estación del ferrocarril, donde el futuro se esculpe, se pinta y se teje todos los días.


Siete años con Macedonio Alcalá

Retrato de Macedonio Alcalá realizado por Salvador Pruneda. Fotografía: https://www.eloriente.net/

Cuando hace veinte años entré al mundo de la investigación sobre la música en Oaxaca, no tenía idea de que ante mí se abriría una tierra extraordinaria, llena de senderos inexplorados que conducían a lugares que escondían auténticos tesoros. He participado en la “excavación” de diamantes musicales en San Bartolo Yautepec y San Pedro Huamelula; además, he tenido en mis manos joyas sonoras de la Catedral de Oaxaca, San Bartolo Soyaltepec y San Juan Bautista Coixtlahuaca, por nombrar solo algunas de las más valiosas. Asimismo, me sumergí en el mundo de los instrumentos antiguos, entre los que deslumbran con su majestuosidad los órganos tubulares, pero no brillan menos los bajones y clavicordios que se han conservado en algunos pueblos oaxaqueños. Cuando hablo de tesoros, no me refiero solo a obras o instrumentos musicales, sino también a miles de horas invertidas en diversos archivos, a raíz de las cuales están saliendo a la luz documentos que permiten reconstruir las biografías de músicos hoy completamente olvidados o hasta ahora desconocidos. Tuve la oportunidad de participar en proyectos como los del Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca, Musicat y Ritual Sonoro Catedralicio, tras los cuales dejé algunas huellas en forma de dos libros y numerosos artículos publicados. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se centran en la música de la época colonial, descuidando un poco el siglo XIX. Esta fue la razón por la cual, en 2019, cuando se celebró el 150 aniversario luctuoso de Macedonio Alcalá, me vino a la mente una idea: pensé que sería bueno confrontar el estado del conocimiento sobre este compositor con lo que esconden los archivos. Alentado por el primer éxito al descubrir su verdadera fecha de nacimiento, decidí ir más allá, pensando que sería una investigación bastante fácil y rápida. Qué equivocado estaba. Solo quería confirmar o corregir algunos datos sobre este compositor, nunca pensé que sacar un ladrillo causaría una avalancha de información que me sorprendería por su enormidad.

Al principio todo iba sobre ruedas, consultando los registros parroquiales en la Catedral de Oaxaca y obteniendo una gran cantidad de información genealógica sobre los Alcalá. Y de la nada llegó la pandemia, ralentizando considerablemente la búsqueda. Lo único que entonces pude hacer fue utilizar recursos online, así que comencé a consultar la Hemeroteca Nacional Digital de México. Lamentablemente, en la prensa mexicana de la época no existe información sobre Macedonio, pero sí hay algunos datos sobre sus hermanos y especialmente acerca de su hijo José, además de otros músicos oaxaqueños, así que no fue una pérdida de tiempo. Finalmente, en 2022, la pandemia remitió y pude emprender plenamente mi investigación. Entonces llegó el momento de continuar la búsqueda en la prensa local del siglo XIX, por lo que fui a la Hemeroteca Pública de Oaxaca “Néstor Sánchez”. Resultó que la colección de periódicos de esa época está muy fragmentada y se encuentra en varios lugares. Sin embargo, después de dos años logré revisar la edición casi completa del Periódico oficial del Gobierno de Oaxaca (de 1827/28, 1830/31 y desde 1835 hasta 1915) repartida entre la Hemeroteca, el Archivo General del Estado de Oaxaca, el Archivo Histórico Municipal de Oaxaca, la Biblioteca Francisco de Burgoa y la Fundación Bustamante Vasconcelos. Por supuesto, en el camino me encontré con muchos otros títulos de la prensa oaxaqueña decimonónica, que resultaron ser invaluables por relatar la vida de Oaxaca y sus habitantes de primera mano. En muchos casos, incluso lo hacían de forma un tanto chismosa, lo que les da un sabor especial y único. Sin embargo, lo más importante son los documentos, la fuente primaria de cualquier investigación histórica. Además de los archivos y bibliotecas mencionados anteriormente, no podía dejar de visitar otras instituciones igualmente importantes que preservan el patrimonio histórico de Oaxaca: Archivo Histórico de Notarías del Estado de Oaxaca, Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Oaxaca, Archivo del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, Archivo de la Facultad de Bellas Artes de la UABJO, Archivo de la Banda del Estado, Biblioteca Pública Central Margarita Maza de Juárez, Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, Biblioteca de la Casa de las Culturas Oaxaqueñas y Biblioteca Genaro V. Vásquez. En esta última encontré un documento excepcional: las memorias de un músico oaxaqueño anónimo del siglo XIX. Este valioso relato constituye un tesoro de conocimiento sobre la música oaxaqueña de hace dos siglos. Para completar mi investigación, tuve que extenderla hasta la Ciudad de México para revisar los acervos del Archivo del Conservatorio Nacional, Archivo Histórico de la UNAM, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical y fondo reservado de la Hemeroteca Nacional de México. Muchas horas de viajes, muchas horas en las salas de consulta y mucha información obtenida. El último lugar que guarda una documentación extraordinariamente rica sobre la vida musical de Oaxaca, y que no podía faltar en mi investigación, es el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Antequera Oaxaca, desgraciadamente cerrado para los investigadores desde hace años. Cada intento de pedir permiso para realizar una pesquisa en sus legajos terminaba con una negativa bajo cualquier pretexto; una situación que duró casi dos años. Finalmente, fue necesaria la intervención personal del arzobispo de Oaxaca para reabrir el archivo a los interesados. Un año más tarde, justo cuando pensaba que mi búsqueda estaba llegando a su fin, ocurrió lo inesperado: mi computadora falló. Tardaron cuatro meses en repararla y en recuperar la información del disco duro dañado. Desafortunadamente, no se pudo salvar el contenido de la carpeta del archivo arquidiocesano, porque esta se encontraba abierta en el momento de la falla. No había otra opción, tuve que repetir toda la investigación en dicho archivo, que ahora, poco a poco, está llegando a su fin.

Metido en esta gran aventura no me di cuenta de lo rápido que habían pasado siete años. Durante este tiempo logré llegar a los rincones más profundos de archivos y bibliotecas, y recopilar muy extensa información que se divide en cuatro ejes temáticos:

  • Vida y obra de Macedonio Alcalá.
  • La familia de Macedonio Alcalá —que incluye información sobre trece generaciones, desde el siglo XVII hasta la actualidad—.
  • Los músicos oaxaqueños del siglo XIX —que permite recrear las biografías de más de doscientos músicos de esta época—.
  • Oaxaca: su modernización y la vida sociocultural en el siglo XIX.

Hoy puedo decir que nuestra imagen de Macedonio Alcalá está algo distorsionada. Queremos verlo como un hombre idealizado románticamente, cuando fue un hombre real, con sus virtudes y sus defectos. Lo percibimos como un músico solitario, cuando realmente formaba parte de una gran comunidad de músicos que estuvieron activos en Oaxaca durante la misma época. Lo mismo ocurre con su familia: era uno de los muchos músicos con el mismo apellido. Era hijo de un músico, vivió entre hermanos músicos y tuvo dos hijos músicos, y, posteriormente, también nietos dedicados a la misma profesión. Además de él, esta familia incluía a doce músicos hoy olvidados. Durante más de 150 años desde su muerte, la figura de Macedonio Alcalá ha estado envuelta en un halo de misterio que ha dado lugar a numerosas leyendas que construyeron el monumento de este artista, pero, asimismo, se alejaron de la verdad. Basta con proporcionar algunos de los datos que aparecen en sus biografías y compararlos con los documentos para deducir que es pura fantasía. Se desconoce quién los creó, cuándo y con qué propósito, sin embargo, ahora ha llegado el tiempo de exponer estas mentiras. Macedonio Alcalá no nació en Putla de Guerrero, sino en la ciudad de Oaxaca. Sus padres no eran Antonio y María Guadalupe, sino José Gabriel y Tomasa Antonia. No nació el 12 de septiembre de 1831, sino el 11 del mismo mes, pero cuatro años antes. No tenía solo tres hermanos, sino cinco hermanos y una hermana. No se casó en 1854, sino un año antes. No tuvo tres hijos: tuvo siete con su esposa y cuatro con su amante. Vivió no 38, sino 42 años. Teniendo en cuenta únicamente estas aclaraciones, es fácil llegar a la conclusión de que nos hemos alejado mucho de los datos verídicos y de cuán necesaria es una verdadera biografía de este artista. Espero pronto poder cumplir con esta tarea.


“Mauricio Cervantes. Geografías líquidas”

Arrecife óxido y verde, Colección Humedales, 2025. Estructura metálica enjarrada con tierra cruda y fibras de maguey con relieves en placa de fierro

Yo soy el río que canta
al mediodía y a los
hombres,
que canta ante sus
tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.
Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas
quebradas,
por los ignotos pueblos
olvidados,
por las ciudades
atestadas de público
en las vitrinas […].

Javier Heraud, El río, 1960

Mauricio Cervantes (Ciudad de México, 1965) es egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Con una amplia trayectoria de más de tres décadas, mediante el empleo de mosaico, óleo, acrílico, cera de abeja, fierro, cemento, tierra, fibras naturales, entre otros, su trabajo cuasi alquímico convoca a los materiales primigenios.

Con numerosas exposiciones individuales y colectivas en México y el extranjero, y desde su actual bastión en San Agustín Etla, Oaxaca, la obra de Cervantes continúa sesgada por inquietudes, experimentación y propuesta.

Esta primera antología en el Centro Cultural San Pablo, de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, explora el rol de la materia en perdurables líneas sinuosas, cual ríos texturizados de oro y encáustica, que acuden a cartografías de la memoria.

En las series Geografías líquidas y Tatuajes de agua, el artista —acaso como evocaciones de un paisaje interior— despliega contrastes cromáticos de morados, magentas, ocres y verdes. De acuerdo con Laura Pomeranz: “Es en este marco de bidimensionalidad pictórica donde los ámbitos humano cósmicos se bifurcan/ amplían o bien emiten sus redes, entremezclándose —conjugándose—, fusionándose con un referente de libertades gestuales”.1

El abrazo naturalista se insinúa, igualmente, en los ríos, bosques e islas de fertilidad, donde “la vuelta al origen” dialoga sin dogmatismos con el entorno. Frente a las premisas de Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida, en las piezas de Mauricio Cervantes sabemos que lo fundamental habrá de permanecer de modo inexorable.

Hiawatha 2, Colección Tatuajes de agua, 2025.
Acrílico, encáustica y óleo sobre tela sobre madera

Piezas nodales de la colección La tierra es cruda… y sin embargo se mueve habitan los espacios de San Pablo: estructuras metálicas, tierra cruda, placas de cemento y fibras de maguey. El espectador se (re)conoce en ese tránsito del espacio rural al urbano, como precondición trágica de la contemporaneidad. Sin embargo, sus “proas como obelisco”, señeras de materialidad y textura, nos dan coordenada para encontrar el camino de vuelta; al tiempo que los botes lecheros, como escenarios borgianos, se bifurcan en senderos de maíz, colmenas y jardines.

Con sugerente mirada, sus arrecifes y humedales emergen en placas de fierro en la metamorfosis a la que alude Jorge Pech: “[…] cumple un proceso en donde la transformación de la materia lo conduce a transformarse a sí mismo”.2

Al final, en una suerte de eterno retorno nietzschiano, el espectador se encuentra con “Mitra”, pieza de la serie Memoria de un hermenauta (2009), donde el viaje no es sino el comienzo, la palabra, la imagen, el balbuceo de la historia de la cultura. Los primeros pasos, contundentes, hacia nuestra geografía esencial.

1 Mauricio Cervantes, Embarcaciones/Corriente/Detectores (Oaxaca: Punta Cometa, 2013), 21.

2 Mauricio Cervantes, Abluciones y bañistas (Oaxaca: Punta Cometa, 2006), 11.


Creando cucharadas de poesía

Sesiones de Cucharadas de poesía en el CCSP. Fotografías: Acervo Seguimos Leyendo

Los textos que estás a punto de leer fueron generados en el taller de Cucharadas de poesía haciendo eco del poema “Instrucciones para dar un beso”, de Julio Cortázar. En este espacio se han buscado detonadores para incentivar a los participantes a crear sus propias propuestas desde diversas actividades. Esta fue la primera ocasión en que los textos fueron sometidos a un proceso de revisión por parte de los propios integrantes del taller, eso convirtió a esta experiencia lectora en un acontecimiento que potencia su propia percepción como creadores.

Instrucciones para habitar un poema
Ceci Morales

El poema solo se anima
al contacto de un lector o de un oyente
.
Octavio Paz

De raíz grecolatina, la palabra “poema” puede sugerir enamoramiento, ensoñación, o simplemente rima. Si bien todo esto es tocado por la poesía, leerla no es como llevarse un trago al cuerpo e incitar un suspiro. Un poema tiene forma de voluta de amor universal compuesta de abecedarios sutiles, ingrávidos. Volutas que contienen el quinto elemento.

Cómo leerlo:
i) Respire lento y profundo.
ii) Esboce una vocal de su nombre
y cántela evocando el objeto de su
devoción.
iii) Cierre los ojos y eleve la mirada
hacia su ajna (tercer ojo).
iv) Una sus manos en atmanjali mudra, y una vez establecida la conexión con su yo:
v) acaricie su texto con la mirada,
vi) inhale y suelte con la primera
palabra escrita, así la energía se expande en el universo.
Habite el poema,
habite el poema,
habite el poema.
Entrará en el supremo estado poético.

Al terminar, vuelva al aquí y al ahora con sumo cuidado, su final ha de ser sutil y poderoso.

Recuerde: Un poema no se traga, se disfruta, pues cada palabra que salga de su boca es sagrada.

Importante: No es necesario contar con audiencia.

Instrucciones para ver pasar la nubes
Kenia Velasco

Salga a un espacio abierto. Un lujo sería estar en el campo. Despójese de cualquier artefacto que obstruya su campo visual. Entorne los ojos y parpadee las veces necesarias, adaptándose a la luz. Una brillante mañana en los meses de lluvia o un atardecer del invierno oaxaqueño requieren ajustes diferentes. No desprecie las noches nubladas de luna llena, esta nos revela misteriosos caminantes. Dirija la mirada hacia arriba, valore la azulidad y fije su atención en un fragmento de cielo. Deje que la velocidad del viento, y de la tierra misma, den cuerda a la función. Sienta los contrastes de color y de texturas. Sucumba a la tentación clasificatoria: cirros, cúmulos, estratos o nimbos; bonitos términos como para evitar hacerlo. Ríndase a la lúdica trivialidad de buscar rostros y formas conocidas. Saboree las algodonosas formaciones, estelas casi transparentes o aborregadas, hileras que parecieran marchar a toda prisa allá arriba. Pregúntese el por qué de la urgencia con que se desvanecen y hacia dónde se dirigen, ¿a dónde van? Agradezca la fortuna de abandonarse a tan provechosa desocupación.


¿Por qué el polvo daña los libros?

El polvo parece inofensivo: está en todos lados y forma parte de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando se deposita sobre los libros, se convierte en uno de sus principales enemigos silenciosos.

El polvo no es solo “tierra”. Está compuesto por una mezcla de partículas muy finas: fibras textiles, restos de piel humana, hollín, polen, arena, esporas de hongos y contaminantes del aire. Muchas de estas partículas tienen un origen orgánico, lo que significa que pueden servir de alimento para microorganismos como hongos y bacterias.

Desde el punto de vista químico, el problema comienza cuando el polvo se acumula. Estas partículas tienen la capacidad de retener la humedad del ambiente. Aunque el espacio no se sienta húmedo, el polvo crea pequeños microambientes donde el agua se concentra. La humedad, combinada con materia orgánica, es el escenario ideal para el crecimiento de hongos que manchan el papel, debilitan las fibras y producen olores característicos.

Además, el polvo puede contener sales y contaminantes ácidos provenientes de la contaminación ambiental. Con el tiempo, estas sustancias reaccionan con la celulosa del papel, acelerando su degradación. El papel se vuelve más frágil, amarillento y quebradizo, especialmente en los bordes y superficies expuestas.

Otro efecto importante es el daño mecánico. Al manipular un libro cubierto de polvo, las partículas actúan como un abrasivo muy fino, desgastando cubiertas, lomos y páginas. Lo mismo ocurre cuando el polvo se introduce entre los libros almacenados muy juntos.

Por estas razones, la limpieza regular y cuidadosa de estanterías y libros no es solo una cuestión estética, sino una acción fundamental de conservación. Reducir el polvo es reducir la humedad, los microorganismos y las reacciones químicas que, poco a poco, acortan la vida de los libros.

La limpieza debe realizarse siempre en seco, utilizando brochas de pelo suave o pinceles limpios para retirar el polvo de las tapas, el lomo, los cantos del libro y entre las páginas. Nunca se deben usar trapos húmedos, productos de limpieza, aerosoles ni aspiradoras domésticas directamente sobre los libros, ya que pueden causar daños físicos.

Durante el proceso de limpieza es importante tomar precauciones básicas, ya que el polvo puede contener esporas que afectan las vías respiratorias y la piel. Por ello, se recomienda trabajar en espacios bien ventilados y usar equipo de protección personal, como cubrebocas y guantes. También es importante limpiar regularmente las estanterías antes de volver a colocar los libros.


Isabel Romero: Abrir otros caminos en el diamante

Isabel Romero, fisioterapéuta de los Diablos Rojos. Fotografías: Enrique Gutiérrez

La historia de éxito de los Diablos Rojos en los dos años recientes cuenta con un apartado poco conocido, pero sumamente especial: la primera campeona en los rósters de los equipos varonil y femenil. Isabel Romero, la menor de una familia tradicional de la Ciudad de México, creció con la convicción de trabajar en el deporte, motivo que la llevó a concluir la licenciatura en Terapia Física en el Instituto Nacional de Rehabilitación.

La multicampeona en la Liga Mexicana de Beisbol y la Liga Mexicana de Softbol está cumpliendo tres años como fisioterapista oficial del equipo escarlata, aunque todo apuntaba a que su destino estaba en los emparrillados. La infancia de Chabela —como la llaman de cariño—, transcurrió en los campos de futbol americano de Pumitas, por el rumbo de Cuemanco, donde llegó a ser jugadora del llamado tocho bandera o flag football.

Su aparición en los diamantes fue gracias a un convenio entre los Diablos Rojos y una clínica donde ya empezaba a despuntar por su talento y dedicación. El pacto se rompió en el 2022, pero la semilla estaba sembrada.

En la recta final de la tercera temporada del equipo escarlata en el Estadio Alfredo Harp Helú, Iván Terrazas recurrió a Chabela para atender una molestia. Al final de la sesión, la oficina del equipo le pidió que cubriera, durante un fin de semana, la ausencia de un fisioterapeuta contagiado de COVID, y la invitación se extendió hasta el final de la campaña.

Ya como dueña de un consultorio, Isabel Romero recibió la propuesta de trabajar de tiempo completo con el equipo rojo, iniciando un capítulo de su vida que la ha llevado a celebrar dos campeonatos de beisbol y uno de softbol, más lo que se acumule en esta brillante era que atraviesa la organización.

Sobre su buena adaptación en el grupo, principalmente el varonil, Chabela cuenta que desde un principio trazó una línea de respeto con cada integrante del área deportiva, misma que se mantiene intacta y que ha fortalecido, convirtiéndose en “un vato más”, según sus propias palabras.

Se ha ganado la confianza de jugadores, del cuerpo técnico y del staff, a tal grado de que suelen pedirle consejos que nada tienen que ver con el tema deportivo. No está de más decir que, además, ha encontrado apoyo incondicional en tres personajes clave para su desempeño, como el de su colega Marcelo Gómez, el del coach Víctor Bojórquez y el del propio manager, Lorenzo Bundy.

La creación de Diablos Rojos Femenil le dejó poco tiempo disponible para atender su consultorio, por lo que tomó la decisión de cerrarlo y enfocarse de tiempo completo en los menesteres del club, que cada vez son más. Lejos de lamentar el apartarse de su negocio propio, Isabel Romero desea que su trayectoria inspire a más mujeres con deseos de desarrollar sus habilidades en el deporte.


Editorial

Este Boletín Digital FAHHO, el primero de 2026, es una invitación a seguir haciendo comunidad para la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. Y nada mejor para lograrlo que tender puentes y lazos, tal como hace el Museo de la Filatelia de Oaxaca con la inauguración de su sala permanente “México-Líbano: Estampillas de memoria” y el Jardín de Encuentros Migrantes. El Museo Textil de Oaxaca se une a esta encomienda hablando acerca de la universalidad del arte textil. Otro tanto hace la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova al revelarnos la presencia del guerrero-gobernante 8-Venado en los Países Bajos hacia 1931. Asimismo, Seguimos Leyendo comparte las impresiones de Claudio Ledesma, apasionado lector argentino, sobre la tradición oral en Oaxaca. Mientras tanto, la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío nos transporta a los vaporosos y etéreos paisajes chinos pintados por Hwang Ping-Hoong.

El Centro Cultural San Pablo nos habla del encuentro con los que se hace equipo para dar vida a proyectos como este, el de la FAHHO. El trabajo colectivo es lo que caracteriza y fortalece a la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú, de ahí que el hecho de invitar a Diablos Rojos Femenil convierta al conjunto en un proyecto de formación y confianza compartida. Desde otra perspectiva, Andares del Arte Popular muestra cómo el encuentro que propicia el trabajo artesanal con el barro une a las familias.

El acontecimiento de la lectura para la escritura es, asimismo, el tema de la FAHHO Itinerante, que nos trae pequeños fragmentos de sus talleristas, y, en otra nota, la Librería Grañén Porrúa nos comparte la experiencia de los visitantes que disfrutan del espacio y aman la lectura. Por su parte, la BS Canteras nos presenta la Biblioteca Infinita, un proyecto sobre la infinitud de las bibliotecas. Por eso es que también la Biblioteca Francisco de Burgoa puede presentarnos un ejemplar como Acerca de la materia medicinal, de Dioscórides, que ha trascendido el tiempo para seguir enseñando.

La supervivencia material e inmaterial de los libros es lo que buscan el Taller de Restauración Documental, al hablarnos sobre las bondades del papel antiguo, y la Biblioteca Henestrosa, con la restauración de 34 aucas o aleluyas que forman parte de su acervo antiguo. De igual manera, el arduo trabajo de Adabi Oaxaca en la conservación de los archivos antiguos se vio reflejado en beneficio de la comunidad de San Miguel Tequixtepec, que posee un archivo sin precedentes en el país.

En el rubro de exposiciones, el Centro Cultural San Pablo arranca el año con dos nuevas muestras con trasfondos profundamente humanos y reflexivos: “Mauricio Cervantes: Geografías líquidas” y “Xu Roo: Terremoto” de Víctor Chaʼca. Por otro lado, el Museo Infantil de Oaxaca ha instalado “Rostros de arte y color” en Santa María Atzompa, mostrando su compromiso con las infancias de las comunidades conurbadas a la ciudad.

Así iniciamos 2026, con una invitación al encuentro, a leer, mirar y compartir aquello que nos une y nos permite seguir haciendo comunidad.


“México-Líbano: Estampillas de memoria” y el Jardín de Encuentros Migrantes

Inauguración del Jardín de Encuentros Migrantes y de la Sala México-Líbano. Fotografías: Acervo Mufi

En noviembre de 2025 se inauguró, en el Museo de la Filatelia de Oaxaca, nuestra sala permanente “México–Líbano: Estampillas de memoria”. Bajo un ambiente agradable y rodeados de distinguidas personalidades de origen libanés —entre ellas George El Jallad, actual embajador del Líbano en México— recorrimos una muestra de poco más de doscientas piezas filatélicas, fotografías y objetos diversos. El recorrido presenta las primeras civilizaciones que dieron forma a lo que hoy son México y Líbano, y permite conocer la llegada de los primeros libaneses a México, iniciada en el último cuarto del siglo XIX; una migración impulsada por la inestabilidad y la persecución religiosa bajo el dominio del Imperio otomano, que se prolongó durante casi cuatro siglos. En esos mismos años, del lado mexicano, el país vivía una política migratoria favorable al arribo de extranjeros impulsada por el entonces presidente Porfirio Díaz, con la intención de fortalecer el desarrollo económico nacional.

Fue así como dos naciones —en apariencia opuestas en costumbres, economía e idioma— se encontraron y se aceptaron de una manera extraordinaria. Los primeros libaneses llegados a México se establecieron como comerciantes ambulantes y, con el tiempo, comenzaron a construir redes de negocio que más tarde se diversificaron hacia sectores como el textil, la industria y la gastronomía. Su éxito se atribuye a la capacidad de adaptación y a las habilidades comerciales heredadas de sus antepasados fenicios.

El emigrante libanés, pieza creada por el artista libanés Ramis Barquet.

Una vez establecidos, los lazos culturales comenzaron a fortalecerse. En la gastronomía adoptamos ingredientes libaneses como el aceite de oliva, el garbanzo y el ajonjolí, y heredamos los famosos tacos al pastor, adaptación del shawarma libanés que sustituyó el cordero por cerdo y el pan árabe por tortilla de maíz. En el cine, directores de origen libanés como Miguel Zacarías y Antonio Matouk impulsaron la carrera de figuras emblemáticas de la época de oro del cine mexicano, entre ellas María Félix, Jorge Negrete y Pedro Infante. En la literatura, una de las presencias más importantes, además del mexicano Octavio Paz —premio Nobel de Literatura en 1990—, es la del poeta Jaime Sabines, hijo de un inmigrante libanés.

En 2025 se celebraron los ochenta años de relaciones diplomáticas entre México y Líbano, y qué mejor conmemoración que recorrer esa sala que se mantendrá permanentemente abierta en el Mufi. La relación entre ambas naciones ha quedado registrada en la filatelia como una conexión que enlaza sus historias. Cada estampilla nos cuenta un episodio distinto y celebra los vínculos culturales y humanos que han unido a estos pueblos desde el siglo XIX. Cada pedacito de papel honra esta relación cercana y da testimonio de una hermandad que se mantiene viva.

Escultura del maestro oaxaqueño Alejandro Santiago, simboliza a los migrantes mexicanos que mueren en su intento por cruzar la frontera norte del país.

En el mismo evento se inauguró nuestro Jardín de Encuentros Migrantes, un espacio ideal para la contemplación y la lectura. Por medio de los libros de Gibran Khalil Gibran —que se encuentran disponibles al público— podrás viajar entre un continente y otro, acompañado por dos esculturas de gran tamaño. El emigrante libanés, pieza creada por el artista libanés Ramis Barquet, rinde homenaje a quienes llegaron a México en busca de una vida mejor. La segunda escultura, del maestro oaxaqueño Alejandro Santiago, simboliza a los migrantes mexicanos que mueren en su intento por cruzar la frontera norte del país; atiende la ausencia de quienes ya no están y evoca el deseo de sus seres queridos por mantenerlos presentes.

Para el Museo de la Filatelia de Oaxaca inicia un nuevo capítulo con la apertura de dos espacios que invitan a mirar la memoria compartida entre México y Líbano. Cada estampilla es un fragmento de vida, un rastro de identidad, de cultura y de familia, donde ambos pueblos dialogan y sostienen lazos que han perdurado a lo largo del tiempo. El Jardín de Encuentros Migrantes ofrece un respiro para sentir, pensar y acompañar; un lugar para reflexionar sobre lo que significa partir, llegar y reencontrarse. Comenzamos este año con la convicción de que nuevas historias, actividades y encuentros seguirán tejiendo este puente vivo entre la migración, la memoria y la filatelia.


Bienvenidas sean las reinas rojas

Develación de la placa por la visita de las reinas rojas en la Academia. Fotografía: Eduardo González

El 24 de noviembre de 2025, la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú se engalanó con la visita de las actuales campeonas de la Serie de la Reina de la Liga Mexicana de Softbol: 24 jugadoras mexicanas —de las cuales 4 son oaxaqueñas—, dos cubanas y una cubanoestadounidense. El motivo de esta visita fue la realización del early camp —que dio inicio el martes 25—, es decir, de la concentración que se lleva a cabo antes de la fecha de inicio oficial de la temporada, con el propósito de preparar a las participantes de manera temprana antes de la competencia. El entrenamiento comenzaba desde las ocho de la mañana en tres de los campos y las jaulas de bateo disponibles, para trabajar por las tardes en el gimnasio del lugar.

A una semana de su estancia en la Academia, el equipo de Diablos Rojos Femenil recibió la visita del C. P. Alfredo Harp Helú y de la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, quienes no solo dedicaron un inspirador mensaje a las jugadoras, sino que también develaron una placa que registra este acontecimiento como un suceso sin precedentes en esta institución.

Las jugadoras se prepararon en la Academia hasta el 16 de diciembre, con vistas a iniciar la pretemporada 2026 el 4 de enero en la Ciudad de México. En este proceso les esperan dos juegos de preparación históricos frente al Atlanta Smoke, de la Liga Profesional de Fastpitch (WPFL) de los Estados Unidos, y dos contra la Selección Nacional de Italia. Un gran inicio para abrir la temporada de la Liga Mexicana de Softbol, contra Charros de Jalisco Femenil, el 22 de enero.

Haber cobijado a las reinas rojas en su preparación para hacer frente a la temporada de la LMS, reafirma el compromiso de esta institución con el impulso al talento femenino y con el fortalecimiento del deporte en México. Las puertas que ese día se abrieron para Diablos Rojos Femenil son el signo de que, en este espacio, cada jugadora tiene un lugar para crecer, soñar y escribir nuevas historias sobre el diamante. El camino apenas comienza, y la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú seguirá siendo casa, impulso y motor para quienes comparten la pasión por el beisbol como una forma de vida.


Un Museo Textil, sí, de Oaxaca

Textiles en el MTO provenientes de Oaxaca y de otras partes del mundo. Fotografías: Acervo del MTO

Hace más de quince años, el Museo Textil de Oaxaca abrió sus puertas al público con un objetivo: ser un espacio para observar, sentir y dialogar por medio del arte textil. Desde su creación, este museo se ha mantenido fiel a una visión que no busca complacer al turismo ni responder a las expectativas de quienes llegan esperando una vitrina de “lo típico”. En un estado donde la cultura se exhibe muchas veces como mercancía, el MTO se ha atrevido a caminar por otro sendero: uno donde la belleza, la historia y la identidad se descubren con respeto, reflexión y encuentro sincero.

Este museo nace desde los sonidos de los telares, desde la voz pausada de las tejedoras, desde la paciencia que requiere cada hilo para entrelazarse con otro. El MTO invita a reconocer las miradas y posturas diversas que conviven en los pueblos, a cuestionar las versiones que reducen la cultura a una postal para el visitante.

El museo es consciente de la presencia de las fiestas y el valor simbólico que tienen para las comunidades; por ello nos recuerda que el textil es un lenguaje que cuenta historias de territorio, resistencia, creencias y afectos. En cada pieza hay siglos de sabiduría, y el MTO propone acercarse a esa cultura fomentando el diálogo y el respeto.

Y es aquí donde surge una de las preguntas más frecuentes entre los visitantes nacionales y extranjeros: ¿por qué, siendo de Oaxaca, el museo, además de mostrar esa gran sabiduría, presenta textiles de otras partes del mundo? La respuesta es sencilla y, a la vez, esencial: porque el arte textil es un lenguaje universal. Así como las palabras se transforman al cruzar fronteras, los hilos también hablan en distintos acentos, con diferentes materiales, colores, diseños y técnicas. Conocer los textiles de Perú, Guatemala, Japón o Nigeria no significa desplazar a los de Oaxaca, sino comprender que compartimos una historia común: la del ser humano que, desde tiempos remotos, aprendió a tejer para abrigarse, protegerse y, sobre todo, para expresarse.

En ese sentido, el Museo Textil de Oaxaca fue creado para quienes han nacido, crecido y viven o visitan Oaxaca. Es un espacio de disfrute en donde se abren las puertas de un universo lleno de colores que respiran al compás de las manos que los crearon, un lugar donde podemos sentirnos parte de algo que nos trasciende. Ofrece la oportunidad de reconocernos entre hilos: antiguos y nuevos, locales y de fuera, hilos que nos unen a otros pueblos.

Así, el MTO se mantiene fiel a su vocación: ser un espacio que celebra el arte de tejer como una forma de vida. Porque en cada hebra hay historia, en cada color hay memoria, y en cada puntada hay una posibilidad de encuentro y reencuentro. Por eso, más que un museo de Oaxaca, este espacio es —y seguirá siendo— el museo de quienes creemos que el textil es una manera de entender el mundo.

Un museo textil, sí, y de Oaxaca. Pero también del mundo que se teje, día a día, desde nuestras manos.


La Biblioteca Infinita

Participación de las primeras infancias en la Biblioteca Infinita. Fotografía: Acervo de la BS Canteras

Las Bibliotecas y el anillo de Moebius comparten una curiosa conexión, la cual quedó de manifiesto en la BS Canteras al cumplir su octavo aniversario. Un ocho acostado es un anillo de Moebius, un bucle infinito sin principio ni fin; las bibliotecas pueden sentirse como un laberinto sin fin, donde cada libro conduce a otro, y otro y otro…

Al sumergirnos en las estanterías de una biblioteca, nos encontramos rodeados de historias, conocimiento y mundos por descubrir. Todo libro es una puerta que se abre a nuevas posibilidades, un viaje que nos lleva por caminos inesperados.

La Biblioteca Infinita nos introduce en un ciclo continuo de descubrimiento y exploración, donde cada libro, cada página, cada historia nos lleva a nuevas aventuras y conocimientos. ¿Qué secretos nos depararán las bibliotecas? ¿Qué historias nos contarán sus libros? La respuesta, al igual que el anillo de Moebius, permanece en un bucle infinito de posibilidades.

En 2025 emprendimos una semana de festejos: ocho actividades que se realizaron en un bucle de gusano, un portal literario que se abrió en nuestra sala juvenil, donde niñas, niños, jóvenes y adultos se sumergieron en este concepto de infinito y de todas las posibilidades que nos ofrecen los libros. Durante una semana celebramos nuestro aniversario, donde cada día fue una experiencia sensorial.

El portal se abría día a día a las cinco de la tarde para iniciar un viaje, empezando por un pasillo luminoso con historias colgantes; después, los asistentes se acomodaban en nuestra sala espacial, en cuyo interior se observaban estantes llenos de libros que no tenían fin, entremezclados con imágenes de agujeros de gusano, estrellas fugaces…; luego, una voz que venía de otro espacio daba la bienvenida. Este recorrido era el preámbulo para la presentación. El primer día fue un “Agujero de gusano”: Arganza —la maga de las palabras— y Nuco —músico del tiempo— nos llevaron a través de un performance literario, en el que la lectura y la melodía del serrucho nos llenaron de emociones y recuerdos que nos ofrecen los libros.

El segundo día preparamos un video que rememora los ocho años de la biblioteca, con recuerdos muy emotivos de los usuarios, además de testimonios sobre las y los lectores y su vida en la BS Canteras. El tercer día invitamos a todas las caperucitas del mundo para ayudarnos a representar una nueva versión de este cuento clásico en un fantástico teatro de sombras, basado en el libro Otra Caperucita Roja, de Juan Scaliter y Delia Iglesias. El día cuatro, el portal de las letras fue escenario para que Ru, ru, ru. Camaleón, de Elisa Ramírez Castañeda, llegara con sus juegos y cantos en la voz y la música de Andy Mendoza y Vico Gutiérrez. Los más peques y sus familias disfrutaron de esta sesión especial.

Tanto el quinto como el sexto día se transmitió el video; se llevó a cabo el teatro de sombras, y por la tarde tuvimos una fantástica celebración. Los asistentes brillaban en la oscuridad gracias a los diseños pintados en sus cuerpos, que lucieron en la danza luminosa guiada por Mash. Para cerrar ese día de celebración hubo pastel, helado y elotes interestelares.

Pero como todo principio tiene su fin, el último día se transmitió el video, una vez más, para todos aquellos usuarios que no pudieron asistir en las jornadas anteriores. Con ello, honramos a nuestro jardín de letras y a quienes han abierto su corazón y han entrado por nuestras puertas.

Día tras día, las respuestas de aquellos que tuvieron la oportunidad de conocer la Biblioteca Infinita eran de alegría, de asombro, de sorpresa. Expresiones que iban desde un “¡qué bonito lugar!”, hasta “¡es verdad, la biblioteca infinita existe!”. Ver sus rostros emocionados nos motiva a seguir creando espacios cargados de intenciones literarias y de magia.


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