Los inventarios de archivos municipales y parroquiales de Puebla

La presencia de Adabi en los archivos de Puebla es notoria por el amplio trabajo que se ha realizado en el estado. Esto ha sido posible gracias a tres factores que, de acuerdo con el maestro Jorge Garibay†, es necesario que confluyan para llevar a cabo un proyecto exitoso: voluntad de las autoridades, personal capacitado y apoyo financiero, aspectos que, especialmente en Puebla, han logrado consolidar un gran número de proyectos a favor de la salvaguarda de la memoria documental. El esfuerzo del gobierno estatal o municipal, de la asociación y del personal comprometido es muestra tangible de lo que se puede conseguir para generar un cambio en el cuidado de los archivos que brinde beneficios a la sociedad.

Es mediante los inventarios, instrumentos básicos de descripción archivística, que se logra el primer acercamiento con las fuentes primarias que resguardan los fondos documentales. Contar con un instrumento de control y de consulta es lo que hace la diferencia entre un archivo y un cúmulo de papeles. Gracias a ellos se puede ver, de manera general, de qué documentos está compuesto el archivo, ya que presentan una clasificación en secciones y series que dan una visión panorámica del acervo y agilizan el tiempo de búsqueda. En los documentos se reflejan, por ejemplo, las acciones del gobierno, los acontecimientos y las gestiones llevadas a cabo tanto en materia civil como eclesiástica.

Para dar a conocer esta labor, en el marco del 20 Aniversario de Adabi, el pasado 18 de mayo, en la Biblioteca José María Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, se llevó a cabo la presentación de los inventarios de archivos municipales y parroquiales de Puebla. Esta exposición estuvo conformada por tres mesas de trabajo cuyos temas versaron sobre la labor archivística, la vinculación institucional y la investigación histórica.

La doctora Stella María González Cicero, directora de Adabi, explicó la importancia de estos instrumentos que describen los documentos que conforman el conglomerado poblacional de la entidad para la historia regional de las comunidades y para la comprensión de la totalidad de la historia nacional.

Areli González Flores, organizadora de esta reunión y coordinadora de los proyectos de archivos civiles en Adabi, moderó la mesa sobre el trabajo archivístico en el estado, en la cual la Dra. Pilar Pacheco Zamudio, investigadora con una amplia trayectoria en la labor archivística, dio una muestra del trabajo realizado por Adabi en los archivos municipales desde los inicios de la asociación y resaltó la importancia de la teoría archivística al mencionar que el primer requisito para proteger los fondos documentales es inventariarlos, y, luego, registrarlos ante las instituciones locales, nacionales e internacionales para evitar la pérdida documental, de trabajo y de recursos financieros. Por otra parte, Elisa Garzón Balbuena, coordinadora del proyecto de rescate de archivos en Puebla, compartió un breve recuento del trabajo realizado en beneficio de los archivos históricos del estado.

En el apartado de vinculación institucional, el representente del Consejo de la Crónica del Estado de Puebla, Pedro Mauro Ramos Vázquez, enfatizó la importancia del trabajo de los cronistas, quienes, enamorados de la historia, han buscado un acercamiento con Adabi y, con el apoyo de las autoridades, cuyos frutos no solo son el rescate y organización de archivos, sino también la restauración de algunos documentos, como en el caso de Santa Clara Hutziltepec. Por otra parte, el presidente municipal de Pahuatlán, Eduardo Romero Romero, habló del gran valor de conservar la memoria de la comunidad y las gestiones que se realizaron para llevar a cabo dicha tarea. Como representante de la Parroquia de Santiago Apóstol Pahuatlán, acompañó el secretario general, Leobardo Jacob Lechuga, quien, con una amplia experiencia en la labor cultural, citó la trascendencia de la actividad archivística en las parroquias como indispensable para el trabajo pastoral cotidiano, así como el valor de los inventarios como instrumentos descriptivos, base para el desarrollo de una legislación que permita la protección del patrimonio documental.

Con respecto al tema de investigación histórica, presidieron la mesa Sergio Rosas Salas y Emmanuel Rodríguez López, quienes abordaron la importancia de encontrar fondos organizados e inventariados como primer paso para cubrir la necesidad de disposición y de consulta de las fuentes que permitan un acercamiento al análisis y comprensión de la historia local.

Con estas mesas de trabajo Adabi se enorgullece de ser parte de las confluencias que contribuyen en la salvaguarda del patrimonio documental de México.


Xolita en el Templo Mayor

Gracias a la invitación de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, a la organización de la BS Biblioteca Infantil de Oaxaca y del programa Seguimos Leyendo de esta fundación, la presentación de Xolita en el Templo Mayor llegó a su segunda etapa. Escrita por Mira Harp Grañén y su mamá, la doctora María Isabel Grañén Porrúa, esta novela contó con la adaptación para el teatro de figura por un servidor y ALMUD Casa de los Títeres. La gira de presentación llegó a su segunda etapa en la región del Istmo y la Mixteca luego de visitar las zonas conurbadas de la capital oaxaqueña.

Acompañamos el trabajo de las Bibliotecas Móviles de la FAHHO, conocimos de cerca la dinámica de promoción de la lectura y participamos en las actividades de los promotores, convivimos con familias y comunidades, conocimos hermosos lugares y a personas ansiosas por reiniciar sus actividades después de los momentos difíciles del terremoto y la posterior pandemia que golpeó tan duramente la región del Istmo. En cada lugar que visitamos fuimos muy bien recibidos; al regresar nos sentíamos con el corazón feliz y lleno de la esperanza que nos transmitieron las hermosas sonrisas de los asistentes a las actividades. En las diferentes presentaciones pudimos darnos cuenta de su interés por conocer más, de una manera divertida, la historia de México y del Museo del Templo Mayor.

Este libro combina la frescura juvenil al contar una historia y el deseo de entrelazar aventuras fantásticas con datos históricos, nos estimuló la creatividad para dar vida y hacer saltar a Xolita de las páginas del libro mediante el lenguaje de títeres y marionetas junto a la narración oral. Así, somos testigos de la transformación de Pelusa y nos dejamos guiar por Yiniza, ahora transformada en una curiosa y valiente viajera. Ella nos cuenta cómo conoció a Moctezuma, cuando a nadie le era permitido, siquiera, mirarlo a los ojos. Nuestra protagonista también asiste al sinuoso movimiento de Quetzalcoatl y entrevé los destellos de sus plumas, atraviesa los canales que separan las chinampas y nos describe los palacios donde existían criaturas, seres fantásticos y muchas cosas más.

Este libro, que evoca la grandeza del imperio mexica, motivó a un servidor a crear títeres y marionetas talladas en madera de cedro, acción que quiere ser también un homenaje a las artes de México, a las mujeres y hombres que buscan mantener viva tantas tradiciones de un México lejano y puro, en el que la elaboración de los objetos era parte de un ritual que comprendía la vida en su totalidad.

Muchos jóvenes, niños y niñas con sus madres se acercaron a nosotros para expresarnos el gusto de haber escuchado los poemas de Nezahualcoyotl en los que es recreada la grandeza de México: por ejemplo, en Tequisistlán, donde Quetzal Ixchel y Mia nos compartieron su punto de vista; en Tehuantepec, una pequeña de 5 años nos aconsejaba cómo actuar; o el niño que quería escuchar también sobre el rey Cosijoeza, aquel conquistador del reino zapoteco de Tehuantepec.

Las aventuras de Yiniza y Xolita continúan durante el mes de junio: las marionetas visitarán comunidades de la Sierra Norte, Chicahuaxtla y Ayutla Mixes: consulta la cartelera. Este es un encuentro libre y gratuito para viajar al pasado de nuestra cultura, ¡no te lo pierdas!


Temporada de conciertos

Los jueves el tiempo se detiene, surgen la poesía y los amigos.
Antonio Deltoro

La temporada de lluvias ha iniciado oficialmente. Por las tardes, en la ciudad de Oaxaca, se dejan escuchar lejanos truenos que acompañan los chubascos propios de la época. En ocasiones, por la calle de Hidalgo o Independencia, a la altura del callejón San Pablo, esas tonalidades de la naturaleza tienen de fondo un lenguaje igualmente universal: la música. A diez años de que la Fonoteca Juan León Mariscal abriera sus puertas con el propósito de convertirse en un lugar de divulgación y estudio del sonido, hoy es cotidiano que cada jueves invite a los escuchas a presenciar la poesía de las melodías. Con grandes ensambles y su música de cámara o solistas que a capella reinterpretan la sonoridad que otros han compuesto; ya sea en el Atrio o el Claustro del Centro Cultural San Pablo, este espacio se transforma, cada semana, en el escenario perfecto que da lugar a la entonación de incontables composiciones.

Durante el mes de mayo, cuatro distintos ejemplos de interpretación se dieron cita para ofrecer conciertos: Ars Sonui Ensamble, formado por músicos profesionales provenientes del estado de Aguascalientes. Con un repertorio diverso de música de cámara (desde el Barroco hasta música contemporánea) ofrecieron un concierto de dos piezas de compositores franceses del siglo XX: Théodore Dubois y Jean Francaix; la Banda de Alientos de la Facultad de Bellas Artes de la UABJO; el guitarrista oaxaqueño Joan Jimy, interpretando piezas de variados compositores como del veracruzano Cutberto Córdova, del italiano Simone Iaranelli, del paraguayo Agustín Pío Barrios Mangoré, entre otros; y la Camareta de la Central de Abastos.

Afortunados de contar con la tecnología, pese a las inclemencias del tiempo o a la distancia geográfica, gracias al apoyo de la Coordinación de Comunicación de la FAHHO, la Fonoteca Juan León Mariscal y el Centro Cultural San Pablo transmiten en vivo cada uno de estos conciertos: así, no importa que no podamos asistir de manera presencial, tan solo con acceder a su perfil de Facebook y buscar la fecha del concierto, reviviremos el momento.

Los invitamos a consultar la Agenda de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca que anuncia las distintas actividades que la Fonoteca Juan León Mariscal y demás filiales organizan para todo el público. Este mes de junio se retomarán los Círculos de Escucha en la Fonoteca, espacios para reflexionar y disfrutar de piezas específicas, cuyo tema será “Formas musicales”; de igual manera, los días miércoles 7 y 21 se proyectarán las películas The songs remains the same y Queen Rock in Rio a las 17 h en la Capilla del Rosario.


La mantelería

Cada rincón de Oaxaca nos muestra la cultura que tenemos. Extranjeros, nacionales y locales se enamoran del arte popular que se elabora en cada comunidad que visitan, y el arte textil, con sus formas, texturas y colores, es sin duda un tesoro que nos muestra la habilidad de los grandes maestros y los estilos únicos que tiene cada taller.

Julio Abel Leyva Bourguet pertenece a la quinta generación que trabaja en telar de chicote. Este oficio familiar comenzó como rebocería en el barrio de Xochimilco; posteriormente, comenzaron a trabajar la mantelería y de ahí colchas, cojines, servilletas, y manteles, entre muchos otros artículos. No podemos dejar de hablar de los distintos tipos de labrados que se pueden elaborar: estos son diseños geométricos complejos y la técnica del pepenado, por ejemplo, consiste en hacer figuras de danzantes, grecas, letras y flores.

Uno de los recuerdos que guarda don Julio se remonta a la época en la que su abuelo trabajaba el telar y teñía las madejas con tintes naturales. En aquel entonces, la demanda textil no era mucha, así que los artesanos se dedicaban, a buscar los tintes naturales. Actualmente, los hilos se tiñen con anilinas que son tintes industriales.

Don Julio, preocupado por este gran oficio, ha enseñado a más de 80 personas que, con el paso del tiempo, se han independizado y han logrado preservar esta labor. Te invitamos a conocer el trabajo del maestro Julio en Andares del Arte Popular en Avenida Independencia 1003, centro.


Zarzuela Luisa Fernanda en apoyo al Teatro Macedonio Alcalá

Con más de cien artistas en escena y la participación estelar de la artista mexicana Olivia Gorra, este 8 y 9 de junio se presenta en el Teatro Macedonio Alcalá la zarzuela Luisa Fernanda, con el objetivo de recaudar fondos para el mantenimiento del legendario recinto oaxaqueño.

Gracias al apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, la puesta en escena vuelve a este majestuoso escenario catorce años después de haberse presentado por primera vez en la ciudad de Oaxaca.

Para la presentación en este 2023 cuenta con la presencia de los cantantes Genaro Sulvarán y José Luis Ordoñez; con James Demster en la dirección musical; integrantes de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca; el Coro de la Ciudad de Oaxaca y el Coro Maurice Ravel. La dirección escénica está a cargo de Leopoldo Falcón.

Luisa Fernanda es una comedia lírica dividida en tres actos, con música de Federico Moreno Torroba y libreto de Federico Romero Sarachaga y de Guillermo FernándezShaw Iturralde. Fue estrenada en el Teatro Calderón de Madrid el 26 de marzo de 1932. Se trata de la cuarta zarzuela de Torroba, considerada su primer y mayor éxito.

La obra narra la historia de Luisa Fernanda, una joven educada y culta que se debate entre el amor de Javier Moreno y el de Vidal Hernando. Ambos hombres representan dos extremos de carácter: por un lado, Javier es un militar guapo y superficial (con rasgos de un don Giovanni), mientras que Vidal es templado, maduro e incluso considerado un sabio. Como marco de esta historia tenemos los sucesos políticos de la época en boca de los mismos personajes; ambientada entre mayo y octubre de 1868, año de la revolución conocida como La Gloriosa, esta obra contextualiza un periodo considerado como convulso para la España de fines del siglo XIX.

Los invitamos a disfrutar de esta puesta en escena. Puedes adquirir tus boletos en la taquilla del Teatro Alcalá o en la página www.superboletos.com


Cuatro años con Tamayo

El contacto con el arte prehispánico y con las artes populares
me abrió un mundo. De inmediato, descubrí que la fuente para mi trabajo
estaba ahí, en mi tradición.
Rufino Tamayo

Han pasado casi cuatro años desde que el Museo Infantil de Oaxaca inauguró “Las Sonrisas de Tamayo”, nuestra segunda exposición didáctica. Ahora que nos encontramos preparando la nueva muestra que tomará su lugar, nos pareció importante detenernos un momento para recordar y reflexionar sobre el camino andado.

Así como todo lo que hacemos en el mio, “Las Sonrisas de Tamayo” nació del amor por las niñas y niños de Oaxaca, así como del sueño de abrir sus horizontes hacia la riqueza del patrimonio cultural y natural que nos rodea. En 2019, en colaboración con la Fundación Tamayo, arrancamos con una exposición en la que miles de pequeños han disfrutado y compartido –por medio del juego, el descubrimiento y la historia– días llenos de aprendizaje y diversión.

Muchas emociones surgen al hablar de esta aventura de color y patrimonio. Trabajar como educadora del Museo Infantil me ha enseñado qué tan importante es el arte en el desarrollo de la infancia. Y no solo eso. Saber que este es un lugar donde las niñas y los niños pueden hacer nuevos amigos, convivir con sus seres amados, disfrutar de sus abuelitos, acercarse a sus padres e incluso hacerlos parte de sus momentos de alegría son cosas que me llenan de una satisfacción enorme.

Siempre nos motiva ver sonrisas curiosas después de contar la historia del ferrocarril o de narrar algún relato acerca de nuestro querido ahuehuete. Pero, sobre todo, ha sido gratificante acompañar a los más pequeños mientras descubren el trabajo del maestro Tamayo a través del juego. En esta exposición aprendimos sobre formas y colores, pintamos retratos, hicimos grabado y exploramos las maravillas del arte prehispánico. Asimismo, gracias a todos los talleristas que se sumaron al proyecto, expandimos nuestra oferta hacia temas tan increíbles como la historia del cacao, los pigmentos naturales y la mixografía, gracias a esta última experimentamos con diferentes materiales para lograr texturas e impresiones sin igual.

Hace algunos días platicaba con nuestros visitantes sobre el significado que el MIO tiene para ellos. Con mucha alegría y sonrisas en el rostro me compartieron estas palabras:

A mí, me encanta vivir aquí, me siento con mucha energía y florezco cuando juego.
Killari, 5 años

Pintar con las acuarelas me gusta mucho.
Salma, 4 años

El día de hoy es la primera vez que regreso con mis nietos a este espacio. El día de hoy es la primera vez que regreso con mis nietos a este espacio. Es recordar el pasado, cuando viajaba en el tren con mi familia e iba de un lugar a otro. ¡Qué dicha el que las personas se reunieran aquí y en las paradas que hacía el tren durante su recorrido poder comprarle frutas a los comerciantes para nuestros familiares! Ahora, el que lo encuentre siendo un espacio en el que mis nietos puedan jugar y aprender me da mucha alegría.
Teresa Valdés, 80 años

Todavía no estamos listos para contarte todas las sorpresas que estamos preparando. Sin embargo, podemos adelantarte que el MIO seguirá siendo un espacio lleno de color y juego, de arte, alegría y recuerdos.

“Las Sonrisas de Tamayo” dio muchos frutos en esta etapa, y cada uno de los que hemos sido parte del proyecto estamos contentos y agradecidos por la inmensa oportunidad de crecer con él y de aprender a amar más a nuestro estado de la mano de sus niñas y niños.


Adabi: Dos décadas de retos y alegrías

¡Cuántas emociones nos surgen después de dos décadas desde aquella tarde en que Stella González, Jorge Garibay y la pareja Harp Grañén decidimos fundar una asociación que apoyara el rescate de la memoria de México! Fue un instante afortunado y luminoso que logró cambiar la realidad de cientos de archivos y bibliotecas abandonados para transformarlos en sitios dignos donde las voces del pasado cobraran vigor y se valoraran como bienes preciados. El amor a México, combinado con nuestras experiencias de vida, fue lo que nos motivó a actuar. Jamás imaginamos cuántos beneficios y amistades tejeríamos a lo largo de nuestro andar. No cabe duda de que la asociación Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México era una necesidad en nuestro país, pues a lo largo de estos 20 años hemos colaborado con más de mil instituciones públicas y privadas en diversos estados.

La vida nos dio la pauta, y nuestra familia creció en diversas ramas y coordinaciones: Bibliotecas y Libro Antiguo; Archivos Civiles y Eclesiásticos; Conservación, Restauración y Encuadernación; Fuentes Fotográficas; Difusión; Publicaciones y Administración. Esta última vigila rigurosamente que los recursos se apliquen con total transparencia en los proyectos. Por supuesto, todo bajo la autorización y supervisión de la Dirección General, liderada por la batuta generadora de orden, disciplina y bondad de la doctora Stella María González Cicero. Ella y nuestro muy querido Jorge Garibay† han sido las estrellas luminosas que nos han guiado en este andar para mostrarnos con su ejemplo que, ante cualquier adversidad, “todo sea por los archivos”; no hay proyecto, por difícil que parezca, que no pueda lograrse sino con voluntad, orden, metodología y profesionalismo. Esta ha sido la fórmula para redescubrir tantas palabras olvidadas.

Otro acierto ha sido que nuestros colaboradores son profesionales en su área y que cuentan con un código de ética y amor por su trabajo. Además, hemos dado otro paso importante: la capacitación de cientos de personas dedicadas al rescate de la memoria histórica, lo que ha generado que, en el país, cada día seamos más conscientes del patrimonio heredado. Así, Adabi transmite su pasión por recuperar las voces del pasado, comparte conocimientos y experiencias y promueve la recuperación de nuestros archivos y bibliotecas para ponerlos al alcance de la consulta pública.

Cuando rescatamos un archivo o una biblioteca surgen más solicitudes de apoyo y es tal la demanda para organizar fondos y colecciones de nuestros acervos nacionales, estatales, municipales, públicos y privados que decidimos incorporar nuevos equipos con presencia en la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca y Yucatán.

Ha sido un privilegio seguir, paso a paso, la conjunción de esfuerzos que han fructificado en estos 20 años: la organización de 668 archivos documentales; 83 colecciones fotográficas; la catalogación de cerca de 190 000 libros antiguos y nuestras 810 publicaciones sobre fuentes históricas. Cada una de estas tareas demuestra que la mística de nuestro trabajo anima a la comunidad a involucrarse en la conservación de sus propios acervos.

A lo largo de nuestro andar hemos encontrado ángeles guardianes que custodian el patrimonio, como si se tratara de un baúl heredado por nuestros antepasados. Estos guardianes atesoran las palabras escritas que nos hablan del tiempo transcurrido, nos permiten comunicarnos con nuestros ancestros y nos ayudan a comprendernos mejor. Esta red de amigos sensibles y personas interesadas en la salvaguarda del patrimonio es otro regalo que nos ha dado Adabi.

Nuestro trabajo es el motor que nos impulsa a seguir adelante en la aventura de conquistar más universos de palabras. ¡Felicidades, Adabi, por estos 20 años! Gracias a todas las personas, archivos y bibliotecas que hacen posible que sigamos unidos por la memoria histórica de México.


Salvaguarda del patrimonio documental y bibliográfico de México:Vestigios y permanencia

En el bagaje que acompaña los 20 años de la asociación civil Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México hay un periodo que antecede a las actividades esenciales emprendidas durante este tiempo. Se trata de otros veintitantos años de ejercicio de una servidora y un grupo de colaboradores cercanos en archivos y bibliotecas de fondos conventuales, históricos y del siglo xix en diversos estados del país.

Esa experiencia y conocimiento sobre estas entidades culturales son el fundamento de las primeras acciones de la asociación que nacería en 2003. Uno de sus pilares fundamentales es el trabajo en los archivos y las bibliotecas antiguas, cuyos antecedentes provienen, por un lado, de la capacitación de los colaboradores en archivos municipales, parroquiales y diocesanos, trabajo emprendido con anterioridad desde el Archivo General de la Nación, primero con el Registro Nacional de Archivos y más tarde en la dirección de esta institución, cuyas gestiones permitieron la creación del Fideicomiso para la Preservación de la Memoria de México. En materia de bibliotecas antiguas, la experiencia se gestó desde la dirección de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia mediante la catalogación de su Fondo Antiguo y de los fondos conventuales que conforman este acervo. Más de diez años en cada vertiente (1977-2003) nos enriquecieron para encontrar una verdadera vocación de vida que se consolidó con la formación de las coordinaciones que integran la actual asociación.

Desde entonces, las estadísticas demuestran el impacto de nuestra labor en el ámbito cultural en distintos puntos del país; se ha dejado huella al insuflar nuevos alientos de esperanza y revaloración en las personas e instituciones sobre la importancia de la conservación del patrimonio documental y bibliográfico.

Durante estos veinte años, Adabi ha encontrado nuevos caminos en respuesta a las solicitudes de apoyo que recibe de archivos federales, estatales, municipales, diocesanos, parroquiales, universitarios, de museos, de música, de fondos personales, entre muchos más; estos nos impulsan a abrir nuevos frentes en materia de capacitación, rescate, organización, conservación y preservación en diversos soportes. Entre los que hemos atendido se encuentran documentos en papel provenientes de distintos siglos, así como ejemplares fotográficos en vidrio, papel y plásticos; algunos códices coloniales en tela, papel y piel y obra pictórica en lienzo y lámina.

La diversidad de temas a atender nos muestra la necesidad de capacitación, lo que fomenta la formación de profesionales especializados que adquirieran experiencia mediante el ejercicio de las tareas archivísticas y bibliográficas, generando una vocación de vida para futuras generaciones.

Así, se ha capacitado a profesionales en México y en el extranjero con resultados de alta calidad en la preservación del patrimonio nacional.

Por otro lado, la labor editorial responde a la necesidad de mostrar y difundir la memoria custodiada en los archivos mediante herramientas de consulta, por lo que pronto tuvimos una página web y publicaciones con los inventarios de archivos y catálogos de las bibliotecas antiguas. Como resultado de la experiencia adquirida, se sumaron manuales al fondo editorial —de gran apoyo para quienes se dedican a estas tareas— y estudios históricos sustentados en el conocimiento del patrimonio documental que resguardan los archivos, dirigidos, sobre todo, a jóvenes profesionistas interesados en la conservación de la memoria del país. De esta manera, Adabi fomenta la prevención del daño en los acervos y difunde sus contenidos, teniendo como principal actor al investigador, quien traduce las fuentes primarias y contribuye para que la sociedad pueda conocer su historia regional.

Jorge Garibay y Stella González Cicero.

Nuestro décimo aniversario impulsó la difusión, sobre todo electrónica, de las actividades que desempeñábamos en el día a día, con la intención de ir más allá de nuestro ámbito, logrando una intercomunicación con archivos y bibliotecas del país y fuera de él.

Gracias a los medios digitales, como la página web y las redes sociales, interactuamos con mayor rapidez con investigadores, estudiosos, archivistas y bibliotecarios que, además, enriquecen el ámbito cultural al difundir los resultados de nuestras actividades y la labor de otros archivos de México y del extranjero.

Adabi es un sueño hecho realidad que ha dirigido sus esfuerzos hacia el trabajo intelectual y técnico que desempeñamos en cada uno de los proyectos emprendidos, pero, sobre todo, está enfocado en el corazón de cada uno de los que trabajamos con un mismo objetivo. Sin embargo, nuestra entrega, comprometida y generosa, resulta difícil de calibrar. Cada integrante de la asociación aporta de manera distinta al dar resultados positivos y satisfactorios pues trabajamos en equipo por conservar el patrimonio de México.

Adabi no solo ha crecido como institución, también ha profundizado y fortalecido sus raíces en cuanto al conocimiento, organización interna, espíritu de servicio y pasión en su entrega con cada compromiso adquirido. Su misión de servicio y colaboración se ha diversificado; sin embargo, su esencia sigue siendo la misma, así como su visión para que México tenga la memoria histórica que le corresponde y que enorgullezca a quienes conformamos esta nación.

Nuestra asociación ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales. Y hoy por hoy es menester reconocer que ello no se habría logrado sin todos los personajes que hacen posible que Adabi exista y permanezca.

Veinte años de caminar juntos nos dan confianza al contar con don Alfredo Harp Helú y doña María Isabel Grañén Porrúa, directivos de esta noble asociación y personal que día con día colabora con nosotros, además de los héroes que trabajan incansablemente desde otras trincheras y que nos abren las puertas de sus instituciones y de su corazón: ¡enhorabuena por su amor a México!


Tiempo dedicado al cuidado de la memoria

Si el tiempo encuentra su sentido en la eternidad,
entonces habrá que comprenderlo a partir de esta.
Martin Heidegger

Lo más importante del tiempo es lo que has hecho con él. Destinarlo a preservar y difundir la memoria de un municipio o un país es una labor digna de reconocimiento. Esa tendría que ser, por principio, una de las prioridades del Estado, pues sin memoria no hay destino. En México, por desgracia, no existe una cultura de conservación documental que lleve consigo la asignación de presupuesto suficiente para acciones de organización y mantenimiento de los archivos y bibliotecas. Esta fue la razón por la que hace veinte años se creó la asociación civil Adabi. El terrible abandono de invaluable documentación a lo largo y ancho del país generó en cuatro personas la conciencia y el compromiso por rescatarla, dos de ellas —la doctora Stella María González y el maestro Jorge Garibay†— con una trayectoria en instituciones públicas dedicadas a la preservación y difusión del patrimonio; ellos lograron motivar, gracias a su experiencia y un profundo conocimiento de la situación archivística del país, la participación del contador Alfredo Harp y la doctora María Isabel Grañén para coadyuvar en el cuidado de nuestra memoria histórica. Así surge Adabi, de este mutuo compromiso, de esta conciencia que ha dejado huella en múltiples instituciones, no solo en autoridades, sino en la valoración de los técnicos sobre su propio trabajo. Cuando surgió la asociación no existía la tan necesaria Ley General de Archivos —finalmente fue expedida en 2018— en la que se señalan los sujetos obligados a preservar nuestra memoria. Anteriormente, había que realizar una ardua labor de convencimiento para el rescate de los archivos.

En estos veinte años, Adabi se ha enfrentado a múltiples situaciones, ha entablado una comunicación enriquecedora y animosa con las autoridades y personas directamente involucradas en el cuidado del patrimonio, con quienes, a pesar del poco o nulo presupuesto, pero con entusiasmo, se ha logrado rescatar de ese abandono a la documentación: limpiarla, organizarla, guardarla apropiadamente y dejar un inventario que permita su consulta. En otras ocasiones, la asociación se ha topado con circunstancias menos afortunadas, donde los documentos se encuentran apilados en el suelo sin la menor protección o entre orines de ratas, heces de murciélagos, plagados de cucarachas, cerca de establos, debajo de tuberías a punto de romperse o, el caso extremo, en un cementerio: los documentos más valiosos de nuestra historia, las fuentes primarias, guardados en los lugares y condiciones más insólitos. A veces, incluso las personas responsables no llegan a dimensionar la importancia de la documentación que custodian. De todo hay, extremos positivos, negativos y muchos
puntos intermedios. Lo cierto es que diversas instituciones reconocen que hay un antes y un después de Adabi en materia de organización y conservación documental de los archivos.

Como parte de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca he sido testigo del largo caminar de sus filiales, entre ellas el de Adabi. La Fundación ha sido mi hogar y sus integrantes mis hermanos. Por ello, la invitación que me hicieron hace ya dos años para incorporarme al equipo de esta asociación fue una grata sorpresa. Adabi es una institución a la que le tengo, además de mi profundo respeto, un gran cariño. No solo porque siempre he sentido afinidad con sus objetivos y metas —reflejados en lo dicho líneas arriba—, sino porque en ella he encontrado a personas sumamente valiosas. En diversas ocasiones he festejado sus triunfos y he compartido la alegría que han provocado sus reconocimientos nacionales e internacionales, alguna exposición montada, un tesoro encontrado o la entrega de ejemplares de libros antiguos recién restaurados. El impacto de los frutos obtenidos en el país es verdaderamente sorprendente. Los mapas que presentaron en los festejos anteriores a estos veinte años dan cuenta de ello: una imagen sintetiza el esfuerzo de decenas de años de trabajo.

Como en las obras de Borges, la historia de la asociación conlleva múltiples relatos que se contienen unos a otros y donde todos los tiempos se conjuntan en uno solo. En el presente, Adabi rescata del pasado para mirar el porvenir, pero como diría Heidegger: “El tiempo solo existe como consecuencia de los acontecimientos que tienen lugar en el mismo. No hay un tiempo absoluto, ni una simultaneidad absoluta. El tiempo es aquello en lo que se producen los acontecimientos”. Esta última idea, que el autor retoma de Aristóteles, es justamente el motivo de la labor de Adabi: la recuperación de los acontecimientos que ocurrieron en determinado momento y que quedaron registrados en documentos y obras artísticas que milagrosamente permanecen hasta nuestros días. El ser en el tiempo, el ser ahí, el ser con otros. De ahí su incalculable valor.

Las acciones básicas pero constantes que ha realizado la asociación han marcado una diferencia significativa en el devenir archivístico de México. No cabe duda de que el rescate de archivos implica, por un lado, un fuerte compromiso y una clara conciencia histórica que permiten, en muchas ocasiones, hacer verdaderos sacrificios para salvaguardar el patrimonio. Por otro lado, demanda un interés genuino por preservar y dar a conocer esa documentación, por facilitar la investigación en términos de generar instrumentos de consulta que la hagan más inmediata, menos conflictiva.

Este incansable trabajo florece en productos concretos: archivos clasificados, documentos rescatados del olvido, libros ordenados o publicados, inventarios que dan cuenta del conjunto de hechos que resguarda un archivo: historias develadas que activan el interés por desentrañar los misterios que las acompañan. Es un verdadero honor formar parte de este equipo con una labor tan encomiable.


Archivos civiles y eclesiásticos: 20 años de atención

La Coordinación de Archivos Civiles y Eclesiásticos de Adabi tiene como objetivo apoyar el rescate de fondos documentales históricos. Como estrategia de acción, prioriza los archivos municipales y parroquiales, considerando estos dos tipos como importantes custodios de la historia regional; sin embargo, también colabora con instituciones públicas y con archivos privados.

La historia de nuestro país es difícil de entender sin considerar el patrimonio documental de la Iglesia. Cada uno de los 32 estados de la República mexicana, en sus municipios y diversos asentamientos poblacionales, encuentra muchas veces sus orígenes en una demarcación eclesiástica.

Las diócesis, las parroquias, los institutos de vida consagrada y las fundaciones eclesiales —escuelas, seminarios, bibliotecas, hospitales— cohesionaron durante varios siglos a los grupos sociales. Los documentos resguardados en sus archivos nos hablan de ese pasado, de las instituciones y de las personas que actuaron dando vida a sus convicciones de fe.

Si bien los documentos de la Iglesia desde siempre han sido apreciados por investigadores y estudiosos, los archivos que custodian estos tesoros carecían, hasta bien entrado el siglo xx, de una verdadera profesionalización y sistematización, evidenciada por la falta de una cultura archivística.

En 2003, Adabi optó por una decidida línea de acción: destinar recursos, formar personal especializado, crear alianzas y ejecutar proyectos viables para hacer eco de los esfuerzos que la misma Iglesia y otras instituciones habían desarrollado en favor de los archivos eclesiásticos.

Los logros a veinte años son alentadores. La labor de Adabi ha permitido mejorar las condiciones y promover la consulta de 450 archivos eclesiásticos mexicanos. Hoy día, la visibilidad de los fondos documentales de la Iglesia adquiere una incuestionable relevancia donde el panorama pasa de ser desolador a esperanzador. Las mismas evidencias de encontrar archivos organizados y descritos, dispuestos para su consulta, donde antes solo existían bodegas de papeles viejos, nos abren puertas para seguir sumando esfuerzos en nuestra fascinante tarea de rescatar y mejorar las condiciones del patrimonio eclesiástico de México.

En materia de archivos civiles históricos, que se encuentran depositados en las instituciones públicas y en el sector privado, nos enfrentamos a un rezago con las fuentes que constituyen el patrimonio documental de nuestra nación. Ante esta situación, Adabi ha atendido las necesidades más urgentes de estos fondos y delega el seguimiento de las acciones archivísticas a los custodios de los mismos. De esta forma, el trabajo inicial de la asociación es la base de las tareas consecutivas que generan un compromiso institucional a mediano y largo plazo.

En dos décadas de trabajo se han intervenido 218 archivos civiles, de estos, 176 son públicos y 42 privados. Hemos tenido oportunidad de apoyar, en el sector público, archivos de diversa procedencia: notariales, judiciales, educativos, estatales, de partituras musicales, además de los municipales, que son los más numerosos y vulnerables a su desaparición. En el sector privado se han apoyado colecciones, fondos personales y empresariales que tienen bajo su resguardo museos, patronatos y asociaciones civiles.

Nuestra presencia se ha extendido a 27 estados, resaltando los esfuerzos ejecutados en Puebla, Oaxaca y Ciudad de México, mientras que, en el norte, por la situación de violencia que se ha presentado desde hace algunos años, hemos hecho una pausa; sin embargo, no dejamos de atender las solicitudes de esa zona del país.

En estas dos décadas de constantes emprendimientos hemos contado con la colaboración de autoridades públicas de los tres niveles de gobierno, así como con universidades que se han interesado en que los historiadores en formación vivan la experiencia de la intervención de archivos y, en otras ocasiones, dando lugar a proyectos con la asesoría de Adabi. Respecto al ámbito privado, hemos colaborado principalmente con asociaciones civiles que custodian archivos de diferente procedencia que recurren a nosotros en busca de una atención profesional.

Los esfuerzos emprendidos son significativos no solo para quienes nos dedicamos a esta tarea, sino también para la sociedad en general y para nuestra historia regional. Aunque tal esfuerzo es un granito de arena para la historia de México, somos conscientes de lo amplio y diverso que resulta nuestro patrimonio documental, por ello buscamos legar para la sociedad de hoy y del futuro Archivos en el más extenso sentido de la palabra.


Adabi y los archivos eclesiásticos

Rescate del Archivo Parroquial de Santa Ana Atenantitech, Ciudad de México.

Mi iniciación en los archivos eclesiásticos fue hace más de cuarenta años, siendo subordinado de Stella María González Cicero y Jorge Garibay en el Archivo General de la Nación. Si bien al poco tiempo me retiré de la institución para dedicarme a organizar archivos de comunidades religiosas y de causas de canonización, con el paso del tiempo la amistad con ellos se consolidó, haciéndome partícipe de sus proyectos y trabajos.

Es por ello que conozco a Adabi desde su fundación, hace veinte años. Y tomando en consideración el reducido presupuesto con el que trabaja y el escaso personal contratado, los logros de la asociación son realmente sorprendentes, no solo en el rescate y organización de archivos y bibliotecas, también en las tareas de restauración de libros y documentos, las actividades formativas, de promoción cultural y el amplio programa editorial. Sin duda, buena parte de su éxito se debe a la preparación profesional y técnica de quienes colaboran ahí y al entusiasmo y dedicación de cada uno.

La labor de Adabi ha fomentado la toma de conciencia sobre la importancia de los archivos y el hecho de que un gran número de los inventarios sean publicados permite valorarlos en el contexto global del patrimonio documental del país. Los de la Iglesia católica, desde el punto de vista de la misma institución, son importantes por la utilidad pastoral que tienen y porque se Adabi y los archivos eclesiásticos George H. Foulkes trata de su memoria histórica. Son también fuentes invaluables para adentrarse en la historia social y política del país y comprender diversos aspectos de la vida mexicana. Cabe señalar que, al haber sido las parroquias y los párrocos el centro de la vida social de las poblaciones durante la época virreinal y el siglo XIX, en los archivos parroquiales pueden encontrarse datos imprescindibles y únicos de carácter local o regional.

En lo que se refiere a los archivos eclesiásticos, para su clasificación y organización Adabi aplicó los criterios y esquemas que Stella María González y Jorge Garibay habían fijado en la década de los ochenta en el Archivo General de la Nación. El gran acierto fue que quienes iniciaron y desarrollaron el proyecto estaban familiarizados no solo con la técnica archivística, sino con la doctrina, legislación y estructuras de la Iglesia católica. Ya en Adabi, esto generó confianza en la jerarquía eclesiástica e interés por los servicios ofrecidos por la asociación.

Hay que destacar que entre lo realizado por Adabi se encuentra el rescate, clasificación e inventariado de cientos de archivos parroquiales, algunos diocesanos y unos cuantos de comunidades religiosas. Los inventarios publicados por Adabi son, en apariencia sencillos, pero no por ello dejan de tener gran utilidad, pues además de ser instrumentos de consulta que proporcionan a los investigadores el conocimiento básico de los contenidos, sirven para el control de los acervos, algo que frecuentemente descuidan los responsables de los archivos.

Ramón Aguilera y Jorge Garibay, en su muy útil Teoría y técnica para organizar los archivos de la Iglesia (2010), escriben, al final de la introducción, que en el capítulo 4 se abocarán a “La aplicación de la teoría archivística en los diversos tipos de archivos: diocesanos, capitulares, parroquiales y de comunidades religiosas”. Sin embargo, la única mención a los archivos de comunidades religiosas es en la página 89, donde escriben:

El caso de los documentos de los archivos de órdenes y congregaciones religiosas y los capitulares o del cabildo eclesiástico, se trabajan de la misma manera que el diocesano. Las secciones de las órdenes y congregaciones religiosas son: gobierno y pecuniario…

Y habría mucho más que decir, con las bases ya sentadas, y quizás lo podamos hacer más adelante en otra sede.

El que Adabi trabaje poco con archivos de comunidades religiosas se explica por la pobreza de los acervos históricos, las confiscaciones por parte del Gobierno en distintas épocas y la destrucción durante las guerras civiles y persecuciones religiosas en los siglos XIX y XX. En el mejor de los casos, algunos restos pasaron a formar parte de los acervos de instituciones civiles, como sucedió con los archivos de la Orden de Frailes Menores. Por otro lado, en los archivos recientes, son comunes dos realidades: que las comunidades religiosas sean renuentes a que personas ajenas vean sus archivos mientras que otras no muestran aprecio alguno por los documentos que han dejado de tener vigencia administrativa.


El reconocimiento de un paradigma

Entrega del Premio Jikji de la UNESCO en Cheongju Corea, 2013.

Siete años habían transcurrido desde la creación de Adabi, en 2010, cuando le fue otorgado, por la Secretaría de Gobernación, el Premio a la Trayectoria en la Investigación Histórica para el rescate de Fuentes y Documentos Manuel González Ramírez. Propuesto por el Archivo General de la Nación para recibir este reconocimiento, Adabi no pretendía buscar la gloria y la fama por su trabajo, algo que la doctora María Isabel Grañén, presidenta de la asociación, catalogaría como una labor “callada y silenciosa” en el discurso de entrega del reconocimiento Clavis Palafoxianum en 2013. Esa llave simbólica de la Biblioteca Palafoxiana con la que se le reconoce como impulsora del rescate del patrimonio documental de México le indicaba a la comunidad, preocupada por la conservación de la memoria, que Adabi tenía ya un conocimiento profundo para acometer dicha labor, que también fue reconocida con el XV Premio Banamex Atanasio G. Saravia de Historia Regional Mexicana (2012-2013). Este galardón bianual refrendó la posición única de Adabi en su objetivo de coadyuvar al rescate y organización de archivos históricos y bibliotecas con libros antiguos.

En 2013, Adabi recibió su primer reconocimiento internacional, el Premio UNESCO/Jikji Memoria del Mundo, otorgado por el gobierno de Cheonju, Corea, mediante la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, lo que significó un hito no solo para la asociación, sino también para el premio mismo, pues era la primera vez que se daba a una instancia privada, además, también era la primera ocasión en que se le concedía a una organización del continente americano y que lo recibía una mujer.

Para respaldar todo este trabajo fueron enviadas a las oficinas de la unesco en París, por parte del Comité Memoria del Mundo México, las numerosas evidencias que acreditaban la labor de Adabi a lo largo de diez años en pro de la memoria de los mexicanos. Uno de los puntos clave para que este reconocimiento le haya sido otorgado fue la naturaleza de asociación civil, ya que el jurado consideró como insólita la proposición frente a los anteriores reconocimientos que se habían dado a proyectos de archivos nacionales de Europa y Asia. Como deferencia a Adabi, la asociación fue invitada dos veces más para participar en las mesas redondas paralelas al evento.

Premio a la Trayectoria en la Investigación Histórica para
el Rescate de Fuentes y Documentos Manuel González

El premio UNESCO/Jikji trajo consigo el Certificado de Excelencia por The Best in Heritage Conference, otorgado por el Consejo Internacional de Museos y la organización Europa Nostra; en ese momento, esta conferencia era la única encuesta de las prácticas premiadas mundialmente sobre museos y conservación. El jurado determinó que Adabi era un modelo internacional a seguir, de entre los cientos de nominados, por su papel al animar a las comunidades a involucrarse en la conservación y preservación de su memoria.

El último reconocimiento que le ha sido otorgado a Adabi ha sido la Presea “San Rafael Guízar y Valencia” por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano, organismo colegial de los obispos mexicanos, quienes por este medio dieron constancia del impacto de la asociación en torno al rescate y organización de los archivos eclesiásticos que van desde los parroquiales hasta los de congregaciones religiosas y arzobispados.

Si bien la labor de Adabi no está encaminada a obtener reconocimientos, sí ha considerado que son relevantes para, precisamente, “persuadir” a instituciones y personas acerca de la importancia de la memoria que resguardan, de lo vital de su organización y difusión y del impacto social que generan las buenas prácticas archivísticas dentro de la comunidad.

Adabi es una asociación como pocas en el mundo, y tenemos la certeza de que el ejemplo dado con la labor diaria puede considerarse un paradigma dentro del rescate de la memoria, no solo de México, sino de todos aquellos interesados en su patrimonio documental en donde quiera que se hallen.


Adabi Oaxaca

En Oaxaca se han organizado archivos desde 2005. Esas primeras intervenciones se hicieron de la mano del maestro Jorge Garibay, aunque de forma intermitente hubo otros equipos y proyectos apoyados desde Adabi que atendieron solicitudes de las parroquias y municipios hasta 2014.

En 2017, meses antes de que el proyecto de organización del Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado de Oaxaca terminara, Adabi y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca continuaban recibiendo solicitudes para la organización de archivos municipales y parroquiales; resultaba difícil atender las peticiones desde la capital del país; esta necesidad de atención a los archivos motivó a la doctora Stella González a integrar un equipo que se encargara, desde Oaxaca, de dichas solicitudes. La propuesta fue presentada para aprobación de la presidenta de la misma asociación y de la FAHHO, la Dra. Isabel Grañén, quien aceptó la conformación de este equipo.

El planteamiento se basó en la formación de una coordinación que funcionara administrativamente desde la FAHHO, lo que reduciría los costos, sobre todo de traslado, y permitiría emplear a profesionales con conocimientos y experiencia en la práctica archivística, formados durante seis años en el AGEO, proyecto de organización archivística sin precedentes en el estado y la asociación. Tener referencias de las diversas regiones del estado y conocer las formas para dirigir la atención hacia la pluralidad de gobiernos municipales y parroquias, o los usos y costumbres de cada comunidad hizo que este grupo fuera el apropiado representante de ambas asociaciones al interior del estado en materia de archivos. Bajo la dirección de la Dra. González este equipo quedó integrado a partir de julio de 2017.

Adabi Oaxaca tiene su sede en las instalaciones de la FAHHO. Durante sus primeros tres años atendió archivos parroquiales y municipales, especialmente los vinculados al ferrocarril, que se encuentran en las instalaciones del actual Museo Infantil de Oaxaca. Durante el periodo de resguardo sanitario catalogamos un fondo documental de la propia Fundación, brindamos asesoría y participamos en la estabilización de documentos y libros. Actualmente colaboramos en diferentes proyectos con el AGEO y tenemos programadas para el siguiente año varias solicitudes de organización de múltiples archivos al interior del estado.


Adabi en Puebla, un proyecto en marcha

Rescate de archivos municipales y parroquiales en Puebla.

La presencia de la Asociación en Puebla tiene sus antecedentes en el Fideicomiso para la Memoria de México del Archivo General de la Nación, que destinó recursos para atender las necesidades de organización de los archivos municipales. En 2003, una vez constituida, Adabi continuó con el trabajo emprendido al que se sumaron las primeras incursiones en los archivos eclesiásticos. Con el paso de los años, dicho proyecto se consolidó, y la permanencia que lo ha caracterizado ha dado resultados positivos a Adabi y al Estado, pero, sobre todo, a la sociedad.

Con la ejecución del mismo, hasta el momento se han intervenido en el estado de Puebla 190 archivos, 99 de tipo eclesiástico —principalmente parroquiales— y 91 civiles, entre los que destacan los municipales. Esto significa que se han rescatado fondos de distintas procedencias institucionales, lo que da noción del vasto patrimonio documental del estado. Como muestra de lo anterior, en una misma localidad se ha apoyado al archivo de la parroquia, el del municipio y de las juntas auxiliares, así como el del juzgado local, por citar algunos ejemplos.

Es evidente que nuestras acciones se han enfocado en atender las necesidades de las poblaciones del interior del estado, ya sean rurales o semiurbanas, que cuentan con un rico pasado depositado en sus archivos. Y es que Adabi en Puebla tiene la mirada puesta en las regiones y localidades que en repetidas ocasiones han quedado en el olvido por las autoridades, los recursos y la historia. En este sentido, nuestra actividad favorece, principalmente, el conocimiento del pasado, que hoy día es base para construir, formar y fortalecer la identidad.

Las acciones que realizamos en los fondos permiten saber qué documentos se poseen y la información que contienen, y a partir de ello motivar a la reflexión sobre la importancia de los archivos y de quienes están relacionados con ellos, como autoridades locales, voluntarios, secretarias, cronistas, es decir, la comunidad, reconociendo que esto último no ha sido tarea fácil y que continúa construyéndose.

La experiencia y práctica, resultado de la ejecución de este proyecto, evidencia que la labor de y por los archivos requiere de una colaboración. Por lo que a nosotros respecta, creemos en el compartir el conocimiento y la experiencia con aquellos que nos han apoyado, porque es de nuestro interés trascender y dejar una huella en quienes han tenido en sus manos documentos que han resistido al paso de los años. En este andar por el estado también hemos contado con aliados, quienes saben que eso que está en la bodega requiere atención.

La conjunción archivos-investigadores no se puede desligar de este proyecto, pues quienes forman parte de la academia se benefician al contar con archivos organizados que permitan la realización de estudios, tesis o artículos de temas civiles y eclesiásticos. Es sabido que los historiadores poblanos consultan los inventarios publicados por Adabi con fines de investigación, también que los estudiosos extranjeros se han acercado a nosotros solicitando orientación para la localización de información, aventurándose en el viaje hacia la población donde se encuentra el archivo de interés. Respecto al personal que ha formado parte de este proyecto, es notable el compromiso que ha asumido ante la gran encomienda de rescatar y organizar archivos de municipios o parroquias lejanas en condiciones de abandono: entraron para actuar de manera emergente con los conocimientos y actividades pertinentes, y concluyeron con la entrega de cada archivo en el tiempo estimado. Al inicio, el maestro Jorge Garibay lideró y capacitó al equipo que formó parte de este proyecto, mismo que, con la experiencia adquirida, intervino también fondos históricos de estados vecinos como Tlaxcala, Veracruz, Jalisco e incluso Sinaloa.

El camino recorrido por los archivos poblanos suma varios kilómetros, sin embargo, nuevos desafíos nos mantienen con paso firme. Al cumplirse 20 años de trabajo, el nombre de Adabi en Puebla es sinónimo de permanencia, constancia y resultados que se materializan en los archivos intervenidos que representan una parte del patrimonio documental del estado.


La memoria histórica poblana: Cuatro lustros de pasión

En memoria del maestro Jorge Garibay

Veinte años se dicen fácil, pero cuando se trata de un periodo en el que se suman acciones, proyectos de gran envergadura, resultados tangibles y personajes que coinciden en trabajo, entrega y pasión, el número se vuelve exponencial, no solo cuantitativa, sino cualitativamente.

Adabi celebra cuatro lustros de haberse conformado como una organización civil que se plantea la utopía del rescate de la memoria histórica del país. Sus cuatro pilares —don Alfredo Harp Helú, las doctoras María Isabel Grañén Porrúa y Stella González Cicero, y el siempre recordado maestro Jorge Garibay Álvarez†— ya habían coincidido años antes en su comprometida labor en el rescate de la memoria de México. La memoria histórica de Puebla, particularmente, es fiel testigo de ello, y el punto coincidente derivó del sismo que cimbró la ciudad en 1999, afectando gravemente la Biblioteca Palafoxiana. Don Alfredo y la Dra. Grañén cobijaron con su altruismo, generosidad y visión a esta biblioteca fundada por Juan de Palafox en 1646, con sus más de 45000 libros y manuscritos de los siglos XV al XIX, nominada Memoria del Mundo por la UNESCO en 2005. Allí inició la estrecha relación entre lo que más adelante sería Adabi y el vasto patrimonio cultural a resguardo del Gobierno del estado de Puebla.

A partir de la suma de voluntades y la pasión de Adabi por rescatar, catalogar, restaurar y preservar la riqueza documental de México, durante dos sexenios ininterrumpidos, la Fototeca Juan C. Méndez, la Fonoteca Vicente T. Mendoza, la Cinemateca Luis Buñuel, la Hemeroteca Juan N. Troncoso, la Biblioteca Palafoxiana y su taller de restauración, la Biblioteca Tola de Habich y los museos José Luis Bello y González y Casa del Alfeñique —colecciones únicas que resguardan de manera tangible el imaginario colectivo-cultural poblano—, fueron ordenadas bajo los más altos estándares con el objetivo de gestionarlos.

La pasión y esfuerzo de la doctora Stella González y del maestro Garibay trascienden la mera conservación de estas colecciones en consonancia con la afirmación de la unesco: los documentos cobran significado cuando crean lazos emocionales ligando a las personas con objetos, identidades y territorios. La labor de ambos en la formación de especialistas en el control y salvaguarda del patrimonio documental de Puebla es un ejemplo tácito e invaluable de ello. Sacudir lomos, mover y restaurar libros; estabilizar positivos, negativos e inventariar fotomontajes; encuadernar y microfilmar material hemerográfico; digitalizar medios sonoros; restaurar cielos rasos y códices y estar en contacto con alrededor de 200 000 piezas patrimoniales, permite valorar que el bien que se resguarda beneficiará a futuras generaciones, y que su utilidad trascenderá la mera investigación académica para convertirse en elemento de cohesión social. Esta concientización a largo plazo otorga al patrimonio documental su justo valor como memoria histórica y muestra su importancia para las sociedades actuales. Recuperar la memoria documental es una necesidad y un deber que reivindica su vigencia e importancia.

En Adabi confluyen afinidades y una persistente voluntad de esa recuperación. Sumar y enunciar el trabajo realizado es darle voz a los ausentes y a una memoria que busca estar viva y activa. La utopía del rescate del patrimonio documental y bibliográfico de México tiene en esta asociación un antes y un después. En Puebla, ese después se tornó en un círculo virtuoso con responsabilidad compartida, materializando la “pastoral cultural” que revirtió la siempre presente vulnerabilidad del patrimonio cultural.


Trascendencia de la catalogación del Archivo Histórico Judicial de Puebla

Documento del Archivo Histórico Judicial de Puebla.

El Archivo Histórico Judicial de Puebla es un corpus documental constituido por expedientes generados por las instancias que han administrado justicia a lo largo de la historia del estado, estructuradas de acuerdo con las necesidades del régimen establecido, adecuadas a ciertas realidades locales y con base en el derecho castellano e indiano, fundamentándose, posteriormente, en la Constitución Mexicana. El AHJP es uno de los repositorios más importantes para la historia de la región poblana, ya que contiene documentos que conforman la memoria del estado y fomentan el autoconocimiento y sentido de identidad; su acervo conserva documentos desde los momentos primigenios de la vida novohispana hasta los primeros años del México posrevolucionario.

Los documentos son fuente de conocimiento, aprendizaje de otras vidas y esquemas de antiguos comportamientos que revelan la manera en que se engarzaban las clases sociales. El Archivo Histórico permite conocer a la sociedad que lo creó, vislumbrar la vida cotidiana, sus costumbres y la manera en que se configuraron los pensamientos sociales; en él también encontramos a delincuentes y víctimas que convivieron con personas que los apoyaron o denunciaron, y que actuaron como testigos para que los amanuenses y escribanos perfilaran los comportamientos delictivos que servían a los jueces como fundamento para dictar sentencias.

Los expedientes se conforman por lienzos de hojas de algodón o de “trapo”, como se les designaba anteriormente, se caracterizan por sus letras procesales, encadenadas o manuscritas (ininteligibles para muchas personas), elaboradas con tinta ferrogálica, lo que les da un aspecto añejo y de gran belleza. Algunos de los legajos contienen ilustraciones que fueron realizadas a partir de delineado y achurado con lápiz o tinta, otros con imágenes en acuarela. Por medio de los dibujos de herramientas
y armas se da testimonio del avance tecnológico de los instrumentos ocupados para delinquir; desde este arte puede develarse que varios de los amanuenses podrían haber sido grandes maestros pintores, pero que prefirieron el camino de la justicia.

A partir del estudio de los archivos se revela el control impuesto por la religión y el Gobierno a las mujeres y hombres por medio de una sociedad vigilada con normas y leyes estrictas que castigaba cruelmente en busca del escarmiento público.

A principios del siglo XXI el AHJP fue uno de los muchos recintos que contó con el apoyo de Adabi, lo que permitió avanzar en el inventario, clasificación y catalogación de los documentos del siglo xvi y parte del XIX.

Este soporte que se recibió en el Centro INAH Puebla permitió conformar un equipo de trabajo que obtuvo los siguientes resultados: Catálogo de los expedientes del AHJP, siglo XVI; Inventario. Primeras décadas del siglo XIX, delincuentes en la intendencia de Puebla, 1801-1822 del AHJP; Catálogo de los documentos del ahjp 1823-1847 y Expedientes contenciosos 1848-1872 del AHJP.

Los trabajos de inventario, clasificación y catalogación que se realizan en la Sección de Historia posibilitan la actualización de la catalogación y mantienen la vanguardia de la archivística documental, aplicando la Norma ISAD G.

En el Centro INAH Puebla se atiende a las y los investigadores, estudiantes y población en general que busquen consultar el AHJP, el cual se esgrime como una fuente con datos duros sobre comportamientos sociales y una gran cantidad de información respecto a las personas, organizaciones, desarrollo social y económico, fenómenos naturales y hechos invaluables que plasman todas las facetas de la historia de la entidad.

También se han implementado visitas guiadas para grupos con la finalidad de difundir la vasta información del AHJP, y en la búsqueda de la concientización sobre su importancia, así como para una valoración más profunda por medio del entendimiento e interés en el patrimonio documental; pilares que permitirán su conservación y protección para las generaciones futuras.


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