Tratamiento de desinsectación en el templo de Santa María Tiltepec

Ejemplares que fueron sometidos al proceso de desinsectación. Fotografía: Acervo Adabi Oaxaca

El patrimonio documental y bibliográfico de orden eclesiástico, resguardado dentro de las comunidades oaxaqueñas, constituye una fuente invaluable para la historia religiosa y cultural de México. En este contexto, los misales y libros de coro conservados en el templo de Santa María Tiltepec representan un ejemplo no solo como objetos litúrgicos, sino como testimonios materiales de las prácticas devocionales y la tradición musical novohispana. Prueba de ello es el Graduale Dominicale, pieza destacada dentro de este conjunto de textos, cuya conservación exige la aplicación de intervenciones especializadas, como el tratamiento de desinsectación que se detalla a continuación.

Previo a la intervención, el personal de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova observó la presencia de infestaciones activas y daños asociados a insectos bibliófagos, organismos que afectan directamente el papel, las encuadernaciones y los adhesivos orgánicos. Estos agentes biológicos generan galerías, abrasiones y debilitamiento estructural del soporte documental, comprometiendo la integridad física y la legibilidad de los textos. Lamentablemente, este tipo de problemáticas se han vuelto recurrentes en archivos parroquiales que carecen de la infraestructura adecuada para la conservación, donde las condiciones ambientales inestables, la escasa ventilación y la acumulación de polvo favorecen la proliferación de estas plagas. Una vez detectado el problema, los ejemplares fueron resguardados en cajas de polipropileno para iniciar la etapa de cuarentena.

Al exponerse esta situación ante la coordinación de Adabi Oaxaca, se tomó la decisión de poner en marcha un tratamiento de desinsectación que estuvo a cargo del área de conservación y restauración. El procedimiento inició con la colocación de los materiales dentro de una pequeña cámara de fumigación de construcción rústica, seguida de la aplicación de un agente insecticida y una solución de agua y alcohol al 30% mediante nebulización, con el objetivo de erradicar insectos en todas sus fases (huevo, larva, pupa y adulto), procurando en todo momento la seguridad de los soportes documentales. Posteriormente, la cámara fue sellada herméticamente, dejando actuar el desinsectante durante tres días.

Transcurrido este tiempo, se llevó a cabo la limpieza mecánica de los ejemplares mediante microaspirado, eliminando polvo, serrín de carcoma y residuos biológicos, lo que contribuye a reducir los factores que favorecen la reaparición de estos insectos. Enseguida, los materiales fueron embalados en tela Tyvek® y almacenados nuevamente en cajas de polipropileno. De esta manera, se inicia la estabilización y preparación para una siguiente fase de intervención, que contempla procesos de restauración para algunas obras.

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Las acciones realizadas en los misales y libros de coro del templo de Santa María Tiltepec constituyen un ejemplo significativo de buenas prácticas en la salvaguarda del patrimonio bibliográfico. Sin embargo, es necesario considerar un proyecto integral que abarque todo el templo, ya que esculturas, retablos, muebles y el órgano presentan ataques activos de insectos xilófagos. Gracias al trabajo coordinado entre Adabi Oaxaca y la BIJC, fue posible detener procesos de deterioro biológico y estabilizar los materiales. Este tipo de iniciativas no solo preserva los objetos físicos, sino que protege la memoria histórica y la identidad cultural de las comunidades, garantizando que estos testimonios continúen disponibles para las futuras generaciones.


Contemporáneas: Casa de lectura y escritura

Integrantes del círculo de lectura Contemporáneas. Fotografías: Acervo de la BS Xochimilco

Los círculos de lectura son una pausa para descansar de los ritmos del mundo. Un lugar donde se transita otro tipo de tiempo: el del libro. A veces lento y ligero, como la poesía de Mary Oliver, o tempestuoso, como los huracanes de Fernanda Melchor, pero siempre a un ritmo acompañado, para que aquello que la lectura provoca, remueve o trastoca pueda ser dicho, habitado, reflexionado y digerido en colectivo.

Contemporáneas es un círculo de lectura y escritura donde el tiempo también transcurre a su propio ritmo: un remanso que se organiza por medio de la lectura en voz alta y la conversación. Desde noviembre de 2024, el círculo reúne a mujeres y disidencias sexogenéricas mayores de 15 años para leer, en su mayoría, a escritoras latinoamericanas contemporáneas y acercar sus obras a nuevas lectoras.

Las sesiones se sostienen por la lectura en voz alta como práctica central que deriva, a su vez, en el diálogo y la reflexión para pensar la experiencia propia y los contextos que se habitan. Otra experiencia primordial en cada sesión es la escritura, que se integra no como un ejercicio accesorio, sino como una forma de elaborar lo leído y producir una voz propia y, también, colectiva.

La elección de las obras que se socializan en el círculo de lectura entraña una labor especial. Al momento de seleccionar los textos se prioriza la obra de autoras históricamente relegadas, como El diario del dolor, de la mexicana María Luisa Puga, o Cuarto de desechos, de la brasileña Carolina María de Jesús, ambas de la Colección “Vindictas”, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Esto, con la intención de visibilizar sus aportes, ampliar el horizonte de lectura y reconocer su lugar en un mundo editorial encabezado principalmente por autores.

Actualmente, el círculo está conformado por mujeres de entre 19 y 65 años, lo que propicia un espacio intergeneracional donde convergen distintas experiencias de vida. Asimismo, las participantes provienen de ámbitos diversos: estudiantes, amas de casa y profesionistas, muchas de ellas del campo educativo, lo que ha permitido que las experiencias del círculo se trasladen también a otros espacios, como escuelas o comunidades de aprendizaje. Algunas de las asistentes son vecinas de la biblioteca o de colonias cercanas, otras hacen recorridos de hasta una hora para poder asistir.

A lo largo de diecisiete sesiones se han generado dos publicaciones colectivas: Contemporáneas: Noche de escritura para brujas, realizada en la sesión inicial, y Contemporáneas: Casa de escritura 2025, que es una compilación de los textos surgidos durante el año pasado. El vínculo se ha visto fortalecido por la asistencia continua de las participantes, lo que ha permitido dar seguimiento a los proyectos colectivos como las publicaciones, así como al gran objetivo de todo círculo de lectura: crear comunidad.

De la mano de Alexandra Rivera López, Contemporáneas se ha afianzado como un espacio donde la lectura y escritura no solo se practican, sino que se comparten y se ponen en relación con la vida cotidiana.

¡Larga vida a los círculos de lectura, a las lectoras y a los libros!


Poesía contra la desolación Elena Jordana en la Henestrosa

De manera simple podemos afirmar que una biblioteca es un acervo; es decir, un conjunto de bienes culturales —en este caso, libros— acumulados por tradición o herencia. El acervo de la Biblioteca Andrés Henestrosa se fundó hace veintidós años a partir de la colección del autor ixhuateco al que debe su nombre, a la cual se han ido sumando distintas colecciones que han enriquecido la diversidad literaria al servicio de nuestros lectores.

Es difícil precisar si los libros nos encuentran o si, por el contrario, somos nosotros quienes vamos a su encuentro. Lo que sí podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, es que dos caminos se cruzan en ese momento: el del libro y el del lector. Por una parte, está el trayecto del libro, que comenzó cuando el autor lanzó al mundo una obra derivada de lo más humano de su ser. Por otra parte, el lector, como sujeto, está atravesado por experiencias, conocimientos e intereses que determinan la afección que el libro ejerce en él.

El libro puede llegar a nosotros por múltiples vías: por recomendación de un lector aventajado, por la exploración del lector o, en una suerte de milagro, por el hallazgo. Adentrarse en una biblioteca exige estar preparado para la sorpresa y el encuentro. En este caso, el hallazgo se presentó mientras revisaba el acervo de la Colección Andrés Henestrosa: la obra de Elena Jordana (Buenos Aires, 1934), poeta argentina que, en 1971, antes de radicar en México, vivió en Nueva York, donde tomó talleres de poesía con Nicanor Parra y fundó una editorial cartonera a la que llamó Antiediciones Villa Miseria.

Antiediciones Villa Miseria procuraba la difusión de la expresión poética en soportes y formatos que transgredían las convenciones, recurriendo a materiales de bajo costo para materializar una poética propia. Hablamos de libros impresos en mimeógrafo y esténcil, con portadas de cartón reciclado y papel estraza o kraft en su interior, con tirajes de apenas 250 ejemplares y sin engrapar: sus páginas se sujetaban por un mecate delgado. La propuesta antieditorial de Villa Miseria se adelantó varias décadas a proyectos como Eloísa Cartonera, fundada en 2003 por el poeta Washington Cucurto, cuyos integrantes han sido considerados pioneros en el uso de cartón reciclado para la confección de libros.

En el acervo de la Biblioteca Henestrosa se encuentran dos de los cuatro poemarios publicados a lo largo de la vida de Elena Jordana: S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados. El primero fue publicado bajo el sello de Antiediciones Villa Miseria; el segundo obtuvo el Premio de Poesía Aguascalientes en 1978, convirtiendo a Jordana en la primera mujer en recibir este reconocimiento.

Tras obtener el Premio Aguascalientes, Elena Jordana fue entrevistada por el periodista Sergio Monsalvo. En esa conversación definió su obra de la siguiente manera:

Mi primer libro [S. O. S. Aquí New York] fue completamente negativo, crítico, destructivo; hacía pedazos todo lo que me parecía mal. Tenía entonces 25 años y me imaginaba como mujer de 50, vendiendo como histérica empleada de una tienda neoyorquina, o borracha en un parque o encerrada en mi cuarto. En ese entonces veía muy desolado mi futuro.

Y añadía:

No es que no haya seres humanos en Nueva York; es que están demasiado atrapados por el sistema, endurecidos, y hay poco espacio para las relaciones humanas verdaderas. En S. O. S. era la vida desolada, alienada, dura y angustiante de Nueva York. En Poemas no mandados están los antihéroes: el hombre que va a su oficina, que no es célebre en nada, que tiene tics por donde explotan las neurosis de su mujer, la indiferencia de sus hijos, el mal salario que le pagan en su trabajo. Está la mujer a la que ves con una cara desolada en una banca de Reforma, una mujer de 50 años de quien imaginas su pasado, pero sobre todo el futuro que le depara: la soledad.

Elena Jordana, con su poética cruda y desolada, captura las tensiones de un mundo marcado por la angustia existencial, la alienación y la lucha de los individuos por encontrar un resquicio de humanidad en medio de la rutina. S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados son dos ventanas a un universo sombrío y profundo, pero también constituye una crítica desgarrante de nuestra realidad, tanto personal como colectiva.

Al leer su obra, nos enfrentamos a un espejo que refleja nuestras propias ansiedades, pérdidas y pequeños actos de rebeldía frente a un sistema que a menudo parece aniquilar las relaciones genuinas y la esperanza. Su escritura nos invita, con un estilo singular y una mirada desencantada, a sumergirnos en el flujo de sus versos y a reconocer, acaso, algo de nosotros mismos en sus palabras.

Por ello, si deseas explorar la poesía de una de las voces más auténticas del siglo XX, te invitamos a acercarte a S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados. Estos poemarios no solo reflejan la lucha individual, sino que también convocan a repensar nuestra existencia, nuestra relación con el entorno y, sobre todo, con nosotros mismos. La Biblioteca Andrés Henestrosa pone a disposición de sus lectores estas obras literarias, que prometen abrir no solo nuevas rutas de lectura, sino también una comprensión de la poesía como acto de resistencia frente a la deshumanización.


Disputa sobre la enseñanza de la filosofía en México a finales del siglo XIX

Seguramente, la mayoría alguna vez hemos leído, visto o escuchado algo acerca de ciertos filósofos como Platón o Aristóteles, Descartes o Nietzsche, pero ¿siempre se han enseñado estos autores en las aulas? ¿Cómo era la enseñanza de la filosofía en el siglo XIX?

Dentro de la memoria histórica y literaria de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, uno de los textos que nos acerca a comprender la manera en que se impartía la filosofía en México, concretamente en Guadalajara, es la obra de Agustín de Rivera, titulada La filosofía en la Nueva España, o sea Disertación sobre el atraso de la Nueva España en las ciencias filosóficas precedida de dos documentos publicada en Lagos, Jalisco, en 1885. El autor comienza por presentar dos escritos oficiales, los cuales manifiestan la manera en que la ciencia física —conocida entonces como filosofía natural—, del plan de estudios de la Facultad de Filosofía en el Colegio de Santo Tomás —actual Biblioteca Octavio Paz— y, seguramente, en el Seminario Conciliar de San José en Guadalajara, presenta un notable atraso en comparación con los desarrollos modernos de la ciencia en Europa, dejando de lado a España y a lo que en algún momento fueron sus colonias.

En ambos documentos se hallan evidencias claras de una instrucción fuertemente “escolástica”, es decir, que la terminología y los razonamientos que se impartían en las asignaturas de las facultades de filosofía —física, metafísica, ética y lógica— contenían en sumo grado nociones de la metafísica tradicional, tales como substancia, esencia, acto y potencia, materia primera, principio, etc. Estos conceptos son esclarecidos en el primer escrito que presenta la obra — Programa de un acto público de Física, que hubo en el Colegio de Santo Tomás de los jesuitas de Guadalajara, de 1764—, mientras que en el segundo —Titulo y cinco proposiciones del programa de un acto público de Toda Filosofía, en el Seminario de Guadalajara, de 1798— se refiere la manera en que algunas de estas nociones pueden explicar los fenómenos naturales en la realidad. Empero, la firme crítica contra esto comienza a partir de que estas ideas y sus conclusiones son observadas como arcaicas e inaplicables, al menos dentro del panorama científico al que se enfrenta el conocimiento en un ya recorrido siglo XIX.

Ante este contexto, la respuesta de Rivera —sacerdote nacido en Lagos, Jalisco, con una importante formación en jurisprudencia en lo que hoy es la Universidad de Guadalajara, el Seminario Conciliar de dicha ciudad y gracias a su gran labor en el estudio de la ciencia moderna— es contundente, pues es consciente de la realidad que domina el marco científico moderno: la Revolución Científica iniciada por Copérnico y que, continuada por muchos otros hombres y mujeres de ciencia, llega a cierta madurez con la física newtoniana. En este sentido, su empresa se centra en presentar y evidenciar, por medio de varios estudiosos de renombre, científicos importantes, citas de los santos padres de la Iglesia, papas, virreyes, concilios y textos sagrados, la decadencia que presentan los contenidos en los planes de estudio donde se imparte la filosofía.

La discusión desarrollada en la primera parte del texto se centra en la recopilación de varias opiniones de ilustres doctores en distintas artes y ciencias, en su mayoría españoles, pero también estudiosos mexicanos, entre algunos de los muchos citados figuran: Adolfo Llanos y Alcaraz, periodista, militar y escritor español; D. Niceto de Zamacois, poeta, historiador y periodista; fray Ceferino Gonzales y Díaz Tuñón, arzobispo español y profesor universitario en Ciencias Naturales; Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, religioso benedictino, ensayista y erudito de gran preminencia, español de nacimiento. A partir del Teatro crítico universal, de este último autor, se realiza una disertación analítica en el área de la física, la lógica y la metafísica.

Cabe señalar que la selección de los discursos intenta evitar una crítica dentro de la región, para que sea el juicio externo y público el que califique el grado de actualidad respecto de la cuestión filosófica. Así, no queda excusa de los pormenores que puedan advertirles los eruditos de otros países en la materia mencionada, y que son evidentes dentro del texto.

La estructura del libro consiste en una portada tipográfica con el título de la obra y el nombre del autor, el año y el lugar de publicación, además, se atribuye la tipografía a Vicente Veloz González y la impresión a Ausencio López Arce, quien es amigo del autor, según se menciona en otro lugar de la obra. Al final del libro se hallan un índice analítico y uno alfabético. No contiene colofón. Una peculiaridad de este maravilloso ejemplar es que cuenta con una disertación del autor sobre la problemática de la imprenta en Jalisco durante la época novohispana y los años siguientes, dejando en claro que existen muchas confusiones y posibles registros inexactos sobre distintas publicaciones, así como la necesidad de más imprentas en un lugar tan abundante de eruditos.

En definitiva, este texto de Agustín Rivera pone en marcha un cuestionamiento que sigue vigente en nuestros días, especialmente tomando en cuenta los avances y pormenores de nuestro mundo actual: ¿Qué tan beneficioso ha resultado abandonar la visión antigua del mundo desde la filosofía cristiana, para adoptar la modernización teórica?


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