En él se asienta, ahonda y edifica, cumple una edad amarga de silencios y un reposo gentil de muerte niña, sonriente, que desflora un más allá de pájaros en desbandada. José Gorostiza, Muerte sin fin, 1939
Carlomagno Pedro Martínez (1965) nació en la comunidad zapoteca de San Bartolo Coyotepec, en los Valles Centrales de Oaxaca. De familia de artistas y cobijado por las leyendas de su abuela Herminia, desde muy joven comenzó a trabajar con la escultura. Bajo la tutela del artista Roberto Donís, se incorporó al Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo para formar parte de la primera generación del llamado movimiento plástico oaxaqueño.
El legado del gran artista e ilustrador hidrocálido José Guadalupe Posada (1852-1913), especialmente con su célebre Calavera garbancera o Catrina, resulta señero en la obra del maestro.
Reconocido con premios nacionales e internacionales, su trabajo se centra en las tradiciones fundacionales de la cultura mexicana. Como portavoz de grandes creadores de la comunidad de San Bartolo, esta vocación se ve reflejada en la creación y permanencia del Museo Estatal de Arte Popular de Oaxaca —sito en dicha comunidad—, donde se hilvanan motivos, historias, mitos y costumbres de las ocho regiones del estado en textiles, barro, cantera, hojalata y almas de alebrije.
Borrachos, plañideras, catrinas, barqueros y Tzompantli en la exposición del Centro Cultural San Pablo. Fotografías: Acervo de Comunicación FAHHO
Borrachos, plañideras, catrinas, barqueros y Tzompantli en la exposición del Centro Cultural San Pablo. Fotografías: Acervo de Comunicación FAHHO
Borrachos, plañideras, catrinas, barqueros y Tzompantli en la exposición del Centro Cultural San Pablo. Fotografías: Acervo de Comunicación FAHHO
“El muerto al pozo y el vivo al gozo”, exposición que actualmente tiene lugar en las salas de vestigios y capitular del Centro Cultural San Pablo, reúne casi cuarenta piezas en torno al binomio vida-muerte que, desde tiempos muy antiguos, forma parte de nuestra memoria colectiva. Paseantes, plañideras, catrinas, borrachos, barqueros, animales, ángeles y demonios deambulan por estos lares terrenales con la consigna de que pueden volver en la fiesta de los difuntos. Al tiempo, tzompantlis o muros de cráneos se acompañan de representaciones de la madre tierra primigenia, como nueva Tlatecuhtli o Coatlicue, quien nos recuerda que, en la cosmogonía de los ancestros, todo forma parte de un mismo ciclo.
En cuatro núcleos temáticos: La jocosa muerte, Muertos de maíz, Regresan los difuntos y Tzompantli, los públicos encontrarán un recorrido visual en las grandiosas obras del maestro Carlomagno Pedro Martínez, artista de mirada lúcida, manos de tierra y corazón de barro negro.
Exposición “Las vías del progreso”. Fotografía: Acervo de Adabi Oaxaca
Exposición “Las vías del progreso”. Fotografía: Acervo de Adabi Oaxaca
Exposición “Las vías del progreso”. Fotografía: Acervo de Adabi Oaxaca
El pasado 3 de mayo se inauguró la exposición “Las vías del progreso”, ejecutada de manera conjunta por el Archivo General del Estado de Oaxaca, Adabi Oaxaca y el Museo Infantil de Oaxaca. En dicho evento, se presentó parte del legado del Lic. Manuel R. Palacios Luna derivado de su gestión como gerente general de los Ferrocarriles Nacionales de México (1946-1952).
En esta muestra se destacó el despliegue de 30 impresiones fotográficas seleccionadas del apartado fotográfico del fondo personal de este destacado oaxaqueño. Estas constituyen un testimonio visual único de las obras de modernización ferroviaria del país: desde la construcción de vías y puentes hasta la remodelación de talleres y estaciones, pasando por escenas en las que comunidades locales, obreros e ingenieros participaron en las obras. Cabe destacar que estas acciones son evidencia de la ejecución del Plan Alemán que impulsaba la renovación de la red ferroviaria mexicana con la implementación de la vía ancha y el cambio de locomotoras de vapor a diésel. En este contexto, es posible establecer el valor individual de estos ejemplares, porque son el complemento ideal para comprender muchos de los pasajes que se pueden examinar en el fondo personal documental Manuel R. Palacios Luna.
Ahora bien, más allá de que la fotografía es un medio técnico de registro, constituye un patrimonio cultural invaluable: cada imagen fotográfica encierra información histórica, estética y social que se vuelve testimonio insustituible del tiempo. Sin embargo, la naturaleza material de su composición y de los procesos fotográficos las hace susceptibles al deterioro, y esta colección de más de 2000 fotografías no fue la excepción. Por ello, la conservación y restauración fotográfica requieren de un enfoque integral que abarca desde el diagnóstico hasta la implementación de medidas preventivas de resguardo.
Después de una valoración exhaustiva del material fotográfico del fondo Palacios, se constituyó un plan de trabajo que encabezó la especialista en conservación y restauración fotográfica del AGEO, Marlen Vera Ruiz. El punto de partida fue el diagnóstico, que constituyó el análisis pieza por pieza del material. Esto implicó identificar el tipo de técnica fotográfica (plata gelatina), tipo de soporte (primario, secundario), factores de deterioro (polvo, roturas, dobleces, deformaciones, abrasión, craqueladuras, faltantes, amarillamiento, manchas por humedad, ataque de insectos, ataque de microorganismos), estado actual del material y tratamientos a realizar.
Una vez concluido dicho análisis, se pudo constatar que las fotografías presentaban diversos daños que comprometían su integridad física y, en algunos casos, la lectura de la imagen, por lo que fue necesario recurrir a algunos procesos de conservación y restauración. El más complicado fue la corrección de plano ejecutada por la especialista que, a decir verdad, abarcaba casi un tercio de los ejemplares. Además, es preciso destacar la limpieza mecánica para eliminar polvo, partículas y manchas superficiales. También se llevó a cabo la consolidación de emulsiones mediante adhesivos reversibles y gelatina grado fotográfico aplicados bajo lupa. Finalmente, se realizó la reintegración física por medio de refuerzos e injertos de papel japonés, utilizando adhesivos neutros y soportes secundarios que devolvieron la estabilidad al material sin alterar su lectura visual.
Cada ejemplar fue protegido en sobres —guardas de primer nivel— de papel libre de ácido y, posteriormente, fue acomodado en cajas de polipropileno —guardas de segundo nivel—, confeccionadas por la especialista Marlen Vera Ruiz y su equipo de trabajo.
En conclusión, hoy este acervo está protegido y abierto al público gracias a un paciente trabajo de conservación, estabilización y, más recientemente, digitalización, procesos realizados durante más de tres años bajo diversas circunstancias y pese a múltiples dificultades. Así, no solo se preserva la memoria de un ilustre personaje oaxaqueño, sino también una parte esencial de la historia de uno de los principales medios de transporte que surcaron los caminos de México.
Participantes de la colcha colectiva. Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Participantes de la colcha colectiva. Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Participantes de la colcha colectiva. Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
A finales de 2024, el Museo Textil de Oaxaca fue invitado por la FAHHO Itinerante a participar en un viaje muy especial. No era un viaje con maletas ni boletos, sino con madejas de hilos, agujas que parecían pinceles y tintes naturales que guardan los secretos de flores, raíces y cortezas. Este viaje tuvo como destino escuelas, patios y plazas de diferentes comunidades de Oaxaca, donde las infancias los esperaban con mucha curiosidad.
FAHHO Itinerante es un programa de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, cuyo propósito es llevar actividades gratuitas a distintos pueblos y barrios del estado. Se trata de una caravana cultural que viaja ligera, pero que llega a cada destino cargada de posibilidades gracias al esfuerzo de filiales hermanas como las Bibliotecas Móviles, la Casa de la Ciudad, el Museo Infantil de Oaxaca, el Museo de la Filatelia de Oaxaca y, por supuesto, el Museo Textil de Oaxaca.
En este recorrido, las alianzas con educadores, representantes comunitarios y autoridades locales han sido fundamentales. Gracias a ellos, las actividades llegan a buen puerto: los salones de clase se convierten en talleres, los patios se transforman en telares colectivos y las bibliotecas se llenan de hilos de colores.
En lo que va de 2025, dos comunidades de los Valles Centrales han abierto sus puertas y sus vidas a esta experiencia: Teotitlán del Valle y San Francisco Lachigoló. Allí la niñez ha descubierto que los hilos no solo sirven para coser ropa, sino también para dibujar caminos; que las cuentas brillan como estrellas en miniatura; que los estampados son huellas de flores y figuras que parecen cobrar vida; y que el telar es una ventana hacia mundos de colores infinitos.
Las actividades no se viven como clases, sino como juegos. Cada puntada es un reto, cada estampa una sorpresa, cada tejido una historia compartida. En los ojos de la niñez se refleja el asombro de descubrir que, con paciencia y creatividad, sus propias manos son capaces de dar lugar a la belleza.
Pero el viaje no termina en cada taller. El objetivo común de las filiales por medio de la FAHHO Itinerante es crear una gran colcha didáctica, compuesta por fragmentos que representan las distintas actividades creadas para las infancias. Esta colcha será mucho más que una manta: se convertirá en un mapa colectivo de experiencias, un diario textil para resguardar la memoria de juegos, aprendizajes y descubrimientos.
Cada retazo contará una historia: la alegría de quien aprendió a enhebrar por primera vez, el orgullo de quien terminó un tejido sencillo pero hermoso, la mirada curiosa de quien estampó una flor sobre tela. Juntos, esos retazos formarán una obra que abraza, enseña y recuerda.
Son estas experiencias las que hacen especial a este proyecto, el cual se ofrece de manera gratuita, porque cuando la cultura se comparte sin barreras, se convierte en semilla fértil. En cada actividad, las infancias aprenden mucho más que una técnica: descubren la importancia la paciencia de la creación, el trabajo en comunidad, y la alegría de aprender jugando.
El MTO y la FAHHO Itinerante nos recuerdan que las infancias no solo merece espacios de cuidado, sino también de inspiración. Sembrar en la niñez el amor por la cultura es una manera de asegurar que las tradiciones continúen vivas, renovadas y luminosas.
Cada visita, cada taller, cada juego con hilos y tintes naturales deja una huella. El MTO continúa su andar convencido de que estos viajes no son un destino, sino un camino que seguirá creciendo. Y en ese camino lo más valioso no son los materiales ni las técnicas, sino la certeza de que el arte textil puede convertirse en puente: un hilo que une a la tradición con la infancia, al juego con la memoria y a la comunidad con la esperanza.
Porque, al final, los hilos no solo sirven para unir telas, también sirven para unir corazones.
Al principio parece una sala de museo como cualquier otra: vitrinas, luces tenues y cerámicas que parecen guardar secretos en su silencio. Pero al cruzar la pirámide todo cambia. De pronto, Monte Albán se enciende en colores y risas. Niños trepando, construyendo templos diminutos, tejiendo en colectivo, cocinando con ingredientes de juguete. La ciudad antigua se vuelve un patio vivo, donde el pasado no se mira a través de un vidrio, sino que se toca, se arma y se reinventa. Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿cómo se diseñó un espacio en el que aprender es casi lo mismo que jugar?
“El Reino de las Nubes” es la cuarta exposición didáctica del Museo Infantil de Oaxaca y nació con una ambición clara: compartir con la niñez oaxaqueña los valores esenciales de Monte Albán y la civilización zapoteca. No se pensó como una sala solemne, sino como una ciudad viva, dividida en barrios. En cada uno se explora un universo distinto: los oficios de los artesanos, la arquitectura y el urbanismo, la comida, la medicina tradicional y la agricultura, la astronomía prehispánica, el juego de pelota, la religión y la espiritualidad. Todo está diseñado para que niñas y niños de cero a trece años encuentren algo qué hacer, ya sea competir, crear, colaborar o simplemente imaginar.
El mayor reto era este: lograr que el juego fuera intuitivo. Que no hiciera falta un manual ni un adulto explicando siempre las reglas. La idea era que los niños entendieran qué hacer apenas acercarse, guiados por la curiosidad, los colores y las formas, sin necesidad de instrucciones complicadas. Diseñar para la infancia implicó pensar en movimiento, en interacción constante y también en seguridad, para que cada actividad pudiera disfrutarse libremente, sin barreras ni temores.
Gran parte de los juegos, experiencias y contenidos de la exposición nacen de una idea muy sencilla, pero poderosa: Aunque Monte Albán es un símbolo enorme para Oaxaca, pocos imaginamos cómo era la vida diaria en esa ciudad. Para darle forma a esa visión, además de la investigación histórica, se creó un Consejo Infantil de Diseño: un grupo de diez “expertos” de entre nueve y once años que compartieron con nosotros sus maneras favoritas de divertirse en un museo. De sus ocurrencias surgieron ideas maravillosas, propuestas que a los ojos de un adulto podrían parecer disparatadas, pero que resultaron esenciales para conectar con el público infantil y aprender jugando.
El proceso creativo fue un verdadero trabajo en equipo entre diseñadores, museógrafos y educadores del museo. Para empezar a generar ideas, visitamos la zona arqueológica de Monte Albán y otros museos especializados en el tema con la intención de observar cómo se contaba ahí la historia. A partir de esas experiencias, cada integrante del grupo aportó miradas distintas: unos se enfocaron en la estética de los espacios, otros en la claridad del mensaje y otros en cómo facilitar la participación de los niños. El proceso se parecía a un taller de juego colectivo: bocetos en servilletas, referencias de juguetes tradicionales, adaptaciones de juegos modernos. Desde el principio teníamos claro que los niños debían tocar, mover, transformar. Esa fue nuestra regla de oro.
Los prototipos se probaron con el Consejo Infantil. Ahí llegaron muchas sugerencias que lo cambiaron todo: “Que los punzones de hueso suelten tinta para simular sangre de sacrificios”, “que se puedan usar máscaras para ser como dioses”, “faltan ingredientes para los tamales”. Cada propuesta nos confirmó que íbamos por el camino correcto y que, al involucrar a los niños en el proceso, estábamos logrando diseñar un museo verdaderamente pensado para ellos.
Los materiales también se escogieron con esa lógica. Había que crear objetos seguros y resistentes, pero que fueran capaces de conservar la textura y el encanto de lo artesanal. Maderas ligeras, textiles coloridos, superficies fáciles de limpiar. Todo pensado para que los módulos fueran llamativos y accesibles, para que se sintieran reales sin ser peligrosos, y para que el juego pudiera fluir sin límites.
Cada módulo fue concebido de tal manera que el aprendizaje suceda de forma natural por medio del juego. Un rompecabezas armable del “plato del buen comer zapoteco”, con el que los niños descubren la dieta prehispánica; una adaptación del tenis de mesa inspirada en el juego de pelota, que enseña tanto la dinámica física como su sentido ritual, político y social; una tumba a la que se puede bajar para comprender la importancia de los rituales destinados a los muertos; un telar colectivo donde, al mismo tiempo, muchas manos tejen y descubren los principios básicos del tejido. En todos los casos, la idea fue transformar temas complejos en experiencias vivas y memorables.
Desde la inauguración, el pasado 14 de septiembre, hemos tenido la oportunidad de ver cada módulo en acción. Decenas de niñas y niños han explorado la exposición, apropiándose de los espacios y llevándolos hasta sus propios límites. Algunos inventan reglas nuevas, otros combinan juegos y muchos simplemente se dejan llevar por la emoción de descubrir. Lo cierto es que todos se divierten, disfrutan y, sin darse cuenta, aprenden en cada actividad. La exposición no solo les ofrece maneras de jugar, sino que abre la puerta para que ellos mismos imaginen nuevas formas de hacerlo.
“El Reino de las Nubes” nos recuerda que los museos no tienen que ser silenciosos ni solemnes para enseñar; también pueden ser espacios llenos de risa, movimiento y asombro. En cada barrio el juego se convierte en una llave para entender mejor el legado zapoteca y, al mismo tiempo, en una oportunidad para convivir, crear y descubrir. La invitación está abierta para que familias enteras vivan esta experiencia: el Museo Infantil de Oaxaca te espera de martes a domingo, de 11 de la mañana a 6 de la tarde, para recorrer juntos esta recreación de Monte Albán llena de vida, donde aprender es tan natural como jugar.
Con dos funciones abarrotadas, Relatos desde la penumbra se ha convertido en una de las propuestas culturales más atractivas de la ciudad. El ciclo, organizado por la Biblioteca Francisco de Burgoa en colaboración con el programa Seguimos Leyendo de la FAHHO, ofrece lecturas dramatizadas que devuelven a la voz oral el poder de reanimar la historia y la tradición.
El ciclo inició el 29 de agosto en la Biblioteca Burgoa, donde los pasillos históricos se llenaron de voces que revivieron antiguas leyendas de Oaxaca. Posteriormente, en la presentación del 12 de septiembre llevada a cabo en el Centro Cultural San Pablo, la respuesta del público volvió a ser contundente, registrando un lleno total que confirmó el interés por este formato innovador.
La actividad destaca por ofrecer una experiencia distinta: los asistentes escuchan relatos inspirados en el acervo documental de la Biblioteca Burgoa y en las tradiciones orales oaxaqueñas, presentados por narradores voluntarios que logran transmitir la riqueza histórica y literaria en un ambiente íntimo y cautivador.
El éxito de ambas funciones refleja tanto la calidad artística de las adaptaciones como la creciente demanda de propuestas culturales que acerquen al público al patrimonio documental y narrativo del estado. Así, Relatos desde la penumbra amplía la oferta cultural de Oaxaca, fortaleciendo el vínculo entre comunidad, historia y palabra viva.
Agradecemos de manera especial a las siguientes personas: la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, la Lic. Penélope Orozco y la Mtra. Elvia Acosta de la Biblioteca Burgoa; al equipo de Seguimos Leyendo: la Dra. Socorro Bennetts, la Lic. Gabriela Rubielas y a los lectores Uriel Chávez, Fabiola Zubieta, Julia Remedios, Cecilia Morales, Eduardo Navarro y Edgar Olmedo; así como al Mtro. Alan Vargas, por su trabajo en el guion. Gracias por su invaluable apoyo y colaboración en este proyecto.
En suma, con dos llenos totales y un recibimiento entusiasta, el proyecto confirma su relevancia dentro de la agenda cultural de la ciudad y se perfila como un espacio imprescindible para seguir explorando la memoria colectiva desde la voz de sus narradores.
Las danzas de Juxtlahuaca, específicamente la Danza de los Diablos, se celebran durante la fiesta patronal de Santiago Apóstol.
La historia de Alejandro Jesús Vera Guzmán, maestro en la talla de máscaras, inicia con un pequeño Alejandro —de tan solo tres años— jugando a tallar un huesito para simular una máscara, una de esas imponentes piezas que dan vida a las danzas de su pueblo natal, Santiago Juxtlahuaca. Como todo juego, este también era simbólico: el pequeño Alejandro, embebido y maravillado por la música de viento, el ritmo de la chilena mixteca, el golpe del chicote y los trajes de chivarras, no hacía otra cosa que recrear ese entorno gozoso. Esa simple muestra de manipulación de un huesito llevaba impresa toda la fuerza de su herencia cultural y su genuina creatividad. Ese pequeño gesto creativo encapsuló, para el porvenir de Alejandro y su comunidad, las prácticas culturales de la talla y la danza.
Las danzas de Juxtlahuaca, específicamente la Danza de los Diablos, se celebran durante la fiesta patronal de Santiago Apóstol, el 25 de julio, así como en el carnaval que antecede a la Cuaresma. En estos momentos festivos, las máscaras y los disfraces se convierten en dispositivos culturales que facilitan la expresión y la diversión en la medida en que permiten la transgresión de normas sociales, la crítica mordaz y la inversión de distintos roles. También hacen posible transfigurar la propia identidad, representar a los espíritus o invocar la protección y el cambio.
En palabras más simples, las máscaras propician el juego, la creatividad y la libertad. Eso lo sabía Alejandro Jesús desde los 10 años, cuando decidió crear su primera máscara tradicional de madera, después de haber experimentado con elaboraciones en papel maché. Como en otros niños de su comunidad, en él latía el deseo de participar del juego, de la danza, pero su padre no podía comprarle una, así que encontró una solución rápida y simple: tallar su propia máscara. Fue hasta su tercer intento que la gente se interesó en adquirir sus creaciones, y así comenzó su camino en ese mundo que él mismo describe como mágico.
Un camino nada fácil… La materia prima de las máscaras de Juxtlahuaca es la madera de ahuehuete que, como señala su nombre (“viejo del agua”), es muy húmeda; de modo que, para poder trabajar con ella, es necesario dejarla secar a la sombra durante dos años. Una vez seca —como indica el maestro Alejandro Vera—, se hace un bosquejo en bulto, después se detalla con precisión, y enseguida se pinta con blanco de España para tapar todos los poros y lograr un acabado liso, una especie de lienzo que ha de recibir los colores que otorgarán su identidad final a la pieza. Cuando se trata de máscaras de diablos, se realizan incrustaciones de cuernos de chivo, toro o venado, obtenidos de animales de la región; los ojos son de esmalte y las pestañas, de pelo de res.
Para el maestro Alejandro, el uso de una máscara en la danza de los diablos, o en cualquier otra danza, guarda un profundo significado, porque quien la porta experimenta una transformación: cambia su piel por la que le otorga el nuevo personaje. Para Vera Guzmán, el hecho de hacer que cada máscara sea única es, al mismo tiempo, otorgar identidad a cada danzante y adquirir la suya propia como artista. “Nadie conoce al diablo, así que, para corregirme, tendrían que haberlo visto”, dice el maestro Alejandro. Y aquí radica la potencia creativa que este personaje le concede: el desconocimiento del diablo hace factible que ese ser posea todas las identidades posibles otorgadas por el artista, tantas personalidades como danzantes y creadores hay.
Pese a que Vera intenta que sus máscaras sean diferentes, también busca que guarden la esencia de Santiago Juxtlahuaca, por eso mezcla lo tradicional con lo artístico. Su propósito no es que su trabajo sea reconocido como “las máscaras de Alejandro” o como las del taller familiar. Su objetivo es promover la cultura y las tradiciones de Juxtlahuaca por medio de las máscaras, con la certeza de que esta práctica no se perderá.
Por ello, para los nuevos creadores, el maestro Alejandro Vera resalta la pasión, la paciencia y la perseverancia como aliados en la elaboración de máscaras y de cualquier otra artesanía. Asimismo, destaca la galería de Andares del Arte Popular como un espacio donde no solo se exponen obras de la más alta calidad de distintos artesanos —incluido él—, sino como un lugar que refleja la diversidad cultural y de las tradiciones artesanales que existen en Oaxaca. En este mismo sentido, quien visite Santiago Juxtlahuaca y el taller de la familia Vera Guzmán encontrará máscaras talladas con maestría y un referente en la preservación de la riqueza cultural de la Mixteca. Allí, las máscaras son un puente entre generaciones, un refugio de la memoria colectiva y un recordatorio de que la identidad —individual y comunitaria— seguirá vibrante mientras haya quien la celebre, la talle y la baile al pulso de los chicotes de los diablos.
Gente que lee en la librería. Fotografía: Acervo de la Librería Grañén Porrúa
Gente que lee en la librería. Fotografía: Acervo de la Librería Grañén Porrúa
Gente que lee en la librería. Fotografía: Acervo de la Librería Grañén Porrúa
Es cierto que los libros nos cuentan historias, pero también lo hacen quienes los buscan, hojean y atesoran. Gente que lee es un espacio para asomarnos a esas escenas mínimas —como la visita de una pareja— que convierten un momento de una mañana en la Librería Grañén Porrúa en un pequeño milagro.
Imagina que son las nueve de la mañana y entra una pareja a la librería donde trabajas. Perdón, para empezar, piensa que trabajas en una librería. Luego haz de cuenta que la ciudad ya se ha quitado las lagañas, se ha lavado la cara y se ha recogido el cabello. La ciudad ya amaneció: ya no es fresca con esa luz amarilla que abraza, sino más bien tranquila, a punto del trote, muy cerca de la carrera, pero niña aún. Se escucha el remanso de la plática de personas que se dirigen a alguna parte sobre el Andador Turístico. Asomas el rostro por la reja de la ventana y a la derecha ves a las trabajadoras del Monte de Piedad que barren la banqueta; al lado izquierdo, el chico de la galería ya regó agua para imitar el gesto. Tú sacas las suculentas a las ventanas, acomodas los brazos de la sábila para que no dañe ni sea dañada. Soplas el alféizar de ambas ventanas y pides al día que sea bueno. Recuerda, estamos imaginando.
Entonces, la pareja. Ella, una mujer de mediana edad, camina con la seguridad que dan los años a la espalda —levemente encorvada— y a la cintura —ágil—; lleva el cabello suelto, echado un poco detrás de las orejas; los ojos, abiertos, con sombras de color azul cielo. Se nota tranquila. Él, un hombre con el cabello largo atrapado en un nudo detrás de la cabeza, raíces totalmente blancas; leves ojeras enmarcan un par de ojos sonrientes. Se le nota feliz. Entran de la mano, pero una vez que él ha mirado a su izquierda y ella a su derecha, los dedos se separan poco a poco hasta despedirse por completo. Él se va a ver los libros pequeños que están a un costado del mueble de las gorras —Biblioteca Portátil, de Editorial Periférica; Nuevos Cuadernos, de Anagrama; libros sobre arte, de Casimiro—; ella, las novedades. Nos dan los buenos días en momentos diferentes. Son amables, sonríen. Y van en silencio, cada uno por su lado, observando libros.
Los toman con cuidado de los estantes. Los leen con atención. Hojean una página, dos. Una vez que les he dado los buenos días no tengo nada más que decir, solo me queda esperar a que alguno de ellos requiera un título, un precio o la dirección del sanitario. Le doy una hojeada al libro que tomé hace un momento de la sección de editoriales oaxaqueñas. Ella está casi frente a mí, se acerca a preguntarme por un libro. No recuerda ni el título ni el autor, solo una parte de la historia, y vagamente el nombre del protagonista. Sonrío y respondo: “Aura, de Carlos Fuentes”. Le indico dónde está y ella va hacia allá. Él se ha sentado en la ventana con un libro en las manos, pero luego voltea hacia la calle y se pierde, no vuelve a abrir el ejemplar. Se pasa los dedos de la mano que tiene libre por la zona debajo de la nariz, como si tuviera un bigote tupido, pero no hay nada ahí, solo alguna sensación de seguridad, o de duda, o de nostalgia. Ella ha encontrado a Aura, pero también a los buenos vecinos de los que habla Walter Benjamin: Cristina Rivera Garza, por un lado, Elena Garro, por el otro, una novedad de un querido conocido, Daniel Saldaña París.
Te pedí que imaginaras todo esto porque sucedió esta mañana. Y la anterior, y la anterior a la anterior. Todas las mañanas somos testigos de breves milagros de tranquilidad: de la calma que da entrar a una tienda de libros, aunque solo sea para sentarte, hojear un libro o simplemente mirar por la ventana imaginando posibilidades.
Las anotaciones a la novela Los bandidos de Rió Frío. Fotografías: Acervo de Adabi
Las anotaciones a la novela Los bandidos de Rió Frío. Fotografías: Acervo de Adabi
Las anotaciones a la novela Los bandidos de Rió Frío. Fotografías: Acervo de Adabi
¿No sería presuntuoso de mi parte insistir, con supuesta objetividad y pragmatismo, en enumerar las secciones y los tesoros bibliográficos de una biblioteca, en narrarles su historia, o incluso enumerar los beneficios que ofrecen los escritores? W. Benjamin
Una biblioteca es más que la acumulación de libros. Ya que su definición de diccionario —“Lugar donde se guardan ordenados los libros”— carece de la complejidad y hasta del aire poético que una biblioteca personal en realidad posee, aquí vamos a descubrir qué tanto puede atesorar un espacio tan interesante, un mundo en sí mismo, que revela el más puro amor de cualquier bibliófilo que colecciona estos objetos. Muchas veces (si no es que siempre) la biblioteca es una huella personal de su creador.
Lectores del Boletín FAHHO, les damos la bienvenida a una nueva sección que les traerá una relatoría de las joyas que la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío —que resguarda Adabi en sus instalaciones en la Ciudad de México— tiene en su haber.
Las glosas de un lector José Lorenzo Cossío y Soto (1864-1941) —padre de José Lorenzo Cossío y Cosío, original propietario de la biblioteca que lleva su nombre— fue un jurista, historiador y académico mexicano, miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia. Cofundó una revista de jurisprudencia, fue presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y un defensor del agrarismo, al proponer reformas al artículo 27 de la Constitución de 1857 en favor de los derechos ejidales de las comunidades indígenas. Junto a estas actividades también se encuentra su prolífica pluma, pues publicó ocho libros, todos relacionados con el tema del derecho y la propiedad —entre ellos: Monopolio y fraccionamiento de la propiedad rústica (1914), Apuntes para el estudio de la propiedad (1914), El gran despojo nacional o de manos muertas a manos vivas (1945, póstumo)—.
Entre las joyas que guarda esta biblioteca se encuentra un expediente muy peculiar, quizá un tipo de escrito con el que cualquier fanático lector puede sentirse identificado; se trata de los apuntes de lectura1 que don José Lorenzo padre hizo —y que su hijo Lorenzo Cossío y Cosío tuvo a bien atesorar en la biblioteca que formó muchos años después— a la novela de Manuel Payno, Los bandidos de Río Frío. Novela naturalista, Humorística, de Costumbres, de Crímenes y de Horrores (1888-1991).
Comienza don Lorenzo sus apuntes narrando cómo conoció, en 1881, al escritor (contengo la emoción ante la experiencia ajena de conocer al autor popular de la época), años antes de publicar Los bandidos…: “Después seguimos en manifestación para visitar a algunos diputados; la primera casa a donde fuimos fue la número 25 de la calle de Santa Clara, en donde hacía muchos años que tenía su domicilio D. Manuel Payno, quien nos recibió cariñosamente en su despacho”.2 El joven Lorenzo era estudiante de preparatoria, y el día que conoció al escritor se encontraba, junto a un grupo de compañeros estudiantes, a las afueras de la Cámara de Diputados, donde deliberarían si la preparatoria debía suprimirse o continuar. Por fortuna, cuenta don Lorenzo, ganaron los votos a favor de la escuela, y los jóvenes celebraron por las calles de la ciudad, yendo de puerta en puerta a agradecer a los diputados que apoyaron a la preparatoria.
Esa introducción da pie a 265 páginas mecanografiadas de apuntes que el lector realizó al margen de la creatividad, inspiración y disertación que le motivó la lectura de la novela de Payno. Sin embargo, no parecen apuntes descuidados —quizá sí usó un cuaderno de notas manuscritas que, tiempo después, tuvo a bien pasar a máquina, lo que le habría permitido revisar su escrito y dejarlo casi impecable—, ya que divide por entradas cada tema sobre el que va a reflexionar. Apunta acerca de ciertos lugares, hechos o personas que fueron ficcionados por Manuel Payno; así, tenemos la imagen de las maicerías (un ejemplo es el personaje D. Sebas Trujano, un comerciante Payno menciona en su novela), los ladrones, las posadas y los mesones, los coches de camino y los asaltos —tan típicos de la época— de bandidos, las lecherías o las colonias de la ciudad de México de fines del siglo XIX y principios del XX.
Entre las notas destaca la de Juan Yáñez, don Relumbrón —también conocido en la novela como Ocho Duros—, uno de los personajes centrales de la obra de Payno que retrata la imagen, delineada con maldad y ambición, de un militar que se hizo rico luego de constituir un grupo de criminales que asaltaba casas y caminos. El lector Cossío apunta que, a la par de la historia ficcional de Yáñez, él supo de buena fuente que el final merecido (y oficial) que tuvo en la vida real el coronel —allegado del entonces presidente Antonio López de Santa Anna—, quien fue ejecutado y exhibido ante el ojo público, pudo tratarse de una mentira:
Hubo aquí un escribano de gran fama llamado D. Manuel Orihuela y con motivo de complicaciones políticas, en cierta ocasión, tuvo que emigrar a Francia y en un pueblo, cuyo nombre he olvidado, decía que había encontrato (sic.) al Coronel Yáñez, lo que le sorprendió sobremanera porque hacía muchos años que lo tenía por muerto, y que éste le contó que el Presidente había querido salvarlo, pero, sin que se supiera, porque no quería quebrantar sus principios en contra de los asaltantes.3
Más allá del hecho histórico, las notas de este lector resultan una joya literaria, pues si bien su fuente principal es la novela (cuyo valor histórico consiste en su calidad de documento4), nutre su texto con las propias vivencias, experiencias empíricas de una sociedad que era contemporánea de aquella que se describía en Los bandidos…, también forman parte de esto los relatos de la misma gente que, muy seguramente, estaba familiarizada con los hechos y personajes narrados en la novela.
Como glosas al margen, las notas de don Lorenzo acompañan las estampas costumbristas que Payno describe a lo largo de su novela, y la lectura de tales apuntes se convierte en una forma de metaliteratura que cualquier ávido lector o estudioso tendrá a bien atesorar.
1 Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío, Fondo Personal José Lorenzo Cossío, sección Familia, Serie Cossío y Soto, caja 18, Vol. 4, s / f.
2 Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío, Fondo Personal José Lorenzo Cossío, Sección Familia, Serie Cossío y Soto, caja 18, Vol. 4, “Anotaciones a Los Bandidos de Río Frío y otros estudios”., s/f. ,pp. 1-2.
3 Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío, Fondo Personal José Lorenzo Cossío, sección Familia, Serie Cossío y Soto, caja 18, Vol. 4, “Anotaciones a Los Bandidos de Río Frío y otros estudios”, s / f., p. 24.
4 Jaime Delgado, “Los bandidos de Río Frío, reconstrucción de un mundo histórico”. Anales de Literatura Hispanoamericana. 1972, vol. 1, 193.
Los Premios Internacionales de Mecenazgo han recaído en su XI edición en los filántropos y mecenas mexicanos Alfredo Harp y María Isabel Grañén; en Batia Ofer, presidenta del Trust de la Royal Academy of Arts en Londres y en Ben y Yannick Jakober fundadores del Museo Sa Bassa Blanca en Palma de Mallorca.
“La mejor oportunidad está en México” es el lema que ha guiado la exitosa trayectoria de Alfredo Harp Helú. Junto a su esposa, María Isabel Grañén Porrúa, invierten en el capital humano de su país a través de la educación, la cultura, el deporte, la salud y el cuidado del medio ambiente. Han creado museos, bibliotecas, archivos y centros culturales, donde el arte, la lectura, la reflexión son espacios que motivan la convivencia y la paz. Además, han impulsado programas de conservación del patrimonio artístico, lingüístico y documental en el país. El impacto es notorio, especialmente en Oaxaca, donde se ha logrado fortalecer el tejido social de manera constructiva y humanista.
Batia Ofer es además de presidenta del Trust de una de las instituciones más antiguas y prestigiosas de Europa, la Royal Academy of Arts de Londres, una reconocida coleccionista de arte y cofundadora de la Idan and Batia Ofer Family Foundation.
La Fundación Yannick y Ben Jakober se encuentra en uno de los entornos naturales más hermosos de Palma de Mallorca. Allí, el público puede disfrutar de un jardín de esculturas y una colección de pintura que incluye obras reconocidas como Bien Catalogado del Patrimonio Artístico.
La entrega de Premios se llevará a cabo el día 2 de marzo en el transcurso de una Ceremonia Solemne en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, una de las instituciones más antiguas de Europa, y será presidida por SM la Reina Doña Sofia.
Los Premios Internacionales de Mecenazgo, impulsados por Fundación Callia, tienen como misión reconocer y promover el compromiso de la sociedad con el arte. A lo largo de sus XI ediciones se han convertido en un referente internacional con galardonados como Carlos FiztJames Stuart (Duque De Alba); Carlos Slim; la Baronesa Carmen Thyssen Bornemisza, Eduardo Costantini, Valentín Díez Morodo, Antonio del Valle o Eugenio López, entre otros.
Según su presidenta, Carmen Reviriego “Hoy en día, es más crucial que nunca contar con personas que tengan sólidas convicciones éticas y morales, así como el valor para actuar en consecuencia. Esta es la esencia que define a un auténtico mecenas.
PREMIOS INTERNACIONALES DE MECENAZGO
Los Premios Internacionales de Mecenazgo – son una iniciativa social promovida por Fundación Callia- que tienen como misión promover el compromiso de la sociedad con en arte. Cada año reconocen la labor de tres mecenas: uno latinoamericano, otro español y un tercero internacional.
Reconocen no solo la aportación de los galardonados al arte como mecenas, sino también sus convicciones éticas y morales, así como la valentía de actuar de acuerdo con las mismas. Estos, al sumarse con generosidad y humildad a la iniciativa, ayudan a que los Premios inspiren con su ejemplo a que otros hombres y mujeres se impliquen con su misma convicción en la conservación, promoción y difusión del patrimonio y el talento artístico.
ALFREDO HARP Y MARÍA ISABEL GRAÑÉN
Alfredo Harp Helú es un enamorado de México y especialmente de Oaxaca, tierra a la que está ligado afectivamente y en donde radica actualmente. Es bien conocido por su generosidad, todos los días se levanta temprano pensando en cómo ayudar a los demás. Su vocación de servicio despertó desde muy joven y decidió crear varias fundaciones que llevan su nombre, las cuales se enfocan a fortalecer la educación, la cultura, la salud, el deporte y el cuidado del medio ambiente. Su quehacer nace con el amor y sale de lo más profundo de su corazón, trabaja en equipo y ha decidido disfrutar cada proyecto de sus fundaciones en vida. Su motivación surge de la pasión para promover una vida más digna y humana entre los mexicanos. Hoy, los frutos son tangibles, la cosecha se traduce en una comunidad más sensible, con mayores oportunidades, vibrante en el deporte, consciente de su patrimonio y cultura y respetuosa con las diferentes formas de concebir el mundo.
Por su parte, María Isabel Grañén Porrúa es doctora e investigadora en Historia del Arte y presidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. Es especialista en libros y grabados novohispanos del siglo XVI. Dada su preocupación por la memoria escrita y su cariño hacia los libros fundó y preside la asociación civil de Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (Adabi), lo que le ha merecido a la institución premios internacionales por su labor en la preservación y conservación, incluso también en programas de rescate del patrimonio arquitectónico, artístico y las lenguas originarias, así como un impulso decidido a la promoción de la lectura.
Al frente de esta labor el matrimonio representa un ejemplo de compromiso y visión compartida: él, desde la filantropía y el deporte; ella, desde la cultura, el arte y los libros. Su trabajo conjunto ha dejado una profunda huella en Oaxaca y en México, donde ambos impulsan incansablemente proyectos que buscan un futuro más justo, incluyente y enriquecido por la memoria y el conocimiento.
BATIA OFER, PREMIO INTERNACIONAL DE MECENAZGO 2026
Presidenta del Royal Academy Trust, mecenas de las artes y reconocida coleccionista de arte. Ocupa otros cargos en Juntas, Patronatos y Consejos Asesores en instituciones culturales y educativas como el Museo Victoria & Albert, Sotheby’s y el Centro Peres para la Paz y la Innovación. También presidió el Comité de Educación en la Serpentine Gallery y ha sido consultora de la feria de arte Frieze.
Además, responsable de supervisar la Idan and Batia Ofer Family Foundation, que apoya una variedad de causas relacionadas con la salud, la educación y la cultura, muy cercanas a su corazón. Esto incluye la construcción del Sammy Ofer Centre en la London Business School, que respalda a la próxima generación de líderes y emprendedores, así como la creación de un programa de becas para estudiantes israelíes y palestinos en la Harvard Kennedy School.
En 2017, se convirtió en Fundadora y Presidenta de Art of Wishes y, hasta la fecha, ha recaudado hasta £12 millones y ha concedido más de 4,000 deseos a niños que viven con enfermedades críticas. A través de eventos espectaculares, incluyendo una gala bianual, Batia reúne a una amplia red de artistas, coleccionistas y galerías con el único objetivo de conceder deseos que cambian vidas.
BEN Y YANNICK JAKOBER, PREMIO ESPAÑOL DE MECENAZGO 2026
La Fundación Yannick y Ben Jakober se constituyó en 1993 de la mano del matrimonio formado por los artistas y coleccionistas Yannick Vu y Ben Jakober. En dicho año se acondicionó un antiguo aljibe subterráneo de la finca Sa Bassa Blanca para dar cabida a una particular colección de retratos infantiles del siglo XVI al XIX.
A pesar de su joven historia el patrimonio de la fundación ha sido reconocido en numerosas ocasiones: la colección de Nins fue declarada Bien Catalogado del Patrimonio Histórico de las Islas Baleares, y el artesonado mudéjar como Bien de Interés Cultural. La fundación también ha recibido premios y reconocimientos, como la Mención Especial del Premio Unión Europea de Patrimonio Cultural / Premios Europa Nostra (2009), la Medalla de Oro de la Ciudad de Alcúdia (2008) o la Placa de Oro de la Fundación del Fomento del Turismo de Mallorca (2008), el galardón a l’Experiencia Turística (2017), entre muchos otros.
El tono celebrativo de los siguientes textos es una realidad para la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. En esta emisión festejamos la apertura de la ENES UNAM Unidad Oaxaca, así como el arranque de la cuarta exposición interactiva del MIO que acompañará a las infancias por los próximos dos años; además, celebramos los récords de asistencia al Museo de Diablos y al Estadio Alfredo Harp Helú y la develación del nuevo telón principal del Teatro Macedonio Alcalá. De igual manera, nos entusiasma la consolidación del equipo Diablos Basquetbol para esta temporada.
Por otro lado la BIJC resalta cuatro principios dirigidos a los investigadores centrados en las leguas heredadas de los pueblos mesoamericanos y narra la historia que guarda la presencia de un libro en lengua mixteca en una biblioteca de Cracovia. Y desde la mixteca, en la BS Casa de la Cacica, la exposición “Cantos de lluvia” reflexiona sobre las lenguas maternas. En esta misma línea, Adabi de México habla sobre el Centro de Documentación y Asesoría Hñähñu, en el estado de Hidalgo.
Desde el Taller de Conservación y Restauración Documental se advierte acerca de los daños que causa el uso de cintas adhesivas sobre documentos y libros. En este mismo ámbito, Adabi Oaxaca habla de la limpieza y organización del archivo musical de la Facultad de Bellas Artes de la UABJO. La Biblioteca Francisco de Burgoa habla de la visita de la Escuela de Libros Raros de California (CalRBS), mientras la Biblioteca Henestrosa nos sorprende con una bella reseña sobre El misterio laico.
Por otro lado, el CCSP teje puentes entre México y Japón a partir del arte gráfico de 1970 y plantea la necesidad de tomar conciencia del universo a partir de las charlas sobre astronomía. Entre tanto, el Mufi narra la historia detrás del último billete emitido bajo la soberanía de Oaxaca, el MTO presenta una exposición basada en prendas elaboradas a base de látex natural y Andares del Arte Popular comparte el trabajo de los artesanos con los que colaborarás este mes de septiembre.
No podemos dejar de mencionar la labor internacional de Seguimos Leyendo a partir de la promoción lectora; los talleres de escritura la de la Librería Grañén Porrúa; la preservación de la música como agente cultural del sonido por parte de la Fonoteca Juan León Mariscal, y la formación de públicos en las artes escénicas emprendida por la FAHHO Itinerante.
No dejen de visitar estos espacios para disfrutar y ser parte de cada uno de ellos. ¡Gracias por leernos!
La Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca celebra la creación de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Oaxaca de la UNAM; asimismo, aplaude que se amplíen las oportunidades para que más jóvenes accedan a la educación superior de calidad.
No es un secreto que el corazón de Alfredo Harp Helú sea Puma y que haya promovido el desarrollo de su alma mater. Por eso ha sido un privilegio estar en primera fila para ser testigo de este trascendente acto, pues la FAHHO ha elogiado el proyecto desde su concepción.
En esta primera etapa, la ENES Oaxaca ofrece las siguientes licenciaturas: Administración, Contaduría, Negocios Internacionales, Informática e Historia, todas estas en modalidad escolarizada, así como Psicología a distancia. La propuesta académica busca aportar soluciones a las necesidades productivas, sociales, culturales y medioambientales del sur-sureste, a partir de la edificación de cimientos firmes para la ampliación futura de la educación continua de grado y posgrado.
Seguiremos trabajando juntos y deseamos larga vida a la presencia de la UNAM en Oaxaca.
Recreación de la vida cotidiana en Monte Albán. Ilustración: Raúl Alonso Gutiérrez
Recreación de la vida cotidiana en Monte Albán. Ilustración: Raúl Alonso Gutiérrez
Recreación de la vida cotidiana en Monte Albán. Ilustración: Raúl Alonso Gutiérrez
Tras dos años inolvidables explorando los secretos del maíz, el Museo Infantil de Oaxaca se transforma de nuevo. En su octavo aniversario, el MIO se sumerge por primera vez en la historia y la arqueología de nuestro estado con “El reino de las nubes”, su cuarta exposición interactiva.
Oaxaca atesora un patrimonio cultural excepcional. Hace miles de años estas tierras estuvieron habitadas por civilizaciones que dejaron huellas imborrables en las tradiciones, conocimientos e imaginarios de los pueblos indígenas. Pero también nos legaron un paisaje repleto de impresionantes sitios arqueológicos, de testigos materiales de su grandeza.
Aunque se dice a menudo que este patrimonio nos pertenece a todos, lo cierto es que las instituciones rara vez toman en cuenta a las niñas y niños. Incluso el material diseñado para ellos se siente como un complemento de la divulgación destinada a los adultos. Todavía más distante suele ser la interpretación de los vestigios, pues casi siempre asumimos que tratar de entender a las culturas del pasado es tarea exclusiva de los expertos.
Esa es la tradición que nos propusimos romper con “El reino de las nubes”. Sin embargo, primero tuvimos que resolver ciertas cuestiones. ¿Cómo hablar a las niñas y niños acerca de Monte Albán?, ¿cómo incluirlos en su interpretación?, ¿cómo conectar sus experiencias cotidianas con las de quienes habitaron la antigua capital zapoteca?
El resultado derivado de este proceso es una muestra basada en ambientes de aprendizaje. En las bodegas de la antigua estación del ferrocarril construimos una ensoñación en miniatura de Monte Albán, un gran espacio interactivo que permitirá a nuestros visitantes ponerse en los huaraches de los oaxaqueños de antes. Por medio de esta exposición buscamos devolver la imaginación a la arqueología, mientras proponemos las herramientas clave de la exploración y el juego para su enseñanza.
Más que hablar de datos, hipótesis y hallazgos, nuestro principal interés radica en tratar de entender cómo se vivía en Monte Albán. Es por ello que esta exposición aborda su historia por medio de seis salas interactivas enfocadas en temas tan cruciales, pero tan diversos, como la medicina, la astronomía, la cosmovisión, el urbanismo y la alfarería.
A partir de este mes, y durante los próximos dos años, podrás seguir el camino de los astros desde el Observatorio, pedir un consejo a tus ancestros en la Tumba, ofrecer tributos a Pitao Cociyo en el Templo y luchar por la renovación del mundo en el Juego de Pelota. Además, como es la tradición del MIO, exploraremos todos los aspectos de la vida en Monte Albán mediante una amplia oferta de experiencias, talleres, excursiones y eventos especiales.
Por otro lado, el Boletín FAHHO será la plataforma para comenzar a compartir textos originales sobre dicha ciudad, en los que las voces de los especialistas dialogarán con las infancias que descubren por primera vez la herencia de la cultura zapoteca, tanto la de ayer como la de nuestros días. Visita “El reino de las nubes”. Te esperamos de martes a domingo, durante los siguientes dos años, de 11 a 18 horas.
Participantes del COLOV-10. Fotografías: Acervo de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova
Participantes del COLOV-10. Fotografías: Acervo de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova
Participantes del COLOV-10. Fotografías: Acervo de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova
Oaxaca destaca como una de las regiones con mayor diversidad lingüística de México e incluso de América. Esta riqueza es sobre todo una herencia mesoamericana, ya que se remonta a los tiempos anteriores a la llegada de los europeos a este territorio. En Oaxaca se hablan quince lenguas mesoamericanas diferentes con numerosas variedades locales, estas se agrupan en cinco familias lingüísticas: mixezoque, yutonahua, huave, chontal y otomangue, siendo esta última la familia más extensa y diversificada de Oaxaca y Mesoamérica.
El estudio de estas lenguas puede ayudarnos a comprender la unidad y, a la vez, la diversidad del lenguaje humano. También puede arrojar luz sobre la profunda y extraordinaria historia de sus hablantes y de la región. Empero estas lenguas existen gracias a la vida comunitaria de sus hablantes, quienes, a lo largo de siglos y todavía al día de hoy, han enfrentado violencia, despojo y discriminación. Esto se refleja en la dramática y acelerada disminución del número de hablantes de lenguas mesoamericanas en las últimas décadas. Por lo tanto, resulta incongruente que los lingüistas se interesen por estas lenguas y sean indiferentes a las comunidades que las sustentan.
Esta situación convierte a investigadores y estudiantes —entre ellos cada vez más hablantes nativos de estas lenguas— en intermediarios entre las comunidades mesoamericanas, cuyas lenguas estudian, y las instituciones académicas que estructuran, financian y evalúan sus investigaciones. Sin embargo, existe poca orientación sobre cómo abordar esta situación. Es común que los investigadores no consideren adecuadamente las formas de reconocer a los participantes de la comunidad en sus investigaciones, o que no pongan los resultados a disposición de la comunidad.
Debido a esta situación, en 2023 se formó un comité —integrado por Ana Alonso Ortiz, Emiliana Cruz Cruz, Tajëëw Díaz Robles, Gabriela Pérez Báez y Michael Swanton— para elaborar una declaración de principios sobre la investigación lingüística y las comunidades mesoamericanas. El comité elaboró una propuesta preliminar con el objetivo de identificar los principios éticos claves que deberían considerarse en la investigación lingüística con comunidades mesoamericanas. Se identificaron cuatro: el principio de diligencia previa, el principio de consentimiento informado, el principio de reciprocidad y el principio de reconocimiento.
El borrador de la declaración, denominado Carta Oaxaca, se presentó en el Congreso de Lenguas Otomangues y Vecinas 9 (COLOV-9), el cual estuvo dedicado a la memoria de la labor de Francisco Toledo en favor de las lenguas originarias y tuvo lugar en el Centro Cultural San Pablo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y la Unidad de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México en Oaxaca, en abril de 2023. El comité presentó la declaración en una mesa especial celebrada el sábado 22 de abril y recibió diversos comentarios. La propuesta de los participantes del congreso fue socializar el documento y retomarlo en un congreso posterior.
Así se hizo. El borrador de la Carta Oaxaca se publicó en línea para recibir comentarios y se compartió con colegas. Posteriormente, en el COLOV-10 —dedicado a la memoria de J. Kathryn Josserand y celebrado en las mismas sedes en Oaxaca en abril de 2025—, los participantes del Congreso que así lo quisieron, como ocurrió con la mayoría, tuvieron la oportunidad de firmar su apoyo al documento. Con esta aprobación de los participantes del congreso más importante dedicado a las lenguas de Oaxaca, ahora la Carta Oaxaca puede servir de referencia para el diseño, la implementación y la evaluación de proyectos de investigación sobre lenguas indígenas; asimismo, constituye una base para una mayor reflexión sobre este tema buscando su mejora. A continuación, compartimos la Carta:
Carta Oaxaca Una declaración de principios sobre la investigación lingüística y las comunidades mesoamericanas
Las lenguas mesoamericanas existen y resisten gracias a la vida comunitaria de sus hablantes. El estudio lingüístico de estas lenguas implica, pues, una relación entre los investigadores, sus instituciones y las comunidades mesoamericanas. En tanto investigadores de las lenguas mesoamericanas adoptamos los siguientes principios para guiar nuestras investigaciones, actividades y proyectos:
Principio de diligencia previa. Se deben entender el contexto local y los procesos comunitarios antes de iniciar cualquier investigación, actividad o proyecto con una comunidad. Esto incluye conocer el sistema de autogestión de la comunidad en cuestión y cuáles son sus dinámicas y estructura interna de consulta, así como establecer una comunicación con las autoridades comunitarias relevantes.
Principio de consentimiento informado. Cualquier comunidad (según se expresa por medio de sus autoridades), organización o persona que participa en investigaciones, actividades y proyectos debe recibir información completa y entendible acerca de los participantes, el propósito, la naturaleza, los resultados esperados (incluyendo el almacenamiento de los datos) y las posibles implicaciones de los mismos. Se entiende que el consentimiento informado es un proceso educativo, lo cual abarca todas las fases de la investigación, actividad o proyecto, y que una comunidad o un participante puede retirarse del proyecto en cualquier momento.
Principio de reciprocidad. Las comunidades, organizaciones y personas que participan en alguna actividad, investigación o proyecto tienen derecho a acceder, compartir y beneficiarse de los resultados. Los resultados deben ser accesibles a la comunidad.
Principio de reconocimiento. Las comunidades, organizaciones y personas que participan conjuntamente en investigaciones, actividades y proyectos deben ser debidamente reconocidas si así lo desean. Asimismo, los académicos que tengan acceso a materiales en las comunidades deberán reconocer la autoría y procedencia de dichos materiales.
La vida en el Museo de los Diablos Rojos del México. Fotografías: Acervo del Museo Diablos
La vida en el Museo de los Diablos Rojos del México. Fotografías: Acervo del Museo Diablos
La vida en el Museo de los Diablos Rojos del México. Fotografías: Acervo del Museo Diablos
Los museos adquieren vida en el momento en que los visitantes se adentran en sus salas, mientras que las exposiciones cobran sentido hasta que la gente se apropia de ellas. Qué fortuna es decir que el Museo Diablos ha sido partícipe de este fenómeno de alquimia entre historia, arte, beisbol y la nación escarlata.
Con tres exposiciones temporales en nuestro haber y cambios en nuestra gran exposición permanente, desde abril de 2022 muchos han sido los momentos que se quedan grabados en las paredes del museo, pues así como nuestra afición es diversa, también lo son las emociones vividas a través de lo que cuentan sus visitantes frente a nuestras vitrinas y pantallas. Como aquellos que desde la entrada preguntan por Cananea Reyes y que, al encontrarlo, aplauden como si aún estuvieran en el Parque del Seguro Social reviviendo aquellas épocas. Están las familias en donde los diablos de antaño les platican a los más jóvenes de su grupo cómo sintieron la transición hacia el Foro Sol, o cómo fue ver a Daniel Fernández o a Nelson Barrera jugar en este parque. También se escuchan historias del Fray Nano y las veladas en la LIM, o el impacto que ha tenido el Estadio Alfredo Harp Helú desde que aquel compañero de trabajo los invitó a su primer juego de beisbol.
Pero el museo no solo funciona como una ventana al pasado, también es espejo de las maravillosas temporadas y récords que el equipo escarlata rompe día con día, tanto en el beisbol como en las nuevas disciplinas que ha abarcado, softbol y basquetbol. Trevor Bauer y Robinson Canó son de los más buscados estos últimos meses, y el hecho de tener expuestos los spikes que usaron en la misión 17 es un regalo para nuestros visitantes. En cuanto a nuestra área dedicada al softbol, ha sido realmente significativo el que jóvenes y niñas, que difícilmente pueden encontrar mujeres deportistas en algún espacio expositivo, ahora también puedan verse reflejadas en nuestras campeonas. Verlas ocupar un espacio que supera los 4 metros de altura es una metáfora museográfica femenina tan fuerte como conseguir la copa de la LMS este año.
Y es precisamente ese el propósito de este museo: ser un recordatorio constante de lo que significa pertenecer al equipo y de ser un diablo. Nuestra historia de más de 85 años, narrada en 16 salas, da cuenta de todo el esfuerzo y trabajo de la organización deportiva más ganadora del país. Gente fuera y dentro del terreno, en gradas o siguiendo las transmisiones, todos formamos parte de esta nación escarlata que crece cada temporada, al igual que nuestra historia incomparable.
La Exposición General de primera categoría de Osaka, celebrada de marzo a septiembre de 1970.
La Exposición General de primera categoría de Osaka, celebrada de marzo a septiembre de 1970.
La Exposición General de primera categoría de Osaka, celebrada de marzo a septiembre de 1970.
La exposición “Imágenes y materia fotográfica. Impresiones japonesas de la década de 1970”, que se exhibe en el Centro Cultural San Pablo, da cuenta de los artistas que participaron en la exposición de Osaka de 1970.
El modelo de las grandes exposiciones universales encuentra su origen en 1851, cuando el príncipe Alberto de Sajonia y la reina Victoria de Reino Unido construyeron el célebre Palacio de Cristal —hoy Victoria and Albert Museum, en la capital londinense—, con el objetivo de presentar los grandes adelantos tecnológicos, científicos, artísticos y culturales de la Europa colonial.
Sería París, la Ciudad de la luz, quien abanderaría los grandes principios de la Modernidad en las exposiciones de 1855, 1889 y 1900. La Torre Eiffel, máximo bastión de la nueva era de hierro, vino acompañada de la reconfiguración urbana parisina en la que bulevares, jardines, salones de baile, arquitectura señorial y vida nocturna “iluminaron” a todo Occidente.
Esta tradición había llegado para quedarse. En el siglo XX, cada continente participante hizo lo propio para mostrar sus tradiciones, logros y propuestas en un escenario cada vez más global.
Osaka, gran ciudad portuaria y centro comercial de la isla japonesa de Honshu, fue la sede del Pabellón de 1970, que presentaba al Japón como un ave fénix emergiendo de entre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y sus devastadoras consecuencias. Entre el 15 de marzo y el 13 de septiembre de aquel año, “el progreso y la armonía de la humanidad” sesgaron la misión y objetivos de la muestra. Setenta y siete países fueron convocados a la tierra nipona que —poco más de 20 años después del epílogo fatal que dejaron los bombardeos atómicos en Hiroshima y Nagasaki— había logrado convertirse en una primera potencia mundial en las ramas de la electrónica, la tecnología y las comunicaciones.
El investigador Marco Polo Juárez Cruz señala que esto fue gracias al diseño integral de Kenzo Tange, referente de los postulados arquitectónicos modernos y neofuturistas:
[…] La Exposición General de primera categoría de Osaka, celebrada de marzo a septiembre de 1970, significó la oportunidad de Japón para reposicionarse como una nación de vanguardia. Superar la derrota en la Segunda Guerra Mundial implicó un cambio en su economía con un fuerte empuje industrial, que le permitió alcanzar un alto nivel de bienestar. Como parte importante del resurgimiento, las empresas japonesas desarrollaron pabellones en los que se mostraron todos los avances en tecnología y la innovación en el uso de materiales.
México también fue invitado y su pabellón quedó a cargo del maestro Agustín Hernández —quien tomó como modelo los antiguos teocallis mesoamericanos—, acompañado de la propuesta museológica de Fernando Gamboa.
Importantes maestros del arte nacional —más adelante conocidos como integrantes de la generación de Ruptura— participaron con lienzos monumentales que apostarían, desde la trinchera del abstraccionismo, por una visión de paz y armonía entre las naciones. La postura crítica y sugerente de los artistas, entre quienes destacaron Manuel Felguérez, Lilia Carrillo, Fernando García Ponce y Gilberto Aceves Navarro, se tradujo en obras de color, geometría, yuxtaposiciones de formas y texturas en cálido encuentro con la producción gráfica japonesa de la época.
La exposición que se presenta en el Centro Cultural San Pablo muestra 50 piezas de serigrafía, litografía y huecograbado de distintos artífices de la estampa japonesa, como Tetsuya Noda, Kosuke Kimura, Akira Matsumoto, Satoshi Saito, Hideki Kimura o Jiro Takamatsu, quienes abrevaron en el binomio de la fotografía y la gráfica como nueva propuesta de distribución masiva. Asimismo, el papel del collage, en la superposición de elementos tradicionales y contemporáneos, es una constante en la muestra. La materia gráfica, como el papel, la piedra o la madera fueron objeto de nuevos significados para los maestros Koji Enokura o Shoichi Ida (por mencionar algunos), quienes presentan muy afortunadas series texturizadas en papel hecho a mano. El surcoreano Lee Ufan, por su parte, está presente en la exposición con planos resolutivos en blanco y negro que evocan las pautas del Informalismo matérico catalán, abanderado por Antoni Tàpies.
El visitante que recorra los espacios de la galería del Centro Cultural San Pablo, hasta el próximo 12 de octubre, encontrará en estas obras un sugerente diálogo entre espejos y reflejos de Oriente y Occidente por medio de la gráfica moderna.
Pieza del acervo textil del Hmuntsʼa Hēmʼi. Fotografías: Adabi de México
Pieza del acervo textil del Hmuntsʼa Hēmʼi. Fotografías: Adabi de México
Pieza del acervo textil del Hmuntsʼa Hēmʼi. Fotografías: Adabi de México
El pasado mes de julio Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México tuvo la fortuna de ser invitado a visitar Hmunts’a Hēm’i, Centro de Documentación y Asesoría Hñähñu, localizado en Ixmiquilpan, Hidalgo. Esta organización fue creada como un centro de intercambio, organización, archivo, investigación y asesoría con la meta de fomentar el desarrollo y la difusión de la cultura hñähñu, antes conocida como otomí; con el pasar de los años se ha integrado un espacio documental compuesto por diversos fondos y colecciones, tanto bibliográficos como documentales, centrados en el estudio de la lengua y las expresiones culturales hñähñus. Su actual directora, Verónica Kugel, se ha dado a la tarea de fortalecer la presencia de Hmunts’a Hēm’i a partir de diferentes estrategias de difusión y divulgación, como los congresos y coloquios, las publicaciones de carácter académico y aquellas enfocadas en la cultura popular regional, así como el acercamiento a través de las redes sociales, medio por el cual se ha alcanzado un gran impacto local, regional y hasta internacional. Hmunts’a Hēm’i resguarda, además de materiales en soporte de papel, material fotográfico, grabaciones de audio y video, así como microfilmes que abarcan los temas de antropología, arqueología, historia y lingüística de México, con un énfasis particular en el estado de Hidalgo, el Valle del Mezquital y los ñähñus. Su labor también se extiende a la enseñanza de la lengua hñähñu mediante cursos de lectoescritura, especialmente para todos aquellos interesados en conocer la lengua de sus antepasados.
Una de las expresiones culturales que también tuvo la oportunidad de apreciar la directora de Adabi, Verónica Loera y Chávez, es la de la colección personal de textiles de la directora de Hmunts’a Hēm’i, la cual se encuentra en proceso de organización dentro de una base de datos digital, cuyo registro incluye una imagen de cada pieza. La idea es dar a conocer estos trabajos realizados por manos hñähñus, que datan de hace dos o tres décadas, pues se trata de piezas que son una herencia familiar. La sistematización de la información, que es llevada a cabo por una experta bordadora local, permitirá conocer la travesía histórica de los bordados así como sus permanencias y transformaciones y, por supuesto, la maestría con la que fueron creadas.
Parte de la biblioteca del Centro Documental
Parte de la biblioteca del Centro Documental
Parte de la biblioteca del Centro Documental
El viaje también tuvo la intención de conocer el archivo parroquial de la Purísima Concepción de Cardonal, cuyo párroco está muy consciente de la importancia de este acervo histórico que inicia en el siglo XVIII, por lo que se encuentra determinado a dejar el archivo en las mejores condiciones posibles de conservación y custodia antes de que termine su administración en dicha parroquia. Para ello ya se ha iniciado el proceso de inventario y registro de los libros sacramentales, que también serán digitalizados con el fin de resguardar los documentos originales, así como de difundir el material digital resultante. El presbítero también tiene el interés de adecuar y reservar un lugar dentro de la parroquia en donde se pueda resguardar el archivo histórico; asimismo, busca la conservación del archivo actual que, debido a su uso intensivo, necesita ser reforzado para volver a manipularlo con confianza.