Durante varios meses formamos parte del 11° Diplomado de Literatura Infantil y Juvenil, organizado por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y la Universidad La Salle en México. Esta experiencia amplió nuestros conocimientos sobre el universo literario dirigido a niños y jóvenes, además, transformó nuestra manera de entender la literatura y la mediación lectora como una herramienta fundamental para el desarrollo cultural.
La aplicación de estrategias, así como la creación de ambientes seguros, colaborativos, lúdicos y contextualizados de acuerdo con los intereses y necesidades de los niños, generaron un impacto significativo en las poblaciones infantiles con las que trabajamos.
A continuación, presentamos dos de los proyectos ejecutados en Perú.
El proyecto “Camino lector: Pequeños constructores”, de la autoría de Judy Rivas O’Connor, fue llevado a cabo con la comunidad de niños y niñas de 5 años del Aula “Constructores” de la I.E.I. 005 Jesusito Milagroso, Lima, Perú. Este proyecto sembró la semilla del gusto por la literatura infantil, brindando a los niños experiencias lectoras significativas que han potenciado su comprensión y disfrute, así como el desarrollo de un pensamiento creativo al mismo tiempo que crítico. Paralelamente, se ha impulsado un interés auténtico por la lectura, especialmente al sumar en este proceso a las familias como piezas claves y colaboradoras activas en este enriquecedor viaje lector.
Para la autora, este proyecto ha significado mucho más que una simple propuesta pedagógica; ha sido, en esencia, un camino de profunda transformación y autodescubrimiento. “Camino lector: Pequeños constructores” le ha permitido dimensionar el inmenso poder de la literatura: su capacidad para tejer lazos, nutrir la sensibilidad y edificar una comunidad unida por las historias.
Por otra parte, el proyecto “Semillitas lectoras Oxa”, de Adriana Russac Camacho, estuvo dirigido a niñas y niños de 7 y 10 años pertenecientes a los grupos de Aspirantes Brigadas Ecológicas del Parque Nacional Yanachaga Chemillén, administrado por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP). El proyecto se propuso un hermoso objetivo: acercar la literatura infantil a niños y niñas mediante las estrategias de lectura silenciosa y en voz alta en una visita al Parque Yanachaga Chemillén, donde pudieron hacer una “lectura natural” del entorno y crear cuentos originales que reflejaran su creciente conciencia sobre el cuidado de la naturaleza.
Los logros de este proyecto fueron significativos gracias a que niños y niñas pudieron acceder a una selección diversa de cuentos de calidad, los cuales nutrieron su imaginación y gusto por la estética de la literatura infantil; a su vez, expresaron su pensar y sentir por medio de la producción de cuentos, dejando claro su profundo respeto por el entorno natural. Como partícipes de este proceso, los padres de familia se comprometieron en la promoción de la lectura infantil. En definitiva, esta experiencia no solo transformó positivamente a la población participante, sino que también potenció las prácticas y aprendizajes en la mediación literaria y ambiental.
Agradecemos la oportunidad de este Diplomado, a los maestros y compañeros de estudio que con su profesionalismo y pasión nos han guiado en un viaje maravilloso por la Literatura Infantil y Juvenil.
Exposición “Mangas de hule-Tradición y maestría del caucho natural”. Fotografía: Eduardo González
Exposición “Mangas de hule-Tradición y maestría del caucho natural”. Fotografía: Eduardo González
Exposición “Mangas de hule-Tradición y maestría del caucho natural”. Fotografía: Eduardo González
Agustín Ortiz, mejor conocido como el Compita, se ha dedicado a la elaboración de mangas de hule durante más de 50 años en Misantla, Veracruz. Las mangas son una suerte de poncho: se trata de un lienzo hecho con tela de algodón recubierto con hule natural y con una abertura por la que atraviesa la cabeza. El hule le brinda una cualidad impermeable a la prenda, con lo que se convierte en un artículo necesario para salir a trabajar al campo en entornos de lluvia intensa. Qué va de los impermeables comerciales hechos de nailon —una fibra que tarda décadas en degradarse— a estos ponchos enteramente orgánicos que no incluyen ningún derivado del petróleo en su elaboración.
El acervo del Museo Textil de Oaxaca cuenta únicamente con dos mangas de hule. Ambas son parte de la colección que conformó Madeline Humm, y que posteriormente fue donada al Museo por el maestro Francisco Toledo. Madeline compró estas piezas en 1971 en la zona de Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla, y sus notas indican que las mangas eran nuevas al momento de adquirirlas. Sin embargo, a más de 50 años de distancia, ambas se encuentran en un estado muy delicado de conservación: el hule se ha oxidado de tal forma que el color se oscureció por completo y el material en sí mismo se ha vuelto rígido y quebradizo. Ante este escenario, ninguna de las piezas pudo incluirse en la exposición “Mangas de hule–Tradición y maestría del caucho natural / Misantla, Veracruz”, que se presenta en la Sala Ixtle del MTO desde el pasado 12 de julio.
Si bien las piezas del acervo no forman parte de la muestra, no significa que no haya mangas físicamente presentes en la sala. Es más, la exposición atrajo tres regalos importantes para el MTO: El Compita y su sucesor, Marco González, elaboraron una manga con el diseño a rayas que suelen trabajar, con la expresa intención de donarla al Museo. Asimismo, el taller Mangas San Gabriel, ubicado en Teziutlán, Puebla, también elaboró dos mangas para donar al MTO. Alexander Amir Khan es el artista que entretejió los hilos a lo largo de dos años de investigación y, de hecho, trabajó de cerca con el maestro Javier Luciano para recrear el diseño de grecas que muestran las piezas compradas por Madeline hace 54 años. A todos ellos: gracias por un acto tan generoso que repercutirá no solamente en el acervo del MTO, sino en todo el público que esté interesado en conocer más sobre estas mangas.
Te invitamos a un evento especial donde podrás tocar este material tan singular. El viernes 3 de octubre, Javier y Ernesto Luciano Sosa, hijos de don Javier, nos hablarán sobre su trabajo diario en el taller Mangas San Gabriel. Además, del 3 al 5 de ese mismo mes habrá una expoventa especial donde tendrás la oportunidad de adquirir sus productos.
Portada y sello rojo al interior del libro. Fotografías: Acervo digital de la Biblioteca Jaguelónica
Portada y sello rojo al interior del libro. Fotografías: Acervo digital de la Biblioteca Jaguelónica
Portada y sello rojo al interior del libro. Fotografías: Acervo digital de la Biblioteca Jaguelónica
Hacia finales de junio de este año, y durante una breve estancia en Cracovia, hermosa ciudad histórica del sur de Polonia, pudimos revisar un bello ejemplar de la Doctrina Xp̄iana ē lēgua Misteca, cōpueſta por el muy reuerēdo padre Fray Benito Hernandez vicario prouincial de la Miſteca de la orden de Sancto Domingo, de la nueua España. El libro, impreso en 1567-1568 en casa de Pedro Ocharte, se conserva en la Biblioteca Jaguelónica de la Universidad del mismo nombre. Se trata de la Doctrina escrita en el mixteco de Teposcolula, dato importante porque Ocharte también imprimió, justo antes, en 1567, una versión en mixteco de Achiutla. De ambas versiones solo se conservan contados ejemplares en el mundo. Dejando de lado la versión impresa para Achiutla, sabemos que se conocen cinco ejemplares de la correspondiente a Teposcolula: uno se encuentra en la Biblioteca Huntington (Los Ángeles); otro en la Biblioteca Francisco de Burgoa;1 uno más —muy dañado— en la Biblioteca Juan de Córdova y otro en la Biblioteca Conmemorativa Cushing (Texas A&M University). El ejemplar en Polonia, el más reciente en darse a conocer, es uno de los más completos: va del folio I al CXCXVIII [sic pro: CXCVIII], más las preliminares del iii al *viii, y la portada colocada erróneamente entre los folios *vii y *viii.
Durante nuestra visita pudimos deducir que este ejemplar posiblemente perteneció a la iglesia de Santiago Tilantongo en la Mixteca Alta de Oaxaca. En los folios CLXX verso y CLXXVI recto hay una anotación en el margen inferior que dice: Sabado (..) 786 (…) / Viernes 21 Julio en Sant[iag]o Mitlant[ong]o Vispera de S[anta] Maria Magd[alen]a a las 7 de la no(*che). De hecho, el 21 de julio de 1786 fue un viernes. En estos años Mitlantongo estaba sujeto a Tilantongo en lo espiritual, cuyo vicario se llamaba Antonio Ybañez. Los libros de bautizos y matrimonios conservados en la iglesia de Tilantongo demuestran que la letra de la glosa presenta cierta similitud con la del vicario.
Tapa de la Doctrina Xp̄iana ē lēgua Misteca…
Tapa de la Doctrina Xp̄iana ē lēgua Misteca…
Tapa de la Doctrina Xp̄iana ē lēgua Misteca…
Pero ¿cómo llegó este libro de Tilantongo a Cracovia? La primera parte del viaje no la conocemos, sin embargo, gracias a un sello pequeño dorado en la tapa del libro y otro sello de tinta roja en el interior sabemos que el libro perteneció, desde mediados del siglo XIX, a la Biblioth[eca] Regia Berolinensi[s], es decir, la Biblioteca Real de Berlín, fundada en 1661 y posteriormente convertida en la Biblioteca Estatal Prusiana. De hecho, la Biblioteca Jaguelónica conserva una importante colección de manuscritos e impresos raros y rarísimos procedentes de Berlín, colección conocida como la “Berlinka”. Las peripecias y travesías de esta colección son un recuerdo de la gran fragilidad de las bibliotecas y de la necesidad de defender el patrimonio documental de las manos de las ideologías extremas.
Ya en 1937, a cuatro años de que Hitler fuera nombrado canciller de Alemania, la Biblioteca Estatal Prusiana —una de las principales bibliotecas de Europa, ubicada en la famosa avenida Unter den Linde — inició los preparativos para posibles actos de guerra. Justo antes de la invasión de Polonia en 1939, se optó por mudar parte de sus colecciones a lugares más seguros. Los documentos e impresos más raros fueron trasladados a un búnker cercano la noche del 9 al 10 de abril de 1941, pero, cuando comenzaron los bombardeos de los Aliados, se decidió transportar las colecciones fuera de Berlín. Este proceso duró hasta 1945, cuando el avance del Ejército Rojo obligó a parar el proyecto. Se seleccionaron tres millones de impresos y novecientos mil objetos documentales pertenecientes a las colecciones especiales. En agosto y septiembre se elaboró una lista de veintinueve castillos, monasterios y minas de sal donde se podrían resguardar partes del enorme volumen de documentos. Después de la guerra —al firmarse el acuerdo de Potsdam—, once de estos lugares fueron incorporados al actual territorio de Polonia.
Transporte de las colecciones de la Biblioteca Estatal Prusiana. Fotografía: Regina Nowak, 1943
Transporte de las colecciones de la Biblioteca Estatal Prusiana. Fotografía: Regina Nowak, 1943
Transporte de las colecciones de la Biblioteca Estatal Prusiana. Fotografía: Regina Nowak, 1943
La violencia de la guerra y el descuido hicieron que un elevado, pero desconocido número de documentos perecieran. Otras partes, afortunadamente, sobrevivieron: una importante se fue al castillo de Fürstenstein (hoy Książ, en polaco) en la Baja Silesia y de allí, en 1943, a la abadía de Grüssau (hoy Krzeszów, en polaco), donde los benedictinos guardaron las cajas con gran celo en el ático de la iglesia. Finalmente, allí las encontró un delegado del Ministerio de Educación, en búsqueda de colecciones robadas de las bibliotecas polacas. Fue así como unos trescientos mil documentos e impresos fueron transportados a Cracovia en mayo de 1946. En las cajas se encontraba el libro de Benito Hernández. Durante décadas, Polonia —justamente resentido por la enorme destrucción causada por los nazis— negó la existencia de la colección, y fue hasta la década de 1970 que se reveló parcialmente su existencia. No fue hasta 2003 que reapareció la Doctrina de Benito Hernández publicada en un modesto inventario, pero sin llamar la atención. Aunque la controversia acerca de la propiedad de la Berlinka no está del todo resuelta, en los últimos años la Biblioteca Jaguelónica ha trabajado incansablemente en digitalizar el acervo, haciendo que este tesoro de la lengua mixteca esté hoy al alcance de los investigadores e interesados en general.2
En el beisbol, como en cualquier deporte, cuando se habla de récords el primer pensamiento es un logro que se gesta en el campo de juego, de manera colectiva o individual. Pero con los Diablos Rojos del 2025 se cumple una excepción.
En el último juego de la temporada regular, el equipo escarlata sumó una asistencia de 592153 espectadores en el Estadio Alfredo Harp Helú. Esto representa una nueva marca histórica para la franquicia, superando los 536743 asistentes registrados en 1967 en el extinto Parque Deportivo del Seguro Social.
La nueva marca cobra un valor inmenso, tomando en cuenta que en 2014, cuando los Rojos dejaron el Foro Sol con un campeonato, durante la temporada regular no se obtuvieron las mejores entradas. Podría decirse que en esa década el beisbol en la Ciudad de México se encontraba en terapia intensiva. Antes de la mudanza al Estadio Fray Nano, el México reunió 217030 asistentes en el Foro Sol en 55 aperturas de las 58 que se tenían contempladas en el calendario regular.
Lejos de desanimarse, la directiva apostó fuerte por el regreso de la afición con la construcción de un nuevo inmueble, y a nadie le queda duda de que desde la aparición del “paraíso” de los Diablos Rojos, el beisbol revivió y hoy vive uno de sus mejores momentos, pues desde el 2019 ha peleado por los primeros lugares de asistencia logrando el primer sitio en las últimas dos campañas.
Cobra especial relevancia comparar los 592153 seguidores reunidos en 2025 con los 536743 de 1967, porque en aquel año —cuando el equipo era dirigido por Tomás Herrera— el Parque del Seguro Social operó 22 juegos más que en el 2025, además de que el aforo de la construcción superaba al Estadio Alfredo Harp Helú por prácticamente 5000 lugares.
Al nuevo récord de asistencia habrá que agregar que, antes de los últimos tres juegos en León, 928614 personas han visto jugar a los Diablos Rojos en vivo, tanto en casa como en gira. En el 2024, la meta del millón de personas coincidió con el cuarto juego de la Serie del Rey, donde el equipo de Lorenzo Bundy consiguió la décimo séptima corona de su historia.
Sin lugar a dudas, podemos catalogar a la afición de la Pandilla Escarlata como la mejor de toda la LMB, esta marca les pertenece y son los protagonistas del renacer de la pelota en la capital. No podemos dejar de reconocer la labor de cada uno de los trabajadores del equipo que pone su máximo empeño para que la visita a la “basílica” del beisbol mexicano resulte todo un acontecimiento. Este récord es de todos y deberá ser considerado como un símbolo de que el diablismo volvió para nunca irse.
Entrados en datos duros, hay un número que representa la gran motivación para seguir apoyando fuerte desde las butacas, el incentivo para que cada empleado entregue los mejores resultados, el combustible para que los jugadores sigan dejando hasta la última gota de sudor en el campo, y el principal estímulo para que la directiva mantenga el espíritu combativo que los mueve a mantener la pelota en la Ciudad de México, siempre buscando los mejores resultados y nuevos retos. La cifra es: dos millones doscientos noventa y ocho mil ochocientos cincuenta y ocho asistentes del 2019 al 2025 en temporada regular. ¡Felicidades a todos!
Cuando cayó el telón de la temporada regular y justo al cierre de esta edición, el jugador monclovense Carlos Sepúlveda conquistó el campeonato de bateo. Se trata del primero que logra un pelotero mexicano de los Diablos Rojos, quien, además, es egresado de la Academia Alfredo Harp Helú. La hazaña de Carleque lo convierte en el noveno elemento escarlata que se ciñe dicha corona, y su porcentaje de .395 es el cuarto más alto de los once títulos de la especialidad que posee el club. Sepúlveda y Robinson Canó son el primer dúo que logra el campeonato de bateo para los Rojos en años consecutivos, sin olvidar que Alfred Pinkston fue el rey en 1959 y 1960.
Libros raros en la Burgoa. Fotografía: Acervo de la Biblioteca Francisco de Burgoa
La Escuela de Libros Raros de California (CalRBS), fundada en Los Ángeles en el año 2005, es un programa educativo enfocado en facilitar los conocimientos y las habilidades que necesitan los profesionales que trabajan con libros raros en bibliotecas, colecciones especiales, archivos y museos, así como a coleccionistas y estudiantes interesados en este ámbito y que desean adentrarse en estudios de justicia, ética bibliotecaria, bibliotecología crítica y en la conservación y preservación de libros raros. La CalRBS es un proyecto del Departamento de Estudios de la Información perteniciente a la Escuela de Educación y Estudios de la Información de la UCLA. Durante este verano, la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa fue sede del curso Libros Antiguos y Bibliotecas Mexicanas impartido por el Dr. Guillermo Morales (UNAM); a lo largo de una semana se profundizó en temas relacionados con la producción del libro impreso, sus características y su circulación, e incluso en los proyectos de bibliotecas digitales. Prácticas con obras originales, visitas a otras bibliotecas y talleres de artistas gráficos, como “La buena impresión”, fueron algunas de las actividades que permitieron que los asistentes experimentaran un acercamiento al libro como objeto, no solo a su contenido textual o al contexto en el que fue creado. Después de la Ciudad de México y Puebla, Oaxaca fue la tercera ciudad de nuestro país en tener una imprenta; en honor a esta tradición, deseamos que las colaboraciones permanezcan para continuar generando interés en la investigación de temas relacionados con la presencia de este artefacto en Oaxaca, así como en los libros antiguos o raros que aún conservamos en las bibliotecas del país.
Limpieza y ordenación del archivo musical de la Facultad de Bellas Artes UABJO. Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca
Limpieza y ordenación del archivo musical de la Facultad de Bellas Artes UABJO. Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca
Limpieza y ordenación del archivo musical de la Facultad de Bellas Artes UABJO. Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca
En el estado de Oaxaca existe una larga e importante tradición musical que forma parte del patrimonio e identidad cultural del estado como testimonio de evolución y resistencia. Sin embargo, son muy pocos los archivos musicales que están organizados y cuentan con las condiciones de resguardo y consulta adecuados.
La Facultad de Bellas Artes de Oaxaca se encuentra dentro del Exconvento de San José, en la esquina de la calle Morelos. Tras ser abandonado después de fungir como hospicio, en 1950 fue reconstruido y adaptado por orden del gobernador Eduardo Vasconcelos para convertirse en sede de la Escuela de Bellas Artes. Su acervo bibliográfico ha existido desde entonces, sin embargo, fue hasta hace unos años que se emprendió la construcción de un espacio moderno para su resguardo. Esta nueva edificación lleva el nombre del maestro Francisco Toledo, en homenaje a la estrecha relación que mantuvo con la institución mediante las donaciones de materiales destinados al estudio de las artes gráficas, cuando la instructoría en artes plásticas aún residía en esta Facultad.
La intervención de Adabi Oaxaca en la limpieza y ordenación del archivo comenzó como parte de los objetivos de consolidación académica de la Facultad, los cuales fueron asumidos por el Dr. Mario Vázquez Morillas en su cargo como director. La importancia de la organización del acervo para los alumnos los llevó a involucrarse en la clasificación de las partituras.
Conforme se revisaba el archivo musical se iba organizando de tal manera que obedeciera a funciones prácticas, como separar obras por instrumento, tipo de agrupación y función, es decir, para solistas o ensambles, o por métodos de estudio. Esto permitió dar forma al cuadro de clasificación orientado a cubrir las necesidades tanto del archivo como de los estudiantes.
Este archivo musical está conformado por carpetas, encuadernados y libros. En su mayoría son partituras pertenecientes a música sinfónica y de cámara; las óperas y zarzuelas se agruparon en una sección titulada Géneros Líricos. Dentro de la colección también se conservan revisteros con documentos que contienen obras de teatro. Si bien hay documentación que fue adquirida por la escuela, gracias a los sellos expuestos en varios de los documentos es posible reconocer algunas donaciones de bibliotecas personales como la del Dr. Karl Hinterbichler, profesor de la Universidad de Nuevo México, o la colección de obras de José Alcalá. Como dato importante: la Dirección de la facultad tiene a resguardo dos obras en original del recordado Macedonio Alcalá, así como dos violines de la familia.
Durante el tiempo que el equipo de Adabi ha trabajado en la biblioteca, algunos estudiantes curiosos se han acercado a conversar: todos coinciden en el desconocimiento del acervo bibliográfico de la Facultad, ademas de mencionar las dificultades para consultar el material. No obstante el reciente cambio de dirección, anhelamos seguir manteniendo una comunicación cordial con el nuevo personal administrativo para culminar el trabajo satisfactoriamente, y que los estudiantes y el público interesado muy pronto puedan comenzar a hacer consulta de las grandes obras musicales que resguarda la Biblioteca Francisco Toledo.
Remoción de cinta de un ejemplar. Fotografía: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental FAHHO
Remoción de cinta de un ejemplar. Fotografía: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental FAHHO
Remoción de cinta de un ejemplar. Fotografía: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental FAHHO
Durante años, en muchas bibliotecas y colecciones particulares, las cintas adhesivas han sido una herramienta común para resolver los problemas cotidianos: desde reparar una página rota hasta colocar una etiqueta de identificación. Lo que pocas veces se considera es el daño que este tipo de materiales puede causar a largo plazo.
Entre los materiales más utilizados se encuentran la cinta transparente de celofán, la cinta de embalar, la cinta masking, las etiquetas adhesivas comerciales e, incluso, el esparadrapo (cinta médica adhesiva). Aunque se aplican como una solución práctica, estos materiales suelen usarse de forma improvisada para resolver daños físicos o escribir números de inventario, especialmente en el lomo o la portada de los libros.
El problema es que, con el tiempo, estos adhesivos envejecen, se degradan y se oxidan. En este proceso, sus componentes químicos —particularmente los plastificantes y las resinas sintéticas— se vuelven inestables. La capa plástica de la cinta suele despegarse, pero el pegamento se queda adherido firmemente al papel o a la encuadernación. Esta oxidación provoca que el adhesivo cambie de color, se vuelva ácido y se impregne casi de forma irreversible en las fibras del soporte. El resultado son manchas profundas, zonas rígidas o quebradizas, y residuos que, además de difíciles de eliminar, atraen polvo, humedad e incluso insectos. En algunos casos, estos residuos quedan tan integrados al material que ni siquiera pueden eliminarse por completo con tratamientos especializados, lo que dificulta la lectura o manipulación del contenido.
En el Taller de Conservación y Restauración Documental de la FAHHO hemos trabajado con diversos ejemplares que presentaban cintas adhesivas, siendo las cintas de celofán y las etiquetas comerciales las más comunes, generalmente para escribir títulos y números de inventario. Aunque entendemos que esta práctica fue llevada a cabo con buena intención por parte de sus antiguos propietarios y guardianes —quienes buscaban ordenar o identificar los libros—, hoy sabemos que este tipo de acciones resultan muy perjudiciales para su conservación.
En estos casos, la labor del restaurador implica mucho más que quitar una cinta: requiere observar cuidadosamente el estado físico del libro, determinar el tipo de adhesivo, aplicar métodos seguros para su retiro y, en muchos casos, estabilizar las zonas debilitadas antes y después de la intervención. Es un trabajo delicado que exige conocimiento técnico, precisión manual y, sobre todo, respeto por la historia material del objeto.
Por eso, si alguna vez tienes un libro que necesita atención, lo mejor que puedes hacer es evitar cualquier tipo de cinta adhesiva. En su lugar, protégelo del polvo, guárdalo en un lugar seco y pide apoyo a un especialista si es necesario repararlo. A veces, lo más importante no es arreglar de inmediato, sino conservar adecuadamente. Cada intervención debe hacerse pensando en el futuro, porque cada libro o documento que conservamos es también una parte viva de nuestra memoria colectiva.
Concierto en el claustro del Centro Cultural San Pablo. Fotografía: Acervo de Comunicación FAHHO
En la labor de preservar la música como agente cultural del sonido, durante el primer semestre del año la Fonoteca Juan León Mariscal ha presentado la Temporada de conciertos 2025, un espacio donde han participado talentosos y virtuosos músicos locales, nacionales e internacionales quienes han traído de vuelta obras de grandes compositores creadores de piezas que van desde las más populares hasta aquellas que guardan un importante valor histórico en la cultura del sonido. Los conciertos —con interpretaciones de ópera, cuartetos de cuerdas, guitarras, camerata, piano solo o hasta a cuatro manos— han deleitado al público asistente que se da cita todos los jueves a las 19 horas en el claustro del Centro Cultural San Pablo.
Este espacio ha sido musicalizado por jóvenes talentos, entre los que sobresalen, por mencionar algunos, los pianistas Victoria Daninisa y Santiago Omar Díaz Carrasco con su interpretación de grandes compositores como Villalobos, Chopin y Mozart. También ha destacado Nandxo´bi López, dando muestra de su destreza en el corno francés y con un repertorio que incluye a Saint-Saëns, Strauss o Bach/Gonoud. La participación de Camerata Oaxaca y los alumnos del Festival Internacional de Cuerdas SA´Oaxaca ha demostrado que el talento joven oaxaqueño sigue formándose y es capaz de florecer en más proyectos musicales hacia el rescate de la música de cuerda en Oaxaca.
Aunque el claustro ha funcionado como la sede permanente de los conciertos de la Fonoteca por más de 12 años, el atrio y la Capilla del Rosario —del mismo Centro Cultural— han sido otros espacios alternos para dar a conocer a jóvenes músicos. De igual forma, las bandas sinfónicas infantiles como Vientos floridos, de San Agustín Etla, o la Banda Filarmónica Infantil y Juvenil Apaztli, de Magdalena Apasco, impresionaron al público asistente por el profesionalismo con el que sus pequeños integrantes se desempeñaron al interpretar la música regional oaxaqueña. Asimismo, la participación que ha tenido la Facultad de Bellas Artes de la UABJO es una muestra clara de sus avances académicos en orquesta sinfónica y orquesta de guitarras.
Con el compromiso de reforzar la cultura del sonido entre el público local y visitante, la Fonoteca ha unido esfuerzos con el programa Seguimos Leyendo a partir de una oferta de talleres dirigida a las infancias y las adolescencias, con el fin de acercarlos a la apreciación y al estudio musical con actividades de aprendizaje centradas en sensibilizar, analizar y disfrutar de la música. Además, se han ofrecido conferencias con el objetivo de visibilizar temas de interés en torno a la música local y nacional, como “El Stabat Mater en la tradición del Viernes de Dolores” presentada por la maestra soprano Maribel Sánchez y el historiador Ernesto Alcántara, y “Música de compositoras mexicanas del periodo romántico” con la participación de la musicóloga Monserrat Pérez Lima.
La labor de dar a conocer la cultura del sonido incluye acercar la música a nuevos espacios. Es por eso que el trabajo conjunto entre la Fonoteca y la FAHHO Itinerante se ha enfocado en llevar interesantes propuestas a las nuevas generaciones, destacando la participación de la agrupación musical Biin ni Cayun Guiaá —como ensamble de cuerdas y cuarteto— que, mediante recitales que invitan a imaginar, ha logrado una buena respuesta por parte del público infantil que habita las comunidades conurbadas a la ciudad, gracias a los conciertos itinerantes.
Narrar aquí cada una de las experiencias sonoras que se han suscitado durante este tiempo nos tomaría mucho, no obstante, la labor por preservar la música seguirá vigente y la Fonoteca espera ser el enlace que difunda y mantenga viva esta importante misión.
Función de titireteatro en San Pablo Huixtepec. Fotografías: Daniel Barragán
Julia es una niña a la que solo le interesan la televisión y los videojuegos. Un día, su papá le regala un libro. Julia, a regañadientes, decide abrirlo por la mitad para darle una oportunidad, porque —como explicará después— los comienzos son aburridos y prefiere entrar directamente en la acción. La historia trata sobre un pirata que la invita a una aventura, en la que conocen a una bruja malvada que la convierte en burro. Julia deberá aprender a leer los libros completitos para descubrir que, por medio de la lectura, podrá librarse por fin de esas horribles orejas alargadas.
La función “Cuento pirata” fue presentada por la compañía de titiriteatro Pipuppets en la explanada municipal de San Pablo Huixtepec. Las infancias llegaron acompañadas de sus mamás y papás, cargando a cuestas un tapetito que extendieron sobre el piso, el mismo por donde todos los días atraviesan cientos de personas apuradas por llegar al trabajo o hacer algún trámite en el ayuntamiento. Acto seguido, niñas y niños se acomodaron a pierna suelta para disponerse a disfrutar la función.
De un momento a otro, el centro de San Pablo Huixtepec se convirtió en una sala gigante donde niñas y niños de todas las edades —incluso quienes rebasan la treintena— se agruparon para reír y bailar con la chistosísima función. Lila, acostada en primera fila, se quitó los zapatos y usó a su perrito como almohada. Esteban, su hermano, quien ronda los 13 años, prefirió sentarse con desgana en las sillas dispuestas para los adultos. Da la impresión de que ya está demasiado grande para ese tipo de actividades.
La función comenzó con una dinámica en la que las infancias debían memorizar una serie de gestos corporales y repetirlos cada vez más rápido al ritmo de una canción. Esteban, enfadado y sin levantarse de su asiento, apenas movía los hombros. Poco a poco comenzó a mover también los pies, el torso. Cuando la canción terminó, Esteban ya parecía un muñeco de calenda girando sin control.
Karen, de ocho años, miraba la función y, de tanto en tanto, observaba a su alrededor, incrédula. Cada vez que soltaba una carcajada, volteaba hacia el corredor municipal, donde un grupo de policías descansaban su armamento para observar la obra; el mismo lugar donde pasa todos los días tirada de la mano por su mamá para ir a la escuela.
Cuando terminó la obra, las niñas y los niños hicieron fila para tomarse una foto con los actores. La fila se extendía larga sobre la explanada. Karen fue de las primeras en pasar; ni bien se tomó la fotografía, salió corriendo hacia la biblioteca para poner en práctica lo aprendido. Pidió un libro y volvió a acostarse en su tapete, justo en medio de la explanada: una islita rosa en medio de la amplia superficie gris de cemento, donde no había más niños que ella. Su papá le dijo que pidiera el libro prestado para leerlo en casa, que se levantara porque la actividad ya había terminado. Pero Karen se rehusó, ahí estaba muy cómoda, argumentó sin soltar el libro que le tapaba la cara.
Asistentes al taller de “El gato en la literatura”
Entonces, al dar la hora, las personas llegan, acomodan sus cuadernos y plumas a un costado, guardan sus celulares, toman un trago de agua, piden un café, se ponen cómodas. Para cada actividad es el mismo ritual de llegada y de reconocimiento; no obstante, lo que sucede en los talleres o sesiones de lectura y presentaciones siempre maravilla, nunca es igual. Un ejemplo claro es el último taller que se llevó a cabo por parte de la Librería Grañén Porrúa, en alegre sinergia con Andares del Arte Popular y el Centro Cultural San Pablo, titulado “El gato en la Literatura”, el 4 y 5 de agosto. Las asistentes, entusiastas, ¡hasta llevaron sus peluches de gatitos! Y Ana Rodelo, la facilitadora del taller, fue la más emocionada.
Compartimos ejemplos de poemas sobre la presencia de este animalito en nuestras vidas, y para los ejercicios inspirados creamos “textos rompecabezas” de gatitos y, ¡hasta un cadáver exquisito!; esta actividad fue la más bella, ya que surgió un cuento que llevaba un poco de la imaginación de cada una de las participantes. También imaginamos que éramos gatos bajo la lluvia, gatos sobre el tejado, gatos huérfanos, gatos intrépidos e independientes, y nacieron pequeños relatos y poemas de lujo. Con el favor de la paciencia y el trabajo, en el siguiente número de este boletín estaremos compartiendo los resultados.
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Y antes de eso, el 25 de julio se llevó a cabo la sesión de “Escritura creativa” en coordinación con Rueda Libre, iniciativa de Jaime Roldán, quien viaja en bicicleta desde Colombia, su país de origen. En esa ocasión, Jaime propuso una serie de ejercicios que acompañaran a las talleristas a soltar la mano: desde preguntas detonadoras hasta consignas divertidas. Aunque el día que tuvimos esta actividad el centro de la ciudad era una verbena, las y los interesados hicieron lo imposible para llegar y tomar esta clase. Jaime nos comenta:
En la LGP tuvimos un encuentro donde los asistentes fortalecieron su creatividad literaria. En esta sesión nos propusimos pensar el camino de la escritura y evaluar ciertos mecanismos que nos permiten ir encontrando esa voz propia en la creación literaria. Los asistentes que ya tenían un cierto recorrido e inquietud por las letras acogieron de buena manera las propuestas, esto permitió generar un diálogo interesante al término de cada uno de los ejercicios. Estos espacios siguen siendo de vital importancia para animar a los otros a escribir su camino, encontrar su voz y narrarse de muchas maneras.
Este taller forma parte de una serie de actividades que Jaime viene realizando a su paso por cada ciudad que visita en su trayecto en bicicleta, y se sincera al señalar que Oaxaca es una de las ciudades donde mayor recepción ha tenido esta iniciativa sobre escrituras creativas, lo que nos emociona y alienta para seguir ofreciendo no solo libros, sino inspiración y acompañamiento a quienes se acerquen.
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Pero mucho antes de Rueda Libre compartimos otra actividad: “Maternar escritura, crear vida”. Se desarrolló en el patio trasero de la casa que ocupa esta librería, el 22 y 23 de julio pasados: ahí nos reunimos personas interesadas en dialogar y compartir lecturas y experiencias sobre el hecho de crear y criar. Mientras yo leía en voz alta algunas páginas de los títulos que había preparado para la ocasión, las asistentes preparaban el lápiz y el cuaderno. ¿Que si hubo más ejercicios de escritura creativa? ¡Así es, los hubo! Y es que, luego de leer, irremediablemente vamos a escribir. Así sean mínimas entradas a nuestra bitácora, o a nuestras notas del celular, o a nuestro blog personal: los ejercicios de escritura creativa, o inspirada, funcionan como paisajes de nuestro mundo interior que tienden a buscar salida.
Los dos formatos que se abordaron en estas sesiones fueron el diario poético y el ensayo íntimo, en ese orden. Primero, el diario como registro de lo que sucede en el día a día, pero sin la obligatoriedad de hacerlo “diariamente”, permitiéndonos los lapsos de tiempo necesarios para que la escritura fluya con la confesión, el desahogo, la plática interna. Porque, como sucede cuando se materna, el tiempo adquiere otras dimensiones, a veces más elásticas, otras de plano petrificadas. En segundo lugar, el ensayo íntimo fungió como un lienzo amplio para llenar de experiencias, anhelos, pensamiento crítico, búsqueda intelectual, de escritura libre. Andrea Carrasco, escritora oaxaqueña, se encargó del segundo módulo, y lo acompañó con material didáctico lindísimo, consignas, una libretita de obsequio que se llevaron las talleristas y que prometimos llenar con nuestros escritos.
¿Que si habrá más talleres y ejercicios de escritura creativa en la Librería Grañén Porrúa? ¡Claro que sí! Les invitamos a mantenerse atentos tanto de las redes sociales como de la Agenda FAHHO, donde compartiremos nuestras siguientes dinámicas.
Acto inaugural del nuevo Telón del Teatro Macedonio Alcalá
El Teatro Macedonio Alcalá tiene siempre una historia que contar, cada uno de sus rincones guarda un secreto: el plafón del techo nos recuerda a los grandes músicos del mundo, los balcones y la lámpara central nos remiten a una época gloriosa, las butacas nos abrazan para poder volar a través de la contemplación, y los telones esconden un mundo por descubrir. Este lugar es también un crisol de emociones donde las historias cobran vida: los acordes de la orquesta tocan fibras íntimas, las danzas se transforman en poesía conmovedora, las risas y las lágrimas se entrelazan y las palabras nos emocionan. Aquí siempre habrá una historia por contar, una historia por vivir; aquí es donde la imaginación vuela libre y los corazones laten al compás de las luces y las sombras.
En esta atmósfera el telón principal del Teatro Alcalá conecta la imaginación, las pasiones y las emociones; es, a su vez, expectativa, inicio, intermedio y fin de una experiencia profunda, porque, abierto o cerrado, el telón transforma el espacio, transfigura la personalidad de actores y espectadores en algo que no podemos entrever, sino hasta que el telón ha bajado.
Es por eso que este maravilloso lugar siempre ha necesitado del cobijo de un telón principal, sin embargo, el original antiguo, que es precioso, ha padecido los embates del tiempo: su semblante desgastado no es sino el susurro de cada obra que ha arropado. Y para que el Teatro Alcalá siga contando historias, hoy celebramos que, desde la contemporaneidad, nuestra generación contribuye al embellecimiento del teatro que tanto amamos, porque nos convoca y conecta con el arte, nos conmueve y transforma.
Hoy en el telón de nuestro teatro cobra vida la memoria de algunos objetos y personajes que han impulsado la vida cultural de nuestra región: artistas, escritores, músicos, historiadores, poetas, bailarines, compositores y todos aquellos que han contribuido a hacer de nuestra tierra un lugar vibrante. Es como si todos ellos hubieran estado siempre ahí, cuales fantasmas de la ópera, solo que ahora el artista José Luis García les ha dado materialidad dentro de un inmenso lienzo: Un cosmos espectacular colmado de estrellas que inspiran y brillan en la narrativa de nuestra cultura. Y así, la luz y el color que brotan del nuevo telón nos recuerdan la alegría y la pasión que caracterizan a Oaxaca.
Proceso de creación del nuevo telón para el Teatro Macedonio Alcalá. Fotografías: Eduardo González
La nueva cortina de este teatro presagia los movimientos que hay detrás de él: los personajes cobrarán vida y nos harán sentir emociones inexploradas. Así que el nuevo telón no solo es una cortina que se abre y se cierra para iniciar o finalizar la función, sino que es el eco de un espacio sagrado donde se celebran la vida y el arte.
Para la Fundación Alfredo Harp Helú es un honor contribuir a la creación de este nuevo telón. Nos motiva saber que tantas personas de Oaxaca se hayan unido a favor de una obra necesaria para esta ciudad. Felicitamos especialmente al maestro José Luis García y a sus colaboradores por su notable trabajo para darle vida a este telón. Asimismo, manifestamos nuestro reconocimiento a las instituciones y personas que han hecho posible este proyecto, especialmente al arquitecto Esteban San Juan Maldonado y a su equipo, guardianes de este teatro.
Este telón, al igual que el himno Dios nunca muere, nos recuerda que la cultura es eterna y que trasciende en el tiempo latiendo dentro de cada uno de nosotros, aun cuando la función parece haber terminado.
Juego de pretemporada con el nuevo roster. Fotografías: Miguel Boada
Juego de pretemporada con el nuevo roster. Fotografías: Miguel Boada
Juego de pretemporada con el nuevo roster. Fotografías: Miguel Boada
Después de haber hecho historia en su debut en el 2024, los Diablos Rojos Basquetbol regresaron a las duelas para iniciar una nueva historia, la cual comenzó con la Temporada 2025 y el objetivo de defender el título de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional (LNBP): la Misión Back to Back.
La quinteta escarlata volvió a las duelas con un nuevo perfil, formado por caras nuevas y jóvenes con las que no solo buscan ser un equipo protagonista, sino empezar a sembrar las primeras semillas de un futuro prometedor en la organización de la LNBP.
“Hicimos un gran trabajo de pretemporada. Fueron días intensos de mucha actividad, de mucho estudio para que todos los nuevos elementos pudieran conocer el plan de juego que desarrollarán los Diablos Rojos este 2025”, comentó el entrenador de los Diablos Rojos, Nicolás Casalánguida.
Una vez que se logró el histórico título en la campaña 2024, la gerencia de los Diablos —encabezada por el General Manager, Nick Lagios— empezó con el armado del roster, buscando mantener la identidad del año del debut, al mismo tiempo en que se decidió cambiar la aplicación del plan al apostar por jóvenes, de quienes se espera puedan convertirse en jugadores propios del equipo que permanezcan muchos años vistiendo el jersey rojo. De acuerdo con Nick Lagios, esta fue la experiencia que se vivió en la configuración del equipo:
Uno de los temas principales que surgió el año anterior fue que Diablos no tenía la carta de ningún jugador, por lo que se armó el equipo utilizando muchos recursos y rentando las cartas de otras organizaciones. Ahora tuvimos el tiempo para poder construir el roster de una manera distinta, a partir de la búsqueda de talentos en el ámbito nacional e internacional. Fue así como se logró formar un equipo con muchas caras nuevas: una mezcla de experiencia internacional con juventud.
El equipo rojo está conformado por cinco jugadores que construyeron el título 2024: el capitán Michael Smith acompañado de Gael Bonilla, Luciano González, Michael Carrera y Alberto Cruz. A ellos se suman siete basquetbolistas nuevos: Dontrell Brite, Daishon Smith, Kriss Helmanis, Alphonso Anderson, Luis Andriassi, Rodrigo Domínguez y André Barbosa.
Los Diablos Rojos Basquetbol realizaron un trabajo de pretemporada que duró 20 días, el cual comenzó en la Universidad La Salle y concluyó en la duela del Gimnasio Juan de la Barrera. El calendario de la campaña comenzó el 5 de julio y ya muestra resultados favorables, pues el equipo se encuentra en el segundo lugar en la tabla de posiciones. No dudamos en que su buen desempeño y la fortaleza como locales los llevarán a conquistar la final.
Billete y decreto emitido bajo la soberanía de Oaxaca. Fotografías: Acervo del Mufi
Billete y decreto emitido bajo la soberanía de Oaxaca. Fotografías: Acervo del Mufi
Billete y decreto emitido bajo la soberanía de Oaxaca. Fotografías: Acervo del Mufi
La Heroica Ciudad de Tlaxiaco es un poblado de Oaxaca que se localiza al noroeste del estado y pertenece a la Mixteca Alta oaxaqueña. Toma su nombre de la cabecera municipal, que fue llamada Heroica debido a una batalla en la que se enfrentaron mexicanos y franceses durante la segunda intervención francesa. Su nombre en mixteco es Ndisi Nuu, que significa ‘Buena Vistaʼ.
El 5 de marzo de 1916 llegan las primeras fuerzas carrancistas a la capital de Oaxaca, por lo que los tres poderes del gobierno soberanista —al mando de José Inés Dávila— se trasladan a Tlaxiaco, donde instala su gobierno. Sin embargo, el 12 de agosto la ciudad es atacada, tomada y saqueada por los carrancistas al mando del coronel Nicolás Piña y los hermanos Avendaño, por lo que el gobernador Dávila huye rumbo a Mixtepec.
Para el 13 de octubre de 1917, los tlaxiaqueños volvieron a ser atacados, pero esta vez por fuerzas “amigas” desde Mixtepec, aunque dicha invasión duró poco ya que se improvisó una resistencia que permitió a los mixtepecanos huir en poco tiempo.
El 15 de marzo de 1916, el general Félix Díaz tomó la plaza de Tlaxiaco. Meses después, el 26 de junio, puso en circulación unos cartones delgados de color amarillo, con dimensiones de 83 mm de largo por 55 mm de ancho. Fueron autorizados mediante un decreto fechado el 24 de junio de 1916, firmado por el tesorero C. Pachumal y un contador cuyo apellido parece ser Atristain, aunque no se distingue con claridad en el documento.
Se imprimieron un total de 10000 cartones con valor de 50 centavos en tinta negra, los cuales llevan el sello característico de la Tesorería General. Las primeras piezas emitidas carecen de dicho sello. Todos fueron fechados el 24 de junio de 1916.
Este cartón constituye el último billete emitido bajo la soberanía de Oaxaca.
En el ámbito del arte popular en Oaxaca, con raíces tanto indígenas como hispánicas, la talla en madera es una de las tradiciones artesanales más antiguas y reconocidas. En las comunidades zapotecas actuales, específicamente en San Martín Tilcajete, el auge de esta labor se remonta a la segunda mitad del siglo XX, cuando los talladores empezaron a experimentar con la creación de figuras zoomorfas fantásticas y coloridas. Más allá de sus paralelismos con los alebrijes de cartonería creados por Pedro de Linares en la Ciudad de México, la historia de la talla en madera en Oaxaca es aquella proveniente del copal como materia prima, la que combina la destreza y la imaginación de los creadores con los motivos de la cosmovisión zapoteca y usa colores vibrantes en decoraciones con diseños minuciosos y contrastantes, pero siempre armónicos. Se trata también de las historias particulares y familiares, las de los talleres y conocimientos que se han transmitido de generación en generación hasta alcanzar fama internacional.
Cada figura nace del árbol de copal, de la selección de ramas jóvenes y troncos medianos, cuya suavidad y aroma guardan la bella promesa de convertirse en algo más. Las propias formas naturales del árbol son capaces de despertar la imaginación del tallador para seccionar y comenzar a dar forma con machete y cuchillo, y poco a poco, entre astillas y rebajes, va surgiendo el contorno de un animal fantástico o de un ser híbrido o de un nahual protector. Como si necesitara un respiro, la madera se deja reposar de 3 a 15 días antes de continuar su transformación. Después, con navajas y gubias, el creador pule los detalles revelando alas, colas, orejas, colmillos, movimientos y gestos escapados de un sueño. Tras haber sido sometida a un proceso de lijado, la figura se sumerge en gasolina para matar cualquier bicho que pudiera dañarla. Cuando la pieza está lista se cubre con una base blanca, como un lienzo en espera de los colores, entonces comienza la fiesta: líneas finas y puntos diminutos pintados con paciencia infinita tapizan la superficie para evocar símbolos y texturas.
Si detrás de cada pieza hay un proceso casi ritual, es gracias a las manos que lo llevan a cabo. San Martín Tilcajete ha visto nacer a grandes talladores de madera, entre los cuales ha destacado el maestro Margarito Melchor. Nació en 1950 y se formó como tallador con Isidoro Cruz Hernández, cuando la talla se centraba en la elaboración de juguetes. En 1970 el joven Margarito inició un camino dificultoso, pues se aventuró en la talla de piezas distintas: campesinos, nacimientos, coyotes y gatos. Estos últimos marcaron su estilo personal: la forma en que lleva los gestos y actitudes de los felinos domésticos a la madera revela una profunda sensibilidad. La incomprensión de la innovación les trajo a los talladores el sobrenombre de “moneros”, un término despectivo para designar a quienes no ejercían las actividades productivas de una comunidad dedicada especialmente a la agricultura, la ganadería y la albañilería.
Con mucha dedicación y pasión, don Margarito pasó de elaborar juguetes y “monitos” a crear piezas con un fuerte carácter onírico, inventivo, narrativo y lúdico, marcadas con su sello personal: una decoración hiper minuciosa basada en el uso de puntos que casi nos hacen tocar la piel de sus ensoñaciones. Su fuente es la tradición oral zapoteca y la vida cotidiana que, a veces, es traspuesta por el jugueteo de un gato. El ingenio del maestro Melchor ha sido premiado en diversas ocasiones en el ámbito local, nacional e internacional, de manera que pudo conocer los Estados Unidos y vincularse con figuras e instituciones importantes. Entre muchos otros logros, podemos señalar que una de sus piezas ocupa la portada de un libro; su vida como tallador fue narrada bajo el título Margarito´s carvings (1996); además, ha sido portavoz del folclor y el arte popular en el Chicago Children’s Museum. Margarito Melchor recuerda con especial cariño, agradecimiento y orgullo el apoyo del maestro Francisco Toledo a los artistas de la talla en madera, entre ellos él mismo, por medio del taller “Creación de marionetas” (2011). En 2024 la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca reconoció su trayectoria como tallador y su contribución al resguardo del legado y patrimonio cultural tangible e intangible de Oaxaca, y en 2025 apoyó su distinción como “Caballero águila”.
El maestro Margarito reconoce su trayectoria como un esfuerzo familiar. En San Martín Tilcajete la familia se convierte en escuela y sostén, de modo que cada pieza tallada no solo habla del ingenio individual de un creador, sino también de un tejido colectivo que sostiene la tradición y la renueva generación tras generación.
De la familia Melchor, también se desprende la figura del maestro Juventino Melchor Ángeles, quien inició su camino cuando tenía 15 años de edad de la mano de su tío, el señor Coindo Melchor, a quien reconoce como uno de los iniciadores de la tradición en la que abrevan los talladores actuales. Lo que comenzó como un pasatiempo durante los días en que iba pastorear el ganado, se formalizó en 1986, cuando decidió dedicarse de lleno a la talla en madera. Con un imaginario poblado por la tradición musical y festiva de su pueblo, así como por las caricaturas animadas protagonizadas por animales antropomorfos, Juventino Melchor innovó a partir de la talla de músicos —especialmente agrupados en marimbas o bandas—, a los cuales ha dado en llamar “músicos nahuales” debido a que surgen de la combinación de un cuerpo humano con cabeza de animal, ejecutando algún instrumento musical. Y es precisamente ese imaginario musical el que ha caracterizado su trabajo. Sin embargo, sus intereses también se han desplegado mediante la creación de diablitos, calacas, conejos con zanahorias, gacelas y jirafas. Se trata de piezas y temas que han perfilado la originalidad de su obra.
Para Juventino Melchor la tradición local juega un papel determinante en su trabajo creativo, del mismo modo en que lo hace la cultura visual y popular mediática, específicamente las caricaturas. Las bandas de viento constituyen una expresión cultural viva de San Martín Tilcajete: la banda de música encabeza toda expresión festiva tradicional y, en ese sentido, representa a la comunidad.
Pese a que el maestro Juventino remarca la capacidad de crear algo propio y diferente de lo ya existente como una característica de la creatividad, reconoce que en su proceso imaginativo también influyen de manera importante los deseos y las ideas de los comitentes. Sin embargo, como él mismo señala, cada encargo siempre ha de llevar la impronta de su autor, una parte de su alma y corazón. Para Melchor Ángeles es ahí donde radica la originalidad: en la capacidad de hacer única e irrepetible cada obra, y esto constituye también el valor cultural que tiene la talla en madera realizada en San Martín Tilcajete. A partir de la innovación y la diferencia dentro de una tradición y comunidad de talladores, la originalidad aviva la tradición; dinamiza el patrimonio cultural; amplía el repertorio visual y simbólico de una sociedad; otorga prestigio y valor museístico y económico.
Para demarcar la originalidad de las creaciones de los talladores de San Martín Tilcajete, don Juventino opta por el uso del término “figura de madera tallada” frente al de “alebrije”, cuya técnica consiste en la cartonería con papel maché. Asimismo, invita a los artesanos oaxaqueños a practicar una creación innovadora que le permita al arte popular fluir conforme al tiempo que le corresponde vivir a cada artífice.
Hoy, las figuras talladas en San Martín Tilcajete recorren el mundo como embajadoras de una tradición que es al mismo tiempo un gesto personal y colectivo: reúne la memoria de la comunidad, la mirada personal del artesano y la fuerza de un patrimonio vivo. En ese diálogo, Andares del Arte Popular intenta preservar y celebrar la talla en madera como un reflejo de identidad, creatividad y continuidad cultural, así como una forma digna de sostener la vida.
La fuerza del trabajo comunitario brilla en Oaxaca gracias al impulso de Fomento Social Banamex, A.C., la Fundación Alfredo Harp Helú, A.C., y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, A.C.
Se destinaron 10 millones de pesos a 148 proyectos en el estado.
Oaxaca de Juárez, Oaxaca. El programa Home Runs Banamex 2025, impulsado por Fomento Social Banamex, A.C., en alianza con la Fundación Alfredo Harp Helú, A.C., y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, A.C., destinó $10 millones de pesos a 148 instituciones comprometidas con transformar realidades en el estado, beneficiando a 400,709 personas.
Bajo el lema “Un Batazo por un México Unido, Sano y Creativo”, esta edición del programa reafirma su misión: apoyar a organizaciones sociales que desde lo local construyen soluciones para desafíos urgentes en alimentación, salud, medio ambiente, educación, empleabilidad, cultura, deporte y desarrollo productivo.
“El Programa Home Runs Banamex ha sido por 29 años un ejemplo vivo de cómo una institución financiera puede ser un verdadero agente de cambio. Lo que comenzó como un proyecto vinculado al patrocinio deportivo, se convirtió en un puente entre dos mundos: el del deporte y el de la filantropía. Desde 1996, el programa Home Runs ha otorgado 4,437 donativos a instituciones sociales del Valle de México y del estado de Oaxaca por un total acumulado de ($327.7 millones de pesos), $586 millones de pesos a valor actual. Las organizaciones que han recibido apoyo por parte de la iniciativa han logrado impactar de manera directa a cientos de miles de personas en sus comunidades.
Se han fortalecido escuelas, clínicas comunitarias, centros de atención a personas con discapacidad, instalaciones deportivas, proyectos de conservación ambiental, programas de becas, centros de rehabilitación, y mucho más”, señaló Manuel Romo Villafuerte, director general de Banamex.
“Desde hace 29 años los Guerreros de Oaxaca llegaron a esta ciudad para traernos el beisbol, el mejor espectáculo del mundo así surgió una gran afición que apoya a su equipo y por eso decimos que ¡en Oaxaca todos somos Guerreros! Junto con el equipo también llegó el Programa Home Runs Banamex, que une las grandes jugadas de los peloteros con las causas sociales. No sólo queremos afición, sino ofrecer un compromisocon la comunidad, el deseo es justamente hacer equipo con los que más lo necesitan. Seguimos convencidos de que el deporte y la generosidad tienen el poder de transformar realidades y sembrar esperanzas. Hoy, me llena de orgullo ver cómo esta iniciativa sigue creciendo, dejando una huella positiva en las comunidades de Oaxaca, promoviendo una vida más digna para quienes más lo necesitan.
México necesita compromiso, hay que involucrarse en el desarrollo del país, trabajar para hacerlo propositivo, productivo y consciente de su gran potencial. La Fundación Alfredo Harp Helú y Home Runs Banamex han permitido que nuestros equipos de beisbol: los Guerreros de Oaxaca y los Diablos Rojos del México no solamente nos hagan vibrar con sus jugadas, sino que se comprometan también socialmente, que beneficien a un gran número de mexicanos. Peguemos hits y jonrones, sigamos ganando partidos y, señores, espero encontrarnos en la final de la Zona Sur”, mencionó Don Alfredo Harp Helú, presidente Honorario Vitalicio de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, y presidente del equipo de béisbol Guerreros de Oaxaca.
Los proyectos seleccionados para formar parte de la iniciativa fueron elegidos por su impacto, sostenibilidad y pertinencia. Las organizaciones ganadoras representan la diversidad de Oaxaca, tanto en su riqueza cultural como en su capacidad para innovar desde lo comunitario.
Una historia que celebra 29 años
El programa Home Runs Banamex cumple 29 años de existencia, consolidado como una de las iniciativas filantrópicas más sólidas del país. Su origen está en la visión de Don Alfredo Harp Helú, quien unió su pasión por el béisbol con su firme compromiso social para festejar cada carrera con impacto en la vida de miles de personas.
A lo largo de casi tres décadas, el programa ha tejido alianzas entre el sector privado y la sociedad civil para impulsar el desarrollo desde lo local. En Oaxaca, su impacto se multiplica cada año, fortaleciendo el tejido social y promoviendo el bienestar con enfoque de inclusión y respeto por la identidad cultural.
Con esta edición el Banco Nacional de México y Fomento Social Banamex reiteran su compromiso con Oaxaca y su gente, convencidos de que las soluciones más poderosas nacen desde las comunidades.
Organizaciones apoyadas en 2025, en el estado de Oaxaca:
MUNDO CEIBA, A.C.
DESARROLLO INTEGRAL DE LA JUVENTUD OAXAQUEÑA, A.C.
INSTITUTO DEL DEPORTE
VISIÓN Y ALMA COMUNITARIA, A.C.
ALBERGUE INFANTIL JOSEFINO, A.C.
FONDO GUADALUPE MUSALEM, A.C.
FUNDACIÓN PADRE ÁNGEL VASCONCELOS, A.C.
CANICA CENTRO DE APOYO AL NIÑO DE LA CALLE DE OAXACA, A.C.
LIBROS PARA PUEBLOS, A.C.
MC CASA DE LUZ Y DESCANSO PARA NIÑOS CON CÁNCER, A.C.
La BS Mira Harp Grañén como un espacio para la recreación desde la primera infancia. Fotogtafía: Acervo BS Mira Harp Grañén
La BS Mira Harp Grañén como un espacio para la recreación desde la primera infancia. Fotogtafía: Acervo BS Mira Harp Grañén
La BS Mira Harp Grañén como un espacio para la recreación desde la primera infancia. Fotogtafía: Acervo BS Mira Harp Grañén
Llegamos al octavo mes del año y, para este momento, podemos observar ya que la cosecha en las diferentes filiales de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha sido abundante.
Un ejemplo claro de ello es la creación de la Biblioteca Mira Harp Grañén, la cual se ha convertido en un refugio gentil para las infancias y adolescencias de San Miguel Tixá. El Museo Infantil nos recuerda la visión infantil sobre los mercados y cómo estos marcan nuestras primeros acercamientos a la cultura local. Guerreros de Oaxaca también hace de lo tradicional y lo local una fusión entre cultura, arte y deporte a partir de sus uniformes. En este mismo ámbito, Andares del Arte Popular reconoce la labor de dos alfareros y ceramistas de Tierra Caliente, Oaxaca.
Rocío Ocádiz comparte una sensible narración sobre la donación de árboles de este año. Sembrar y cuidar árboles en la ciudad es una de las acciones del urbanismo táctico, un tema en el que Casa de la Ciudad ha incursionado para empoderar a los ciudadanos oaxaqueños.
Buscar empoderar a diferentes comunidades es algo que también el Museo Textil ha hecho, y en esta emisión da voz a una joven inmigrante indígena, con raíces en San Juan Mixtepec, para hablar acerca de los puentes que los textiles son capaces de tender entre los inmigrantes y sus orígenes. Otra conexión con tierras lejanas es la que establece el Museo de la Filatelia a partir de una expedición filatélica por el sudeste asiático.
La Librería Grañén Porrúa nos acerca a diferentes perfiles de lectores, mostrando la diversidad que habita en sus estantes para darle oportunidad a los libros. La lectura no es un acto pasivo, sino que infunde el deseo de la escritura, así lo demuestran Seguimos Leyendo con su proyecto Puntadas poéticas, donde el bordado se convirtió en poesía; así como la FAHHO Itinerante, con el Taller de Escritura Creativa y Documental de donde se desprende el texto de una integrante del taller.
Adabi Oaxaca relata su travesía en la recuperación de dos archivos de San Mateo Etlatongo, mientras Adabi de México nos revela la importancia de considerar al papel, en tanto materia y soporte, como fuente histórica y documental.
Finalmente debemos mencionar que celebrar es algo que nos gusta hacer en este Boletín, por eso es que compartimos el triunfo de la Selección Mexicana de Beisbol en el Juego de Estrellas.
Que este boletín sea una invitación a seguir construyendo juntos, sembrando ideas, fortaleciendo la memoria y cultivando comunidad.