En 1960 el artesano Isidoro Cruz Hernández elaboraba piezas de madera, tales como maromeros y trompos; además, invitaba a las familias de la comunidad a su casa para que se instruyeran en este oficio, entre ellas se encontraba la familia Melchor. Es aquí donde los Melchor aprendieron a elaborar sus primeras piezas, las cuales consistían en juguetes: resorteras, trompos y rayuelas elaborados todos con las herramientas que en ese momento tenían al alcance, como el machete y el cuchillo. En el proceso fueron experimentando con varios tipos de madera presentes en la comunidad: mezquite, huamúchil, sauce, pochote, jacaranda, zompantle y guayabo hasta llegar al copal, madera que por sus propiedades y características es muy noble para el arte de la talla.
En 1970, con 20 años de edad, el maestro Margarito Melchor comenzó a trabajar sus primeras piezas. Él recuerda que en aquellos años los llamaban “moneros”, un término que en realidad no tenía ningún valor, pues la mayoría de las personas en la comunidad se dedicaban a la ganadería, agricultura o albañilería. Pero don Margarito siempre sintió un gran amor por su oficio.
Con el tiempo esta labor cobró un gran impulso; pasaron de elaborar monitos y juguetes a crear piezas llenas de vida y color. Al punto en que, en 1975, don Margarito ganó el primer lugar en el cuarto concurso de talla artística de madera de la región de Oaxaca. Fue ahí donde las puertas comenzaron a abrirse y la magia empezó a suceder.
En 1991 fue invitado a la Universidad de Stanford, en California, donde impartió talleres de pintura y talla. En 1993 se publicó el libro Oaxacan woodcarving, en el cual uno de sus trabajos figura como portada. Asimismo, participó en el libro Changing Dreams A Generation of Oaxaca’s Woodcarvers, escrito por Shepard Barbash e ilustrado con fotografías de Vicki Ragan; en 1996 se publicó el libro titulado Margarito´s carvings, un relato sobre su gran trabajo. Y el siguiente año, en el Chicago Children’s Museum, don Margarito expuso acerca del tema del folclor y el arte popular en el mundo.
Maestro Margarito Melchor.
Asimismo, en 2011 participó en el taller “Creación de marionetas” del Centro Cultural de San Agustín Etla con Francisco Toledo. En 2017, mediante la Secretaría de Turismo, recibió una distinción del Gobierno del Estado de Oaxaca por pertenecer a la primera generación de artesanos que trabajan la talla de madera.
En 2020, el Consulado General de México en San José, California, le otorgó un reconocimiento por su colaboración en la promoción de la cultura de México en el mundo a través de la presentación virtual del taller de artesanías y alebrijes.
Su amplia trayectoria en la preservación y difusión de la talla en madera fue galardonada en 2024 por la Secretaría de Turismo del estado de Oaxaca y el H. Ayuntamiento de San Martín Tilcajete. Ese mismo año la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca reconoció su destacada trayectoria como maestro monero, por resguardar el legado y patrimonio cultural tangible e intangible de Oaxaca. Sin duda 2024 ha sido uno de sus mejores años, pues también recibió el Reconocimiento Iberoamericano y del Caribe al mérito creativo, cultural, tradicional, ancestral y artesanal 2024 por parte de la Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos.
Al redactar estas líneas y escuchar la gran historia del maestro Margarito surge en mí una gran admiración y respeto por él y por este arte, deseando que las futuras generaciones continúen con este hermoso oficio que da vida a la vida.
En tan poco tiempo vistiendo la camisola de los Guerreros de Oaxaca, el chihuahuense Luis Carlos Rivera ha sentido muy a fondo los colores y la pasión por el equipo oaxaqueño, y asegura que la temporada 2025 será un gran reto por la revancha que se buscará luego de lo sucedido la campaña pasada.
“Este año es importante para todos nosotros, nos quedamos muy cerca de alcanzar el objetivo, pero eso ya pasó. Ahora es momento de enfocarnos en lo que nos tiene aquí practicando, que es el campeonato de este año”, mencionó Rivera en junta con los peloteros que han reportado en la pretemporada.
Rivera ha sido catalogado como uno de los estrategas más importantes en la pelota mexicana, pues cuenta con años de experiencia en diferentes ligas del mundo, al dirigir durante el verano a equipos como Leones de Yucatán, Rieleros de Aguascalientes, Bravos de León, Toros de Tijuana y ahora a Guerreros de Oaxaca; en el invierno a Venados de Mazatlán y Águilas de Mexicali; de igual forma ha trabajado como coach de pitcheo en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) con los Bravos de Margarita.
El chihuahuense llegó a la tribu zapoteca casi a mitad de la temporada 2024, donde terminó un récord de juegos ganados y perdidos de 30-26 en 56 encuentros dirigidos, llevando al equipo oaxaqueño a la final de la Zona Sur al eliminar a los Leones de Yucatán y los Conspiradores de Querétaro.
Como pelotero profesional, Luis Carlos jugó en la gran carpa con equipos como Bravos de Atlanta y Orioles de Baltimore en el año 2000; en México con equipos como Tigres de la Angelópolis, Dorados de Chihuahua y Sultanes de Monterrey.
Todo el éxito para Luis Carlos Rivera con el equipo oaxaqueño en esta temporada 2025, la cual promete ser interesante para la tribu zapoteca.
A partir de la exposición: “Ladidoo / Piel de hilo”, de Natalia Toledo, en el Centro Cultural San Pablo iniciamos un ciclo de lecturas de poesía en el atrio para explorar los posibles vínculos entre arte contemporáneo y poesía. Durante los próximos meses (un sábado al mes) diferentes escritores estarán acudiendo a San Pablo para leer obras ya publicadas y obras nuevas, en un espacio diseñado para ese propósito en el atrio.
Ese espacio delimitado en un cubo de muros invisibles es un recuerdo de Natalia Toledo y, al mismo tiempo, un escenario: lo que ocurre ahí es un ejercicio de pensamiento, una obra de literatura, pero también de búsqueda de mente colectiva, que explora las relaciones entre palabra y lenguaje tejiendo un puente invisible entre los asistentes, una coordinación temporal de pensamiento y emoción.
Esta invisible y efímera coordinación conductual pone en marcha un mundo que no es físico, pero que se puede intuir y observar, un mundo constituido de acontecimientos cotidianos, pero observado siempre con una mirada nueva que encuentra relaciones ocultas entre las cosas. Ese mundo de la poesía es también donde habita el arte.
Poner en marcha ese tipo de conexión entre las personas en el atrio de San Pablo abierto al público, es una manera de construir colectivamente una experiencia positiva, que conecta a los asistentes con una modalidad específica de la mente que es compasión: la empatía.
La poesía crece cuando la historia es adversa a la humanidad. […] Ahí se ve que es una reserva, palabras que estaban allí, a mano, para consolar de lo inconsolable. Mirta Rosenberg
Después de las diversas marchas y protestas por el 8M realizadas en la ciudad de Oaxaca —las cuales fueron disipadas con gases lacrimógenos, balas de goma y patrullajes acosadores con torretas y códigos encendidos—, la Biblioteca Henestrosa dio cobijo —además de las manifestantes que así lo quisieron— a las poetas Ana Rodelo, Araceli Mancilla, Bety Soto, Elia Pérez López, Enna Osorio, Claudia Díaz, Frydanel Carrillo, Mariana Libertad, Selene Rojas y La Lum Bre. Ellas estaban ahí para seguir alzando la voz, precisamente en el Jam poético “Mujeril” conmemorativo del Día Internacional de la Mujer.1
Entretejidas con la música de Xare Alive y Paam Flores, las poetas y su poesía continuaron el lenguaje de las protestas; se manifestaron con un vocabulario de inicios, pausas, repeticiones y ritmos cambiantes. Poesía y protesta parecen tener sentido solo en retrospectiva: en su transcurso pueden ser desconcertantes y poco claras, pero reveladoras; hay incertidumbre en su andar, pero mucho significado hacia su final.
Ana Rodelo arrancó la marcha con la figura de la mujer ave, la mujer fénix y las múltiples muertes que le acaecen en un camino de resistencias y renacimientos. Araceli Mancilla siguió el impulso ofreciendo dos poemas para una reflexión sobre el amor romántico (Deshojar puertas y Embustes), y uno más dedicado a Rocío (Aparecías), una mujer muy importante en su vida, víctima de un feminicidio. Caminamos con Las rastreadoras, de Bety Soto, para dar voz al silencio de las y los desaparecidos y sus buscadoras; también su Mujer tormenta apareció en todas las facetas que dan forma a la mujer, incluido el erotismo de Coincidir con alguien más. Andar con Elia Pérez López significó reconocer que en nuestra piel los senderos no tienen marcha atrás, y por eso la labor de la poeta se convierte en El reto de escribir para no morir. Y frente a la muerte, Claudia Díaz se detuvo en los cuerpos sobrevivientes, en el cuerpo herido que ahogando el grito no olvida la violencia (Tigre): ¿qué hacer con el dolor?, ¿cómo enfrentar la herida?, se pregunta Claudia, y quizás la respuesta sea imaginarse como un estornino para no ser el dolor (Estornino cuerpo). Con paso decidido, Enna Osorio realizó un posicionamiento y denuncia sobre la violencia hacia las mujeres en México y, reflexionando sobre el amor romántico, imaginó a las mujeres como Escarabajos de luz, desnudas y abiertas, herederas de un modo de amar que hiere, que enferma de un abandono crónico, cuyas secuelas se vuelven a heredar. En el camino, Frydanel Carrillo se detuvo en su Boutique de agravios con cinco poemas breves para desvelar la íntima relación corporal y material entre la poesía y las palabras y sus objetos. Siguiendo el impulso, Mariana Libertad recurrió a la migración de la Ballena para evocar los inviernos que atraviesan a la mujer: preñadas, ellas migran, nadan, corren, caminan, se arrastran hasta alcanzar su puerto y al fin criar en cualquiera de los sentidos y significados que esa palabra pueda evocar. Libertad también nos convocó al Aquelarre, a ser aquello que en nuestros cuerpos / vidas ha sido condenado, a conjurar, junto con las otras, nuestra salvación. En el recorrido, Selene Rojas habló para y a partir de su hija, y así expresó un deseo para todas: ella es agua que sigue el camino, pero que también puede hacerlo, agua que fluye y no debe detenerse ni secarse, que no debe ser obstaculizada ni extinguida. En el final de este camino, La Lum Bre evocó la incertidumbre y el miedo por el porvenir, la intemperie a la que nos arroja el existir siendo madre, siendo hija, esperando ser cuidada, no sabiendo cómo no fallar en el cuidar. Por eso también piensa en La enfermedad de la mujer, asociada a la forma en que siente y vive su cuerpo, un cuerpo enfermado, contagiado, juzgado, vejado, denostado, autolesionado…
Estas últimas palabras nos dejan el peso de sabernos identificadas y la ligereza de haber sido confesadas. Cuando la poesía sucede, abre la posibilidad de decir, de conjurar algo; allí hay belleza y rima, ritmo, musicalidad… Allí suena y resuena todo lo que queda por decir, todo lo que ha sido dicho: lo que se anuda en la garganta, lo que duele, lo que acomoda, lo que incomoda, lo que molesta, lo que calma, lo que llora, lo que ríe, lo que canta, lo que cansa, lo que sobra, lo que falta… (las que faltan). Por eso en la poesía hay una búsqueda, un esfuerzo y un riesgo, porque la poesía no se trata de algo dado, sino de lo que se persigue con anhelo.2
Dice la poeta argentina Mirta Rosenberg que “la poesía no sirve para quejarse”,3 pero sí para pensar, protestar, manifestar, dar voz y abrir sentidos donde parece no haberlos, porque “La poesía es tener la convicción / de que transformando el lenguaje / es posible transformar la realidad / La poesía es decir una cosa por otra / y que sea verdad”.4 Y en tanto no poetas, como simples mujeres, tal vez no esté en nuestras plumas, en nuestras manos transformar el lenguaje, pero sí permitir que la poesía nos cambie a nosotras para transmutar nuestra propia realidad y, en ese acto, acompañar y hacernos acompañar de todas las mujeres.
1Este Jam poético se desarrolló, a iniciativa de Valente Plasencia, durante muchos años en La Nueva Babel, un espacio que por desgracia cerró sus puertas el pasado 2024. Para que no perdiera continuidad este 2025, la Biblioteca Henestrosa acogió el evento.
¿Qué es la lectura? ¿Son solo palabras en un papel? ¿Historias que alguien inventó? Para nosotros la lectura es un medio para crear lazos, el camino para una amistad que nutre nuestra alma, mente y corazón con opiniones, saberes y creencias. Es descubrir cómo una sola acción descrita desde distintos tipos de conocimientos puede ser tantas cosas dentro de una historia literaria.
A mí me gusta leer, me hace muy feliz aunque a veces me haga llorar, porque me permite imaginar cosas que ni siquiera hubiera pensado o doy por hecho en el día a día. Cuando leo, entro en la historia aunque no lo haga físicamente; se vuelve parte de mí, me vuelvo parte de ella, es mi historia; y cuando termino una lectura siempre me pregunto: ¿qué sigue? No es que no quiera su final, es solo que queda un vacío porque ya no hay más. Cuando un libro me parece hermoso, quisiera repetir la sensación de descubrirlo, tocarlo y volver a empezar. Me hace sentir joven y anciana a la vez, también puedo llegar a experimentar odio, felicidad, resentimiento, gozo, traición, amor… y eso me llena mucho.
En la BS Ferrocarril queremos expandir estos lazos de saberes y amistad entre las personas, práctica que se ha vuelto importante entre los animadores de esta BS y nuestros usuarios.
Con este fin pusimos en marcha nuestro Gym lector, donde hablamos de poesía, cuentos y literatura en general; narramos, reímos y claro que también lloramos: pasamos de un cerdito que ahorraba y se volvió familia, un ratón muy astuto que espantó al grúfalo, a personas buenas que ponen en duda su bondad, mariposas de muchos tipos y caníbales millonarios; pero también hablamos de cartas, cartas de amor y pasión, cartas de los amorosos y poemas que conmueven.
Nuestro Gym lector es para ejercitar los ojos y la imaginación, pero también para formarnos una opinión propia. Por ello, queremos invitar a la gente a conocer y compartir más literatura, recibir recomendaciones y escuchar opiniones compartidas y diversas; asimismo, deben saber que este es un espacio para expresar lo que pensamos y sentimos… ¡Les esperamos en la BS Ferrocarril!
Actividades de la Caravana literaria. Fotografías: Eduardo González
Pensar y soñar un viaje en familia emociona y despierta expectativas. Así nos pasa a los compañeros de los programas de las bibliotecas móviles rurales y Seguimos Leyendo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.
Trazar la ruta de la Caravana literaria implica que todos y cada uno de los partícipes investiguen posibilidades de alianzas y sinergias institucionales. En años pasados hemos visitado la zona afromexicana en la costa de Pinotepa, la Sierra Norte y la Sierra Mixe.
Es una aventura que antes de arrancar ya se saborea como una gran oportunidad para preparar nuestros mejores talleres de lectura y escritura, y también para conocernos más como compañeros de trabajo. Todos le entramos parejo a las labores y vamos con el mejor ánimo y espíritu para compartir y resolver desafíos en equipo. En esta ocasión —el pasado mes de febrero— tocó visitar a la cabecera y cinco rancherías o comunidades de Santa María Huatulco, distrito de Pochutla.
Tuvimos la fortuna de sumar fuerzas e ideas con la regiduría de desarrollo humano a cargo de Reyna Ríos. El presidente municipal Julio Cárdenas brindó las facilidades logísticas para atender a más de 950 personas en dos días de labores. “La unión hace la fuerza”, viejo dicho que se cumplió. En todo momento estuvieron involucrados el director del Sistema DIF, Jaime Lavariega, y la directora de Educación, Elia Ramírez. Gracias a todos.
Catorce personas y cinco bibliotecas móviles tomamos carretera vía Pluma Hidalgo para optimizar recursos económicos y recorrer esa fresca y aromática Sierra Sur de nuestro estado. De regreso quisimos conocer la nueva carretera y volvimos por Barranca Larga.
Empezamos la tarde con una función de cine: La canción del mar, que proyectamos en la cancha techada de la Escuela Primaria Nuevos Horizontes. Las familias iban llegando y cuando nos dimos cuenta éramos más de 250 asistentes. El municipio ofreció palomitas y agua para todos. Así fue como se declaró inaugurada la Caravana literaria 2025.
Al día siguiente, antes de las ocho de la mañana ya estábamos en cinco sitios distintos, a una distancia promedio de 20 a 30 minutos de la cabecera: Pueblo Viejo, Arroyo González, El Zapote, Arroyo Xuchil y Todos Santos. Logramos atender y convivir con niños desde preescolar hasta telesecundaria. El municipio nos apoyó en cambios de último momento: se suspendieron clases en dos comunidades previamente agendadas, pero lograron coordinar con otras de manera estratégica y con éxito.
Leímos en voz alta y prestamos libros en sitio —tomaban libremente el libro y lo comentaban con sus pares—, asimismo, la plástica, el origami, la conversación literaria y la escritura creativa formaron parte del menú de actividades. Todos los participantes mostraron gusto e interés por lo vivenciado, agradecieron la visita y nos preguntaron cuándo regresaríamos.
Por la tarde nos instalamos en la Casa de la Cultura de Santa María Huatulco: la intención era trabajar con adultos mayores y grupos de jóvenes. Se impartieron talleres de tendederos de la memoria, donde se conversó sobre los recuerdos que nos habitan; se crearon fanzines poéticos a partir de juegos y palabras, y cerramos con la actividad Palabras para acariciar el alma.
Estamos muy agradecidos por la oportunidad de colaborar con las comunidades a donde normalmente no van las bibliotecas móviles; nos damos cuenta de que los libros son un puente para interactuar desde el corazón, la voz, las conversaciones, la escritura y la escucha mutua.
Portadas de algunos ejemplares que pertenecen a la editorial Altamarea.
Gracias al trabajo de las distribuidoras mexicanas, los libros publicados por editoriales extranjeras independientes y pequeñas, así como los sellos grandes— llegan a nuestras manos. En este caso, me gustaría mencionar un sello italiano cuyos títulos resuenan en los pasillos de la Librería Grañén Porrúa.
Altamarea es una editorial que surgió en 2018. Desde ella se rescatan autoras y autores consagrados, pero también es una catapulta donde las plumas jóvenes tienen una palestra para dar a conocer sus letras. Cesar Pavese, Primo Levi, Bertrand Russel, Maria Montessori, Simone Weil, Dacia Maraini y Sibilla Aleramo son solo algunos de los nombres que este sello rescata. Pero también están Lidia Caro Leal, Paula Ducay, Marco Marsullo, Santiago Zabala, entre muchos más. Algunas de las colecciones que edita Altamarea son “Sotavento”, que reúne literatura de viaje y biografías; “Barlovento”, narrativa en castellano de plumas jóvenes y asentadas; “Mujeres y pensamiento político”, que busca paliar la falta de reconocimiento femenino en el área del pensamiento político por medio de estudios, teoría y crítica. Hoy me gustaría platicarles —poco, para que quieran buscar el libro— sobre El resto es prosa, una selección de cartas de Emily Dickinson, traducidas por Anabel Palacios, perteneciente a la colección “Tascabili” (libros de bolsillo), que conjunta epistolarios, panfletos, relatos y teatro en pequeño formato.
Para empezar las tapas de papel Kraft: el título y el nombre de la autora en tonos negro y gris. ¡Qué bonita edición rústica!, sabes que es un libro de batalla que llevarás incluso en la bolsa del pantalón, para cuando requieras una lectura que te salve. Luego, el papel violeta de las guardas, después el retrato de la escritora, y, entonces, las revelaciones. Me gusta que la letra sea de buen tamaño, para cuando te sientas en el parque y empieza a caer la noche o cuando vas en el autobús.
Según este librito, Emily Dickinson (1830-1886) encuentra en Susan Huntington (1830-1913) a la mejor de las destinatarias de sus cartas. Ambas tenían veinte años cuando comenzaron a cartearse. Emily le envía no solamente hermosas relatorías de sus días, sino postales de sus estados interiores, fragmentos de poemas, pensamientos que afortunadamente no se llevó el viento. ¡Imaginen cartearse con alguien durante cuatro décadas! Alguien importante debe ser. Y, además, a la edad en que las más grandes pasiones se gestan en nuestro interior. De hecho, confesiones aparte, Susan se casó con el hermano de Emily, Austin, así que además de su amiga era su cuñada.
En esta joya he leído el primer poema que Emily envía a Susan, y qué solicitud tan maravillosa le hace: “¡Escribe, amiga, escribe!”. Cuántas veces les hemos dicho a nuestras amigas lo mismo. Escríbeme, no dejemos de platicar; cuéntame, por favor, no dejes de decirme cómo estás. De hecho, el bello título de la nota que están leyendo es una solicitud que la poeta hace a Susan cuando están lejos: “¡No te olvides de todas las amigas que se han esforzado tanto por ser tus hermanas…!”, Emily Dickinson, tan hermosa.
Y página tras página suceden los poemas, las respuestas de Susan a Emily, los fragmentos de cartas, las preguntas, con breves notas que anuncian el año de su envío. Pasa el tiempo, pero no para las letras.
Entonces, les decía que esperamos verles en la Librería Grañén Porrúa, ávidos de este ejemplar, y de algunos otros que Altamarea publica. Si quieren para hojear solamente, pero también se vale apartar. El chiste aquí es que se lea.
El espacio urbano tiene el rol de encuentro y de foro social, sin embargo —como apuntó Jan Gehl en el capítulo “Los sentidos y la comunicación” del libro Ciudades para la gente—, hoy en día este espacio de interacción se ha visto reducido por la hegemonía del modernismo arquitectónico en las ciudades y su crecimiento acelerado. El resultado: espacios urbanos muy divididos entre zonas aisladas en donde las interacciones son escasas; mientras que en aquellos lugares donde la interacción social está presente, esta es constante y diversa.
Nuestros sentidos juegan un papel importante en la forma en la que percibimos el entorno. La experiencia urbana, nos dice Gehl, no se limita a ver lo que está a nuestro alrededor, sino también a interactuar con otros sentidos. Los elementos que componen a las ciudades como espacios públicos calles, edificios, plazas, transportes e incluso las personas— nos brindan información, y la manera en que podemos interactuar con estos elementos va a determinar la intensidad en nuestra forma de percibir a la ciudad y, en consecuencia, en nuestro modo de comportarnos.
Estas dinámicas sociales se ven presentes en todas las ciudades, ya que comunicarse con base en la distancia, por ejemplo, es un comportamiento muy humano. De acuerdo a Edward T. Hall, en su libro La Dimensión oculta, existen cuatro tipos de distancias: distancia íntima (0-45 cm), distancia personal (45 cm-1.20 m), distancia social (1.20-3.70 m) y distancia pública (más de 3.70 m). La comunicación es determinada por el espacio donde se desarrolla; en la convivencia se busca que haya un espacio flexible para poder funcionar, un espacio donde se pueda maniobrar entre la distancia íntima y la personal siendo conscientes de las dimensiones de nuestro entorno y el de los demás.
Ghel nos explica que la conexión de todos estos factores y situaciones de contacto nos hacen decodificar y experimentar el espacio urbano. Calles estrechas, espacios pequeños, las interacciones con las personas y las actividades que desarrollan en el espacio, nos permiten percibir un entorno personal y cálido que nos hace sentir cómodos. En contraste, las ciudades y espacios complejos, distancias y edificios enormes, vías de circulación separadas y poca o nula interacción social, nos hacen percibir el espacio urbano como impersonal y frío.
En síntesis, el diseño urbano influye directamente en cómo las personas experimentan su entorno y se relacionan con los demás. Ciudades más humanas y habitables permiten que la comunicación fluya de manera más natural, fortaleciendo el tejido social y mejorando la calidad de vida de sus habitantes.
Participantes del taller en la Biblioteca Francisco de Burgoa. Fotografías: Acervo Biblioteca Burgoa
La Biblioteca Fray Francisco de Burgoa cuenta con uno de los talleres de encuadernación más completos en el territorio nacional; alberga una amplia gama de herramientas y materiales especializados para la encuadernación y restauración de libros antiguos y contemporáneos. Durante varios años, los encargados del Taller han impartido diversos cursos y técnicas propias del oficio al personal encargado de acervos y bibliotecas de diversas instituciones en el estado de Oaxaca, todo ello por iniciativa de la Dra. María Isabel Grañén Porrúa. Durante la pandemia, muchas de estas actividades fueron afectadas y se suspendió el programa por tiempo indefinido. Sin embargo, en mayo de 2024 se reinició el proyecto.
Las actividades consisten en que cada participante tiene la posibilidad de llevar material bibliográfico de sus propias instituciones para que pueda ser restaurado con los tratamientos correctos, de una forma especializada y adecuada para su conservación.
Al inicio se contó con la participación del personal de cinco instituciones: Biblioteca Burgoa, Museo de la Filatelia de Oaxaca, Biblioteca Henestrosa, BS Xochimilco y Biblioteca Juan de Córdova, quienes trabajaron durante 6 meses. Al finalizar el año se estabilizaron y restauraron un total de 37 libros que estaban en condiciones nulas de preservación, quedando totalmente consultables y en excelente estado de conservación.
Dicho proyecto fue presentado en el X Foro Itinerante de la RUIO, lo que dio apertura a que más instituciones se acercaran para tomar esta formación, que consta de 18 sesiones de 4 horas impartidas los días viernes de cada 15 días. Fue así como en febrero de 2025 se inició nuevamente el curso, con la diferencia de que ahora se sumaron a este proyecto participantes de la Biblioteca Pública Central, el Archivo Histórico Universitario (UABJO), la Biblioteca Beatriz de la Fuente, el Archivo Histórico de Notarías y la BS Canteras. Además, ahora se cuenta con dos grupos de capacitación, lo que ha permitido tener un mayor alcance para cumplir la visión de la Dra. María Isabel, que consiste en que cada biblioteca de la ciudad de Oaxaca pueda contar con un espacio especializado y un experto en conservación, restauración y encuadernación de libros o cualquier material gráfico de sus colecciones. Es por ello que este Taller brinda conocimientos sobre diagnóstico, limpieza, fumigación local, refuerzos, injertos, laminado, elaboración de guardas de primer nivel y encuadernación.
Al finalizar el curso, el participante tendrá los conocimientos básicos y las medidas preventivas para el tratamiento de acervos documentales y bibliográficos, que son indispensables para que cualquier institución logre cumplir con la encomienda de rescatar la memoria de Oaxaca.
Actividad dedicada a mamás y bebés en el Museo Infantil de Oaxaca. Fotografía: Acervo Museo Infantil de Oaxaca.
Es un martes al mediodía. Mamá y Bebé están llegando al Museo Infantil de Oaxaca, pues asistirán al taller “Masajes para mi bebé”. Un aroma fresco a lavanda y menta llena la nave principal del MIO; luces tan tenues como los rayos del sol por la mañana se asoman por la ventana y dulces notas de violín los reciben. Mamá ha colocado en los tatamis una manta suave sobre la que recuesta a Bebé, lo mira con ojos de amor y se dibuja en ambos una sonrisa de complicidad que confirma la comunión entre ellos.
Después de la canción de bienvenida y presentación, Mamá y las demás asistentes repiten después de la educadora:
¡Hola, bebé! Estoy muy feliz de poder pasar un momento agradable contigo. Quiero que sepas que te amo mucho, que estoy agradecida de poder ser tu mamá. Te había esperado hace mucho tiempo, pero has llegado en el momento correcto. Estoy lista para compartir mi tiempo, mi energía y mi vida contigo, así como lo haremos hoy en el MIO. Gracias por tu presencia, gracias por tu sonrisa, gracias por tus pequeños gestos de amor hacia mí. Te pido permiso para poder tocar tu piel, para hacerte ligeros masajes, que sé que te ayudarán a relajarte y estimular tu desarrollo. Si hay algo que te incomode, te pido perdón, estoy aprendiendo a tener conexión contigo en el mundo exterior. Ahora estás aquí y trataré de ser siempre lo más sensible y respetuosa posible.
Después de esas palabras inician los masajes. Mamá hace pequeños y ligeros círculos en las plantas de sus pies, sus deditos y sus piernas regordetas. Masajeando la pancita suavemente, siguiendo las manecillas del reloj, ayuda a su digestión y Bebé la mira con tranquilidad. Él busca con sus manos sentir las de mamá y ella reacciona masajeando sus manitas y brazos. Mamá contempla a Bebé. Con el dedo medio le acaricia tiernamente la frente y entre sus cejitas. Bebé lanza un bostezo y muestra sus encías en las que apenas se asoman dos dientitos, cierra sus ojitos y luego los abre resistiéndose al inevitable sueño.
Ahora Mamá coloca a Bebé boca abajo, cuidando que su cabecita quede volteada hacia un costado. Masajea su espalda dando pequeñas caricias de abajo hacia arriba y, de pronto, se percata de algo que ya imaginaba: Bebé está dormidito. Se encuentra en un sueño tan profundo que Mamá lo gira lentamente y se recuesta junto a él. Están en un lugar seguro en el que se respira paz, serenidad y mucho amor maternal.
En la escena final del taller, Mamá y Bebé descansan en la parcela de primera infancia acompañados por otros como ellos. Algunas mamás, entre murmullos, cuentan su experiencia. Otras, sorprendidas, comentan: “Se durmió, no pensé que se dormiría”, lanzando una risita de satisfacción y alegría. Entre ellas entienden la importancia de vivir cada experiencia como un regalo inesperado. Ahora, en grupo, valoran la convivencia con otras y otros que entienden el camino por el que transitan. El mismo por el que van aprendiendo cada día a ser mamá o papá.
Cuando llega la hora de partir, cada mamá toma a su bebé en su regazo con mucha delicadeza para no interrumpir su sueño. El objetivo se ha logrado, los bebés se han relajado y ellas confirman que, aunque el camino a veces parece muy complicado, lo están haciendo bien. Ahora saben que en el MIO tienen un equipo que las acompaña.
En el MIO cada martes nos esforzamos por transformar nuestra parcela de la primera infancia en algo mágico. A veces es una casita, otras un escenario musical, un carril para carreras de caballos, un bosque o hasta un spa. Siempre buscamos contribuir al sano desarrollo y estimulación de la primera infancia de forma amorosa, libre y respetuosa. Forma parte de estos talleres junto a tu bebé y fortalece el vínculo que los une; cada martes a las 13 h tenemos una experiencia diferente y divertida. No olvides consultar la cartelera mensual del MIO.
El Instituto de Astronomía de la UNAM compartirá con el Centro Cultural San Pablo, a partir de abril, un ciclo de conferencias en vivo sobre el conocimiento científico del cosmos; sus especialistas abordarán, el último viernes de cada mes, temas relacionados con agujeros negros, ondas gravitacionales, materia oscura, entre otros, para dar a conocer al público en general las investigaciones más recientes sobre el espacio.
Este ciclo de conferencias permitirá comprender cómo se construye este tipo de conocimiento, y nos ayudará en San Pablo a buscar vínculos con el arte contemporáneo. Recientemente presentamos una obra de Melanie Smith realizada en Tlacochahuaya, en la que las estrellas son flores expandiéndose continuamente en la cúpula del templo barroco, y el centro sin principio ni final es un Dios representado con forma humana. Este video recuerda que entrar en un templo es establecer un vínculo con el universo como espacio sagrado, y descifrar la manera en que funcionan las estrellas, los planetas y los demás componentes del universo es el propósito de la astronomía.
Actualmente las ciencias encuentran cada vez más difícil mantener separado el conocimiento que producende la operación de los mismos observadores; como en arte, apuntan a un tipo de saber que es funcional, contingente, histórico, emergente y enactuado; un tipo de conocimiento que tiene menos que ver con la materia y más con la mente. En la obra de arte de Smith las estrellas son flores; en el universo las estrellas son flores también, que son estrellas, y en algunas ocasiones son soles conectados a los seres humanos mediante el fuego cotidiano que es el pensamiento.
Portada del libro D. Avrelii Augvstini Hipponensis…, 1586. Fotografías: Acervo Adabi
Las evidencias materiales del uso, desgaste y “reparación” de los libros forman parte de su historia de vida, en la que, a partir de acciones sumamente delicadas o milagrosamente efectivas, se les colocan endoses, charnelas y guardas, o incluso se reencuadernan completamente con el fin de remendar algún deterioro y extender su tiempo de uso. Estos elementos se convierten en evidencias, en fuente de información de los contextos históricos en torno a la circulación, uso y comercio del libro antiguo.
Tras sufrir un daño los libros pueden ser reparados tanto por el usuario/ lector, sin que este posea conocimientos especializados, así como por una persona con experiencia en encuadernación, a partir de materiales y técnicas tan diversas según la gravedad o extensión de los deterioros que se buscan resarcir para recuperar la funcionalidad.
A estos trabajos de época hechos por bibliotecarios o encuadernadores con conocimientos de los materiales y técnicas de encuadernación se les conoce como reparaciones.1 Pueden ser nombradas también como reparaciones antiguas o históricas, cuyo objetivo era atender y corregir los daños que impedían la consulta del libro, debido a que en el momento del uso y conformación de las bibliotecas, tanto novohispanas como europeas, enmendar los deterioros para continuar usándolo resultaba ser más accesible que adquirir otro ejemplar del impreso.
Se trata, pues, de un antecedente de la disciplina de la conservación y restauración de material bibliográfico, ya que reflejan experticia y entendimiento de los elementos estructurales del libro, acciones que incluso hoy en día son empleadas en los procesos de restauración.
En el Fondo Antiguo de la Biblioteca Cossío, resguardada en las instalaciones de Adabi, uno de los cuatro volúmenes del siglo XVI del libro de sermones de San Agustín de Hipona (D. Avrelii Avgvstini Hipponensis Episcopi, Opervm Tomvs X), impreso en París en 1586, tiene una reparación histórica que permitió unir el cuerpo del libro con la cartera de pergamino flexible.
La costura que une los cuadernillos de este libro consta de cuatro estaciones con doble nervio de piel curtida al alumbre junto con las cadenetas a la cabeza y pie. Estos nervios se encuentran cortados al ras, por lo que no tienen prolongaciones, probablemente de manera intencional, ya que muchos impresos europeos se cosían de forma provisional para su envío hacia Nueva España, con el fin de hacer más barato y práctico su transporte. Al llegar a su destino, esta costura podía reemplazarse o se le podían añadir nuevos nervios para enlazar estas extensiones a la cartera de pergamino.2
Detalle de la lomera con cuatro nervios dobles para la costura del cuerpo, y tres nervios añadidos atravesando el cuerpo parcialmente para unir la cartera.
En este libro también se repusieron ambos juegos de guardas, aunque en un formato más pequeño que el de las dimensiones del cuerpo del impreso. En las guardas se observan las características de un papel verjurado hecho con pulpa de trapo, cuya marca de agua consiste en una cruz dentro de un círculo con corona flanqueado por dos grifos y un arco debajo.
Otra posible explicación acerca del estado en que se encuentran los nervios es que pudieron romperse con el uso constante del libro al abrir y cerrar las tapas; eventualmente, con la rotura de las prolongaciones, perdió su encuadernación. Aun así, la reparación antigua hecha para volver a unir su cartera tuvo la intención de recuperar su funcionalidad, colocando tres nervios de piel que atraviesan parcialmente el cuerpo del libro para enlazar así sus prolongaciones a la cartera de pergamino. Momento en la historia de este libro en que fueron colocadas las cabezadas con alma de piel alumada, cuyas prolongaciones también se enlazan con la cartera. Las características de estos añadidos a la costura permiten inferir que se trata de una reparación de época, ya que la elección de materiales de reposición de los elementos —tanto de los nervios como de la cartera— obedecen a un contexto histórico y tradición específicos en el oficio de la encuadernación. La reparación histórica es, además, una evidencia del entendimiento de los materiales y técnicas de factura para dar solución a un deterioro que dificultaba el uso del libro.
El estudio y análisis de las reparaciones antiguas contribuye a comprender el oficio de la encuadernación, los contextos de uso, la circulación y reparación de libros, así como los antecedentes en la disciplina de conservación de material bibliográfico.
El estudio material del libro es una herramienta y fuente invaluable de información de las colecciones bibliográficas y fondos antiguos, su conocimiento nos brinda a los conservadores y restauradores bases sólidas respecto a la toma de decisiones que procuren su preservación material para las futuras generaciones.
1 Romero, M. E., Mínima intervención, concepto actual, práctica de siempre, Presentado en el 2° Coloquio Internacional hacia la preservación del Patrimonio Documental, Líneas de trabajo en materia de conservación y restauración en bibliotecas y archivos, Biblioteca Nacional de México, Ciudad de México, 11 de octubre 2013.
2 Martínez, M. F., Las reparaciones antiguas en las encuadernaciones en pergamino flojo del siglo XVI: registro, análisis e interpretación (tesis de licenciatura, Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía Manuel del Castillo Negrete, 2016), 41.
Presentación del libro Xine’ ga gueu ga raugame ga bere ngula ga. Fotografía: Acervo de la BIJC
San Blas Atempa es una comunidad bilingüe, hablante de di’dxaza. En la comunidad se anuncia, se comercia, se canta, se dialoga, se narra en zapoteco, pero poco se escribe y se lee en esa lengua. La cotidianidad está hecha de las distintas prácticas y manifestaciones culturales, sin embargo se vive la ausencia de espacios para el desarrollo de las artes, para la promoción de la literatura y la lectura. En este contexto se creó de forma autogestiva el Taller de Grabado Comunitario Guiriziña, un espacio que facilita el acceso a infancias, jóvenes y adultos a expresarse creativamente. Se decidió que las actividades serían gratuitas, mismas que incluyen talleres y un acervo de libre consulta con literatura en di’dxaza, y están enfocadas en enseñar técnicas de artes visuales, especialmente grabado, integrando el idioma local como medio de expresión y detonante visual.
Este esfuerzo busca tanto preservar la lengua como fortalecer el sentido de pertenencia y unión en la comunidad, mostrando que el arte y la cultura son herramientas poderosas para el cambio y la resistencia. En el camino se han encontrado aliados que han colaborado y fortalecido el espacio: las visitas de la biblioteca móvil del programa Seguimos Leyendo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha favorecido la promoción de la lectura, una labor importante para acercar la literatura a los niños y sus familias. A partir de estas interacciones hemos notado que cuando tienen acceso a libros en zapoteco el interés crece, he ahí la importancia del cuento Xine’ ga gueu ga raugame ga bere ngula ga, ‘Por qué los coyotes se comen a los gallos’, un relato africano de Vicent Afeku, traducido al zapoteco por Eduardo Vicente.
Traducir textos a otro idioma puede considerarse un ejercicio recreativo para la mente; aunque es una actividad de gran demanda cognitiva, también es una oportunidad para volverse creativo con las palabras y el pensamiento. El cuento es un tipo de texto que te permite conocer diferentes personajes, desarrollar la imaginación y aprender muchas historias, además de que es una excelente herramienta para desarrollar el hábito de la lectura.
El cuento Xine’ ga gueu ga raugame ga bere ngula ga es uno de varios ejemplos por excelencia de un material que está pensado para el fomento a la lectura en una lengua originaria, en este caso el di’dxaza o zapoteco del Istmo. Al tratarse de un relato traducido, lo más probable es que existan elementos de la lengua y cultura original que no están presentes en la lengua y cultura receptora, es ahí donde inciden los retos de la traducción y el traductor tiene que sensibilizarse ante las palabras, cuidando que la esencia de texto original se transmita del modo más fiel posible y resulte en una nueva versión que agrade a sus nuevos lectores.
Hoy en día, acceder a un texto escrito en su lengua materna no es una posibilidad absoluta para muchas personas. En muchas partes del mundo aún existen lenguas y comunidades que no cuentan con una propuesta o forma de representación escrita, situación que ha impedido la creación de portadores textuales para diferentes necesidades. Afortunadamente para el zapoteco y otras lenguas en México la realidad es distinta. Gracias a la creación y traducción de textos, así como a iniciativas institucionales que facilitan el acceso a materiales en diversas lenguas, hoy la realidad de la niñez istmeña zapoteca está cambiando. En este caso, la traducción del libro se realizó gracias a la plataforma Storyweaver de Pratham Books, India, aliado del proyecto Endless Oaxaca Multilingüe de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova de la FAHHO.
Para conmemorar el Día Internacional de la Lengua Materna, el Taller de Grabado Comunitario Guiriziña, ubicado en San Blas Atempa, invitó a Víctor Fuentes para presentar el cuento Xine’ ga gueu ga raugame ga bere ngula ga, cuyo trabajo de traducción estuvo a cargo del maestro David Eduardo Vicente Jiménez, quien ha estado colaborando con el proyecto Endless Oaxaca Multilingüe.
Con un emotivo público de la localidad, el traductor compartió la lectura del cuento en zapoteco, e invitó a una poeta a que leyera la versión en español para el disfrute de todos. Esto fue lo que Víctor Fuentes nos compartió:
Escribir un cuento en tiempos en que la mayoría de los niños se pasan horas pegados a sus dispositivos electrónicos, es un franco desafío. ¿Sería interesante seguirles el juego a las tecnologías y hacer una serie de animación de estos personajes? ¿Esta es una pregunta y a la vez un deseo?
Como quiera que sea, elegir un cuento y luego traducirlo en la lengua materna, en este caso el diidxazá de San Blas Atempa, ha sido en verdad un atrevimiento, sabiendo que muchos niños del Istmo ya no hablan la lengua, que generaciones de padres no hablan la lengua, y por ello sus hijos dejarán de hacerlo dentro de poco, si es que no se han adelantado.
Hace cincuenta años, para los padres y madres de la región del Istmo el miedo era un a razón para no hablar su lengua, y lo transmitían a la imaginación de sus hijos. Los que ahora somos los adultos nos contamos cómo nuestra infancia estuvo marcada por el asombro: vivíamos en carne viva si andaba por el pueblo el bi’cu’ yu’ba’ o ca bidxaa, ne ca bixe, nos asustaban al caer la noche, cada noche.
Nuestras madres nos arrullaban con tanguyú o gasisi nana. El mundo no era distinto al de ahora, solo era una época en la que ellos, nuestros padres y ancestros, sabían del valor de la mentira (relato), el guendala’si, las narraciones o ca gendala’si. Nuestras historias contenían los prerrequisitos de los cuentos clásicos, más allá de nuestras fronteras reales e imaginarias.
Hacer aparecer un relato contado entre animales, es un sueño de fábula; nos hacían falta las dos situaciones, la voz que narra y el suceso, sin doble moral, sin prejuicios. Esta narración nos advierte que la mentira y el engaño son dos cosas distintas, todo el pueblo cree, pero uno más intrigante siembra la duda: indaga, descubre la mentira y la revela, ocupa el lugar del héroe.
¡Cuánta emoción nos trae conocerlo! La alegría que nos motiva a creer que todavía se puede confiar, que aún podemos encontrar una rendija de luz, una comisura que guiña, una guía, y también confiar que este libro, Xine’ ga gueu ga raugame ga bere ngula ga, les será grato a los niños, será bien acogido por los adultos, y se lo vamos a agradecer a su autor.
Todos podemos compartir como una honda necesidad, la más apremiante, el poder traer a la luz la voz de quienes nos arrullaron y nos hablaron en diidxazá desde el corazón, pues aún es posible hacernos arder el alma tiernita del binnizá que somos.
Y también pensar y creer que el libro de papel no se pierda en medio de tantos cables que, así como vamos tan a prisa, un día se tragarán las palabras, harán que desaparezca el papel; luego de ello volveremos a oír los cuentos bajo el árbol de pochote, bajo la luna, o bajo una tarde lluviosa. Hay que acurrucarse en los escenarios menos dramáticos, más cálidos, que nos quiten la sed, para ver pasar más cauteloso al coyote que se come a las gallinas más grandes o se traga al gallo mentiroso, eso que Eduardo Vicente nos contó un día. Que así sea, para siempre.
Llega marzo y el calor empieza a sentirse con intensidad sobre la ciudad de Oaxaca, y es ahora cuando los espacios de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca se abren como refugios de frescura. Una frescura que, como leeremos en las siguientes notas, es alimentada por las novedades que en el aspecto cultural, educativo, lingüístico y recreativo nos ofrecen estas instituciones.
Como preludio de este número celebramos el ingreso de la doctora María Isabel Grañén Porrúa, presidenta de la FAHHO, a la Academia Mexicana de la Historia debido a su significativo aporte a esta disciplina, a partir de la investigación y la gestión cultural siempre en favor de la conservación de la memoria histórica de las comunidades oaxaqueñas. La importante labor social y cultural de la doctora María Isabel también la hizo acreedora de la presea Shinzaburo Takeda, un motivo más para festejar.
Por otra parte el Museo Textil de Oaxaca nos invita a reflexionar sobre las innovaciones respecto a los textiles tradicionales; la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova presenta a dos personajes que han realizado importantes aportes a la FAHHO; desde la Biblioteca Henestrosa podemos conocer una parte de la vida y obra de Rawi Hage, un escritor libanés marcado por la guerra, que también es la experiencia desde la que escriben dos profesores colombianos para Seguimos Leyendo.
Asimismo, es una lucha la que ha asumido la Casa de la Cacica con el rescate del Tu´un Savi en Teposcolula, así como la que se hace para salvar y cuidar a las abejas de las adversidades que las acechan. Preservar también es el trabajo de Adabi Oaxaca, que en esta ocasión atendió el archivo de San Juan Chilateca. De los trabajos de catalogación que se realizan en la Biblioteca Francisco de Burgoa surgió la exposición sobre la figura del juez receptor que se presenta en este número. Igualmente, el Museo de la Filatelia de Oaxaca elabora una nota sobre la exposición dedicada a antiguas formas de transporte del correo.
El Museo Infantil de Oaxaca innova en el área de educación con la conformación de un programa integral dirigido a los estudiantes prestadores de prácticas profesionales en el MIO. El Centro Cultural Itinerante comparte la emoción que los conciertos llevados por la Fonoteca a las comunidades conurbadas pueden despertar en un niño. Desde la Librería Grañén Porrúa podemos asistir a la experiencia de dos fervientes lectoras y su andar por dos distintas librerías. Mientras tanto, el Centro Cultural San Pablo nos invita a visitar la exposición Ladidoo / Piel de hilo, un jardín bordado por Natalia Toledo. Por su parte, Andares del Arte Popular comparte el trabajo del maestro tallador Alejandro Vera, quien da vida a los diablos de Juxtlahuaca mediante el tallado de máscaras.
En el ámbito de los deportes, Guerreros de Oaxaca rinde homenaje a la trayectoria de Nelson el Almirante Barrera, quien los llevó a ganar su primer campeonato. Diablos Rojos Softbol celebra el primer Juego Perfecto de la Liga Mexicana de Softbol obtenido por Megan Faraimo. Finalmente, la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú habla de sus estrategias para hacer crecer el número de jugadores mexicanos en las Grandes Ligas.
Esperamos que estas páginas les brinden una oportunidad para detenerse un momento y refrescarse en alguno de los maravillosos espacios que la Fundación les ofrece a cada uno de nuestros lectores.
Doctora María Isabel Grañén Porrúa acompañada de algunos miembros de la AMH
Doctora María Isabel Grañén Porrúa acompañada de algunos miembros de la AMH
Doctora María Isabel Grañén Porrúa acompañada de algunos miembros de la AMH
Fragmento1
Dedico estas palabras a Mira Harp Grañén, quien dice: “La historia no se memoriza, se siente”; a Santiago Harp Grañén, quien ha hecho de la historia del beisbol su pasión y su vida, y a Alfredo Harp Helú, mi hacedor de sueños, por tantas historias compartidas.
Con gran emoción expreso mi agradecimiento a los miembros de la Academia Mexicana de la Historia al convertirme en una integrante más de esta distinguida institución. Reconozco que jamás imaginé, ni remotamente, que algún día pertenecería a ella. La Academia ha dado pasos importantes para lograr la profesionalización de la disciplina: en los últimos años abrió sus puertas a mujeres talentosas; dejó de ser centralista al integrar miembros en varios estados y hoy ratifico que, además, incluye a profesionales que nos hemos dedicado a la gestión cultural y al rescate de la memoria y el patrimonio de México. Hoy me siento honrada por ser la corresponsal en Oaxaca y recuerdo con cariño a la Dra. Ángeles Romero Frizzi, Miembro de Número de la Academia y anterior representante de esta entidad.
Esta Academia surgió en 1919, un momento en que la violencia estaba desatada. Hoy también la sed de paz prolifera por doquier. Es imperante que la historia, el arte, la cultura, la educación y el deporte sean las rutas para alcanzar los caminos de pacificación que tanto anhelamos, además de brindar oportunidades para que más mexicanos encuentren un sentido para su vida, y nosotros, los historiadores, tenemos mucho que aportar.
Desde niña, el poder de la palabra siempre fue la inspiración de mis pasos. Los amaneceres brillantes y las noches estrelladas fueron estímulos para que mis ojos y mi alma se educaran para captar y sentir la belleza. Por eso, jamás dudé en estudiar Historia del Arte. A partir de ese momento cada mañana, al abrir mis ojos, pienso, siento y actúo como historiadora del arte. Con profundo amor por mi país, constantemente me pregunto por qué los historiadores del arte somos necesarios para la sociedad. Y la vida se encargó de encaminar mis pasos por un rumbo apasionante: servir a la sociedad por medio del arte y la cultura.
Una tarde inesperada de 1993, mientras avanzaba en la investigación de mi tesis doctoral, El grabado y su finalidad en los impresos mexicanos del siglo XVI, recibí una llamada del maestro Francisco Toledo, quien me invitó a organizar una exposición de los libros del fondo bibliográfico de la UABJO. Acepté. Jamás imaginé que el destino me llevaría a organizar el acervo —que se ha incrementado de 27000 a 40000 ejemplares— y a dirigir una de las bibliotecas más importantes de México, que entonces se encontraba en condiciones lamentables. Era el mes de enero de 1994 y el cielo detonó, además, uno de los acontecimientos más importantes en la transformación cultural de Oaxaca: el inicio del proyecto de restauración del exconvento de Santo Domingo, el monumento más emblemático de la ciudad. Esto se logró gracias a un esquema participativo entre el Gobierno federal y estatal en unión con Banamex y Pro-Oax. También en 1994 defendí mi tesis doctoral en Sevilla y Francisco Toledo me invitó a dirigir el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, el rincón más bello y luminoso de Oaxaca. El IAGO fue también mi escuela y ahí encontré mi verdadera vocación.
Discurso presentado en la Academia Mexicana de la Historia
Discurso presentado en la Academia Mexicana de la Historia
Discurso presentado en la Academia Mexicana de la Historia
La experiencia en la Biblioteca Burgoa nos hizo reflexionar sobre la necesidad de salvar la memoria escrita de México. Así, en mayo de 2003 se creó Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, una asociación civil que en 21 años ha trabajado incansablemente en 29 estados y ha logrado rescatar 724 archivos, 161 colecciones fotográficas, 58 bibliotecas históricas y ha dado a luz 810 publicaciones sobre fuentes históricas. Los resultados han sido tan gratificantes que la UNESCO le otorgó, en 2008, el Premio Jikji en Corea, el reconocimiento más importante al patrimonio documental.
En 1998 se colocó la primera piedra de lo que sería la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, que ha crecido vertiginosamente generando una historia fascinante. Aunque siempre he aportado mi experiencia como historiadora del arte, debo reconocer que no he dejado de aprender ni de admirar la generosidad de Alfredo Harp, su escrupuloso orden administrativo, fiscal, legal y su amor por nuestro país.
Su lema siempre ha sido: “La mejor inversión está en México” y eso es precisamente lo que hace la Fundación: invertimos en la transformación de la vida de miles de mexicanos con proyectos educativos, culturales, deportivos y de salud, así como en el cuidado del medio ambiente.
El apoyo más importante está dirigido a la educación; a la fecha se han otorgado 140000 becas anuales, principalmente a estudiantes de la UNAM, el IPN y la UABJO, asimismo, se han patrocinado proyectos de investigación e infraestructura en escuelas. El respeto por la naturaleza es la mejor herencia que podemos dejar a quienes nos sobrevivirán. Por ello, hemos promovido proyectos de reforestación: en 20 años se han sembrado cerca de sesenta millones de árboles en el estado de Oaxaca.
Alfredo atesoraba una colección de estampillas postales, y en julio de 1998 se abrieron las puertas del Museo de Filatelia de Oaxaca, un punto neurálgico para una infinidad de actividades relacionadas con las estampillas, que posee una sala de numismática con monedas acuñadas en nuestro país y una biblioteca con más de 9 000 libros sobre filatelia que perteneció a don José Lorenzo Cossío y Cosío.
Además del MUFI, se fundaron el Museo Textil de Oaxaca y el Museo Infantil de Oaxaca, que cuentan con sus propias bibliotecas. El MIO es un guardián del patrimonio tangible e intangible de Oaxaca; ahí, los niños corren, los novios se besan bajo los árboles, las madres se reúnen a tejer; otros más husmean entre los libreros. El MTO, por su parte, ha promovido encuentros con la comunidad de tejedores de los pueblos originarios del continente americano; de esta forma se van borrando las fronteras de los conocimientos entre los pueblos.
En la Fundación nos es difícil concebir la vida sin libros y hacemos lo posible para acercarlos a las familias. Así nació la primera Biblioteca BS, de la experiencia amorosa de leer a mi hijo Santiago, de ahí su nombre. Esta serpentea entre ciruelos, y es resguardada por una fuente de sapos, regalo de Francisco Toledo. También custodia a la Biblioteca Jorge Luis Borges para ciegos y débiles visuales. Hoy la FAHHO cuenta con seis bibliotecas BS en Oaxaca y una más en el Salón de la Fama de Monterrey, inaugurada en 2023, mientras el gobierno estatal cerraba 49 bibliotecas. Nuestros servicios son gratuitos, el único requisito para el préstamo de libros es que los interesados sean asiduos visitantes. Cada BS posee un acervo atractivo y organiza actividades relacionadas con la lectura.
A nuestros proyectos de lectura se han sumado 157 promotores que comparten su voz con más de 6000 personas semanalmente en calles, reclusorios, asilos de ancianos, hospicios infantiles, escuelas, mercados o plazas. En alianza con la Universidad La Salle Oaxaca, ofrecemos diplomados para motivar a más de 800 estudiantes: padres de familia, maestros y promotores de lectura. Asimismo, pusimos en marcha las bibliotecas móviles con el objetivo de formar lectores. A su vez, la Biblioteca Henestrosa ha transformado muchas vidas. Sus libros y actividades surten efecto en muchos jóvenes que han iniciado su camino universitario: ahora escriben cuentos, poesía, ensayos, hacen teatro y gustan de leer en voz alta en las calles.
Los ecos de Juan Rulfo resuenan en el abandono de los pueblos de México y la impotencia nos invade cuando el patrimonio histórico, material e inmaterial, se desmorona frente a nosotros. Por ello, desde hace treinta años promovemos su rescate. La restauración de Santo Domingo fue la primera escuela, ahí se formaron cientos de personas que, al cabo de los años, han participado en las restauraciones que encabeza nuestro Taller de Restauración. Hemos logrado intervenir 143 monumentos en un centenar de comunidades de Oaxaca, 64 bienes muebles, 13 salvamentos arqueológicos y 10 órganos históricos, incluyendo los dos de la Catedral Metropolitana en la Ciudad de México. En 2017, como consecuencia de los sismos que afectaron a Oaxaca, la FAHHO contribuyó, entre otras muchas acciones, con la reconstrucción de 219 casas con valor patrimonial. Estos proyectos promueven un sentimiento de orgullo en las comunidades, generan derrama económica y fortalecen el tejido social.
Otras obras notables son las casas de visitas de los pueblos de indios, los molinos de agua en Santiago Yosondúa, la Capilla Abierta de Teposcolula, la Casa de la Cacica, el retablo de San Juan Bautista Coixtlahuaca, el templo de San Jerónimo Tlacochahuaya y la antigua estación del ferrocarril de Oaxaca, ahora convertida en el MIO. San Pablo ha sido uno de los proyectos más importantes; fue el primer convento dominico en la ciudad de Oaxaca y hoy es la sede de la FAHHO. Ahora trabajamos en la Casa Balcón en Tehuantepec, el antiguo hospital de indios en Teposcolula y la BS Mira en Oaxaca. “El oficio de tejer explica el mundo”, decía Mircea Eliade; y la vocación de la FAHHO es tejer historias en el corazón de las personas. Nos falta mucho por aprender, pero hoy, después de 30 años, podemos mirarnos con otros ojos.
Reconocimiento a la doctora María Isabel Grañén Porrúa por su ingreso a la Academia Mexicana de la Historia
Reconocimiento a la doctora María Isabel Grañén Porrúa por su ingreso a la Academia Mexicana de la Historia
Reconocimiento a la doctora María Isabel Grañén Porrúa por su ingreso a la Academia Mexicana de la Historia
Aunque disfruto intensamente cada proyecto, la investigación sobre la historia del libro, la imprenta, el grabado mexicano y el arte oaxaqueño para los niños es una de mis grandes pasiones. Por eso mi hija Mira y yo escribimos nuestra primera novela, Xolita en el Templo Mayor. Además, tuve el privilegio de participar en uno de los grandes sueños de mi hijo Santiago: el Museo de los Diablos Rojos del México, en donde se vive la historia y la experiencia de ser parte del equipo más ganador de México. Mi investigación más reciente ha sido sobre el poeta y periodista José S. Helú y la primera generación de emigrantes libaneses en México, de la que derivó un libro y la Cátedra —en El Colegio de México— sobre lengua y cultura que lleva su nombre.
Al redactar estas líneas, surge en mí un recuerdo: mi abuela tejía y bordaba, y yo la amaba. Ella me hizo fijar la mirada en los detalles y logró transmitirme su fascinación por los colores, formas y texturas. Su arrullo cobró relevancia años después, en Oaxaca, cuando Alfredo llegó a mi vida y la llenó de una luz que, de pronto, con un riego de amor hizo brotar la semilla que mi abuela había dejado latente.
Hay veces que no nos explicamos de qué manera los hilos que tejen el porvenir se cruzan y nos hacen parte de un tapiz que ha transformado, de alguna manera, el paisaje. Estoy segura de que sin los ojos de una historiadora del arte ese gran textil no sería el mismo. Ahora sé que es posible trazar un camino para que el arte, la historia y las investigaciones eruditas rompan barreras y lleguen a públicos sedientos de conocer los procesos históricos que nos forman intelectual y espiritualmente.
Mis hijos merecen un mundo mejor para vivir. Confío en que así será, y que mi oficio sirva para cambiarlo; que las personas tengan un mayor acceso a la cultura, la lectura, el arte y la historia, de modo que todos los hijos de este mundo puedan alcanzar sus propios sueños.
1 Discurso completo del ingreso a la Academia Mexicana de la Historia disponible aquí:https://bit.ly/3XaQD3P
Huipiles representativos de Santo Domingo Xenacoj. (Izq.) Huipil tejido en telar de cintura, 1980. (Der.) Huipil sublimado, 2019.
Las telas estampadas se encuentran por doquier, por fortuna y por desgracia. Por un lado, son muestra de la creatividad humana y es así como encontramos, por decir algo, telas floreadas comúnmente empleadas en vestidos y faldas. Sin embargo, la otra cara del estampado es traicionera, pues puede usarse para imitar —de forma desleal— un tejido o un bordado. Cabe aclarar que esta no es una técnica reciente, en realidad se ha empleado durante miles de años para plasmar un diseño sobre una tela.
Desde hace algunas décadas, los textiles hechos en distintas comunidades originarias de México se han reinterpretado, tergiversado y pirateado por medio de técnicas de impresión. Por ejemplo, una reconocida marca mexicana contribuyó a la fama del bordado istmeño de flores grandes multicolores al estampar esos diseños sobre mascadas de seda. Los populares tenangos también han pasado por ese proceso y, en los últimos años, las aves y flores bordadas en el pueblo mazateco de Jalapa de Díaz han sido estampados sobre playeras de tejido industrial mediante técnicas de serigrafía.
En octubre de 2024, el Museo Textil de Oaxaca presentó la exposición “Desafiando la autenticidad. La computarización en la producción y consumo de textiles mayas de Guatemala”, con la curaduría de Walter Little y Nicholas Johnson. Lejos de validar o atacar la producción y el uso de huipiles sublimados (de las técnicas más recientes de estampado), el propósito de la muestra era explicar cómo un proceso tecnológico contemporáneo era adoptado por el mismo pueblo tejedor, particularmente en poblaciones kakchikeles. La muestra se inauguró en el marco del IV Encuentro de Textiles Mesoamericanos y, tanto en el evento como en las publicaciones posteriores hechas en redes sociales, escuchamos todo tipo de comentarios. No se entendía por qué un museo había dedicado una exposición a textiles estampados, poniendo en peligro el trabajo de las mujeres en el telar de cintura. “¡Son copias chinas!” y “¡Eso es un plagio!” son expresiones que escuchamos con frecuencia.
Analicemos este caso. Para empezar, quitemos de nuestra mente la idea de que estos estampados son chinos. De acuerdo con la investigación de Walter, fueron empresarios mayas quienes compraron las máquinas de sublimado; fueron estudiantes mayas de programación digital a nivel universitario quienes diseñaron los patrones por imprimir y, algo sumamente importante: el grupo de estudiantes trabajaba directamente con las tejedoras, mayas también, para desarrollar los diseños finales. La tela base sobre la que se estampaban los diseños era tejida en telares de pedal, por tejedores mayas. ¿Quiénes compraban estos huipiles? Mujeres mayas de distintas edades y estratos sociales. Todas las usuarias estaban conscientes de que un huipil sublimado no se comparaba en calidad a un huipil tejido y ninguna de ellas tuvo la intención de sustituir un huipil de telar por uno sublimado. De hecho, los diseños sublimados no pretendían replicar a los tejidos, más bien, los tejidos servían de base para reestructurar las figuras y formar nuevas composiciones, algunas de ellas tan complejas que resultarían muy laboriosas si se hicieran en telar. Vemos, entonces, cómo la programación para sublimados se volvía una herramienta para inventar un lenguaje visual, para crear un diseño francamente kakchikel.
La diferencia estaba muy clara: los huipiles tejidos a mano se usaban para salir, ir a eventos importantes, y asistir a lugares especiales; los otros, para vestir durante las labores de limpieza del hogar y en otras situaciones en las que es fácil manchar y lastimar la ropa. El uso de los huipiles estampados en esos contextos respondía a un deseo de conservar la imagen de su vestimenta (elemento fuertemente ligado a la identidad) sin poner en riesgo sus preciados huipiles de telar. Lo que vemos es una sociedad creando artículos por su propia voluntad y para su propio uso. Algo muy distinto a aquellas mascadas de seda impresas con bordados istmeños, en las que las mujeres del Istmo de Tehuantepec no participaban ni en su creación ni en su consumo.
Estos huipiles sublimados podrán gustarnos o no, y podremos dar nuestra opinión sobre las posibilidades que ofrecen y los riesgos que representan, pero reflexionemos, lectores: ¿quién de nosotros pertenece al pueblo kakchikel? Yo no, de manera que me parece incorrecto calificar cómo debe vestir la población de, por dar un ejemplo, Santo Domingo Xenacoj. ¿O qué le parecería que una persona completamente ajena a usted se le apareciera un buen día para decirle que su vestimenta no es correcta, porque está desvirtuando la forma en la que debe verse una persona mexicana? La discusión tendría que partir de cómo se supone que debe verse esa persona, y dudo mucho que llegáramos a una respuesta apropiada. Así, pues, podremos emitir juicios que van de acuerdo con nuestros gustos personales y modelos de pensamiento, pero estamos muy lejos de avalar y prohibir el vestido de una sociedad que posee pleno derecho y libertad de tomar sus propias decisiones.
Por cierto: esos huipiles sublimados que abundaban en 2018, desaparecieron tan solo cuatro años después y hubo diversas razones para ello. La tela requerida para el proceso de sublimación debía estar hecha de poliéster: usar esos hilos en el telar de pedal era difícil porque se deshilachaban con facilidad. Los colores impresos tampoco resistían mucho tiempo, pues se deslavaban con rapidez. Además, era incómodo usar esas telas: eran muy calientes y, al estar cerca de estufas y fogones para cocinar, se derretían. Walter nos cuenta que las máquinas de sublimado fueron vendidas por sus dueños (dueños mayas, no lo olvidemos). La misma sociedad que ideó y produjo tales huipiles fue la que decidió terminar con ellos. Todo esto ocurrió sin necesidad de que un instituto, colegio, secretaría, ministerio, museo o similares emitieran alguna declaratoria. No es la misma suerte la de los huipiles con bordados computarizados, pero dejaremos esa historia para otro momento.