¿Tu libro se está dañando? Aprende a reconocerlo a tiempo

Libros dañados listos para su restauración. Fotografías: Acervo del Taller de Conservación y Restauración Documental FAHHO

Los libros son compañeros silenciosos: guardan historias, conocimientos y recuerdos. Pero, como todo objeto hecho de materiales orgánicos, también envejecen. A veces los cambios son tan lentos que no los notamos hasta que el daño ya es muy visible. Detectar las primeras señales puede marcar la diferencia entre conservar un libro durante décadas o verlo deteriorarse sin remedio.

Uno de los problemas más comunes es el moho. Suele empezar de forma discreta: ese olor a humedad que aparece cuando abres un libro guardado mucho tiempo en un lugar cerrado. Después surgen puntitos o manchas de colores —blancas, verdes, grises o negras— con un aspecto polvoso. Además de dañar el papel, el moho es un riesgo para la salud, por lo que conviene atenderlo de inmediato.

Otro signo evidente es el papel amarillento y frágil. Las hojas pierden su color original y se vuelven quebradizas. Esto sucede sobre todo en los papeles fabricados desde el siglo XIX, que contienen sustancias que reaccionan con el aire, la luz y la humedad. El proceso es lento, pero continuo: una hoja que hoy solo luce amarilla puede desgarrarse con facilidad mañana.

También hay que prestar atención a las deformaciones físicas. A veces las tapas y las hojas comienzan a ondularse o a curvarse. Esto suele deberse a cambios bruscos de temperatura y humedad o a que los libros se guardan apilados de forma inadecuada, ejerciendo presión desigual. Aunque parezca solo un problema estético, puede afectar la encuadernación y dificultar la lectura.

Las manchas y la pérdida de color son otro enemigo silencioso. Pueden aparecer como pequeños círculos color marrón claro, marcas de agua o zonas desvaídas por la luz. Su aparición es causada, principalmente, por el contacto con líquidos, la manipulación sin manos limpias o la exposición prolongada al sol. En casos graves, el papel se debilita tanto que la tinta puede difuminarse o desaparecer.

Cómo cuidar tus libros
Para prevenir estos problemas, lo más importante es ofrecer a los libros un ambiente estable: un lugar limpio, seco, sin luz solar directa y con buena ventilación. Procura evitar las estanterías cerca de ventanas o calefactores.

Al manipularlos, hazlo siempre con las manos limpias y secas. Evita usar clips metálicos, separadores o cinta adhesiva que puedan manchar las páginas. Al sacar un libro del estante, no tires de la parte superior del lomo: empuja suavemente los libros vecinos y sujétalo por el centro del lomo; considera que si el libro está apretado en la estantería no solo va a ser mucho más difícil sacarlo, sino que puede deformarse.

Si encuentras moho, manchas graves o papel muy frágil, lo mejor es no intentar repararlo en casa. Limpiar o “arreglar” los libros con productos caseros, secadoras o adhesivos suele empeorar el daño. En esos casos, es conveniente acudir a un profesional en conservación de libros, quien sabrá cómo tratar el problema sin poner en riesgo el material.

Cuidar un libro no solo consiste en preservar un objeto: se trata de proteger las historias, los recuerdos y el conocimiento que contiene. Con un poco de atención y los cuidados adecuados, los libros pueden seguir acompañándonos y ser compartidos con nuevas generaciones.


Letras, canto y memoria: la palabra también celebra a los muertos

Muerteada de Cuentos en el Museo de la Filatelia de Oaxaca. Fotografía: Eduardo González

En Oaxaca, el Día de Muertos es una de las celebraciones más entrañables y esperadas del año. En estas fechas las calles se visten con un velo mágico de colores vibrantes, flores de cempasúchil, aroma a copal, tapetes y música, abriendo un puente luminoso que conecta el mundo de los vivos y los muertos. Es tradicional que en estas fechas, como parte de la identidad cultural, se realicen rituales como la colocación de altares en conmemoración de quienes han partido— y se lleven a cabo comparsas y muerteadas.

En medio de esta riqueza de tradiciones, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, por medio del programa Seguimos Leyendo, se une en homenaje a la celebración del Día de los Fieles Difuntos con dos iniciativas culturales, donde la literatura, la lectura en voz alta, la narración oral y la música se entrelazan para rendir tributo a la vida y al recuerdo desde la palabra compartida. Ambas actividades forman parte de la línea de voluntariado creativo de Seguimos Leyendo, que promueve la lectura como una práctica viva, comunitaria y festiva.

La primera, “Ofrenda de palabras: Leyendas y música”, se realizó el pasado 29 de octubre en el Claustro del Centro Cultural San Pablo, al convocar a la comunidad lectora para fusionar la tradición y la lectura en un mismo altar simbólico, y así rendir homenaje a la palabra y a la memoria colectiva.

Fueron 24 personas quienes integraron el elenco: niños y lectores voluntarios dieron vida a leyendas, relatos y canciones que evocaron la presencia de quienes siguen habitando nuestra memoria. Los asistentes disfrutaron de la leyenda La flor de cempasúchil; la lectura musicalizada Las chinguiñas del perro, una adaptación del maestro Emilio Lome; y las canciones dedicadas a la calaverita de azúcar y a la Catrina, interpretadas por el coro Calacantos y músicos invitados (guitarrista, clarinetista y cantante).

Para cerrar, Evelina Macellari compartió el relato Por mucho que te escondas, de José Luis Trueba Lara, recordando que, por más que nos ocultemos, la muerte siempre nos va a encontrar sin importar dónde estemos, quiénes seamos o a qué nos dediquemos. El festejo concluyó con la entrega de reconocimientos a las y los lectores voluntarios. Así, al son de La Llorona, La Martiniana y el Dios nunca muere, cerramos con broche de oro esta “Ofrenda de palabras”, en la que no pudo faltar la compartencia de alimentos alusivos a las fechas: los tamales de mole y el atole.

En este mismo contexto, el 30 de octubre se celebró la tercera edición de la Muerteada de Cuentos en el Museo de la Filatelia de Oaxaca, con un elenco de 21 participantes. Por una tarde, en este recinto las letras y las canciones del escritor Emilio Lome llenaron el ambiente de color, ritmo y memoria. Entre risas, aplausos y melodías, la lectura en voz alta, la narración y el canto guiaron a los asistentes por un camino alegre donde la vida y la muerte dialogan sin temor, compartiendo el mismo escenario.

El evento comenzó con las notas del clarinete interpretando el Dios nunca muere, ese himno que enciende la nostalgia oaxaqueña y abre el corazón para el recuerdo. El talento de Tichaá, con su imaginación desbordante y su toque de picardía, llevó al público por el camino del humor con la historia Lo que le pasó al muerto, un relato que despertó carcajadas y complicidad entre grandes y pequeños. El coro Calacantos, acompañado de guitarra y clarinete, llenó el aire con cantos que invitaban al gozo, mientras las voces de los lectores voluntarios dieron vida a Las chinguiñas del perro. Cada palabra y cada acorde hicieron que la muerte se sintiera cercana, no como temible destino, sino como parte de la danza que une generaciones y memorias.

Al concluir las presentaciones, los asistentes fueron invitados a recorrer la instalación de Día de Muertos del Mufi. Entre flores, velas y sahumerios los creadores compartieron con el público los símbolos y elementos que dieron forma a su obra, explicando cómo cada pieza cuenta una historia.

La actividad cerró en un ambiente cálido, con chocolate y pan compartidos entre todos. La Muerteada de Cuentos volvió a recordarnos que la palabra, cuando se pronuncia en comunidad, tiene el poder de mantener viva la memoria, de reírse con la muerte y de celebrar que seguimos aquí, entre canciones, historias y el perfume del cempasúchil.


Cambio de mando en los Diablos Rojos

Consejo de Administración de los Diablos Rojos del México. Fotografías: Enrique Gutiérrez

Tras conseguir el bicampeonato en la Liga Mexicana de Beisbol, Othón Díaz Valenzuela concluyó una gestión de casi diez años como presidente ejecutivo de los Diablos Rojos del México.

Con una amplia lista de logros administrativos y operativos, el doctor Díaz cumplió su misión de ofrecer una experiencia de entretenimiento inolvidable en torno a un equipo profesional triunfador, cautivando a los aficionados y contribuyendo al crecimiento del beisbol en la Ciudad de México.

La supervisión de la construcción del Estadio Alfredo Harp Helú destaca entre sus mayores éxitos, sin olvidar que el reencuentro de la afición con el Rey de los Deportes comenzó cuando el equipo se instaló en el Estadio Fray Nano, precisamente al inicio de su gestión, que hoy concluye para atender asuntos familiares.

En su despedida, el Consejo de Administración del club escarlata reconoció el liderazgo de Othón Díaz, quien, además de desempeñarse como ejecutivo del equipo de beisbol, fue fundamental en la creación de las franquicias de baloncesto y softbol. También se recordó su paso por la Fundación Alfredo Harp Helú para el Deporte, experiencia que lo impulsó a llegar al club más exitoso del país.

El encargado de continuar la inercia ganadora de los Diablos Rojos del México es Jorge Del Valle Mohar, quien ya formaba parte de la organización ocupando un rol fundamental en el área deportiva, donde contribuyó a construir las bases que llevaron a la obtención de los dos más recientes gallardetes del equipo varonil y del representativo femenil.

El maestro Del Valle asume el cargo más alto del organigrama escarlata tras haberse integrado en 2015 como coordinador general del Estadio Fray Nano, puesto que dejó para integrarse al área deportiva, asumiendo la Dirección de la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú.

Sin dejar de encabezar la Academia, Jorge Del Valle asumió posteriormente la Gerencia de Desarrollo Deportivo de los Diablos Rojos del México y de los Guerreros de Oaxaca, hasta convertirse en presidente ejecutivo adjunto de los bicampeones a inicios de 2025.

Licenciado en Administración y Recreación del Deporte, Jorge del Valle se convierte en el primer presidente ejecutivo del club capitalino que alcanza el cargo tras desarrollar toda su trayectoria dentro de la organización, hecho que fue celebrado y destacado por don Alfredo Harp Helú y Santiago Harp Grañén, máximas figuras del Consejo de Administración de los Diablos Rojos.

Este cambio de mando cierra una etapa sobresaliente por haber establecido los cimientos de una organización ejemplar. En la nueva era, el reto será mantener y superar los logros alcanzados en la última década, encabezando metas claras y ambiciosas que impulsen a los Rojos del México hacia un firmamento que pocos clubes han alcanzado a nivel mundial.

Los mejores deseos para Othón Díaz y Jorge Del Valle, dos Diablos Rojos que han dejado huella.


Del timbre postal al cartel: Arte de calidad para todos

Firma de carteles por los artistas. Fotografías: Acervo del Museo de la FIlatelia de Oaxaca

En el Museo de la Filatelia de Oaxaca siempre hemos creído que el arte y el coleccionismo pueden dialogar de maneras insospechadas. “Del timbre postal al cartel” ha sido para nosotros un reto y, al mismo tiempo, un placer: un espacio en el que los timbres postales, esas pequeñas obras cargadas de historia, inspiran nuevas creaciones que cobran vida en formatos contemporáneos.

Cada mes, al invitar a un(a) artista, ilustrador(a) o diseñador(a) a dialogar con nuestro acervo, presenciamos cómo un detalle mínimo —un color, una forma, un símbolo— se transforma en una pieza gráfica que guarda algo del pasado, pero habla con la voz del presente. El proceso no solo enriquece al Museo, sino que genera un vínculo con el público, quien se convierte en parte activa de esta comunidad al llevarse a casa una pieza única y numerada.

La emoción de ver cómo, mes a mes, los carteles pasan de la mesa de impresión a las manos de quienes los reciben, firmados por sus autores, es una experiencia que refuerza nuestra convicción: el arte debe ser cercano, accesible y compartido.

Este ciclo, que inició el 9 de julio de 2025 y concluirá en junio de 2026, es también una manera de sembrar colecciones futuras. Las doce obras resultantes se reunirán en una exposición conmemorativa el 9 de julio de 2026, en el aniversario del MUFI, como un testimonio de lo que ocurre cuando los caminos del arte, la filatelia y la creatividad se cruzan. En el fondo, “Del timbre postal al cartel” es una invitación a mirar con otros ojos, a descubrir al timbre postal como un fragmento de historia y un detonador de imaginación colectiva.

En julio el primer artista invitado fue el maestro Darío Castillejos; para agosto convocamos al increíble artista emergente Dheache con su estilo psicodélico; en septiembre el Colectivo Subterráneos nos deleitó con su gráfica política-social de altísima calidad, y en octubre nos acompañó Molka, un artista que ha ido ganando lugar como un referente en la gráfica oaxaqueña.

¿Te gustaría obtener las obras que vienen? Síguenos en todas nuestras redes sociales para conocer las siguientes fechas de inscripción. Además, pronto anunciaremos a la gran artista invitada de noviembre para la obra número 5; ¡les va a encantar!


El tren que soñó Oaxaca

Carta del Ferrocarril Mexicano del Sur, 1910. Recorrido desde la ciudad de Puebla pasando por los distintos pueblos y ciudades hasta llegar a la de Oaxaca. Fotografía: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

Entre los siglos XIX y XX, México fue escenario de una transformación profunda: la construcción de líneas férreas que buscaban unificar su vasta extensión territorial, su población diseminada y su compleja orografía. En este contexto, el ferrocarril emergió no solo como una innovación tecnológica, sino como un símbolo de modernidad y desarrollo nacional.

Durante este periodo, el gobierno mexicano otorgó concesiones, incentivando subvenciones y franquicias que atrajeron inversiones, tanto nacionales como extranjeras. Así surgieron numerosas líneas —grandes y pequeñas— que conformaron el núcleo de la red ferroviaria nacional.

Estos primeros desarrollos ferroviarios se concentraron principalmente en el norte y centro del país, pero pronto surgió la necesidad de ampliar la red hacia el sur, con el objetivo de conectar a estados como Oaxaca y alcanzar la frontera con Guatemala. Fue hacia finales del siglo XIX cuando comenzaron los primeros intentos serios de integrar al sur de la república en esta red nacional de caminos de hierro.

El ferrocarril de Puebla a Tehuantepec
El primer esfuerzo formal por desarrollar el ferrocarril en Oaxaca se realizó en 1875, cuando el gobierno del estado obtuvo una concesión para su construcción. No obstante, esta caducó antes de que pudiera iniciarse el proyecto. En 1880, se otorgó una nueva concesión que contemplaba una línea directa entre Puebla y Oaxaca, así como una ruta hacia la costa del Pacífico. Esta fue transferida a una compañía estadounidense que emprendió trabajos de reconocimiento entre México, Puebla, Tehuacán, Oaxaca, Puerto Ángel y Salina Cruz, pasando por la Mixteca y zonas como Antón Lizardo y Quiotepec. Aunque los planos fueron aprobados, la concesión expiró, una vez más, sin concretarse la obra.

No fue sino hasta abril de 1886 cuando se otorgó una tercera concesión, esta vez al gobierno estatal de Oaxaca. En mayo de 1888, el proyecto fue adjudicado a la compañía inglesa Read & Campbell, que comenzó los trabajos de reconocimiento y trazo ese mismo año, iniciando los estudios de terracería en 1889.

Para 1891 ya se había completado el primer tramo entre Puebla y Tehuacán. La terracería hacia Oaxaca se encontraba avanzada en un 55 %, y la mampostería alcanzaba la capital del estado. Se proyectaba que para 1892 los 370 kilómetros entre Puebla y Oaxaca estarían completamente habilitados.

Retos topográficos
La construcción de la vía férrea hacia el estado de Oaxaca se enfrentó con enormes retos topográficos, pues la accidentada geografía hacía inviable un trazado directo.

El último tren de vía angosta entre Puebla y Oaxaca cruzando por el puente de San Pedrito. Ferronales, agosto 1952. Tomo XXII – Núm. 8.

Para integrar a Oaxaca dentro de la red ferroviaria, se consideraron tres rutas principales: la que finalmente se adoptó y se extiende de Puebla a Oaxaca; otra por la cañada del río Grande de Quiotepec, continuando por el río de las Vueltas hasta cruzar la cordillera hacia los Valles Centrales; y una tercera por las montañas ubicadas entre ambas cañadas, coincidente con el trazado del camino nacional. Esta última fue descartada por ser la más elevada y costosa de todas.

Los ingenieros encargados realizaron numerosos estudios para lograr el mejor aprovechamiento del terreno. El resultado fue un trazo audaz y técnicamente exigente, diseñado para sortear con eficiencia los obstáculos naturales de la región.

Un sueño con ambición
Las aspiraciones en torno al ferrocarril de Oaxaca eran ambiciosas. Lo que hoy conocemos como el Ferrocarril Mexicano del Sur fue considerado una de las obras más importantes del país, ya que fue concebido como una vía troncal que uniría a México con Guatemala a través de sus fronteras.

En torno a este proyecto se generaron altas expectativas económicas: debido a la amplia variedad de temperaturas y suelos del estado, se preveía el crecimiento de la exportación agrícola de algodón, café, cacao, caña de azúcar, tabaco, hule, vainilla, frutas y madera de tinte, de construcción y para trabajos de ebanistería, entre otros. En materia minera, se apostaba por la extracción de oro, hierro, plomo y estaño. La línea ferroviaria sería el vehículo de expansión de estos sectores hacia nuevos mercados.

Desde la óptica militar, el ferrocarril permitiría al gobierno movilizar rápidamente sus ejércitos hacia el sur en caso de conflicto fronterizo. Asimismo, se esperaba que, al concluir las obras del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, las líneas se conectaran y Oaxaca adquiriera una posición estratégica en el comercio internacional, con un auge en las actividades portuarias en Salina Cruz y Puerto Ángel.

Finalmente, cuando la línea del Ferrocarril Mexicano del Sur entró en funcionamiento, cumplió con la promesa de conectar al estado con el resto de la república y aunque muchas de las proyecciones originales no se concretaron en el tiempo previsto, el impacto del proyecto ferroviario dejó huella en la memoria colectiva de Oaxaca, y representa uno de los capítulos más emblemáticos de su integración al México moderno.

El tren no solo fue una obra de ingeniería: fue también el reflejo de un país que buscaba construir su futuro.


Aquí, y en todo el mundo, se levanta el sol con todas sus heridas

Presentación del poemario Se levanta el sol con todas sus heridas en la Henestrosa. Fotografía: Acervo de la Biblioteca Henestrosa

La poesía de Moisés Villavicencio Barras desarma el discurso xenófobo desde lo emocional, lo cotidiano y lo ancestral. Nos recuerda que detrás de cada deportación hay un árbol arrancado, una lengua perdida, un hijo sin madre, un cuerpo marcado por el exilio.

La lectura del libro permite una reflexión crítica sobre las políticas migratorias, no solo las del presidente Donald Trump, sino las ejercidas por gobiernos de ultraderecha que han perseguido a los migrantes de países que ellos mismos han oprimido, colonizado o saqueado en el pasado —el caso más notable en este momento tal vez sea el exterminio de la población de Palestina a manos del Estado de Israel—; marcadas por el racismo institucional, la criminalización de migrantes y la separación de familias.

El autor, como cofundador de la revista literaria Cantera Verde, ya ha desempeñado un rol central en el fortalecimiento de la poesía en Oaxaca. Este libro reafirma su compromiso con una poesía que se planta frente al dolor de su tiempo, que escucha a los enfermos, a los migrantes, a los silenciados, a los locos, a los animales, a los niños.

Su obra nos recuerda que en la sociedad el poeta es un curador de la memoria comunitaria; un mediador entre el pasado y las urgencias contemporáneas; y, sobre todo, un sembrador de semillas en tiempos de sequía espiritual y social.

Villavicencio Barras escribe con una sensibilidad desgarrada por la separación, la distancia y la pérdida. En poemas como “Vuelo de regreso a casa” o “Reacción”, el tema de la migración aparece como movimiento físico y fractura del yo: el migrante es un ser en tránsito constante, desarraigado, con zapatos que “caminan, hambrientos” o que “patean puertas” como un “caballo enfermo de sí mismo”.

En esta obra, el poeta logra conjugar dos fuerzas que rara vez conviven con equilibrio: lo espiritual y lo concreto. Es una poesía que no aspira al efectismo emocional o al sentimentalismo; es, por el contrario, una poesía que convierte lo cotidiano en símbolo, sin despojarlo de su carne.

En el poema “Luz”, la pérdida del primer idioma —la lengua originaria o materna— se vuelve emblema del despojo identitario al que muchos migrantes son sometidos. La imposibilidad de transmitir una palabra sagrada, que “no representa ningún objeto”, subraya cómo la migración no solo arranca a las personas de sus tierras, sino también de sus signos, sus nombres y sus raíces.

Lo notable es que sin necesidad de proclamarse “literatura regional”, cada poema lleva impreso el ADN de Oaxaca: su lenguaje visual, su herencia oral, su cosmovisión que vincula a los vivos con los muertos, al pan con la sangre, o al perro con el trueno. Sin embargo, esta raíz nunca deviene localismo. Por el contrario, lo oaxaqueño se vuelve aquí emblema universal: los padres, los hermanos, los animales, el barro, las lluvias, los objetos mínimos, son portadores de una ética poética que resiste al desarraigo desde la ternura.

A pesar del dolor, la voz poética nunca se rinde. Hay una pulsión de vida que insiste, como el sol que “se levanta cada día / con todas sus heridas”.

Las imágenes poéticas son profundamente físicas y terrenales: raíces, alas de libélula, barro, polvo, pan, hojas, veneno, mar. Estas metáforas no ornamentan, sino que permiten sentir. Conectan al lector con un universo sensorial que dialoga con la cosmogonía mesoamericana, la vida campesina y la memoria oaxaqueña.

Aunque muchos poemas remiten a experiencias íntimas (la muerte de una mascota, la relación con el padre, la infancia), el yo poético siempre se abre hacia lo universal. Se siente una vocación ética: el poeta no escribe únicamente para sí, sino para todos los que “siguen caminando, como árboles sin raíces en el mundo”.

Desde la disposición gráfica de los textos hasta la elección de tipografía, márgenes y espaciados, la edición de Finishing Line Press demuestra un respeto por la respiración del poema. El diseño es limpio, sin adornos ni interferencias, lo cual permite que cada poema se despliegue en su ritmo propio, como si el lector estuviera frente a una página manuscrita por la memoria misma.

Se levanta el sol con todas sus heridas es un libro que canta con una voz firme y compasiva. En un mundo cruzado por migraciones, pandemias, pérdidas y fronteras —visibles e invisibles—, este libro es un lugar de sosiego en la oscuridad. En sus páginas, la poesía cumple uno de sus más altos deberes: recordarnos la dignidad del dolor, la belleza de lo quebrado, y la posibilidad —aunque sea tenue— de volver a casa.

Carece de exhibicionismo poético. Su fuerza reside en lo contenido, no en lo explícito. Cada imagen está destilada. Nada sobra. Sabe dialogar con el dolor sin caer en la catarsis fácil. Hay sufrimiento, pero no hay dramatismo. Hay compasión, pero no autoindulgencia.

Es un libro que se sostiene en el tiempo. No necesita de coyunturas políticas ni de tendencias estéticas para reclamar su lugar. Es un libro que uno puede volver a leer diez años después y seguirá hablando de lo esencial: la herida, el viaje, la luz.


Legado Alcalá en la Facultad de Bellas Artes de Oaxaca

Dedicado a Beatriz la Chatita Natera†, entrañable bibliotecaria de la Facultad de Bellas Artes de la UABJO.

Retratos de José y Macedonio Alcalá

El trabajo de organización del archivo musical de la Facultad de Bellas Artes de la UABJO nos permitirá conocer un conjunto de obras musicales de una infinidad de compositores. Algunas obras donadas por maestros aún conservan sus improntas, entre las cuales podemos reconocer la firma de la familia Alcalá.

En el archivo del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca —el antecedente institucional de la UABJO—, que se resguarda en la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, existe un expediente de 1953 en la Sección Gobierno, Serie Dirección General, Subserie Informes, integrado por 36 fojas, 9 fotografías, 4 cuerdas para violín y 3 puentes de madera, metal y plástico. La documentación aparece bajo el siguiente nombre: “Donación de violín y piezas musicales de José Alcalá”.

Una de las fojas habla de una donación de libros y partituras realizada por Esperanza Alcalá, nieta de Macedonio Alcalá, a la escuela de Bellas Artes y a la Banda del Estado de Oaxaca. Tal como ella declara:

Me es muy grato cumplir con todo cariño para mi inolvidable y querida tierra natal, así como para este glorioso plantel […] en el que abrevaron sus conocimientos mi Sr. Padre, el maestro don José Alcalá, y mi inolvidable hermano, don José Joaquín Alcalá […].1

La dirección de la universidad tiene a su resguardo los violines de más de cien años de antigüedad. De los 18 lotes de obras donadas que reúnen un selecto número de composiciones inéditas de los maestros Macedonio, Bernabé, Nabor y José Alcalá podemos mencionar: Mazurka y Los Autómatas por Bernabé Alcalá; Marcha Porfirio Díaz y Sones del Istmo por José Alcalá. De hecho, en un trabajo archivístico anterior las obras compuestas por la familia se separaron en 3 cajas.

Violines en resguardo por la UABJO. Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca

Se identificaron copias hechas a mano, de las cuales la mayor parte no cuenta con fecha de creación. Es conocido que “el tío Macedas” era muy dado y virtuoso en la improvisación sin transcribir después al papel, es por eso que la obra escrita de Maceodnio Alcalá se cuida con recelo para la cultura y las artes de Oaxaca: la dirección
de la Facultad conserva en resguardo aparte dos de sus obras, Vals dedicado al señor Roberto Maqueo y Danza.

Como parte de la memoria institucional y herencia cultural a los estudiantes de la Facultad de Bellas Artes se debe procurar la preservación en buen estado de estos documentos, así como garantizar el acceso a los recursos bibliográficos como plataforma de difusión, promoción, desarrollo, colaboración y aprendizaje artístico entre estudiantes, músicos, investigadores y público interesado para sostener la
identidad musical en Oaxaca.

1 Correspondencia entre Esperanza Alcalá, Lic. Ignacio Castro Mantecón (director del Instituto Autónomo de Ciencias y Artes de Oaxaca), Prof. Diego Innes (docente del Instituto y director de la Banda del Estado), y el gobernador del estado.


Por eso…

Persona leyendo en una de las salas de la Librería Grañén Porrúa. Fotografía: Acervo de la Librería Grañén Porrúa

En una de las últimas reseñas que dejaron en nuestro perfil de Google, acompañado de un espléndido “5 estrellas”, escribieron que tenemos un maravilloso espacio dedicado a los juegos de mesa, una exquisita selección musical y un personal de lo más lindo, atento y servicial. Nótese que a esto último no le agregué las cursivas porque sería ponerlo en entredicho, y para nada lo está.

Agradecemos que quienes nos visitan se tomen el tiempo para hablar de su experiencia en la librería. Aún más, se agradece que hoy día se den un momento para visitar una librería, sea esta o la de una calle abajo, o la de dos calles arriba. Se agradece el gesto de cruzar la puerta con curiosidad, sin saber qué se va a encontrar, o a qué se entra, en realidad: ¿es esta una biblioteca? ¿Puedo sentarme tres horas a leer el libro y luego dejarlo en su sitio e irme en paz? ¿Puedo entrar con mi café y dar la vuelta admirando los pasillos con una iluminación imposible (a veces bien, no siempre mal)?

No nos cansaremos de ver entrar en invencible carrera a pequeñas que huyen de sus papás, y luego a los papás que las persiguen a carcajadas, pues ya se han instalado en el tambor a leer con pasión todo lo que esté a su alcance y que puedan jalar ellas mismas.

Tampoco serán suficientes los tíos y las abuelas que, felices mecenas, dicen a sus cachorros: “Vamos, escojan lo que quieran leer, esta vez pago yo, ya les tocará a ustedes invitarme luego”: duren, en verdad, y contagien ese espíritu a las personas cercanas.

Este año ha sucedido, como tantos, atizado con maltrato, angustia, quiebre, violencia, sí, tristemente; pero también con ternura, aprendizajes, amor, amaneceres frescos y luminosos que nos hacen pensar que todo esto que hacemos —compartir libros, organizar conciertos, prestar oídos y hombros, inaugurar exposiciones— valdrá la pena. Por eso seguimos.

Juegos de mesa en la sala infantil de la Librería. Fotografía: Acervo de la Librería Grañén Porrúa

Es por ello que, aunque sucedan cien cosas tras bambalinas, dejamos los juegos de mesa en el tambor, para que las chavitas que no entran a clases —porque no están de humor para entrar a la clase de cálculo— vengan a jugar gato, o conecta cuatro, y se tuerzan de la risa y resuene toda la Librería. Por eso ponemos flores lindas cada que podemos, para que te tomes una selfie, para que mandes una recomendación, para que presumas que nos visitaste, o nada más para que te recuerdes que también los espacios de libros son jardines. Por eso ponemos en aleatorio la lista de música, para que cuando estés en la Sala Azul (o Juvenil, o de Clásicos, llámala como quieras) y escuches una cumbia, muevas los hombros y agarres de la cadera a tu acompañante y hagan como que están en una pista de baile. Por eso, aunque Juanito, don Paco, Rolando, Alex, Monse, Cristhian o Jess, estén un poco tristes, tal vez angustiados, o quizá con la vida atravesándoles el cogote, sin duda subirán al mesanín por el libro sobre marxismo, o se treparán a la escalera para bajar La Odisea, o abrirán alegremente dos, tres o cuatro ejemplares hasta que encuentres el libro de recetas saludables que quieres obsequiar.

Este año la Librería Grañén Porrúa cumplió veintiséis años. ¿Se imaginan cómo sería si fuera una muchacha? Inteligente, graciosa, estridente, llena de datos curiosos para compartir con quien quiera escucharla; o un muchacho al que le gusta andar descalzo por la casa, o recogiendo flores en la calle e inventando historias sobre el espacio. Veintiséis años en el corazón de esta ciudad, aguardando a que la descubran con sus pisos de colores, con sus estantes de cedro.

Por eso, por permitirnos estar este tiempo recomendándoles títulos, organizando mesas de poesía, círculos de lectura, ofreciendo los libros de editoriales independientes o emergentes; por dejarnos formar parte de sus lugares favoritos, por tener esa tarjetita de cliente preferencial: ¡Gracias! Es por ustedes, lectoras, lectores, que esta librería sigue viva.


Huaxyácac: Un nombre que florece

Vainas del árbol de guaje. Fotografía: Acervo de Comunicación FAHHO

Por más comunes y estáticos que los nombres llegan a sonar en nuestra lengua, cuando nos detenemos a masticarlos, a rumiarlos, hay algo que los torna especialmente curiosos, porque los nombres, como los árboles y las plantas, tienen raíces. Y eso es precisamente lo que sostiene el nombre de Oaxaca, unas raíces, mejor dicho, un árbol entero, de raíz a copa. Huaxyácac1 —el cual también aparece en las fuentes más antiguas como huaxacac2 o vaxcac3 — es el topónimo náhuatl presente en el escudo de armas del estado— que dio origen al nombre “Oaxaca”: está formado por huaxin, que nombra al árbol del huaje, y yacatl, que refiere al punto más alto o la cima de algún lugar, o xayacatl, que alude al rostro.4 En conjunto, este topónimo se ha interpretado como “la cima o loma de los huajes”, comúnmente y quizás de manera muy literal se ha traducido también como “en la nariz de los huajes”, donde “nariz” hace referencia al punto más alto del rostro de una persona —quizás acostada al modo de un cerro— para aludir a un accidente geográfico.

En consecuencia, pensar que como oaxaqueños nos encontramos profundamente ligados a los árboles no solo resulta poético, sino que se trata de una idea que la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha convertido en una de las acciones más constantes que impulsa la Coordinación de Medio Ambiente: la donación de árboles.

Pese a que el árbol de guaje (Leucaena leucocephala) no es la única especie contemplada en las donaciones de la FAHHO, nos permite observar la importancia de la donación y siembra de árboles nativos. En Oaxaca existen varias especies del género Leucaena, entre ellas L. esculenta, L. diversifolia y L. pallida, que podrían considerarse cuasiendémicas de ciertas zonas del estado.

Además de aportar sombra, se trata de una especie fijadora de nitrógeno que permite mejorar la fertilidad del suelo. Asimismo, sus semillas son comestibles y poseen un alto valor nutricional e incluso medicinal como desparasitante. Pueden consumirse crudas, cocidas, molidas o tostadas en varias recetas de la cocina tradicional oaxaqueña. En este sentido, su carácter como símbolo vegetal de Oaxaca no solo consiste en un vínculo etimológico, sino en el valor nutricional y funcional de las semillas, así como en sus servicios ambientales.

La etimología que encierra el nombre de Oaxaca tiene su origen en una realidad hoy inexistente, pues el nombre no haría sino señalar la abundante presencia del guaje en el paisaje semiárido de los Valles Centrales, que hoy ya no es el mismo. Así, la donación de esta especie apuesta por reconectar, desde las raíces, a los oaxaqueños con el guaje para preservar la biodiversidad de esta tierra.

1 Wired Humanities Project, “Huaxyacac”, Nahuatl Dictionary, University of Oregon, s. f., https://nahuatl.wired-humanities.org/content/huaxyacac.

2 Domingo de San Antón Muñón Chimalpahin Quauhtlehuanitzin, Annals of His Time, ed. y trad. James Lockhart, Susan Schroeder y Doris Namala (Stanford: Stanford University Press, 2006), 282–283.

3 Beyond the Codices, eds. Arthur J.O. Anderson, Frances Berdan, and James Lockhart (Los Angeles: UCLA Latin American Center, 1976), Doc. 29, 182–183.

4 Wood, Stephanie. “Huaxyacac (Mdz17v)”. Visual Lexicon of Aztec Hieroglyphs. Wired Humanities Project. https://aztecglyphs.wired-humanities.org/content/huaxyacac-mdz17v


“Sin hit ni carrera” en el adiós del Eduardo Vasconcelos

Sin hit ni carrera, despedida del Eduardo Vasconcelos. Fotografía: Eduardo González

No hay mejor manera de despedir un inmueble emblemático para todos los oaxaqueños que inscribir su nombre en el libro de los récords de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB). Por segunda ocasión en su historia, los Guerreros de Oaxaca consiguieron lanzar un juego “sin hit ni carrera”, aunque esta vez lo hicieron de manera combinada en lo que fue el último juego de la temporada regular en la historia del Estadio Eduardo Vasconcelos.

El pasado 7 de agosto del año en curso, entre los lanzadores Luis Fernando Miranda, Robert Dugger III, Esteban Bloch, Taylor Lehman, Reza Aleaziz y Enmanuel Mejía lograron el juego “sin hit ni carrera” combinado número 8 en la historia de la LMB. Los receptores en este encuentro, quienes también se suman a la lista histórica, son Ricardo Valenzuela y el oaxaqueño Carlos Garzón.

El encuentro no resultó en un “juego perfecto combinado”, ya que el joven bateador emergente, Gerardo Castañeda, recibió base por bolas del relevista Esteban Bloch, mientras que Brayan Gómez bateó un rodado a las paradas cortas, donde Jorge Flores cometió un error en el tiro a la inicial.

En este juego, los Guerreros apalearon y barrieron a los Pericos de Puebla en el Eduardo Vasconcelos, con una pizarra final de 15 carreras por 0, lo que marcó la victoria para Robert Dugger III en labor de relevo y la derrota para Emailin Montilla.

Esta es la segunda ocasión en su trayectoria que los Guerreros de Oaxaca consiguen lanzar un juego “sin hit ni carrera”. La primera vez lo hizo Jorge Luis Castillo, en 2011, frente a los Petroleros de Minatitlán, precisamente en Minatitlán, Veracruz. Ahora lo hacen de manera combinada, despidiendo así al histórico parque de beisbol Eduardo Vasconcelos.


Lo unido permanece: Diplomados FAHHO 2025

Participantes del diplomado en la ceremonia de clausura. Fotografía: Jordan Alcántara

Además de festejar a quienes terminan los diplomados internacionales en Cultura Escrita y Adolescencia (III edición) y en Promoción de la Lectura Infantil y Juvenil (XI edición), también celebramos la feliz colaboración entre la Fundación Alfredo Harp Helú, la Confederación Nacional de Escuelas Particulares y la Universidad La Salle Oaxaca, pues hemos colaborado en no pocos proyectos de educación, cultura, arte, deporte y acción social. La actividad académica y cultural que nos une trasciende los problemas diarios a los que nos enfrentamos, por lo que podemos afirmar que nuestra labor es plenamente humanista en el sentido más profundo del término.

Los hombres y las mujeres del Renacimiento se autonombraron humanistas porque prefirieron las letras humanas a las divinas (la Biblia), y en su bello esfuerzo por descifrar lo humano, acudieron a los antiguos griegos y a la naciente ciencia moderna. De su seno, en el transcurso de varios siglos, surgió la literatura de Dante Alighieri, la poesía de Petrarca y de fray Luis de León, la mística de Teresa de Jesús, la filosofía de Erasmo, la pintura de Leonardo y de Rafael, la escultura de Miguel Ángel, la arquitectura de Brunelleschi, la física de Galileo, la geometría de Kepler, la astronomía de Copérnico, la aventura hacia lo desconocido de Cristóbal Colón, el deseo de un mundo mejor de Tomás Moro, por mencionar solo algunos.

Poesía, literatura, mística, filosofía, pintura, escultura y aventura, pero también matemáticas, geometría, astronomía y ciencia se entretejieron con el deseo de un mundo mejor: Belleza, Verdad y Bondad. A eso se dedicaron los humanistas y esa es la esencia del humanismo.

El objetivo de esa época no era ya divinizarse o espiritualizarse, cosa por demás imposible, sino descubrirse como un ser inacabado y en continuo camino con otros, para configurarse como una persona humana, ayudado por la belleza, la verdad y la bondad.

El ideal renacentista, el humanismo, sigue presente el día de hoy en todas las sociedades y culturas modernas y no ha sido sustituido con otra narrativa. Aunque es cierto, desde hace 500 años, que cada época y cada sociedad acentúa un rasgo especial del humanismo: en ocasiones ha sido la búsqueda de la verdad, en otras, el deseo por una sociedad mejor y, a veces, el disfrute de la belleza y el placer.

Considero, sin embargo, que hoy en día nuestro querido México y nuestra querida Latinoamérica anhelan que nos enfoquemos en la Bondad. Nuestras sociedades tienen una sed enorme de paz, reconciliación, ternura, sanación, escucha y comprensión, aliento, misericordia, perdón, reconstrucción, esperanza. Me parece que visibilizar nuestra propia humanidad es uno de los signos más importantes de nuestra vida contemporánea.

Concuerdo con el jesuita Manuel Díaz Mateos, fallecido en 2018, quien decía que en el mundo estamos pasando de Amós, profeta de la justicia, a Oseas, profeta de la misericordia y del afecto, y que lo que hoy cuenta más es la intimidad y la realización personal.

A un pueblo desanimado, herido y roto, Dios lo alienta con el lenguaje cálido del afecto, del perdón y de la gracia. En el libro del profeta Oseas podemos leer con qué cariño se dirige Dios a su pueblo: “Y yo la volveré a conquistar, la llevaré al desierto y allí le hablaré de amor” (Os 2,16).

Todo lo anterior no significa que esperamos tener un mundo color de rosa, donde todo es correcto y afable.

Muy por el contrario, nos sabemos humanos y siempre habrá luchas y rencores. Se trata de saber, más bien, que tenemos la capacidad para perdonar y ser perdonados, y la posibilidad de reconstruir una y mil veces el destino fracturado.

Así que, mediadores de lectura, bibliotecarios, gestores culturales, maestras y maestros, ¿qué historias, qué narrativas contaremos a los niños, a los jóvenes y a los adultos? Ellos se convertirán en las historias que les contemos.

Celebro con mucho entusiasmo que el próximo diplomado que la FAHHO nos ofrece, con el esmero y cuidado que le caracterizan, sea sobre la cultura de paz.

Que Dios nos permita ser plenamente humanos y que nos entusiasme en esta gran labor humanizadora.

Ah, y por cierto, yo sí leo por puro placer.

Indivisa manent
Lo unido permanece


Hornos que transforman el barro y la vida

Inauguración de horno de leña libre de humo. Fotografía: Acervo Comunicación FAHHO.

El trabajo que realizan las distintas maestras y maestros artesanos que han desfilado por las páginas de este boletín nos ha demostrado que la tradición no está en disputa con la transformación y la innovación. En las siguientes líneas retomamos un ejemplo más de este hecho, uno de los proyectos más nobles que ha apoyado la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca en colaboración con la Escuela Nacional de Cerámica (ENC), para favorecer a la comunidad alfarera y ceramista de Oaxaca: la donación de hornos de leña libres de humo a la cooperativa Mujeres del Barro Rojo, en San Marcos Tlapazola.

Fue en julio de 2018 cuando se concretó la construcción del sexto horno de leña libre de humo en el país,1 pero el primero en Oaxaca, el cual fue destinado al grupo Mujeres del Barro Rojo —Raa´ unaa´ shte yú shnia—, conformado por once artesanas y jefas de familia, mujeres zapotecas orgullosamente indígenas, encabezadas por la maestra Macrina Mateo Martínez. Como en muchas comunidades alfareras del país, antes de la donación, ellas también realizaban la quema tradicional a ras de suelo y a cielo abierto. Actualmente existen tres hornos libres de humo en la comunidad de San Marcos Tlapazola. Para realizar una retrospectiva sobre la repercusión que este tipo de horno ha tenido en esta colectividad alfarera del barro rojo, entrevistamos a las tres guardianas de estos artefactos: Macrina Mateo Martínez, Gloria Mateo Sánchez y Francisca Mateo.

Como señala la maestra Macrina Mateo, son ya siete años los que han transcurrido después de la primera donación, siete años de una experiencia que ha descrito como “motivadora”. Para Macrina, antes del nuevo horno ellas no solo cocían el barro a cielo abierto, sino que respiraban humo y se quemaban la cara, el cabello y hasta la ropa —que no es cualquier cosa, sino su vestimenta tradicional—. Así, la maestra hace ver que quemar a cielo abierto implica una constante e incluso peligrosa exposición al fuego.

Otra de las adversidades que señalan las maestras alfareras se relaciona con el clima, especialmente durante la época de lluvias y, peor aún, en los días en que estas llegan sin previo aviso, porque entonces la tarea es imposible: la producción se detiene y las piezas se echan a perder. Una situación angustiosa. Además, cuando se quema a cielo abierto el fuego se dispersa, así que solo las piezas con un acceso privilegiado a las llamas pueden alcanzar una cocción óptima.

En este contexto, el horno de leña libre de humo ha transformado favorablemente tres ámbitos principales en la vida de estas artesanas: salud, medio ambiente y producción. En primer lugar, porque ya no hay una exposición directa ni al fuego ni al humo; segundo, porque las emisiones de humo se han reducido de manera significativa, así como el gasto de leña;2 y, tercero, el ambiente cerrado del horno posibilita controlar el fuego, observar y manipular la temperatura, lo que permite obtener productos de mejor calidad y reducir la pérdida de material.

Las artesanas describen el fenómeno de la siguiente manera: antes del uso del horno se perdían piezas por dos principales razones: una, debido a la mala cocción; y otra, porque, a veces, el impacto directo del fuego impedía una manipulación cuidadosa de la leña en el fogón, provocando el quiebre de las obras de barro. Asimismo, al escapar el calor, este proceso exige un mayor gasto de leña, pues requiere mucho más fuego, el cual, sin embargo, no se distribuye uniformemente sobre la cerámica. El horno, en cambio, permite una manipulación controlada de la leña y una distribución homogénea del calor, así que las piezas alcanzan una cocción uniforme. Pese a que el tiempo de quema no se ha reducido significativamente, pues sigue oscilando entre las 3 y 4 horas —una de calentamiento, dos de quema y otra de carga—, la mejora en la calidad de vida es indudable.

La maestra Macrina Mateo ha asimilado esta transformación positiva con estas palabras: “llevo 49 años como artesana, 49 años de respirar el humo, de contaminar, pero eso ha cambiado gracias a este horno”. Por eso expresa un agradecimiento profundo y entrañable a la Escuela Nacional de Cerámica, a don Alfredo Harp Helú y a la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, quienes hicieron posible estos beneficios. Además, agradece el apoyo en la venta y difusión de sus productos. De igual manera, se asume como vocera de los beneficios que conlleva el uso de los hornos de leña libres de humo, entre los visitantes y otros artesanos. Por su parte, la maestra Gloria Mateo anima a la comunidad alfarera a tomar esta innovación como aliada de su labor artesanal; pide no tener miedo ante la novedad, pues el propio trabajo y la experiencia previa son maestros en el uso de este horno.

En San Marcos Tlapazola, el fuego sigue encendido, pero ahora arde sin humo. La ausencia de este representa un avance en la salud, la sostenibilidad y la producción artesanal, sin apagar el pulso antiguo de este oficio. Cada nueva hornada lleva consigo la promesa de seguir creando, compartiendo y sosteniendo la vida comunitaria que da forma al barro rojo; asimismo, reafirma la posibilidad de que la tradición y la innovación convivan en beneficio del patrimonio cultural de los Valles Centrales de Oaxaca.

1 Para conocer más acerca del proceso de con trucción y donación de este horno puedes a ceder al siguiente enlace: https://fahho.mx/BoletinFAHHO27.pdf

2 Esta ventaja se vio reforzada con la donación de dos mil árboles, mediante la Coordinación de Medio Ambiente FAHHO, para la creación de un banco de leña que contribuyera a hacer de este proyecto una estrategia autosostenible.


Experiencia musical en el atrio del Centro Cultural San Pablo

Concierto a cargo de la Banda Filarmónica de Santiago Zacatepec. Fotografías: Acervo de la Fonoteca
Juan León Mariscal

Los espacios del Centro Cultural San Pablo han sido musicalizados en cada temporada de conciertos. Gracias a ello, durante los últimos años, en Oaxaca hemos presenciado el surgimiento, la consolidación y la proyección de grandes músicos, quienes, desde sus comunidades, han creado memorables historias que son un reflejo de las emociones que como oaxaqueños nos identifican y nos ayudan a rememorizar la complejidad de nuestros contextos. Desde las comunidades originarias, la música ha sido fundamental en la construcción del patrimonio cultural oaxaqueño. Alejadas del bullicio de la capital, estas poblaciones han creado, sentido y vivido la música desde tiempos ancestrales: el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de notables obras, intérpretes y compositores.

Un claro ejemplo de ello son las y los jóvenes músicos de la Banda Filarmónica Municipal “Rito Marcelino Rovirosa” de Santiago Zacatepec, Mixes. En esta región del estado, la música no es solo una expresión, sino una forma de vida que comienza en los primeros años de infancia y se va consolidando con el tiempo. Quienes inician este camino llegan a atesorar su formación musical como lo más valioso, pues se trata de una forma de vida que favorece a la comunidad al mantener su cultura viva.

La conservación de su cultura implica, precisamente, que esta no se limite a su terruño, por eso eligieron un escenario como el atrio del exconvento de San Pablo para darse a conocer fuera de su comunidad. Así, durante una emotiva y estimulante presentación, dieron muestra de su formación musical, tradición y pasión. En un concierto de instrumentos de aliento y percusión, bajo la dirección de los maestros Braulio Cano López y Luis Ángel Fuentes Salazar, la Banda Filarmónica de Santiago Zacatepec dejó al público con ganas de seguir escuchándolos, después de bailar y vitorear las piezas que con tanta destreza interpretaron los músicos, oriundos de las serranías de la Sierra Norte Mixe.

Su repertorio incluyó, además de las composiciones del maestro Rito Marcelino Rovirosa, temas regionales; danzones; Sing, Sing, Sing de Benny Goodman, un clásico del género big band; un ensamble de metal y ska con dos éxitos de Mago de Oz —La historia del mago y el hada y Fiesta pagana— y una canción emblemática de Panteón Rococó, La carencia. También interpretaron temas populares como No hay novedad, además de adaptaciones de soundtracks de anime (Naruto y Dragon Ball) y del cine (Star Trek). Este concierto tuvo una amplia aceptación entre los asistentes, quienes acompañaron a los jóvenes intérpretes en una tarde de concierto que amenizó aquel fin de semana.

La noble labor de preservar las manifestaciones de los grandes expositores es de importancia para la continuidad de la música, pues a partir de su difusión podemos dar visibilidad a nuevos talentos y vida al futuro de la escena musical oaxaqueña. Claro, para que los eventos sigan vigentes, se requiere la pluralidad del trabajo entre músicos, el personal de la FAHHO y, por supuesto, el público que asiste a los conciertos. Ellos son quienes nos motivan a seguir dando exposición a la cultura del sonido.


EDITORIAL

No es una verdad oculta que el reconocimiento de nuestros grandes y pequeños logros nutre nuestras vidas y crea un círculo virtuoso que impulsa nuestra voluntad de superación y de perseverar en esos actos. Eso es precisamente lo que sucede con la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca cuando sus fundadores, don Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén Porrúa, reciben validación social e institucional por sus diversas labores filantrópicas en favor de México. En esta ocasión fue la Fundación Callia la que anunció para ellos el XI Premio Internacional de Mecenazgo 2026 en la categoría latinoamericana. ¡Enhorabuena por este galardón que fortalece el compromiso con el bienestar de los mexicanos!

Otra felicitación llega por razón del bicampeonato de los Diablos Rojos del México y por el gran cierre de los Guerreros de Oaxaca en el Estadio Eduardo Vasconcelos. También es motivo de celebración el premio Una Vida Dedicada a la Promoción Cultural otorgado al impresor, editor y músico Juan Pascoe.

En otros temas, desde el Centro Cultural San Pablo se reseñan una película del ciclo de cine japonés, así como la exposición “El muerto al pozo y el vivo al gozo” de Carlomagno Pedro Martínez. Otras exposiciones que se presentan en este boletín son: “De tela y metal” del Mufi y “Somos Oaxaca” de Terry MacComarck en la planta baja de la Biblioteca Henestrosa. Por su parte el MIO nos permite adentrarnos en el proceso creativo de la exposición “El reino de las nubes”. Mientras tanto, Andares del Arte Popular presenta al artesano del mes de octubre con sus máscaras de la Danza de los Diablos.

Por otra parte, la BS Xochimilco nos habla de la inclusión de las infancias con Trastorno del Espectro Autista a partir del proyecto “La biblioteca es para todos”, y Seguimos Leyendo innova con sus Relatos desde la penumbra en una exitosa colaboración con la Biblioteca Francisco de Burgoa. En el área de la conservación documental, Adabi Oaxaca aborda las medidas de preservación del apartado fotográfico del Fondo Personal Manuel R. Palacios Luna.

Finalmente, cerramos esta entrega con dos nuevas secciones: la Librería Grañén Porrúa nos hablará de los libros por medio de las historias de sus lectores, y la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío abrirá sus estantes para dar a conocer las joyas que encierra esta biblioteca personal.

Les invitamos a recorrer estas páginas deseando que cada texto de este boletín sea un recordatorio de que los logros individuales se transforman en un bien colectivo cuando se ponen al servicio de la cultura y la comunidad.


Premio Internacional de Mecenazgo, 2026

El 23 de septiembre, la Fundación Callia (Madrid, España) anunció que el C. P. Alfredo Harp Helú y la Dra. María Isabel Grañén Porrúa serán galardonados con el XI Premio Internacional de Mecenazgo 2026 en la categoría latinoamericana.

El Premio es una iniciativa social cuya misión es promover el mecenazgo en el arte mediante el ejemplo de grandes benefactores en tres categorías: española, latinoamericana e internacional. Callia inicia su actividad social en 2012, luego de que Carmen Reviriego —presidenta de la Fundación e impulsora de estos premios— realizara un viaje por Iberoamérica con la idea de escribir un libro sobre el apoyo económico de libre iniciativa al arte, todo a partir de una pregunta inicial: ¿qué es lo que lleva a un gran empresario a compartir su riqueza con los demás? La respuesta la obtendría de las entrevistas publicadas en su libro La suerte de Dar, lo que provocaría el surgimiento en 2015 de los Premios Iberoamericanos de Mecenazgo que, en 2025, evolucionarían para convertirse en los Premios Internacionales de Mecenazgo.

Este galardón reconoce no solo la aportación monetaria que los mecenas realizan, sino sus convicciones éticas y morales en su labor social en beneficio de la cultura y las personas. “La mejor inversión está en México” es la frase que caracteriza a don Alfredo Harp, y muestra el profundo amor que siente por su país, especialmente por Oaxaca, tierra que ha elegido para vivir y llevar a cabo gran parte de su labor filantrópica. Junto con su esposa, la doctora María Isabel Grañén, lleva poco más de treinta años brindando apoyo a la sociedad oaxaqueña y mexicana por medio de sus tres fundaciones: Fundación Alfredo Harp Helú, Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y Fundación Alfredo Harp Helú para el Deporte. Así, el cariño fraterno que ambos sienten por México se traduce en la creación de bibliotecas, museos, proyectos de fomento a las ciencias y la lectura para infancias, instancias dedicadas al rescate del patrimonio documental y edificado, así como de iniciativas para el cuidado del medio ambiente y la salud de la población.

Las acciones de don Alfredo en beneficio de la sociedad mexicana, así como el amor por los libros, el arte y la cultura de México que expresa María Isabel los han llevado a ser elegidos para recibir este reconocimiento, pues resulta tangible el apoyo que, traducido en números, ha beneficiado a miles de personas. Esto gracias al otorgamiento de becas, el apoyo a artesanos, la inversión en infraestructura para la restauración de patrimonio edificado, el impulso a la investigación y divulgación de las lenguas y culturas de los pueblos originarios de Oaxaca y zonas colindantes, todo ello encaminado a promover una vida más digna y humana para los mexicanos.

En la categoría española los galardonados son los artistas Ben Jakober y Yannick Vu, quienes presiden la Fundación Yannick y Ben Jakober, dedicada a la conservación y restauración de bienes considerados patrimonio histórico español. En el rubro internacional es la coleccionista de arte Batia Ofer, presidenta de The Royal Academy Trust —institución del Reino Unido entregada a la promoción del conocimiento y las artes visuales—, quien será acreedora de este reconocimiento. La premiación se llevará a cabo el 2 de marzo de 2026 en una ceremonia solemne en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (palacio de Goyeneche, Madrid), que será presidida por S. M. la Reina Doña Sofía.


Diablura al cuadrado

“Rodado al picher, Anraku levanta, le pasa a Marmolejos y…, ¡los Diablos Rojos son los campeones del Centenario de la Liga Mexicana de Beisbol, en la celebración de su aniversario 85!”. Así se escuchó la última jugada del encuentro donde la Pandilla Escarlata se coronó por decimoctava ocasión, esta vez en el Estadio Panamericano, sede de los Charros de Jalisco.

Por segundo año consecutivo el México requirió únicamente de cuatro juegos para alcanzar el título, y acumuló la fantástica e inédita cantidad de 12 victorias ininterrumpidas en Series Finales, tomando en cuenta que el año anterior, ante Monterrey, y en el 2014, frente a Puebla, los Rojos también definieron por barridas.

Con base en un estilo de juego dinámico a la ofensiva y un picheo de relevo indomable, Lorenzo Bundy, manager del equipo capitalino, estableció una estrategia que le permitió superar en todos los sentidos a los Charros de Jalisco, quienes tuvieron ventaja en la pizarra en uno de los 36 innings que se disputaron en la tan bién conocida como Serie del Rey.

En un déjà vu de 2024, la Serie de Campeonato de la Zona Sur resultó el trampolín para que los Diablos Rojos se convirtieran nuevamente en una aplanadora al encarar el compromiso final. Entre la definición del título sureño ante los Piratas de Campeche y la Serie del Rey contra Jalisco, el México consiguió siete triunfos al hilo, después de que los bucaneros llegaron a tener ventaja de dos triunfos contra uno.

Siendo el beisbol un universo de números, el campeonato 18 coloca al club carmesí como el equipo profesional del deporte mexicano más ganador de todos los tiempos, además, la barrida sobre los Charros es la cuarta que consiguen en Series Finales (1974, 2014, 2024 y 2025), hecho único en la LMB. Al mismo tiempo, el bicampeonato de los Rojos es el cuarto en su historia inigualable, algo que ningún otro club puede presumir.

En otro caso sin precedentes, el primera base estadounidense de sangre dominicana, José Marmolejos, fue designado como el Jugador Más Valioso de la Serie del Rey por segundo año consecutivo, con un porcentaje de bateo de .667, 10 hits, 2 dobles, 2 cuadrangulares y 3 carreras empujadas, dejando en segundo lugar al panameño Allen Córdoba, quien lo superó en carreras producidas al alcanzar un total de 8.

Al ganar la corona en terreno ajeno, los escarlatas organizaron nuevamente un festejo con sus aficionados, donde la música, los fuegos artificiales y el show de drones solo fueron superados por el anuncio sobre Robinson Canó: el dominicano volverá para vestir la franela roja en 2026, temporada en la que el equipo buscará alcanzar la gloria de un tricampeonato, logro que se consumó por única vez hace 76 años.


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