La talla de nacimientos en la familia Cruz Prudencio

Nacimiento en el Arca de Noé. Fotografía: Acervo de Andares del Arte Popular

La historia del maestro tallador Agustín Cruz Prudencio, originario de San Juan Otzolotepec, Mixe, Oaxaca, se remonta a su niñez, cuando su padre, Agustín Cruz Tinoco, junto con su madre, Clotilde Prudencio Martínez, comenzaron a enseñarle el oficio de la talla en madera a la edad de 11 años. Un oficio en el que se ha consolidado con una trayectoria de 29 años y la convencida tarea de heredarlo a las nuevas generaciones por medio del trabajo en el taller, donde jóvenes —tanto hombres como mujeres— aprenden las técnicas de tallado y pintura.

La idea de crear nacimientos surgió por el Concurso Nacional de Nacimientos Mexicanos,1 que considera la creación desde el arte popular en el ámbito nacional. La propuesta del taller Cruz Prudencio surgió entre 2000 y 2001, con una visión innovadora a partir de la cual el maestro Agustín creó un carro para transportar a los Reyes Magos. Desde entonces ha trabajado con diferentes temáticas, como carruseles, helicópteros, sirenas y cactus, logrando una gran aceptación entre diversos públicos. Los personajes indispensables en un nacimiento son Jesús, María y José, los tres Reyes Magos, el ángel y el pastor, sin embargo, una característica de este taller ha sido presentar una variación en los regalos hechos al Niño Dios, pues en vez de oro, incienso y mirra, se han integrado animalitos.

El proceso de elaboración de un nacimiento empieza con el dibujo de un boceto que ha de guiar toda la composición. El camino comienza en el papel y la bidimensionalidad para terminar en la madera y el volumen, pasando por el tallado, el secado, el pulido, la curación, el resanado y, finalmente, el trabajo en pintura. El tiempo de producción depende del tamaño del nacimiento, de modo que algunos pueden tardar meses en ser concluidos. Las técnicas que caracterizan a la familia Cruz Prudencio son el tallado en madera y la carpintería, especialmente la carpintería aplicada a los juguetes, que es lo que ha permitido la incorporación de juguetería artesanal en madera, como los carros o el carrusel, en los nacimientos. En cuanto a los patrones y motivos de la pintura, dentro de los primeros se sigue la tendencia tradicional de las grecas y degradaciones, mientras que en los segundos abunda el uso de elementos florales y animales.

El mensaje que el maestro Agustín Cruz busca transmitir mediante estas creaciones es conservar la elaboración de nacimientos y la celebración de la Navidad, pero a partir de la innovación. Se trata de una forma de transmitir la cultura y de la manera en que él mismo y su familia viven la Navidad.

Ante los retos que enfrenta el arte popular en la actualidad, el objetivo de su familia y de su taller es preservar el oficio por medio de los jóvenes de la propia familia, quienes son una pieza clave en la reproducción de su concepto. Por eso es que han buscado proyectarse tanto en el contexto nacional como internacional participando en diferentes eventos: este año, en el mes de septiembre, obtuvieron el primer lugar en la categoría de Madera Tallada, a nivel nacional, en la Feria de Arte Popular Xcaret 2025. Y en noviembre, en el XX Concurso Estatal de Nacimientos Oaxaqueños 2025, Esmeralda Cruz Sosa, hija del maestro Agustín, y su esposo, Luis Valentín Rodríguez García, obtuvieron el segundo lugar y el primer lugar, respectivamente, en la categoría Talla en Madera y Laudería.

Con cada nacimiento, la familia Cruz Prudencio reafirma que, para persistir, el arte popular no solo se conserva, sino que se transforma y comparte para continuar vivo en las manos de quienes lo valoran, lo enseñan y lo aprenden.

1 Un certamen de arte popular que tiene como objetivo preservar, fomentar y reconocer la tradición artesanal de la elaboración de nacimientos navideños en México. Es organizado anualmente por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART), un fideicomiso público sectorizado en la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal, en colaboración con otras instituciones.


Postales con historia desde el Mufi: Círculo Postal 2025

Círculo Postal celebrado en el Día Mundial de la Tarjeta Postal. Fotografías: Acervo del Mufi

Resulta fascinante la riqueza de emociones, la posibilidad de comunicación y el valor estético que puede ofrecer un pequeño rectángulo de papel o cartulina. Lo que en sus inicios fue un medio breve y sencillo de comunicación, sin mayor ornamento, se ha transformado con el tiempo en un testimonio visual del cambio social, arquitectónico y cultural del mundo. Así lo ha demostrado, a lo largo del año, el Museo de la Filatelia de Oaxaca, mediante múltiples iniciativas que mezclan la comunicación escrita de la correspondencia con el arte.

Durante 2025, el Mufi ha hecho especial hincapié en rescatar y promover el uso de la estampilla y, particularmente, de la tarjeta postal, no solo como un medio de comunicación tradicional y casi olvidado, sino como un campo en el cual desarrollar el arte y la creatividad. La pintura, la gráfica, el collage y los stickers fueron las herramientas con las cuales se hizo llegar una pieza única por medio del correo a muchas partes del mundo.

En el mes de febrero, a propósito del Día del Amor y la Amistad, el embossing —una técnica de grabado en relieve con polvos termofusibles— jugó un papel fundamental. Durante la semana previa al 14 de febrero, visitantes asiduos y ocasionales tuvieron la oportunidad de crear composiciones únicas que luego enviaron a sus seres queridos, haciendo de cada postal una obra irrepetible.

Mayo trajo consigo la excusa perfecta para experimentar con la creación de sellos de goma. Armados con gubias y tintas de colores, niños y adultos tallaron sus propios diseños para después estamparlos en postales que llegaron hasta mamá. Una experiencia emotiva que combinó manualidad, cariño y quehacer gráfico.

El Club Filatélico Infantil del museo hizo lo propio y, además de seleccionar estampillas, limpiarlas, ponerles monturas y armar sus colecciones temáticas, también se acercó al arte sobre postales mediante ejercicios de autorretrato. En estos, quienes participaron pudieron conocerse y reconocerse al compartir sus creaciones con sus compañeros y retomar sus temas de interés: películas, cuentos o pasajes de historia. Esta actividad se volvió aún más especial al ser retomada en el número 20 (otoño) de la revista infantil Casiopea, convirtiendo las postales en parte de su publicación.

A pesar del trabajo previo sobre este formato de correspondencia, el museo tenía la mira puesta en un evento especial que llevaría por nombre Círculo Postal, celebrado el 4 de octubre en el marco del Día Mundial de la Tarjeta Postal, cuya sede fueron los patios del Mufi. La jornada, intensa y llena de color, estuvo compuesta por una expoventa de postales, afiches y autopublicaciones, así como por talleres simultáneos, la impresión de una postal conmemorativa y una serigrafía textil.

El día marcado inició desde las diez de la mañana. El primer patio del Museo albergó los trece estands de los invitados: diseñadores gráficos, promotores del journaling y scrapbooking, editoriales independientes y artistas plásticos. Todos reunidos en torno a un objetivo común: celebrar el arte de comunicar por medio de un pequeño rectángulo de 4 × 6 pulgadas.

A las once, la expoventa y las actividades formativas dieron inicio. El área educativa del Museo, al límite de su capacidad, fue el escenario del taller “Dibujos aleatorios para el bloqueo creativo” —impartido por Molka—, en el que, mediante el uso de carbón, grafito y hojas en blanco, los participantes liberaron sus manos y, de manera casi automática, crearon composiciones espontáneas: una verdadera “lluvia gráfica de ideas”.

A la par, en el primer patio, el taller “Laboratorio de stickers”, impartido por Nelson Niher, reunió a un numeroso grupo de entusiastas que, con revistas viejas, recortes de papel y una buena dosis de imaginación, transformaron material de reciclaje en stickers personalizados que más tarde sirvieron para decorar postales listas para viajar por el mundo desde el buzón del Mufi.

La siguiente hora, de 12:30 a 14:00 h, fue guiada por Alan Vargas, de la Editorial Cuatro Triángulos, quien introdujo a los asistentes al género literario epistolar con la lectura de un fragmento de Cartas a Clara, de Juan Rulfo. Por su parte, Yaslii ofreció el taller “Criaturas de otoño”, donde el uso de patrones modulares y materiales como acuarela, crayones y plumones dieron lugar a ilustraciones con temática de Día de Muertos: una explosión de color y creatividad.

Entre las 14:00 y las 15:30 h, los asistentes exploraron el recurso del cadáver exquisito, técnica surrealista que consiste en construir un texto colectivo sin que sus autores conozcan las contribuciones de los demás, para obtener como resultado una composición aleatoria e impredecible. La encargada de dirigir este proceso fue Pamela González, con el taller “Criaturas Dicharacheras”.

Con María Ponce, las y los asistentes crearon sus propias “Calaveritas de azúcar”, decoración imprescindible en cada altar de muertos. Solo que esta vez cambiaron el azúcar, el glaseado y las almendras por un kit de stickers de flores de cempasúchil, pedrería, aretes y otros elementos que permitieron una infinidad de composiciones sobre la postal, todas únicas.

El scrapbooking y el journaling ocuparon las siguientes dos horas, de 16:00 a 18:00 h. Piggypaper y el Scrap Postal Club ofrecieron una introducción histórica y práctica a estas disciplinas. Con ayuda de cinta washi, sellos de goma, recortes y listones, los asistentes personalizaron sus propias postales, combinando texto, imagen y memoria.

El cierre de los talleres estuvo a cargo de Ashin, diseñadora oaxaqueña que preparó dos ilustraciones para colorear, ambas cargadas de símbolos postales. En una de ellas, una parvada de palomas transporta sobres y estampillas con alegría; en la otra, una paloma deposita una carta en el característico buzón rojo del último patio del museo, donde se leía la leyenda “CORREOS R. M.”. Una imagen poderosa que resumía la esencia del evento.

Al final de la jornada, el objetivo se había cumplido con creces: cerca de seiscientas personas disfrutaron de los talleres, la expoventa y las actividades conmemorativas. Como testigos del evento, una postal conmemorativa y una tote bag diseñadas por María Ponce estuvieron disponibles todo el día en el patio del cactus.

La experiencia no solo dejó postales decoradas, sino también una memoria viva de creatividad, emoción y arte. El 2025 fue para el Mufi un año pleno de imaginación compartida, de encuentros entre el arte y la palabra escrita, de exploración de nuevas formas para revitalizar la tarjeta postal como medio de expresión. Cada taller, cada envío y cada creación reafirmaron que, incluso en el siglo XXI, sigue existiendo un deseo genuino de comunicarnos con calma, con las manos y con el corazón. El museo cierra este ciclo con entusiasmo y con la mirada puesta en un nuevo año que promete aún más: más correspondencia, más arte, más comunidad y nuevas actividades que continuarán impulsando la magia de la tarjeta postal como vehículo de creación y encuentro.


Cincuenta años del Taller Martín Pescador

Algunas piezas de la muestra “El impresor Juan Pascoe: entre galeras y tipos”. Fotografía: Acervo Adabi

La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Doctor Eusebio Dávalos Hurtado (BNAH) presentó la exposición temporal “El impresor Juan Pascoe: entre galeras y tipos” como evento paralelo al reconocimiento Una Vida Dedicada a la Promoción Cultural, que recibiera dicho impresor de parte de la Fundación Carmen Toscano, y en el que dirigiera unas palabras la presidenta de Adabi, la doctora María Isabel Grañén Porrúa. Este evento tuvo lugar el pasado 23 de septiembre.

La inauguración contó con la presencia de Baltasar Brito, director de la BNAH, Juan Pascoe, Alejandra Moreno, patrona fundadora de la Fundación Toscano, Juan Manuel Herrera, presidente de la misma, así como de destacados escritores mexicanos. En las palabras inaugurales de la muestra, el homenajeado mencionó especialmente las diez primeras obras que escogió y su intención de alcanzar las mil impresiones; señaló también: “no podía ignorar esa parte de mi vida”, refiriéndose a su ejecución de la jarana y al grupo Mono Blanco fundado por él mismo, que de igual manera se ven reflejados en sus impresos, como en el de La Versada de Arcadio Hidalgo presente en la muestra. Aludió igualmente a otras exhibiciones que ha montado a partir del trabajo del Taller Martín Pescador, sello editorial bajo el cual realiza su obra, afirmando que ninguna es igual, ya que la disposición de las mismas podía variar desde el tema hasta los formatos. No es alguien a quien le guste la monotonía, ni siquiera para imprimir. Mencionó que la exhibición fue posible en gran parte gracias a los préstamos que de los impresos hicieran diversos amigos suyos, por lo que Pascoe subrayó que no conocía de antemano el guion museográfico, pero que el público era libre de preguntar, así como él lo era de responder.

La exhibición estuvo conformada por libros, impresos sueltos y hasta un cuaderno manuscrito de puño y letra del impresor (todo indica que parte del diario de su vida), enmarcados por otras piezas tridimensionales como un violín o una prensa de madera de juguete, así como un diminuto estante con libros al tamaño, lo que sin duda añade un toque de ingenio a la muestra. Las impresiones que se apreciaron en esta exposición temporal enfatizaron en las composiciones de la caja, la tipografía, los grabados y los variados temas de interés de Pascoe, así como los elaborados para diversos autores, entre los que se encuentra, por supuesto, la doctora Grañén. Contemplar la producción del Taller Martín Pescador es trasladarse por un momento a los talleres de Juan Pablos, Luis Ocharte o Enrico Martínez.

Algunas de las obras que se exhibieron en las vitrinas están fuera de mercado, ya que una de las características más notorias de estas ediciones es su limitado tiraje, lo que ocasiona que se conviertan fácilmente en objetos de colección. A esto se suma el hecho de que los impresos se realicen en papeles de extraordinaria calidad y con gran cuidado tipográfico. No todos los días se encuentra una obra con estas particularidades a las que se añade, la más de las veces, el tema histórico o poético, de sus muy personales intereses, incluso temas políticos de la actualidad mexicana. Así se pueden apreciar: la Declaración de Independencia de la América Septentrional; 500 años del primer libro escrito en castellano en la Villa de Coyoacán 1522-2022, Cornelio Adrián César, impresor holandés en México; Doscientos años de imprenta en Michoacán; XVI Fabulae Aesopi; Carta a Francisco Toledo; Los signos del zodiaco; Tesoros musicales de la Nueva España; una felicitación a Joan Baez por el premio Woody Guthrie por parte de Mono Blanco; Los deportados; Ayotzinapa, entre muchas otras piezas, literalmente, de colección.


El nacimiento de la leyenda: Andrés Muñoz y la temible recta forjada en Oaxaca

El joven Andrés Muñóz. Fotografía: Acervo Academia de Beisbol AHH

En la pretemporada de los Diablos Rojos del México de 2015, un joven de 16 años llevaba días insistiendo en que deseaba lanzar al menos una vez en los juegos de preparación de la Liga Mexicana, los cuales se disputaban en el estadio Eduardo Vasconcelos de Oaxaca.

“Deme un inning, Méndez. Porfa, deme un inning”, repetía aquel adolescente con ganas de medirse en el equipo grande de los Guerreros de Oaxaca, que en esos tiempos contaba con nombres como Mario Valenzuela y el exgrandeliga Mike Jacobs.

Las súplicas iban dirigidas a Luis Fernando El Carrito Méndez, coach de picheo del equipo en ese entonces y aún el segundo lanzador con más victorias en la historia del club. Pero, a pesar de su peso específico en la franquicia, Méndez no podía tomar esa decisión solo. Debía convencer primero a Miguel Ojeda, manager del equipo. “En mi carrera como manager siempre he querido darle la oportunidad al talento joven para que brille. Pasó con Carlos Figueroa, con Jesús Fabela, con Juan Carlos Gamboa… Se les da la oportunidad y ellos que la aprovechen”, recuerda Ojeda —hoy director deportivo de los Diablos—, al explicar por qué decidió conspirar para que aquel chico de 16 años tuviera una probada del mejor beisbol de México.

Convencidos el manager y la gerencia, el alumno de la Academia Alfredo Harp Helú recibió la bola para enfrentar a bates excelsos. Su primer rival fue Yunesky Sánchez, un cubano que venía de batear .324 en 392 turnos legales el año anterior. Después vendría Mario Valenzuela, slugger mexicano recordado, entre otras cosas, por haber castigado una recta a banda contraria de Roger Clemens en el Clásico Mundial de 2006.

Frente a semejantes oponentes, Ojeda recuerda haberle hecho una petición curiosa antes del primer picheo de calentamiento: “Mijo, me va a hacer el favor de lanzar el primer picheo bien fuerte y bien lejos, allá atrás, al backstop. Lance duro para allá, lejos”. Con esa instrucción, el joven derecho tomó aire, hizo su windup y soltó el brazo. “Pude ver en la cara de Mario lo que quería ver: miedo”, dice Ojeda entre risas.

Las versiones de aquella historia varían según quien la cuente. Mario afirma haber conectado un doble; Ojeda jura que fue un sencillo con ojos, y Méndez incluso sostiene que Mario fue el primer bate, no el segundo. Pero más allá de las diferencias, una cosa sí queda clara en la mente de todos los presentes aquella tarde: ese día nació la leyenda de la recta de Andrés Muñoz. Con solo 16 años, este derecho lanzaba rectas de 94 millas por hora, retando sin aspavientos a jugadores que habían enfrentado a leyendas del deporte. Sin miedo, con control, sin límites.

Desde entonces, Muñoz no ha hecho más que engrandecer su reputación, estableciéndose como uno de los mejores brazos del planeta. Fue firmado por los Padres de San Diego, debutó el 12 de julio de 2019 en Grandes Ligas y, tras ser canjeado a los Marineros de Seattle, se consolidó como un referente del relevo.

Luego de superar en 2020 una cirugía que lo mantuvo fuera de juego más de un año, Muñoz se convirtió, desde 2022, en el lanzador con la cuarta mejor efectividad de MLB (mínimo 200 innings), con 2.29 de ERA en 235.2 entradas. Su meteórica recta, que promedia 99 millas por hora, ha sido la cuarta más veloz de las Grandes Ligas, superada por Jhoan Durán, Emmanuel Clase y Ryan Helsley. Junto con su slider, cada vez más dominante, ha construido un arsenal temible que brilla con luz propia, incluso en la postemporada de 2025 de MLB.

Pero más allá de esa grandeza y de las gestas por venir, este joven derecho de Los Mochis, Sinaloa, aún guarda con cariño la cuna oaxaqueña que lo vio formarse: “Me tocó ir a la Academia Alfredo Harp Helú, que es un complejo muy, muy bueno. De ahí parte todo, ahí empieza el sueño de uno”, dijo Muñoz al portal Al Bat durante el Juego de Estrellas. Hoy, una década después de aquella petición inocente, “Deme un inning, Méndez”, Andrés Muñoz lanza su fuego en los escenarios más grandes del mundo.

Su historia, que comenzó con una recta al backstop en el Estadio Vasconcelos, es testimonio de que los sueños más grandes del beisbol mexicano hoy nacen en el corazón de Oaxaca, en la cuna del deporte rey construida por don Alfredo Harp Helú.


El violín y las estrellas

Observatorio HAWC en las laderas del volcán Sierra Negra. Fotografía: www.hawc-observatory.org

“Quise venir a San Pablo porque mi hermano ya había participado en un concierto aquí mismo. Me dije: si él tocó el violín en este hermoso lugar, ¿por qué yo no puedo dar una conferencia de astronomía?”. Así se expresó el doctor en Física Adiv González Muñoz en su pasada charla sobre el observatorio Cherenkov de Agua a Gran Altura, o HAWC —por sus siglas en inglés—, mismo que está ubicado en una de las laderas del volcán Sierra Negra, en los límites entre los estados de Puebla y Veracruz.

Durante su charla, el doctor González, con gran claridad, nos explicó las razones por las cuales el equipo de trabajo seleccionó ese lugar en México, y cómo se fue conformando la construcción del observatorio a 4100 metros sobre el nivel del mar, con materiales sencillos, pero con un objetivo científico claro y una planeación escrupulosa. Nos compartió que, actualmente, el observatorio cuenta con una apertura que cubre más del quince por ciento del cielo y, por tanto, está expuesto a dos terceras partes de este durante cada ciclo de 24 horas.

Escuchar acerca de los rayos cósmicos y de su comportamiento, podría parecer una inútil inversión de tiempo sobre un tema que aparentemente no nos compete en absoluto (y menos cuando va llegando el fin de quincena, se nos descompuso el carro o tenemos un enfermo en casa). Sin embargo, el doctor logró la magia de involucrarnos cada vez más en cómo esos rayos cósmicos, provenientes de fenómenos que ocurren en el espacio, pueden ser detectados por el observatorio HAWC para saber qué es lo que está ocurriendo en el espacio sideral, tan ajeno a nuestras necesidades primarias y cotidianidad humana.

Conforme la plática avanzó, poco a poco fuimos más conscientes de ese amplio espectro de conocimiento de lo que ocurre fuera de nuestra atmósfera, conocimiento al que indudablemente estamos invitados como habitantes de este planeta. Así fue como supimos de los fenómenos que emiten radiación de alta energía y que pueden ser captados por el observatorio, ya que este puede detectar explosiones de supernovas, así como destellos de los misteriosos rayos gamma, el campo magnético galáctico y hasta evidencias de materia oscura.

En un momento de la charla, el doctor Adiv invitó a los participantes a reconocer los acordes de tres piezas pianísticas famosas. Después de ello hizo un símil entre la manera en que las notas se enlazan para generar acordes armoniosos, y la reacción en cadena de la cascada de partículas que viajan a velocidades cercanas a la de la luz. Con ello, creo que la mayoría logramos comprender un poco más cómo el observatorio HAWC identifica cada partícula con alta precisión —como cada nota aislada generada por el piano antes de lograr la armonía—, e incluso pudimos apreciar una imagen en movimiento de cómo se pueden reconocer cada una de las partículas gracias al observatorio.

Indudablemente, parte de la razón por la que estamos en este planeta es el anhelo humano de aprender más y más. Conocer sobre naturaleza, sobre historia, sobre el pensamiento de otras culturas, sobre el conocimiento de uno: conocer, conocer… y descubrir que conocer es un placer en sí mismo. Conforme avanzaba la conferencia varios caímos en la cuenta de que la reflexión inicial del conferencista era absolutamente lógica, al menos en San Pablo. Porque aquí confluye el interés por todo lo humano, y lo mismo podemos escuchar un gran concierto de una banda de viento infantil que apreciar la belleza de una exposición magistral de piezas elaboradas a partir del humilde barro; escuchar una serie de delicados poemas mientras también se aprende a bordar… o aprender sobre astronomía de la forma más sencilla e interesante.

Justo hacia el final de la conferencia del doctor González, muchos de nosotros recordamos su expresión inicial, porque caímos en la cuenta de cuán cerca está ese instante de escuchar la delicadeza de la música emanada de un violín, a los minutos en los que conocemos y nos preguntamos más y más acerca de los fenómenos que ocurren en el espacio sideral. En esencia, las estrellas y todos los fenómenos siderales tienen todo que ver con las dulces notas de un violín. O al menos aquí sí, en San Pablo.


Juana Vásquez Vásquez gana el Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz 2025

Juana Vásquez Vásquez, ganadora del Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz en su edición 2025.
  • Desde hace más de 45 años, se dedica a la promoción y preservación del dill wlhall
  • Recibirá un premio de $30,000 pesos y una obra gráfica de José Ángel Santiago

Oaxaca de Juárez, Oaxaca.- El Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), la Asociación Civil Amigos del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) y del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB), en colaboración con la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO) a través de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, se complacen en anunciar a Juana Vásquez Vásquez como la ganadora del Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz en su edición 2025.

Vásquez Vásquez, es una mujer mixe y zapoteca, originaria de Villa Hidalgo Yalálag. A lo largo de varias décadas dedicada a la promoción de su lengua, se ha desempeñado como traductora, paleógrafa, promotora de la lengua zapoteca de la variante xhon (dill whlall) y defensora del territorio y de los derechos de los pueblos indígenas.

Desde hace más de 45 años, Juana Vásquez ha trabajado en distintos ámbitos para fortalecer su lengua materna, el dill wlhall, como la creación de materiales didácticos, vocabularios y diccionarios para proveer las herramientas de enseñanza a madres, padres, cuidadores y docentes. Sumado a estos esfuerzos, Vásquez Vásquez, en conjunto con otros compañeros yalaltecas, ha planificado y coordinado talleres de lectoescritura zapoteca en su comunidad. En 2003, con la meta de transmitir elementos y prácticas culturales a las nuevas generaciones, fue miembro fundador del Centro Cultural Zapoteco Uken Ke Uken, un espacio de formación que ha sido crucial para la educación de jóvenes yalaltecas, que actualmente dan continuidad a la tarea de revitalización y preservación de la lengua zapoteca.

Además, gracias a su profundo conocimiento del zapoteco, se ha dedicado a la importante tarea de traducir documentos escritos en zapoteco colonial –que datan del siglo XVI al XIX–, por ello ha fungido como consultora para investigadores y lingüistas. Dichas investigaciones tienen como objetivo identificar, descifrar, interpretar y publicar estos documentos que como un testimonio del pasado de las comunidades zapotecas y extender la comprensión de las formas del lenguaje mismo.

El Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz fue creado en memoria de Emiliano Cruz Santiago, un joven de San Bartolomé Loxicha que, desde los 19 años, hasta su muerte repentina a los 29 años, se dedicó a la documentación, descripción y promoción de su lengua materna, el dí’zdéh’ (zapoteco miahuateco). El premio busca reconocer a personas que, como Cruz Santiago, promuevan sus lenguas de manera individual o colectiva por iniciativa propia.

Este año, se recibieron 31 nominaciones de 6 estados de la república. El jurado destacó la trayectoria de Juana Vásquez, que desde edad temprana demostró un gran talento lingüístico que la llevó a apoyar a su comunidad y que a sus 82 años, continúa promoviendo la lectura y escritura en zapoteco.

“Al igual que Emiliano Cruz, la Sra. Juana Vásquez es una intelectual zapoteca que ha dedicado su vida al beneficio de su comunidad, ha inspirado y apoyado a distintas personas, defendiendo su pueblo, su cultura y su lengua, incluyendo la traducción de muchos textos escritos en zapoteco colonial”, afirmó Beam de Azcona, quien fue cercana colaboradora de Emiliano Cruz. “Es un ejemplo del cual podemos aprender e inspirarnos”.

Desde su primera emisión, en 2020, el Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz ha reconocido a diversos promotores en lenguas. En su primer edición en el 2020, el Premio fue otorgado a Cipriano Ramírez Guzmán, hablante del ixcateco, idioma en alto peligro de extinción; en su segunda edición, el ganador fue Roberto Gómez López por los aportes realizados al idioma tu’ún savi (mixteco) a través de redes sociales; en la tercera edición, la ganadora fue María de Lourdes Martínez Gómez, hablante de zapoteco y activista por el acceso a la salud en lenguas originarias; en la cuarta edición, el ganador fue Javier García Martínez, promotor, escritor y traductor del mazateco a través de la narración oral; en su quinta edición, se premió a Reynaldo López de la Paz, quien promueve el tu’ún savi a través de talleres dirigidos al personal médico con la finalidad de proveer un trato digno a pacientes monolingües; en 2025, Juana Vásquez Vásquez recibirá el reconocimiento.

El Premio FAHHO-CaSa Emiliano Cruz será entregado en una ceremonia de premiación en el marco de los Premios CaSa 2025 el día 13 de diciembre del año en curso en el Centro de las Artes de San Agustín. Este galardón otorga un premio de $30,000 pesos y una obra gráfica del artista José Ángel Santiago.

Ingresan dos investigadores y activistas culturales mexicanos a la American Philosophical Society

  • Este doble ingreso realza la importancia global del trabajo realizado desde Oaxaca en la preservación del conocimiento, las lenguas originarias y la sostenibilidad ambiental.

Oaxaca de Juárez, Oaxaca.- La American Philosophical Society (APS), la sociedad intelectual más antigua y selectiva del continente americano, ha anunciado el ingreso de dos destacadas figuras mexicanas, la Dra. María Isabel Grañén Porrúa y el Dr. Alejandro de Ávila Blomberg, reconociendo su invaluable labor en la investigación, el activismo cultural, y la preservación del patrimonio biocultural en México, particularmente en Oaxaca.

Antecedentes: La American Philosophical Society (APS) fue fundada en Philadelphia en 1743 por Benjamin Franklin, inventor y científico norteamericano, cuando él tenía 37 años de edad. Desde entonces y hasta la fecha, el objetivo de la APS es “promover el conocimiento útil”. Su lema es nullo discriminatio: no discriminar a nadie. En congruencia con esta filosofía de igualdad, Franklin invitó a Ekaterina Romanova Vorontsova, escritora y editora rusa, a incorporarse a la Asociación, cuando las mujeres no eran admitidas en agrupaciones profesionales. En congruencia, también, con una convicción de equidad, la APS impulsó y financió el registro de las lenguas y el conocimiento de los pueblos originarios de Norteamérica, como lo atestigua el vocabulario unkechaug, lengua ahora extinta, que recogió Thomas Jefferson en 1791.[1] Quince años antes, Jefferson había firmado la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, junto con Franklin, Washington y otros miembros de la Asociación; diez años después de reunir el vocabulario, Jefferson se convirtió en el tercer presidente de su país. La documentación de las lenguas indígenas es un esfuerzo vigente de la APS hasta el día de hoy.

Diversificación de la APS: A partir de su fundación, la Asociación se abrió a los intelectuales de otras nacionalidades, como el gran polímata[2] alemán Alexander von Humboldt (1769-1859). Desde fechas tempranas, nuestro país estuvo representado en las filas de la APS por el historiador oaxaqueño Carlos María de Bustamante (1774-1848). En el siglo XX se incorporaron a la Asociación investigadores y escritores mexicanos de la talla de Alfonso Caso y Alfonso Reyes. También han sido miembros de la APS Marie Curie, Louis Pasteur, Charles Darwin, Albert Einstein, Zaha Hadid,[3] Jane Goodall y Nelson Mandela, entre muchas otras personas destacadas en distintos campos del conocimiento, el activismo social y el arte. Se trata de la asociación intelectual más antigua en nuestro Continente y la más selectiva, pues su membrecía no llega actualmente a mil personas en todo el mundo. La APS no recibe postulaciones ni recomendaciones, sino que sus miembr@s nominan a todas las candidaturas, que son sometidas a votación por mayoría.

Ingreso de la Dra. María Isabel Grañén: El 7 de mayo de 2025, la APS anunció el ingreso de María Isabel Grañén Porrúa a la clase 5 de la Asociación, que corresponde a “Las artes, profesiones y liderazgos en gestiones públicas y privadas”. Este ingreso se formalizó el día 15 del presente mes de noviembre de 2025 durante la reunión semestral de la APS. Su elección a la Asociación reconoce el liderazgo de la Dra. Grañén en tres instituciones: la Presidencia de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, A.C.; la Presidencia de la Asociación Civil Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México; y la Dirección de la Biblioteca Francisco de Burgoa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Para ella, el reconocimiento de la APS hace patente un trabajo que inició hace treinta años con constancia, seguimiento y sensibilidad al entorno, abriendo corazones y tejiendo comunidad. Ejemplos de ello son los espacios que ha creado la Fundación, como el Centro Cultural San Pablo, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC), el Museo Textil, el Museo de Filatelia, el Museo Infantil de Oaxaca, las varias sedes de Biblioteca Infantil BS y las Bibliotecas Móviles que llevan libros y lecturas a más de doscientas comunidades en el estado de Oaxaca. Estos espacios abren sus puertas para ofrecer un respiro de paz, para propiciar la reflexión y la creación colectiva, para pensar, sentir y aprender, unas de otras, las personas de todas las edades. Esta labor es fruto de la sinergia con el filántropo y benefactor de las artes, la cultura, el deporte y el medio ambiente Alfredo Harp Helú. La BIJC, en particular, se ha convertido en uno de los repositorios más significativos a nivel mundial de la documentación lingüística y antropológica de los pueblos originarios, una de las líneas de trabajo prioritarias para la APS. Por su parte, la Biblioteca Francisco de Burgoa, que también dirige la Dra. Grañén y que de igual forma incluye un importante acervo en lenguas indígenas, recibió el reconocimiento de la UNESCO en el registro de la Memoria del Mundo-México y ADABI de México, que ha rescatado más de 760 archivos y 60 bibliotecas históricas en México recibió en 2018 el Premio Jikjik, el reconocimiento más importante que otorga la UNESCO a la Memoria del Mundo.

Ingreso del Dr. Alejandro de Ávila: Siendo estudiante doctoral en la Universidad de California en Berkeley, de Ávila recibió en 1997 una subvención de la APS para documentar dos variantes de las lenguas mixtecas habladas por migrantes oaxaqueñ@s en los campos agrícolas del Valle de San Joaquín, al sur de Sacramento. El 7 de mayo de 2025, la Asociación anunció el ingreso de Alejandro de Ávila Blomberg a la clase 1: “Ciencias físicas y matemáticas”, en reconocimiento del compromiso con la sostenibilidad ambiental por parte del Jardín Etnobiológico de Oaxaca (JEBOax), fundado por él junto con el Maestro Francisco Toledo y un equipo de colaborador@s entusiastas. Este ingreso se formalizó el día 14 del presente mes de noviembre de 2025 durante la reunión semestral de la APS. El Jardín es pionero en el enfriamiento por geotermia sin huella de carbono, además de presentar un modelo de generación de energía eléctrica con celdas fotovoltaicas, y de cosecha de lluvia en la mayor cisterna pluvial en el sur del país. El Jardín es pionero también en relacionar de forma estrecha y palpable la historia natural de la región fisiográfica y ecológica más compleja de México con la trayectoria humana a lo largo de quince mil años. Como custodio del patrimonio biocultural de esta área del país, el JEBOax ha reunido la documentación existente del conocimiento ambiental en las lenguas originarias habladas en Oaxaca, la entidad más diversa en términos culturales y lingüísticos de tamaño comparable en el hemisferio occidental. El equipo del Jardín traduce actualmente información técnica, la graba y la transcribe en cuatro lenguas indígenas del Estado, dando así continuidad a una labor iniciada por los lexicógrafos del s. XVI que habitaron en el convento de Santo Domingo, adyacente al JEBOax, doscientos años antes de que Jefferson iniciara su trabajo lingüístico.


[1] El unkechaug formaba parte de la agrupación lingüística llamada quirin, en la familia algonquina, que se hablaba en el sur de Nueva Inglaterra y la isla de Long Island, donde Jefferson registró su vocabulario.

[2] Un polímata es una persona con conocimientos extensos en varias ramas del saber, tanto de la ciencia como de las humanidades.

[3] Única mujer en el mundo en recibir el prestigioso premio Pritzker en arquitectura hasta la fecha.

EDITORIAL

Shinzaburo Takeda, Cinco Venus de Juchitán (detalle), 2023.
Aguafuerte, aguatinta, barniz blando, crayón litográfico y ácido directo

Como las hojas de los árboles en el otoño, son pocas las páginas que al boletín le quedan por narrar este 2025. Sin embargo, lo que tenemos por contar es sumamente gratificante y motivador, por eso iniciamos con el conmovedor discurso de recepción del Doctorado Honoris Causa que la Dra. María Isabel Grañén Porrúa escribió para agradecer a las autoridades de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. A su vez, ella se sumó a la distinción hecha al impresor Juan Pascoe por los 50 años del Taller Martín Pescador. En esta misma línea de honores se encuentra la nota referente al reconocimiento Ejecutivo del Año que la LMB hace a Santiago Harp Grañén.

Las reflexiones sobre la muerte que nos envuelven en los primeros días del mes fueron retomadas por el programa Seguimos Leyendo, así como en el Centro Cultural San Pablo, donde, además, una exposición de Shinzaburo Takeda y sus discípulos evoca al Istmo de Tehuantepec y los lazos entre México y Japón. Sobre los puentes que deberían tenderse entre las diferentes comunidades alrededor del mundo, nos habla la Biblioteca Henestrosa. También el Museo Infantil de Oaxaca procura las conexiones regalándonos un texto sobre la llegada del tren a Oaxaca.

Para fomentar la preservación del patrimonio cultural, el Taller de Conservación y Restauración Documental nos guía en la detección de las señales de daño en nuestros libros; Adabi Oaxaca expone el legado de la familia Alcalá en la Facultad de Bellas Artes de la UABJO; la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova nos habla acerca de la importancia de la formación del personal que integran las diferentes Unidades de Información de Oaxaca; y el Museo Textil comparte la tradición de las mangas de agua, como una alternativa sustentable. En resonancia, la Coordinación de Medio Ambiente habla sobre el valor cultural y ecológico de la donación de árboles de guaje.

Por otra parte, la Librería Grañén Porrúa reconoce a sus colaboradores y agradece a sus usuarios, destacando los 26 años de servicio que cumple este año. Por su parte, el Museo de la Filatelia destaca la combinación que han hecho entre timbre postal y cartel para fomentar e impulsar el coleccionismo y el trabajo de artistas oaxaqueños. Entretanto, la Biblioteca Infantil reflexiona sobre la importancia del ocio y el aburrimiento como motor de la creatividad.

Finalmente, los Diablos Rojos del México nos informan sobre el nombramiento de su nuevo presidente ejecutivo, mientras los Guerreros de Oaxaca despiden al Estadio Eduardo Vasconcelos.

Deseamos que estos textos resuenen en tu hacer cotidiano y se conviertan en una invitación para acercarte a los diferentes espacios de la FAHHO, y generar acciones en favor de tu comunidad.


Discurso de recepción del Doctorado Honoris Causa de la UABJO

Ha sido un privilegio dedicar 32 años de mi vida a la salvaguarda y organización de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, la institución que hoy me distingue con el grado de Doctor Honoris Causa. Para mí, este acto es un honor y otro gesto más de amor que se me hace en esta ciudad que he elegido para vivir, la cual me ha abierto sus puertas para trabajar plenamente en beneficio de su cultura y su gente y, junto con muchas personas, contribuir a la construcción de un mundo más cordial y humano. Oaxaca ha sido, para mí, un paraíso de belleza que me ha acogido y regado con amor. Es, además, donde he vivido los mejores momentos de mi vida.

Siempre lo he dicho: Oaxaca rebasa mis sueños, incluso hasta los nunca imaginados, como es este momento. Los recuerdos de mi encuentro con la UABJO llegan como luces de buen augurio: Me veo en esa primera vez que pisé aquella bodega lúgubre con libros olvidados, apilados y revueltos en Ciudad Universitaria. ¿Por qué? —me preguntaba— ¿Qué había tenido que suceder para que ese mar de sabiduría hubiera llegado a tal desorden? El olor del papel humedecido con tinta evocaba las miradas de aquellas personas que en tiempos pasados habían acariciado las páginas de estos libros.

En ellos resucitaban las ideas de los escritores cuyas obras llegaron a Oaxaca gracias a quienes movieron cielo, mar y tierra para que así fuera. Mientras más me acercaba a los libros, invocaba a esos héroes que habían velado con amor por su preservación. Ese día, sin saberlo, me sumaba a ellos.

Lo que tenía enfrente de mí era un caos difícil de creer, pero también me inundó la más grata de las sensaciones: el destino me elegía para cumplir una de las misiones más importantes de mi vida que daría origen a otras más. En ese momento, la tarea encomendada era elegir algunos ejemplares para montar una exposición de libros antiguos, misma que cambiaría el rumbo de mi vida. Pasé meses con las narices inmersas en aquellos libros. Agudizaba el oído y escuchaba un murmullo suave en el aleteo de las páginas; la tipografía evocaba diferentes partituras con letras que danzaban de un modo sutil; sentía la textura de los papeles y quedé maravillada ante su sorprendente antigüedad. Había libros impresos desde el siglo XV y asombrosamente se habían conservado, a pesar de las malas condiciones que los rodearon en muchas ocasiones: resistieron tormentas, terremotos, inundaciones, roedores, microorganismos y también el robo. No pude evitar pensar en la cantidad de manos que habían trabajado en su elaboración: los papeleros en sus tinajas con agua y trapos de lino; los autores que vertieron con tinta tantas historias, emociones y sensaciones; los tipógrafos que elaboraron las letras metálicas; los cajistas que formaron los textos; los prensistas que entintaron las placas sobre el papel y los encuadernadores que arroparon estos cuerpos del conocimiento y belleza. ¡Eran y son verdaderas obras de arte!

Hundí la mirada para disfrutar la delicadeza de los grabados y me quedé atónita ante el mar de encuadernaciones que cobijaban aquellas páginas escritas en lenguas originarias y otros idiomas. Estaba sorprendida ante la excelencia artística con que habían sido elaborados aquellos impresos.

Jorge Luis Borges tenía razón: “Yo que me figuraba el paraíso / bajo la especie de una biblioteca”. Y yo me encontraba en Oaxaca, en el mejor de los edenes, en un lugar de felicidad inagotable y dentro de un refugio espiritual.

El caos, como la violencia, es algo indescriptible, difícil de comprender. Precisamente el día de la inauguración de la exposición, el entonces rector de la UABJO y el maestro Francisco Toledo me propusieron encabezar el proyecto de organización de la Biblioteca. Para ese momento, como ustedes imaginarán, ya estaba enamorada de esos libros y mi respuesta ciegamente fue aceptar el reto. Entonces, como si uno de esos volúmenes gordos golpeara mi cabeza, caí en la cuenta de la dimensión de aquella responsabilidad: había que poner orden en esos papeles viejos, pero ¿cómo? ¡Eran más de 27000 volúmenes! Soy historiadora del arte, no bibliotecaria, ni latinista, ni restauradora. Pero no perdí la fe, amaba lo que hacía y debía encontrar la manera de salvar lo que realmente me apasionaba. Y confié, mientras la vida se encargaba de guiarme a las puertas indicadas para comenzar, en enero de 1994, a organizar un proyecto de estabilización, catalogación e inventario de los libros.

Recuerdo aquellos años con infinita alegría, trabajaba de ocho de la mañana a ocho de la noche, cuando Ciudad Universitaria era la boca del lobo y debía tomar un autobús que me llevaba al centro de la ciudad para seguir soñando con libros y volver a amanecer en ese paraíso soñado por Borges. Aquel asombro no ha cesado jamás, al contrario, se ha acrecentado a lo largo de 32 años: la Biblioteca Burgoa jamás ha dejado de sorprenderme, ni tampoco a ninguna persona que acuda a ella. Hay una magia especial que envuelve el lugar, se llama encantamiento y es una llave para la esperanza y el deleite del conocimiento.

Con el trabajo de profesionales no solo logramos el desafío, sino que se cumplió otro sueño jamás imaginado: trasladar la biblioteca al exconvento de Santo Domingo, y con ella instalar un taller de restauración de papel que también da servicio a diversos archivos del estado y, gracias a un apoyo que brinda la FAHHO, se han logrado restaurar, entre otros documentos, más de cincuenta títulos primordiales de diferentes comunidades. Así, se estableció un lugar confiable, profesional y gratuito de servicio para lograr preservar la memoria de Oaxaca.

Desde mis primeros pasos en la Biblioteca Burgoa supe que mi vocación era contribuir a la protección y cuidado del patrimonio de México y, en la medida de mis posibilidades, compartir el amor por los libros, la lectura, el arte y el conocimiento. Hoy, bajo el sello de ADABI de México y la FAHHO, junto con un equipo eficiente, hemos logrado organizar 703 archivos históricos y catalogar 58 bibliotecas en el país; restauramos monumentos, realizamos proyectos en lenguas originarias y creamos bibliotecas y bibliobuses que recorren las comunidades de Oaxaca. Este podría ser un resumen breve de mi vida profesional, siempre con sincera entrega y amor a México.

La UABJO es la institución de educación superior de Oaxaca que cobija a más alumnos, de ahí el deseo de mi familia por apoyarla con becas, programas de investigación, educación a distancia, salud, deporte, iniciativas culturales conjuntas y, ahora, el sueño que causa más expectativas: la construcción del nuevo estadio de beisbol Yu´va (vocablo antiguo para designar el juego de pelota mixteco).

En este día tan importante, no olvido al maestro Francisco Toledo, quien cambió el rumbo de mi vida al traerme a Oaxaca. Estoy agradecida con él, no solo porque ha sido un ejemplo en mi vida, sino porque, además, consiguió la cita en Banamex para que financiara los libreros de cedro rojo que resguardan ahora los libros de la Biblioteca Burgoa. Sin saberlo, él abrió el camino de la felicidad de mi vida: conocer a Alfredo Harp Helú. En esta ocasión quiero mencionar a Freddy Aguilar Reyes, mi primer compañero de trabajo en Oaxaca, pues gracias a su insistencia, Toledo supo de la existencia de los libros de la UABJO, ya que él mismo había intentado salvarlos. Y, por supuesto, recuerdo con cariño a la querida Chatita, doña Beatriz Natera, exbibliotecaria de Bellas Artes, que siempre me alentó a seguir adelante. Expreso mi gratitud a mis colaboradores y a las personas que apuestan por los libros como una forma de vida plena, placentera, de luz y alegría. Ellos han sido una fuente de inspiración. Agradezco a mis hijos Santiago y María Isabel por su amor incondicional y por la cantidad de horas de lecturas que hemos disfrutado juntos, ustedes y su papá son la mayor de mis motivaciones.

El amor por lo que hacemos es fundamental para confiar en las voces internas de nuestro corazón. El trabajo llena una parte importante de nuestras vidas y, para sentirse satisfecho, hay que amarlo. Amo a la Biblioteca Burgoa, que ha sido una luz muy intensa en mi vida, y hoy la UABJO vuelve a premiarme con esta distinción que me honra enormemente como parte de su comunidad académica. Gracias por confiar en mí, seguiré trabajando con pasión por Oaxaca y México porque esa es realmente mi vocación.


Ejecutivo del Año: Liderazgo joven y visión institucional

Por segundo año consecutivo, la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) otorgó el premio al Ejecutivo del Año a Santiago Harp Grañén, vicepresidente del Consejo de Administración de los Diablos Rojos del México, por su liderazgo en el bicampeonato del equipo y por la consolidación institucional del club. Se trata de un reconocimiento oficial que se otorga anualmente a la persona que, desde la dirección o gestión de un club, haya tenido el mejor desempeño administrativo, organizacional y de liderazgo durante la temporada.

Este premio distingue al directivo o ejecutivo más destacado entre los 18 equipos que integran la LMB. Su objetivo es valorar el trabajo de gestión detrás del equipo: planeación, contrataciones, manejo de recursos, promoción, desarrollo institucional y resultados globales. Entre los criterios que se toman en cuenta en esta decisión podemos anotar los siguientes:

Resultados deportivos del equipo

  • Clasificación a playoffs u obtención del campeonato.
  • Consolidación de una temporada récord o mejora respecto al año anterior.

Gestión organizacional y administrativa

  • Planeación exitosa de la temporada.
  • Manejo eficiente de presupuesto, plantilla y operaciones.
  • Innovación en estructura interna o estrategias deportivas.

Relación con la afición y medios

  • Crecimiento en asistencia al estadio.
  • Proyectos comunitarios o de responsabilidad social.
  • Imagen y comunicación del club.

Proyección institucional

  • Iniciativas nuevas: academias, proyectos culturales, expansión de marca, infraestructura (como el Estadio Alfredo Harp Helú o el Museo Diablos).
  • Aportes a la modernización o profesionalización del beisbol mexicano.

Esto nos permite notar la importancia del Ejecutivo del Año, pues valora la excelencia en gestión deportiva, no solo en los resultados; destaca la importancia del trabajo de oficina, finanzas, talento y relaciones públicas; asimismo, ayuda a posicionar estándares de profesionalismo en las directivas de la LMB.

Con 25 años de edad, y desde su participación decisiva en la contratación del jugador cubano Alexei Ramírez, en 2018, Santiago Harp Grañén también ha desempeñado un papel directivo en la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú, y encabezó la creación e inauguración del Museo Diablos en 2022. Estas dos últimas iniciativas implican que su responsabilidad no solo es deportiva, sino también cultural e institucional. No podemos dejar de mencionar que, bajo su liderazgo y gestión, los Diablos Rojos obtuvieron los campeonatos número 17 y 18 en su historia. El bicampeonato llegó, además, con un récord sobresaliente en temporada regular. Y, más allá del beisbol, Harp Grañén también ostenta la vicepresidencia del Consejo de Administración de los Diablos Rojos Basquetbol.

En este sentido, la distinción de Santiago Harp Grañén como Ejecutivo del Año representa el surgimiento de una “nueva generación” dentro de la dirección de los Diablos Rojos. Conjuntamente, confirma el compromiso con una gestión deportiva responsable, innovadora y cercana a la comunidad. Su trabajo continúa el legado familiar de impulsar proyectos que combinan excelencia, visión social y amor por México, dentro y fuera del campo de beisbol.


El arte envuelto en el arte

Detalles de la inauguración de la exposición “El impresor Juan Pascoe”. Fotografías: Fabiola Monroy

El amor nos reunió para celebrar algo más allá de los cincuenta años del Taller Martín Pescador, cuando la amistad unió a muchos de los presentes y a otros tantos entrañables escritores y artistas al calor de una prensa del siglo XIX, de poemas y música.

Juan Pascoe es un artista de la tipografía, de las bellas letras y de la jarana. Con su habilidad para tocar las cuerdas, saborea el buen gusto de los caracteres, siente sus formas, tamaños y espaciados; selecciona las fuentes y los versos y los hace bailar con ritmo y cadencia.

Los textos publicados por el Taller Martín Pescador parecen ser partituras musicales. En ellos se percibe la afinación de la composición tipográfica, la armonía de la caja y la elegancia de las imágenes. El lector asiste a un escenario que va más allá de un libro impreso: a una danza con renglones iluminados que contrastan entre claros y sombras, en una conexión tipográfica que brilla entre sus páginas con fluidez artística. El maestro, cual director de orquesta, es riguroso para elegir la obra, con sus ritmos y texturas en el papel, entre aromas de tinta y delicias de clichés. Por medio de sus propias interpretaciones, Juan Pascoe se impone afectivamente con los autores y los lectores, nos hace zapatear, tararear y sentir la ejecución musical de las letras.

Abrir un libro del Taller Martín Pescador es llenarse también de la historia de la tipografía novohispana, porque Juan Pascoe está impregnado de ella. No solo la estudia, sino que la comprende y la hace propia. Conocedor del mundo de la imprenta mexicana, se ha encargado de valorarla y difundirla. Sin pretenderlo, la engrandece y nos abre los ojos para asombrarnos ante el bagaje cultural que arropan los libros impresos en nuestro país, una tradición que, milagrosamente, él mismo continúa.

Agradezco a los amigos de las buenas letras, especialmente a la Fundación Carmen Toscano, por habernos reunido en el Museo de Antropología para celebrar el arduo y magnífico trabajo del Taller Martín Pescador en sus 50 años, dando lugar a un recorrido de emociones con palabras sonoras que hacen vibrar el corazón de los libros mexicanos.


“Solo un poco aquí”*

Obra del maestro Carlomagno Martinez exhibida en el Centro Cultural San Pablo.

A veces siente uno que lo que quiere escribir ya ha sido escrito por otro, por otros, antes o muchísimo antes. Es la experiencia propia al escribir, hoy, sobre la muerte.

Tengo siempre presente (como una de esas ideas que continuamente lo rondan a uno) que Heidegger concibe a la muerte como la posibilidad más individual del ser humano: no hay nada que sea más nuestro en tanto que seguro, en tanto que real; la muerte es una experiencia que, si bien todos los seres vivos estamos sometidos a ella, se nos da solo a cada uno en lo particular.

Nadie muere con otros, aun si ocurre en la misma circunstancia, en el mismo momento. Tampoco nadie muere (al menos no naturalmente) porque otros han muerto, aún si, como el príncipe Hamlet, quisiéramos arrojarnos a la fosa donde han depositado el cuerpo del ser amado. Porque si la conciencia de la muerte propia nos genera infinita desazón —por decir lo menos—, a veces pareciera que la muerte de quienes amamos es una experiencia todavía más temida por vivir.

A lo largo de la historia de la poesía los seres humanos hemos tratado de expresar esa experiencia de tantas maneras. Con tantas aristas. La hemos leído desde tan diversas aproximaciones, y al encontrar-nos en su lectura, muchas veces nos damos cuenta de que el autor eligió las palabras que quizá nosotros no encontramos para poder expresarnos. Contemplar a la amada inmóvil y agonizar con su agonía como sintió Amado Nervo; desesperar con la conciencia cierta de que este río de la vida indefectiblemente irá a dar a la mar que es el morir, como lo escribiera Jorge Manrique al despedir a su padre; o vivir los días más largos del tiempo al presenciar cómo la vida del mayor Sabines languidecía… como nos legara, en uno de sus más hermosos poemas, Jaime, su hijo.

La partida de quienes amamos es un golpe bajo, seco, contundente. Ante eso no hay escapatoria, no hay huida ni evasión posible. Es uno de esos dolores que nadie nos puede evitar porque esa conciencia de orfandad, ese soltar la mano que la nuestra asía para poder caminar por la vida, tal vez sea una de las realidades más complicadas de afrontar. Quizá la más desoladora… justo como dijera Xavier Villaurrutia: como ese mar sin viento ni cielo / mar sin olas, desolado.

En estos días de principios de noviembre que Oaxaca se engalana como cada año, es ineludible repensar a la muerte. Y en cada esquina, en cada evento, casi en cada hogar, en el montaje mismo de una ofrenda, estamos invitados a mirarla de nuevo desde la tradición, desde lo que nos anima en este impulso vital oaxaqueño para vestirla de fiesta y no para ahondar en los abismos a los que nos hemos asomado al despedir a uno de los nuestros.

El Centro Cultural San Pablo participa de esa algarabía generalizada y de las tradiciones de estas fechas. Con la colocación de nuestra ofrenda nos unimos a la conservación de nuestras tradiciones y a la preservación de la memoria de aquellos que han partido. Con la exposición de la obra del maestro Carlomagno acerca de la muerte refrendamos nuestra vocación por el apoyo y difusión del trabajo de uno de los artistas emblemáticos y más queridos en nuestro estado; y con cada una de las actividades académicas y lúdicas buscamos brindar los espacios para la reflexión y propuesta de nuevas miradas sobre la muerte.

Aún así no basta del todo. No basta la fiesta, ni la algarabía, ni la preservación de las tradiciones o las propuestas para hacer una reflexión adulta y documentada sobre el fenómeno de nuestras celebraciones de difuntos. Hace falta construir y recuperar esos espacios de reflexión íntima, personal, donde podamos mirarnos humildemente y reconocer, con nuevos ojos, a la muerte próxima, a la muerte-maestra que tiene mucho que decirnos acerca de cómo vivir, porque ella sí que sabe de finitud. Solo en ese espacio personal podrá susurrarnos al oído una frase que un día seguramente ella misma me dijo (a través de un buen amigo): “Así es esto de vivir, se muere”. No hay más. Si, como dijo el célebre príncipe-poeta tezcocano, todos habremos de irnos, usemos bien este cortísimo tiempo, asegurando para el día de nuestra muerte la conciencia cierta de haber vivido. Esperamos que el CCSP contribuya en ese camino.

*Verso de un poema de Nezahualcóyotl


Diplomado Organización deInformación en Bibliotecas

Integrantes que finalizaron el diplomado. Fotografía: Acervo de la BIJC

No se trata de adaptarnos –o conformarnos– a como es el mundo
“allá afuera”, sino de cómo queremos que sea.

El 25 de septiembre de 2025 se llevó a cabo la clausura y entrega de constancias del diplomado Organización de Información en Bibliotecas, actividad académica realizada del 28 de febrero al 28 de julio de 2025, coordinada desde el área de formación de la Red de Unidades de Información de Oaxaca (RUIO), certificada por la Universidad Autónoma Comunal de Oaxaca (UACO) y diseñada por personal de Acervos de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC).

El evento contó con la presencia de la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, presidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, el Dr. Sebastián van Doesburg, director de BIJC, el Mtro. Jacobo Babines, director del Archivo General del Estado de Oaxaca (AGEO), el Mtro. Rigoberto Vásquez García, rector de la UACO y la Mtra. Namibia Rivera López, coordinadora de la RUIO. Todos felicitaron y animaron a las y los graduados a seguir formándose, continuar organizando y preservando el patrimonio de Oaxaca, a no dejar de implementar y mejorar los servicios y a seguir haciendo comunidad.

El diplomado surgió como una necesidad y un compromiso firmado por quienes forman parte de la RUIO, organización creada en el 2014 con el objetivo de “establecer lazos institucionales y profesionales del personal que integra las diferentes Unidades de Información de Oaxaca”. Desde su creación, representantes de la red han tenido la inquietud de formarse en temas de bibliotecología / biblioteconomía, con la finalidad de profesionalizarse y de mejorar procesos y servicios en las diferentes Unidades de Información.

En Oaxaca existe una larga historia en torno a los archivos y las bibliotecas, pero se habla poco de la necesidad de contar con una escuela para formar a quienes están a cargo, por lo que el tema de la profesionalización se vuelve importante y las actividades, como el diplomado o los cursos y talleres que se comparten desde la red, se vuelven necesarios. Así que este año, gracias al apoyo de todas las unidades de información de la red y al respaldo de la universidad, fue posible hacerlo. Preguntamos a algunos de los asistentes acerca de la importancia de tener un diplomado así en Oaxaca, y Rodolfo Hernández (ITVO), nos mencionó que “es importante porque permite el aprendizaje, la actualización y el intercambio de experiencias entre los trabajadores de las unidades de información”.

El programa compartido fue diseñado con base en las necesidades de formación y con el objetivo de que, al finalizar el proceso, las y los estudiantes contarán con los conocimientos y las herramientas básicas necesarias para la organización de colecciones resguardadas en las unidades de información. Se dividió en 10 módulos a cubrir en 21 sesiones durante 120 horas de clase presencial. Al respecto, Mariana Zarazúa (Jardín Etnobiológico) comenta: “los contenidos fueron adecuados y me permitieron adquirir conocimientos básicos para contribuir a los procesos de la biblioteca. Me parece que fueron abordados con una perspectiva crítica bastante interesante”.

Las clases se realizaron en las instalaciones de la BIJC, pero también, y debido a que se decidió hacerlo itinerante, se acudió a la Biblioteca Francisco de Burgoa, la Biblioteca Pública Margarita Maza, la unidad de extensión UNAM y el AGEO. En relación, Anabel (AGEO) menciona que “las instalaciones fueron adecuadas y funcionales para el desarrollo de las sesiones. Se contó con medios técnicos y material de apoyo pertinentes que facilitaron la comprensión de los contenidos”. La itinerancia en las actividades de la RUIO ha permitido, además de visibilizar el trabajo que se realiza, sensibilizar sobre la importancia de contar con espacios adecuados para los procesos de compartencia académica de la red, pero no exclusivamente (las sedes corresponden a espacios de trabajo de las y los estudiantes del diplomado).

Las personas que concluyeron colaboran en instituciones como la Biblioteca Pública Central, el Instituto Welte, el AGEO, el Jardín Etnobiológico, la Biblioteca José Antonio Gay de la Casa de la Cultura, la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, la BIJC, la Universidad Regional del Sureste (URSE), el Instituto Tecnológico del Valle de Oaxaca (ITVO) y el Corporativo UNUSPAT. Anabel comenta que lo que más valoró del diplomado fue “la oportunidad de interactuar con colegas que se desempeñan en el mismo ámbito profesional. El intercambio de experiencias y perspectivas fortaleció el aprendizaje colaborativo y enriqueció el contenido del programa. Lo menos favorable, desde mi experiencia, fue que el diplomado concluyera, ya que el espacio formativo resultó altamente provechoso y motivador”.

Ahora el programa, la metodología y los resultados del diplomado están en revisión, esto con la finalidad de decidir qué sigue, identificar lo que es susceptible de mejora y de encontrar otras formas de seguir contribuyendo en los procesos de profesionalización de las y los compañeros del diplomado, de la red y/o de la comunidad de personas que trabajan en bibliotecas en Oaxaca y que requieren algún tipo de formación en el área. Algunas de las sugerencias se unen a la petición de Paulina Martínez (Burgoa), quien respondiendo a la pregunta de lo que le gustaría para el futuro menciona que sería ideal “una segunda parte del diplomado o quizá un breve curso para reforzar el conocimiento y aplicar lo aprendido durante el diplomado”, y eso es lo que queremos hacer: seguir acompañando en los procesos de formación de las y los bibliotecarios en Oaxaca.

Para ello, por medio de una evaluación, se recuperaron las voces de los y las estudiantes del diplomado (algunas vertidas aquí), ya que es importante identificar, mediante sus palabras, aciertos, errores y sentires que permitan saber que vamos por buen camino. Martha Aparicio, de la Casa de la Cultura Oaxaqueña, comentó: “El diplomado para mí es un atisbo de ese mundo maravilloso, sé que soy una aprendiz y gustosa seguiré aprendiendo, pacientemente y reconociendo las posibilidades institucionales para implementar lo aprendido. En la medida en que desconozco todo de la organización de información en bibliotecas, en verdad el diplomado es algo que valoro mucho”.

A partir del diplomado, algunos proyectos de las y los estudiantes empezaron a tomar forma. Entre estos se encuentran la creación de un centro de documentación especializado en derecho, la reorganización de la colección antigua especializada en asuntos oaxaqueños, la continuación del proyecto de organización de la biblioteca especializada en asuntos oaxaqueños, la creación y organización de dos fondos fotográficos, dar continuidad a la organización de la biblioteca del Jardín Etnobiológico de Oaxaca, entre otros. Todo ello podría ser un buen indicador de la efectividad del proceso; sin embargo, desde la coordinación del diplomado nos interesa mucho resaltar, además, las colaboraciones y los intercambios que se generan a partir de actividades como esta.

Finalmente, esta experiencia nos hace pensar en nuevos y viejos paradigmas de organización de información, reconocer términos que nos ponen en desventaja, como el de brecha digital o democratización de la información y el conocimiento, pero que nos permiten también reflexionar sobre los discursos dominantes en la clasificación bibliográfica, tener una postura social y política desde los ecosistemas digitales, crear comunidades de aprendizaje y compartir las complejidades del área, desde los cuidados.

No profundizamos en temas que están en boga en la bibliotecología, pero trabajamos mucho en empezar a formar personal bibliotecario que reconozca la complejidad que existe en la organización de la información y que desde esa mirada pueda, de forma individual y colectiva, trabajar en la mejora de sus procesos, teniendo siempre en cuenta para qué y para quién/quiénes se hace. Gracias a las y los colegas dentro y fuera de la red que se unieron al tequio (académico o no) de la RUIO. ¡Seguimos!


Mangas de agua

El pasado 03 de octubre de 2025 recibimos a cuatro de los 25 integrantes del Taller Mangas de Hule San Gabriel, procedentes de Teziutlán, Puebla. Con motivo de la exposición que presentó el Museo Textil de Oaxaca sobre el trabajo con hule natural que se realiza en Misantla, Veracruz,1 los invitamos a este taller para que el público tuviera la oportunidad de conocer más de cerca esta labor.

Francisco Javier Luciano Sosa estuvo a cargo de la presentación que se llevó a cabo en la Capilla del Rosario del Centro Cultural San Pablo. La charla no solamente atendió el trabajo con hule, sino que mostró a la población de Teziutlán como un espacio cultural completo y complejo, lo que ayudó a que en la audiencia comprendiéramos mejor el contexto en el que se desarrolla este trabajo. El aspecto primordial por resaltar en la filosofía de este taller es la oferta de materiales completamente naturales y de calidad, sin comprometer al medio ambiente. Es decir: las mangas se conforman de lienzos que son cien por ciento algodón recubiertos con hule natural extraído del árbol Hevea brasiliensis ubicado en la región de Tuxtepec, Oaxaca. Para dar color al caucho recurren a pigmentos naturales procedentes de Atlixco, en donde obtienen piedras ricas en hierro para lograr distintas tonalidades de ocre. Finalmente aplican talco de calidad industrial, material extraído a partir de la pulverización de piedra caliza, para dar un acabado a la prenda y evitar que las capas de hule se adhieran entre sí.

Integrantes del Taller Mangas de Hule San Gabriel

Alexander Amir Khan también estuvo presente en la charla, ya que gracias a su trabajo de campo pudimos conocer al Taller Mangas San Gabriel. Alex, como le llamamos con afecto, se encuentra tejiendo puentes entre su país de residencia, Suiza, y comunidades que trabajan con caucho en México y Brasil. Su intención es conocer a fondo los procesos y, sobre todo, a la gente que los lleva a cabo, para —en conjunto— explorar nuevas posibilidades creativas y productivas que deriven en un aporte real a la comunidad: procesos y bienes que resulten atractivos a las jóvenes generaciones y que ofrezcan el potencial de entrar a otros nichos de mercado.

Conferencia sobre las mangas de hule. Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca

Una de las preguntas del público fue el nombre de la prenda: manga, pues no se trata de la parte más o menos cilíndrica de una prenda que tiene por función recubrir los brazos. Más bien, son rectángulos de tela doblados a la mitad, con una abertura para la cabeza y con los bordes laterales sueltos, sin costura. Javier mencionó que, en efecto, es un término singular, pero que se ha usado desde que su abuelo se dedicaba a este trabajo en los años 1940: manga de hule, o bien, manga de agua. Decidí hacer énfasis sobre este segundo término para titular este texto porque remite a la íntima relación que guarda la prenda con el medio ambiente. Como señaló el Ing. Miguel Corona —agricultor y productor de hule en Tuxtepec, quien viajó desde ese lugar para estar presente en la charla—, adquirir y portar una de estas mangas tiene un gran impacto: se apoya el cultivo del árbol del hule (lo que ayuda a combatir el dióxido de carbono presente en el ambiente, así como la erosión del suelo) y se contribuye a la generación de empleo tanto en el sector de la agricultura como en el artesanal (en este último se cuenta con las personas que preparan el hule con color para aplicarlo a la tela, así como con las que cortan las telas y aplican todos los terminados para obtener la prenda final que será comercializada). Al final, a diferencia de un impermeable hecho con fibras a base de petróleo, estas mangas son biodegradables, por lo que tampoco constituyen un riesgo contaminante para el suelo de nuestro planeta. Si no tuviste oportunidad de visitar la expoventa especial que se presentó en el MTO, te invitamos a visitar nuestra tienda, donde podrás encontrar estas mangas de agua.


El aburrimiento y la reivindicación del ocio

Integrantes del taller “Hay algo más grande que la ballena azul”. Fotografía: Acervo de la Biblioteca Infantil BS Xochimilco.

Innumerables veces hemos escuchado (incluso nosotros mismos lo hemos dicho): “el ocio es el padre de todos los vicios”, condenando a ese vocablo al irremediablemente excluido grupo de palabras que están mal vistas —aunque solapadas, claramente, de vez en cuando—. Si un niño se pone a patear un balón en la calle con sus amigos; si vemos a un niño en un patio jugando con escarabajos y bichitos o simplemente andando en bicicleta por el pueblo sin ningún rumbo fijo, lo más probable es que lo llamen “ocioso”. Ya en la Antigüedad los griegos, y posteriormente los romanos, decidieron nombrar esos periodos de tiempo en los que ninguna actividad “de provecho” se realizaba.

Para los griegos, skholè (σχολή) “consistía en la contemplación teórica (theoria) de la vida y la especulación filosófica” (Azores, 2020); y, debido a las características propias de la sociedad griega, los únicos que podían disfrutar de ese periodo de reflexión eran los nobles y los ciudadanos libres, excluyendo a las mujeres (salvo algunas excepciones), la servidumbre y los esclavos. Por otro lado, la palabra latina otium designaba ese tiempo libre diferente al negotium (trabajo); era algo que todos los ciudadanos podían ejercer, pero que se veía como un reflejo de la virtud de cada individuo, de acuerdo con su posición social: actividades como la lectura, la escritura y las artes declamatorias eran vistas como propias de las élites, mientras que los juegos, las fiestas o las visitas a tabernas reflejaban formas vulgares de ocio.

Dicho lo anterior, llama mi atención la cuarta acepción que tiene la RAE con respecto a la palabra ocio: “Obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones”. Entonces, en un punto medio entre el tiempo no dedicado a alguna actividad “productiva” y el tiempo de la formación del espíritu por medio de la contemplación, la pasividad y la reflexión filosófica consciente, el ocio es, también y sobre todo, un intervalo creativo. Creamos para eludir el negotium, cuando se puede, cuando “se tiene tiempo”; se crea, por tanto, porque no se trabaja y, al no haber una necesidad imperiosa de hacer algo, ante esa falta de quehacer, uno puede fácilmente pronunciar una palabra: aburrimiento.

¿Es el aburrimiento, entonces, el potenciador de ese intervalo creativo que el ocio entraña? Pascal decía que “toda la desgracia del hombre viene de no saber permanecer en reposo en un cuarto” (Hurtado, 2014). Y es, quizá, lo que desemboca, en última instancia, en la creación: ese desasosiego causado por el “no estar haciendo nada”. Pero ¿qué es lo aburrido más allá de los bostezos, la somnolencia y la falta de estímulos sensoriales? Aburrir viene de la palabra latina abhorrere: ab– (evitar, no cometer una acción) y horrere (espantar/poner los pelos de punta). Este término nos pone en un predicamento, pues podría interpretarse como “evitar aquello que nos perturba”, que nos horroriza; una situación en la que debamos, tal vez, elegir la pasividad, el sosiego, la calma.

Luigi Amara, citado por Hurtado (2014), nos dice: “[…]quizá no exista lo aburrido, sino una compleja red de poder que determina e insiste, a través de una muy bien aceitada maquinaria propagandística, en donde poner los ojos, qué es lo ideal y qué lo escuálido, qué lo crucial y qué lo anecdótico”. Quizá, siguiendo la línea de pensamiento de Amara, el aburrimiento real recae en el constructo social que hemos asimilado, lo que nos han dicho que es aburrido: lo análogo, aquello cuyo valor recae en sí mismo y no en el beneficio inmediato; lo contemplativo, lo silencioso; aquello que es ameno solo para los “entendidos e iniciados”.

El aburrimiento como potenciador del tiempo de ocio es, en este caso, un ejercicio que entraña no solo la realización de actividades con las cuales “matamos el tiempo”, actividades, por lo demás, rutinarias o ritualistas; sino también como la exaltación de nuestra existencia inmediata, un estado de exaltación filosófica, moral, estética. Cualquier cosa nos puede aburrir, eso se puede intuir con facilidad, pero la verdadera tarea, el verdadero acto renovador sería, acaso, retornar a ese momento perdido en el lapso de la vida, ese momento en el que no tener nada que hacer era justamente eso: una pausa, un sosiego que podíamos, mediante ciertos artilugios verbales o artísticos, convertir en tarareo, canción, chiste, dibujo, juego, obra; ecos de los sueños que el aburrimiento y, más aún, la ociosidad (esa vieja que no se cansa) transforman con su alquimia de tiempo e ingenio.

Dentro de los espacios que conforman la Red de Bibliotecas Infantiles de Oaxaca tiene lugar una serie de actividades que busca canalizar el aburrimiento de niñas y niños hacia acciones que, más allá de tener un propósito didáctico o de transmitir un saber enciclopédico, fomentan el ocio en su acepción de “creación”. Un ejemplo reciente es el taller “Hay algo más grande que la ballena azul”, impartido y planificado por Zuleyma García Silva en la Biblioteca BS Xochimilco. En dicho taller, el saber técnico sobre las ballenas azules fue fácilmente integrado y encauzado a la elaboración de una lámpara de cartón en forma de ballena. Las fotografías de los y las participantes sosteniendo su producto final son apenas un atisbo —pero uno fiel— del quehacer diario que toma lugar en las instalaciones de la biblioteca: el hacer algo por el mero gusto de hacerlo, de la exploración sin trabas pedagógicas que, sin embargo, tienen un propósito: el ocio y su desparpajo en un espacio seguro.


Evocaciones istmeñas en la obra de Shinzaburo Takeda

Ay Sandunga, Sandunga / mamá por Dios /
Sandunga no seas ingrata / mamá de mi corazón.

Máximo Ramón Ortiz, La Sandunga, 1853

Shinzaburo Takeda, Familia oaxaqueña, 2013. Grabado en metal, lápiz de color y pastel.

Shinzaburo Takeda nació el 13 de febrero de 1935 en Seto, Japón. En 1957 se graduó de la Universidad Nacional de Bellas Artes de Tokio. Llegó a México en 1963, motivado por la influencia de dos de sus grandes amigos y maestros: Sadajiro Kubo y Tamiji Kitagawa. Desde su llegada mostró un profundo interés por la cultura mexicana, especialmente por las tradiciones de los pueblos originarios. En 1978 se trasladó a Oaxaca, donde comenzó a impartir clases en la Facultad de Bellas Artes de la UABJO. Paralelamente, recorrió el estado y se enamoró cada vez más de sus paisajes y comunidades. La huella de su labor docente es evidente en la trayectoria de varios de sus alumnos, quienes hoy integran, junto con él, la exposición “De Japón a Antequera. Gráfica de maestros japoneses en Oaxaca”, que se presenta en la galería del Centro Cultural San Pablo.

Adoptar una ciudad es reinventarse en un nuevo escenario que, por distinto que pueda ser, se vuelve por muchas razones entrañable. El maestro Shinzaburo Takeda ha hecho de Oaxaca no solamente su hogar, sino un bastión de creatividad inagotable. Más allá de su estela, distintos artistas retratan —desde Japón hasta Antequera— el carácter esencial del estado y de sus tradiciones.

Esta exposición es protagonizada por paisajes, retratos, animalia real y fantástica, usos y costumbres, textiles y vida cotidiana como espejo y reflejo de esa Oaxaca mágica por derecho propio.

Numerosas técnicas —litografía, serigrafía, xilografía, grabado en metal, mezzotinta, entre otras— dan cuenta de un camino, potente y vital, que desde hace mucho tiempo ocupa un lugar primordial en el escenario artístico del estado: la gráfica.

Shinzaburo Takeda, Cinco Venus de Juchitán, 2023. Aguafuerte, aguatinta, barniz blando, crayón litográfico y ácido directo

El eje rector de la narrativa curatorial de esta muestra se centra en las evocaciones istmeñas del maestro Takeda y de otros grandes creadores, como Takayoshi Ito y Mikie Ando. El Istmo de Tehuantepec es más que un espacio geográfico de las ocho regiones de Oaxaca. En esta prodigiosa latitud del sur se fraguan algunas de las costumbres y tradiciones más importantes del imaginario colectivo. El resplandor de la tehuana cobija los hilos multicolores de los textiles de Tehuantepec, Juchitán y San Blas Atempa. Al tiempo, las resonancias de la sandunga nos llevan por ese binomio perdurable de vida y muerte. En sus fiestas y devociones los Cristos, vírgenes y santos son ataviados con trajes y bordados locales, a la vez que se hacen acompañar por la flor de coyol y el séquito de sabias mujeres que los velan y custodian. Aquí, la sensibilidad nipona acude a esa magia istmeña para acercarnos a lo cotidiano, a ese devenir sin tiempo que, justo por ello, imprime imágenes perdurables.

Veámonos, entonces, en esta suerte de “doble mirada” que trasciende latitudes y espacios físicos. “De Japón a Antequera” es una cálida invitación para ello.


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