EL ASOMBROSO GABINETE DE CURIOSIDADES

La iniciativa de esta exposición colaborativa surge entre la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, el Centro Cultural San Pablo y el taller de cerámica Cuarto Suspiro. Fundado en el año 2016 por Brian Corres y Natalia Bolaños, egresados de la Escuela de Artesanías del INBA. El taller se inspira en la naturaleza para crear piezas utilitarias y escultóricas de cerámica de alta temperatura. Mediante procesos artesanales como el torno de rodal, el modelado directo, la forja, el esgrafiado y el dibujo a mano alzada, Cuarto Suspiro hace de cada una de sus piezas un objeto artístico de gran calidad.

A partir de una exploración bibliográfica por los acervos de la Burgoa, de la que surgieron descripciones e ilustraciones de flora y fauna en libros publicados desde el siglo XVI hasta el XIX, escritas por aventureros, naturalistas y exploradores, Cuarto Suspiro ha creado una serie de piezas únicas de gran belleza, enmarcadas por la historia ficticia de un navegante del siglo XVI y su odisea para recolectar y describir algunos de los objetos más extraños de la naturaleza. He aquí la historia de una expedición fantástica:

En 1535, a solicitud del Rey de España Carlos V, el famoso navegante y aventurero neerlandés Jenkin Van Hout parte hacia el nuevo continente con la consigna de explorar tierras indómitas y traer consigo los objetos más extraordinarios y las criaturas más peculiares que pudiera hallar.

Tras cinco años de difíciles y peligrosas exploraciones por el continente americano, Van Hout regresa al puerto de Veracruz y carga una flotilla de trece navíos con las muestras recolectadas en sus expediciones.

En su camino de regreso a España, una funesta tormenta azota a la flotilla, hundiendo todas las embarcaciones, excepto una. Van Hout sobrevive a bordo de esta última. A su llegada logra presentar los remanentes de la colección recabada al rey y la corte en 1541. Carlos V queda tan asombrado por las maravillas exhibidas, que ordena la inmediata construcción de una sala exclusiva en palacio.

El explorador fallece tan solo unos días después, atacado por una extraña enfermedad que, según registros de Fray Juan de Mejía: “tornó sus piernas en raíces y de su piel brotaron hojas similares a las de un ciruelo, hasta que fue cubierto en totalidad y de él brotaron flores de vívido color”. El cuarto destinado a resguardar el nuevo tesoro de la corte permaneció abierto tan solo unos meses, para luego desaparecer sin dejar registro o mención.

No es sino hasta 1987 que, gracias a ciertas investigaciones realizadas en el Archivo de Indias, y al subsecuente hallazgo de una carta que Carlos V dirigió a su esposa la Reina Isabel de Portugal, el Cuarto Suspiro fue redescubierto. Un fragmento de la misiva reveló su ubicación: “Desde la llegada de las maravillas traídas del Nuevo Mundo, se escuchan al fondo del ala oriente del palacio, donde he construido la sala, voces y susurros en lenguas desconocidas… Estos ruidos inquietan y perturban el alma, y han propiciado que a ese lugar se le conozca ya por el oscuro nombre de Cuarto Suspiro… he ordenado tapiarlo”. Ocultos durante siglos, los insólitos objetos venían acompañados por notas de puño y letra del explorador Van Hout, realizadas durante la expedición.

Estas piezas nos invitan a repensar la evolución histórica de nuestro pensamiento, inspiran y despiertan nuestra imaginación, nos motivan a seguir creando, explorando y descubriendo el mundo en el que vivimos, y a reflexionar sobre la relación que guardamos con los seres que habitan en él.

CEÑIR EL PARAÍSO: LA COLECCIÓN DE TONY Y ROGER JOHNSTON

Tony y Roger llegaron a la Ciudad de México en 1968, y se enamoraron de nuestro país. Acá vivieron durante quince años y acá crecieron sus tres hijas. La vocación de Tony como escritora de libros para niños y la profesión de Roger como banquero les permitieron conocer a varios devotos del arte y las tradiciones populares. La joven familia viajó a muchos lugares remotos y atestiguó los cambios dramáticos en la vida de los pueblos indígenas durante ese periodo. En uno de sus primeros viajes, adquirieron una faja que visten las mujeres de Cuetzalan en la Sierra Norte de Puebla, adornada en un extremo con lana de colores encendidos. De regreso en la ciudad, un amigo de Roger opinó que semejante tejido luciría bien sobre la tapa del WC. Indignados por ese comentario, y alentados por conocedores del arte textil como Irmgard Johnson, Ruth Lechuga y Donald Cordry, Tony y Roger comenzaron a reunir una muestra de las fajas y los ceñidores de todo México. Así nació la colección que Tony donó al MTO en 2017, y que ahora exhibimos como un homenaje a la visión y la generosidad de ella y de su finado esposo.

Entusiasmados por la belleza de los textiles que iban encontrando desde la Sierra Tarahumara en Chihuahua hasta los Altos de Chiapas, la colección fue creciendo año con año. Roger era particularmente perseverante y logró convencer a muchas personas para que le vendieran ejemplos sobresalientes, algunos de ellos en uso, otros guardados como recuerdos familiares. Habiendo cubierto la mayor parte del país, los Johnston ampliaron la mira y empezaron a adquirir fajas, ceñidores y cintas para el cabello en Guatemala. De manera paralela, incorporaron a su colección prendas análogas de la gente hopi y navajo del suroeste de Estados Unidos, y también bandas ceremoniales tejidas por los pueblos originarios de la región de los Grandes Lagos en el sureste de Canadá, completando de esa manera un acervo excepcional, representativo de toda América del Norte. La institución financiera donde laboraba Roger lo envió a La Paz, en Bolivia, así inició una nueva fase en la vida de la familia y así surgió un segundo núcleo de la colección, tan rico y tan variado como lo que habían reunido en México.

En la región andina, Toni y Roger explayaron su talento como amantes consumados de los textiles. A principios de los años 1980, recién llegados ellos a Bolivia, se daban a conocer los tejidos excelsos que varias comunidades aymaras del altiplano habían conservado durante cien o doscientos años. En esas fechas algunas familias decidieron vender parte de su legado y los Johnston pudieron comprar ponchos, awayos (capas de mujer) y otras prendas ceremoniales, además de las fajas maravillosas que los seguían fascinando. Viviendo en La Paz, emprendieron viajes a Perú, Ecuador y Chile, donde encontraron ejemplos adicionales, buscando siempre tejidos de excelencia. Años después, cuando la familia regresó a California, llevaba consigo una colección extensa y magnífica de fajas y ceñidores de toda América. Hasta donde sabemos, no hay otra que se compare a ella en manos privadas o museo alguno.

Siempre inquieto, Roger se lanzó posteriormente a Bután, donde reunió un último conjunto de fajas, complementando las que Tony y él habían conseguido del sur de China, Indonesia, el centro de Asia, Turquía y Marruecos. En 2016, segada la vida de Roger en un accidente de esquí, deporte que lo apasionaba, Tony tomó la decisión de donar el acervo entero a este museo, sumando casi mil piezas. Cuando conocimos sus textiles en su hermosa casa de San Marino, cerca de Los Ángeles, amueblada con armarios antiguos mexicanos y baúles oaxaqueños, con obra plástica de Francisco Toledo –y de otros artistas contemporáneos– colgando sobre las paredes, sentimos que entrábamos en una esfera íntima llena de amor a nuestra cultura. Nos conmovió mucho percibir la sensibilidad con la que Tony y Roger reunieron cientos de obras maestras del arte textil durante más de cuarenta años. Admirando pieza tras pieza por varios días, la riqueza de los matices y la vitalidad de las figuras tejidas nos remitieron con fuerza a las imágenes que uno como niño se forma del jardín del edén. Al donarnos su colección, la familia Johnston hereda a Oaxaca su esfuerzo, su cariño y su visión del paraíso.

UN MUSEO PARTICIPATIVO, DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS

Los museos están llamados a valorar la diversidad cultural como un elemento esencial para la sociedad. A través del diálogo se puede dar un encuentro, un intercambio y una reflexión comunitaria. Como cada año, el Consejo Internacional de Museos (ICOM, por sus siglas en inglés) eligió una temática para celebrar el Día Internacional de los Museos. En esta ocasión, bajo el tema “Los museos como ejes culturales: El futuro de la tradición”, el MTO participó abriendo un foro de discusión para invitar al público a la reflexión y al diálogo.

Arquitectura tradicional, innovación, arte, artesanía y arte popular; fueron los temas que se abordaron en la serie de charlas organizadas por el Museo. Juan José Santibáñez, quien participó con el equipo interdisciplinario en la creación del MTO, reflexionó cómo en el siglo XX la arquitectura ha sido representada por las máquinas y por las grandes proezas arquitectónicas; sin embargo, para este siglo XXI la arquitectura del futuro será concebida como aquella que sostenga una estrecha relación con la naturaleza y que, incluso, pueda contribuir a frenar el deterioro de la ecología con soluciones inspiradas en formas tradicionales de construcción.

¿Es la innovación el camino para preservar el patrimonio textil? Con esta pregunta se dio paso a una discusión entre Miriam Campos, Tamara Rivas, Tito Mendoza y Jan Cristhian Ferrer, artistas textiles de Oaxaca y el Estado de México. Para los propios artistas, su actividad textil continúa viva y en constante transformación, a pesar de que mucho del saber se ha perdido. Como ellos comentan, la innovación sí les ha permitido preservar su tradición textil, motivándose a reinventarse y buscando nuevas áreas de oportunidad. Si bien los procesos colaborativos con diseñadores textiles no son prácticas nuevas, han sido una herramienta que han tomado para preservar su patrimonio, siempre y cuando exista el respeto, la sensibilidad y el reconocimiento a su trabajo. Abigail Mendoza, Tajëëw Díaz, Remigio Mestas y Carlomagno Pedro fueron los invitados para dialogar y repensar cómo los conceptos de arte, artesanía y arte popular han sido construidos ideológicamente a lo largo del tiempo. Iniciando el debate, Alejandro de Ávila, moderador de la charla, cita una frase extraída de la obra Los privilegios de la vista, de Octavio Paz: “El arte popular, por constituir un estilo tradicional sin interrupciones ni cambios creadores, no es arte, si se emplea esta palabra de una manera estricta”.

Partiendo de esta aseveración, Carlomagno Pedro, director del Museo Estatal de Arte Popular de Oaxaca, considera que hoy en día cualquier objeto elaborado manualmente, de manera tradicional y con fines utilitarios y/o decorativos, es visto como mera artesanía. Además de dar por hecho que un objeto elaborado por un artesano y que es expuesto en un museo, es considerado como arte popular, pero no arte como tal. Arte, artesanía y arte popular parecen ser la misma cosa, pero su significado también ha ido cambiando de acuerdo con los discursos oficiales que se han elaborado, y por los múltiples espacios ocupados a lo largo de la historia.

El concepto de “arte popular” en México, como lo menciona Tajëëw Díaz, del Colegio Mixe, ha sido un término usado para nombrar a las expresiones culturales producidas por un determinado segmento social. Este arte popular es el “tipo” de arte producido por las comunidades, y tiene una contundente presencia en la vida social. Sin embargo, pese al transcurso del tiempo, todavía se sigue viendo y considerando a este tipo de manifestaciones como arte popular, por tener una raíz indígena.

Al término de la charla no se llegó a una conclusión en particular, al contrario, surgen muchas dudas al respecto, pero se invita a reflexionar sobre el modo en que los conocimientos han sido transmitidos y enseñados en las comunidades. Así será posible repensar algunos términos asentados sobre el tema, a fin de construir miradas más cuidadosas y críticas al respecto.

RECONSTRUIR EL TEJIDO SOCIAL

Después de varios meses de esfuerzo, los edificios “Casa del Pueblo El Centenario” y “Casa Guietiqui”, ubicados respectivamente en Asunción Ixtaltepec y Santo Domingo Tehuantepec, culminaron su restauración en los primeros días de abril para regeneración y fortalecimiento de la cultura.

El día catorce de abril de 2019, los presidentes y la directora general de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca se encontraban en el Istmo de Tehuantepec para realizar la inauguración y entrega del “Mercado 5 de septiembre” de Juchitán de Zaragoza –dañado por los sismos de septiembre de 2017–, junto con importantes empresarios que colaboraron en una obra que beneficia a más de 35 000 personas. La FAHHO fue partícipe de esta iniciativa de recuperación, pues el objetivo claro de reactivar la economía de las familias continúa siendo una de sus premisas durante la reconstrucción y fortalecimiento en los municipios afectados por los sismos. Tal es el caso de Santo Domingo Tehuantepec y Asunción Ixtaltepec, en donde la Fundación ha puesto gran empeño, junto con las autoridades municipales, para regenerar el tejido social.

El día de la inauguración, María Isabel Grañén Porrúa, Alfredo Harp Helú y Araceli Vergara Tapia destinaron un tiempo exclusivamente para constatar y supervisar que la restauración de dos importantes inmuebles había culminado; para Ixtaltepec, la llamada “Casa del Pueblo El Centenario”, y para Tehuantepec la “Casa Guietiqui”. Acompañados del equipo del Taller de Restauración FAHHO, recorrieron los vestíbulos, pasillos y salas de ambos edificios. La visita les permitió constatar la finalización de los trabajos de restauración de los dos inmuebles destinados para la regeneración y fortalecimiento de la cultura, mismos que habían sido visitados en repetidas ocasiones. En la visita más importante, realizada en el año 2017, se comprometieron con la gente a restaurarlos.

En Asunción Ixtaltepec, la “Casa del Pueblo El Centenario”, un inmueble destinado para biblioteca y auditorio, si bien el estilo clasicista domina con su frontón triangular, resulta aún más impactante el cambio y las mejoras realizadas en el interior del espacio, dotado de mobiliario, instalaciones y equipo para continuar recibiendo nuevamente a quienes gustan de la lectura, de una proyección o simplemente de un espacio para poder realizar sus tareas o disfrutar de los árboles que se plantaron para refrescar y dotar de calidez el espacio.

En Santo Domingo Tehuantepec visitaron la “Casa Guietiqui”, espacio que se alista para ser el hogar de la cultura zapoteca. La recuperación de este espacio ha significado todo un gran reto ante las transformaciones de las que el inmueble había sido parte, entre las más graves las ocasionadas por la incorporación de elementos constructivos contemporáneos dentro del sistema constructivo tradicional, motivo por el cual el inmueble fue objeto de análisis estructurales y de reforzamiento para brindar nueva vida al espacio, ya que se encuentra por debajo de los requerimientos mínimos de seguridad que necesita para continuar albergando al Centro de Desarrollo Infantil que ahí se encontraba y que ha sido reubicado, mejorando sus condiciones.

ALMÁCIGO

Francisco Hipólito Nuñez
San Dionisio Ocotepec, Bic 26

El sol los acompaña
derramando lágrimas, sudores, gritos desgarrantes
sobre un enorme trozo de arena seca
donde sólo encuentras cadáveres decapitados
con el terror grabado en sus rostros.

Por la noche la luna derrama lágrimas
al ritmo de la música, de grillos de horror y llanto
frente a los ojos llenos de lágrimas
de sus pequeños hijos que saben que mamá ya no estará con ellos
y que ahora les aporta un futuro de mierda sufriendo solos
mientras sus verdugos sueltan carcajadas burlonas y los persiguen
como perros tras un trozo de carne.

HÉROES DE LA TRADICIÓN: ALFARERÍA RUFI

En la exhacienda de Santa Rosa, de la ciudad de Oaxaca, existe un taller alfarero que se resiste a desaparecer. Su marca registrada es Alfarería Rufi, en honor a Libia Rufina Luis Revilla, quien junto con su marido Mateo Hernández Santiago han formado a jóvenes alfareros, elaborando loza contemporánea, preservando la técnica tradicional.

Alfarería Rufi abre las puertas de su taller para mostrar su historia por medio de la innovadora loza que elaboran. El recorrido es provocador, el maestro Mateo va platicando sobre ese Oaxaca desconocido para algunos, donde había más de cincuenta talleres alfareros repartidos por el centro de la ciudad. Con preocupación afirma que en su ramo quedan sólo cuatro alfarerías. Recuerda cuando se mandaban miles de lozas de distintas calidades a todo México. Relata que entonces no se usaba papel, se envolvía con hoja de plátano y se amortiguaba con pasto en canastos de carrizo.

Todo lo va contando mientras muestra dos hornos de gas, tornos grandes, “arañas” para apilar piezas durante la quema. Pareciera un taller industrial, las piezas salen perfectas, pero no existe ningún molde en todo el taller; hay un joven tornero dándole acabado a unos vasos, y otros dos jóvenes esmaltando piezas, con colores radiantes y libres de plomo.

El taller tiene un salón grande, donde se están secando cientos de piezas antes de ser esmaltadas, todas del mismo tamaño. No hay ningún defecto, parecen hechas por máquinas. En un rincón hay tazones “chocolateros” tradicionales, que llevan pintadas unas flores como margaritas. Los choca entre ellos y suenan como si fuera una campana. Son inquebrantables. Explicó que esos tazones son tradicionales, y que no hacen más por la competencia con los precios. Al usar horno de gas y esmaltes de mejor calidad, se incrementa hasta tres veces el costo de esas piezas, en comparación con las que se encuentran en los mercados de Oaxaca. Cuando iniciaron, quemaban en horno de leña y sólo hacían esta loza tradicional. Doña Rufi era decoradora y don Mateo tornero. Hacían “loza chorreada”, se llamaba así porque usaban óxido de plomo y al momento de la cocción se escurría por fuera. Hacían hasta cincuenta gruesas (doce docenas) en doce días. Antes no se usaba el plástico y menos el unicel, por ello el apogeo de la alfarería oaxaqueña.

Al fondo hay una habitación que funciona como tienda, donde tienen exhibidas las piezas terminadas, ahí contaron más sobre su andar en la cerámica. Rufina y Mateo se conocieron en el taller del señor Felipe Jiménez, y fue en 1976 cuando decidieron formar una familia. Dos años después emprendieron con su propio taller alfarero. Ahí empezó la aventura de descubrir el mundo de la cerámica, partiendo de la tradición alfarera. Rufina narra que ella difundió el trabajo del decorado de margarita: “Es un poco difícil pintar la margarita, pero con dedicación y esmero nada es imposible. En ese tiempo me daban un peso por cada gruesa de loza que pintaba, con eso era suficiente porque el dinero valía. Ganaba quince pesos diarios, era mucho dinero. Tenía la habilidad de decorar diez gruesas en un día”, recuerda Rufina, la decoradora.

Don Mateo refirió que fue en 1992 cuando conocieron los esmaltes, y fue cuando cambiaron el óxido de plomo por los esmaltes sin plomo, pero fue una etapa difícil, porque la gente no estaba acostumbrada a ese tipo de loza. Sin embargo, llegaron a contratar hasta diez jóvenes torneros, que trabajaban y estudiaban. “Siempre me ha gustado dar clases, mi mayor ilusión y esperanza es dejar una semilla sembrada en jóvenes, que aprendan el oficio, es algo que queda para siempre. Yo aprendí sin un maestro, ojalá alguien me hubiera dicho cómo hacerlo”, asegura Mateo, quien también se considera el alfarero más viejo de la ciudad de Oaxaca. “La idea y las ganas siempre estarán. Aunque ya nos dejó el camión, mi viejo se siente joven y con ánimo de enseñar a los jóvenes para que no se pierda esta tradición alfarera”, concluye doña Rufi. Apoyemos a estos héroes de la tradición alfarera, visitando su taller para adquirir una loza moderna, llena de tradición.

REGISTRO FOTOGRÁFICO COMO PARTE DE LA PRESERVACIÓN DEL PATRIMONIO DOCUMENTAL

El acervo compuesto por documentos históricos y libros antiguos como parte del patrimonio cultural de un país, estado o municipio, con el paso del tiempo sufre deterioro en su soporte físico. Puede ocurrir por antigüedad, ataques de agentes biológicos o medio ambiente inadecuado, falta de atención apropiada o problemas de almacenamiento, por mencionar algunos factores; esto conlleva la pérdida de la información plasmada. Es por ello que surge la necesidad de rescatar la memoria histórica usando métodos que ayuden a la preservación de la documentación. Una de las técnicas para preservar el acervo es la digitalización, la cual pretende que la información sea recuperable a lo largo del tiempo, perdure y esté disponible. La digitalización se puede realizar mediante un escáner o una cámara digital.

En algunas ocasiones es complicado trasladar un escáner adecuado o de calidad, ya sea por la lejanía del lugar o por el tamaño del aparato. En el trabajo de campo, la manera más práctica es la utilización de una cámara digital y un trípode, que son herramientas universales para realizar la digitalización documental.

El registro fotográfico juega un papel importante en la preservación, ya que por medio de la imagen se puede obtener una réplica legible del texto y de la información plasmada. Teniendo capturada la imagen es fácil de trasladar en una memoria o un disco, para manipular y consultar información desde un medio tecnológico.

ADABI Oaxaca, en la tarea de organizar los archivos, identifica y selecciona la documentación relevante que aporte datos a la historia de la comunidad. El registro fotográfico apoya a la preservación de los documentos de aquellas comunidades que no cuentan con los recursos monetarios para contratar una empresa que realice la digitalización de su memoria histórica.

Algunos de los documentos relevantes que se han identificado durante el trabajo de rescate y organización en el estado de Oaxaca son positivos ejemplos en los que se recupera la información para conservarla, preservarla y difundirla: Archivo municipal de Teococuilco de Marcos Pérez. Un documento que data del año 1641 acerca de una licencia para el uso de un molino de agua de la población Archivo municipal de Santiago Lalopa. Expedientes datados de los años 1701, sobre límites entre Santiago Lalopa y San Juan Yaheé, incluye dos testamentos, uno en zapoteco, de 1709 Santiago Lalopa. Títulos de terrenos que contienen dos documentos en zapoteco Archivo Histórico de la Alcaldía de San Pablo Huixtepec, documentos de 1708. Testificación de las partes de los pueblos de San Bernardo, San Pablo Huixtepec y San Lorenzo Zimatlán para determinar los límites y las tierras de pueblo.

Gracias al registro fotográfico, estos documentos antiguos que se han identificado dentro de todo el acervo serán preservados y, en algún momento, difundidos por la propia comunidad.

Los archivos han sufrido descuido y desatención, en ellos se albergan documentos de carácter único. Los encargados de custodiarlos tienen la responsabilidad de preservarlos y buscar herramientas y técnicas para que no sigan deteriorándose. De ahí que se deba aprovechar la tecnología para preservar la memoria histórica de nuestro estado de manera regulada, y promover la conciencia sobre el uso responsable de los documentos que seguirán siendo consultados por las futuras generaciones.

MALICIA LITERARIA: PARA ESCRIBIR NUEVAS HISTORIAS, UN MEZCAL

Quien se hace dueño de su palabra no necesita amo ni requiere esclavo.
Raquel Olvera

El 25 de abril de 2019, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca acogió a Raquel Olvera, prolífica escritora poblana, a sus entusiastas alumnos de escritura y a los invitados a vivir la presentación del libro Malicia literaria. Cuentistas Oaxaqueños. Era una tarde especial y el viento lo sabía. Por ello contribuyó desprendiendo las flores de las bugambilias para que cayeran como una lluvia de color que anuncia la celebración de ver reconocida la dedicación de catorce escritores durante más de dos años.

La FAHHO, a través de la Coordinación de Proyectos Educativos y Culturales y del programa Seguimos Leyendo, ofrece a sus lectores voluntarios y a los padres de familia del Colegio La Salle Oaxaca el Diplomado en Promoción y Estrategias Lectoras, con validez de la Universidad La Salle Oaxaca. Raquel Olvera es docente en dicho diplomado y fue quien inspiró a los autores a escribir. Al inicio, en las sesiones de escritura del diplomado se dieron los frutos. Posteriormente los alumnos gestionaron de manera independiente la continuidad de su proceso creador, con la antología de cuentos que hoy nos hace disfrutar de la creatividad y diversidad de sus historias.

Y qué tino para elegir el título: Malicia literaria. Esa sagacidad para que una historia, que podría ser ordinaria, muestre sus sutilezas. ¿Malicia literaria? Sí; demostrada esa tarde por los autores que leyeron solo extractos de sus cuentos y nos generaron esa curiosidad casi obscena por querer conocer la historia completa. Al final del evento, al invitarnos a degustar de una copita de mezcal o de un vaso de agua de horchata con tuna de Casilda, y propiciar con ello un encuentro más íntimo, donde con seguridad los escritores habrán obtenido nuevas ideas para sus próximas historias, fue cuando los escritores y la maestra Raquel Olvera pudieron sentir nuestro amor y nuestra admiración.

GUILLERMO OLGUÍN: FUGAS GEOGRÁFICAS

Guillermo Olguín es uno de los artistas oaxaqueños más destacados de hoy en día. Actualmente, reside y trabaja tanto en Oaxaca como en la ciudad de Nueva York. Realizó sus estudios profesionales en Cornish School of Arts en Seattle, Washington, Estados Unidos, y más adelante el posgrado en la Academia de Arte de Budapest, Hungría. Su obra ha sido exhibida tanto individual como colectivamente en más de treinta exposiciones en países como México, Estados Unidos, Hungría, Cuba, Paraguay, Brasil, Argentina, Alemania, Italia, Reino Unido, Portugal, España, Francia, Finlandia y Japón.

Su exposición Fugas Geográficas se presenta en el Centro Cultural San Pablo desde el 16 de junio. Fugas geográficas tiene como objetivo mostrar la transformación que ha vivido el artista a través de sus viajes.

Y como afirma Fernando Lobo: “El traslado de una geografía a otra es, simultáneamente, encuentro, fuga, expedición, descubrimiento, retorno. No importa cuántas veces lo haga uno, preparar las maletas resulta una experiencia trascendental. Las maletas de Guillermo Olguín, entre otras cosas, llevan óleo y pinceles. En el equipaje también puede ir un ejemplar de Incidentes de viajes a Centroamérica, Chiapas y Yucatán, ilustrado por Frederick Catherwood, o La isla de Bali, con imágenes de Miguel Covarrubias. Para el artista, los libros de viaje son parte de la expedición. La serie es un anecdotario, un registro de aquello que contempla el artista viajero, ya sea real o imaginario, en cada sitio visitado. Los trazos de Olguín hacen que la experiencia vivida se desplace al terreno de lo fantástico. La serie es, en cierto sentido, un libro de viajes”.

JUEGO DE LAS ESTRELLAS

A tres meses de su apertura, el Estadio Alfredo Harp Helú se preparaba para otro evento de gran magnitud: la edición 87 del Juego de Estrellas de la Liga Mexicana de Beisbol. El duelo entre los mejores y más carismáticos jugadores del verano marcaría apenas la cuarta ocasión que un escenario que, apenas al abrir sus puertas, recibe el duelo también conocido como “Clásico de Media Temporada”. La nueva casa del rey de los deportes en la Ciudad de México se unió al Parque Deportivo del Seguro Social, al Estadio Adolfo López Mateos de Reynosa y al Kukulcán de Mérida.

A diferencia de los escenarios anteriores, el Paraíso de los Diablos Rojos del México tuvo un propósito enorme: Mantener el creciente entusiasmo por el beisbol entre los habitantes de la capital del país, que, de acuerdo con los números, no se veía desde hace décadas, quitando los juegos inaugurales y de postemporada de la Pandilla Escarlata. Fue espectacular observar la entrega de los jugadores ante una afición que no se guardó ni un decibel de emoción durante los nueve o más episodios de la batalla, más allá del equipo que apoyaron.

El equipo de la Zona Sur pudo contar con la preferencia de los asistentes debido a la ubicación de Diablos Rojos y Guerreros de Oaxaca en esa división. El escuadrón sureño contó con la garra de Sergio Omar Gastélum en la estrategia, comandando a figuras como Erick Rodríguez, Ruddy Acosta y Erick Casillas de su tropa bélica, lo mismo que Jorge Cantú, David Vidal, Emmanuel Ávila, Juan Carlos Gamboa, Japhet Amador, Jesús Fabela, Arturo López y Nathanael Santiago de la novena escarlata, contra quienes habían luchado la temporada anterior por un lugar en la Serie del Rey, y ahora hicieron frente común.

La parte mágica del Juego de Estrellas radica en que, por una vez en la temporada, la afición por el beisbol se ve como una familia, aquí caben todos: los rojos, los verdes, los azules o del color que sea, el propósito es demostrar que la pelota vive y late con pasión desenfrenada.

En una época en donde no hay mucho que guardar, las comodidades que ofrece el Estadio Alfredo Harp se conocen de sobra. Cientos de aficionados disfrutaron del encuentro y de las actividades alternas recorriendo los pasillos del inmueble, que lo mismo consiente la vista con sus obras de arte, que invita a la tradicional selfie en sus enormes gorras o pelotas conmemorativas, sin pasar por alto la foto en el “Diablito” del maestro Sergio Hernández, que se ha convertido en el ícono del Diamante de Fuego.

Para los amantes de la potencia, el Derby de Home Runs resultó un manjar imperdible. La fuerza de los cañoneros seleccionados, más la combinación de una pelota muy viva y la altura de la Ciudad de México montaron un show espectacular, cuyo vencedor fue el portoriqueño Danny Ortiz, de los Pericos de Puebla. En la prueba de poder también participaron el estadounidense Alonzo Harris de Oaxaca y Japhet Amador del México.

Fue muy emotivo que durante el desarrollo del encuentro, Humberto Saiz y Francisco Campos recibieron reconocimientos por sus trayectorias. El “Lobito” Saiz debutó como umpire en 1982 y cuenta con un recorrido que incluye 25 series finales. En el caso de “Pancho Ponches”, se encuentra en su temporada de despedida, muy cerca de los 200 triunfos en una brillante carrera que le tiene reservado un pase automático al Salón de la Fama.

La Zona Norte se impuso a la Zona Sur por pizarra de 11 carreras a 6. El Estadio Alfredo Harp ya demostró que cada semana crecen sus atributos, los aficionados le pusieron música y color al gran evento y, por si fuera poco, el Juego de Estrellas fue el mejor de todos los tiempos.

CUADRANGULAR EN COYOTEPEC

Los festejos por el décimo aniversario de la Academia Alfredo Harp Helú continuaron del 11 al 14 de junio, con la celebración de un cuadrangular internacional en las instalaciones de San Bartolo Coyotepec.

La competencia fue todo un reto para los jóvenes que representarán a la Academia, tomando en cuenta que además de ser los anfitriones, sus rivales conformaron rosters muy fuertes, quizá con mayor experiencia a la hora de jugar juntos.

Equipos de San Diego y Oregon aceptaron la invitación para unirse a una selección de Oaxaca y redondear a los cuatro participantes, que tuvieron la enorme motivación de que cada encuentro fue seguido muy de cerca por buscadores de Grandes Ligas.

El equipo de casa fue integrado por 22 elementos que habían dejado el alma en cada entrenamiento, bajo la supervisión de cada uno de los coaches y staff de apoyo. En la final del torneo, San Diego se impuso a Oregon. El equipo ganador se llevó una magnífica obra en barro bruñido del maestro José Luis García. El trofeo es una pieza irrepetible, como sus recientes murales en el nuevo estadio Alfredo Harp.

REMEMBRANZA EN HILOS

La tercera edad llega con la oportunidad de disfrutar del tiempo libre como nunca se había podido hacer. En esta etapa el ser humano reflexiona sobre lo que ha logrado en su trayectoria de vida, proceso ligado a las ventajas adquiridas con los años, como la experiencia, mayor concentración, objetividad, bajos niveles de estrés, mayores habilidades sociales, mejor perspectiva y conocimiento de sí mismo.

En 2018, consciente de la retroalimentación que puede haber con este grupo de la sociedad, el Museo Textil de Oaxaca comenzó un programa dirigido exclusivamente a los adultos mayores, con el objetivo de fomentar su creatividad y capacidades artísticas, así como contribuir a su estado de ánimo y promover la agrupación social. Durante los talleres se comparten experiencias, como comenta Elvia Vargas: “El taller me ayudó a recordar mi niñez al lado de mis hermanos, y he podido limpiar el alma”. Los participantes recuerdan los mejores momentos de su niñez y juventud, incluso comparten sus pérdidas, y, con el apoyo del grupo, su pesar es menor.

Silvia Aguilar Maldonado, quien es una participante recurrente en los talleres del MTO, es profesora jubilada de educación primaria con especialidad en psicología educativa y orientación vocacional. Ella nos ha expresado su sentir y la forma en que ha canalizado sus emociones durante los talleres: “Para mí los talleres fueron una salida de la vida que estaba llevando. Soy jubilada, mis hijos se fueron a trabajar a otro lado, me afectó mucho la ida de mis hijos y estaba en la casa no queriendo salir; pero Gloria mi amiga, un día llegó y me dijo: ‘Vámonos al taller porque ya estás inscrita’. Para mí, venir al taller es la luz que me hacía falta para tener algo donde expresar todo lo que traigo dentro; algunas [cosas] ya las saqué, fui a terapia y otras todavía siguen allí. Con el bordado y con todo esto es una maravilla, es un trabajo que está haciendo el Museo que para mí es excelente y con los talleres que he llevado he aprendido cosas increíbles”.

El aprendizaje continuo y el compartir experiencias motiva a los adultos mayores a disfrutar de estas actividades, por lo que mes con mes se reúnen para tener un momento de esparcimiento, diversión y sorpresa al terminar sus proyectos e incluso lograr un nuevo círculo de amistades. Cada rincón del Museo Textil de Oaxaca se llena de vida con los participantes en los diferentes talleres; la sonrisa de los más pequeños, el entusiasmo de jóvenes, la avidez de los adultos y la experiencia de los adultos mayores enriquecen cada día las actividades en este espacio dedicado al arte textil.

LOS PRIMEROS LECTORES, LUDICIDAD Y ARTE

NUEVO DIPLOMADO DE LA FAHHO-ULSA

Desde hace casi veinte años, la Fundación Alfredo Harp Helú ara y prepara el terreno sin prisa y sin pausa en el estado de Oaxaca. Hay flores y frutos que olemos y disfrutamos en este andar por las regiones de Oaxaca. Una de las líneas de acción prioritaria es la educación. Para don Alfredo el factor educación es determinante para que nuestro México sea un mejor y más habitable lugar.

Las rutas de las bibliotecas móviles, las Bibliotecas infantiles BS, la Biblioteca Henestrosa, el programa de Lectores Voluntarios Seguimos leyendo, entre muchas otras luces de esperanza, nos dan señales de qué está sucediendo en Oaxaca. Desde hace ya casi seis años, la Fundación ha creído en la bondad de contribuir con la formación humana y lo hace mediante programas de diplomados acreditados por una institución académica comprometida: la Universidad La Salle Oaxaca.

En este ciclo 2019-2020, retorna el estudio y la dedicación para acercarnos a los primeros lectores, a la población de 0 a 6 años. Setenta alumnos podrán recibir, mediante una beca del 100%, formación relacionada con el intercambio consolidado de experiencias, reflexiones, aprendizajes, aportaciones y todo lo que pueda nutrir el proceso para contemplar el trabajo cultural con la primera infancia, como lo dice Daniel Goldin: “como una acción que incide no sólo en el desarrollo de los pequeños, sino en la reestructuración de los adultos ligados a él”.

La primera infancia está unida al desarrollo psíquico, social y afectivo de los menores. Este programa académico impulsa desde la literatura, el juego y el arte, la atención a los ritmos, deseos y desarrollos de cada individuo, para con ello multiplicar las posibilidades de convertirse en sujetos autónomos capaces de lidiar con la complejidad del mundo, como lo menciona Marie Bonnafé.

Esta experiencia, única en su género, inicia en septiembre de 2019 y, durante diez meses, la intención es que propicie muchas experiencias placenteras, tanto a los adultos como a los más pequeños, en las que el juego, la música, la plástica, el teatro y la literatura nos ayuden a renunciar al paradigma de enseñar, y mejor convertirnos todos en aprendices.

Interesados escribir a: contacto@seguimosleyendo. org

JOSÉ MOLINA, UN INCESANTE PROMOTOR DE POESÍA EN OAXACA

allá
una flauta rota
la frágil
espiga
que
sostiene a
la rosa
José Molina

Hace 20 años vi unos cartelitos en la pared, en los que se anunciaba un taller en el IAGO sobre las vanguardias latinoamericanas, impartido por José Molina. No pude asistir –ya estaba inscrita en un taller de periodismo a la misma hora–, pero despertó mi curiosidad el contenido del curso y me preguntaba quién sería ese escritor. Más tarde, una colega en común nos presentaría. José se volvió parte de ese grupo de amigos que solíamos conversar en una terraza cerca de las cúpulas de la Soledad.

Molina nació en Guanajuato en 1975, pero desde 1999 vivió en Oaxaca; poeta, traductor, investigador, profesor, licenciado en Letras por la Universidad Iberoamericana, maestro en Literatura Portuguesa por la Universidad de Massachusets y doctor en Traducción de Poesía en inglés y portugués por la Université de Perpignan Via Domitu, con la tesis Poetic in Translation: “Make it New” by Ezra Pound and “Transcreation” by Haroldo de Campos. Admiraba a esos dos grandes poetas y traductores literarios que siempre citaba en sus conferencias o clases, eran sus pilares en su labor poética y didáctica.

José se destacó por impulsar la poesía en Oaxaca, ofreció un sinnúmero de talleres, desde ese primer taller sobre las vanguardias en el IAGO hasta los más recientes que impartió en la Biblioteca Henestrosa, en la sala que ahora lleva su nombre: “Creación de poesía”, “Ciertos andamiajes del poema”, “I love E-poetry”, “Para Chile con amor”. Además, con frecuencia invitaba a poetas tanto de la Ciudad de México como de Chile, y a editoriales, como MaNgOs de HaChA y Matadero, entre algunas más. Él organizó, en varias ocasiones, la visita de Hugo Gola, por lo mismo, conocimos la revista El poeta y su trabajo, una excepcional publicación –en la que no solo se exponen diversas propuestas del lenguaje, sino traducciones, entrevistas, ensayos sobre el oficio, así como muestras de arte plástico– que se volvió un referente para la comunidad de poetas.

José tenía mucho conocimiento y contactos, así como el afán de compartir con la gente de Oaxaca todo lo relacionado a la poesía, lo que más le importaba. Nos dejó mucho. Siempre estará presente cuando hablemos de poesía y de traducción. Sin embargo, extrañamos su generosa presencia, su voz ronca cuando hablaba de la literatura que le conmovía, su ligereza que se reflejaba en sus sandalias brasileñas, su tono casual que veíamos en camiseta y en bermudas, pero, sobre todo, su abrazo de colega.

Gracias, amigo mío, por todos los libros.

BÁSICOS ANDARES

Entre los planes que el Laboratorio de Diseño se ha propuesto implementar en este 2019, se encuentra el desarrollo de productos partiendo de necesidades y planteamientos generados desde el mismo laboratorio, con la información recopilada por estos dos años de trabajo en Andares del Arte Popular. Productos que además son el resultado de la interacción cotidiana que tenemos con los clientes, entendiendo qué quieren, o qué podemos ofrecerles para completar su experiencia en la tienda y en Oaxaca.

Planteamos así los Básicos Andares, que son sets de productos más fáciles para los clientes, y decimos fáciles porque son conceptualizados desde el Laboratorio, que cumplen funciones específicas, que tienen una relación entre sí y que además cuentan con personalidad propia.

Esta primera entrega de básicos parte del interés de trabajar con texturas minerales, y de utilizar la piedra para la fabricación de utilitarios, que no es nuevo, pero es un área de oportunidad para Andares.

El proceso que seguimos para la realización de este primer set fue decidir los utilitarios que desarrollaríamos. Se decidió que fueran una jarra pequeña, un par de vasos, una base para alimentos, agitadores, untadores, y además un par de servilletas. Todo esto evaluando el interés comercial. Tuvimos después que decidir de qué material o que técnica se usaría para fabricar cada elemento, y es así como se pudo distribuir de la siguiente manera:

Jarra y vasos de barro esmaltado: Taller Coatlicue con la Mtra. Ana María Alarzón, de Santa María Atzompa.
Agitadores y untadores: Maestro Bernardino Luis, de Santa Cecilia Jalieza.
Tabla de piedra: Maestros Canteros con el Mtro. Patricio Santiago, de Magdalena Apasco.
Servilletas tejidas en telar de pedales: Taller El Manantial en Pueblo Nuevo.

Técnicamente, planteamos dos requerimientos, el primero, evitar que la jarra tuviera mango o agarradera, que es la parte más frágil de una jarra cuando se transporta, y segundo, que la mayoría de las piezas tuviera alguna relación con minerales, concepto que también tratamos de transmitir gráficamente en las aplicaciones para redes sociales, postales y etiquetas.

Después de esto, el proceso creativo tuvo momentos en los que se propusieron piezas con juegos formales, texturas para mejorar la ergonomía, dimensiones varias y además que tuvieran también relación con una técnica en barro que consiste en generar cortes con cuchillas y gubias, generando una textura interesante.

Tuvimos encuentros con los artesanos que están fabricando las piezas, para evaluar posibilidades, estudiar cambios y, en equipo, establecer los detalles de los prototipos y la producción.

Estamos trabajando en generar diferentes propuestas durante el año, tenemos la meta de incluir a más artesanos en proyectos que comiencen a abrir camino hacia nuevos mercados y retos, que estamos ansiosos por vivir.

PALABRAS PARA UN LEGADO DE JOSÉ MOLINA

Cuando llegué a Oaxaca, a fines de 2015, conocí más a fondo el mundo literario de la ciudad y el estado. Yo venía de tres años en el DF, y también había pisado allá los espinudos terrenos de la literatura, aunque la Ciudad de México es otro asunto, un asunto que rebasa los veinte millones de personas.

Mi anfitrión en Oaxaca fue el poeta, traductor y maestro José Molina, y su casa pedagógica: la Biblioteca Henestrosa. De hecho vine por seis meses, beca mediante, para dar en esa biblioteca un taller sobre la poesía de Enrique Lihn y Jorge Teillier.

Pepe ya tenía en su haber una alta suma de talleres impartidos principalmente en la Henestrosa, talleres donde el punto central era la poesía, en contraste radical con la forma de entender la poesía, y la literatura en general, de parte de las instituciones y los escritores que circulan por esta preciada comarca. No es difícil mapear Oaxaca en este sentido, pues los caciques son pocos y poderosos. Pero en Pepe había algo diferente, una diferencia que aún hoy subsiste y que impulsó un cambio en la rígida fisonomía literaria de esta región. En contraste con los talleres que buscan enseñar a escribir bien, cuestión noble por donde se le mire, pero donde anida una praxis de pensamiento en torno al acto de escribir que se acopla muy bien a los cánones conservadores que desde el punto de vista estético se unen a los intereses de la moral establecida, la formación que José Molina entregó en sus talleres apuntó siempre a una exploración mucho menos obvia de la literatura.

En el vínculo con las instituciones, muchos escritores nos hemos convertido en lo que desde hace un tiempo se conoce como “el gestor cultural”, devenido microfonista, actor, editor, periodista, chofer, etc., una categoría que emerge dentro de la precarización general de la cultura y del trabajo. No fue el caso específico de Pepe, porque su quehacer como maestro universitario constituía su principal fuente de ingresos, en un contexto académico como el oaxaqueño, que tuvo el privilegio de contar con un profesor formado en México, Estados Unidos y Europa. Y, sin embargo, hizo gestión cultural, teniendo como base la Henestrosa, su casa pedagógico- literaria, ocupándola como sede principal de su prodigalidad e intención promotora. Allí se presentó su maestro de poesía, el argentino Hugo Gola, de quien toma esas raíces firmes de la poesía de vanguardia y de la tradición sudamericana. Allí llevó en diferentes oportunidades a sus amigos de la editorial MaNgOs de HaChA, también heredera del magisterio de Gola. En la Henestrosa se presentó el poeta chileno Tomás Harris, de quien Pepe, junto a Cristian Gómez Olivares, realizó una antología de su obra, que llamaron Los sentidos del viaje (Filodecaballos, 2013). En esa biblioteca, el año pasado presentó a otro poeta de Concepción de Chile: Carlos Cociña.

La imagen de un anfitrión y su casa ilustra de manera precisa lo que José Molina fue en el contexto cultural de Oaxaca. Era alguien ligero que portaba un conocimiento profundo acerca del fenómeno de la poesía. Se movía liviano y en constante ejercicio muscular y lingüístico. La hipertrofia de algunos escritores dedicados a la palabrería seudoerudita y a la construcción de un bien escribir cuyos valores de disciplina y racionalidad parecen estar escritos, a petición del municipio, en los muros mentales de quienes desean escribir en Oaxaca, era la actitud opuesta de José Molina. Su obra es leve, no por exigua, sino por principio, y en ella gravitan los registros del verso experimental, libre, y la traducción, esa faceta indisociable a su figura.

Caligari (2004), Azar (2009), Theatrum rerum (2011), Juno desierta (2011) y Símbolos patrios (2012), sus libros de poesía. Caballo no entra (2017), su artefacto narrativo. Tres tesis universitarias y varias traducciones, del inglés, portugués, italiano y alemán. Algún día repasaremos los carteles que anunciaban un nuevo taller de Pepe en la Henestrosa, pegados en muros y rincones del centro de la ciudad. Reviviremos la intención innovadora de un poeta y un maestro que apreciaba con nitidez la coincidencia, nada fácil, entre territorio y lenguaje aquí en Oaxaca, pequeña comarca babélica en la que José Molina será recordado siempre y de la mejor forma, como alguien que legó conocimiento y amistad por las armas de la poesía.

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