Todo templo cuenta con elementos arquitectónicos propios que hacen de estas edificaciones espacios fácilmente reconocibles. La presencia del mundo místico-animal resulta una práctica común en la historia de las ornamentaciones arquitectónicas registradas desde el desarrollo de las primeras civilizaciones, hasta en la concepción de espacios públicos contemporáneos; contar con una figura mágica que simbolice y proyecte propiedades alusivas a la criatura representada en las fachadas, dota de simbolismo e identidad tanto a la construcción, como a quienes comparten y circulan por sus espacios
Al interior del perímetro que circunscribe a las seis pirámides prehispánicas que forman el cuerpo de la edificación, y poco antes del diamante de pasto y arcilla donde los gladiadores dejan la vida, se encuentra una figura de tez metálica y silueta estilizada que se encarga de dar la bienvenida a todo aquel que se adentre al templo. El Cácher, como lo tituló su creador, Sergio Hernández, se alza como el custodio de estos muros que albergan no solo la pasión y los sueños de los aficionados, sino también las piezas de arte que ilustran y enaltecen la historia de un equipo predestinado a la gloria. Si bien la concepción de esta figura está orientada a la representación de un diablo beisbolista, los aficionados se han encargado de darle significados diferentes al considerarlo, entre otras muchas similitudes, como un venado que funge a manera de amuleto, o “muñeco” en jerga beisbolera, para que los asistentes lo toquen como cábala previa, al inicio de cada juego.
Sin duda, la silueta de bronce con máscara y guante en mano, hipnotiza y provoca a que cualquier invitado interprete su figura y le otorgue un significado casi personal. El hecho de haberlo consensuado como un animal cornado, casi de manera inconsciente, responde a una necesidad de ver una forma familiar, una figura misteriosa. Curioso que la acción haya visto primero en él la imagen del venado antes que la de un diablo.
Ya sea a manera de diablo, quimera o venado, y a la usanza de las ornamentaciones en las fachadas de construcciones místicas, esta escultura alusiva a un ser o animal imaginario, no solo adorna la entrada de la nueva catedral del beisbol mexicano, sino que tiene como atributo simbólico, proteger al estadio, y a quienes siguen su credo de los peligros que atenten contra él. El Cácher es el encargado de salvaguardar la mística del nuevo infierno capitalino, y el elegido de velar por todos los aficionados, dispuestos a encender su pasión por el beisbol.
Clausura del 6.o Diplomado en Promoción y Estrategias Lectoras y Primera Infancia
¿Qué es la vida sino la continua adaptación a las circunstancias? Eso es lo que hemos aprendido de las generaciones pasadas, y pareciera que lo olvidamos por un momento, pero la vida se encargó de recordárnoslo. Así, en medio del confort y la cotidianidad, el año 2020 nos dio una lección: de la noche a la mañana, la humanidad se vio amenazada por una pandemia. ¿Qué era aquello? Hasta eso habíamos olvidado. Habría que aislarse, cuidarse, porque la enfermedad del COVID-19 amenazaba, y sigue amenazando, nuestra vida. Temerosos, obedecimos a los dictados del destino. En los últimos meses, la cotidianidad se transformó totalmente y no nos quedó otro camino: tuvimos que aprender a adaptarnos a las nuevas circunstancias y, algo que parece increíble, entonces apreciamos lo que siempre pensamos que era “normal”. Sin duda, hemos sido afortunados, la tecnología y los medios de información nos permiten enterarnos de la enfermedad que nos amenaza y de los cuidados que debemos tomar. En otras épocas, miles de personas se contagiaron y murieron sin saberlo
El gran reto del 2020 ha sido reinventarnos. En medio de este camino, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y el Colegio y la Universidad La Salle Oaxaca decidimos avanzar en medio de la aparente parálisis, procurando que nadie fuera contagiado por la enfermedad. Llegaron las preguntas: ¿Cómo íbamos a abandonar tantos proyectos y sueños que tenemos en beneficio de la población? ¿Por qué no buscar otras alternativas? ¿Por qué no refugiarse en el mundo interior para poder hacer más humano el mundo? ¿Por qué no compartir con otras personas los momentos más gratos que ofrece la lectura? ¿Cómo contagiar el amor por los libros y las palabras? ¿Cómo hacer saber a los demás que la vida también se vive en las voces grabadas con tinta en las hojas de los libros? ¿Por qué quedarse detenidos ante una iniciativa tan necesaria en estos tiempos empobrecidos por la violencia, el tedio y el aburrimiento?
Habría que reinventarse y buscar nuevas formas de alcanzar la meta deseada. Encontramos la manera de avanzar. La luz se volvió más radiante ante la respuesta animosa al llamado de nuestra invitación. Así, a lo largo de varios meses, logramos nuestra 6.a edición del Diplomado en Promoción y Estrategias Lectoras, con 26 sesiones, de la que hoy egresan 31 alumnos. Además, se abrieron dos grupos en el exitoso Diplomado de Primera Infancia: Cultura, Arte y Educación, con veinticinco sesiones cada uno. Del primer grupo, egresan treintaidós alumnas, todas madres de familia del Colegio La Salle Oaxaca y que ahora saben la importancia del papel que juega una madre lectora en el desarrollo de sus hijos. Del segundo grupo, egresan veintiocho alumnos, la mayoría lectores voluntarios y docentes.
Felicidades a los alumnos por sus trabajos finales con excelentes resultados, esfuerzos y compromisos conjuntos. No se perdió ninguna sesión del diplomado y tanto alumnos como docentes lograron transitar, desde abril, al formato virtual. Nuestro reconocimiento para los organizadores, maestros y alumnos por el esfuerzo para adaptarse a esta nueva realidad.
Quisiera también comentarles que, en Puebla, a través del Colegio Benavente, logramos formar dos grupos más en otro diplomado de promoción en estrategias lectoras.
Emociona saber que el gusto por la lectura puede contagiarse como una pandemia, solo que nuestro virus sana y es amoroso; cunde en el aula, en la calle, en una biblioteca, en el hogar y en los rincones más apartados. Ustedes, egresados de estos diplomados, sabrán despertar en los niños pequeños el amor por los cuentos, las historias, las imágenes y el respeto por los libros, ustedes podrán abrir un universo de cariño y amor en los pequeños. Esta labor es parecida a la de un jardinero que verá crecer sus macetas con ores y su entorno reverdecerá. Cientos de niños serán beneficiados por su esfuerzo y nuestros jardines serán más coloridos.
Clausura del II Diplomado de Promoción y Estrategias Lectoras en La Salle, 2006.
Al margen, un comercial: Estamos por empezar nuevas ediciones, tanto en Oaxaca como en Puebla, ya tenemos casa llena y, el cuarto bat, viene al turno. Así que nuevas experiencias nos esperan, pues el formato digital nos ofrece la posibilidad de invitar, ahora, a especialistas internacionales, de España, Cuba, Chile, Colombia y Argentina, y, a través de la red de bibliotecas de la ULSA, tendremos participantes en Querétaro, Guanajuato, Estado de México y Cancún, entre otros.
Si hemos aprendido, como nuestros ancestros, de esta oportunidad que la vida nos ofrece, seamos optimistas para trabajar juntos por una realidad más amable y con ciudadanos comprometidos para que México tenga más jardines llenos de letras.
En estos días, se extraña un abrazo, sentir la presencia y la cercanía de los seres queridos. Reciban uno muy sentido de parte de la Fundación Harp que agradece al equipo de Seguimos Leyendo, liderado por la Dra. Socorro Bennetts, y a la alianza que siempre nos ha fortalecido con el Colegio y la Universidad La Salle Oaxaca.
En toda colección, archivo o biblioteca, hay algo que siempre está escondido, pese a estar a la vista. El misterio de lo que conocemos y podemos consultar o leer o apreciar. En ese estar y en esa ausencia habita una de las grandes enseñanzas de la memoria.
Recuerdo que mi padre me dijo que su biblioteca empezó a formarse siendo un niño, el día que guardó el primer libro suyo en el buró de su habitación. Es decir, la memoria como un lugar y un vínculo tan personal con aquello que se atesora, que es algo que está por definición cerca y es valioso. Esa ilusión está descrita de manera inmejorable en la Oración del 9 de febrero de Alfonso Reyes, cuando en el sueño, al despertar, encuentra que está cerca de lo que sueña.
Un día, Juan Pascoe envió una foto y al fondo se veía un librero con una parte de la colección del Taller Martín Pescador. Un tesoro mayor que solo es dable conocer virtualmente. Quien conserve ejemplares de ese catálogo que los guarde como joyas. Somos testigos de cómo se construye ese catálogo a lo largo del tiempo, día con día, una obra tras otra.
Ahora que lo virtual adquiere la presencia de lo cotidiano en forma omnívora, ver en una pantalla algo importante de un acervo bibliográfico, por ejemplo, nos recuerda que no podemos ver lo real que está en los libreros de las bibliotecas que están cerradas. Es cierto, las bibliotecas lejanas también son espacios cerrados por la distancia, pero lo virtual abre puertas, de ahí su maravillosa e inagotable condición de estar a la vista.
Después de los sismos de 1985 viajé con Leonardo González a una reunión de archivos a Ottawa, organizada por Margarita Vázquez de Parga y los Archivos Públicos de Canadá, y una cosa que me sorprendió, entre otras, fue que era posible consultar en horas de la noche los materiales que reservaran durante las horas hábiles en los archivos. La luz de la lectura y el estudio en un espacio público en horas reservadas para el descanso y el sueño.
Hoy esa luz llega a mi memoria de la mano de Andrea Marichal González. Gracias a Andrea, a Cynthia Martínez y a Carlos Marichal fue posible ver una exposición exquisita: Poesía y vida de Pedro Salinas. Entre España y América, 1891-1951. ¿Qué veíamos? Una obra y la aspiración de conocer esa obra y una época y la posibilidad de acercarnos a la vida de un maestro, de un intelectual, de un gran poeta.
En una biblioteca asoma una gran promesa y en las colecciones la esperanza de su difusión y conocimiento perdurable. Esta pandemia nos recuerda esa obligación: conocer mejor nuestros acervos para estar verdaderamente en las mejores condiciones de difundirlos, para invitar a la lectura, al estudio y el disfrute intelectual y ratificar la cultura como refugio y horizonte. Tan elemental es la descripción que su ingenuidad como llamado parece tan sencilla como poder encontrar lo oculto a toda hora del día o de la noche.
El curioso que quiera hacer un repaso de las colecciones y acervos de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, de sus lugares de memoria, se sorprenderá —antes de reparar en su enorme riqueza de contenidos— en el breve espacio temporal en el que se ha construido y en el que ha hecho una monumental contribución a la protección de la memoria de México: el Museo Textil de Oaxaca, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, la Fonoteca Juan León Mariscal, el Museo de Filatelia de Oaxaca, la Biblioteca Henestrosa, la BS Biblioteca Infantil de Oaxaca, el Museo Infantil de Oaxaca y Adabi de México. En esas instituciones y con ellas otros innumerables proyectos: la Biblioteca Francisco de Burgoa y el Archivo General del Estado de Oaxaca, solo por citar dos muy relevantes.
En la sonrisa de Andrea Marichal al momento de seleccionar los libros y los documentos y las fotografías de su bisabuelo, el poeta Pedro Salinas, reposa perdurable una gran inspiración para todos quienes nos ocupamos de la salvaguarda del patrimonio documental y bibliográfico.
Por los sueños se suspira, por las metas se trabaja. Humberto Ramos
El año 2020 quedará grabado en la memoria de todos como un año atípico, lleno de cambios y muchos momentos de adaptación; también podemos decir que ha sido un año de esforzarnos y trabajar el doble por nuestras metas.
Para el personal que labora en el paraíso beisbolero no ha sido la excepción y, a pesar de todo, ha sido un año de mucho desarrollo interno. Compartimos la emoción y felicidad de ver que el trabajo realizado está dando frutos; algunos de nuestros egresados se encuentran triunfando en el mejor beisbol del mundo, por ejemplo, tres que ahora mismo participan en las series de eliminación de las grandes ligas: Giovanny Gallego, Ramón Urías y Víctor González.
Sabíamos que la temporada 2020 de la MLB iba a ser diferente por la reducción del número de encuentros, se temían muchas cosas sobre el desarrollo del calendario y había pocos mexicanos activos en los equipos.
La buena racha de egresados la inició el nayarita Víctor González, pícher zurdo de los Dodgers, quien debutó enfrentándose a los Diamondbacks, entró al relevo en la quinta entrada y enfrentó a cinco bateadores para salir del juego sin decisión.
El segundo egresado en debutar en el mejor beisbol del mundo fue el tapatío Humberto Castellanos, pícher derecho de los Astros, quien curiosamente debutó enfrentando al mismo equipo que su excompañero en el paraíso beisbolero en Oaxaca.
El sonorense Isaac Paredes había sido considerado, en varias ocasiones, como uno de los mejores prospectos mexicanos. Este año pudo cumplir su sueño de llegar al mejor beisbol del mundo. Recibió el anhelado llamado por su equipo, Tigers, y se enfrentó a los White Sox.
La emoción por el debut de un egresado más seguía a flor de piel, cuando nos enteramos de que su paisano, el sonorense Ramón Urías, había sido llamado al equipo Orioles, para enfrentarse a Red Sox; ingresó a batear de emergente en sustitución de Pat Valaika.
Los continuos debuts de estos jóvenes no son pura suerte: todos han entrenado durante años y han sacrificado muchas cosas para poder llegar al mejor beisbol del mundo. Y eso, sin duda alguna, se convierte en un impulso para todos los que se encuentran luchando por su meta. Y también para el personal que labora en el paraíso beisbolero: esto nos motiva a seguir preparándonos para poder brindarles la mejor atención posible, nos anima a seguir capacitándonos y a seguir apoyando su desarrollo deportivo y personal. Nos indica que, a once años de su apertura, la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú sigue cumpliendo su objetivo y reafirma el compromiso por ser la mejor del país.
Dentro del mundo de la ciencia hay una gran variedad de temas que por su importancia se incluyen desde los primeros años de enseñanza. Los dinosaurios han ocupado un lugar preferente ya sea porque la humanidad sigue buscando el eslabón perdido o acaso por prevenir una extinción futura que se antoja cada vez más cercana.
Hace ciento cincuenta años, Julio Verne (probablemente uno de los autores más prolíficos del siglo XIX en el campo de las aventuras de corte científico) incorporó una mirada diferente sobre ellos y los revivió en la novela Viaje al centro de la tierra, donde describe a detalle al diplodoco, al triceratops, al pterodáctilo y al tiranosaurio. Si bien el tema de los dinosaurios es amplio, el corte de ficción ha generado un gran número de seguidores, principalmente niños y adolescentes. El cine y la televisión hacen su parte, idealizando y reviviendo realidades alternas donde estos saurópcidos gigantes son la estrella principal.
La serie Dino-historias da el siguiente paso en el espacio literario de la ficción y la divulgación científica. Rob Shone, escritor e ilustrador inglés y amante de la ciencia, reúne a un grupo de ilustradores que comparten la pasión por mostrar a los niños una cara más real de los ancestros terráqueos. Terry Riley y Geoff Ball acompañan estas historias ficticias con datos reales acerca de las costumbres y alimentación, así como la relación de los dinosaurios con su entorno, utilizando trazos propios de cada ilustrador para lograr una serie de cómics con gran valor artístico, pero también científico que, además es una delicia para el público más exigente: los infantes.
Dino-historias. Rob Shone, traducción de Juan Elías Tovar Ilustraciones de Terry Riley, James Field y Geoff Ball Editorial Océano, España, 2009
Dentro del universo cora, cada animal ocupa un lugar y tiene una función, ambos determinados por la cosmovisión. Dicho lugar encuentra explicación en la mitología, ritualidad y usos que se les da a los elementos que componen a cada animal. El borrego se encuentra asociado con la deidad solar, representada en el panteón católico como Jesucristo. Entre los huicholes, las ovejas negras son ofrendadas a la deidad solar Takutsi, mientras que las blancas están asociadas con el viento.
En el caso cora, ocurre algo similar con el uso de los vellones e hilos de lana de las ovejas negras. Cuando alguien nace, tanto el nuevo ser como su madre deben ser resguardados de la luz del sol durante cinco días; en la última noche se hace el ritual de incorporación a la sociedad cora. Para ello, el abuelo —o el padre— es el encargado de elaborar una flecha protectora con plumas de gavilancillo café o de paloma gris, para indicar el aspecto masculino o femenino de la criatura, respectivamente. Con la misma finalidad se elaboran un huso y un arco.
En este ritual, al infante le son amarradas dos pulseras: la primera es elaborada con algodón y se coloca sobre la mano derecha si es varón, lleva consigo cinco cuentas de chaquira; si es mujer, cuatro. En el pie izquierdo se coloca una pulsera de lana café que lleva un saco con yerbas que sirven como “remedio”. Se considera que este saquito los protege de chajkan y bústiana, entidades asociadas al inframundo; de esta forma la pisada humana estará ahuyentando al mal. Además, en el ritual de iniciación se menciona que las pulseras son de protección “porque la tierra tiene hambre”.
El algodón blanco está relacionado con las nubes y lo acuoso, y tiene la capacidad de elevarse y llevar mensajes a las deidades celestes. En contraparte, el algodón café, o vellón de oveja negra, es utilizado para combatir las enfermedades provocadas por bústiana, entidad relacionada con los primeros seres anteriores a los humanos y que residen en algunos espacios de la Tierra. Cuando esta entidad es molestada por el ruido o los pasos de los humanos, provoca enfermedades como temperatura alta, vómito o debilitamiento. Si ocurre esto, los coras colocan un vellón de oveja negra, o algodón café, junto con flores y otros elementos de ofrenda para su curación. De acuerdo con un informante, se cree que este vellón se convertirá en borrego y con su frente luchará contra el mal.
Un uso especial de este tipo de vellón es el que ejercen los centuriones de Jesús María, que son los personajes encargados de dirigir la Semana Santa cora en donde se venera al Santo Entierro. Esta divinidad es el alter ego de Jesucristo-Sol, es decir, representa al sol en su fase nocturna. En dicha celebración se representa la lucha astral.
Durante la Semana Santa, los centuriones tienen que llevar un vellón de lana negra cortado de un borrego que aún no ha sido destinado a la reproducción. El centurión primero corta el vellón del lado de la pierna derecha, mientras que el segundo corta del lado de la pierna izquierda. Durante el Viernes Santo, el nicho del Santo Entierro es decorado con diferentes fibras: algodón blanco y café en la parte superior, y ambos son atados con hilos de ixtle. En el receptáculo del nicho se pone una serie de cobijas donde se colocará el Santo Entierro y una tela negra con lunares blancos que simula el cielo nocturno. En las patas que sostienen el nicho, los centuriones colocan los vellones de lana café. De acuerdo con Petronilo López (comunicación personal, Jesús María, abril 2017), este nicho es la representación del mundo.
Después de cada celebración, los nichos son deshechos y las fibras son repartidas entre quienes ostentan un cargo. Regularmente, estas fibras son hiladas y convertidas en morrales que presentan diseños geométricos asociados a las palabras de los santitos, a los caminos o hacen alusión a ciertos animales, que tienen su explicación en diferentes mitos.
Hasta aquí se esbozan algunas pistas para entender que lo derivado de las ovejas negras encuentra su significado en un sistema de transformaciones. Así, la lana de borrego, como vellón o como hilo, sigue haciendo la función de la deidad solar: proteger a los coras.
Desde la primera estampilla del mundo en 1840, el Penny Black, miles de emisiones han salido a la luz y con ellas miles de historias. Ahora daremos un salto en el tiempo, millones de años atrás, para conocer a estos colosales personajes y saber en qué momento se originó la vida.
Sabemos que hace 4600 millones de años surgió el sistema solar, pero ignoramos cómo surgió la vida en el tercer planeta más cercano al sol, la Tierra. Estudios de fósiles de rocas nos revelan que la vida probablemente comenzó hace unos cuatro billones de años, millones de años después, las condiciones no eran las más favorables para una existencia relajada: la atmósfera estaba contaminada por gases tóxicos, dañinos rayos ultravioleta, había volcanes en constante erupción, además del desplaza- miento de placas tectónicas.
Una gran extensión del mundo estaba cubierta por agua, en donde aparecieron las primeras formas de vida microscópicas. Hace unos mil millones de años, los seres unicelulares se transformaron en pluricelulares. En el Paleozoico se constituyeron otros organismos más complejos como al- gas, moluscos y medusas.
Los primeros animales vertebrados se remontan al Cámbrico. Después brotaron las plantas que se propagaron por la tierra; los anfibios más veteranos pisaron el suelo hace 365 millones de años y los reptiles comenzaron su colonización cuarenta millones de años después. Ya no necesitaban el agua para anidar sus huevos, la evolución continúo y los dinosaurios entraron en escena hace 230 millones de años. Hasta el momento de su extinción dominaron la vida en el planeta. Cuando desaparecieron, 66 millones de años atrás, llegó la era de los mamíferos.
La era de los gigantes
La vida de la Tierra se ordena en eras geológicas que abarcan millones de años: el Paleozoico (era de los peces y los anfibios), el Mesozoico (era de los reptiles) y el Ceno- zoico (la era de los mamíferos). Los dinosaurios existieron en el Mesozoico, subdividido a su vez en tres periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.
¿Qué son los dinosaurios?
En el siglo XIX, el científico inglés Sir Richard Owen, designó el término Dinosaurio, que significa ‘lagarto terrible’, para clasificar los descubrimientos de reptiles diferentes a los contemporáneos (Un dinosaurio en mi buzón, Madrid, Sociedad Estatal Correos y Telégrafos, 2015).
Estos colosos reinaron en el planeta más de 160 millones de años —cincuenta veces más del tiempo que el ser humano lleva por aquí— durante los periodos Triásico, Jurásico y Cretácico del Mesozoico. Poblaron un mundo muy diferente al que conocemos, los continentes y los mares poco se parecían a los actuales. En tierra caminaban los dinosaurios, en el cielo desplegaban sus alas los pterosaurios y el agua era surcada por plesiosaurios, pliosaurios, tortugas, cocodrilos y otros reptiles marinos. Como los reptiles, los dinosaurios eran de piel escamosa (algunos incluso lucían plumas) y se reproducían poniendo huevos. No todos eran tan descomunales como el Dreadnoughtus, pesado como diez elefantes; el diminuto Fruitadens marcaba menos de un kilo en la báscula.
Conozcamos ahora algunos dinosaurios
El anquilosaurio: El tanque cretácico
A simple vista es un rival invencible, pero recuerda el mito de Aquiles, todos tenemos al menos un punto débil y este ejemplar no era la excepción. Este dinosaurio carecía de protección en el vientre, por lo tanto, si conseguían voltearlo quedaba tan indefenso como una tortuga al revés.
Su enorme cola terminaba en un mazo formado por la fusión de estas placas con las últimas vértebras (llamadas caudales). Al balancearlo, el anquilosaurio lograba una potencia enorme, al igual que las bolas que derriban edificios. Un único impacto destrozaba los huesos del enemigo.
Tiranosaurio Rex: Un carnívoro terrible
Este quizá sea el favorito de muchos, el tiranosaurio es una estrella de Hollywood, protagonista de películas. Aunque no sabemos si era un depredador o se alimentaba de animales muertos como los carroñeros, en cualquier caso, poco quedaba de sus víctimas tras pasar por sus mandíbulas de metro y medio, repletas de afilados dientes y capaces de dar a su mordedura una presión superior a las cuatro toneladas… ¡wow!
Sus enormes patas traseras, sobre las que se alzaba, chocan con sus cortas extremidades superiores, pero ¡cuidado!, estas terminaban en dos dedos con garras afiladas.
Triceratops: Uno de los últimos dinosaurios con cuernos
Muchas son las teorías para explicar la existencia de la cornamenta y la gola. Los investigadores apuntan a su utilidad defensiva, pero también señalan que tal vez se usaran para determinar el estatus social, comunicarse con otros triceratops o para cortejar a sus parejas. Este coloso convivía en manada, en las excavaciones se han encontrado centenares de individuos en el mismo yacimiento. Los grupos recorrían extensas distancias para alimentarse de extraordinarias cantidades de plantas bajas que devoraban con su mandíbula en forma de pico.
Su descomunal cráneo superaba los dos metros de longitud, con una defensa corta en el hocico y dos cuernos de un metro a la altura de los ojos. Cuan- do embestía, pocos se salvaban.
Diplodocus: Coloso del Jurásico
Su silueta es fácilmente reconocible: cabeza diminuta, larguísimo cuello, espléndida cola (superior a los 15 metros) en forma de látigo y recias patas como los elefantes.
Este gigante tenía una digestión pesada por culpa de los gastrolitos, que son unas piedras redondeadas, halladas normalmente en las orillas de los ríos, que estos dinosaurios tragaban para facilitar la trituración del alimento; hoy en día es una práctica común entre avestruces, cactáceos y cocodrilos.
Sin duda estas emisiones postales son fascinantes, Correos de España ha hecho un gran trabajo con la aplicación de las nuevas tecnologías en sus emisiones, como el uso de realidad aumentada, imágenes en 3D, 2D, hologramas y códigos QR; asimismo, son muchos los servicios postales que emiten estampillas con estos singulares seres vivos que poblaron por algún tiempo la Tierra y que sin duda merecen su lugar en la filatelia.
Oaxaca tiene la mayor diversidad de murciélagos en México, sin embargo, la falta de información sobre las causas que los perjudican no permite percibir los daños que sufren, ni la situación en la que se encuentra la mayoría de las 96 especies que viven en el estado y que están sufriendo los efectos de la acelerada alteración y contaminación de las áreas naturales.
El desconocimiento de factores ecológicos, como el ensamble de la comunidad, la estructura de edades, proporción de sexos, así como el tamaño y la estructura poblacional dificulta la evaluación oportuna sobre el estado de conservación de las especies. Evaluar los procesos ecológicos en áreas perturbadas es de suma importancia para la toma de decisiones en cuanto al manejo y conservación de las especies, por lo que el estudio del ensamble de murciélagos es de vital importancia para su conservación, así como de la biodiversidad (Medellín et al, 2000). Esta investigación pretende generar información sobre la respuesta de los murciélagos a la urbanización en la región de Valles Centrales de Oaxaca.
El Museo Infantil de Oaxaca se localiza dentro de los sitios donde se analizará la diversidad de murciélagos presente y se determinará el impacto que tienen diversos factores antropogénicos previamente mencionados. El objetivo principal de esta investigación es “analizar la respuesta de los murciélagos a la urbanización en Valles Centrales, Oaxaca”, por lo que se analizan distintos factores, como el ruido, la iluminación, la temperatura y la velocidad del viento, entre otros, con el fin de determinar si estos factores influyen en la diversidad de murciélagos presentes en la zona.
Se han realizado un total del seis visitas al museo a partir del mes de febrero. En cada una se colocaron seis redes de niebla para la captura de murciélagos, desde las 6 pm hasta las 2 am. Así mismo, se han realizado grabaciones acústicas con el fin de documentar a los murciélagos insectívoros.
Se han capturado un total de diez murciélagos de los cuales seis son insectívoros, de la familia Molosidae (Molosus rufus) y cuatro son frugívoros, de la familia Phyllostomidae (Artibeus jamaicensis).
Dentro del museo detectamos un refugio de murciélagos insectívoros Molossus rufus que habitan en el ahuehuete que se ubica al lado de la granja, por lo que determinamos que el árbol es de suma importancia para la conservación de estos organismos. También se observó que los murciélagos frugívoros presentan cuadros leves de alopecia probablemente producida por la contaminación presente en la zona.
Las mariposas que hoy vemos, sin tierra que las orille, que se pueden posar en las flores, en la superficie de las aguas y hasta en las trémulas ramas del aire, no son otra cosa que una fracasada imagen de lo que el murciélago fue en otro tiempo: el ave más bella de la creación.
Pero no siempre fue así: Cuando la luz y la sombra echaron a andar, el murciélago era como ahora lo conocemos y se llamaba biguidibela, es decir, biguidi, ‘mariposa’, y bela ‘carne’, mariposa en carne, es decir, desnuda. La más fea y más desventurada de todas las criaturas era entonces el murciélago. Y un día acosado por el frío, subió al cielo y le dijo a Dios:
–Me muero de frío. Necesito plumas.
Y como Dios, aunque no cesa de trabajar, no vuelve las manos a tareas ya cumplidas, no tenía ninguna pluma. Así que le dijo que volviera a la tierra y suplicara en su nombre una pluma a todas las aves. Porque Dios da siempre más de lo que se le pide. Y el murciélago, vuelto a la tierra, recurrió a aquellos pájaros de más vistoso plumaje. La pluma verde del cuello de los loros, la azul de la paloma azul, la blanca de la paloma blanca, la tornasol de la chuparrosa, su más próxima imagen actual: todas las tuvo el murciélago. Y orgulloso volaba sobre las sienes de la mañana, y las otras aves, refrenando el vuelo, se detenían para admirarlo. Y había una emoción nueva que agitaba los sentidos sobre la tierra. A la caída de la tarde, volando con el viento al poniente, coloraba el horizonte.
Y una vez, viniendo de más allá de las nubes, creó el arcoíris, como un eco de su vuelo. Sentado en las ramas de los árboles abría alternativamente las alas, sacudiéndolas en un temblor que alegraba el aire. Todas las aves comenzaron a sentir envidia de él, y el odio se volvió unánime, como un día lo fue la admiración. Entonces los pájaros subieron al cielo, el colibrí adelante. Dios oyó su queja. El murciélago se burlaba de ellos, además, con una pluma menos padecían frío. Y ellos mismos trajeron el mensaje al murciélago. Cuando estuvo en la casa de allá arriba, Dios le hizo repetir los ademanes que de aquel modo habían ofendido a sus compañeros; y agitando las alas se quedó otra vez desnudo. Se dice que todo un día llovieron plumas del cielo. Y desde entonces, sólo vuela en los atardeceres en rápidos giros, cazando plumas imaginarias. Y no se detiene, para que nadie advierta su fealdad.
La práctica de marcar a los animales se ha realizado desde épocas remotas. Después de la llegada de los españoles, Hernán Cortés trasladó los primeros bovinos a la Nueva España, el ganado de su propiedad estaba marcado con un hierro que representaba tres cruces latinas.
Para poder marcar a los animales era necesario llevar el control y registro de las marcas. Así en 1529 surgió, en la Ciudad de México, la Mesta Novohispana, la primera asociación que se encargó de solucionar los asuntos ganaderos. Dentro de sus ordenanzas había una que indicaba la obligación de los dueños de los rebaños de registrar sus fierros marcadores para poder identificar el ganado y así evitar el abigeato —que es la venta de ganado de manera ilegal—, o si invadían algún predio saber a quién pertenecía el animal. Estas marcas eran registradas en un libro para el control e identificación del ganado; si no se cumplía con esta ordenanza los dueños eran acreedores a una multa; la Real Hacienda se encargaba de ejecutar estos castigos y, en el caso de incumplir con este registro, se decomisaba el ganado y pasaba a formar parte de los bienes mesteños. La marca era hecha con las siglas del nombre del dueño, el fierro, al rojo vivo por las altas temperaturas a las que era expuesto, se colocaba en alguna parte del cuerpo del animal. A esta marca también se le conoce como yerra.
Dentro de la vasta documentación que es organizada al intervenir los archivos históricos de los municipios, se han encontrado diversos asuntos ganaderos, como los registros del uso del fierro para marcar el ganado, incluso con el dibujo de la marca o los recibos por pagos hechos a la tesorería. Estos testimonios existen debido al registro de los animales y por el pago de los impuestos que generaba.
El documento más antiguo respecto a este asunto que hemos encontrado durante la organización de los archivos históricos municipales es una licencia de 1714 sobre el uso del fierro común en el pueblo de San Francisco Telixtlahuaca. Ahí se menciona que a don Ygnacio Fernández de Ribera, alférez guardia del conde duque de Linares virrey y gobernador de la Nueva España y presidente de la Real Audiencia, se le había conferido la facultad de dar licencia de uso y registro de los fierros del ganado. También era el encargado del cobro por este permiso: los naturales pagarían cuatro pesos, que serían destinados a la fábrica del real palacio, y otros cuatro pesos por la media annata —impuesto real por el otorgamiento de la concesión—, mientras que los españoles y los de color “quebrado” pagarían diez pesos y cuatro reales.
El mismo documento narra cómo se presentó el principal del pueblo de San Francisco diciendo que tenía ganado mayor; entonces mostró el hierro para ferrarlo y pidió licencia para usarlo. Luego de pagar cuatro pesos y cuatro reales se le otorgó el derecho de ferrar a sus animales. Este fierro fue registrado en un cuaderno para control de las marcas.
Los archivos históricos resguardan la memoria de la comunidad, sin la preservación de ellos los acontecimientos del pasado serían inciertos. Por ello hay que hacer conciencia sobre la importancia de su conservación y rescate en las autoridades que custodian estos vestigios, ya que estos documentos son el patrimonio cultural e histórico de la población y le dan identidad a la comunidad.
En la Historia del Arte, la iconografía “se ocupa del asunto o significado de las obras de arte”, según explicaba Erwin Panofsky, y de acuerdo con esta tradición, asociamos a los animales con virtudes o defectos según la relación simbólica entre las figuras y su significado en el contexto cultural en que se inscriban. Como la serpiente, que comúnmente se relaciona con el mal; pero también como elemento de la salud y el bienestar, y es por eso que también es símbolo de la Medicina.
Así, los símbolos no son estáticos, sino que responden a los significados que cada sociedad les otorga. En este mismo sentido, el caimán es un animal carnívoro americano que, desde el descubrimiento de América, se asoció con el “salvajismo” del continente, de sus habitantes y con su flora y fauna. Desde Cesare Ripa, en el siglo XVI, la representación de América era la de una “mujer desnuda y de color oscuro, mezclado de amarillo”, y se acompañaba de atributos que enfatizaban el carácter fiero que los europeos asignaron al continente recién descubierto:
Con la izquierda ha de sostener un arco y una flecha con la diestra, poniéndose al costado una bolsa o carcaj bien provista de flechas, así como bajo sus pies una cabeza humana […] En cuanto al lagarto o caimán es animal muy notable y abundante en esta parte del Mundo, siendo tan grandes y fieros que devoran a los restantes animales y aun a los hombres en ciertas ocasiones.
Sin duda, estos elementos recuerdan a la representación oficial de la ciudad de Oaxaca de la princesa Donají, cuya cabeza mutilada aparece rodeada de estos mismos elementos: el carcaj, la flecha y el caimán, que ha despertado la duda sobre si estos reptiles temerarios habitaron el río Atoyac. Lo cierto es que se trata de un cartabón de la antigua América “salvaje”, pero resignificado ya por el sacrificio de la princesa zapoteca para señalar un elemento de apropiación territorial oaxaqueña al margen del río Atoyac. El caimán ya no es un elemento de barbarie, sino de apropiación para representar la identidad a través de sus culturas originarias, de la flora y fauna americanas.
En este sentido, los animales han sido una rica fuente de significados para el ser humano, como una forma de entender el medio que les rodea; como decía Aby Warburg, una forma de “tomar distancia”, para razonar la naturaleza inextricable.
“Albeitería” es el nombre de la medicina árabe dedicada al estudio de las enfermedades de los caballos. Los árabes, grandes aficionados a estos animales, traducen los tratados de veterinaria, del griego y latín, al árabe, y los enriquecen con sus conocimientos.
De acuerdo con la Real Academia, el término al-Beytar proviene del árabe “al- báytar” y del griego ἱππίατρος (hippiatros), que significa ‘médico veterinario’.
La obra de Martín Arredondo, considerado el albéitar (veterinario) español más culto del siglo XVII, es fundamental para comprender la historia de la medicina veterinaria. Extrae de autores clásicos como Hipócrates, Aristóteles, Galeno y Dioscórides, por mencionar algunos, todo el conocimiento relacionado con las enfermedades de los équidos y lo recopila en su obra que sirvió para formar a los albéitares de su época.
Este libro es un excelente ejemplo de la cultura veterinaria del siglo XVII: en él se mezclan maravillosamente la biología, la fantasía, la mitología y la superstición. La primera edición se imprimió en 1669. En su acervo, la Biblioteca Burgoa conserva un ejemplar que data de 1705, impreso en Madrid, del cual les compartimos un par de imágenes.
Martín ARREDONDO, Obras de Albeyteria, primera, segunda, y tercera parte, ahora nuevamente corregidas, y añadidas por Martin Arredondo, su autor, maestro de Herrador, Albeytar, y cirujano, gentil-hombre en las Reales Guardas Viejas de Castilla, natural de la Villa de Almaràz, y vezino de la noble Villa de Talavera de la Reyna. Anotados, corregidos, y declarados los terminos de los simples, mas convenientes al uso, exercicio y, utilidad de esta ciencia. Y ahora nuevamente añadido la sanidad del cavallo, y explicacion de sus enfermedades. Madrid, Antonio González de Reyes, 1705.
Transcurría el año de 1987 cuando, una vez más, nos reunimos entre los amigos, como lo hacíamos con frecuencia, Alfredo Harp Helú, Antonio Rafful Assam, Antonio† y Emilio Trabulse Kaim. En algún momento de la plática, Alfredo, con su acostumbrada iniciativa, nos hizo una sugerencia maravillosa que nos dejó helados: “¿Qué les parece si, en agradecimiento a México —que tan bondadosamente recibió a nuestros abuelos y padres—, hacemos una institución que sirva para unir a nuestros queridos México y Líbano, a través de la cultura que puede, y es, de hecho, la mejor forma de enlazar a dos naciones hermanas?”. Ya en la actualidad nuestras familias han permanecido en México por más de 75 años.
Obviamente, no se hizo esperar el “Sí” unánime, y comenzamos a darle marcha. Para ello, necesitábamos a una persona más, que tuviera gran entrega e iniciativa. José Slim Helú†, sin duda, fue la persona ideal; y de inmediato dijo “Claro que sí”, y entonces comenzamos a darle sentido a lo que inicialmente fue el Centro Cultural Mexicano Libanés, A. C.
Unos años después, nos dimos cuenta de que se estaba confundiendo nuestra institución con el Centro Libanés, A.C., por lo que decidimos cambiar “Centro” por “Instituto”, nombre que quedó aceptado por los cinco integrantes.
Lo primero que decidimos hacer fue reunir una gran cantidad de artesanías, música, libros, fotos, etcétera, que nos permitieran dar a conocer de forma didáctica lo que es el país de los cedros milenarios. Tony y yo nos dimos a la tarea de hacer un viaje relámpago (por la triste situación que prevalecía) a Líbano, y hacernos de todo lo necesario para tener una institución fuerte, que pudiera mostrar todo, o casi todo, lo que posee ese pequeño gran gigante. Logramos traer lo que habíamos pensado y, a pesar de la guerra que en ese momento atravesaba Líbano, pudimos llegar a lugares en los que encontramos todo lo que nos habíamos propuesto traer. La cultura en ese país es enorme, y siempre ha sido un hito para el desarrollo humano, social y cultural, por ende, instituciones grandes y pequeñas estaban abiertas para brindar lo necesario, culturalmente hablando, para quien lo requiriera. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que, a pesar de la situación, todos estos sitios estaban a reventar de personas ávidas de poseer libros o algo que los relacionara con el conocimiento del Líbano.
Regresando a México, nos dimos a la tarea de buscar un sitio en el que pudiera estar físicamente el que entonces sería el Centro Cultural Mexicano Libanés, A.C. Afortunadamente, encontramos un pequeño predio en la Av. Miguel Ángel de Quevedo No. 718, Colonia Del Carmen Coyoacán, en la Ciudad de México. Comenzamos a hacer los arreglos y adaptaciones pertinentes mientras recibíamos la mercancía adquirida en Líbano. Hicimos también los trámites legales para que quedara debidamente fundada esta organización. Al mes, aproximadamente, nuestro agente aduanal nos llamó para darnos la buena noticia de que nuestra mercancía ya estaba en Veracruz y debidamente liberada, misma que, en menos de una semana, estaría en nuestras instalaciones que, para entonces, ya estarían listas para ser acondicionadas y dar inicio al gran proyecto.
Una vez hechos los trabajos de museografía y demás asuntos, y habiendo hecho de antemano una lista de instituciones libanesas y mexicanas que tuvieran relación con Líbano, o bien, que estuvieran interesadas en conocer y llevar a sus respectivas labores algo de lo que es esa enorme cultura, hicimos oficialmente la inauguración en noviembre de 1987. Contamos con la presencia de todas la asociaciones libanesas en México e incluso algunas de Costa Rica, Argentina y Brasil. También nos acompañaron sociedades mexicanas como el Instituto Ítalo Mexicano, la Asociación de Poetas y algunos escritores del barrio del Carmen y otros de la ahora Alcaldía Coyoacán. El C.P. Alfredo Harp, presidente del Instituto, dio la bienvenida a nombre de los fundadores y dio una interesante plática sobre la creación de la institución. El Lic. Antonio Trabulse Kaim, director, dio una pequeña semblanza de lo que es Líbano y lo que nosotros pretendíamos realizar. Dicho acto causó una magnífica impresión en los asistentes, al grado que fuimos invitados por asociaciones relacionadas con ellos para dar conferencias, exposiciones artesanales y organizar diversas actividades. Otros, nos preguntaron si podrían traer a alumnos de diferentes escuelas y asociaciones para visitar las instalaciones y que, acompañados de una pequeña plática sobre Líbano, tuvieran más conocimiento de lo grande que es ese país y las aportaciones que ha hecho a Occidente.
En el transcurrir del tiempo fuimos cambiando y ajustando algunos asuntos, como las presentaciones de las artesanías, conferencias e invitaciones a las instalaciones, todo para facilitar que los interesados en Líbano tuvieran mayor acceso al conocimiento del pequeño (en extensión) país del Medio Oriente.
Al principio, llevamos muestras artesanales y gastronómicas a lo largo y an- cho de nuestro querido México. Poco después, países como Costa Rica, Guatemala y otros, nos pidieron que les hiciéramos presentaciones del mismo rubro. Nuestro director, el Lic. Antonio Trabulse, internacionalmente conocido por sus conocimientos del Cercano Oriente, visitó algunos países para dar conferencias y llevar ponencias a diferentes congresos. Entre otros, fue obviamente Líbano, además de Turquía, España, Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, entre otros países. Posteriormente, realizamos exposiciones fotográficas de libaneses en México y otras actividades, pero eso será motivo de una siguiente colaboración.
Fue nuestra primera clase de computación. Y quizás es la primera computadora en la escuela. Para otros, es la primera vez que encendemos un monitor y que agarramos un “ratón”. Y al explorarla ¡encontramos lecturas en chatino! También las hay en inglés y en español, pero lo más sorprendente es que algunas están en la lengua de nuestros padres.
La primera clase de computación en la primaria bilingüe de Cieneguilla, del municipio de San Juan Quiahije, se hizo en la lengua de la comunidad, el chatino. Impartida por la Dra. Emiliana Cruz del CIESAS, la clase se pudo hacer gracias a la donación de varias computadoras con contenido en chatino del proyecto “Endless Oaxaca Multilingüe”, una iniciativa de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca en colaboración con la Fundación Endless y con el apoyo de la International Community Foundation. A este gran esfuerzo conjunto se le llamó Endless Oaxaca Multilingüe.
Su objetivo es acercar el sistema operativo gratuito, Endless OS, a las comunidades más alejadas del estado donde hay poca o nula conectividad. Este sistema operativo se encuentra disponible para su descarga, y casi cualquier dispositivo puede acceder a él. “Fácil como un teléfono inteligente”, asegura su página de internet. Durante este tiempo en que han colaborado las fundaciones se ha beneficiado, en el estado de Oaxaca, a doce escuelas primarias, un prescolar, una secundaria y dos telesecundarias. El programa, además de contener actividades escolares, es flexible para uso en bibliotecas. Actualmente, se ha instalado en tres bibliotecas municipales.
Endless Oaxaca Multilingüe ha entregado más de mil computadoras con el sistema operativo instalado. Y ni hablar de su uso durante la pandemia, los más beneficiados con este sistema han sido los estudiantes. Al iniciar el confinamiento también dio inicio la segunda etapa del proyecto. Tajëëw Díaz, la responsable de Endless Oaxaca Multilingüe, comenta que:
A las comunidades con las que ya se tenía contacto, se les donó una cantidad adicional de dispositivos para sus centros de cómputo, de manera que pudieran tener suficientes equipos para realizar préstamos a sus alumnos, al menos de 4.o a 6.o año de primaria.
Los libros cuentan con contenido precargado, lo que ayuda en el caso de no tener conexión a internet. Tiene el paquete de LibreOffice para crear documentos, hacer gráficas, tablas e incluso presentaciones de diapositivas; cuenta con una enciclopedia, aplicaciones de manualidades, juegos y ejercicios básicos para aprender a teclear. Contiene, además, libros y recursos en lenguas como, mixe, triqui, ixcateco y chatino.
Sin embargo, no solo en las comunidades más alejadas está presente Endless Oaxaca Multilingüe. Gracias a la coordinación con Seguimos Leyendo y al esfuerzo del Museo Infantil de Oaxaca se otorgaron equipos a las escuelas primarias de Tlalixtac de Cabrera y de Ocotlán de Morelos.
Para el funcionamiento de este gran propósito de difusión y acercamiento sin fin, es fundamental el apoyo de “maestras y maestros, colectivos, autoridades y personas voluntarias que han trabajado desde hace muchos años en la generación de contenidos en sus lenguas”. Endless Oaxaca Multilingüe es un proyecto amplio, y se convierte, incluso, en una “plataforma de difusión” del contenido que se genere.
Recuerdos entrañables vienen a mi mente cada vez que pienso en Francisco Toledo. Hubiera querido darle un abrazo fuerte por sus 80 años y, aunque no fuera su cumpleaños, también me hubiera gustado dárselo. Y es que me cuesta trabajo saberlo ausente, cuando lo siento tan presente en los tonos de un atardecer, en las calles de Oaxaca, en las paredes del IAGO, en los libros de su biblioteca, en la mirada de sus cinco maravillosos hijos, en los colores difuminados de la grana y el nopal o en una pequeña hoja comida por los insectos. En cada detalle lleno de belleza y amor encuentro a Francisco. Así era él: detalles de amor y de belleza, la sensibilidad a flor de piel.
Mi encuentro con Francisco no solo fue un proyecto de libros —que fue la razón por la que llegué a Oaxaca—, sino que la existencia me cambió por completo. Toledo me enseñó a ver la vida de otra manera: a maravillarme con el milagro de nombrarla en las diferentes lenguas originarias; a captar el arte en la partícula más simple, en lo más sencillo; a sorprenderme de la belleza en la piel de México. Gracias a Toledo comprendí las texturas y los colores de las piedras y las montañas de Oaxaca; la sabiduría de la arquitectura vernácula; el paso de la luz sobre la fachada de Santo Domingo; descubrí cómo el olor te transporta a los recuerdos más esenciales y cómo uno puede ser feliz con tan pocas cosas.
Oaxaca se convirtió para mí en el centro del mundo: lo que a mí me interesaba llegaba, irremediablemente, a esta ciudad, incluso el amor de Alfredo Harp Helú. Me deslumbró el cielo estrellado que nos arropaba en los patios abiertos del MACO y del IAGO, era la misma cúpula celestial que había cubierto a los habitantes de Monte Albán. Toledo era un imán que atraía a personalidades admirables como escritores, músicos, artistas, bailarines, historiadores, críticos de arte, arqueólogos, fotógrafos, poetas, cantantes, filósofos, cineastas, científicos, naturalistas y hasta merecedores del Premio Nobel iban a buscarlo. También acudían funcionarios y políticos, porque Toledo siempre andaba metido en todo. Llegaban a su amado Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, que Toledo me confió para que fuera su directora. Adoraba esa casa y también su biblioteca. Fueron años entrañables, fascinantes, en los que, sin duda, aprendí más que en la escuela y la universidad.
Me maravillaba cómo la mente de Toledo iba a mil por hora, siempre con alguna ocurrencia excepcional que nos ponía a horas de que tomé posesión en una silla de madera con patas de palo. Le pregunté: “¿Qué exposiciones hay organizadas para este año?”. “Ninguna —me dijo—, a ver qué se te ocurre porque ya me cansé de ver la que está ahora”.
La peor parte de mi trabajo consistía en explicarle al maestro la contabilidad que teníamos que entregar al Instituto Nacional de Bellas Artes. Extendía la hoja de cálculo, a Toledo y a mí nos costaba entender lo que era aquello, sabíamos leer letras, pero no números. Entonces, empezaba con mi cancioncita: “Mira, en esta columna están los nombres de los empleados, aquí los impuestos retenidos, aquí el pago al Seguro Social, menos el ISR, que es un impuesto que debemos pagar…”. Toledo cerraba aquella libreta y me decía: “Muy bien, preséntalo al INBA”. Y es que, a Toledo, los números nada más no se le daban. Un día, llegó furioso porque se enteró que la tienda del museo no producía ni siquiera “cuatro mil pesos” que necesitaba en ese momento. La encargada corrió a la dirección asustadísima. Salí a preguntarle al maestro que para qué quería tanto dinero y me dijo: “Pues para comprar mi Jornada”, es decir, para su periódico que costaba cuatro pesos; hacía como tres años que al peso le habían quitado tres ceros y él seguía pensando que costaba cuatro mil.
Los números no se le daban, pero el talento de Toledo llegaba más allá de las cifras. Un día compró unos hermosos grabados de Piranessi y con ellos organizamos una exposición. Me hizo mover cielo, mar y tierra para conseguir el permiso de reproducción de un hermoso texto de Marguerite Yourcenar, que quería que incluyéramos en un pequeño catálogo que publicaríamos con los ahorros del IAGO. Otro día llegó con la nueva de que organizáramos la proyección del último documental sobre Juan Rulfo; o la presentación del libro recién salido de Homero Aridjis o el de la contaminación del río de Juchitán. En una ocasión, ideó una exposición irreverente sobre las caricaturas en la época de Benito Juárez y el texto lo escribió don Luis González y González. En otra, pidió que llamáramos a Elías Trabulse para que diera una conferencia sobre el antiguo reloj de sol de Santo Domingo, porque los arquitectos restauradores habían decidido hacer uno nuevo, ya que, según ellos, existieron dos relojes. A veces teníamos que improvisar una conferencia porque tenía algún invitado que había llegado a visitarlo, como Carlos Monsiváis, Iván Restrepo, Teresa del Conde, Alberto Blanco, Alberto Ruy Sánchez y muchos otros que él consideraba importante que escucharan los jóvenes oaxaqueños. Hubo un tiempo en que se empeñó en buscar citas de grandes escritores sobre lo absurdo que era erigir monumentos sin lógica alguna, como una crítica feroz al desatino de los gobernantes por su afán de inaugurar estatuas de grandes héroes. Siempre había algo nuevo que aprender de Toledo, porque él era una explosión de ideas, y mi trabajo consistía en hacer realidad esas ideas, aunque, la verdad, no siempre eran factibles y, por supuesto, también tenía que decirle que eran imposibles.
Recuerdo aquella vez en que compró una hermosa casa en el centro histórico. Decidió convertirla en el Centro Fotográfico Álvarez Bravo. Por supuesto, hacía mucha falta un espacio para reflexionar sobre la fotografía y es un éxito que continúe hasta el día de hoy, fue otra de sus grandes herencias. Don Manuel Álvarez Bravo estuvo en la inauguración fascinado por el lugar y el proyecto. Toledo nos asombraba siempre. Otro día, me llamó para pedirme que atendiera a unos finlandeses que estaban sentados en el patio del IAGO porque querían donar una máquina desfibradora para hacer papel con plantas de Oaxaca. Y ese fue el comienzo de una virtuosa experiencia para crear un taller artesanal de papel y experimentar con fibras locales.
La confianza que Toledo depositaba en mí, al ofrecerme el proyecto de organización de los libros antiguos de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, la dirección de su amado IAGO, con su maravillosa colección de artes gráficas, del Centro Fotográfico y del Taller Arte Papel Oaxaca en San Agustín Etla, ha sido uno de los mayores aprendizajes de mi vida. Me sentía afortunada, y eso me daba seguridad, jamás lo defraudaría.
Podría seguir enumerando la cantidad de actividades que se llevaron a cabo cuando fui directora del IAGO, ahí donde llegaba Alfredo Harp Helú a cortejarme. Entonces, Toledo iba a a la oficina y me informaba: “Ya está Harp allá afuera”. Apurada, le decía: “Ya lo sé, pero todavía no termino, ya lo mandé a bolearse los zapatos, pero creo que ya regresó”. “Sí —me decía—, ahora está hablando por teléfono y preguntando por los Diablos. Apúrate”. Y salía disparada a ver al novio.
Algunas veces, había tanto trabajo que me quedaba hasta tarde. Una noche, se asomó por los barrotes de la oficina y dijo: “Ya no es hora de trabajar”. Tenía razón, comprendí que la jornada laboral se terminaba cuando cerraba el museo y que la vida estaba más allá del trabajo. Toledo solía preguntarme si no me sentía sola, pero no tenía tiempo para la soledad, siempre sentí el cariño de la Chatita, de Freddy, de mis amigos y, además, mi familia siempre estuvo muy cerca. Una tarde, Toledo me contó que cuando vivía en París, la casera se compadeció de su soledad, entró a su cuarto y le cambió las sábanas. En la noche, cuando llegó, al meterse a la cama, el olor le recordó a su mamá, lloró y decidió que ya era hora de regresar a México, necesitaba el calor del hogar. Así de terrenal era Toledo, también así de excepcional.
Toledo fue un artista muy completo, incursionaba en diferentes técnicas y las dominaba como nadie; admiraba el trabajo manual y artesanal. También le gustaba experimentar con diversos materiales y siempre dejaba su huella. Pero su obra no solo se exhibe en los museos, Toledo creó arte en sus instituciones, en la Biblioteca del IAGO, repleta de jóvenes lectores; en el CaSa, con sus escaleras que chorrean sangre de grana, en la bugambilia que cobija a los lectores del IAGO, en el cinema El Pochote, en el Jardín Etnobotánico y en cada paso que daba en beneficio de su comunidad.
Lo ordinario se volvía extraordinario. Así sucedió aquella vez. No sé cómo consiguió Toledo que nos prestaran tres libros que del editor Ambroise Vollard le encargó. a Marc Chagall para ilustrarlos: Las almas muertas, de Gogol, Las fábulas, de Lafontaine, y las ilustraciones de la Biblia. Bella, la nieta de Chagall, vino a Oaxaca desde Nueva York especialmente a la inauguración y, después de cenar, Toledo preguntó: “¿Les gusta bailar?”, contestamos que sí. Nos llevó al Bar Efraín, en los confines del río Atoyac, un sitio de mala muerte, donde la pista de baile se convertía en una pasarela con focos de neón en el piso para que las chicas con poca ropa desfilaran. Había una sombra de humo, música, algunas mesas y uno que otro borracho dormido sobre su asiento.
Nos llevaron a una mesa con sillas de metal que anunciaban “Corona”. De beber, no había cerveza, así que trajeron una botella de ron, refresco de cola y agua mineral. Jamás en mi vida había visto a Toledo, a Sergio Hernández y a Alfredo Harp beber tal veneno. Pero eso no fue lo peor, sino que agarraban hielos con la mano, los echaban a los vasos y bebían muy a gusto disfrutando el espectáculo. Bella estaba feliz, jamás se imaginó que existiera un lugar así en el universo. Yo tampoco. Por supuesto, no faltó el borrachito que insistía en bailar con la güerita. Como ella se negó, los tipos de seguridad del antro se vieron en la necesidad de sacarlo a empujones. Luego se acercó otro borracho a pedirle un autógrafo a Toledo. Él, sonrió, se “chivió” y firmó con gusto. Después bailamos. La pista se llenó con parejas disparejas. Bailar la pieza con las muchachas del lugar costaba cinco pesos. Iban vestidas con atuendos demasiado estrechos, ajustados en las enormes caderas y con escotes provocativos que dejaban ver sus prominentes bustos. Seducían sus zapatos de tacón de colores llamativos. La más atractiva llevaba unas medias con una línea negra que subía desde el talón al gluteo. Se cubría el pecho con un brasier rojo de satín con flecos. Su pareja era un chaparro nefasto que le llegaba al busto, bailaba con un cigarro y, cuando la abrazaba, le agarraba las nalgas ¡Ni en Hollywood hubieran imaginado un escenario más provocador!
En eso, escuchamos un tamborazo y anunciaron algo que no logramos entender. En ese momento, la gente descendió de la pista. Apareció sobre la tarima una hermosa mujer que vestía una lencería sensual de malla transparente y bordada en tonos blancos. Su mayor sofisticación consistía en caminar sobre unos zapatos de plataforma con tacón alto y grueso. Comenzó a bailar con movimientos ondulantes, giros de cintura, caderas de un lado a otro, brazos ligeros y fluidos, utilizaba un tul transparente que le daba cierta gracia a sus movimientos. Poco a poco, al ritmo de la música, comenzó a quitarse los hilos de ropa que llevaba encima. Cuando era el turno para despojarse del brasier, sonó un tambor y la luz se apagó. Chiflidos y chiflidos, aplausos y más aplausos. Fue una noche inolvidable, como los miles de recuerdos que llevo de Toledo.
Quisiera celebrar a Francisco Toledo con estas evocaciones y decirle cuánto lo quiero y que, dondequiera que esté, vive en mí. Mi gratitud y mi cariño a Francisco Toledo.
El Centro de Arte Textil Zapoteco Bii Daüü, fue una de las primeras cooperativas que se acercaron al Museo Textil de Oaxaca cuando abrió sus puertas al público, en 2008. Poco tiempo después de su apertura, Bii Daüü presentó una charla en el Museo, cuando estas aún se llevaban a cabo en la Sala Caracol. Con el tiempo, la relación entre Bii Daüü y el MTO se ha ido estrechando gracias a los talleres de teñido y de tejido, las visitas de campo a Teotitlán del Valle, la participación activa en encuentros y congresos, así como en talleres especializados en torno a diseño y técnicas de teñido. Incluso, frente a prácticas de negocio poco ventajosas para la cooperativa, los socios se han acercado al MTO para exponer su situación y crear una estrategia de respuesta.
Como parte del programa de apoyo al sector artesanal, emprendido por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca frente a la pandemia de COVID-19, Alejandro de Ávila sugirió comisionar algunas recreaciones de piezas históricas, tanto pertenecientes a los acervos que resguarda el MTO, como piezas que se conservan en otras instituciones. El listado incluía un sarape de ca. 1900, tejido en Teotitlán y enviado por Zelia Nuttall al Museo de Antropología en Berkeley, California (hoy, Phoebe A. Hearst Museum of Anthropology). El sitio del museo solo ofrece una fotografía del sarape, doblado varias veces sobre sí mismo. La única fotografía completa del sarape a la que tuvimos acceso aparece en la publicación Historia del arte de Oaxaca,1 dentro del texto de Alejandro, titulado “Un huipil colorado: tiempos del textil oaxaqueño”.
El proceso de la recreación del sarape comenzó con tan solo esa fotografía enviada a través de WhatsApp a Mariano Sosa Martínez, presidente de la cooperativa. Al interior de la organización, se decidió que serían Horacio Mendoza Martínez y su esposa, Fermina Ruiz Gutiérrez, quienes estarían a cargo de la elaboración de la pieza. Fermina se ha metido de lleno en el tema del color y, si bien la pieza original parece haberse realizado con tintes sintéticos, en este tejido se emplearon exclusivamente tintes naturales. La grana cochinilla y el añil fueron los tintes primordiales, matizándose con cáscara de granada, jugo de limón y pericón para alcanzar distintas tonalidades. De acuerdo con prácticas realizadas desde antaño, no solamente emplearon lana blanca para el teñido, sino que también utilizaron lana gris para lograr una mayor saturación de color en ciertas áreas, principalmente en el color oscuro del área central. La saturación del añil sobre la lana de color gris ha creado prácticamente un fondo negro sobre el que resplandece el centro rojo, como si fuera un corazón palpitante.
A fines de mayo comenzó el proceso de tejido. Horacio necesitaba terminar un encargo previo para desocupar el telar que utilizaría en esta pieza pues, a diferencia de la original, la tejería en un solo lienzo (el sarape tomado como referencia mide 240 x 153 cm). Al esbozar los diseños y distribuirlos en las medidas indicadas, se dio cuenta de que necesitaría cambiar el peine del telar. Usualmente emplea un peine de seis hilos por pulgada; en esta ocasión, requería ocho hilos por pulgada. El tejido prometía e iba a buen paso cuando, de pronto, tuvo que interrumpirse, pues Horacio había contraído COVID-19.
Débil y con dificultad para respirar, Horacio y la familia Mendoza Ruiz se enfrentaron a un periodo bastante oscuro. Ante el inconveniente de no poder recibir atención médica en Teotitlán, ya fuera porque no había turno con el médico local o porque no querían atenderlo por temor a contagiarse del virus, terminaron hablando con la madrina de Fermina, médica radicada en Tijuana. Con la confianza en ella y la facilidad de conversar en su propia lengua, a través de llamadas telefónicas, mensajes de WhatsApp y videoconferencias, se diagnosticó como positivo a Horacio y se le comenzó a dar un cuidado riguroso basado en la higiene. Fermina permaneció a su lado de forma constante, lavando diariamente la ropa (incluida la ropa de cama), así como desinfectando la habitación y cualquier otro espacio que su esposo recorriera y tocara. “Abría las ventanas, la puerta, todo… Le decía: ‘Respira… Tienes que respirar el aire de la naturaleza… Respira’”, cuenta Fermina. Angustiada, mantenía una actitud calma y segura, pues no deseaba transmitir su preocupación y miedo a sus hijos, Christian, David y Reyna Ximena, de 21, 13 y 7 años respectivamente. El momento de mayor desesperación llegó una noche en que Horacio le pedía a Fermina que no lo dejara dormir “Porque si me duermo… ya no vuelvo”. La imagen de su abuela vino a él y, en su agotamiento, lo instaba a descansar, le decía que ella lo ayudaría en ese trance. Con algunos niños rondando, Horacio alcanzaba a ver un corredor muy largo, oscuro… y sintió que los pulmones se le vaciaban. Fermina se volcó a la oración, pidiendo por Horacio, por sus hijos, por ella…
“Es un milagro estar aquí”, afirmaron ambos durante su visita al MTO a inicios de este mes. “Me pidió una ensalada, ¡y pronto corrí a hacerla!”, rememora Fermina, pues el apetito indicaba mejoría. Las fuerzas volvieron poco a poco al cuerpo y al ánimo de Horacio, quien a mediados de julio volvió al telar. Al principio, solo un ratito, pues se agotaba.
—Oiga, Horacio, después de una experiencia así… estoy seguro de que la primera parte que tejió no es igual a lo que tejió después de su recuperación, ¿o sí?
—No, no es igual. Volví a nacer.
La pareja contó entonces sobre el cambio en su apreciación por las cosas. Por momentos, Fermina se sorprendía de tan poco avance en el telar después de toda una jornada de trabajo, pero Horacio era muy exigente consigo mismo en el proceso. “Me fijaba en cosas en las que tal vez antes no me hubiera fijado tanto”. Tejía… y si no le parecía correcto, destejía y volvía a tejer. Su actitud no solo cambió frente a su telar, sino frente a su familia. “Hasta los niños notan que hay un cambio en su papá”, cuenta Fermina.
Ver el sarape suspendido en el patio del MTO es atestiguar las historias que alimentan la creación textil. El tejido no es solo una cuestión manual o técnica; puede serlo, pero también va más allá. Los hilos son un lenguaje y, como tal, expresan ideas, experiencias, anhelos, logros, miedos… El textil también es un medio propicio para la reflexión, la apreciación, es más, para la sanación. En muchas ocasiones, los telares también establecen un puente entre el individuo y el colectivo, entre el presente y el pasado. Horacio concluye: “Mientras lo tejía, pensaba ‘quien hizo esto, fue un gran tejedor’”.2
(1) De Ávila, Alejandro. (1997). Historia del arte de Oaxaca, Arte contemporáneo. Oaxaca: Instituto Oaxaqueño de las Culturas.
(2) 11 de agosto de 2020. Texto de Hector M. Meneses Lozano escrito tras la visita de Fermina Ruiz Gutiérrez, Horacio Mendoza Martínez y Mariano Sosa Martínez al Museo Textil de Oaxaca, el día 3 de agosto de 2020, fecha en que entregaron el sarape. Cuenta con la revisión, edición y aprobación de Fermina y Horacio.