OAXAQUEÑOS Y ADABI TRABAJAN EN LA RESTAURACIÓN Y ESTABILIZACIÓN DEL AGEPEEO

El Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado de Oaxaca (AGEPEEO) es el segundo más importante en el país, por el acervo documental que ahí se resguarda en más de 16 000 metros lineales. Anteriormente estuvo resguardado en el Museo Rufino Tamayo, en el exconvento de Santo Domingo y en el Palacio de Gobierno, la última de sus sedes fue el exconvento de los Siete Príncipes. Por 40 años no se le dio ningún mantenimiento, los documentos estaban tirados en el suelo, expuestos a la humedad, en estanterías de madera que los contaminaban por la polilla, ahora la situación es diferente.

María Fernanda Blázquez Blázquez, coordinadora del área de Estabilización del equipo de la asociación civil Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México habló del avance en la restauración y estabilización de los documentos del AGEPEEO, cuyo proyecto inició en 2011, como resultado de un convenio de colaboración entre la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, Adabi y el Gobierno del Estado. El recurso para este rescate es del Gobierno de Estado, aunque el primer impulso económico fue de la Fundación Alfredo Harp Helú y la ejecución quedó en manos de la asociación civil Adabi que desde su origen es apoyada por la Fundación. El proyecto arquitectónico del nuevo inmueble, así como la supervisión de obra, también son aportados por la FAHH.

Comenta Fernanda Blázquez que este archivo estuvo cuatro décadas en abandono, pero que ahora está en franca recuperación. En el tiempo que lleva el proyecto, los trabajos de limpieza, conservación y organización han avanzado considerablemente. Este acervo es uno de los más importantes del país, resguarda documentos que datan desde la segunda mitad del siglo XVI hasta el siglo XX.

Según la restauradora, el rescate del AGEPEEO implica varios kilómetros de documentación, que finalmente serán resguardados en la Ciudad de los Archivos. Parte del acervo aún se encuentra en el exconvento de los Siete Príncipes, la última de sus sedes, y otra parte está en las instalaciones de Adabi en Oaxaca, donde se trabaja con altas medidas de seguridad y por bloques de documentación. “Iniciamos en junio de 2011, el avance es lento, pero continuo y sin cesar. El sexto año ya estaremos trabajando en el edifico del archivo, al menos ésa es la perspectiva. Hemos trabajado mucho en conjunto con quien hizo el proyecto ejecutivo para asegurar que las condiciones del archivo, en términos de conservación de material e infraestructura, sean las adecuadas, para poder dar mantenimiento a la documentación”. Blázquez apuntó que se planificaron talleres de estabilización, restauración y el área de organización con sumo cuidado, ya que la Ciudad de las Canteras alojará diferentes archivos en resguardo y la mayoría no llega en óptimas condiciones.

Para este proyecto se capacitaron 21 oaxaqueños, entre 19 y 57 años, para que trabajen en el rescate, guiados por dos restauradores. “En el equipo de estabilización trabajamos 23 personas. Ha implicado una labor en serie. Para las personas que capacitamos, este proyecto les permite acceder a una formación, no una licenciatura, pero sí bastante especializada. Han hecho lecturas, han recibido capacitación en cuanto a los criterios de restauración, qué hacer y qué no, cuidado de los materiales, por qué se restaura y por qué darle valor a los documentos”, señaló la restauradora y explicó que se buscó un perfil diverso, pero como requisito fundamental, que fueran personas que tuvieran habilidad manual. Consideró que ésta es una oportunidad única, porque por las manos de este equipo está pasando la historia de Oaxaca, que refleja, a su vez, la historia nacional.

Algunos de los documentos que han trabajado son los que producía el Gobierno del estado: información de la tesorería, procuración de justicia, correspondencia con el resto de los estados, entre otros. Ahora mismo trabajan documentos sobre educación del siglo XX, que se refiere a las campañas de alfabetización. Otros documentos de este archivo son los testimonios de la Guerra de Independencia con escritos de José María Morelos y Pavón, y el manuscrito más antiguo es uno de 1574 acerca de un juicio de idolatría, en Tlacolula. Se han rescatado documentos firmados por Benito Juárez, cuando aún era catedrático del Instituto de Ciencias y Artes, de Porfirio Díaz, Ricardo Flores Magón e incluso mapas y planos urbanos que se encontraban en malas condiciones; también hay muchas fotografías e información visual, carteles y afiches, que dan la visión global de una época. En el archivo sigue estando el manuscrito de la Constitución del 1857, un documento único.

El valor de estos documentos es incalculable para la memoria de nuestro país. Por fortuna, gracias a la suma de esfuerzos y de personas comprometidas con el cuidado de nuestro patrimonio, pronto se terminará su catalogación y organización y, además, se contará con un nuevo edificio con todas las instalaciones necesarias para albergar en condiciones dignas y adecuadas la memoria de Oaxaca.

Tomado de: Pérez, Carina (2014, mayo) “Oaxaqueños y ADABI trabajan en la restauración y estabilización del AGEPEEO.” Grupo NVI Noticias.

SUEÑOS DE ARCOS, LABORES Y LLOVIZNA

A pocos meses de cumplir 90 años de edad, don Evaristo Borboa Casas continúa entrelazando sus dedos y su corazón con los finos hilos del rebozo de jaspe. De pie, con un extremo del telar de otate sujeto a su cintura y el otro, a una viga de madera en su habitación, aprieta la trama del tejido con fuerza y cadencia. Su profundo amor a la labor que ha realizado durante los últimos 83 años es la fuente de donde brotan suaves rebozos que se escabullen a través de un anillo. Don Evaristo menciona que muchas veces ha soñado cómo va a lograr los diseños y colores de un rebozo. Estas visiones se conjugan con su talento y su pasión por el trabajo. El temple que demuestra al usar una navaja para romper los atados diminutos tras el teñido del jaspe, la fuerza que emplea para quebrar el almidón de las madejas y la paciencia a la que recurre para acomodar cada hilo en el telar conforman parte esencial de la vida que don Evaristo otorga a cada rebozo. La fórmula es sencilla cuando la menciona un artista como él: “Hay que echarle ganas, tener amor al trabajo y mirar siempre hacia adelante, con voluntad de hacer bien las cosas”.

El Museo Textil de Oaxaca se honra en presentar este reconocimiento a la trayectoria de don Evaristo Borboa, quien se ha mantenido firme en el telar de cintura con el fin de preservar y enriquecer la tradición del rebozo en su natal Tenancingo.

OAXACA, CENTRO DE LENGUAS OTOMANGUES

El Coloquio sobre Lenguas Otomangues y Vecinas (COLOV) llegó a su séptima edición y rindió un homenaje, el pasado 7 de abril, a Juan José Rendón Monzón, lingüista que dedicó muchos de sus años de estudio a las lenguas de Oaxaca.

Del 7 al 10 de abril, diversos especialistas y hablantes de lenguas otomangues y vecinas, convocados por la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC) de la Fundación Alfredo Harp Helú de Oaxaca, se reunieron en el Centro Cultural San Pablo para intercambiar conocimientos y experiencias a través de conferencias y eventos culturales, fórmula mixta que ha caracterizado este coloquio bianual que, en ediciones anteriores, ha recordado a destacados personajes en cuanto a sus aportaciones al estudio y promoción de dichas lenguas como Mario Molina Cruz, Antonio de los Reyes, Thomas Smith-Stark, María Teresa Fernández de Miranda y Francisco Belmar.

Para esta edición, el coloquio se dedicó a la memoria del lingüista Juan José Rendón Monzón, nacido en la Ciudad de México en 1934, quien fue alumno del lingüista Mauricio Swadesh e investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Además de su trabajo con distintas lenguas indígenas en cuanto a su descripción, desarrolló materiales de alfabetización y de apoyo al desarrollo de la lengua escrita en una cercana colaboración con comunidades de Oaxaca. Su compromiso social lo condujo a reflexionar sobre la organización social de los pueblos de la sierra norte de Oaxaca desde una perspectiva de autodesarrollo. Falleció el 12 de abril de 2005.

El homenaje a Rendón Monzón concluyó con la inauguración de la exposición De la lingüística académica al diálogo cultural, en donde estuvieron presentes familiares, amigos y colegas, quienes compartieron con los asistentes algunas de las anécdotas del reconocido investigador. La exposición puede visitarse en los corredores superiores del Centro Cultural San Pablo, donde permanecerá durante tres meses. Durante la inauguración del COLOV, el doctor Sebastián van Doesburg, director de la BIJC, dio la bienvenida a los participantes y recordó que “en Oaxaca las lenguas otomangues tienen una situación muy particular”, ya que cuatro de ellas, en la época colonial, contaban con amplias tradiciones escritas: el zapoteco, el mixteco, el chocholteco y el otomí, de las cuales las primeras tres lograron su desarrollo escrito en Oaxaca.

Sin embargo —explicó Van Doesburg—, en la época de la Independencia la escritura en estas lenguas fue reprimida de manera agresiva y no se le reconocía como un valor cultural; las lenguas se veían como obstáculo para el desarrollo de la nación. Desafortunadamente, esta situación continuó así hasta finales del siglo XX, por lo que persiste una visión peyorativa que justifica la ignorancia y desconocimiento en cuanto a lo que representan estas lenguas culturalmente.

“Pero a la vez surge la consciencia de la importancia que encierra la diversidad cultural en el mundo humano actual y a partir de finales del siglo XX vemos un cambio en la apreciación de la diversidad lingüística en México y Oaxaca”; dijo, resaltando la importancia de la realización del COLOV. Cabe destacar que durante los días que duró el coloquio se contó con la presencia de especialistas como la doctora Mandana Seyfeddinipur, directora del Programa para la Documentación de Lenguas en Peligro (ELDP por sus siglas en inglés) de la Universidad de Londres, el doctor Michael Dürr de la Universidad Libre de Berlín, el Doctor Leopoldo Valiñas Coalla de la UNAM, quienes dictaron conferencias magistrales, y el poeta y activista nahua Mardonio Carballo, quien habló de las lenguas indígenas y los medios de comunicación. El acto cerró con un concierto de rap en zapoteco a cargo de los integrantes de Badu bazendu’.

Las lenguas otomangues son aquellas que descienden de una antigua lengua ancestral, hablada hace miles de años, llamada proto-otomangue por los investigadores. Todas se caracterizan, entre otras cosas, por ser lenguas tonales. Hoy sabemos que probablemente fueron hablantes de esta lengua ancestral quienes domesticaron el maíz.

A 60 AÑOS DEL PRIMER CAMPEONATO

Llegó la hora de iniciar una campaña más para los Diablos Rojos del México. A diferencia del calendario anterior, el México no estará buscando defender el título, regresan al papel de contendientes, lo mismo que otros 14 equipos.

Con una base de jugadores bastante parecida a la de las últimas dos temporadas, José Luis “Borrego” Sandoval tendrá su estreno como manager en la Liga Mexicana, responsabilidad basante bien respaldada con campeonatos en las diferentes Ligas de desarrollo que ha dirigido, incluido el más reciente en la Liga Invernal Mexicana.

La Pandilla Roja ha preparado una serie de eventos a lo largo del 2016, destacando el recuerdo del primero de los 16 títulos que han conseguido a lo largo de su brillante historia.

Es una gran oportunidad para que los nuevos aficionados se enteren de uno de los pasajes más importantes en la historia del equipo escarlata. Fueron 16 largos años de espera para una afición que los vio nacer en 1940 y que de inmediato respaldó su preferencia, a pesar de que la corona no llegaba. Esos fieles seguidores se dieron cuenta de que la oficina siempre estuvo dispuesta para contratar a los mejores mexicanos y extranjeros, con la mira puesta en ocupar los primeros sitios, filosofía que ha perdurado hasta nuestros días.

Don Héctor Peralta, propietario de los Diablos Rojos en ese entonces, tuvo la genial idea de contratar al manager más cotizado de la pelota latina, el cubano Lázaro Salazar, quien ya sabía lo que era coronarse en México, incluyendo el tricampeonato con Monterrey, récord que no ha podido ser igualado hasta nuestros días. Aparte de la llegada de Salazar, el club estaba armado hasta los dientes para destronar a los Tigres, quienes un año antes se quedaron con el gallardete, apenas en su primera campaña. El pitcheo y el poder ofensivo no tenían comparación, a pesar de que en las primeras semanas no llegaron los triunfos que se habían presupuestado.

Aunque en todos los campeonatos hay diversas figuras, fueron dos los jugadores que se llevaron todos los encabezados: Francisco Ramírez y Alonso Perry. “Panchillo” en la loma y “Espiritón” con la madera fueron quienes soportaron al equipo durante toda la temporada, culminando ambos como los mejores jugadores de la competencia, y no sólo eso, en un hecho que será muy difícil volver a ver, cada uno fue el ganador de la triple corona en su especialidad, de verdad algo insólito en México y en cualquier otro país que tenga beisbol profesional.

Aunque es cierto que la historia no juega, repasar las hazañas de antaño deberá representar para los jugadores de los Diablos Rojos del México 2016, una gran motivación para completar la tarea que se esfumó hace algunos meses.

20 AÑOS CON OAXACA GUERREROS DE OAXACA

CUERPO TÉCNICO / NUEVA TEMPORADA

Enrique “Che” Reyes, núm. 30, Manager
Lugar de nacimiento: Perlas Negras, Veracruz, 20 de octubre de 1962
Héctor Álvarez, núm. 15, Coach de bateo
Lugar de nacimiento: Ciudad Obregón, Sonora, 16 de febrero de 1966
Abelardo Vega, Coach de bateo
Lugar de nacimiento: El Chary, Sinaloa, 24 de septiembre de 1946
Miguel A. Castelán, núm. 51, Coach de bateo
Lugar de nacimiento: Tampico Tamaulipas, 17 de abril de 1961
Octavio Álvarez, núm. 31, Coach de pitcheo
Lugar de nacimiento: Ciudad Obregón, Sonora, 25 de noviembre de 1972
Braulio Neri, núm. 42, Coach de pitcheo
Lugar de nacimiento: Veracruz, Veracruz, 2 de febrero de 1970
William Oliva, Trainner
Lugar de nacimiento: Escuinapa, Sinaloa, 5 de junio de 1974
William Oliva Jr, Trainner
Lugar de nacimiento: Guadalajara, Jalisco.
Charly Sosa, núm. 4, Bat boy
Lugar de nacimiento: Córdoba, Veracruz, 26 de marzo de 1981
Rogelio Zavala núm.33, Bat boy
Lugar de nacimiento: Oaxaca, Oaxaca, 31 de octubre de 1967
Germán G. Barrita, Operador Guerrerobus
Lugar de nacimiento: Ejutla De Crespo, Oaxaca, 28 de mayo de 1965
Juan Manuel Cuevas, Operador Guerrerobus
Lugar de nacimiento: Oaxaca, Oaxaca, 8 de marzo de 1986

UN AÑO DEL TALLER PERMANENTE DE CUERDAS EN OAXACA

Se sabe que los oaxaqueños son excelentes músicos en instrumentos de viento, a tal grado que son reconocidos en el ámbito internacional. Sin embargo, no sucede lo mismo con las cuerdas, que en muchas ocasiones no cubren el nivel mínimo deseado.


Es por ello que la Fonoteca ofrece un taller educativo permanente, dirigido específicamente a la sección de cuerdas. El taller es impartido por excelentes maestros nacionales e internacionales para los jóvenes músicos oaxaqueños y para los docentes, con el fin de enriquecer su enseñanza. La meta es que los maestros y alumnos participantes tengan nuevas técnicas y métodos para elevar el nivel de ejecución, que enriquezcan su manera de percibir la música y que, además, tengan la oportunidad de oír y ser escuchados por músicos de alto nivel musical.

Una selección rigurosa en las principales escuelas de la ciudad fue realizada con el fin de invitar a los músicos a participar en el taller. La Escuela de Bellas Artes, la Casa de la Cultura Oaxaqueña, el Centro de Iniciación Musical de Oaxaca, la Orquesta Esperanza Azteca Oaxaca y el Centro de Educación Artística Miguel Cabrera aseguraron el ingreso de los alumnos más destacados en su respectivo instrumento. Fue así como se seleccionaron a los 21 estudiantes de los 50 aspirantes que se presentaron en las audiciones. Durante el transcurso del año 2015, ocho alumnos se dieron de baja para seguir su educación musical en diferentes estados del país, por lo que este año se realizó una nueva convocatoria en la que quedaron seleccionados 10 alumnos más. Hay que mencionar que no se trata de un taller cerrado, por lo que puede acercarse como oyente quien esté interesado.

El taller dio inicio con la participación del trío de cuerdas conformado por Sharon Cohen (violín), Shaw Pong Liu (violín) y Michal Shein (violonchelo). Posteriormente, la enseñanza quedó a cargo del violinista Sócrates Juárez, quien fungió como el tutor inmediato de esta nueva generación. La segunda sesión fue impartida por Fernando Martínez (contrabajo) y Paulina Espinosa Hernández (violín) en junio y un mes después la violinista Beata Kukawska ofreció clases magistrales. En la cuarta reunión se contó con la participación del Cuarteto Novelo, integrado por Mykyta Klochkov (violín), Paweł Śliwiński (violín), Matthew Schubring (viola) e Ivan Koulikov (violonchelo). En este año el violonchelista Adolfo Ramos participó en la quinta edición. Algunos integrantes del Quinteto Polaco integrado por Paweł Śliwiński (violín), Matthew Schubring (viola), Ivan Koulikov (violonchelo) y Beata Kukawska (violín) ofrecieron las clases magistrales en sus respectivos instrumentos el pasado 16 de marzo.

A un año de su fundación, las maestras Shaw Pong Liu y Michal Shein, acompañadas por Amelia Ames (viola), volviera para dar la séptima reunión del taller de cuerdas del 29 al 31 de marzo. A lo largo de este año se ha podido ofrecer un impulso musical a los alumnos que han participado en el taller, logrando incentivar el desarrollo de los músicos oaxaqueños.


RESEÑA

Oaxaca Libro de sueños: 99 sueños de niñas y niños oaxaqueños,
Roger Omar (compilador). Valencia, España, Media Vaca, 2015. 224 p.

Durante el mes de noviembre de 2014, Roger Omar se dedicó a recorrer escuelas y bibliotecas de la ciudad de Oaxaca y sus alrededores con el propósito de recopilar sueños de niñas y niños oaxaqueños. Los frutos más palpables de esa experiencia son más de un millar de sueños infantiles; los aquí reunidos constituyen una pequeña pero significativa muestra.

Oaxaca Libro de sueños se abre con el siguiente aviso:

“Hay muchas maneras de recorrer una ciudad: Mazatlán en avioneta, París a nado, Valencia a caballo, Helsinki hojeando un viejo álbum de fotos, Kapaa a través del relato de un intrépido surfista manco. En cualquier caso, quien absorbe una ciudad y da testimonio de ella, tiene la precaución de llevar los ojos bien abiertos. ¡No en este libro! Las miradas que aquí se recogen y que queremos compartir contigo se consiguieron con cientos de ojitos bien cerrados. Te invitamos a descubrir sucesos extraordinarios a través de los sueños de los niños. En este libro vas a poder contemplar el universo sobrenatural que envuelve a Oaxaca ‘cuando el cielo se oscurece y una parte del mundo duerme’.

“Estos 99 sueños, con sus ilustraciones correspondientes, se reproducen de la forma más fiel posible y, salvo algún texto muy extenso o algún dibujo que ha habido que adaptar al formato, todas las colaboraciones conservan las características originales del papel y de la escritura. Se han mantenido las peculiaridades ortográficas y sintácticas de sus autores y, también, cada una de sus numerosas faltas. Recomendamos a los lectores que las miren con indulgencia porque, muy probablemente, una buena porción de estos jóvenes no estaban completamente despiertos cuando pasaron al papel lo que habían soñado tan sólo un instante”.

LA RECUPERACIÓN DE APLANADOS Y PINTURA MURAL EN LA RESTAURACIÓN ARQUITECTÓNICA

INTERVENCIÓN EN LA CRUJÍA NORTE DEL EXCONVENTO DE SAN PABLO

Desde abril del 2014 se lleva a cabo la restauración de la crujía norte del exconvento de San Pablo que aún estaba inserta en una casa particular sobre la Avenida Independencia. Ha sido un proceso lento: supimos que allí, escondido bajo capas de pintura, muros, piedras y varias toneladas de tierra, debió existir buena parte del antiguo monasterio de los dominicos. Sacarlo requiere tiempo y serenidad. La paciencia es una virtud bien retribuida cuando de restauración se habla. Analizar concienzudamente los datos nos ayuda a entender mejor lo que vamos descubriendo y cómo podemos devolver el antiguo esplendor sin perder esa sutil belleza que brinda el paso del tiempo.

El edificio nos ha sorprendido día a día con información nueva que ha enriquecido su historia —nuestra historia— y, al mismo tiempo, nos ha obligado a detenernos de vez en cuando y replantear procedimientos que al iniciar creíamos seguros. Comenzamos con un registro exhaustivo y con exploraciones puntuales que, para el caso de los acabados arquitectónicos y de la pintura mural, se llaman “calas estratigráficas”. Se trata de pequeños cuadrantes de escasos centímetros en los que se va descubriendo capa por capa lo que se encuentra debajo de la última capa de pintura para poder vislumbrar lo que existe en los muros y en las bóvedas. A veces nos topábamos con áreas que habían sido destruidas por los distintos usos del edificio, otras veces con decoraciones complejas. Todos estos datos iban a parar al proyecto, o sea el documento rector de toda intervención que nos dará los lineamientos para saber qué hacer, cómo, dónde y cuándo. Al momento en que nos juntábamos los arqueólogos, los arquitectos y los restauradores a compartir la información que estábamos encontrando, las propuestas de intervención se iban acoplando para poder recuperar los espacios arquitectónicos sin demeritar toda la historia que contienen, entendiendo al edificio como una suerte de “documento”, siendo los pisos, muros y techos las páginas que nos están contando todo lo que le ha sucedido a lo largo de 488 años. Una vez que tuvimos suficiente información y logramos vislumbrar las líneas de acción y los criterios que guiarían la restauración, comenzamos a trabajar. Mientras se demolían muros que entorpecían la correcta lectura de los espacios conventuales y se retiraban techos, porque ya no cumplían su función por estar severamente deteriorados o porque fueron cambiados por losas de concreto, los restauradores comenzamos a develar capa por capa lo que nos contaban los muros y las bóvedas sobre las personas que habían vivido ahí y cómo ocuparon ese lugar. Lo que empezó siendo un laberinto de paredes, tinacos, lavaderos, lavabos y tazas de baño, espacios que estaban pintados con colores brillantes que sólo el esmalte industrial puede generar, fue cambiando poco a poco en un lugar que había sido construido para ser un monasterio del siglo XVII. Cada área presentó una peculiaridad: teníamos sobrepuestas de 6 hasta 14 capas de pintura y aplanados y había que discernir cuál de ellas era la que más información nos estaba brindando. Estas capas no son continuas, es decir, cambian en su apariencia y diseño desde el piso hasta el techo. Encontramos, por ejemplo, guardapolvos azules con pringas negras, delimitados por una línea doble de color café que daba paso a un muro rosa pastel, o bien bóvedas color azul celeste con cenefas de múltiples líneas en diferentes tonos de gris, café y azul. Los colores, las formas, las técnicas pictóricas y hasta las fibras o pelos de las brochas y pinceles que quedaron atrapados en la pintura nos dicen en qué época la realizaron y la función que tenía cada espacio.

Así, hemos logrado entender en qué momento se subdividió el predio, cuándo se cerraron ventanas o se abrieron puertas y encontrar, debajo de todo eso, la presencia de los frailes dominicos que construyeron el primer convento de Oaxaca.

EL ENCANTO DE LAS PRENDAS AJENAS: LAS ARTES TEXTILES FRENTE AL TURISMO

La Revolución Industrial hizo crecer a la clase media en Europa y Norteamérica, un nuevo perfil de la población urbana que trajo consigo cambios culturales profundos. El incremento en los ingresos de un amplio sector de la ciudadanía en esos países propició que los viajes de placer se convirtieran en itinerarios redituables y multitudinarios a partir del siglo XIX. Los hoteles, restoranes y mercados de artesanías prosperaron de manera dramática una vez que adaptaron sus servicios a las preferencias del turismo de masas. Nuestro país siguió esa nueva vocación económica desde fechas tempranas. Su proximidad a los Estados Unidos y su oferta variada de atractivos naturales, ruinas arqueológicas, ciudades coloniales y una cultura popular vibrante la convirtieron en destino favorito generación tras generación. La terminación de la Carretera Panamericana (en su tramo nacional) en 1950 permitió la llegada de familias enteras anglosajonas a bordo de su propio automóvil, ávidas de presenciar costumbres exóticas para ellos y llevar de vuelta a su mundo la cajuela llena de souvenirs: “Mexican curious”, curiosidades mexicanas, recuerdos…

Los productores vieron aumentar rápidamente en esos años la demanda de camisas bordadas, sarapes veteados y otras prendas coloridas que atestiguaban la capacidad económica para emprender un largo viaje sin que el portador se viera “demasiado mexicano”, como dijera el director neoyorquino Woody Allen en una de sus películas. Los tejedores respondieron con agilidad al gusto de los visitantes. La paleta se inclinó hacia tonos que estaban de moda a mediados del siglo pasado, como el rosa pálido, el amarillo claro, el verde turquesa y el azul cielo. En muchos casos la densidad de los hilos se relajó, pues los nuevos compradores no diferenciaban grados de calidad en el tejido y preferían pagar poco. Los diseños tendieron a simplificarse y se popularizó una iconografía nacionalista que glorificaba la vida rural: el burrito con su carga al lomo, los volcanes nevados, el maguey pulquero, las trajineras de Xochimilco. Se configuraron así formatos textiles nunca antes vistos, paños decorativos que hacían eco a los gritos del mariachi y aseveraban con fuerza un mensaje visual de mexicanismo convencionalizado.

Sesenta y seis años después de la inauguración de la Panamericana, México encabeza la lista de países más visitados en Latinoamérica y ocupa el décimo lugar en el ámbito mundial. El turismo ha moldeado durante todo ese tiempo buena parte de la producción artesanal. La demanda no ha sido estática; en diferentes momentos los compradores han preferido prendas de uno u otro estilo, de tal o cual región. Los críticos han culpado al turismo de inducir un deterioro generalizado en el arte popular, conduciendo a los artesanos a reducir costos y estandarizar sus productos conforme a los gustos de la clase media urbana. Es cierto que así sucedió en muchas instancias. Pero también es justo reconocer que en algunos casos el mercado externo permitió revitalizar manufacturas que languidecían. Incluso podemos señalar ejemplos donde el aprecio de los consumidores foráneos llevó a los artistas populares a resucitar materiales y técnicas que ya habían desaparecido. En esta exposición buscamos acercarnos a esa trayectoria de siete décadas, seleccionando piezas que reflejan lo bueno, lo cursi y lo sublime en el encuentro del turismo con las artes textiles tradicionales de México y Guatemala. Al transitar por la muestra, esperamos que nuestros visitantes perciban la trascendencia de ese encuentro que ha llegado a cimbrar cánones culturales y a cuestionar la noción misma de identidad étnica y nacional. En los textiles aquí exhibidos creemos entrever atisbos de un mundo crecientemente conectado.

DESTACA EL RESCATE DEL PATRIMONIO HISTÓRICO EN LA MIXTECA OAXAQUEÑA

Con apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y de la Secretaría de Cultura (antes Conaculta), comunidades se esfuerzan por conservar su herencia cultural. La unión de esfuerzos entre los habitantes de diversas comunidades de la Mixteca y especialistas en restauración de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y del Instituto Nacional de Antropología e Historia ha colocado a esta región de Oaxaca como un referente en la restauración de la riqueza patrimonial que existe en cada una de las comunidades.

La doctora María Isabel Grañén Porrúa, presidenta de la FAHHO, emprendió un recorrido por las áridas tierras de esta zona para visitar San Miguel Adéquez, Santiago Tejupan, Santiago Teotongo y San Cristóbal Suchixtlahuaca, cuatro comunidades que han sido beneficiadas por el Fondo de Apoyo a Comunidades para Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos (FOREMOBA), programa tripartita de la ahora nombrada Secretaría de Cultura, al que la FAHHO aporta una tercera parte de los costos. En todos los casos, los restauradores son especialistas del Taller de Restauración pertenecientes a la FAHHO y de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH.

Casa de Visitas e iglesia de San Miguel Adéquez

El primer punto de encuentro fue San Miguel Adéquez, donde un grupo de habitantes de esta comunidad conformada por 32 familias recibió a la Doctora María Isabel Grañén Porrúa y a los especialistas que la acompañaron, entre ellos Sebastián van Doesburg y Gerardo Virgilio López Nogales de la FAHHO, quienes explicaron los trabajos de restauración que se realizaron en la Casa de Visitas, un singular monumento de arquitectura mixteca que data del siglo XVI. Anteriormente, durante el 2013, el Taller había terminado la consolidación de las bóvedas, el enladrillado y la impermeabilización de la cubierta del pequeño templo. Según explicaron los especialistas, la Casa de Visitas, construida en piedra caliza de la región (ndeque), es una construcción que revela una estética y un particular estilo arquitectónico típicos de varios inmuebles coetáneos de la Mixteca Alta y que incorpora referencias de la arquitectura prehispánica y de la española renacentista. La segunda parte del rescate consistió en la consolidación de muros, la libración de agregados y la reconstrucción del techo desaparecido.

Retablos y portal de peregrinos en Tejupan

El equipo llegó a Tejupan acompañado por Ignacio Mendaro Corsini, arquitecto responsable del proyecto Parque Ciudad de las Canteras y Archivo Histórico de Oaxaca. El año pasado los especialistas emprendieron aquí la primera etapa de la restauración del exconvento de Santiago Apóstol, una construcción del siglo XVI de características únicas, pero desafortunadamente en muy mal estado. Los restauradores de la FAHHO centraron su labor en el amplio portal de peregrinos, donde se consolidaron los muros e integraron enrases de piedra. Posteriormente, se integraron las vigas de arrastre y de carga apoyadas sobre curiosas ménsulas largas para luego enladrillar, impermeabilizar e integrar la cubierta, además de aplicar hidrofugante e instalar la iluminación.

El grupo recorrió, acompañado por autoridades municipales, el interior del templo para conocer los siete retablos fechados entre los siglos XVI al XIX, que desde el 2005 han sido restaurados por el INAH bajo la dirección de Luis Huidobro, quien se sumó a las visitas y dio una explicación detallada de cada uno de los trabajos que se han realizado en esta comunidad mixteca.

Santiago Teotongo, antigua comunidad chocholteca

Los caminos de la Mixteca condujeron la visita a Santiago Teotongo. En esta comunidad, con el cobijo de las autoridades, los especialistas del INAH explicaron los trabajos que han realizado en la conservación de la espectacular colección de retablos que resguarda el templo. Acá se logró apreciar el retablo principal dedicado al santo patrono Santiago Apóstol, que mide aproximadamente 11 metros de altura. Los muros del templo están cubiertos por once retablos de gran calidad, que atan de los siglos XVII al XVIII, que relatan discursos iconográficos diversos, como los marianos, que hablan de la vida de la Virgen, otro de las Ánimas del Purgatorio, uno más dedicado a la Crucifixión, entre otros.

Los especialistas intervinieron tres retablos laterales que estaban en muy mal estado: les faltaban secciones completas, las cajas donde se asientan las columnas estaban literalmente vencidas, y no se habían desplomado sólo porque alguien los había sujetado muy bien. Actualmente está por concluir la segunda etapa de restauración de otros dos retablos: Santa Gertrudis y la Crucifixión.

El templo de Santiago Teotongo también resguarda un mueble excepcional del siglo XVIII. El armario imita los muebles chinos que estaban llegando en esa época a Acapulco con la nao de las Filipinas: sobre un fondo rojo se pintaron múltiples escenas referentes a la vida cotidiana de la élite del siglo XVIII. El trabajo de restauración estuvo enfocado a recuperar el color original y las imágenes doradas que la adornan. Yunuen Maldonado Dorantes, historiadora del arte e integrante del INAH, explicó que el armario fue de uso doméstico y no formó parte de los muebles del templo, ya que la decoración carece de imágenes religiosas que la vinculen con el histórico recinto.

Después del recorrido por diversos puntos del templo, un grupo de músicos tocó —entre otras piezas— la Canción Mixteca de José López Alavez, la cual fue interpretada en su versión chocholteca, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de conocer el sonido de la lengua originaria de este pueblo.

San Cristóbal Suchixtlahuaca

La tarde alcanzó al grupo de visitantes en San Cristóbal Suchixtlahuaca, el último punto de este recorrido por la Mixteca. Aquí, la autoridad municipal agradeció a la doctora María Isabel Grañén Porrúa el apoyo que la FAHHO ha brindado para rescatar la riqueza patrimonial del templo de la comunidad y los retablos que ahí se conservan.

Tras el acto de bienvenida, el grupo acudió al templo de San Cristóbal donde los integrantes del INAH explicaron los trabajos que realizaron en el retablo principal de finales del siglo XVIII, dedicado al santo patrono, y uno lateral de la misma época, dedicado a la Virgen.

Aquí también se restauró un gran lienzo en el retablo de las almas del Purgatorio que representa al Juicio Final. La extraordinaria pintura está firmada por Miguel de Mendoza, pintor mixteco de la época novohispana. Los restauradores mencionaron que las obras del artista reflejan su calidad técnica en el uso de luces y sombras en la representación de sus personajes, así como la construcción de texturas a base de veladuras.

Un esfuerzo de las comunidades

El recorrido por estas tierras permite constatar el compromiso que los habitantes de cada comunidad tienen por rescatar y cuidar el patrimonio histórico que heredaron de sus ancestros. Aunque la parte económica es importante para lograr el rescate, el esfuerzo de cada una de las personas se convierte en el principal motor de trabajo que, con base en la confianza y la cooperación, desde hace varios años ha logrado el desarrollo de las obras de restauración. “Qué bueno que cayeron en manos de los expertos, que confiaron en ellos. Está bien hacer estas alianzas para recuperar el patrimonio que es de las comunidades pero que también es de México y el mundo”, externó a los habitantes la presidenta de la FAHHO. Por su parte, Sebastián van Doesburg resaltó que la serie de restauraciones es “una muestra de lo que se puede lograr con las relaciones de confianza”.

SPLENDOR. LAS PORTADAS ARQUITECTÓNICAS EN LOS LIBROS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

La primera página de un libro se llama “portada”. El origen de la palabra proviene del latín porta que significa puerta, es la entrada al libro. En los inicios de la imprenta los datos de identificación del libro se consignaban al final de la obra, en el colofón. La aparición de la portada se relaciona más con el proceso de creación del libro que con el interés del autor o el impresor de mostrar sus datos, ya que las obras se distribuían sin encuadernar y los impresores dejaban en blanco la primera hoja para evitar el deterioro del texto con la manipulación, al paso del tiempo se añadieron datos en esa primera hoja hasta llegar a conformar lo que actualmente conocemos como portada. Su función era presentar los datos esenciales para la identificación del libro: título general de la obra, nombre del autor, dedicatoria, particularidades de la edición y pie de imprenta. En España, Felipe II estableció en la Pragmática de 1558 que los datos de la obra debían consignarse en la primera página con penas de muerte, destierro y confiscación de bienes para los infractores.

El diseño de la portada alcanzó su esplendor con las portadas arquitectónicas de los siglos XVI y XVII. Fue una de las manifestaciones más importantes del grabado libresco, en las que se incorporaron elementos arquitectónicos imitando fachadas, retablos y pedestales para enmarcar los datos. En esta ocasión, la Biblioteca Francisco de Burgoa exhibe obras editadas en las imprentas más destacadas del Renacimiento y del periodo Barroco, libros en los que se conjugan la habilidad del dibujante, la maestría del grabador y el pensamiento de una época.

La sustitución del grabado en madera por el grabado en metal, a fines del XVI, fomentó los nuevos cambios en el aspecto de la portada porque el metal permitía reproducir mejor el contraste y un trazo más fino. La presentación de la obra ya no estaba sólo en manos de los impresores sino de los artistas; los dibujantes y los grabadores salieron del anonimato y firmaron sus obras adquiriendo su parte de responsabilidad en el resultado final, junto con el autor y el impresor.

El libro, menciona Jorge Luis Borges, es una extensión de la memoria y la imaginación, es así como las portadas arquitectónicas nos trasladan a una época en la que el arte y el pensamiento redescubren las fuentes clásicas y se inspiran para crear nuevas formas. Un mundo simbólico inunda el pensamiento de la época, el lenguaje es comprensible sólo para aquellos que conocen el código por el que se rigen las imágenes. A través de la cultura grecolatina, presente en la memoria, se dio contexto a ciertas necesidades de expresión. El artista conectó, transformó y adaptó los símbolos. Son frecuentes las referencias a la mitología clásica con intención moralizadora y las diversas representaciones alegóricas que aluden a las virtudes, la muerte, los planetas, los continentes o el poder.

Predominan elementos arquitectónicos como basamento, frontón circular o triangular, apoyado sobre pilastras o columnas formando un marco para los datos de la obra. También es común la colocación de figuras laterales en nichos o en forma de estípites, a manera de retablo escultórico. Con el paso del tiempo, los elementos esenciales no solamente hacen referencia al texto sino que se combinan con retratos, escudos nobiliarios, emblemas y alegorías. En la portada se dispone del espacio de acuerdo al mensaje que se quiera transmitir, nada es aleatorio.

La Biblioteca Francisco de Burgoa se enorgullece por contar con diversos ejemplares de libros con grabados que ejemplifican este tema y extiende una cordial invitación para que visiten la exposición Splendor. Las portadas arquitectónicas en los libros de los siglos XVI y XVII a partir del 26 de abril al 28 de agosto.

HOMENAJE AL MAESTRO GILBERTO MARTÍNEZ

Hermanos y amigos que hoy nos acompañan.

El padre Llorente, escritor español, plasmó hace años la siguiente sentencia:

A los ochenta años se desvanecen los sueños, se modifican los planes, se recortan las ambiciones, se aquietan las pasiones, ya no se duerme la noche de un tirón, da gusto estar sentado, cuesta subir escaleras, se alargan las siestas y se echan de menos los compañeros de camino. Ya quedan pocos, y de esos pocos, unos están sordos, otros caminan a tientas y otros han perdido la memoria.

Al leer esta cruel sentencia podemos pensar en mucha gente, pero no en nuestro hermano Gilberto. El hermano Gilberto trajo, hasta el fin de sus días, azorado a su Ángel de la Guarda. A sus noventa años le sobraban sueños, proyectos, ganas de vivir, celo apostólico. Es por ello, si me lo permiten, que quiero compartir hoy un fragmento del poema sobre la vejez de José Saramago que refleja muy bien la vida de nuestro hermano Gilberto.

¿Qué cuántos años tengo?
–¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo,
y otros “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!…
¡Estás muy viejo, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos, las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa…

¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo setenta, ochenta o más!

Pues lo que importa: ¡Es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos

¿Qué cuántos años tengo? ¡Eso!… ¿a quién le importa?
Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
¡Y hacer lo que quiero y siento!
Qué importa cuántos años tengo.
O cuántos espero, si con los años que tengo,
¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!

Hemos celebrado la Eucaristía, culmen de nuestra vida cristiana, en agradecimiento por la vida de nuestro querido hermano Gilberto Martínez Soto. Los que le conocieron recuerdan la fuerza de la vocación de nuestro hermano: su incansable búsqueda de encontrar a Dios en todo, el amor profundo por la educación, su celo por la salvación de las almas, su caridad sin límite. Muchas personas han expresado su convicción de que su vida fue profundamente marcada por el testimonio de un hombre que fue coherente hasta el final.

El hermano Gilberto alcanzó la plenitud como ser humano…. Fue su día… se cumplió el más anhelado de sus sueños… estar junto a muchos en la presencia del Padre… Ahí están sus padres, sus hermanos de sangre, muchos de sus hermanos de fe, algunos de sus exalumnos, y desde ahí seguirá iluminando el camino… dejando claro que él no es el camino sino simplemente un referente para seguir el camino.

La vida de nuestro hermano nos recuerda que la vida es itinerario, compromiso, amor. Pudo haber cometido muchos errores, sin embargo, dejó huella (y profunda) de su paso por esta vida. La vida de nuestro hermano debe darnos unas ganas tremendas de vivir y de amar. No nos queda más que decir, gracias don Gilberto, gracias por ser un hermano exageradamente fraterno, por ser usted… por darse todo… y por ser alguien que siempre nos enseñó que somos herederos de un sueño sin fin y que ahora nos toca a nosotros seguir…

No quiero dejar la pasar la oportunidad para agradecer a todos ustedes no sólo su presencia hoy aquí sino su presencia en la vida de nuestro hermano Gilberto, en especial a la comunidad de León que lo acompañó con una caridad exquisita, a don Alfredo Harp, a quien él tanto apreciaba, a Emilio y a Martín y sus respectivas familias. Sólo me queda pedirle al Señor algo que siempre que participo en un funeral le pido: Haz, Señor, que la muerte me encuentre vivo.

Muchas gracias.

RECUERDOS DE GILBERTO MARTÍNEZ

Conservo recuerdos agradables de todos los maestros y hermanos lasallistas que fueron mis directores y profesores. Siento un cariño especial por el gran manager Gilberto Martínez Soto, “el Chaparro”, mi maestro de sexto de primaria. Con él aprendí a enfrentarme a los problemas que se presentan diariamente; establecimos una amistad que se fortaleció con el tiempo, trabajamos juntos en la escuela hasta que salí de preparatoria, después nos frecuentamos cuando él era director de la escuela Fundación Mier y Pesado y en la secundaria del Colegio Simón Bolívar y también lo seguí en su paso por las escuelas lasallistas de León, Guanajuato. Gracias
a don Gilberto hemos apoyado al Internado Guadalupano que se revitalizó a partir de 1990, ahí habitan niños de la calle, cursan la primaria y se les enseña algún oficio: carpintería, joyería y panadería, entre otras formas de ganarse la vida dignamente. En ese internado, los niños no solamente reciben una formación académica, sino que son aceptados y queridos y, aunque las puertas permanecen abiertas, ninguno se escapa, prefieren llevar una vida cordial.

Con la ayuda de don Gilberto, también formamos un fondo social de apoyo a la educación en zonas marginadas de México, principalmente en la Sierra Tarahumara, Oaxaca, Puebla y Guerrero. Juntos estamos en la tarea de construir una de las mejores escuelas de la república mexicana en la ciudad de Oaxaca. En el periodo de 2002-2003, opera ya la sección preescolar y la primaria, y en los próximos años comenzará la secundaria y el bachillerato. El “Chaparro” Martínez ha sido fundamental en mi desarrollo humano.

Tomado de: Alfredo Harp Helú, Vivir y morir jugando beisbol. México, Amigos de Oaxaca, Fundación Alfredo Harp Helú, 2003.

TODO COMENZÓ CON LAS PALETAS

La Familia Harp Helú se había establecido en Oaxaca pero desgraciadamente el padre falleció cuando Alfredo tenía tres años. En ese momento su hermana tenía cuatro años y su mamá estaba embarazada. Su madre decidió mudarse a la Ciudad de México. Al poco tiempo se acercó al Colegio Cristóbal Colón, dirigido por hermanos lasallistas. El señor Pierre Leonel aceptó becar Alfredo para que pudiera realizar sus estudios. Cursó hasta la preparatoria con nosotros. Fui su profesor en sexto año de primaria y desde entonces hemos establecido una verdadera amistad que con el tiempo ha dado múltiples frutos.

Todo comenzó un día que noté que era necesario renovar las bancas y los escritorios de los salones. Hablé con los superiores al respecto, pero me dijeron que si quería hacerlo habría que conseguir el dinero. Poco tiempo después, la escuela adquirió una máquina para hacer paletas heladas y vi en ello una oportunidad. Yo no sabía nada de ese oficio, pero tuve que aprenderlo para lograr lo que me proponía. Así que aprendí a usar la máquina, conseguí las materias primas y puse a Alfredo como administrador de la venta de las paletas. El costo de producción era de un centavo y podíamos vender cada paleta en diez centavos. Eran buenas ganancias, y en muy corto tiempo pudimos reunir el dinero para cambiar las bancas del colegio. Teníamos un público cautivo y los chamacos estaban felices con las paletas. Además, pudimos hacer otras cosas para beneficio de la escuela con esas ganancias. Alfredo llevaba muy bien las cuentas, era un niño muy ordenado y disciplinado, con un carácter muy sereno y con habilidades de organización. La venta de paletas fue el inicio de múltiples proyectos que hemos emprendido juntos a lo largo de la vida.

Otra actividad que le asignamos a Alfredo consistía en cuidar a la “patrulla” de los niños del medio internado. La patrulla era un grupo de muchachos que se sentaba en una hilera; cada hilera era una “patrulla” y Alfredo era quien los organizaba y vigilaba para que comieran bien y realizaran los deberes. Así, sereno como es hasta la fecha, sabía tratar a sus compañeros; todos le hacían caso.

Después pasó a la secundaria, pero de todas maneras me iba a visitar todos los días y si tenía tiempo se quedaba un rato para atender la venta de las paletas. Así lo hizo hasta que terminó la preparatoria. Un día me comentó que si había estudiado contabilidad había sido por mí, por aquella experiencia de las paletas.

Tomado de: La filantropía de Alfredo Harp Helú, una forma de vida. México. Fundación Alfredo Harp Helú, 2003.

EL PUEBLO ENCANTADO

El pueblo estaba hundido en la amargura por los conjuros a los que era sometido por unos hechiceros que habían llegado a San Agustín Etla, pero un día sus pobladores se dieron cuenta de que podían hacerles frente si les robaban sus cabezas, que los brujos se quitaban para dormir, y así recuperar la alegría perdida.

Éste, a grandes rasgos, es el argumento de la puesta en escena de El pueblo encantado, ballet que interpretaron los alumnos de La Fábrica de Hielo y del Taller de Danza del Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), bajo la dirección de Emilia Gracida.

El escenario no podía ser mejor, el CaSa. La obra, basada en una leyenda popular de San Agustín Etla, Oaxaca, es autoría de Emilia Gracida, con música de Sergéi Rachmáninov y Zakir Hussain. La puesta en escena de esta leyenda fue idea de los alumnos de los talleres. “Es una historia que me interesó montar, porque son cosas nuestras, con las que crecemos, vivimos y que entendemos”, afirma la directora.

La obra comenzó con una serie de fotografías de San Agustín; ante un desvanecimiento de la música los primeros bailarines entraron a escena.
Con rápidos y variados movimientos, acompañados del colorido del vestuario, mostraban la alegría en que vivían en el pueblo. Poco a poco las
luces se difuminaron para dar paso a los bailarines que interpretaban a los brujos. Con ropas oscuras y rotas ejecutaban su baile —que combinó el ballet clásico y el contemporáneo—, el lugar había sido encantado.

Junto a una melodía melancólica, las alumnas del grupo avanzado representaron ese momento en el que el pueblo estaba sometido y que entiende que, si les roban sus cabezas, encontrarán la felicidad.

Así, acompañados de luces, vestuarios y aplausos, los casi treinta estudiantes dieron a conocer los avances que han tenido en los talleres, además de finalizar sus actividades de 2015.

Te invitamos a ver el video de esta puesta en escena en el canal de YouTube de la FAHHO.

ORIGEN Y USO DEL REBOZO

El 10 de diciembre de 2015, en la Capilla del Rosario del Centro Cultural San Pablo, Ana Paulina Gámez M. dictó la conferencia Origen y uso del rebozo, que gozó de una nutrida asistencia por parte del público oaxaqueño. La plática comenzó aclarando el origen del rebozo y su primer uso entre las mujeres novohispanas. La prenda tiene su origen en el almaizal morisco, que usaban las musulmanas en España durante la Edad Media, como prenda de recato para cubrir su cabeza y, algunas veces, incluso su cara. Las mujeres cristianas también lo usaron en algunas ocasiones. El almaizal tenía una forma rectangular alargada con flecos en los extremos más distantes y estaba ornamentado con listas longitudinales en las orillas más largas y una serie de franjas transversales en el cuerpo textil.

Durante el siglo XVI el almaizal se impuso como prenda de recato a las mujeres de las castas novohispanas entre ellas mestizas, negras y mulatas. Estas mujeres tenían prohibido usar las tocas de las indígenas evangelizadas y no tenían acceso a las cofias y velos de las criollas y españolas adineradas. Al adaptarse a tierras novohipanas el almaizal se convirtió en el rebozo y sirvió también como distintivo social para las mujeres que lo usaban.

El uso del rebozo se generalizó en el territorio novohispano y para el siglo XVIII se usaba desde las provincias norteñas de Texas y Nuevo México hasta Guatemala. Las mujeres de las castas lo usaron a lo largo de todo el Virreinato, generalmente terciado sobre el pecho y cubriendo cabeza hombros y espalda. También lo hicieron las españolas y criollas de menos recursos económicos, mientras las más ricas los usaban dentro de sus casas como prenda doméstica y lo cambiaban por las mantillas de encaje para salir a la calle o asistir a la iglesia. Uno de sus usos menos conocidos es el que se hizo en las instituciones femeninas novohispanas, como los conventos, donde las monjas lo usaban para estar en sus celdas; los colegios (internados), donde formaba parte del uniforme de las alumnas o los recogimientos y beaterios en los que era parte del atuendo de las residentes.

Después de la Independencia, en el siglo XIX, las mujeres de las castas, entonces llamadas “chinas”, siguieron usando el rebozo como lo habían hecho durante los siglos anteriores, pero también le dieron otros usos como cargar cosas con él. Las criollas siguieron usándolo al interior de sus casas, pero abandonaron ese uso conforme avanzó el tiempo. A finales de esa centuria algunas mujeres indígenas, que vivían en las ciudades o cerca de ellas, incorporaron el rebozo a su indumentaria y abandonaron el uso de sus tocas.

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