EDITORIAL

Quienes han seguido este Boletín, conocen el tono celebrativo de sus páginas, porque eso es lo que procura la FAHHO: acciones que abran camino hacia la festividad de la vida y sus distintos modos de habitarla. Así es como, junto con la Lotería Nacional, celebramos el trigésimo quinto aniversario de la Fundación Alfredo Harp Helú con la emisión de un billete conmemorativo alusivo a este hecho. Asimismo, damos paso al reconocimiento de la vocación formativa de la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú con la firma de Daniel Rodríguez con los Padres de San Diego, un acontecimiento que reafirma la fuerza de un proyecto como la ABAHH. En este mismo sentido, los Diablos Rojos del México reconocen la historia de una profesional que abrió camino en el deporte de alto rendimiento para inspirar a más mujeres a integrarse a este ámbito.

En el ámbito museístico, el Museo Textil nos comparte dos exposiciones: una nos permite mirar al pasado por medio de las labores, mientras la otra nos ubica en un presente que apuesta por la innovación en la apreciación, producción y venta de los textiles. En consonancia, el Museo Infantil presenta el bordado como un acto grandioso, significativo y difícil de ignorar. Por su parte, el Museo de la Filatelia muestra un diálogo entre la filatelia y la tradición textil destacando la creatividad, el ingenio y la resistencia cultural de los pueblos originarios. Entretanto, el Centro Cultural San Pablo abre sus puertas a la exposición “Geografías líquidas”, de Mauricio Cervantes, para pensar lo humano y lo natural como una sola vertiente de la vida. No podemos dejar de mencionar la exposición de la FAHHO Itinerante que se presenta en la Casa de la Ciudad, pues se trata de una muestra de lo que la fuerza colaborativa generada entre las distintas filiales de la FAHHO puede lograr en coordinación con las comunidades conurbadas a la ciudad.

En lo referente a los libros, la lectura y la palabra, las notas del CCSP, Seguimos Leyendo y las Bibliotecas Móviles exploran la imaginación y la creatividad como un territorio de encuentro y de conocimiento. Apelando también a la imaginación, el MIO subraya la importancia de la creatividad, la experimentación y el aprendizaje colectivos en la infancia.

En el ámbito de la preservación de la memoria se reúnen diversas miradas sobre los procesos que esa labor implica: Adabi Oaxaca escribe una nota sobre la organización de archivos en San Mateo Etlatongo, Oaxaca; el Taller de Conservación y Restauración Documental habla de un enemigo cotidiano y silencioso de los libros: el polvo; y la Fonoteca Juan León Mariscal nos relata la travesía en los archivos para desempolvar la historia detrás de la leyenda de Macedonio Alcalá.

Así, este Boletín nos invita a reconocer la diversidad de caminos que convergen en un mismo horizonte: la formación, la cultura y el compromiso con la comunidad. Un conjunto de experiencias que abren nuevas posibilidades para seguir imaginando, creando y creciendo.


Todo lo que se pueda

Como una especie de regalo de graduación del destino —y tal vez de vocación— don Alfredo Harp Helú se ganó la lotería la misma semana que hizo su examen profesional. Con ello tuvo la oportunidad de entrar a la casa de bolsa para iniciar una trayectoria muy fructífera en la institución. Aunque confesó al público que no era muy aficionado a jugar a la lotería, lo hacía porque era una manera de apoyar las necesidades de la gente cuando la Lotería Nacional era “para la asistencia pública”. Tiempo después crearía su propio mecanismo de apoyo a México: la Fundación Alfredo Harp Helú (FAHH).

En 2026 la FAHH celebra su trigésimo quinto aniversario y, para homenajear el inicio de una trayectoria que ha tocado muchas vidas en México, el pasado viernes 23 de enero se develó un billete conmemorativo de la Lotería Nacional alusivo a este hecho. Para introducir el billete del Sorteo Mayor 4000, la directora general de la institución, Olivia Salomón, dirigió, en primera instancia, unas palabras al público reunido en el auditorio de la institución que preside, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El discurso estuvo centrado en los conceptos de generosidad, compromiso, convicción, pero, sobre todo, en los de visión y constancia; cada uno de ellos da cuenta de la “forma clara y coherente de ejercer la filantropía” por parte de don Alfredo Harp, mediante la fundación que lleva su nombre. La maestra Salomón afirmó que los billetes de lotería tienen como finalidad visibilizar trayectorias, reconocer esfuerzos y “conmemorar historias que han contribuido al desarrollo de México”, por lo que, gracias a este billete, es posible reconocer esa filantropía que no ha sido momentánea ni casual, sino producto de una visión y una convicción profundas: creer en México y trabajar cada día con disciplina, constancia y ética para transformar el éxito en un compromiso.

La directora general de la Lotería también hizo alusión a los diversos programas que la FAHH tiene como líneas de acción, los cuales responden a la lógica de su creador y presidente: invertir en las personas, pensar a largo plazo y actuar con responsabilidad para construir un futuro; ideas representadas en 3600000 cachitos impresos para este Sorteo Mayor.

Por su parte, don Alfredo Harp Helú aseguró que una de las ideas capitales en su vida es creer que “la mejor inversión está en México”, en lo que es posible hacer en ámbitos como la educación, el deporte y la cultura. Por lo que hizo hincapié en las diversas áreas de atención de la Fundación, citando como ejemplos el impulso a los deportes, la construcción de estadios, los programas de promoción de la lectura mediante bibliotecas móviles, así como el apoyo a la astronomía y a los archivos, además de los recursos invertidos en becas para estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional, por mencionar a las instituciones más apoyadas.

“Todo lo que se pueda” es la respuesta de don Alfredo a la pregunta sobre qué quiere hacer. Por eso se levanta cada día con la misma convicción: hacer lo mejor para conseguir hacer de México “el mejor país del mundo”, mediante el trabajo unido de todos.


La fábrica de talento no se detiene

Firma de Daniel Rodríguez con los Padres de San Diego. Fotografía: Acervo ABAHH

La Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú arrancó el 2026 con una noticia que confirma el rumbo y la madurez del proyecto: la firma del pícher mazatleco Daniel Rodríguez con los Padres de San Diego. Es un inicio simbólico y contundente, no solo por el prestigio de la organización que apuesta por su brazo, sino porque llega inmediatamente después de un año histórico para la Academia, en el que se alcanzaron 16 firmas rumbo a Grandes Ligas. Una cifra que habla de consistencia, metodología y visión a largo plazo.

La firma de Rodríguez representa, además, una historia que sintetiza el ADN de la Academia: la capacidad de diseñar rutas de desarrollo, de detectar potencial, y acompañar transformaciones reales. Hasta agosto del año pasado, Daniel era campocorto; su perfil atlético, su habilidad para soltar la pelota y su lectura del juego lo convertían en un jugador valioso en el infield. Pero el beisbol moderno, cada vez más atento a la proyección de herramientas, también exige decisiones valientes. La Academia, en coordinación con su estructura de formación, tomó una decisión estratégica: reconvertirlo en lanzador.

La transición no fue un gesto improvisado, fue un proceso. Convertir un jugador de posición en pícher implica un reto integral: mecánica, adaptación física, mentalidad competitiva y, sobre todo, tiempo de aprendizaje. Daniel aceptó el desafío con disciplina y apertura. Y el primer gran escenario para probar esa evolución fue el torneo Rising Stars de Cancún, una vitrina donde compiten talentos emergentes y se mide, sin concesiones, la capacidad de responder bajo presión.

Allí, la Academia Alfredo Harp Helú dejó una señal nítida: fue finalista del torneo, pese a presentarse con el promedio de edad más bajo de toda la competencia, con apenas 16 años. Ese dato no es menor. Ser competitivos con un róster más joven significa que el proceso formativo está funcionando: los fundamentos se sostienen, la preparación física acompaña, el enfoque mental está siendo trabajado y el modelo de juego es capaz de competir contra grupos con mayor experiencia y madurez biológica.

En ese contexto, el caso de Daniel Rodríguez adquiere un valor especial. Su conversión en lanzador no solo es un cambio de posición, es una confirmación del principio que guía a la Academia: el desarrollo no es lineal, pero sí puede ser dirigido. Cuando hay diagnóstico, seguimiento y un entorno que prioriza el crecimiento, los cambios se convierten en oportunidades. Desde la propia organización de los Diablos Rojos del México, la evaluación fue clara. Arturo López, coordinador de picheo de toda la franquicia y exligamayorista, comentó sobre Rodríguez: “muestra un físico envidiable y una proyección que hace soñar en la posibilidad de un nuevo grandeliga”. En una frase, López resume lo que la Academia busca todos los días: transformar el potencial en trayectoria.

Pero este anuncio no se entiende como un punto final, sino como el primer capítulo del año. La firma de Daniel Rodríguez es el primero de múltiples acuerdos que se van a concretar a lo largo de 2026, reafirmando la naturaleza exportadora de talento que ha caracterizado a la Academia Alfredo Harp Helú. La proyección interna es ambiciosa y, al mismo tiempo, realista frente a lo logrado. El presidente ejecutivo de los Diablos Rojos del México, Jorge del Valle, afirmó que espera que la Academia exporte alrededor de diez peloteros este año para liderar nuevamente el mercado mexicano.

En Oaxaca, el mensaje es consistente: la Academia no compite por momentos, compite por procesos. Cuando un proyecto se sostiene sobre metodología, formación integral y alianzas sólidas, los resultados dejan de ser sorpresa y se convierten en tendencia. Con Daniel Rodríguez como primera firma del año, 2026 empieza con el pie derecho y con una promesa tácita: seguir abriendo puertas para que más jóvenes mexicanos encuentren, desde la Academia, el camino hacia el beisbol de más alto nivel.


No solo a los niños les gustan los cuentos

El siguiente relato fue leído en el Centro Cultural San Pablo con motivo de la celebración del Día de Reyes, para acercar a las infancias la magia de creer, imaginar y compartir.

De eso estoy segura: a nosotros “los grandes” también nos gustan los cuentos. Nos gustan los que empiezan con “había una vez” y también aquellos donde hay gigantes, brujas y hadas, magia, y cosas que nos dan miedo, nos gustan o nos dejan pensando.

Este es un cuento de una niña que no creía en los Reyes Magos. Ella se llamaba Yunuén y les decía a todos sus amigos que no entendía por qué seguían creyendo en los Reyes.

—Los Reyes Magos no existen —les decía una y otra vez—, a mí nunca me traen nada.

Esa tarde fría de enero, mientras daban vueltas en la calle montados en sus bicis, una vez más les estaba diciendo eso a sus amigos, y la alcanzó a escuchar don Beto, uno de los vecinos.

Don Beto era un señor viejito que vivía en una de las últimas casas de la calle donde estaba la casa de Yunuén, y que todas las tardes iba, paso a pasito —con su bastón en mano—, a comprar pan para merendar. Era muy común ver a don Beto, una tarde cualquiera, regalarles chicles a los niños que jugaban en la calle cuando pasaba de regreso de comprar su pan.

—¡Buenas, don Beto!— le gritaron algunos de los niños al verlo pasar.
—Buenas, buenas— respondió don Beto, mientras pensaba lo que Yunuén había dicho y que había alcanzado a escuchar.

La calle tenía muchas luces de colores porque acababa de pasar la Navidad. La única casa que no estaba adornada era esa chiquita, muy sencilla, donde vivía don Beto y a la que finalmente llegó. Sacó la llave de su bolsillo y abrió despacito la puerta mientras seguía oyendo las risas y los gritos de los niños en la calle.

Una vez en casa, don Beto dejó el pan en la mesa, se sentó en su sillón y se quedó pensando. Conocía de vista a la mamá de Yunuén, una señora que trabajaba casi todo el día y llegaba por la noche para estar con su hija apenas un rato antes de que Yunuén se fuera a dormir.

De repente, como si le hubieran prendido un cohete, don Beto se levantó del sillón, agarró su bastón y salió de nuevo a la calle.

—¡Yunuén! ¡Yunuén!— gritó, llamando a la niña. Yunuén lo oyó y se acercó en la bici, derrapando un poco al frenar junto a la puerta de la casa de don Beto.

—¿Qué pasó, don Beto?
—Pues que oí lo que dijiste y que yo tampoco creo en eso de los Reyes. Es puro cuento, puras patrañas que han pasado de generación en generación.

Pero… ¿y si hoy en la noche los Reyes vinieran y nos trajeran algo a los dos? ¿Tú creerías en ellos? Yunuén se quedó dudosa.

—Pues igual y sí creería, pero la verdad, la verdad, no creo que eso pase.
—Pues veamos si pasa. Y si nos traen algo, yo no me sentiré tan solo como me siento todos los días, y tú ya no dirás que no crees en ellos.
—Juega, don Beto— dijo Yunuén rascándose la cabeza y acomodándose su coletero —pero conste que nomás lo haré por darle gusto.

Al día siguiente, Yunuén descubrió dos libros y un juego de mesa con un moño en el patio de su casa, junto al que había una nota: “Para Yunuén, de los Reyes Magos”.

Y don Beto, al salir de su casa, encontró pegada en la puerta, con cinta, una bolsa de papel que contenía una pieza de pan, y una notita que decía: “Sabemos que este es tu pan favorito, perdona que no te pudimos traer más”.

Esa mañana del 6 de enero, la mamá de Yunuén no podía entender dos cosas: que al llegar del trabajo la noche anterior, su hija le pidiera con insistencia ir a la panadería para comprar un pan… y que muy temprano ese día encontrara en el patio a Yunuén llorando y sonriendo a la vez, mientras abría, por primera vez en su vida, un regalo de los Reyes Magos.


Hacer memoria

Las creadoras de la colcha colectiva de Teotitlán del Valle frente a su obra. Fotografías: Karen Sandoval

Como parte de las actividades de FAHHO Itinerante, el 23 de enero de 2026 en la Casa de la Ciudad, se inauguró la exposición “Hacer memoria”. La muestra presenta dos lienzos realizados en San Francisco Lachigoló y Teotitlán del Valle, además de un registro audiovisual y fotográfico del desarrollo de un proyecto de enseñanza de técnicas artísticas a infancias y juventudes. La exposición estará montada hasta el 31 de marzo de 2026, te invitamos a visitarla. A continuación, reproducimos íntegro el texto de sala.

Hacer memoria
Los dos lienzos que conforman esta exposición son el resultado de un proyecto de enseñanza artística impulsado por FAHHO Itinerante, en colaboración con el Museo Infantil de Oaxaca, el Museo de la Filatelia de Oaxaca y el Museo Textil de Oaxaca. A lo largo de varias sesiones mensuales, los equipos educativos de estas instituciones visitaron las comunidades de Teotitlán del Valle y San Francisco Lachigoló, donde trabajaron con dos grupos distintos: niñas y niños, en el primer caso, y jóvenes estudiantes de bachillerato, en el segundo.

A partir del acompañamiento del equipo de instructores, las y los participantes exploraron diversas técnicas artísticas —bordado, serigrafía, grabado, sellos, pintura textil, entre otras—, las cuales se articularon en un proceso colectivo orientado a la creación de una obra común.

El proyecto se articuló en torno a un planteamiento central: ¿cómo se enseña y se aprende el arte?, ¿cuál es la mejor manera de acercarse a los procesos de creación? La respuesta se construyó desde la práctica, entendiendo el arte como una forma de conocimiento en la que el hacer y la reflexión se producen de manera inseparable. Parafraseando a Bruno Munari, se piensa mejor con las manos. Con esto en mente, se diseñó un programa cuyo eje fue la experiencia directa: el hacer colectivo y la exploración de los materiales.

El proceso se inició con una conversación en torno al territorio. Inspirados en los lienzos mesoamericanos y en la tradición de los quilts en Norteamérica, las y los participantes se preguntaron por los símbolos que conforman su entorno, por los elementos que dan sentido a su comunidad y por las relaciones que tejen cotidianamente con quienes la habitan. A partir de estas preguntas, y mediante dinámicas de diálogo y experimentación, fueron construyendo un repertorio de formas y significados que, mes con mes, se integraron en la obra textil.

El resultado de este proyecto se concreta en este par de lienzos que dan testimonio de un proceso colectivo de aprendizaje. Cada técnica artística utilizada es el registro de una experiencia compartida, de una memoria en construcción y de un territorio que se narra a sí mismo por medio de las manos de quienes lo habitan.


LABOR-ES: Un arte difícil y estimable

Muestra de textiles del Colegio de Vizcaínas en el Museo Textil. Fotografías: Acervo MTO

“LABOR-ES: Un arte difícil y estimable” —que se presenta en el Museo Textil de Oaxaca hasta el 12 de abril próximo— es el título de una muestra compuesta por una selección de 25 piezas de la colección del Museo del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, en Ciudad de México. Diferentes materiales y técnicas muestran el talento de las alumnas del colegio, quienes confeccionaron estos trabajos textiles entre los siglos XVIII y XIX.

El Colegio se fundó en 1732 como una institución para mujeres, donde la enseñanza de las labores fue parte importante de su formación. La colección de textiles consta de 1650 obras, de las cuales la mayoría fue elaborada por las colegialas de esta institución. En la sala de labor, bajo la dirección de excelentes profesoras, se confeccionaron piezas de indumentaria religiosa que fueron usadas en la Catedral Metropolitana e incluso se exportaron a España, así como vestimenta para santos y objetos de uso litúrgico. El reglamento que seguían con rigor dio lugar a la formación de destacadas alumnas.

A finales del siglo XIX se enviaron sobresalientes manufacturas a exposiciones internacionales, como la de Filadelfia en 1876, la de Chicago en 1893 y las de París, donde obtuvieron premios.

Aunque podemos conocer la autoría de algunas de estas creaciones, se desconoce la de la mayoría; por esta razón, el hecho de organizar una exposición es una forma de rendir homenaje a tantas manos anónimas que participaron en la creación de obras sobresalientes. La colección está formada por ejemplares que provienen de la Capilla de Aránzazu del Colegio de Nuestra Señora de la Caridad y San Miguel de Belén. Esta institución cerró a raíz de las Leyes de Reforma, de modo que alumnas, colecciones y documentos se trasladaron al Colegio de Vizcaínas en 1862. Por tal motivo, en el Archivo Histórico de Vizcaínas se conservan documentos que hacen referencia a varios temas relacionados con los textiles, tal es el caso de un inventario de la indumentaria religiosa de la Capilla de Aránzazu, datado en 1820, con la lista de los diferentes colores que se usaban en la liturgia. Cabe destacar la importancia de los documentos del Archivo Histórico, pues en ellos encontramos valiosa información que amplía el conocimiento del rico acervo textil.

El Colegio tuvo un primer museo entre 1938 y 1944, donde se exhibieron algunas pinturas, esculturas y muebles; gracias a los informes, se sabe que también se expusieron algunos textiles. Fue hasta 1996 cuando se acondicionaron diez salas para poder exhibir la colección del Colegio. De las 1650 piezas textiles, solo se muestra un número mínimo. En la actualidad —en vísperas de su 30 aniversario— es prioridad crear una sala específicamente para exhibir una selección de textiles que puedan apreciar los visitantes del Museo Vizcaínas.

La colaboración con otras instituciones es fundamental para posicionar la colección en otros ámbitos. Un ejemplo claro es el Museo Textil de Oaxaca, donde un público cautivo y especializado en textiles visita con regularidad las exposiciones temporales y, al mismo tiempo, recibe un gran número de visitantes locales, nacionales y extranjeros, quienes podrán descubrir y apreciar el gran talento de las manos de las colegialas que habitaron el Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, en la Ciudad de México.


Mi abuela y sus flores: Bordar en grande

Mi abuela y sus flores, bordado a mano con rafia plástica sobre malla metálica, 2.70 m de ancho por
2 m de alto. Fotografías: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

En julio de 2024 realicé el mural Mi abuela y sus flores, una pieza que mide 2.70 metros de ancho por 2 metros de alto, bordada completamente a mano con rafia plástica sobre malla metálica. Nace del deseo de sacar el bordado del lugar pequeño y silencioso para colocarlo en el espacio público, hacer de este un gesto contundente, visible y difícil de ignorar. A partir de febrero de 2026, el mural tendrá un nuevo hogar en el Museo Infantil de Oaxaca.

Es un homenaje a mi abuela Mauricia, quien me acompañó desde pequeña y me ayudó a convertirme en la mujer que soy hoy. De ella aprendí muchas cosas: a bordar, a soltar, a resistir, a decir lo que pienso y a luchar por lo que quiero. No era una mujer que expresara mucho sus emociones, pero bordaba sin descanso. Con el tiempo entendí que ese era su lenguaje y que, poco a poco, se fue convirtiendo también en el mío.

Pero este mural es, asimismo, una ofrenda colectiva a las miles de mujeres que bordan todos los días para decir, con hilo y aguja, aquello que no siempre pueden expresar con palabras. Mi abuela, como muchas de ellas, bordaba flores una y otra vez. Flores que no se agotaban y que parecían crecer sin fin. Se acompañaba de pájaros de hilo que observaban, cuidaban o simplemente existían ahí. En su bordado había repetición, paciencia y tiempo acumulado. Para ella no era un pasatiempo, sino una forma de estar en el mundo.

Con sus flores, mi abuela retoma el hacer cotidiano del bordado y lo amplifica. La imagen se construye desde la memoria afectiva, pero también desde el saber femenino donde el bordado ha sido refugio, lenguaje y resistencia. Bordar no como adorno, sino como necesidad.

Para muchas mujeres, el bordado ha sido históricamente un espacio íntimo para procesar emociones, silencios, duelos, deseos y cansancios. Se borda mientras se cuida, mientras se espera, mientras se sobrevive. Se borda cuando hablar no es una opción.

Hilda Xitlalic López y su mural Mi abuela y sus Flores

Este mural busca visibilizar ese trabajo invisible. Honrar a las mujeres que, generación tras generación, han encontrado en el hilo, así como mi abuela, una forma de expresión profunda, aunque pocas veces reconocida como arte. Bordar se convierte aquí en un acto político: darle cuerpo, escala y presencia a lo que siempre se mantuvo al margen.

Tradicionalmente, el bordado ha sido colocado en el terreno de la manualidad, lo decorativo, lo doméstico y lo “delicado”. Mi abuela y sus flores cambian deliberadamente esta narrativa y proponen otra forma de mirar en la que el bordado deja de ser algo accesorio para convertirse en presencia.

Nada en el mural es casual: ni el tamaño ni el material. Bordar con rafia plástica sobre malla metálica es una decisión que busca crear tensión entre lo blando y lo duro, lo textil y lo industrial, lo íntimo y lo urbano. El resultado es una pieza ruda, ruidosa y frontal, que ocupa espacio y exige ser vista. La obra no se cuelga discretamente en una pared interior, sino que irrumpe en la calle y obliga a voltear, como si de un ruido potente se tratase.

Una de las intenciones centrales de esta obra es reivindicar el bordado como una práctica artística contemporánea, capaz de dialogar con el muralismo, el arte público y las narrativas urbanas. No como algo menor o secundario, sino como un lenguaje con potencia conceptual, técnica y simbólica.

Al trasladarse a esta escala y a un soporte no tradicional, la pieza cuestiona los límites impuestos al textil y a quienes lo practican. ¿Qué pasa cuando el bordado deja de ser pequeño, silencioso y portátil? ¿Qué ocurre cuando se vuelve pesado, visible e imposible de ignorar?

Mi abuela y sus flores son, en el fondo, un acto de justicia poética. Una forma de decir: aquí estamos. Aquí estuvimos siempre. El mural intenta dar lugar y voz a todas esas mujeres no vistas durante años, cuyas manos sostuvieron hogares, comunidades y memorias, mientras su trabajo era minimizado o invisibilizado. Al bordar en grande, al bordar en metal, al bordar en la calle, la obra reclama un espacio que históricamente les fue negado.

Este mural no persigue la nostalgia, sino que busca estar presente. Por medio de él deseo que el acto de bordar haga ruido, que sea imposible pasar frente a él sin sentir algo y que la memoria florezca, como las flores de mi abuela, una y otra vez.

El día de hoy, el MIO nos abre sus puertas y mi abuela con sus flores mantienen su camino como una obra viva, en un espacio donde niñas, madres y abuelas pueden compartir otras miradas, experiencias y sentires. Mientras existan mujeres que continúen bordando para sostenerse, para sanar o para decir lo indecible, este mural seguirá teniendo sentido. Porque bordar, cuando se hace en grande, también es una forma de gritar.


Imaginación enraizada

Dibujo elaborado por Constanza, niña de 7 años originaria de San Agustín de las Juntas, Oaxaca.

La ciencia ficción (…) es lo que la gente realmente hace y siente, cómo se relaciona la gente con todo lo demás en este apilamiento, este vientre del universo, este útero de cosas por venir y tumba de cosas que fueron, este relato sin fin.
Ursula K. Le Guin.

¿Qué sentido tiene hablar sobre ficción, fantasía, utopía, distopía, etcétera, con las infancias, o, mejor dicho, construir colectivamente imaginarios posibles con las infancias en medio de los presentes distópicos en los que vivimos?

La fantasía, la ciencia ficción y muchos universos creativos se han usado mayormente para inspirar futuros tecnológicos, sociedades alternativas, “nuevos mundos” y viajes a otros planetas. Estos relatos influyen en la creación de artefactos y sistemas tecnológicos que hoy circulan globalmente, los cuales hablan un lenguaje que no es compatible con el lenguaje de muchos pueblos humanos ni de otras especies, menos aún con el de la tierra. En este sentido, tampoco existe afinidad con la forma en que diversos seres habitan las diferentes etapas de su crecimiento, incluyendo las primeras etapas de los humanos.

En la niñez, más que en otras edades, hay un lugar que frecuentamos: la imaginación y, en consecuencia, los terrenos de la creatividad; es ahí donde la realidad tiene más posibilidades de mezclarse con los territorios oníricos y con las varias posibilidades “futuras”. Es en este lugar fértil en donde nos urge, en tanto educadores, trabajadores de la cultura y como personas, encontrarnos y escucharles (con todo lo que ello requiere), porque es posible que encontremos múltiples ideas, configuraciones ingeniosas y fecundas ante el presente. Tales como el acto de construir más que el de destruir, la escucha más que la palabra arrebatada y la duda más que la certeza.

Este vínculo entre imaginación y realidad es estrecho: podemos decir que después de la imaginación está el hacer o que luego de la imaginación están las ideas, los sueños, las corazonadas y enseguida el hacer. Y cuando el hacer se convierte en práctica, estamos más cerca de provocar caminos distintos a los que nos han impuesto y hecho creer que son los únicos.

Otro elemento importante es la raíz o la tierra donde nacemos, crecemos, vivimos; de tal mezcla resultan los imaginarios enraizados, que contienen los conocimientos de los pueblos y la relación con el territorio. Por ejemplo, los pueblos campesinos, ceramistas, pesqueros, textileros y migrantes nutren su creatividad, sus sueños y, por tanto, sus prácticas en identidad con su territorio.

Así, los imaginarios colectivos enraizados y los espacios de creatividad no le pertenecen solo a unas cuantas personas, ni representan escenarios hipotéticos, sino que se manifiestan ante realidades que hoy y hace mucho tiempo no nos sirven ni nos hacen sentido. Frente a ellas tenemos las nuestras: las que tienen raíces que hay que buscar con las manos en la tierra y de cuclillas o sentadas en compañía de las infancias.


Diálogos entre filatelia y tradición textil en el Mufi

Un timbre postal y un textil comparten más de lo que a primera vista podría suponerse. Ambos cumplen una función esencial: ser portadores de memoria. Desde escalas y materiales distintos, condensan historia, identidad y valores culturales; además, funcionan como medios a través de los cuales las sociedades se representan y se comunican. Son superficies donde se inscriben símbolos,técnicas y decisiones estéticas que hablan del tiempo y del contexto en el que fueron creados. Desde soportes distintos, resguardan mensajes que, al ser observados y estudiados con atención, permiten leer fragmentos del tiempo, de la vida cotidiana y de las tradiciones culturales que una sociedad decide representar y transmitir.

Otra coincidencia fundamental entre ambos es su capacidad de resistencia. Tanto el textil como la filatelia han atravesado el paso del tiempo adaptándose a nuevos contextos, técnicas y lenguajes sin perder su esencia. En el caso del textil mexicano, la herencia cultural se ha depositado durante siglos en los diseños, las tramas y los colores. Cada pieza funciona como un registro vivo que refleja la mentalidad de una época y de una comunidad. Los textiles se nutren de relatos transmitidos en el ámbito doméstico y ritual, y se sostienen gracias a la sabiduría que, en gran medida, las mujeres de los pueblos originarios heredaron generación tras generación, desde una lógica colectiva y comunitaria.

Los timbres postales, por su parte, han sido, desde su origen, un espacio privilegiado para representar la historia y el patrimonio cultural. En México, estas pequeñas imágenes han dado visibilidad a su arquitectura, tradiciones, danzas, gastronomía y expresiones artísticas, entre ellas el arte textil. Bajo esta mirada surge la Serie Permanente del Servicio Postal Mexicano, realizada en colaboración con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas que, después de dieciocho años sin una emisión de este tipo, eligió al arte textil como tema central. La serie “México Arte Textil”, lanzada en 2023, está conformada por trece estampillas dedicadas a textiles representativos de trece pueblos indígenas de Nayarit, Durango, Puebla, Oaxaca, Estado de México, Tlaxcala, Yucatán, Michoacán, San Luis Potosí, Sonora, Guerrero, Chihuahua y Chiapas. Cada diseño se basa en piezas originales del Acervo de Arte Indígena del INPI y forma parte de una emisión de amplia circulación y reimpresión ilimitada.

En diciembre de 2025, el Museo de la Filatelia de Oaxaca inauguró la exposición “México Arte Textil”, una muestra que establece un diálogo directo entre la serie de timbres y textiles realizados con las mismas técnicas y provenientes de las mismas comunidades. Las piezas, procedentes del Museo Textil de Oaxaca y del propio Acervo de Arte Indígena, se presentan junto con estampillas, planillas y sobres de primer día, acompañados de información que permite comprender los procesos históricos, tecnológicos y estéticos que los originaron.

Entre las piezas destacadas se encuentra el Traje de Tata K’éri, del pueblo purépecha, indumentaria ceremonial del personaje central de la danza de los kúrpites, celebrada cada 8 de enero en San Juan Nuevo Parangaricutiro, Michoacán. El Tata K’éri, ‘el gran señor’, simboliza la sabiduría y la autoridad comunitaria. Su traje reúne bordados con lentejuelas y cuentas, espejos, encajes y listones que aportan brillo y movimiento, acompañados por un manto púrpura bordado, un penacho multicolor y un bastón de mando con cabeza de caballo, emblema del poder ceremonial. En la exposición se presenta el traje original que da imagen al timbre postal, gracias al préstamo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

También se exhibe la prenda jíniam, una cobija tradicional del pueblo yoreme confeccionada en lana hilada y teñida con colorantes naturales. Tejida en telar de piso, su composición geométrica y simétrica articula función y simbolismo. En el centro destaca un gran rombo concéntrico en tonos marrón, negro y gris, acompañado de figuras que evocan semillas, flores y ojos protectores. A los costados, amplias franjas de zigzags multicolores, conocidos como “culebrillos”, sugieren el movimiento de las serpientes y aportan dinamismo visual a la pieza.

La exposición se amplía con una selección de timbres del acervo del Mufi que, a lo largo del tiempo, han representado la riqueza textil de México, estableciendo un contrapunto histórico con las piezas en sala. En este diálogo se integra la obra del artista textil y escritor oaxaqueño Noa González, proveniente de una familia de tejedores. Su producción, realizada principalmente en telar de pedal con la técnica de pepenado, combina hilo de algodón, materiales reciclados y bordado manual. Sus piezas, de distintos formatos, evocan elementos de la naturaleza, como árboles y aves, y proponen una lectura contemporánea de la tradición desde la experiencia personal y comunitaria.

Asimismo, se presenta el video Urdimbre, del artista y productor audiovisual Gesner Melchor, quien transforma el proceso textil de Teotitlán del Valle en una experiencia visual profundamente sensorial. La pieza documenta el trabajo de los maestros tejedores Tomás Mendoza Ruiz y Martha Marisol García García, del taller Flor de Oaxaca, para revelar la textura, el color y el ritmo del tejido como un pulso orgánico. El video dialoga con la música original Hilar (b) de Aragón Iriarte, una composición de minimalismo postclásico que sostiene la atmósfera íntima de la obra.

Por último, una infografía ofrece al público una visión sintética de la diversidad textil de Oaxaca, mostrando algunas de las técnicas, los materiales y las formas de teñido presentes en las distintas culturas que coexisten en el estado. Aun dentro de un mismo territorio, las diferencias resultan visibles y complejas, reflejo de una riqueza cultural excepcional.

“México Arte Textil” celebra la creatividad, el ingenio y la resistencia cultural de los pueblos indígenas, y reconoce a la filatelia como un medio capaz de otorgar presencia, difusión y circulación a estas expresiones. En estas pequeñas imágenes postales y en estas manifestaciones materiales se despliega un país entero: sus colores, sus historias, sus saberes y las manos creadoras que los han hecho posibles.


Archivos del Comisariado de Bienes Ejidales y del Consejo de Vigilancia de San Mateo Etlatongo, Oaxaca

Adabi Oaxaca organizó los archivos del Comisariado de Bienes Ejidales y del Consejo de Vigilancia de San Mateo Etlatongo, Oaxaca. La conformación final consta de 12 cajas AG-12 del Comisariado y 10 cajas AG12 del Consejo de Vigilancia; ambas cuentan con las secciones Gobierno y Contable, y se encuentran en la misma oficina ubicadas en un mismo estante. Cada uno posee su propio inventario, ya que cada administración tiene que realizar su entrega-recepción.

Este archivo tuvo su origen durante el proceso de institucionalización de la Revolución Mexicana. Su documentación más antigua consta de títulos que amparan la posesión del ejido. Fue durante el sexenio de Lázaro Cárdenas cuando se llevó a cabo la concesión de tierras en San Mateo Etlatongo. Las haciendas afectadas por la dotación a los ejidatarios fueron Dolores y Molino del Rosario, ambas trigueras.1 Cabe mencionar que, en cuanto a la posesión de la tierra, el pueblo de Etlatongo es de los denominados híbridos, ya que cuenta con tierras de propiedad comunal y ejidal.2 Por su parte, el Comisariado de Bienes Comunales también cuenta con un archivo.

En los documentos podemos encontrar información sobre el proceso de creación del ejido. Este consistió, en primer lugar, en el levantamiento de un padrón de los solicitantes de tierra, así como sus peticiones3 enviadas posteriormente al gobernador del estado. Sin embargo, el propietario de las haciendas que serían afectadas no se desprendió de las tierras sin antes dar batalla, argumentando que los pobladores de Etlatongo no necesitaban más, pues ya contaban con las comunales. Por este motivo, la Comisión Local Agraria llevó a cabo una investigación y envió emisarios encabezados por un ingeniero agrónomo, quienes se encargaron de determinar si la dotación de tierras era procedente.4 En 1935, concluida la investigación, fueron 278 los solicitantes con derecho a la dotación ejidal.5 Estas tierras ejidales no fueron tituladas a miembros individuales de la comunidad, sino mediante la persona jurídica de la Asamblea, el órgano colectivo de toma de decisiones del ejido.

El Comisariado y el Consejo de Vigilancia son los encargados de llevar a cabo las gestiones administrativas y la rendición de cuentas de los gastos, convocar a asambleas, actualizar el padrón de ejidatarios de acuerdo con las decisiones tomadas en las asambleas, entre muchas otras cosas. El Consejo de Vigilancia es el custodio y se encarga de supervisar los movimientos del comisariado con miras del bienestar común de todos los ejidatarios. El archivo contiene actas de asamblea desde 1932 que describen el acontecer y la toma de decisiones del comisariado ejidal y su consejo de vigilancia. Dentro de sus labores destacan las gestiones para la construcción de una presa llamada La Nopalera. Estas actividades forman parte de sus proyectos agrícolas y de irrigación orientados a la modernización del ejido. Otros asuntos tratan sobre problemas de límites con los pueblos de San Francisco Chindúa y Asunción Nochixtlán.

Tanto el Comisariado de Bienes Ejidales como el Consejo de Vigilancia se eligen cada tres años por medio de una elección llevada a cabo en la asamblea general de ejidatarios. Actualmente, el Comisariado de Bienes Ejidales de Etlatongo está constituido como Unidad de riego Yuxandodo A. C., instaurada mediante un acta constitutiva en 2021. Esta nueva forma de administrarse es similar a la anterior, con la diferencia de que ahora el comisariado funge como un consejo directivo, integrado por un presidente, un secretario, un tesorero y los vocales que se consideren necesarios.

El Consejo de Vigilancia de San Mateo está integrado por un presidente y un secretario.6 Esta actualización administrativa responde a iniciativas gubernamentales con miras a reactivar el desarrollo de las unidades de riego mediante esquemas de organización y programas de capacitación dirigidos a directivos, usuarios y técnicos. Estos esquemas deben orientar a los usuarios a organizarse en las figuras con la personalidad jurídica que requieren los diversos programas de apoyo al campo promovidos por las instituciones gubernamentales y privadas, en apego a lo dispuesto en la Ley Nacional de Aguas, Ley Federal de Derechos, Ley de Sociedades Mercantiles, Ley de Sociedades Civiles, Código Civil y Ley del Impuesto Sobre la Renta, principalmente.7

La organización de este archivo ejidal es de gran importancia para los ejidatarios, pues les permitirá localizar sus documentos con mayor eficiencia, sobre todo ante las nuevas normatividades exigidas por el gobierno. Por otro lado, esta información es de gran utilidad para los interesados en la historia agraria y del ejido en la región mixteca.

1 Archivo del Comisariado de Bienes Ejidales de San Mateo Etlatongo, Sección Gobierno, Serie Títulos de propiedad, 1935.

2 Josafat Sánchez López, Aliados o enemigos, tierra y campesinos en la disputa por la construcción
del estado en los valles centrales de Oaxaca 1917-1979
(Tesis) [consultado en línea 19/09/2025],
disponible en: https://ciesas.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1015/923

3 ACBESME, Sección Gobierno, Serie Correspondencia, 1937.

4 ACBESME, Sección Gobierno, Serie Conflictos agrarios, 1943.

5 ACBESME, Sección Gobierno, Serie Títulos de propiedad, 1935.

6 Archivo del Consejo de Vigilancia de San Mateo Etlatongo, Sección Gobierno, Serie Normatividad, 2021.

7 José Ángel Guillen González, y otros, Organización de usuarios en las unidades de riego en México, Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, 2016 [consultado en línea el 15/10/2025], disponible en https://www.imta.gob.mx/biblioteca/libros_html/riego-drenaje/organizacion-de-usuarios.pdf


Ladx duu – tercera edición

Del 16 al 18 de diciembre de 2025 vivimos con gran emoción la tercera edición de Ladx duu, en la que artistas textiles presentamos piezas tradicionales y creaciones innovadoras como resultado de los talleres en colaboración con el Museo Textil de Oaxaca. Además, desde nuestras propias inquietudes e intereses, desarrollamos una serie de charlas, demostraciones y juegos en lenguas originarias. Estas actividades se convirtieron en el punto de partida para compartir mi experiencia y reflexiones como participante en algunas de ellas.

Por primera vez presenciamos un evento inaugural titulado “El ritual del vestir mesoamericano” en el que colaboramos las comunidades de Santo Tomás Jalieza, El Tapanco–Santa María Zacatepec, Santa María Tlahuitoltepec y San Pedro Cajonos. Cada uno de los representantes compartió parte de la indumentaria de su comunidad: el significado de la iconografía, las técnicas empleadas, los cambios que ha tenido y la manera en que se porta. En mi caso, viví un momento único y valioso al lado de mi mamá al compartir la indumentaria antigua y actual de la mujer de San Pedro Cajonos. En ese acto expresamos el ritual que llevamos a cabo al momento de vestirnos —desde colocarnos el refajo hasta la manera de ceñirnos—, el vínculo que se genera con la memoria colectiva, el significado de cada uno de los elementos iconográficos, así como los momentos que han marcado nuestra historia.

Contar con este espacio es importante para nosotros como creadores, ya que nos permite invitar al público a mirar el textil con otros ojos. Más allá de lo que se puede observar estéticamente, es primordial conocer el origen y el significado de lo que uno porta, ya que la indumentaria de nuestras comunidades es un testamento vivo de historia, cultura, resistencia, identidad y arte.

Hablar de textiles también involucra a las lenguas, es por ello que se llevó a cabo la charla “¿Cómo influye la lengua en la creación textil?”. El tema surgió de mi inquietud sobre la preservación de las lenguas originarias; por ello invité a Xapaa Gutiérrez Pérez, Olegario Santiago Martínez e Idalia Martínez García —artistas textiles y hablantes del ayuujk, mixteco de la Sierra Sur (tu’un va’a) y zapoteco (ditze xhon), respectivamente— para compartir, desde nuestra visión como creadores textiles y hablantes de lenguas originarias, las vivencias personales en relación con el textil en nuestros talleres, familias y comunidades.

Asimismo, abordamos los trabajos y propuestas textiles que hemos elaborado en nuestras lenguas como una manifestación clave para la resistencia frente a la pérdida lingüística que hemos estado observando en las nuevas generaciones.

Desde la primera edición de Ladx duu se ha promovido el uso de las lenguas originarias, y esta vez no fue la excepción. Llevamos a cabo tres rondas de juegos —loterías y memoramas— en ayuujk, tu’un va’a y ditze xhon, dirigidas a niños y niñas, quienes, durante un momento agradable, jugaron, pronunciaron y aprendieron palabras de nuestra vida cotidiana, tales como nombres de prendas, flora y fauna de nuestras comunidades.

Finalmente, Ladx duu ha sido para mí un espacio de reflexión y diálogo donde se visibilizan temas de gran importancia, se valoran los procesos textiles heredados y todo lo que conllevan: lengua, historia, cosmovisión, permitiéndonos conectar con la identidad de cada uno de los participantes que tejemos y bordamos estos saberes. Así, en esta tercera edición se reafirmó que cada prenda guarda un origen y un significado profundo que es importante no solo conocer, sino también cuidar como un gran tesoro, otorgándoles el respeto y el valor que merecen. Gracias al MTO por ser un medio fundamental para la existencia de estos espacios que fortalecen y valoran nuestra diversidad textil, lingüística y cultural.


Volver a crear juntos

Durante 2025, el Museo Infantil de Oaxaca se convirtió en un territorio creativo, donde las infancias se permitieron soñar e imaginar, por medio del arte, para conformar así el Club de Creadores MIO.

Iniciamos un viaje en el que aprendimos, hicimos amigos y construimos nuevos mundos. Todo comenzó con el dibujo, la línea que nos enseñó a mirar y a interpretar lo que vemos. Luego llegaron la pintura y el color, capaces de contar historias más allá de las formas. Al final apareció el grabado, con el que comprendimos el valor de la huella, la paciencia y el error. Ese recorrido tomó forma en la muestra “Cocinando al mundo”, donde las técnicas y las emociones se mezclaron para convertirse en una experiencia compartida.

Así, el semillero de artistas continúa su crecimiento. Cada etapa del viaje no solo enseña a crear, sino también a entender que el arte es una forma de dialogar con el mundo: observarlo, interpretarlo y transformarlo.

Este año, el Club de Creadores decide tocar la tierra para sentir la fibra y detener el tiempo mediante la mirada. La narrativa de este ciclo no es una lista de talleres aislados, sino un nuevo camino de transformación.

Comenzaremos nuestro viaje con el elemento más humilde y, a la vez, más generoso: el barro. En Oaxaca, la alfarería no solo es una técnica, es identidad. Esculpir es comprender que el mundo es maleable, y que podemos encontrarnos en sus formas. En este sentido, descubriremos otras maneras de moldear el barro más allá de nuestras manos y exploraremos el mundo marino para crear un mural cerámico, construyendo paisajes donde el color, la textura y la imaginación se encuentren.

De la densidad del barro saltaremos a la ligereza de la cartonería: la magia de transformar lo cotidiano en fantástico. En esta etapa, los creadores descubrirán que su ingenio es la herramienta más poderosa de reciclaje: nada se pierde, todo se transforma en algo nuevo y, en esta ocasión, transmutará en seres gigantes del océano.

Una vez que hayamos aprendido a dar forma a los objetos, nos enfrentaremos a un reto mayor: aprender a mirar: ¿Qué luces iluminan la antigua estación? ¿Qué historias cuentan los rostros de quienes nos rodean? Nos internaremos en un laboratorio fotográfico; aquí, el sol será nuestra herramienta principal para ayudarnos a revelar nuestras composiciones.

Entonces, daremos movimiento a las imágenes con el poder de la animación. La magia del dibujo cuadro a cuadro nos invita a jugar con el tiempo: mover, capturar, volver a mover. Así, lo que vemos deja de ser solo una fotografía y se convierte en una secuencia viva.

Agudizaremos la mirada para develar los secretos que esconden las pinturas. Conoceremos la técnica del óleo, sus transparencias y capas, y aprenderemos que el tiempo puede cambiar completamente el resultado final de nuestros cuadros. Los colores dejarán de ser solo un detalle decorativo y se convertirán en una forma de comunicar ideas y emociones, aprovechando el círculo cromático para entender las relaciones, los contrastes y las armonías entre ellos. Solo entonces la composición dejará de ser una regla rígida para convertirse, más bien, en una herramienta que nos permite pensar, experimentar y construir imágenes propias.

El cierre de este viaje nos lleva a reencontrarnos con prácticas ancestrales como el telar, los tintes naturales y el teñido, con el fin de generar una propuesta contemporánea de escultura e instalación textil. Crearemos mundos y objetos desde cero usando hilos y agujas. Descubriremos el poder del algodón y la lana al combinarlos con otros elementos que nos permitan materializar nuestros sueños. Un hilo por sí solo es frágil, pero entrelazado con otros se vuelve abrigo, se vuelve hogar. Cada puntada es una conexión y cada tejido, una historia.

Este 2026, el Museo Infantil de Oaxaca no solo invita a las infancias a aprender sobre arte: las invita a reconocerse como las nuevas constructoras de la realidad. Si el año pasado cocinamos el mundo, este 2026 nos toca darle forma con nuestras propias manos. Estamos en búsqueda de nuevos artistas para ser parte del Club de Creadores MIO, un espacio para creativos de 7 a 17 años. Si disfrutas imaginar nuevas posibilidades, consulta la convocatoria en las redes del MIO para unirte a nuestro club.

Te esperamos en la antigua estación del ferrocarril, donde el futuro se esculpe, se pinta y se teje todos los días.


Siete años con Macedonio Alcalá

Retrato de Macedonio Alcalá realizado por Salvador Pruneda. Fotografía: https://www.eloriente.net/

Cuando hace veinte años entré al mundo de la investigación sobre la música en Oaxaca, no tenía idea de que ante mí se abriría una tierra extraordinaria, llena de senderos inexplorados que conducían a lugares que escondían auténticos tesoros. He participado en la “excavación” de diamantes musicales en San Bartolo Yautepec y San Pedro Huamelula; además, he tenido en mis manos joyas sonoras de la Catedral de Oaxaca, San Bartolo Soyaltepec y San Juan Bautista Coixtlahuaca, por nombrar solo algunas de las más valiosas. Asimismo, me sumergí en el mundo de los instrumentos antiguos, entre los que deslumbran con su majestuosidad los órganos tubulares, pero no brillan menos los bajones y clavicordios que se han conservado en algunos pueblos oaxaqueños. Cuando hablo de tesoros, no me refiero solo a obras o instrumentos musicales, sino también a miles de horas invertidas en diversos archivos, a raíz de las cuales están saliendo a la luz documentos que permiten reconstruir las biografías de músicos hoy completamente olvidados o hasta ahora desconocidos. Tuve la oportunidad de participar en proyectos como los del Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca, Musicat y Ritual Sonoro Catedralicio, tras los cuales dejé algunas huellas en forma de dos libros y numerosos artículos publicados. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se centran en la música de la época colonial, descuidando un poco el siglo XIX. Esta fue la razón por la cual, en 2019, cuando se celebró el 150 aniversario luctuoso de Macedonio Alcalá, me vino a la mente una idea: pensé que sería bueno confrontar el estado del conocimiento sobre este compositor con lo que esconden los archivos. Alentado por el primer éxito al descubrir su verdadera fecha de nacimiento, decidí ir más allá, pensando que sería una investigación bastante fácil y rápida. Qué equivocado estaba. Solo quería confirmar o corregir algunos datos sobre este compositor, nunca pensé que sacar un ladrillo causaría una avalancha de información que me sorprendería por su enormidad.

Al principio todo iba sobre ruedas, consultando los registros parroquiales en la Catedral de Oaxaca y obteniendo una gran cantidad de información genealógica sobre los Alcalá. Y de la nada llegó la pandemia, ralentizando considerablemente la búsqueda. Lo único que entonces pude hacer fue utilizar recursos online, así que comencé a consultar la Hemeroteca Nacional Digital de México. Lamentablemente, en la prensa mexicana de la época no existe información sobre Macedonio, pero sí hay algunos datos sobre sus hermanos y especialmente acerca de su hijo José, además de otros músicos oaxaqueños, así que no fue una pérdida de tiempo. Finalmente, en 2022, la pandemia remitió y pude emprender plenamente mi investigación. Entonces llegó el momento de continuar la búsqueda en la prensa local del siglo XIX, por lo que fui a la Hemeroteca Pública de Oaxaca “Néstor Sánchez”. Resultó que la colección de periódicos de esa época está muy fragmentada y se encuentra en varios lugares. Sin embargo, después de dos años logré revisar la edición casi completa del Periódico oficial del Gobierno de Oaxaca (de 1827/28, 1830/31 y desde 1835 hasta 1915) repartida entre la Hemeroteca, el Archivo General del Estado de Oaxaca, el Archivo Histórico Municipal de Oaxaca, la Biblioteca Francisco de Burgoa y la Fundación Bustamante Vasconcelos. Por supuesto, en el camino me encontré con muchos otros títulos de la prensa oaxaqueña decimonónica, que resultaron ser invaluables por relatar la vida de Oaxaca y sus habitantes de primera mano. En muchos casos, incluso lo hacían de forma un tanto chismosa, lo que les da un sabor especial y único. Sin embargo, lo más importante son los documentos, la fuente primaria de cualquier investigación histórica. Además de los archivos y bibliotecas mencionados anteriormente, no podía dejar de visitar otras instituciones igualmente importantes que preservan el patrimonio histórico de Oaxaca: Archivo Histórico de Notarías del Estado de Oaxaca, Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Oaxaca, Archivo del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, Archivo de la Facultad de Bellas Artes de la UABJO, Archivo de la Banda del Estado, Biblioteca Pública Central Margarita Maza de Juárez, Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, Biblioteca de la Casa de las Culturas Oaxaqueñas y Biblioteca Genaro V. Vásquez. En esta última encontré un documento excepcional: las memorias de un músico oaxaqueño anónimo del siglo XIX. Este valioso relato constituye un tesoro de conocimiento sobre la música oaxaqueña de hace dos siglos. Para completar mi investigación, tuve que extenderla hasta la Ciudad de México para revisar los acervos del Archivo del Conservatorio Nacional, Archivo Histórico de la UNAM, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical y fondo reservado de la Hemeroteca Nacional de México. Muchas horas de viajes, muchas horas en las salas de consulta y mucha información obtenida. El último lugar que guarda una documentación extraordinariamente rica sobre la vida musical de Oaxaca, y que no podía faltar en mi investigación, es el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Antequera Oaxaca, desgraciadamente cerrado para los investigadores desde hace años. Cada intento de pedir permiso para realizar una pesquisa en sus legajos terminaba con una negativa bajo cualquier pretexto; una situación que duró casi dos años. Finalmente, fue necesaria la intervención personal del arzobispo de Oaxaca para reabrir el archivo a los interesados. Un año más tarde, justo cuando pensaba que mi búsqueda estaba llegando a su fin, ocurrió lo inesperado: mi computadora falló. Tardaron cuatro meses en repararla y en recuperar la información del disco duro dañado. Desafortunadamente, no se pudo salvar el contenido de la carpeta del archivo arquidiocesano, porque esta se encontraba abierta en el momento de la falla. No había otra opción, tuve que repetir toda la investigación en dicho archivo, que ahora, poco a poco, está llegando a su fin.

Metido en esta gran aventura no me di cuenta de lo rápido que habían pasado siete años. Durante este tiempo logré llegar a los rincones más profundos de archivos y bibliotecas, y recopilar muy extensa información que se divide en cuatro ejes temáticos:

  • Vida y obra de Macedonio Alcalá.
  • La familia de Macedonio Alcalá —que incluye información sobre trece generaciones, desde el siglo XVII hasta la actualidad—.
  • Los músicos oaxaqueños del siglo XIX —que permite recrear las biografías de más de doscientos músicos de esta época—.
  • Oaxaca: su modernización y la vida sociocultural en el siglo XIX.

Hoy puedo decir que nuestra imagen de Macedonio Alcalá está algo distorsionada. Queremos verlo como un hombre idealizado románticamente, cuando fue un hombre real, con sus virtudes y sus defectos. Lo percibimos como un músico solitario, cuando realmente formaba parte de una gran comunidad de músicos que estuvieron activos en Oaxaca durante la misma época. Lo mismo ocurre con su familia: era uno de los muchos músicos con el mismo apellido. Era hijo de un músico, vivió entre hermanos músicos y tuvo dos hijos músicos, y, posteriormente, también nietos dedicados a la misma profesión. Además de él, esta familia incluía a doce músicos hoy olvidados. Durante más de 150 años desde su muerte, la figura de Macedonio Alcalá ha estado envuelta en un halo de misterio que ha dado lugar a numerosas leyendas que construyeron el monumento de este artista, pero, asimismo, se alejaron de la verdad. Basta con proporcionar algunos de los datos que aparecen en sus biografías y compararlos con los documentos para deducir que es pura fantasía. Se desconoce quién los creó, cuándo y con qué propósito, sin embargo, ahora ha llegado el tiempo de exponer estas mentiras. Macedonio Alcalá no nació en Putla de Guerrero, sino en la ciudad de Oaxaca. Sus padres no eran Antonio y María Guadalupe, sino José Gabriel y Tomasa Antonia. No nació el 12 de septiembre de 1831, sino el 11 del mismo mes, pero cuatro años antes. No tenía solo tres hermanos, sino cinco hermanos y una hermana. No se casó en 1854, sino un año antes. No tuvo tres hijos: tuvo siete con su esposa y cuatro con su amante. Vivió no 38, sino 42 años. Teniendo en cuenta únicamente estas aclaraciones, es fácil llegar a la conclusión de que nos hemos alejado mucho de los datos verídicos y de cuán necesaria es una verdadera biografía de este artista. Espero pronto poder cumplir con esta tarea.


“Mauricio Cervantes. Geografías líquidas”

Arrecife óxido y verde, Colección Humedales, 2025. Estructura metálica enjarrada con tierra cruda y fibras de maguey con relieves en placa de fierro

Yo soy el río que canta
al mediodía y a los
hombres,
que canta ante sus
tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.
Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas
quebradas,
por los ignotos pueblos
olvidados,
por las ciudades
atestadas de público
en las vitrinas […].

Javier Heraud, El río, 1960

Mauricio Cervantes (Ciudad de México, 1965) es egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Con una amplia trayectoria de más de tres décadas, mediante el empleo de mosaico, óleo, acrílico, cera de abeja, fierro, cemento, tierra, fibras naturales, entre otros, su trabajo cuasi alquímico convoca a los materiales primigenios.

Con numerosas exposiciones individuales y colectivas en México y el extranjero, y desde su actual bastión en San Agustín Etla, Oaxaca, la obra de Cervantes continúa sesgada por inquietudes, experimentación y propuesta.

Esta primera antología en el Centro Cultural San Pablo, de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, explora el rol de la materia en perdurables líneas sinuosas, cual ríos texturizados de oro y encáustica, que acuden a cartografías de la memoria.

En las series Geografías líquidas y Tatuajes de agua, el artista —acaso como evocaciones de un paisaje interior— despliega contrastes cromáticos de morados, magentas, ocres y verdes. De acuerdo con Laura Pomeranz: “Es en este marco de bidimensionalidad pictórica donde los ámbitos humano cósmicos se bifurcan/ amplían o bien emiten sus redes, entremezclándose —conjugándose—, fusionándose con un referente de libertades gestuales”.1

El abrazo naturalista se insinúa, igualmente, en los ríos, bosques e islas de fertilidad, donde “la vuelta al origen” dialoga sin dogmatismos con el entorno. Frente a las premisas de Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida, en las piezas de Mauricio Cervantes sabemos que lo fundamental habrá de permanecer de modo inexorable.

Hiawatha 2, Colección Tatuajes de agua, 2025.
Acrílico, encáustica y óleo sobre tela sobre madera

Piezas nodales de la colección La tierra es cruda… y sin embargo se mueve habitan los espacios de San Pablo: estructuras metálicas, tierra cruda, placas de cemento y fibras de maguey. El espectador se (re)conoce en ese tránsito del espacio rural al urbano, como precondición trágica de la contemporaneidad. Sin embargo, sus “proas como obelisco”, señeras de materialidad y textura, nos dan coordenada para encontrar el camino de vuelta; al tiempo que los botes lecheros, como escenarios borgianos, se bifurcan en senderos de maíz, colmenas y jardines.

Con sugerente mirada, sus arrecifes y humedales emergen en placas de fierro en la metamorfosis a la que alude Jorge Pech: “[…] cumple un proceso en donde la transformación de la materia lo conduce a transformarse a sí mismo”.2

Al final, en una suerte de eterno retorno nietzschiano, el espectador se encuentra con “Mitra”, pieza de la serie Memoria de un hermenauta (2009), donde el viaje no es sino el comienzo, la palabra, la imagen, el balbuceo de la historia de la cultura. Los primeros pasos, contundentes, hacia nuestra geografía esencial.

1 Mauricio Cervantes, Embarcaciones/Corriente/Detectores (Oaxaca: Punta Cometa, 2013), 21.

2 Mauricio Cervantes, Abluciones y bañistas (Oaxaca: Punta Cometa, 2006), 11.


Creando cucharadas de poesía

Sesiones de Cucharadas de poesía en el CCSP. Fotografías: Acervo Seguimos Leyendo

Los textos que estás a punto de leer fueron generados en el taller de Cucharadas de poesía haciendo eco del poema “Instrucciones para dar un beso”, de Julio Cortázar. En este espacio se han buscado detonadores para incentivar a los participantes a crear sus propias propuestas desde diversas actividades. Esta fue la primera ocasión en que los textos fueron sometidos a un proceso de revisión por parte de los propios integrantes del taller, eso convirtió a esta experiencia lectora en un acontecimiento que potencia su propia percepción como creadores.

Instrucciones para habitar un poema
Ceci Morales

El poema solo se anima
al contacto de un lector o de un oyente
.
Octavio Paz

De raíz grecolatina, la palabra “poema” puede sugerir enamoramiento, ensoñación, o simplemente rima. Si bien todo esto es tocado por la poesía, leerla no es como llevarse un trago al cuerpo e incitar un suspiro. Un poema tiene forma de voluta de amor universal compuesta de abecedarios sutiles, ingrávidos. Volutas que contienen el quinto elemento.

Cómo leerlo:
i) Respire lento y profundo.
ii) Esboce una vocal de su nombre
y cántela evocando el objeto de su
devoción.
iii) Cierre los ojos y eleve la mirada
hacia su ajna (tercer ojo).
iv) Una sus manos en atmanjali mudra, y una vez establecida la conexión con su yo:
v) acaricie su texto con la mirada,
vi) inhale y suelte con la primera
palabra escrita, así la energía se expande en el universo.
Habite el poema,
habite el poema,
habite el poema.
Entrará en el supremo estado poético.

Al terminar, vuelva al aquí y al ahora con sumo cuidado, su final ha de ser sutil y poderoso.

Recuerde: Un poema no se traga, se disfruta, pues cada palabra que salga de su boca es sagrada.

Importante: No es necesario contar con audiencia.

Instrucciones para ver pasar la nubes
Kenia Velasco

Salga a un espacio abierto. Un lujo sería estar en el campo. Despójese de cualquier artefacto que obstruya su campo visual. Entorne los ojos y parpadee las veces necesarias, adaptándose a la luz. Una brillante mañana en los meses de lluvia o un atardecer del invierno oaxaqueño requieren ajustes diferentes. No desprecie las noches nubladas de luna llena, esta nos revela misteriosos caminantes. Dirija la mirada hacia arriba, valore la azulidad y fije su atención en un fragmento de cielo. Deje que la velocidad del viento, y de la tierra misma, den cuerda a la función. Sienta los contrastes de color y de texturas. Sucumba a la tentación clasificatoria: cirros, cúmulos, estratos o nimbos; bonitos términos como para evitar hacerlo. Ríndase a la lúdica trivialidad de buscar rostros y formas conocidas. Saboree las algodonosas formaciones, estelas casi transparentes o aborregadas, hileras que parecieran marchar a toda prisa allá arriba. Pregúntese el por qué de la urgencia con que se desvanecen y hacia dónde se dirigen, ¿a dónde van? Agradezca la fortuna de abandonarse a tan provechosa desocupación.


¿Por qué el polvo daña los libros?

El polvo parece inofensivo: está en todos lados y forma parte de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando se deposita sobre los libros, se convierte en uno de sus principales enemigos silenciosos.

El polvo no es solo “tierra”. Está compuesto por una mezcla de partículas muy finas: fibras textiles, restos de piel humana, hollín, polen, arena, esporas de hongos y contaminantes del aire. Muchas de estas partículas tienen un origen orgánico, lo que significa que pueden servir de alimento para microorganismos como hongos y bacterias.

Desde el punto de vista químico, el problema comienza cuando el polvo se acumula. Estas partículas tienen la capacidad de retener la humedad del ambiente. Aunque el espacio no se sienta húmedo, el polvo crea pequeños microambientes donde el agua se concentra. La humedad, combinada con materia orgánica, es el escenario ideal para el crecimiento de hongos que manchan el papel, debilitan las fibras y producen olores característicos.

Además, el polvo puede contener sales y contaminantes ácidos provenientes de la contaminación ambiental. Con el tiempo, estas sustancias reaccionan con la celulosa del papel, acelerando su degradación. El papel se vuelve más frágil, amarillento y quebradizo, especialmente en los bordes y superficies expuestas.

Otro efecto importante es el daño mecánico. Al manipular un libro cubierto de polvo, las partículas actúan como un abrasivo muy fino, desgastando cubiertas, lomos y páginas. Lo mismo ocurre cuando el polvo se introduce entre los libros almacenados muy juntos.

Por estas razones, la limpieza regular y cuidadosa de estanterías y libros no es solo una cuestión estética, sino una acción fundamental de conservación. Reducir el polvo es reducir la humedad, los microorganismos y las reacciones químicas que, poco a poco, acortan la vida de los libros.

La limpieza debe realizarse siempre en seco, utilizando brochas de pelo suave o pinceles limpios para retirar el polvo de las tapas, el lomo, los cantos del libro y entre las páginas. Nunca se deben usar trapos húmedos, productos de limpieza, aerosoles ni aspiradoras domésticas directamente sobre los libros, ya que pueden causar daños físicos.

Durante el proceso de limpieza es importante tomar precauciones básicas, ya que el polvo puede contener esporas que afectan las vías respiratorias y la piel. Por ello, se recomienda trabajar en espacios bien ventilados y usar equipo de protección personal, como cubrebocas y guantes. También es importante limpiar regularmente las estanterías antes de volver a colocar los libros.


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