Capilla abierta de Teposcolula. Fotografía: María Isabel Grañén Porrúa.
Abril se nos presenta como un mes cálido y alegre. El aplomo del sol ilumina todo y nos lo revela como nuevo. Ver las cosas con otros ojos, desacostumbrar la mirada, es algo que procuramos en la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.
Así es como, desde el exconvento de San Pablo, testigo vivo de la huella dominica en México, se desempolva el pasado para conmemorar los 500 años de la llegada de la Orden de los dominicos a estas tierras. Asimismo, se presenta la restauración del nacimiento de cera “Las Palomas” para prolongar la vida no solo de estos objetos artísticos, sino de un antiguo oficio.
Los Diablos Rojos del México vuelven sobre sus propias huellas para revivir su primer campeonato. Mientras tanto, desde sus diferentes sedes —Ciudad de México, Oaxaca y Puebla—, Adabi sigue cultivando la memoria colectiva con la recuperación y conservación de archivos parroquiales y fondos personales.
Por su parte, el Museo Textil apuesta, una vez más, por el fortalecimiento de las comunidades de artistas textiles a partir de talleres que promueven una innovación capaz de preservar sus tradiciones creativas. Entretanto, el Museo de la Filatelia detiene su mirada en las juventudes que buscan la desconexión digital.
El Museo Infantil de Oaxaca reconoce la imaginación como esa potencia capaz de hacer las cosas nuevas y de construirse un lugar en el mundo; por ello, cultiva la materialización de las ideas de las infancias y potencia su desarrollo desde los primeros meses a partir de diferentes estrategias, como la música.
En compañía del Programa Seguimos Leyendo, nos detenemos a mirar con otros ojos el trenzado del cabello y el disfrute de una taza de café. Esto mismo es lo que pretende la recomendación de lectura que presenta la Biblioteca Henestrosa: El día que no paró de llover, de Antolina Ortiz Moore; una invitación a extrañarnos de lo cotidiano, a percibir la realidad como algo que debe ser reconstruido desde la sensibilidad y la imaginación.
Así, en cada una de estas acciones, la FAHHO recuerda que mirar de nuevo también es una forma de cuidar, de preservar y de transformar: un llamado a habitar el presente con asombro y a construir, desde ahí, futuros posibles.
Actividades dentro de los talleres dirigidos a la comunidad de artistas textiles
Por medio de los talleres dirigidos a los artistas, el Museo Textil de Oaxaca se ha configurado como un punto de encuentro donde se comparten conocimientos y técnicas textiles, pero también —entre risas e historias familiares y de la vida cotidiana— se consolida una red de apoyo y trabajo en equipo; se afianza una comunidad de artistas cuya diferencia generacional no hace más que tenderse la mano y motivarse unos a otros.
Rocío Vidal y Guillermo Vargas, dos maestros que acompañan a los artistas del museo en la creación de sus piezas, los invitan a salir de su zona de confort, a romper esquemas utilizando la asimetría, y a probar colores y texturas con los que no acostumbraban a trabajar. Felipa Velasco, artista de Santa María Cuquila, Tlaxiaco, menciona lo siguiente sobre su experiencia:
Es una revolución en mi cabeza, porque cuando me dicen que haga algo, voy directamente al telar y pienso cómo le voy a hacer. Somos quince mujeres; dije que era mi oportunidad de innovar. No pensaba encontrarme con la asimetría, creí que solo íbamos a combinar colores. Voy a llegar a transmitirle eso a mis compañeras.
Uno de los principales recursos que se ejercitan en estos talleres es la observación. Horacio Mendoza, artista de Teotitlán del Valle, comparte los resultados de los ejercicios que realizó combinando colores primarios con secundarios: “Este color que obtuve es un verde oscuro, parecido a la hoja de rosita de cacao, y este negro grisáceo parece el cielo de noche. Por este ejercicio tuve que pararme y observar”. Así, los artistas se motivan a buscar otros colores y texturas en la naturaleza, dentro de su propia comunidad, para integrarlos a sus piezas.
Las herramientas que los maestros les brindan a los artistas les permiten experimentar con otras formas y superar lo que ellos mismos consideraban un reto. Denisse Cajero, bordadora de Santiago Jamiltepec, analiza su paso por los talleres:
Yo estaba en mi zona de confort hasta que me puse a pensar cómo iba a romper esas líneas, entonces empecé a trabajar en lo curvo y serpenteante. Ahora ya sé cómo denominar cada cosa que hago. Antes hacía flores para rellenar y ahora puedo crear motivos a escala, [antes] quería algo fácil, todo recto.
Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Estos espacios han incentivado a los artistas a reflexionar sobre su trabajo, así como a aprender a asumir tareas que anteriormente no realizaban en sus talleres, o que delegaban a otras personas. Dice Fermina Ruíz, artista de Teotitlán del Valle:
A mí [la composición] me está costando mucho. Me dedico más al tinte, a los colores; me acostumbré mucho a tener un patrón de lo que yo hago, siempre me ha costado, pero desde el momento en que dijeron que teníamos el taller nadie quería venir, mis hijos ya están grandes y no pensaba lograrlo.
Con una sonrisa, Fermina muestra el boceto de un camino de mesa en el que finalmente pudo plasmar los ejercicios y conceptos trabajados en el taller.
Los talleres también han representado una oportunidad para que los artistas desarrollen propuestas novedosas mediante las cuales se preserva la tradición textil de sus comunidades de origen. Este es el caso de Sinhué Ascona, bordador de San Juan Guichicovi, quien señala:
A mí siempre me ha gustado hacer cosas diferentes; ya hago algo novedoso, cadenilla en prendas de hombre, pero con el taller se me presentó otra forma de seguir creando; se abren posibilidades y tú decides hacia dónde ir, pueden salir cosas bonitas siempre desde donde venimos, con muchas aún por pensar para plasmarlas.
Con la exploración de estas nuevas posibilidades y la búsqueda de la convivencia de la moda con lo artesanal, Marco Antonio López, artista de Santo Domingo Tomaltepec, se pregunta: “¿Por qué no crear nosotros las mismas tendencias? Tenemos el poder para generar nuevas tendencias sin perder la originalidad”. De esta manera se pone de manifiesto que las piezas que crean son de alto valor, pues además de trabajar con materiales de calidad plasman una parte de sus historias colectivas y personales.
Fotografías: Acervo del Museo Textil de Oaxaca
Los maestros Rocío y Guillermo exhortan a los artistas a apreciar lo que se está haciendo tanto en Oaxaca como en otras partes del mundo e inspirarse en ello. Es por eso que uno de los referentes para este grupo ha sido Gabino Méndez, artista de Villa de Mitla, quien ofreció una visita guiada por medio de su exposición “Presencia-ausencia”, además de entablar un diálogo enriquecedor entre ellos. Al respecto, Cory Hernández, tejedor de San Baltazar Guelavila, expresa:
Los maestros nos han ayudado a nombrar lo que ya trabajamos en nuestras piezas para cuando nos pregunten. También encontré inspiración en el maestro Gabino. Estoy en mi búsqueda y lo voy a aplicar en mi taller. El maestro Gabino logró su búsqueda, te abre el panorama e inspira a seguir creciendo.
Sin duda, salir de lo que los artistas consideran su zona de confort ha sido un reto que han abordado con entusiasmo y solidarizándose los unos con los otros, compartiendo sus experiencias y conocimientos, reconociendo que cada una de sus propuestas va más allá de lo individual, además de complementarse como un gran equipo. Como menciona Yamileth López, bordadora de La Ventosa, Juchitán: “Siempre hay algo que admirar de los propios compañeros. El taller me invitó a buscar las similitudes de mi cultura con la cultura de los demás”.
En octubre de 2026, en el 5° Encuentro de Textiles Mesoamericanos (TEXTIM), conoceremos las piezas que los artistas trabajaron en estos talleres, y la manera en que han logrado materializar sus conocimientos, sus historias de vida, así como el intercambio de ideas que se gesta en estos encuentros generados por el Museo Textil de Oaxaca.
Exconvento de San Pablo. Fotografía: Eduardo González
Exconvento de San Pablo. Fotografía: Eduardo González
Exconvento de San Pablo. Fotografía: Eduardo González
Dejadme obrar; yo sé bien lo que me hago. Amontonado el trigo se corrompe; esparcido fructifica. Santo Domingo de Guzmán (1170-1221)
En las bulas promulgadas por el papa Honorio III, en 1216 y 1217, se ratificaba la fundación de la Orden de Predicadores (OP), promovida por el burgalés Domingo de Guzmán, cuyo legado de alabanza, bendición y prédica —Laudare, Benedicere, Praedicare— habría de conformar uno de los bastiones más poderosos para la defensa de la Iglesia católica en tiempo de herejías, detracciones y reconfirmación de la fe.
Los dominicos o “perros de Dios”, por su etimología latina, en paridad con las otras órdenes mendicantes de franciscanos y agustinos, iluminaron el ocaso medieval con sus modelos de virtud, recogimiento y observancia.
Luego de la Conquista de México, fray Domingo de Betanzos fue comisionado para establecer la orden en Nueva España, la Capitanía General de Guatemala y las Filipinas. En 1526 arribaron los predicadores a tierras mexicanas. Dos años más tarde, junto con fray Gonzalo Lucero y fray Bernardino de Minaya, se dieron las bases para un nutrido programa evangélico en la antigua Antequera. La complejidad geográfica y lingüística del territorio derivó en la planeación de diferentes rutas catequéticas, acompañadas, por supuesto, de grandes construcciones que marcaron los ejes didácticos y filosóficos para la instrucción de los naturales.
Fue en 1529 cuando se colocó la primera piedra de la Parroquia de San Pablo de los Indios —ahora convertido en el Centro Cultural San Pablo—, que pasó por diferentes vicisitudes, sobre todo sísmicas, las cuales habrían de requerir constantes procesos de reconstrucción y asignación de nuevas advocaciones. El llamado Convento de la Recolección de Santo Domingo de Soriano —devoción de Calabria, en el sur de Italia, a partir de la visión mística de un sacristán que recibió de manos de la Virgen María un retrato del santo fundador—, acabaría por abandonarse frente a un nuevo proyecto, con técnicas arquitectónicas más modernas que garantizaban su estabilidad, y que hoy constituye el portentoso templo y antiguo convento de Santo Domingo de Guzmán, en la capital antequerana.
A su vez, las rutas mixteca y zapoteca fructificaron en sendos inmuebles que, como portavoces de la doctrina cristiana, se edificaron con magníficas pinturas murales, retablos, lienzos, tallas estofadas, artes decorativas y ajuares litúrgicos que hoy podemos apreciar y valorar, gracias al apoyo de diversas instituciones, como la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, en tanto parte del encomiable legado de los perros de Dios en Antequera.
Capilla del Rosario en Santo Domingo de Guzmán. Fotografía: Héctor Palhares
Capilla del Rosario en Santo Domingo de Guzmán. Fotografía: Héctor Palhares
Capilla del Rosario en Santo Domingo de Guzmán. Fotografía: Héctor Palhares
Resultaría por demás pretencioso abordar en estas líneas la totalidad de templos, parroquias, capillas, ermitas y demás recintos vinculados a los menesteres de la orden en Oaxaca. Sin embargo, destacaremos algunos de ellos mediante los elementos de propaganda fide, que constituyen buena parte del arraigo de una religiosidad que hoy sigue reverberando en la vida cotidiana, en los usos y costumbres del estado.
En la región mixteca es imprescindible mencionar los conjuntos de Santo Domingo Yanhuitlán, San Pedro y San Pablo Teposcolula y San Juan Bautista Coixtlahuaca. El primero, que emerge como una suerte de visión en medio de la planicie rodeada de montañas, conserva el retablo mayor asignado al gran maestro sevillano Andrés de Concha, en colaboración con el flamenco Simón de Pereyns. Las tablas con pasajes cristológicos y marianos exaltan motivos ejemplares para la feligresía en una orquesta de colorido, teatralidad y efectismo, propios de la mejor tradición manierista novohispana.
Mención aparte debe hacerse a la capilla abierta de Teposcolula, reconocida como la de mayor dimensión en el país, cuya elegancia renacentista logró el cometido de los predicadores de promover la fe e impartir los sacramentos en un espacio monumental, a la manera de las grandes explanadas de los teocallis prehispánicos. De igual forma, aunque de menor tamaño, la que flanquea la iglesia de Coixtlahuaca —con representaciones de la cosmogonía indígena en paridad con patrones cristianos— entra en diálogo con los símbolos pasionarios labrados en la cantera que encontramos en la portada lateral del templo. Refirió fray Francisco de Burgoa en su Geográfica Descripción de la parte septentrional… (1674):
[…] dellas sacaron los esclare/cidos tropheos de la fee, para nuevo esplendor de la Religion Catho/lica, blason decoroso de la Monarquia Española, y timbre de el escudo azerado de mi Orden de Predicadores, clarines fueron tan sonoros que à la voz del Catholico Josue, retumba/ron por estas Regiones de la mas supersticiosamente obstinada Jericò, y à sus ecos rindieron los escollos, y breñas mas impe/netrables su braveza […].1
Conjunto retabular de San Mateo en Capulálpam de Méndez. Fotografía: Héctor Palhares
Conjunto retabular de San Mateo en Capulálpam de Méndez. Fotografía: Héctor Palhares
Conjunto retabular de San Mateo en Capulálpam de Méndez. Fotografía: Héctor Palhares
También en la Mixteca, no menos espléndida, la iglesia de San Cristóbal Suchixtlahuaca, aderezada con los grandes ciclos pictóricos del poblano Miguel de Mendoza, resguarda distintas tallas estofadas angélicas como portavoces de los mensajes divinos.
Por otra parte, gracias a la herencia espiritual y devocional de los predicadores, tenemos los conjuntos retabulares de Santiago Comaltepec, Santo Tomás en Ixtlán de Juárez y San Mateo en Capulálpam de Méndez. Todos ellos, en la Sierra Norte, alcanzan el mayor esplendor de la sensibilidad barroca dieciochesca en un crisol de líneas sinuosas, formas orgánicas y pan de oro que ponen de frente al Cielo con la Tierra, como refería Juan Plazaola (SJ). Entre querubines, serafines, acantos, rocallas, medallones, imágenes de santas y santos, pasajes de la vida de Jesús y de María, rompimientos de Gloria y la benevolente figura del Padre Eterno en los remates, en estos templos se observa el ímpetu devocional y el gusto por la belleza y el preciosismo que caracterizan, por derecho propio, al arte sacro de Oaxaca. Explica la investigadora Martha Fernández: “Entre los muchos simbolismos que posee el templo cristiano, se encuentra la representación del paraíso o, por decir mejor, de los paraísos: el terrenal, el cielo donde habita Dios y la Jerusalén celestial”.2
1 Fray Francisco de Burgoa, Geografica descripcion de la parte septentrional, del Polo Artico de la America, y Nueva Iglesia de las Indias Occidentales, y sitio astronomico de esta provincia de predicadores de Antequera Valle de Oaxaca: en diez y siete grados del Tropico Cancer…. Consagrala a su esclarecido Patriarca Santo Domingo, decoroso timbre de Guzmanes, plana celeste del zodiaco de luzes…, México: Imprenta de Juan Ruyz, 1674. Prólogo, 1-2.
2 Martha Fernández, “La imagen del cielo en la arquitectura novohispana. Mantos, doseles y cortinajes” en Históricas digital, México: UNAM, 10 de diciembre de 2018, 288.
Actividades analógicas en el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Actividades analógicas en el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Actividades analógicas en el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Hay un dato que me asombra genuinamente cuando veo las métricas de las redes sociales del Museo de la Filatelia de Oaxaca: el de su público. La mayor parte de los seguidores —más del 60%— se compone de una audiencia joven, de 18 a 35 años. Y no solo se trata de un dato digital, pues el registro de las visitas físicas lo corrobora; basta con recorrer las instalaciones del museo en su dinámica diaria —desde la recepción, pasando por sus salas expositivas, sus jardines y sus patios hasta llegar al final en la Sala de Numismática Mexicana—, para darse cuenta de que el Mufi rebosa de vitalidad y energía juveniles. Esta dinámica podría explicarse por la belleza de las instalaciones del museo y su ubicación céntrica, lo que ha convertido a este espacio en un punto de reunión especial para estudiantes y jóvenes. Sin embargo, esta respuesta simplifica y reduce un fenómeno complejo que está sucediendo prácticamente en todo el mundo: el de la búsqueda de actividades analógicas por parte de las nuevas generaciones.
El pasado 17 de enero, el periódico La Jornada publicó un artículo titulado “Gen Z y millennials reviven escritura de cartas en busca de desconexión digital”, en el que aborda un fenómeno muy interesante: una contrarrespuesta al agotamiento por hiperconexión o, en otras palabras, el resurgimiento de actividades analógicas que no requieran pantallas o dispositivos digitales para disfrutarse. Por supuesto que entre estas actividades encontramos la creación de cartas y postales, labores que el museo realiza en todo momento y que son parte de sus tareas continuas de difusión. El artículo también menciona otras importantes, como la lectura de libros físicos, clubes de caligrafía, grupos de escritura con máquinas de escribir, comunidades que crean sellos, sesiones de escucha de vinilos, entre otras. Es por eso que, inspirados en este reciente fenómeno —que busca retomar las formas tradicionales de comunicación y convivencia—, hemos diseñado las “Sesiones Analógicas” en el Mufi, un espacio para celebrar la escritura a mano, la escucha de música en vinilo y la creación con herramientas manuales colorear, ilustrar, fotografiar, entre otras—; un espacio para conjugar actividades y desintoxicarse por un momento de los dispositivos digitales.
Actividades analógicas en el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Actividades analógicas en el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Actividades analógicas en el Mufi. Fotografías: Acervo del Museo de la Filatelia de Oaxaca
Estas sesiones en realidad son una iniciativa que complementa lo que ya hacen las juventudes en sus visitas al museo, pues no es para nada extraño encontrar en los jardines del Mufi a chicas y chicos leyendo literatura, escribiendo cartas y postales, coloreando ilustraciones de Bobbie Goods, personalizando sus cuadernos con scrapbooking (técnica que involucra la utilización de stickers, sellos, fotos, recortes) o haciendo junk journaling (creación de un diario con elementos reciclados, tickets, envolturas de dulces, stickers, instantáneas).
Nuestro objetivo es propiciar encuentros —de manera regular, cada mes— entre quienes optan por explorar formas creativas más cálidas, genuinas y tangibles, capaces de construir conexiones significativas con más personas de manera presencial; además, las sesiones serán armonizadas con música de fondo a partir de una selección de vinilos. Y, finalmente, como museo de filatelia no podíamos dejar el coleccionismo atrás, así que estas sesiones se acompañarán con la impresión de miniprints artísticos únicos, los cuales estarán disponibles solo el día señalado.
Las Sesiones Analógicas del Mufi iniciarán en julio, como parte de los festejos por nuestro vigesimoctavo aniversario. Muy pronto anunciaremos la fecha de la primera sesión. Nos emociona abrir este espacio para encontrarnos de otra manera: escribir a mano, escuchar música en vinilo, crear con calma y compartir el tiempo para vernos, reunirnos y disfrutar el simple hecho de estar juntos. Para conocer la fecha y los detalles de la primera sesión, te invitamos a seguir las redes sociales del Museo de la Filatelia, donde muy pronto compartiremos toda la información.
Inauguración de la exposición de documentos notables encontrados en el Proyecto de Rescate de Archivos Parroquiales de la Arquidiócesis de Morelia. Fotografías: Acervo de Adabi México
En el marco de las Jornadas Archivísticas del estado de Michoacán y de la celebración del Día del Archivista en México, tuvo lugar la presentación del Proyecto de Rescate de Archivos Parroquiales de la Arquidiócesis de Morelia en la Casa de la Cultura de esta ciudad. Para dar a conocer el resultado de este trabajo, se presentaron dos mesas que abordaron los temas de cooperación interinstitucional y la experiencia en el rescate de archivos eclesiásticos. Esta labor fue posible gracias al trabajo conjunto de la Arquidiócesis de Morelia y la Secretaría de Gobierno del Estado de Michoacán, por medio de la Dirección de Archivos del Poder Ejecutivo que, en colaboración con Adabi de México, apoyaron el rescate de 37 archivos históricos parroquiales en un periodo de dos años, más uno dedicado a la investigación y al trabajo editorial.
La primera mesa contó con la participación del doctor Humberto Urquiza Martínez, como representante de la Secretaría de Gobierno del Estado; el presbítero Leopoldo Díaz Díaz, en representación del arzobispo de Morelia; Román Rubén Corona Ferreyra, director de Archivos del Poder Ejecutivo; Martha Luz Corona Bustos, directora del Archivo Histórico del Poder Judicial de Michoacán; Verónica Loera y Chávez Castro, directora de Adabi; y el maestro David Eduardo Ruiz Silera, presidente de la Red de Archivistas Michoacanos. Con la moderación de Fernanda Silva Bante, los participantes se congratularon del buen resultado de la colaboración entre instituciones, es decir, del rescate y organización de 37 archivos parroquiales y, por lo tanto, de la memoria y la historia de las poblaciones en las que se ubican. La intención es continuar con otros desafíos y dedicar más tiempo de calidad.
La directora de Adabi de México agradeció profusamente la confianza de las autoridades para llevar a cabo el proyecto, así como a los participantes del mismo, ya que afirmó que es una tarea que implica muchos retos por resolver durante la marcha. Al concluir esta mesa, se hizo entrega oficial de los 37 inventarios en formato digital a los representantes de cada institución, así como de sus versiones impresas al padre Leopoldo, para que él, a su vez, las haga llegar a las parroquias a las que pertenecen. De igual manera, se otorgaron reconocimientos a los analistas que participaron en el rescate y que se encontraban presentes en el evento.
En la segunda mesa, los participantes se dieron cita para conversar desde su experiencia como instituciones receptoras y como integrantes de los equipos de trabajo: el presbítero Luis Daniel Rubio Morales, de la parroquia de San Jerónimo Huandacareo —quien, junto con el padre Leopoldo Díaz Díaz, fue un importante pilar para el desarrollo del proyecto, pues facilitaron y gestionaron todo lo necesario para que las parroquias abrieran las puertas de sus archivos—; el presbítero Juan Ruiz Rebollo, de la parroquia de Santiago Apóstol, Undameo; y el presbítero Roberto Plancarte Martínez, de la parroquia de Santiago Apóstol, Capula. Ellos tres hablaron de lo que significa para sus parroquias la organización de la documentación, además, el párroco de Undameo abordó las experiencias personales respecto a la importancia de los documentos en la vida cotidiana. Hablaron de los baches y las dudas ante la llegada de personal ajeno a sus instituciones, en quien, finalmente, decidieron confiar para llevar a cabo la tarea.
Por su parte, Gabriela Patricia López Ortiz, Carlos Josafath León Nieves y Alan García Orozco egresados de la carrera de Historia de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo—, quienes formaron parte del equipo que se encargó del rescate documental y de la investigación que da contexto a cada uno de los inventarios realizados, narraron su experiencia. En su relato destacaron la sensación de tener en sus manos documentos con firmas autógrafas de personajes históricos, lo que, como historiadores, les representó un acercamiento más entrañable con las fuentes primarias de la historia.
Al finalizar la segunda mesa se invitó a los asistentes a acudir a las instalaciones de la Dirección de Archivos del Poder Ejecutivo, donde se llevó a cabo la inauguración de la exposición dedicada a los documentos notables hallados en las 37 parroquias participantes del proyecto. Esta exposición contó con la explicación de Gabriela Patricia López, quien fungió como coordinadora operativa durante todo el proyecto, además de ser el enlace entre las tres instancias y el equipo de analistas.
Infancias disfrutando de la música. Fotografía: Acervo MIO
Infancias disfrutando de la música. Fotografía: Acervo MIO
Infancias disfrutando de la música. Fotografía: Acervo MIO
Desde antes de nacer, los bebés ya habitan un mundo de gran riqueza sonora. Reconocen voces, perciben ritmos y encuentran calma en aquello que les resulta familiar. La música, en este sentido, no es solo un acompañamiento, sino una de las primeras formas de crear vínculos. Sin embargo, entre tantos sonidos disponibles, surge una pregunta: ¿cuál es la música más adecuada para nuestros bebés?
La música es una herramienta indispensable durante la primera infancia, ya que aporta entusiasmo y bienestar desde los primeros meses de embarazo. Es fundamental que cada mamá y cada bebé puedan escucharla desde su primer instante juntos. Estos sonidos iniciales serán los mismos que, al nacer, le brindarán calma y seguridad al bebé cuando llegue a un mundo completamente nuevo.
Algunos expertos, como el Dr. Ibrahim Baltagi, recomiendan optar por piezas clásicas o de arrullo en esta primera etapa. Él sugiere acercar al vientre de mamá música lenta, suave y repetitiva; melodías que desaceleren los latidos del corazón del bebé y le ayuden, más adelante, a establecer rutinas de sueño y a acompañar momentos de llanto.
Por otro lado, los estímulos musicales impulsan el desarrollo de ciertas habilidades. Cuando el bebé escucha desde el vientre el canto de mamá, comienza a estimularse su sentido del oído. Aprende a identificar su voz y la de papá al responder, poco a poco, a esos estímulos con sus movimientos. Al nacer, el canto le proporciona tranquilidad porque es un sonido que reconoce al instante. No importa si no tenemos una gran voz, lo verdaderamente significativo es que ese sonido está cargado de amor, ritmo y cercanía.
La música puede convertirse en una hermosa puerta para guiar a nuestros bebés en su exploración del mundo.
La música puede convertirse en una hermosa puerta para guiar a nuestros bebés en su exploración del mundo.
La música puede convertirse en una hermosa puerta para guiar a nuestros bebés en su exploración del mundo.
En esta etapa también se fortalece la adquisición del lenguaje. A mayor exposición a canciones con palabras repetitivas y sencillas, mayor será la probabilidad de que el bebé desarrolle sus primeras palabras en el momento correspondiente. Incluso el movimiento que acompaña a estas canciones cumple una función, pues contribuye al desarrollo psicomotriz, favoreciendo la conciencia espacial y el reconocimiento de las partes del cuerpo. Pero, entonces, ¿qué podemos cantarles y cómo elegimos las opciones más adecuadas para su edad?
La música puede convertirse en una hermosa puerta para guiar a nuestros bebés en su exploración del mundo. Antes de centrarnos en el género musical o en alguna canción específica, podemos partir de un tema que despierte su interés. Por ejemplo, si durante la primavera notamos curiosidad por los insectos, esta puede ser una gran oportunidad para descubrir propuestas musicales relacionadas con ese tema. Una búsqueda sencilla en una plataforma de contenido musical, como “insectos para bebés”, abre la puerta a un universo amplio de artistas, géneros y melodías, del cual también surgen nuevas posibilidades de estimulación sensorial.
No obstante, se recomienda priorizar plataformas en las que el bebé no tenga acceso a pantallas. Cuando madres, padres o personas cuidadoras mantienen el control sobre el uso de los dispositivos electrónicos para escuchar música, se evita la sobreestimulación sensorial. Asimismo, es importante escuchar el contenido antes de presentarlo a los bebés. De esta manera, se toma una decisión consciente sobre aquello que se desea compartir. La pregunta es si favorece el desarrollo auditivo y del lenguaje, si aporta a la formación de valores o ayuda a mostrar, de una manera más didáctica y amorosa, el entorno al que se están adaptando.
En el Museo Infantil de Oaxaca, el trabajo con sonidos y canciones ocupa un lugar central dentro de los talleres dirigidos a la primera infancia. Somos conscientes de su importancia y del valor que tiene en el desarrollo del lenguaje, la creación de vínculos afectivos, la creatividad, la socialización y el juego entre pares.
A lo largo de los más de 36 talleres que he creado en el MIO, he tenido la oportunidad de descubrir artistas mexicanos y de otras partes del mundo que enriquecen mi labor, haciéndola más emocionante, profesional y comprometida. Las listas de reproducción que elaboramos mes con mes no solo responden a una necesidad dentro de los talleres, sino que también representan una invitación a adentrarnos en un mundo lleno de imaginación y juego: un espacio donde podemos estimular los sentidos, apapachar, cantar e incluso convertirnos en personajes que dan vida a las historias que la música nos cuenta.
Si este mundo sonoro para la primera infancia te emociona tanto como a mí, te invito a escuchar nuestras playlists en Spotify por medio del siguiente enlace y a permitirte descubrir, junto con tu bebé, nuevas formas de encontrarse, escucharse y acompañarse desde la música: https://open.spotify.com/playlist/3DCVE8WaKW7MOqgz9EuT9e?si=Bmoaf08oRtK33dFUweJMHA
Francisco Ramírez (izquierda), lanzador más importante para Lázaro Salazar (derecha). Fotografías: Acervo de los Diablos Rojos del México
Francisco Ramírez (izquierda), lanzador más importante para Lázaro Salazar (derecha). Fotografías: Acervo de los Diablos Rojos del México
Francisco Ramírez (izquierda), lanzador más importante para Lázaro Salazar (derecha). Fotografías: Acervo de los Diablos Rojos del México
Para la temporada de 1956, los Diablos Rojos del México tenían el compromiso moral de conquistar su primera corona. El hecho de haber quedado a un juego del primer sitio en la campaña anterior y de que el campeonato se lo hubieran llevado los Tigres de México —quienes debutaban con ese nombre en la Liga Mexicana—, resultó una gran afrenta.
Tras el fracaso de Gilberto Torres y Mario Díaz como managers en 1955 —sumado a que en el último encuentro el equipo escarlata no pudo contar con Alonzo Perry por estar arrestado—, el propietario del equipo, Héctor Peralta, decidió echar la casa por la ventana y buscar al piloto adecuado para que la novena escarlata intentara arrebatarle el título al equipo de su hermano, don Alejo. El personaje elegido fue el cubano Lázaro Salazar, quien ya se había coronado con Córdoba, Azules de Veracruz, y en cuatro ocasiones con Monterrey, tres de ellas de manera consecutiva.
El Príncipe de Belén había aceptado un puesto como scout de los Piratas de Pittsburgh después de dejar atrás a los Sultanes, y ya que no estaba convencido de alejarse del terreno de juego, no dudó en aceptar la oferta para dirigir al México.
La presencia de Salazar, aunada a la conformación de un roster altamente competitivo —en el que sobresalían nombres como los de Perry, Ernesto Natas García, Héctor Chero Mayer, Felipe Hernández, Panchillo Ramírez, Diómedes Guayubín Olivo, entre otros—, permitió que los Rojos avanzaran como una aplanadora durante el desarrollo de la temporada.
El dominio escarlata fue tan abrumador que llegaron a tener victorias consecutivas: tres de cinco, una de seis, una de siete y otra de diez, antes de asegurar el primer lugar en el standing.
Retrato de Alonzo Perry
Retrato de Alonzo Perry
Retrato de Alonzo Perry
El único bache que llegó a inquietar a la afición roja fue una racha de tres derrotas ante los Tigres a mitad de la temporada. Cabe recordar que la llamada Guerra Civil había surgido un año antes, y la pasión subía de tono con cada enfrentamiento entre ambos equipos de la ciudad, que en aquellos tiempos se conocía como la región más transparente del aire.
Ocho días antes de la conclusión del calendario, los Diablos Rojos se coronaron campeones. La primera de dos victorias sobre los Leones de Yucatán, el domingo 26 de agosto, puso fin a la sequía de 16 años. Aquel logro fue aún más notable porque incluyó una hazaña nunca antes vista en el beisbol profesional mexicano, la cual no se ha repetido hasta nuestros días: Francisco Ramírez se apoderó de la triple corona de picheo (juegos ganados, efectividad y ponches), mientras que Alonzo Perry hizo lo propio a la ofensiva, liderando los departamentos de porcentaje de bateo, home runs y carreras producidas.
Ramírez registró una marca de 20 victorias, 3 derrotas, 2.25 de efectividad y 148 ponches. En el caso de Perry, su porcentaje de bateo fue de .392, con 28 cuadrangulares y 118 carreras empujadas. Por si fuera poco, también fue líder en hits, dobles y triples.
A siete décadas de distancia, los logros de los Diablos Rojos del México siguen siendo referencia e inspiración en una trayectoria deslumbrante que hoy incluye 18 campeonatos y un prestigio inigualable en el beisbol profesional de nuestro país.
Integrantes de Cucharadas de Poesía. Fotografía: Ailyn Luría
Integrantes de Cucharadas de Poesía. Fotografía: Ailyn Luría
Integrantes de Cucharadas de Poesía. Fotografía: Ailyn Luría
Los siguientes textos fueron generados en el taller de Cucharadas de poesía haciendo eco del poema “Instrucciones para dar un beso”, de Julio Cortázar.
Instrucciones para hacer una trenza Georgina Villanueva
Sin mirarte al espejo, toca y disfruta la textura de tu cabello. Desliza los dedos de arriba abajo, una, dos, tres veces mientras vas quitando enredos, obstáculos y preocupaciones. Ahora toma el peine, ve pasándolo de abajo hacia arriba, centímetro a centímetro. Deja que la madera de naranjo se lleve lo pesado. Luego peina de la frente a la punta del cabello, de una sola vez. Recibe en la nuca, poco a poco, el tiempo; cierra los ojos, siente el cabello en tus manos y separa entre los dedos tres tantos. Con firmeza, sostén las hebras de cada lado y deja suelta la tercera; empieza a pasar la de la derecha a la izquierda, la del centro a la derecha y la de la izquierda al centro. En principio, será difícil: es como equilibrar presente, pasado y futuro. Hay que hacerlo al despertar y al irse a dormir para practicar. En una semana será más fácil trenzar tu cabello; en dos semanas intenta con listones —si son anchos se pueden torcer—. No te rindas: al final tendrás una trenza tejida con moños y sueños.
Instructivo para tomar café con una persona especial Eduardo Navarro
Todos sabemos que una taza de café es un poderoso vínculo entre dos almas. Por eso resulta importante, incluso vital, conocer el procedimiento correcto para no caer en errores que podrían resultar fatales.
Al ir a tomar un café con alguien especial, nunca debemos sentarnos junto a esa persona, ya que resultaría por demás inadmisible. Lo correcto es sentarse justo frente a la persona con la que queremos disfrutar ese momento mágico de tomar un café juntos. Esto, para poder estar en condiciones de verle directamente a los ojos y, sutilmente, y de vez en cuando, admirar su sonrisa.
Al tener nuestra taza de café frente a nosotros —y aquí se aconseja tomarlo sin azúcar—, lo primero que debemos hacer es percibir su aroma. Sabido de todos es que el aroma del café se dibuja en el aire y traza sus mágicas figuras por todo el lugar. Este será el momento ideal para comentar con nuestra acompañante el tipo de aroma y su delicadeza. Nuestra plática debe ser inteligente y sensata, de modo que, al percibir el aroma del café, también respiremos las palabras y que estas toquen todos nuestros sentidos.
Posteriormente, daremos un sorbo a nuestro café para proceder a paladear su sabor y, justo en ese momento, hablaremos de su textura, de su cuerpo y de ese sabor amargo producto del proceso de tueste del grano. Miraremos con disimulo, pero al mismo tiempo con ansiedad, el instante en que nuestra acompañante lleve la taza a sus labios, para contemplar el sublime momento en que el café se posa en ellos. De esta forma, nuestra plática estará también acompañada de exquisitos sabores que nos envolverán y llenarán el espíritu.
Hasta aquí hemos logrado atraer la atención de esa persona especial, y su pensamiento será quedarse más tiempo con nosotros disfrutando esa unión de almas en torno a un buen café y una grata conversación, que hace que la vida se vea diferente y, desde luego, invite a repetirse en otras ocasiones.
Al final, y cuando nosotros consideremos que es el momento adecuado —quizá rozando su mano sutil y tiernamente—, le diremos con voz firme y segura: ¿Sabes que es lo que más me gusta del café?… Son tus ojos cuando tú lo tomas.
Proceso de conservación y catalogación del fondo documental de Floriberto Díaz Gómez
Proceso de conservación y catalogación del fondo documental de Floriberto Díaz Gómez
Proceso de conservación y catalogación del fondo documental de Floriberto Díaz Gómez
A fines de 2025 visitamos por primera vez el archivo del antropólogo y activista Floriberto Díaz Gómez (1951-1995), originario de Santa María Tlahuitoltepec, Mixe. Este fondo lo integran documentos, publicaciones y fotografías que aún se encontraban dentro de cajas plásticas, tanto en el domicilio familiar como en el espacio que será la sede del acervo. Hasta ahora, la familia había realizado una revisión general para la publicación de algunos de sus textos, pero estaba interesada en una organización más sistemática del conjunto documental, debido a las solicitudes que ha recibido para su consulta.
Del mismo modo que los archivos institucionales —que se clasifican según las funciones para formar la misma estructura con que fueron generados los documentos—, la clasificación de los archivos personales tiene como objetivo reconstruir los aspectos más importantes de la vida del personaje, lo cual requiere una investigación biográfica. Por fortuna, la familia de Floriberto cuenta con bastante información de las actividades que él desempeñó, lo que nos permitió establecer un cuadro de clasificación compuesto por tres secciones documentales en nuestra primera comisión, realizada en febrero.
La Sección Asociaciones Regionales es la más extensa de todas. Estos documentos dan cuenta de sus actividades en defensa de los derechos de los pueblos mixes frente a la explotación de sus recursos. Asimismo, muestran sus esfuerzos por la alfabetización de la lengua mixe para facilitar su lectoescritura, así como por la instrumentación de una educación dirigida a las comunidades indígenas en sus propias lenguas y a partir de su cultura. Tales acciones lo llevaron a capacitar personal y a crear algunas escuelas. Los expedientes fueron generados durante su activa participación en el Comité para la Defensa de los Recursos Naturales, Humanos y Culturales de la Región Mixe (CODREMI), en la Asamblea de Autoridades Mixes (ASAM) y de Servicios del Pueblo Mixe (SER A. C.).
Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca
Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca
Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca
La Sección Autoridad Comunitaria aún no es muy grande. Se planteó para los documentos sobre los cargos que desempeñó en Tlahuitoltepec, aunque también contiene información de otras áreas que fueron de su interés en su comunidad, y que estaban relacionados con sus actividades regionales en educación, organización comunitaria, autonomía, etc.
La Sección Personal reúne documentos de su vida privada, como su formación profesional con sus primeros estudios eclesiásticos y su posterior ingreso a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, así como su participación en diversas actividades de la Organización de las Naciones Unidas. Por lo general, este apartado no es de consulta pública debido a la sensibilidad de sus conversaciones privadas, pero sin duda es rico para la elaboración de su biografía.
También existe una colección de fuentes de información que en su mayoría contiene fotocopias de artículos de revistas, recortes de periódicos, libros, ponencias y documentos sobre la lucha por los derechos de los pueblos indígenas en México y en el mundo.
Aún falta mucho material por revisar. Esto hace muy probable el hecho de que pudieran plantearse otras secciones o series documentales. Lo cierto es que será un archivo extenso con datos valiosos para los interesados en la defensa y reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas.
Proceso de restauración de las piezas del nacimiento
Proceso de restauración de las piezas del nacimiento
Proceso de restauración de las piezas del nacimiento
En el amplio universo de las artes tradicionales existen oficios que, a pesar de su extraordinaria delicadeza y complejidad, han sido históricamente catalogados como artes menores. Entre ellos se encuentra uno frágil y casi olvidado: la cerería figurativa. Este arte, que durante siglos floreció en conventos y talleres familiares de Europa, ha desaparecido casi por completo en ese continente. Hoy sobrevive con una fuerza discreta en México.
A diferencia de los nacimientos de barro, madera o yeso, las figuras de cera poseen una cualidad casi viva: la luz se filtra en su superficie translúcida, otorgándoles una suavidad visual que evoca la piel humana. Esta cualidad no es casual. La cera de abeja, material noble y orgánico, ha sido utilizada desde la antigüedad por su maleabilidad, su aroma tenue y su capacidad de capturar detalles minúsculos.
El proceso de elaboración es completamente artesanal. La cera se limpia lentamente al calor, se filtra para eliminar impurezas y se mezcla, por lo general, con pigmentos naturales. Luego comienza el trabajo de modelado: rostros diminutos, ojos de vidrio, manos delicadas, pliegues de túnicas, cabellos y barbas cuya vida emerge gracias a la paciencia.
Las figuras se realizan mediante moldes parciales que después se intervienen manualmente. El verdadero valor del artesano aparece en ese momento: cada expresión, cada inclinación de la cabeza se termina a mano. Ninguna figura es completamente idéntica a otra.
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Tal diferencia no radica solamente en la fisonomía de las piezas, sino en los secretos que guardan. Un ejemplo claro de ello son las figuras que conforman el nacimiento “Las palomas” —elaborado con cera de abeja— del Centro Cultural San Pablo, pues, durante su restauración, su interior develó algo inesperado. Dentro de ciertas figuras, dando volumen a sus ropas, se encuentran pequeños fragmentos de papel, muchas veces periódicos viejos que conservan fechas perfectamente legibles. Dentro de figuras aparentemente elaboradas al mismo tiempo, han sido encontrados fragmentos de periódicos que corresponden a los años de 1938, 1939 y 1942. Este hallazgo transforma las piezas en algo más que objetos devocionales o artesanales: se convierten en cápsulas de tiempo.
Los periódicos no solo revelan la antigüedad aproximada de las figuras, sino que también insinúan la vida cotidiana del taller donde fueron creadas. En algún sitio silencioso, alguien modelaba en cera una Virgen, un Moisés, un Ángel o un pequeño Niño Dios, envolviendo su interior con fragmentos de ese mismo mundo.
México se ha convertido en el último refugio de un arte silencioso. La continuidad de algunos talleres familiares y el trabajo de aprendices de estos espacios han permitido que este oficio no desaparezca por completo.
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Fotografías: Eduardo González
Los artesanos no solo producen figuras; mantienen vivo un lenguaje material que conecta la religiosidad popular, la memoria familiar y una historia del arte poco valorada y reconocida. De este modo, en un nacimiento de cera conviven tres tiempos: el bíblico que intenta representar, el histórico del papel escondido en su interior y el presente del espectador que los contempla.
Así, en el encuentro entre cera, papel y memoria reside la verdadera grandeza del delicado nacimiento de cera “Las palomas”. La FAHHO busca devolver a cada figura de este conjunto su integridad estética y simbólica, respetando sus materiales originales y su valor histórico; para ello realiza su restauración y rescate, permitiendo que futuras generaciones puedan conocer y apreciar esta magnífica obra.
Presentación del libro El día que no paró de llover en la Biblioteca Henestrosa
En esta ocasión me enfrenté a otra lectura y la verdad es que me siento satisfecha. Durante una entrevista con Guillermo Sánchez Cervantes, Guadalupe Nettel —quien por cierto escribe la cuarta de forros del libro que aquí reseño—, reflexionando sobre su interés por los personajes distintos o marginales, dijo: “Al hablar de lo que perturba, la incomodidad es donde se encuentra la brecha por la que pasa el conocimiento. Creo que aquello que incomoda es lo que nos hace entender algo”. En parte estoy de acuerdo. Lo que nos inquieta abre una vía de conocimiento. Esta intuición se ha cultivado a lo largo de los distintos momentos de la literatura. Por ejemplo, en una carta enviada a su amigo Oskar Pollak, Franz Kafka escribió una de las frases más citadas sobre el efecto perturbador de la literatura: “Un libro debe ser el hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros”. Entonces, la literatura no es un jardín paradisíaco para el lector, sino un terreno de palabras vivas que lo sacude para revelarle algo oculto. Y en el conocimiento hay placer. ¿Por qué lo descoloca? Pienso que cuando una persona se anquilosa en su comodidad, cuando no busca más que el placer, frivoliza la existencia y pierde perspectiva acerca de los otros y de sí mismo. De pronto puede medir la vida únicamente desde el interior de una estancia climatizada, observando a ratos el exterior por la ventana con una copa de vino tinto en la mano, sentada en una mullida poltrona forrada con la piel de las magnolias mientras degusta un plato de charcutería fina y quesos añejos, y lee una nota sobre feminicidios en su celular y avanza en la pantalla para ver otra cosa menos trágica, porque esa no es su batalla ni su responsabilidad.
La vida ya tiene sus complicaciones y nadie escapa de que le ocurran algunas o varias. Aclaro, no estoy en contra del gozo y el placer en la vida, sino que no me parece una existencia auténtica la que ha sido absorbida por un sistema al que el individuo, que no tiene una naturaleza fija, atiende sin mayor responsabilidad que la de hacer lo que se debe, sin asumir conscientemente su libertad. Sí, desde lo que se piensa, se dice y se hace. —Y todos dirán: “Bueno, yo sí; yo sí pienso, hago y digo lo que se me pega la gana”. Pero no es cierto. En el fondo siempre estamos atravesados, nacemos en un sistema, de hecho, nacemos en una historia familiar de la que nos apropiamos. No podemos vivir siempre en esta conciencia absoluta, deshacernos de todo, pero para ciertas cosas o para muchas pienso que es bueno indagar, tener un pensamiento reflexivo, crítico, analítico y, en la posibilidad mayor, generar nuestras propias ideas, nuestro propio criterio, querer y entonces decidir, y eso es ejercerse con libertad auténtica, de acuerdo con lo que los existencialistas sostienen—.
Bajo la literatura del desasosiego es común encontrarse con ciertas escrituras oscuras, de esas que mantienen al lector con los muslos tensos en una silla sintiendo el borde como filo de navaja. Las páginas como copas de perdigones en las entrañas. Y está bien, depende del género, el momento histórico: el ánimo del lector y el escritor en gran medida están supeditados al tema y su abordaje. Hay asuntos que en determinado momento y bajo ciertos humores no pueden nombrarse de otro modo, como las experiencias de quienes están realmente de frente a la muerte, como en una guerra, por ejemplo, cualquier guerra.
Sin embargo, más allá de lo extraordinario, la vida transcurre y cada persona la experimenta, danza con ella, la degusta, la disfruta y también la padece. Es como decir que así es la vida: a ratos dulce y a ratos amarga. La vida tiene días de sol y días de tormenta. Para entender esto, se ha de haber pasado ya por las posturas radicales de la inexperiencia original natural. Es necesario cierto equilibrio entre los ideales y la realidad, entre las emociones y el intelecto, para hallar los destellos de belleza franca de la vida, para no caer en el sinsentido, botarlo todo y vivir sólo desde el abismo. Antolina Ortiz Moore, en su más reciente novela, El día que no paró de llover, logra este equilibrio, y de manera gozosa mantiene al lector atrapado bajo la incertidumbre por el futuro de los personajes, entendiendo a la Ciudad de México como un personaje también. No se siente la orilla del asiento como un filo incesante, pero dan ganas de no pararse para leer la novela de cabo a rabo. Dispara balines y lo hace con gran elegancia; por eso van también a la frente y no solo al pecho. Hay un manejo inteligente de los recursos narrativos en el desarrollo y tejido de las historias, lo que provoca la empatía en el lector y aleja los tonos viscerales que pueden desembocar en la sensiblería. Las historias suceden con gran naturalidad. Da la impresión de estar mirando una película desde una experiencia de 360°.
Esta novela dispone del hacha que refiere Kafka, muy fina y afilada, para romper el hielo dentro del lector. Sus personajes a simple vista parecen habitantes comunes de una vecindad del centro de la Ciudad de México en los años cincuenta. Así nos vemos desde lo público: como individuos de tal o cual tipo, generalizados y comunes. Lo maravilloso está en la cercanía, en la intimidad, en lo privado. Ahí cada persona es diferente, hasta rara, valiosa en su unicidad. Ortiz Moore nos deja acceder a lo que piensan y sienten los personajes, a lo que atraviesan sus venas y nervios en el presente, desde su pasado y hacia sus añoranzas. Por eso se vuelven entrañables y no es posible formarse un juicio de cada uno a la ligera, como luego ocurre en la vida real entre los de a pie. Está Mateana, una mujer originaria de una población de Oaxaca que se dedica al trabajo doméstico y al cuidado de Fabi en la vecindad. Fabi es un pequeño que tuvo poliomielitis, cojea y sueña con ser piloto aviador. Pasa mucho tiempo sin su mamá, Tulipa. El marido de Tulipa desapareció —¿eso no sucede?—; ella trabaja todo el día en la panadería del español Manuel, lo que la hace sentir culpable y atrapada en el deber, sin oportunidad para disfrutar un poco de la vida.
Manuel llegó a México como refugiado de la guerra civil española; extraña a su madre y no se siente cómodo con la vida porque su hermano murió fusilado. Piensa a ratos que debió haber muerto él también o sólo él. Manuel fuma cigarros con Agustín, quien es pionero de la XEW, dirige radionovelas y hace los efectos especiales. También firma los guiones como si fuera el autor en lugar de Inés, porque a ella, por ser mujer, no se los compran. Agustín es gay, tal como era en esa época: oculto. Ama ir al Salón México con la elegancia del Pachuco y bebe de tanta pena y frustración. Inés también bebe mucho mientras escribe. Es maestra, es feminista y es muy amiga de Pascuala. Inés lucha por el derecho de las mujeres al voto —que en México fue posible hasta 1953—, a decidir sobre sus cuerpos, a no casarse y a vivir como a cada una le parezca. La amistad entre Inés y Pascuala podría resultar incómoda para algunas personas. Pascuala es modista, realizó sus estudios en París cuando su padre vivía; tiene en el vientre el dolor de una hija no nacida y procura a Luana, una joven que vive con su abuelita y aspira a ser licenciada en medicina. Sueña con desarrollar vacunas para evitar enfermedades como la polio. Luana y Fabi son amigos como hermanos. Ambos escuchan a los canarios de Inocente; esos canarios cantan por la noche cuando algo va a suceder.
Inocente, como Sandro, casi no sale de su departamento; se la pasa buscando un tesoro, haciendo agujeros en las paredes porque ahí las personas escondieron joyas o monedas de oro durante la Revolución. Sandro es relojero; se salvó de milagro por un simple viaje de negocios que lo dejó vivo y a la deriva, lejos de su familia —detalla nuestra autora—. De alguna manera, él tiene un problema con el tiempo; es como estar desfasado en otro ritmo sin poder volver, existiendo con el peso de los segundos. Mateana escucha la radionovela “La huérfana de oro”, escrita por Inés, firmada y dirigida por Agustín. Esta radionovela funciona como una puesta en abismo o historia enmarcada; no es solo un relato dentro de otro, funciona como espejo de algo en la historia mayor. En este caso, la huérfana de oro es Carlota, un personaje interpretado en la radio por una actriz. El destino de Carlota avanza un tanto en paralelo con lo que sucede respecto a las mujeres asesinadas por la noche en la ciudad.
Ahora bien, vamos con la Ciudad de México. El día que no paró de llover refiere los días iniciales de la gran inundación de 1951, resultado de la lluvia intensa que no cesó entre la noche del 15 de julio y la madrugada del 16. La Ciudad de México fue construida sobre terrenos lacustres, el lago de Texcoco y ríos que fueron entubados. Dos terceras partes de la ciudad quedaron cubiertas por agua: el centro histórico, las colonias Guerrero, Morelos, Dolores, Doctores y la Condesa. En las zonas más bajas el nivel alcanzó hasta 2 metros de profundidad y la gente se movía en lanchas. El agua permaneció casi 3 meses. Ratas, cucarachas, aguas negras, basura, lodo, mosquitos, enfermedades, negocios con grandes pérdidas, árboles y construcciones venidos abajo por la humedad. Los muertos se ahogaron en el panteón, en las catacumbas… toda la descomposición de la ciudad del progreso salió a flote. La gran ciudad no es solo un escenario, un espacio para los sucesos, es casi un personaje; es una presencia activa que condiciona la vida, el lenguaje y el destino de los demás. La ciudad respira, expele, ahoga, protege, recuerda. En esta tradición se inscriben novelas como La región más transparente, Las batallas en el desierto, La noche de Tlatelolco y así un montón.
En El día que no paró de llover, la Ciudad de México es un lugar de inestabilidad, de peligros, de lo que huele mal y no es posible ocultar más, de los desechos de la antigua refinería de Azcapotzalco. No es casualidad que hoy en día tengamos las playas del sur de Veracruz también con contaminación por derrame de crudo. Y así, es el espacio donde todos tratan de llevar la vida lo mejor posible, aunque llueva sobre mojado. Uno de los más importantes valores literarios que encontré en la novela de Antolina Ortiz Moore es que no requiere girar en torno a personajes oscuros, torcidos o violentos para que su obra vibre en las cuerdas íntimas de los lectores. Sí, eligió personalidades interesantes, ejemplares para ciertos temas, pero nada que no corresponda con la realidad cotidiana de una vecindad en la Ciudad de México, o de una colonia popular en Oaxaca, por ejemplo. Lo que se revela está dentro del lector mismo. En mi caso, a cada momento estaba esperando una tragedia, la derrota de alguien, un canario y un grito. Hubo que seguir. La vida encontró nuevos rumbos.
Los invito a sumergirse en el diluvio de esta novela para que descubran si la descomposición social los lleva al naufragio, o si lo valioso de cada persona muestra, en el tejido de las relaciones, las formas de la esperanza. La vida nos ocurre y en ella los infortunios no piden permiso para llegar. No es posible controlar los relojes ni la voluntad de los otros que luego deciden hacer el daño. Sin embargo, seguimos soñando con volar. Bailamos y añoramos a nuestros seres amados. Pretendemos el pan dulce y la fruta fresca en la mesa. Buscamos tesoros, ser libres, el abrazo de la buena fortuna, un cachito de lotería. De esto va la vida. Gracias y muchas gracias, Antolina.
* Novela presentada en la Biblioteca Henestrosa con la presencia de la autora, acompañada de Enna Osorio Montejo y Thania Zepol.