“Lacres: custodios del mensaje”

La Filatelia de México tiene un área de coleccionismo inmensa, que se basa principalmente en los timbres postales; sin embargo, cuando hablamos de filatelia, debe entenderse que es posible coleccionar todo aquello que el correo haya emitido y, más aún, si forma parte de un ciclo postal. Esto quiere decir que existe un protocolo para llevar a cabo la entrega de la correspondencia. Estos procedimientos postales inician desde que el usuario —aquel que desea enviar una carta— la lleva a la oficina postal. Todo comienza con el pesaje de la carta, momento en el que el servidor postal pregunta: ¿qué tipo de servicio requiere? Justamente aquí es donde profundizamos, pues uno de los servicios que el correo brinda hasta hoy en día es el de la “correspondencia registrada”.

Este servicio de correspondencia registrada, ocurrida entre los años 1880 y 1913, se caracterizó por emplear uno de los sistemas de seguridad más antiguos para cerrar y otorgar garantía de autenticidad y protección a las cartas: el lacre.

El lacre es una resina que se funde con el calor para ser aplicada en las uniones del cierre de una carta. Cuando está fresco, puede marcarse con un cuño para grabar un texto, un monograma o una imagen. Esta forma de marcar la correspondencia proviene de siglos atrás, de épocas en las que la realeza los colocaba para dar fe de la autenticidad de un documento, permitiendo que viajara con la máxima garantía de confidencialidad.

En México, este protocolo dentro del servicio postal representa un área de estudio poco atendida. Reglamentos del correo en la década de 1880 indican que la correspondencia registrada debía ser lacrada, por lo que cada oficina debía contar con su cuño, identificado con la oficina a la que correspondía. Datos de reportes del correo para 1900 proporcionan un registro de más de mil oficinas distribuidas en todo el país. ¿Podemos imaginar cuántos lacres debieron ser aplicados? Sin embargo, las cantidades que fueron conservadas son mínimas, pues para quienes recibieron una carta por medio del correo, el interés se centraba en el contenido del sobre y no en su parte exterior. Conservar el sobre debe considerarse como resultado de la mera suerte, más que de una acción intencional. A ello se suma la posibilidad de que no sufriera desperfectos con el paso del tiempo, lo que permite entender cómo lograron conservarse.

Los lacres que se exhiben en la exposición temporal “Lacres: custodios del mensaje” en el Museo de la Filatelia de Oaxaca corresponden a una recopilación de más de 200 piezas distintas que he reunido durante casi dos décadas. La principal consideración para que un lacre integre esta colección es su estado físico. Se busca que no presente daños relevantes causados por el paso del tiempo y que su aplicación haya sido pulcra. Otras consideraciones tienen que ver con la dificultad de su localización. Por ejemplo, una pieza correspondiente a una oficina de la Ciudad de México es común, mientras que las de provincia o de estados con baja densidad poblacional se consideran raras debido al menor uso del correo. Un ejemplo visible en esta exposición es el lacre de Chazumba, Oaxaca, que, en comparación con el de Puebla, Puebla, resulta difícil de encontrar.

En la sala Amelia Earhart del Mufi se presenta una selección de lacres en condiciones excepcionales, con huellas de cuños que han permanecido casi intactos tras más de un siglo de haber sido colocados y que son testimonio de su función como verdaderos “custodios del mensaje”.


El agua como tema urgente de reflexión

Representación del agua en el Mapa de Teozacualco, Oaxaca, Mixteca Alta, siglo XVI.

En el mes de febrero tuvo lugar el coloquio “El agua como patrimonio: desde la época prehispánica hasta nuestros días” organizado por Adabi de México. Mediante cuatro mesas de discusión se abrió la oportunidad de apreciar la importancia del vital líquido para el ser humano, así como la relación con el mismo, ya sea por su manejo, ausencia, movimiento e, incluso, por su representación artística.

En las palabras de bienvenida del coloquio la directora de Adabi de México mencionó las declaraciones de la Organización de las Naciones Unidas hechas en enero pasado respecto a la “bancarrota” que existe ya en el planeta en relación a este recurso vital. En consecuencia, resulta necesario insistir en la revisión de esta problemática para poder comprender el uso y abuso actual del agua.

Se presentaron ponentes nacionales y extranjeros que hablaron de la lucha histórica por el agua, sus usos rituales, las tecnologías para su manejo y presencia en las ciudades, con lo que buscaron mostrar las diferentes vertientes de la historia del vital líquido en diversos tiempos y espacios. ¿A quién pertenece el agua?, ¿quién tiene prioridad en su uso y aprovechamiento?, ¿qué papel ritual ha tenido el agua en culturas nativas de México y la occidental?, ¿puede el agua adivinar el futuro?, ¿cómo evolucionó la tecnología para controlarla? Estas y otras muchas interrogantes fueron abordadas a partir de expedientes localizados en diversos archivos históricos, esta trascendencia en el tiempo hace todavía más evidente la importancia actual del agua, su cuidado y aprovechamiento.

El descubrimiento, conquista y colonización de América fue la oportunidad para que los colonos crearan asentamientos muy distintos a los del viejo mundo; sin embargo, en su arribo a Tenochtitlán, los españoles se enfrentaron a una tecnología desconocida que no solo los dejaría maravillados, sino que cambiaría definitivamente el rumbo del asentamiento de la Ciudad de México. El destino de la ahora capital mexicana pudo haber sido distinto si las decisiones estratégicas hubieran sido tomadas por otras personas, tal como lo comentó en su conferencia el arquitecto Salvador Ávila.

Esta relación humano-agua, especialmente en las ciudades, fue el tema más abundante en el coloquio. Ciudad de México, Oaxaca, Veracruz, Zacatecas y Uruapan fueron los asentamientos revisados por los ponentes en diversos momentos históricos.

La última mesa del coloquio giró en torno a la introducción del agua, el riego, la transformación de un barrio a partir de una fuente, la labor de los aguadores, la escasez y las disputas.

En próximas publicaciones del Boletín estaremos compartiendo una muestra de cada ponencia, pues resulta imperativo no dejar de hablar de un tema tan relevante y necesario no solo en la actualidad, sino en toda la historia de la humanidad.


María Sada. Memorias de la Tierra

El movimiento detenido de los pétalos tiene una relación de la
mirada con un tacto agitado. Son como mil dedos ejerciendo para
nuestros ojos su multiplicada caricia. Comienza la cinestesia, el
poder de la poesía, visual o escrita, de activar un sentido a través
de los órganos de otro. En su obra, los ojos son acariciados […] El
tiempo y el ritmo es el tiempo de la naturaleza, evidentemente,
más lento. María nos transmite emocionalmente una gran cantidad, inmanejable, de tiempo en un solo instante
.
Alberto Ruy Sánchez

María Sada (Monterrey, Nuevo León, 1954), restauradora de arte de profesión, ha combinado por más de treinta años su conocimiento profundo de técnicas y materiales con la representación del entorno. Desde 1993, la naturaleza —por medio de experiencias personales y viajes, muchos de ellos casi iniciáticos— protagoniza sus composiciones. En la obra de María, de pincelada precisa y metódica, desfilan selvas, animalia, ríos, cascadas, bosques, montañas, mares y una neblina que va hilvanando la floresta en pie de igualdad con la creación primigenia.

Desde el bastión contemporáneo, donde la extinción y el agotamiento del planeta son un doloroso y recurrente tópico, Sada acude, cual alquimista, a un estado de conciencia general dentro del que todos figuramos en el mismo escenario. No es una artista de dogmatismos, sino una creadora de sueños y realidades…; aquello que ha desaparecido, pero también lo que permanece. En una suerte de doble mirada, el público está invitado a observar desde lo más profundo las memorias de la Tierra.

Sada ha expuesto en diferentes países, entre los que destacan México, España, Estados Unidos, Suiza y Bélgica. Entre 2022 y 2023 presentó una gran retrospectiva de su obra, bajo el título Biofilia. Arte y naturaleza, en el Museo Nacional de Arte (MUNAL).

Este marzo llega al Centro Cultural San Pablo con casi setenta piezas que, en cinco núcleos temáticos, abordan los espejos y reflejos de lo humano ante el cosmos; anthologias (del griego anthós, flor) de diferentes formas y latitudes; la serie del bosque y el árbol caído que recuperó bloques de madera de sabino para convertirse en “lienzos” de distintos verdores; la animalia, siempre presente como nuestro “otro yo”, se encuentra con los divertimentos realizados en kashigata o moldes japoneses para dulces; y, finalmente, los diálogos que rinden homenaje a grandes figuras de la historia del arte, como Matisse, Duchamp, Kandinski, Pollock o Warhol. Sobre estos trabajos apuntó la artista: “Me propuse hacer diálogos con los artistas que hicieron aportaciones fundamentales, principalmente al arte abstracto y conceptual, o que nos dieron nuevos elementos a los pintores que les hemos seguido, para hacer más amplia nuestra gama de recursos de expresión”.


El archivo del Colegio Particular Minerva: La educación en el siglo XX

En el mes de noviembre del año pasado, el equipo de Adabi Oaxaca recibió la solicitud de un comité de exalumnos para obtener apoyo en la organización del archivo de la que había sido su escuela primaria. Su intención era conseguir información para elaborar una cronología de la institución como parte de un homenaje al cuerpo docente que encabezó el maestro Guillermo Mondragón. El Colegio Particular Minerva, fundado en 1935, brindó sus servicios hasta 1969 en un inmueble de la capital oaxaqueña ubicado en la calle Murguía esquina con Pino Suárez, la casa que popularmente se conoció después como el Restaurante Candela y que actualmente se encuentra en restauración.

El colegio vivió grandes momentos de transformación en la educación del estado: la laicidad, la implementación de las escuelas mixtas, los talleres socialistas, la federalización de las escuelas, las campañas contra el analfabetismo y otros acontecimientos más.

La intervención de la Coordinación de Archivos Civiles y Eclesiásticos comenzó en el mes de diciembre con el proceso de limpieza del acervo y, a su vez, con una revisión que permitiera, con el apoyo del comité, una primera identificación de las series documentales para diseñar un cuadro de clasificación propio a partir de las funciones de la institución educativa.

Hasta el momento, la mayor parte de los compiladores identificados se encuentran agrupados por años y asuntos; por ejemplo, el de la Sociedad de padres de familia contiene listas de tutores, actas de las asambleas y actas de nombramientos. En otro bloque de documentos y cuadernos hay listas con información sobre la matrícula de la escuela dividida por grupos, con anotaciones sobre la edad, el alta o baja de los estudiantes, y cuadernos con la lista de pagos de la colegiatura, también divididos por grado y grupo. Desafortunadamente, algunos documentos fueron alcanzados por la humedad y por la voracidad de los insectos, ocasionando una pérdida de más del 80 % de su contenido. Los informes estadísticos que entregaba el director cada año a la SEP nos muestran el declive de la escuela: por falta de matrícula el coste ya no pudo ser sostenido, pues tenían gastos de sueldos de maestros, además del pago de la renta del inmueble y de los mantenimientos, y, de forma paralela, nuevas instituciones iban surgiendo.

Al estar involucrados los exalumnos en el trabajo de organización, sus conversaciones nos ayudaron a entender y conocer más sobre la institución, así como acerca de la historia de la educación de las élites en esa época. Varias generaciones de gente reconocida en la historia de Oaxaca pasaron asistencia por este colegio.

La casa que fue recinto de esta institución resguarda, debajo de sus recubrimientos, no solo cimientos originales, sino también memorias y recuerdos que están siendo nuevamente explorados al abrirse las carpetas de sus archivos. El proyecto se vuelve emotivo con cada hoja leída; hay mucha documentación personal del director y fundador que nos cuenta parte de su vida privada. Con el entusiasmo de los exalumnos por recordar, reconocer y preservar la historia de una institución que suma un testimonio más a la memoria de la educación en el estado, este rescate archivístico es también un digno homenaje al maestro Guillermo Mondragón Gómez y a su vocación por una educación digna para todas las infancias y adolescencias que pasaron por el Colegio Particular Minerva.


Entre creencias y buenas prácticas: Aclarando ideas para cuidar mejor nuestros documentos

El papel es un material vivo: responde al ambiente, a la luz, a la humedad y al uso. Con el paso del tiempo, sus fibras cambian, se debilitan o se transforman según las condiciones en las que se mantengan. Muchas prácticas que creemos protectoras pueden, sin saberlo, acelerar su deterioro o generar daños difíciles de revertir.

Tanto en el ámbito institucional —donde los documentos resguardan memoria e identidad colectiva—, como en archivos y bibliotecas personales, el cuidado merece la misma atención. Actas, fotografías, cartas, libros o expedientes forman parte de nuestra historia. Revisar estas creencias y distinguir entre costumbre y buena práctica nos permite tomar decisiones más responsables y conscientes para su cuidado a largo plazo.

A continuación, presentamos algunas creencias frecuentes sobre la conservación del papel y revisamos casos en los que la buena intención no siempre garantiza una adecuada preservación.

Plastificar protege los documentos para siempre
La plastificación es una práctica irreversible que puede generar más riesgos que beneficios. El calor y los adhesivos utilizados alteran la estructura del papel y pueden afectar las tintas. Además, al quedar sellado, el documento pierde su capacidad natural de intercambio con el ambiente, lo que puede favorecer la acumulación de humedad interna. En ciertos casos, esto crea condiciones propicias para la aparición de microorganismos como hongos, especialmente si el documento se encuentra en ambientes cálidos o húmedos.

Si está guardado en una caja, ya está protegido
Guardar un documento no garantiza su conservación. Es fundamental que las guardas de protección como carpetas, sobres o cajas— sean libres de ácido y estén diseñadas para la conservación. Existen distintos niveles de guarda: desde carpetas individuales hasta cajas de resguardo que crean una barrera adicional frente a la luz y el polvo. Además, el espacio donde se almacenan debe tener condiciones estables de humedad y temperatura. La protección depende tanto del contenedor como del entorno.

La humedad solo afecta si el papel se moja
El daño no ocurre únicamente cuando el documento entra en contacto directo con el agua. Una humedad ambiental elevada puede provocar ondulaciones, debilitamiento de fibras, manchas y proliferación de hongos. Incluso pequeñas variaciones constantes pueden generar tensiones en el material. Mantener espacios ventilados y con condiciones controladas es clave para evitar este tipo de deterioro silencioso.

Guardar en bolsas plásticas protege del polvo
Aunque pueda parecer una solución práctica, el uso de bolsas plásticas comunes no siempre es recomendable. Estos materiales pueden generar pequeños microclimas en su interior, favoreciendo la condensación y el aumento de humedad. Esta condición crea un entorno propicio para la aparición de hongos y manchas. Además, no todos los plásticos son estables a largo plazo. En el ámbito de la conservación se requieren materiales específicos, diseñados para no emitir sustancias que puedan afectar el papel.

Reparar con cinta es mejor que dejar la rasgadura
Ante una rotura, la reacción inmediata suele ser colocar cinta adhesiva para “evitar que se siga rompiendo”. Sin embargo, las cintas comerciales envejecen mal: el adhesivo migra, se oscurece y penetra en las fibras del papel, dejando manchas difíciles de eliminar. Lo que en un inicio parece una solución rápida puede complicar una futura intervención profesional. En muchos casos, es preferible resguardar el documento y consultar antes de aplicar una reparación improvisada.

Los documentos recientes no necesitan cuidados especiales
Existe la idea de que solo lo antiguo requiere atención, pero el deterioro no depende únicamente de la edad. Muchos papeles modernos, elaborados con procesos industriales y componentes ácidos, pueden degradarse con mayor rapidez si no se almacenan adecuadamente. La conservación no solo es una cuestión de antigüedad, sino de prevención. Cuidar los documentos desde su creación es la mejor forma de garantizar su permanencia en el tiempo.

Todo documento antiguo debe restaurarse
La restauración no siempre es la mejor ni la primera opción. Intervenir implica modificar, en cierta medida, el estado del documento. Muchas veces, la decisión más adecuada es estabilizarlo, mejorar sus condiciones de almacenamiento y evitar que el daño progrese. La conservación debe priorizar el respeto por la integridad histórica del material, entendiendo que las marcas del tiempo también forman parte de su valor. Además, una intervención innecesaria puede alterar información, materiales originales o características propias de la época. En conservación, menos puede ser más.

En definitiva, conservar papel no significa “arreglarlo” constantemente, sino comprender cómo funciona y qué necesita para mantenerse estable. Pequeñas decisiones informadas —como elegir buenas guardas, evitar la plastificación o controlar la humedad— marcan una gran diferencia en la preservación de nuestra memoria documental. Ante daños visibles o materiales de especial valor, siempre será conveniente buscar la orientación de un profesional en conservación.


Reglas y Leyes que se han de observar en el Revesino Malilla y los cientos

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, el revesino es un juego de naipes diseñado para cuatro personas.

En la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío, custodiada por Adabi de México, se encuentra un ejemplar con las reglas del juego que se remonta a la primera mitad del siglo XIX.

La partida se juega con una baraja española de 40 o 48 cartas y el objetivo consiste en tener la menor puntuación posible.

Se tiene noticia de que en España ya se jugaba desde el siglo XV, pasando después a Francia, de donde procede la presente edición de 1836.

Se presume que los primeros juegos de cartas aparecieron en Oriente y de ahí pasaron a Europa, donde la Corona española poseía el control de la fabricación, distribución y comercialización de las barajas. En la Nueva España existía un impuesto especial llamado estanco, entre cuyos objetivos se encontraba la obtención de un ingreso monetario y la regulación del juego mismo al evitar, en lo posible, las falsificaciones.

A lo largo de los siglos, la Corona otorgó diversos privilegios para la producción y venta de naipes.

La edición
Reglas y Leyes que se han de observar en el Revesino Malilla y los cientos

Nueva edición revisada y corregida París: Pillet Ainé, 1836.

En la Biblioteca Palafoxiana es posible encontrar otro título semejante: Instrucción puntual y reglas generales, que se deben observar en el juego de naipes para el Revesino según su origen.


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