Casiopea es una publicación para el público infantil que fomenta la toma de conciencia sobre la conservación del patrimonio cultural y natural, a partir de actividades y contenidos lúdicos para niños, niñas y sus familias.

Casiopea es una publicación para el público infantil que fomenta la toma de conciencia sobre la conservación del patrimonio cultural y natural, a partir de actividades y contenidos lúdicos para niños, niñas y sus familias.

Oaxaca, Oax., 17 de marzo de 2026.- La comunidad de Santa María Tiltepec, agencia municipal de San Pedro Topiltepec, realizó la entrega del Graduale Dominicale de alrededor de 1565 a la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, con el propósito de que el volumen lleve un proceso de restauración especializada y posteriormente sea devuelto a su comunidad de origen.
Se trata de un libro de música litúrgica del siglo XVI, impreso por Antonio de Espinosa, segundo impresor establecido en la Nueva España, reconocido como uno de los tipógrafos más destacados de su tiempo.
Durante el acto de entrega, autoridades y representantes de las instituciones participantes explicaron la relevancia histórica y material del ejemplar, destacando los materiales utilizados en su impresión, el proceso de elaboración de las tipografías y las técnicas de entintado propias de la época.
El proceso de restauración estará a cargo de la Lic. María del Refugio Gutiérrez Rodríguez, restauradora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien realizará la intervención con el objetivo de garantizar la conservación del documento y su adecuada preservación. Este trabajo contará con el apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca para la adquisición de los materiales necesarios.
Después del acto de entrega y la firma del acta de entrega, la Dra. María Isabel Grañén Porrúa invitó a la comunidad a recorrer la exposición de libros que para la ocasión se había expuesto en la biblioteca, en donde se exhibieron algunos otros impresos de Antonio de Espinosa pertenecientes a la Biblioteca Burgoa y a la Biblioteca Juan de Córdova.
Cabe señalar que previo a este acto, personal de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova asesoró a la comunidad, invitándola a conocer el taller de restauración de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa para obtener el conocimiento informado para una decisión a nivel comunitario, ya que la salida de este tipo de materiales debe ser sometida a consenso.

En la ceremonia estuvieron presentes la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, presidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca; René Pérez Santiago, agente municipal de Santa María Tiltepec; Alejandro Reyes Lara, comisariado de Bienes Comunales; Amado Soriano García, sacristán de la iglesia de Santa María Tiltepec; el Dr. Sebastián van Doesburg, miembro del consejo directivo de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, y la Lic. Penélope Orozco, coordinadora académica de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa.

Madrid, 3 de marzo de 2026.- Fundación Callia ha entregado los XI Premios Internacionales de Mecenazgo, unos galardones que distinguen y promueven el compromiso de la sociedad con el arte, en una solemne ceremonia celebrada en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Como cada año, los premios reconocen la labor de tres mecenas de ámbito nacional, iberoamericano e internacional. En esta edición, el jurado ha reconocido en la categoría española el extraordinario trabajo de Yannick y Ben Jakober por la conservación, difusión y promoción del patrimonio artístico a través de su Fundación con sede en el Museo Sa Bassa Blanca en Alcudia (Mallorca). En la categoría latinoamericana, los galardonados han sido Alfredo Harp Helú y su mujer María Isabel Grañén Porrúa por su contribución al desarrollo cultural y social en Oaxaca, a través de su trayectoria bajo el lema “La mejor inversión está en México”. Finalmente, la categoría internacional ha sido otorgada a Batia Ofer, presidenta del Trust de la Royal Academy de Londres, reconocida coleccionista y mecenas.
La solemne entrega de los Premios Internacionales de Mecenazgo ha sido presidida por el director de la Real Academia de San Fernando, D. Tomás Marco.
Estos premios nacen no solo con la misión de reconocer el mecenazgo y a las personas que han hecho de él una forma de realización personal, sino con la de convertir ese ejemplo en impulso para la formación y creación de nuevos mecenas. Pero también con la de ejercer el mecenazgo de forma directa a través de la captación de fondos para la restauración de obras esenciales del patrimonio público español.
En palabras del director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Tomás Marco, “el mecenazgo ha estado en el corazón de la vida artística de esta Real Academia desde su creación. Nuestra colaboración con la Fundación Callia en su labor de distinguir cada año a las personas que con su ayuda nos permiten reforzar una tarea esencial para el arte, la de custodiar y poner las obras que conservamos al servicio de todos, es algo que nos llena de gozo. Queremos seguir apoyando a la Fundación para que continue creciendo”.
Por su parte, la presidenta de la Fundación Callia, Camen Reviriego, ha destacado “la generosidad y humildad de los galardonados al sumarse a este impulso y contribuir a que los Premios inspiren a otros hombres y mujeres para implicarse de forma activa en la conservación, promoción y difusión del patrimonio y el talento artístico”.
El Rey recibe al Consejo Internacional de Mecenazgo de las Colecciones Reales
En este contexto y coincidiendo con los Premios, ha tenido lugar una audiencia de S.M. el Rey Felipe VI al Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales.
Este órgano de mecenazgo creado por Fundación Callia en colaboración con Patrimonio Nacional, tiene la misión de promover la conservación y restauración del patrimonio cultural común y universal de las Colecciones Reales y su internacionalización a través de programas de actuación a ambos lados del Atlántico.
Sobre los premiados
Yannick y Ben Jakober
El matrimonio formado por los artistas y coleccionistas Yannick Vu y Ben Jakober constituyeron en 1993 la Fundación Yannick y Ben Jakober, con sede en el Museo Sa Bassa Blanca de Alcudia (Mallorca) que abrió sus puertas al público en. En este tiempo han desarrollado una trayectoria ejemplar en el ámbito del mecenazgo cultural, donde destaca su colección NINS alberga más de 150 retratos de niños datados entre los siglos XVI y XIX, y reconocida como Bien Catalogado de Patrimonio Histórico y expuesta de manera permanente al público, constituyendo un legado único para la historia del arte y la sociedad contemporánea.
Asimismo, la Fundación ha recibido numerosos premios y distinciones, entre los que destacan la Mención Especial del Premio Unión Europea de Patrimonio Cultural / Europa Nostra (2009), la Medalla de Oro de la Ciudad de Alcudia (2008), la Placa de Oro de la Fundación para el Fomento del Turismo de Mallorca (2008) y el galardón a la Experiencia Turística (2017), entre otros.

Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén Porrúa
Alfredo Harp Helú y su esposa, María Isabel Grañén Porrúa, forman un reconocido matrimonio de filántropos y mecenas en México. Su exitosa trayectoria ha estado guiada por el lema “La mejor inversión está en México”. Con esa premisa, invierten en el desarrollo del capital humano a través de la educación y la salud, la cultura, el deporte y el medio ambiente, creando museos, bibliotecas y centros culturales que fomentan la convivencia y la paz.
También han impulsado programas de conservación del patrimonio artístico, lingüístico y documental en el país. El impacto es especialmente destacado en la ciudad Oaxaca, donde se ha logrado fortalecer significativamente el tejido social de forma constructiva y humanista.
Batia Ofer
Es presidenta del Royal Academy Trust en Londres. Fundó Art of Wishes, una iniciativa destinada a recaudar fondos a través del arte para cumplir los deseos de niños con enfermedades graves, devolviéndolos al lugar al que pertenecen: una infancia llena de sueños. Es cofundadora, junto con su esposo, de la Fundación Idan & Batia Ofer.
Sobre Fundación Callia
Los Premios Internacionales de Mecenazgo son el instrumento principal -pero en absoluto el único- para el desarrollo de su misión y actúan como eje vertebrador de otras iniciativas relevantes que la fundación lleva a cabo, como el ejercicio de la Presidencia del Consejo Internacional de Mecenas de Las Colecciones Reales, las charlas “La Suerte de Dar” con participación de artistas y grandes actores del mundo del arte frente a grandes audiencias, o la Gala Benéfica Anual que se celebra con cada edición de los Premios y cuya recaudación ha financiado la restauración de más de 60 obras maestras de patrimonio público. Otras instituciones, además de la Real Academia de Bellas Artes, como Patrimonio Nacional y el Ayuntamiento de Madrid forman parte de la constelación de fuerzas que hacen posible la enorme relevancia alcanzada por los Premios y la Fundación.

En el Boletín Digital FAHHO damos la bienvenida a la primavera y a todo lo que florece. En este sentido, mostramos el impacto de las fundaciones y aportaciones de don Alfredo Harp Helú por México; son cifras que poseen una significación vital y existencial para millones de mexicanos. Volver a comenzar y renovar los ánimos es otra de las promesas que nos devela la primavera y ese es el mensaje que también nos comparte la Mtra. Rocío Ocádiz Luna, nueva directora de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. Las flores de la FAHHO se engalanan en la Mixteca Alta de Oaxaca, donde la Dra. María Isabel Grañén Porrúa encabezó una gira de trabajo para dar seguimiento a diferentes labores y convenios hacia el impulso de la educación, el patrimonio y la cultura.
En el mundo de la cultura escrita y los libros, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova presenta un folleto del siglo XIX que nos encamina hacia una de las formas en que la mujer ha sido percibida. En este mismo ámbito, la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío nos permite conocer un pequeño fragmento en la historia de los naipes. Asimismo, la Librería Grañén Porrúa nos invita a “no dejar de hablar de Palestina” con la lectura de Universitas Tenebris.
En la preservación del patrimonio, Adabi de México narra la entrega oficial del Fondo Documental Severo Martínez Peláez a la BUAP, al tiempo en que insiste en la urgencia de hablar sobre el agua a partir de la memoria documental. Mientras tanto, Adabi Oaxaca expone su participación en la recuperación de un archivo promovida por los exalumnos de un colegio. Por su parte, el Taller de Restauración y Conservación Documental comparte algunas ideas para cuidar nuestros documentos. Desde el Centro Cultural San Pablo se rastrea el imaginario sobre el ángel caído en algunos edificios virreinales restaurados por la FAHHO.
En el ámbito de las exposiciones, el CCSP presenta su más reciente muestra “María Sada. Memorias de la Tierra”, al tiempo en que el Museo de la Filatelia habla sobre su exposición “Lacres: custodios del mensaje”, y Andares del Arte Popular revalora el arte de la flor inmortal hacia una exposición en el CCSP.
Por otro lado, el Museo Textil comparte la experiencia de una restauradora en torno a su relación con el propio Museo. Entretanto el Museo Infantil ofrece la oportunidad de comprender y habitar el tiempo en cercanía con los ciclos de la vida. Finalmente, en su camino hacia nuevas victorias, los Diablos Rojos del México defienden su título en la champions, y los Guerreros de Oaxaca viajan al pasado para reconocer a su primer equipo.
Queridos lectores, deseamos que estas páginas permitan florecer la imaginación, la curiosidad, la creatividad y la reflexión en sus vidas para abonar una tierra fecunda en mejores formas de vida
Hace 30 años, la Fundación Alfredo Harp Helú inició una ruta de compromiso sostenido con México. Si bien esta responsabilidad se expresa en acciones, procesos, actos y agradecimientos de ida y vuelta, recíprocos, entre benefactores y beneficiarios, las cifras que esta gráfica presenta son el reflejo de una decisión y de un equipo fortalecido. Al cierre de diciembre de 2025, el patrimonio de la Fundación y la distribución de sus donativos dan cuenta de una visión de largo aliento, orientada a transformar realidades mediante la educación, la cultura, la salud, la asistencia social, el cuidado del medio ambiente, la atención a desastres y el deporte como espacios de encuentro y cohesión social.
Al término de diciembre de 2025, expresados en pesos del mismo año, el patrimonio total de las fundaciones Alfredo Harp Helú se calculó en $20,314,586,604 pesos. Monto al que se incorpora el de otras aportaciones, cuyo valor asciende a la cantidad de $17,144,503,108 pesos, para obtener un total de $37,459,089,712 pesos, cifra que integra las contribuciones de Alfredo Harp Helú a México.
La distribución de estos recursos económicos refleja una visión de largo plazo, orientada a la transformación social por medio del fortalecimiento de capacidades, la preservación de la memoria y el bienestar comunitario. El rubro de Educación y Deporte concentra el mayor porcentaje de los donativos, con 62% del total, equivalente a $10,563,937,515 pesos. En el ámbito de la educación este monto se ha destinado especialmente a la donación de becas para la educación superior y a distancia, así como a proyectos de construcción y equipamiento educativo. Por otra parte, el apoyo al deporte se ve principalmente reflejado en proyectos de infraestructura deportiva de alto impacto social y simbólico, entre los que cabe destacar la construcción de cuatro estadios: Alfredo Harp Helú, Fray Nano, Algodoneros de Guasave y Yu´va.

La sección que corresponde a Cultura representa el 18% de los recursos otorgados, con un monto de $3,053,461,602 pesos. Una muestra clara del firme compromiso de la Fundación con la conservación del patrimonio y la memoria históricos, el impulso a museos, bibliotecas, archivos y creación artística como ejes de la vida en comunidad, el sentido de pertenencia y la identidad comunitaria.
El Apoyo en desastres naturales y medio ambiente concentra el 8% de los donativos, equivalente a $1,426,603,341 pesos. Este rubro da cuenta tanto de la capacidad de respuesta ante emergencias como de la atención a proyectos ambientales de pequeña y gran escala. Frente a la desolación de los desastres naturales y el cambio climático, la FAHH busca el beneficio comunitario directo con una perspectiva de futuro, fortaleciendo la resiliencia de las comunidades.
Por su parte, tanto el área de Salud, como la de Asistencia y desarrollo social constituyen, cada una por separado, un 6% del total de los donativos, con sumas de $1,072,165,626 pesos y $1,028,335,024 pesos, respectivamente. Estos recursos se orientan al fortalecimiento del tejido social, la atención a poblaciones precarizadas y en situación de vulnerabilidad, así como el acompañamiento comunitario para empoderar a distintas comunidades.
En conjunto, estos recursos se materializan en una acción filantrópica extensa, incesante y diversificada. Si bien esta gráfica permite ver a la educación, el deporte y la cultura como ámbitos privilegiados por la FAHH, no es sino la consecuencia natural de su posición como pilares del desarrollo social y comunitario, pues parten del fortalecimiento de la persona y sus capacidades para reconocerse y crear sentidos. Sobre estos campos se siembra la salud que cuida el cuerpo y el tejido social; la asistencia que busca y acompaña la dignidad humana; el cuidado del medio ambiente y la atención a desastres que protegen la vida y el territorio. Bajo una visión integral de mecenazgo comprometido con México, la FAHH se empeña en hacer del bienestar colectivo una tarea compartida.

Pocas veces hacemos conciencia de que, fundamentalmente, somos caminantes. Hemos caminado desde que fuimos llamados a la vida y sabemos que algún día dejaremos de caminar en este mundo.
Creo que sería interesante, de alguna manera tecnológica, construir y mirar en un video el trazo que han tenido los caminos de nuestras vidas. Por el tiempo transcurrido, algunos serían evidentemente más largos y otros más cortos. Algunos con sinuosidades muy marcadas y otros con líneas más rectas.
Sin embargo, indudablemente, cada camino tendría sus borrascas inesperadas, sus tramos de calma, sus zonas oscuras y complicadas. Cada camino tendría sus cuestas arriba en las que seguramente la velocidad disminuyó, y también los tramos que, al verlos de nuevo, muchos quisiéramos desaparecer del trayecto. Quizá veríamos las múltiples veces en que sentíamos que no podíamos avanzar, cuando nos faltaba el aliento; o aquellos momentos en que por ese compañero de camino que se quedó atrás, tomó otro rumbo o simplemente dejó de ir con nosotros, pareció que no podríamos seguir adelante. Y, sin embargo, seguimos adelante, quizá más lentamente…, quizá a rastras, ¡pero seguimos!
La realidad es que nuestro camino ahí está, incluso si no podemos reproducirlo para apreciarlo en su avance al día de hoy. Nuestro trayecto personal, con sus paisajes luminosos, sus subidas y bajadas, sus desafíos y sus nostalgias, está en nosotros. Somos caminantes y sabemos que el camino se enriquece con bifurcaciones, la intersección temporal de los caminos de otros y la unión de otros senderos. Decisión tras decisión, vamos construyendo esa senda.
Por otro lado, están esos otros caminos: senderos colectivos que también hemos recorrido, y que son decisivos en nuestra vida. Con quién caminamos, para qué caminamos, con qué rumbo, hacia qué meta. Hace más de veinte años, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca comenzó un camino en estas tierras llenas de vida, música y color. Un camino al que muchos han sido invitados: unos con su trabajo, otros con sus proyectos e iniciativas, algunos con su propio dolor callado que los empuja hacia delante, y otros con sonrisas inigualables que animan el alma de los demás.

Un hombre y una mujer arrancaron ese trayecto en el que su propia historia de amor ha sido el motor principal para hacerlo reverdecer a la sombra de árboles nuevos, lo ha llenado de vida con la memoria presente de nuestros pueblos, y lo hace vibrar con voces que se comunican en las lenguas de nuestros ancestros. Un camino con el ánimo resuelto para seguir jugando y creando música, para vestirse de gala con cada textil de nuestras tejedoras incansables, para escribir y mandar una misiva sellada con un timbre y un beso… y para leer, leer y volver a leer cada noche antes de dormir.
Ha sido un camino al que cada vez más personas se unen y lo enriquecen con sus propios caminos previos y sus sueños por cristalizar. Cada caminante ha aportado su propia visión y lo ha enriquecido con sus propias historias y pruebas superadas. ¡Por supuesto que ha habido dificultades y escollos, pero siempre hemos superado las sombras y hemos avanzado hacia la luz!
Esta mañana ha amanecido como cada día: por primera vez. El horizonte nos indica que el camino sigue, vamos en la dirección correcta, y cada día hay alguien que nos espera, desde su propio sendero, para aprender a sonreír de nuevo.
*Rocío Ocádiz, Directora de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.

Para cuidar y apreciar algo,
hay que conocerlo.
El pasado domingo 8 y lunes 9 de febrero, liderados por la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, un grupo de representantes de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, el Taller de Restauración FAHHO y Seguimos Leyendo visitaron algunas comunidades de la Mixteca Alta oaxaqueña con el objetivo de inaugurar, evaluar y apreciar los proyectos que la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca ha desarrollado en los últimos años por medio del Taller de Restauración.
La primera parada fue San Pedro y San Pablo Teposcolula, donde la gente de la comunidad nos recibió con los brazos abiertos y un desayuno delicioso. En estas comunidades, la FAHHO arrancó los trabajos de la restauración del antiguo hospital de la Santa Vera Cruz, que fue construido durante la segunda mitad del siglo XVI y es el único de esa época que aún sigue en pie. Su edificación formó parte de la reubicación de Teposcolula en el fondo del valle, después de abandonar el sitio prehispánico en la cumbre del cerro Yucundaa a mediados del siglo XVI. El edificio estuvo conformado por una capilla, salas de enfermos y una botica. En esa época, los malestares se trataban en casa y los hospitales eran, más bien, lugares para el “bien morir” de las personas de los estratos altos de la sociedad mixteca. Sin embargo, en el paisaje patrimonial este edificio es de vital importancia, pues brinda identidad y fuerza a los habitantes al reafirmar la relación con sus raíces. Además, una vez restaurado, servirá como un espacio para el bien común en el cual las infancias, los jóvenes y los adultos podrán convivir. Estando ahí, una visita obligada fue la Casa de la Cacica, un edificio restaurado también por la FAHHO que alberga una biblioteca que acoge a las infancias de la comunidad fomentando la lectura y el conocimiento.
Nuestra segunda parada fue San Martín Huamelúlpam, cuyo símbolo identitario consiste en una lagartija, la cual se encuentra tallada en una enorme piedra en los límites de su zona arqueológica. Al llegar a su museo comunitario, nos recibió la presidenta municipal —con bastón de mando en mano— acompañada por su cabildo. En el recorrido por la sala de exhibición pudimos observar piezas increíbles, tales como piedras talladas, joyería antigua, herramientas para la elaboración de papel y unas urnas de piedra excepcionales en muy buen estado de conservación. Con un gran conocimiento de su historia, los huamelulpeños comentaron que la instauración de su museo se basa en las investigaciones de varios arqueólogos que estudiaron la zona, entre ellos, Alfonso Caso y Marcus Winter. La visita siguió su curso y, después de unos esfuerzos por subir el cerro, llegamos a la zona arqueológica conformada por un juego de pelota y tres grandes explanadas que nos dan una idea de cómo vivió la gente que habitó aquellos vestigios. Visitamos su palacio de piedra, para cuya restauración solicitaron el apoyo de la Fundación con la intención de volver a darle vida. Cómo decirle que no a una comunidad tan empeñada en mantener su historia y raíces vivas.
Para finalizar el primer día de viaje, nos trasladamos a la Heroica ciudad de Tlaxiaco, donde el presidente municipal tuvo la consideración de agradecer los apoyos que, en años anteriores, la FAHHO destinó a la restauración de su archivo histórico, cuya importancia es vital al tratarse de uno de los archivos más grandes de la Mixteca Alta.

El lunes sucedió la visita a una de las comunidades más coloridas del recorrido: San Andrés Chicahuaxtla. Los fríos vientos, en compañía del agente municipal y su cabildo, nos dieron la bienvenida. La visita inició en la plaza principal, desde la cual podían observarse, a lo lejos, muchos y hermosos huipiles rojos moviéndose de aquí para allá; gente comprando frutas, verduras, pan, semillas o vendiendo sus preciosas piezas elaboradas en telar de cintura. Después de darnos el lujo de ver y comprar la despensa de la semana, siempre con la intención de apoyar a la comunidad, las autoridades nos mostraron una de las principales razones por la cual estábamos ahí: su iglesia. Dañado por el tiempo, el clima y el uso, este edificio requiere de una intervención para que su funcionamiento no se vea afectado. De igual manera, visitamos su Casa de la Cultura, la cual, a pesar de ser pequeña, alberga el alma de cada persona que participa en sus actividades. El sonido de violines, guitarras y voces en triqui acompañaron el recorrido por los increíbles proyectos que ese edificio resguarda: un banco de maíz y una sala lúdica en donde se imparten cursos para preservar su lengua originaria y se reciben las actividades de la Biblioteca Móvil.
También visitamos la primaria y la secundaria, en donde el proyecto Endless Oaxaca Multilingüe —una iniciativa de la BIJC— hizo posible la donación de computadoras para mejorar la calidad educativa. Una de las sorpresas que nos llevamos fue ver el resultado del esfuerzo que hacen los habitantes para preservar su lengua, como el proyecto del señor Misael Hernández, quien diseñó un servidor llamado TriquiNet, que alberga contenidos educativos y de entretenimiento exclusivamente en lengua triqui. Para cerrar con broche de oro, nos dieron la oportunidad de presenciar una muestra del tejido en telar de cintura elaborado por Simona Trinidad, una mujer de más de 80 años que ha dedicado su vida al telar, convirtiéndolo en su principal ingreso y en una herencia para sus hijas, quienes ahora también se dedican a la producción de textiles. El día siguió su curso y, con el corazón lleno de admiración, tuvimos que dejar Chicahuaxtla para visitar la comunidad alfarera de Santa María Cuquila, donde el Taller de Restauración rehabilitó su iglesia hace casi 10 años. Gracias al cuidado de sus habitantes el templo se ha mantenido en óptimas condiciones, sin embargo, el mantenimiento ya es necesario. Es por eso que la FAHHO se comprometió a capacitar a la gente para que aprendan técnicas de impermeabilización y ellos mismos puedan cuidar de su patrimonio sin que esto les genere grandes gastos. Dejando lo mejor para el final, la comunidad nos despidió con una comida digna de dioses, llena de tamales, tortillas enchiladas, picaditas, tetelas y café que nos darían energía para nuestro regreso a la ciudad.
Cada vez que tengo la oportunidad de cubrir una gira como esta, una parte del viaje se queda en mi corazón: los rostros, las manos y las sonrisas de las personas al recibir el apoyo de la Fundación para cuidar de su patrimonio no tienen precio.
Si tú que estás leyendo esto aún no conoces las comunidades mencionadas, te invito a que las veas con tus propios ojos; solo así se comprende, de verdad, la importancia de preservar el patrimonio

¿Alguna vez has ido a una biblioteca (o librería) y solicitado un libro que al parecer es azul (o rojo, o verde, o grande de colores, o negro brilloso, o con una foto en su portada, etc.)? Es algo muy común pedirlos de esa forma, y ciertas veces funciona (cuando el detalle es muy particular), pero en otras ocasiones (la mayoría), quienes trabajamos en las bibliotecas, no le atinamos. Inclusive, esa forma de solicitar libros se ha vuelto una especie de broma entre bibliotecarias y bibliotecarios. Pero, pues…, ¡esta vez caí en mi propio chiste!
Hace algunos años, mientras organizábamos la colección de Luis Castañeda Guzmán,1 encontré un par de folletos que llamaron mi atención. No los revisé con detenimiento, pero en la contraportada tenían impresa una mariposa, eso no lo olvidaría porque el detalle resulta muy fino y hace ver a la mariposa muy bonita, con ojos expresivos y hasta parece que sonríe. ¿Cómo se puede lograr eso en una impresión tan pequeña? ¡En fin! Los folletos se colocaron en guardas y revisteros especiales, listos para seguir existiendo, y se guardaron.
Ahora que el tiempo pasó, intento recuperar los folletos de la mariposa con el fin de darlos a conocer. Todo un reto para mí, porque solo me acordaba de eso, sin embargo, tener orden y compañeros empáticos y pacientes siempre ayuda. Ahora tengo más curiosidad que antes y mientras busco la mariposa trato de recordar algún otro detalle, pistas que me dejen llegar más rápido, pero entre mis memorias no encuentro más, así que paso de una caja de folletos antiguos a otra, revisando uno por uno, distrayéndome por instantes entre rezos, poemas, cantos, grabados, letras (muy diversas), y papeles duros, suaves, amarillentos, blancos, con orificios pequeñitos (culpa de alguna polilla o grapa) o sin ellos, pero todos con algo en común: ninguno tenía una mariposa.
A punto de abandonar mi tarea, decido dar una segunda oportunidad a la búsqueda, así que vuelvo al principio, y en menos de cinco minutos encuentro los folletos… ¡ahí estaba la mariposa (sonriente), casi como la recordaba! Acomodo un lugar especial en el escritorio, coloco ahí uno de los folletos (hay dos ejemplares), regreso a la bóveda los materiales restantes y, ya feliz por el reencuentro, comienzo a hojear.
Su nombre es Lenguaje de aves y frutas. Nuevo obsequio á las señoritas, impreso en Oaxaca por I. Candiani en 1866. Es un texto anónimo, y del impresor apenas se saben algunos datos (tarea pendiente). Su nombre: José Ignacio Candiani, oaxaqueño “quien aprendió el oficio de un tipógrafo de origen inglés llamado Guillermo Haaf, quien trajo de Norteamérica a Oaxaca una imprenta”.2 Comenzó su trabajo de impresor en los años cuarenta (1844 aprox.), en la calle de Larrazábal, y en 1877 fue nombrado director de la imprenta del estado, cargo que mantuvo cerca de diez años ininterrumpidos; asimismo, estuvo varios años al frente de la cátedra de tipografía y litografía en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado.3 Sobre este último escribió e imprimió, en 1882, el Manual de tipografía, para que sirva de obra de texto a los alumnos de la cátedra que está bajo su dirección. En 1888 abre por última vez, para cerrar definitivamente4 su imprenta.

El folleto es pequeño: apenas mide 10 cm y tiene seis páginas (tres cuadernillos cosidos). El papel es muy fino: está hecho a mano y es de buena calidad, lo que hace que también sea muy delgadito. Sus hojas se observan amarillas, reflejo del paso del tiempo; su cubierta y contracubierta son de un tono rosado, ligeramente desgastado, pero que resalta y da un toque “delicado” a la impresión, la cual está hecha a una tinta.
En la portada se encuentran el título y los datos de impresión; al reverso de la portada se lee un breve poema, escrito a modo de introducción; le sigue un capítulo titulado “Lenguaje de aves” en donde, a dos columnas y a modo de breve diccionario, se colocan por un lado 34 nombres de aves y, por el otro, sus significados; en el siguiente apartado hay un “Pensamiento”. En la página que sigue (4) hay una primera adivinanza y posteriormente da inicio el capítulo “Lenguajes de frutas”, organizado del mismo modo que el de las aves, a dos columnas, en orden alfabético, enlistando 49 frutas diferentes con sus respectivos significados; finalmente, un segundo pensamiento y una segunda adivinanza; Ninguna de ellas viene acompañada de su respuesta. Termina el folleto con la litografía de la mariposa centrada en un marco de flores, en la contracubierta.
Es una publicación “dedicada a las mujeres” en donde se asocian nombres de aves y frutas con supuestos significados (¿de dónde salió esa relación?), lo cual pude entender mejor al leer el poema introductorio en donde menciona que las mujeres utilizan las flores para expresar sentimientos y sugiere que el hombre debe responder con el simbolismo de frutas y aves. El lenguaje de las flores al que hace referencia se conoce también como “floriografía” y es un tipo de lenguaje criptológico creado durante el siglo XIX, que se utilizó para expresar sentimientos de amor o pasión de manera “secreta”: así, cada flor tenía su propio significado y simbolismo.5 El lenguaje de las aves y frutas contenido en este folleto es también un tipo de lenguaje criptológico, y no voy a dejar pasar la oportunidad de compartir un par de ejemplos: Langosta refiere a “Eres la sombra de la destrucción;” Tuna colorada, por otra parte, significa “coquetería”.

Para entender un poco más el contenido de la obra es importante ubicarla a mediados del siglo XIX, poco después del movimiento independiente, durante una corriente europea que se denominó “romanticismo literario”. Rosalba Fernández (2000, citada en la obra de Fernández Hernández, 2014), menciona que esta corriente “basó su desarrollo en el verso, la narración breve, el texto dramático y la novela, manifestando su afán renovador en las meditaciones sobre el ser, la angustia ante la muerte y la exaltación del sentimiento amoroso que nunca llegaba a la plenitud”,6 reflejo del estado sentimental romántico que predominaba en las letras, y en las artes en general.
En este tiempo, la imprenta tuvo una expansión importante. En Oaxaca se decretó la “libertad de prensa” (1852), así que comenzaron a publicarse libros, folletos, calendarios y revistas de diversos temas y en diferentes idiomas, pues existía el pensamiento de que de esta manera se contribuía con el objetivo de hacer/construir una identidad nacional mexicana (entre otras cosas), especialmente desde el romanticismo.
“Los intelectuales” de esa época comenzaron a integrar “sentimientos” que eran considerados “de mujeres” en sus creaciones, y por ello la decisión de incorporar a las mujeres de ciertas clases sociales como destinatarias de las revistas femeninas que se empezaron a publicar.7 Es por eso que obras como esta resultan una importante fuente de referencia para conocer y entender la reconstrucción de la imagen de lo femenino en ese periodo. Como ejemplo transcribo a continuación el primer pensamiento: “El pudor es la prenda mas estimable en la muger, como son en el hombre la fuerza y el carácter”.8
Finalmente puedo decir que El lenguaje de aves y frutas es el reflejo de un tiempo romántico de las letras, la imprenta y la tipografía en Oaxaca. En su contenido podemos encontrar, por medio de simbolismos, un lenguaje considerado hasta cierto punto “sentimental”, hecho para “comunicar emociones” y en su forma física observar la perfección y el arte de un maestro oaxaqueño de la impresión y la tipografía, de quien aún hay mucho por reconocer.9
De paso les comparto que en este lenguaje se relaciona a la mariposa con la inconsistencia y volubilidad.
Las hermosas adoptaron,
Para cantar sus amores
Lo más precioso que hallaron,
El lenguaje de las flores.
Ahora, si el medio no sabes
De pagarles sus favores,
Adopta tú, en los amores,
Lenguaje de frutas y aves;
Y al abrir tu corazón,
Quien te conprenda será
Una mujer que tendrá
La ciencia de Salomón.
1. Notario público, investigador y arduo escritor de la historia de Oaxaca. Su colección se encuentra resguardada en la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova.
2. La Victoria, Oaxaca, t. II, n. 66, 20 de marzo de 1862, p. 1.
3. En el Archivo General de la Nación se localiza la copia certificada por Florencio Medina, secretario del Tribunal de Cuentas, del nombramiento de Ignacio Candiani como catedrático de Tipografía del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. Expedido por Orden de Fernando Maximiliano, emperador de México. AGN (46960/343 Volumen 1 Expediente 343 Fecha: 1866, junio 02 Foja 350).
4. Quintas Castellano, G. M., Quintas Martínez, G. R. (2020). Impresores de Oaxaca y sus imprentas a
través de la historia, p. 59.
5. En 1857 se publicó el libro titulado El lenguaje de las flores y el de las frutas, con algunos emblemas de las piedras y los colores, de Florencio Jasmín, impreso en Barcelona por la Vda. de Saurí e Hijos. Obra similar a la que se describe aquí.
6. Fernández Hernández, S. (2014). El arte del cajista en las portadas barrocas, neoclásicas y románticas (1777-1850). México, UNAM, p. 208.
7. En la biblioteca tenemos La ilustración: semanario de las señoritas, publicado entre 1869 y 1870 en la imprenta de Ignacio Cumplido en la Ciudad de México, y el Calendario portátil para el año de 1837, dedicado a las señoritas de la República Mejicana, impreso por Arévalo en la Ciudad de México.
8. Copiado textualmente del folleto.
9. En 1999, la Biblioteca Francisco de Burgoa, en colaboración con diversas instituciones, llevaron a cabo una exposición sobre la historia de la imprenta en Oaxaca, de la cual se generó un libro con el mismo nombre. Este se vuelve un material de referencia obligada para quien se interese en conocer más de cerca este tema, junto con el número especial (12/13) de la revista Acervos, publicada el mismo año, y dedicada igualmente a la imprenta en Oaxaca.
Sólo eso, hijo mío, bastaría para probar que soñaste. Según la opinión
de todos los demonólogos, los ángeles rebeldes tienen la voz bronca y
rechinante como una cerradura oxidada; es posible que logren encubrir
su rostro con apariencias bellas, pero jamás consiguen imitar la voz
pura de los ángeles buenos.
Anatole France, La rebelión de los ángeles, 1914
El término “demonio”, que proviene del griego δαίμων (daímōn), aludía a los seres de menor jerarquía que los olímpicos, pero que podían fungir como intermediarios entre hombres y dioses. Su extrapolación para designar a Luzbel o Lucifer, el Portador de Luz o el Lucero de la mañana, se basa en los textos bíblicos que refieren al ángel caído por su rebeldía ante el Creador. Observa Marcelo Ferrando Castro:
La fuente principal para conocer a los ángeles caídos es el “Libro de Enoc”, una antigua obra religiosa judía, atribuida por tradición a Enoc, el bisabuelo de Noé […] Al principio, los ángeles caídos pertenecían al grupo celestial que salvaguardaba los inicios de la humanidad. Fueron creados específicamente por Dios para velar por el hombre, y se les otorgó entendimiento y libertad.
Los pueblos agrícolas de la Antigüedad concibieron seres de luz y sombra que, en tanto opuestos complementarios, regulaban el destino de los hombres. Es así que encontramos una larga lista de manifestaciones de lo “daimónico”, en su connotación negativa, en las altas culturas de Mesopotamia (como los casos de Anzû, Asmodeo, Utukkū, Lamaštu); en Egipto (In-tep, Ammyt, Chery-benut); en India (Asuras, Vetalas, Ráksasas, Maras); en las culturas orientales (Yaoguai, Moguai, Gui, Yōkai); en el mundo mesoamericano (Tzitzimime y Cihuateteo), entre muchas más.
A su vez, el maniqueísmo zoroastrista persa, eje rector del pensamiento de los antitéticos o luchas entre el Bien y el Mal, definió la presencia de Ahura Mazda, quien guiaba y protegía a los hombres de las fuerzas de la oscuridad, lideradas por Angra Mainyu o Ahrimán, “el espíritu de la angustia”.
En la tradición monoteísta, la dicotomía entre los poderes divinos y los demoníacos se manifiesta en un caudal de significados éticos y pragmáticos que habrán de configurar la historia del pensamiento por las siguientes centurias. En el libro del Apocalipsis, capítulo 13, se lee:
Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?
Legado de los bestiarios medievales, la imagen de Satanás se invistió de morfologías teratológicas (monstruosas) para infundir miedo y crear un bastión de refugio para los pecadores, siempre tentados, por su propia naturaleza, a incurrir en los terrenos del Mal. Esta iconografía definió buena parte de las representaciones de lo divino y lo diabólico en los discursos evangélicos de la antigua Antequera. Aquí nos ocuparemos de algunas, varias de ellas beneficiadas por los programas de restauración y conservación de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, que permiten la continuidad de estas valiosas manifestaciones del arte sacro y sus grandes cometidos devocionales.
En la región de los Valles Centrales destacan lienzos y tallas escultóricas, en cantera o estofadas, con evocaciones de las llamadas “psicomaquias” o luchas entre el Bien y el Mal. En la propia capital antequerana, el espléndido Templo de los Siete Príncipes —que fuera colegio de damas indígenas durante el virreinato— expone como devoción principal a Nuestra Señora de los Ángeles. Se trata de una talla policromada y dorada de la Virgen del Apocalipsis, quien, alada y con el Niño entre sus manos, pisa a la sierpe como una nueva Eva que habrá de redimirnos del pecado original. En la fachada de la misma iglesia, san Miguel, el jefe de los ejércitos celestiales, blande su espada flamígera para someter a la bestia, con fisonomía de dragón y felino, que palidece ante los visos divinos de la Custodia que sostiene el arcángel en su mano izquierda. Este modelo se observa en distintos templos de la región, como San Juan Teitipac, Santiago Tlazoyaltepec, Teotitlán del Valle y Tlalixtac de Cabrera.
Del repertorio cabreriano y poscabreriano en el Templo de Santo Domingo de Guzmán, se aprecia en la bóveda, justamente sobre el coro, un medallón que representa la visión mística que tuvo Juan el Evangelista en la isla de Patmos:
Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra.
Las penas del fuego eterno, inspiradas en las vívidas descripciones de estupor y tormento que nos dejan Dante Alighieri y John Milton, alimentaron las evocaciones del Infierno en los pinceles de un maestro cercano al poblano Miguel Jerónimo Zendejas, que acompañan los retablos laterales de la colorida iglesia de Santa Ana Zegache en Ocotlán.
Por su parte, la siempre deslumbrante Mixteca resguarda encomiables trabajos pictóricos sobre este tema: en la nave mayor de Santo Domingo Yanhuitlán se distingue el altar de los santos Lorenzo y Vicente Ferrer, azuzando a las ánimas del Purgatorio a encontrar el camino salvífico hacia la Gloria de Dios. El conjunto es rematado por Nuestra Señora del Carmen quien, con escapulario en mano, hace lo propio para brindar su cobijo a los esperanzados rostros que buscan su intercesión. En el templo de San Bartolo Soyaltepec se descubre nuevamente a san Miguel, flanqueado por dos angelillos volanderos, quienes lo asisten para conducir a las ánimas lejos de las implacables llamaradas que el pintor realizó para buscar mayor expresión y didactismo en la obra. De igual forma, los muy hermosos pero deteriorados lienzos de San Miguel Tecomatlán y San Francisco Jaltepetongo reúnen, por igual, a las afligidas almas de clérigos y reyes frente a la tan anhelada redención. Las huestes angélicas también se manifiestan dulcemente para cumplir su misión auxiliadora en las iglesias de Santiago Tilantongo, Santiago Yolomécatl, San Nicolás en Tlaxiaco, Santo Domingo Tepelmeme, San Francisco Teopan, San Mateo Tlapiltepec, Santiago Ihuitlán Plumas o Tamazulápam del Progreso.

Es imprescindible mencionar el espléndido ciclo pictórico del maestro Miguel de Mendoza en San Cristóbal Suchixtlahuaca. Bajo la severa mirada de Cristo pantocrátor (Todopoderoso), un potente san Miguel Arcángel alza su espada sobre los condenados que se dirigen, de modo inexorable, hacia las fauces de Leviatán.
De la misma forma, en las sierra Norte y Sur abundan los ejemplos del triunfo de la Luz sobre la Oscuridad: entre el fulgor dorado de los retablos de Ixtlán de Juárez, se descubre a la Virgen apocalíptica con una viva descripción de la bestia de siete cabezas retorciéndose bajo la planta inmaculada de la Madre de Dios. Al tiempo, las serenas ánimas en espera de la expiación nos miran desde los retablos de San Juan Bautista Yalálag, San Juan Bautista Tabaá, Santiago Zoochila o San Miguel Amatlán. Podemos destacar una de las tallas estofadas de mayor preciosismo que corona el altar mayor del templo de San Andrés Apóstol en Miahuatlán de Porfirio Díaz: Miguel con tizona en mano y alas poderosas como símbolo de su liderazgo sobre los ángeles de Dios.
Para concluir esta breve revisión de los ángeles caídos dentro del cosmos religioso de Oaxaca, y en un salto que trasciende al arte y nos acerca, piel a piel, con algunos de los usos y costumbres más entrañables del estado, nos referiremos al Istmo de Tehuantepec y sus escondidos tesoros: Santa María Guienagati y San Blas Atempa. De manos indígenas y con gran expresividad, en ambas iglesias hay dos pinturas que exhiben a la Virgen de los Carmelitas intercediendo por los pecadores. Aquí, la fuerza devocional y la riqueza descriptiva evocan la cita de Romanos, capítulo 12: “No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien”.

En 1996, Oaxaca recibía una noticia que sería del agrado de toda la afición del beisbol: por primera vez en su historia, el beisbol profesional se asentaría en el estado. Un grupo de accionistas, encabezado por el C. P. Alfredo Harp Helú, tomó la franquicia que dejaba el club Charros de Jalisco en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) para traerla a la Verde Antequera, y así lograr que todos los oaxaqueños disfrutaran del beisbol profesional.
El primer roster del equipo zapoteca estuvo encabezado por el carmelita Nelson Barrera Romellón, pelotero que ya había hecho historia con los Diablos Rojos del México y que posteriormente se convertiría en la estrella del equipo oaxaqueño. Barrera llegó como uno de los máximos jonroneros del beisbol mexicano, solo por detrás de peloteros de la talla de Andrés Mora y Héctor Espino.
El primer equipo estuvo conformado por peloteros mexicanos de la talla del receptor Rogelio Cobos; los bateadores Daniel Fornés, Fabián López, Felipe Durán, José Juan Núñez, Roberto Carlos Méndez, Leo Moreno, e Isidro Herrera; además de los lanzadores Martín Antúnez, Alejandro Carrasco, Enrique Herrera, Juan Carlos Sangeado, David Sinohui, Guillermo Güereca, el oaxaqueño Zenón García, entre otros.

Además, el equipo también contaba con refuerzos extranjeros, entre los cuales podemos mencionar a Vince Castaldo, Joel Chimellis, Randy Milligan, Cecil Espy, Jerry Kutzler, Will Flynt, Les Lancaster, Lenin Picota y Lioner Vásquez. Guerreros contó con el manager veracruzano Alfredo “Zurdo” Ortiz, quien culminó el primer año de la tribu con un récord de 46 juegos ganados y 64 juegos perdidos.
Oaxaca debutó un 13 de marzo de 1996 frente a los Potros de Minatitlán en el Estadio 18 de Marzo, con un resultado adverso de 3 carreras por 1.
Este fue el primer lineup que presentó Alfredo Ortiz: Isidro Herrera (JI), Joel Chimelis (2B), Vince Castaldo (PC), Randy Milligan BD, Nelson Barrera (1B), Roberto C. Méndez (JC), Raúl Valverde (JD), Jesús Abrego (C), Felipe Durán 3B, Jerry Kutzler (P).
El 16 de marzo llegó la primera victoria en la historia del equipo bélico. Ocurrió en un juego contra los Rieleros de Aguascalientes en el Estadio Eduardo Vasconcelos; el primer pícher en lograr un juego ganado fue el derecho Javier Chapa.

Antes de ser calendario, el tiempo fue
cielo, lluvia, semilla y espera.
El ritmo con el que vivimos hoy no es el mismo para todas las personas: reconocerlo es un punto de partida fundamental para abrir caminos a otros tiempos. Asumir esta diversidad no es solo un gesto poético, sino también un posicionamiento teórico: el tiempo no es algo cambiante, sino una experiencia cultural situada.
A partir de la exposición “El Reino de las Nubes” han surgido diversas líneas de investigación orientadas a generar nuevos aprendizajes para la comunidad infantil. Estas exploraciones han abierto preguntas sobre otras maneras de concebir el mundo, y de ellas han surgido talleres como “Guardianes del tiempo”, mismo que significó una oportunidad para demostrar cómo, en el museo, la práctica pedagógica se nutre de la investigación.
La idea de este taller nació del deseo de iniciar el año explorando nuevos conocimientos, buscando reajustar el ritmo de vida que nos exige el mundo actual y aproximándonos a otras formas de entender el mundo, como las de los antiguos zapotecos. ¿Es el tiempo una línea que avanza sin retorno o un ciclo que se repite y se transforma constantemente?
Estas preguntas nos condujeron a investigar acerca de las formas en que las antiguas culturas de Oaxaca entendían el tiempo. Así encontramos dos cuentas importantes para el calendario zapoteca: el Piye y el Yza. El primero combina 20 días con 13 numerales, formando un ciclo de 260 días que articulaba sentidos simbólicos y orientaciones rituales. A este se le atribuyen tanto usos adivinatorios como la asignación de los nombres de las personas.
El segundo, más cercano al ciclo solar de 365 días, organiza 20 días en 18 periodos y se vincula con los ritmos agrícolas. Aunque se reconoce su importancia histórica, aún se sabe poco sobre cómo era su funcionamiento preciso. Esta falta de certezas se convirtió en un motor para investigar, preguntar e imaginar junto con las infancias. Por esto, el Yza se convirtió en eje del taller, para compartir la relevancia de los tiempos de la tierra, el maíz, la lluvia y la cosecha.
Para profundizar en esta dimensión, recurrí a dos voces cuyas miradas dialogan desde distintos lugares: el señor Ausencio Tomás Cruz Martínez, agricultor de Zaachila, y el doctor Robert Markens, investigador de las antiguas culturas mesoamericanas.
Don Ausencio, que ahora tiene 65 años, ha trabajado el campo desde que tenía 15. Su vida está marcada por el ritmo del maíz: siembra una vez al año y sigue un ciclo que no se rige por fechas establecidas, sino por la observación de la tierra y las lluvias. Este calendario se lee en la humedad del suelo y la memoria heredada. En enero prepara el terreno moviendo la tierra. Luego, con las primeras lluvias, la tierra se remueve y tras semanas de humedad constante llega el momento de plantar maíz y calabazas. Antes, se pide por la lluvia como parte de una relación de cuidado con la milpa. La siembra se realiza grano a grano, paso a paso, y tras los primeros veinte días, se limpia la maleza. Otra veintena más tarde se forman surcos para regular el agua y, antes de que la planta espigue, se limpia de nuevo para que no haya riesgo de tirar el polen. Como dice don Ausencio: “La planta es tan noble que solitalleva el agua a su patita, aunque sea la del sereno”.
Luego viene la espera. Durante meses la milpa crece casi en silencio. En agosto y septiembre se cortan los elotes tiernos —“los buenos son los de pelo sequito”— antes de que el grano madure y se vuelva mazorca. En noviembre se recoge la cosecha y se deja secar el zacate sobre la tierra, así, el terreno se prepara para iniciar otra vez. Entonces, el ciclo concluye para comenzar de nuevo.
Conocer los tiempos del maíz es reafrimar una forma de vida. No se trata solo de una planta, sino de un elemento que sostiene la alimentación, memoria e identidad. En su crecimiento se inscribe una idea del tiempo basada en el cuidado, la espera y la relación con la tierra.
Por otro lado, Robert Markens aporta una mirada desde la investigación histórica que dialoga profundamente con esta experiencia. Él explica que las cuentas zapotecas no eran sistemas aislados, sino complementarios: gracias a una se podía comprender la otra. Ambas coincidían cada 52 años, momento en que se completaba un gran ciclo y se articulaban en lo que hoy llamamos el calendario redondo. Conversando sobre este periodo, compartimos la idea de que quizá esos 52 años se relacionaban con la duración de la vida humana en aquel tiempo, un ciclo completo de existencia donde también era el momento en que cambiaban los cargadores del año, los cuatro símbolos más importantes del Piye.
Para los zapotecos —de acuerdo con Robert— el tiempo no avanzaba únicamente hacia adelante: se repetía, se transformaba y renacía. La vida era cíclica. Esta concepción resuena con la milpa de don Ausencio: en ambos casos, el tiempo es retorno, continuidad y renovación.
Fue el cruce de estos saberes lo que dio sustento a este taller, donde las infancias no solo aprendieron nombres de calendarios antiguos, sino que comenzaron a reconocer los tiempos del maíz dentro del calendario que habitan hoy. Hablamos entonces de cómo se puede cuidar el tiempo, no solo en horas, días o años, sino en su dimensión natural y afectiva: “Cuidar el tiempo también es querer a los árboles”, dijo una participante. “Cuidar el agua y jugar en la lluvia también”, añadió otro. “Mi parte favorita fue cuando pusimos los pies en la tierra”, compartió una niña al final del taller.
Así, por medio del juego, la investigación se vuelve experiencia sensible. Entre la voz del agricultor, la mirada del investigador y la imaginación de las infancias, el tiempo dejó de ser una cifra abstracta para convertirse en algo que se toca, se siembra y se cuida. Habitar el tiempo puede ser, también, una forma de sembrar futuro.
La tarde se fue acomodando lentamente en el horizonte poblano mientras en el auditorio de la Casa del Libro “Gilberto Bosques Saldívar”, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), daba inicio la ceremonia de entrega del Inventario del Fondo Personal Severo Martínez Peláez al Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”. No era un acto protocolario más: se trataba, a la vez, de un momento de cierre y apertura, en el que la memoria de un historiador fundamental para Centroamérica encontraba un nuevo cauce institucional y público. El acto significó la conclusión de un proceso especializado de organización archivística y la integración de este acervo al patrimonio documental de la BUAP para su resguardo y futura consulta académica.
La doctora Coralia Gutiérrez, profesora e investigadora del Instituto, abrió el encuentro con un mensaje de bienvenida en el que destacó la relevancia histórica y cultural del fondo documental. Subrayó que la entrega del inventario no solo representa un cierre administrativo, sino la consolidación de un trabajo colectivo orientado a preservar la memoria intelectual de uno de los historiadores más influyentes de América Latina. Reconoció, además, la presencia de las hijas de Severo Martínez Peláez, a quienes señaló como custodias morales de su legado.
En su intervención, el director del Instituto, doctor Guiseppe Lo Brutto, resaltó que el fondo constituye una fuente indispensable para la investigación histórica y la formación de nuevas generaciones de estudiantes y académicos. Recordó la trascendencia de La patria del criollo: ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca, escrito en 1970, como obra fundamental de la historiografía latinoamericana, y agradeció el acompañamiento de Adabi, así como el compromiso y la gestión de la doctora Gutiérrez en este proyecto.
La semblanza de Severo Martínez Peláez, compartida por la doctora Gutiérrez, situó su trayectoria en el contexto de la Guatemala posterior a 1954, su exilio en México y su formación en la UNAM bajo la influencia de historiadores como Edmundo O’Gorman y Silvio Zavala. Asimismo, destacó su perfil como intelectual crítico, su compromiso político y su contribución al desarrollo de una historiografía rigurosa y socialmente comprometida en la entonces Universidad Autónoma de Puebla, donde fue figura clave en la consolidación del posgrado en Historia.
En representación de Verónica Loera y Chávez, directora de Adabi, Fabiola Monroy subrayó que la preservación documental es un compromiso social y una condición para el ejercicio de la memoria: “Una cuestión de amor, voluntad, memoria y visión”, dijo. Recordó que Adabi cuenta con casi 23 años de trabajo en archivos históricos y bibliotecas de libro antiguo, con una presencia constante en Puebla y otras regiones del país. Enfatizó que los archivos organizados permiten transformar documentos dispersos en conocimiento accesible y que esta labor se inscribe en el marco de la Ley General de Archivos, la cual obliga a las instituciones públicas a contar con sistemas archivísticos funcionales.
El componente técnico del proyecto fue detallado por la maestra Elisa Garzón, coordinadora de Adabi en Puebla. Explicó que el proceso inició con un diagnóstico en agosto de 2024 y sedesarrolló operativamente entre septiembre y noviembre de 2025.
Las fases del trabajo incluyeron la estabilización y limpieza de documentos; aplicación y ajuste de un cuadro de clasificación que organizó el fondo en tres grandes ámbitos: docencia, investigación y vida sindical; ordenación alfabética y cronológica de expedientes; elaboración de guardas y contenedores a la medida, además de cajas AG-12 para expedientes; descripción archivística conforme a la norma ISAD(G) en una base de datos.
Como resultado, el Fondo Personal quedó instalado en 14 cajas, con materiales fechados entre 1967 y 1991, integrados en 359 expedientes, más dos cajas anexas con fichas bibliográficas y publicaciones periódicas. El inventario entregado constituye un instrumento básico de control y consulta para investigaciones futuras que permitirá, en una etapa posterior, elaborar guías y catálogos con un grado de detalle mayor.
La maestra Maricruz Calderón, responsable de la elaboración de un índice preliminar del fondo, compartió hallazgos significativos derivados de la revisión documental, entre ellos correspondencia de estudiantes, informes académicos elaborados por Martínez Peláez, solicitudes del libro Motines de indios. La violencia colonial en Centroamérica y Chiapas, provenientes de instituciones como el IPN y comunidades de Chiapas; además de listas de asistencia con anotaciones personales. Estos materiales dan cuenta del compromiso pedagógico del investigador y de su cercana relación con sus alumnos.
Durante la ceremonia se reconoció el trabajo de los analistas Mario Talavera y Steigh Ramírez, así como el acompañamiento permanente de la doctora Coralia Gutiérrez y Maricruz Calderón en las distintas etapas del proyecto.
El acto concluyó con la entrega oficial del inventario impreso y digital al maestro Félix Arenas, coordinador de la Unidad Bibliográfica, Hemerográfica y Documental del Instituto. Con este acto,el Fondo Personal Severo Martínez Peláez quedó oficialmente integrado al acervo de la BUAP para su resguardo institucional y consulta pública.

Cursé la licenciatura en Restauración en la ENCRyM del INAH. En mi plan de estudios, el cuarto semestre estuvo destinado al Seminario Taller de Conservación y Restauración de Textiles, bajo la titularidad de la Mtra. Rosa Lorena Román Torres. Debo confesar que se trataba de uno de los talleres que más deseaba cursar, por la fascinación que siempre he sentido por los hilos, las telas, las técnicas de confección y de ornamentación, así como por las historias que pueden contarnos.
Desde el primer día de clases de esa primavera de 2012, nos adelantaron que nuestra práctica de campo sería en el Museo Textil de Oaxaca, mismo que ya era dirigido por el restaurador Hector Meneses. Al finalizar el semestre, viajamos a Oaxaca. Mi grupo fue dividido en varios equipos y a mí me tocó trabajar en el depósito de colecciones para sacar del resguardo, aspirar, así como cotejar el estado de conservación de algunas piezas que estaban en una lista de obras que viajarían para ser exhibidas en Líbano.
Se trató de una experiencia de gran aprendizaje —y que recuerdo con mucho cariño—, con la que reforcé mi predilección por el trabajo de conservación que se realiza desde los depósitos de colecciones, además de notar la importancia de tener un perfil de restaurador en los puestos directivos de los museos. Para el otoño de 2014, volví al Museo Textil ya en mi último semestre de la licenciatura, ahora como coordinadora de un grupo de la ENCRyM con el que participamos en el montaje de la exposición “Irmgard W. Johnson, una vida dedicada al textil”.
En enero de 2016 inicié mi historia en el Museo de sitio del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas. Más tarde, mis pasos me conducirían de nuevo al Museo Textil de Oaxaca, cuando en 2018 tomé un curso de conservación que ofrecieron en el marco de la tercera edición del TEXTIM, en la que participé con una ponencia sobre la colección textil de Vizcaínas, la cual fue mi objeto de estudio de la Maestría en Estudios de Arte en la Universidad Iberoamericana. En 2019, ya como directora del Museo Vizcaínas, volví al MTO con el fin tomar un curso de identificación de fibras al microscopio, impartido por Christophe Moulherat del Musée du Quai Branly, para fortalecer mis competencias profesionales, además de conocer a colegas que se desempeñan como conservadores de textiles en otros espacios del país.
En esa ocasión pude entrevistar a Hector Meneses para conocer los esfuerzos que realizaban en su museo en la documentación y conservación de su colección; tomando como referencia el ejemplo del MTO, reconocí la importancia que tenía la instalación de un depósito de colecciones. En 2020 logré el donativo del mobiliario especializado con apoyo del grupo financiero MONEX, y, tras la pandemia, se instaló en 2022. En octubre de 2023, la Dra. María Isabel Grañén Porrúa visitó Vizcaínas, siendo invitada para conocer dicho depósito, surgiendo la idea de crear una exposición en colaboración con el Museo Textil de Oaxaca. En unos cuantos días entramos en comunicación con Hector e inició la planificación de la exposición “Labor-es. Un arte difícil y estimable”.
Transcurrieron 12 años desde mi primer encuentro con el MTO. En 2025, encontrándome en los últimos semestres de mi doctorado en Historia y Teoría Crítica del Arte en la Ibero, y con mi investigación bastante avanzada, pude participar en la exposición “Labor-es”; gracias a mi formación como restauradora me encargué del levantamiento de estados de conservación y avalúos de obra, así como de la ejecución de trabajos de estabilización, asimismo, me desempeñé como comisaria y curadora, escribiendo el cedulario de las obras que se encuentran exhibidas, derivado de mi investigación doctoral. Se trató de una oportunidad para poder mirar, con mayor detenimiento, cada una de las puntadas de los bordados enmarcados que veo todos los días desde hace tanto tiempo. Así descubrí las maravillas que las virtuosas manos de las colegialas de Vizcaínas crearon, y que el paso del tiempo ha convertido en documentos materiales con los que podemos conocer sus historias de vida.
¡Gracias, Museo Textil de Oaxaca!
Lizzeth Armenta, Directora del Museo Vizcaínas

Palestina era su causa, sin duda,
pero la Universidad era su trinchera.
Bruno T.
El pasado 17 de enero se habló en la Biblioteca Henestrosa de la novela Universitas tenebris de Bruno T., que ya se había presentado sobre el Andador, afuera de la Librería Grañén Porrúa. Emocionados por la presencia de Raúl Calvo (AKA Bruno T.) en la ciudad, decidimos conversar acerca del libro y poner sobre la mesa el debate del que versa.
Esa tarde se leyó un fragmento del poema “La internacional”, y sucedió la charla entre el autor y la presentadora. Mientras el primero portaba la playera de la Universidad de Miskatonik, la segunda llevaba una que reza: “No dejemos de hablar de Palestina”. A continuación, presentamos este diálogo sobre la novela.
¡Arriba parias de la Tierra!
¡En pie, famélica legión!
Atruena la razón en marcha:
es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos.
¡Legión esclava en pie a vencer!
El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser.
Jessica: El poema “La internacional” fue escrito en 1871 por el obrero, activista y artista francés Eugene Pottier. Fue musicalizado en 1888 por Pierre Degeyter y estrenada como pieza coral, ese mismo año, en una taberna local en Lille, Francia. Eventualmente serviría como himno de la Internacional Socialista y luego de la URSS, desde 1922 y hasta 1944. En algún momento del siglo XXI, Bruno T., el autor y narrador de Universitas Tenebris, la enunciaría —en francés— el día que asesinan en Gaza al hermano de una de sus personajes.
Camaradas, yo no debía hablar aquí. De hecho, no tengo ningún cargo. No represento a nadie. Y en muchas universidades eso suele significar que tampoco existes —dice—. ¡Pero Mahmuod Nasser existía! ¡Existía y molestaba en tres idiomas! No estaba inscrito en ningún programa oficial, ni tenía plaza fija, no abría congresos, ni cerraba boletines, pero tejía puentes, conectaba personas, traducía ideas. Y eso, al parecer lo hacía peligroso.
Lo primero que pensé al subrayar con bolígrafo este fragmento fue que, si voy a rayar mis libros, si voy a escribir en cada espacio que me deje una caja de texto, tendrá que ser para continuar un diálogo, para preguntar cosas con las que no esté de acuerdo o que no entienda, pero por supuesto también las que sí, las que me resuenen. Y he subrayado mucho estas páginas.
He de decir que la lectura de Universitas tenebris de Bruno T. abrió un caudal de memorias no solo en mi cabeza, sino en casi todo mi cuerpo. Muchos recuerdos se manifiestan en emoción en mis brazos y en la nuca y en el nudo perpetuo de la garganta. Por ejemplo, recordé que en 2006, cuando estalló el movimiento social moderno más conocido, quizás representativo, de la ciudad de Oaxaca, nació mi hermana menor y terminé la secundaria. También estaba de novia con un muchacho más grande que yo y, como remate, para ese momento ya tenía la convicción de que sería poeta. El movimiento popular de los pueblos de Oaxaca paralizó clases, vialidades, actividades esenciales, e hizo lo propio con las formas de pensar y maneras de accionar de la ciudadanía. Yo tenía 15 años, por supuesto que quería cambiar el mundo. Por supuesto que aún quiero hacerlo. Y lo que me sucedió con la lectura de esta novela es que me recordó, intensamente, a todo lo que ha sucedido no solo en mi formación literaria y profesional a partir de ese año, sino en esta parte del mundo, y esa es la mayor de las virtudes de un libro: que te saque por un segundo de aquí, pero que te devuelva armada, emocionada y segura de que formas parte de un todo más grande.
“La universidad”, dice Bruno T., y aquí también acoté que en realidad cualquier centro educativo, “no puede ser el sótano de poder o de la socialdemocracia. Tenemos que ser su campo minado…”.
Entonces vinieron memorias de 2014, septiembre. Yo estaba de movilidad escolar en la Ciudad de México y aunque las manifestaciones comenzaron un poco antes por la base estudiantil del Politécnico Nacional, a finales de septiembre todas las preparatorias y universidades marchábamos al Zócalo capitalino gritando consignas, alzando fotografías de alumnos desaparecidos, enunciando cantos inventados en ese momento y otros muchos que han sido cantados por tantas y tantas generaciones. Tenía 22 años y por supuesto que quería cambiar el mundo. Y aún más estando rodeada de cientos de miles más que igualmente querían hacerlo.
Desde sus primeras páginas, la novela narra la vida académica de un puñado de profesionales que son invitados a dar clases en la Universidad de Miskatonik, en Massachusetts, Estados Unidos. Confieso que al encontrar la primera mención de este sitio fruncí el ceño y pensé, “Ajá, a ver, qué es esto, amigo friki-amante de Lovecraft”. Pero luego hice el famoso pacto con el texto y accedí a todas las licencias que Bruno se había tomado: me causó ternura leer cómo se van tejiendo las relaciones entre los profesores de una universidad (porque los profesores/académicos/escritores somos un gremio lindo y curioso y bastante ñoño que puede pecar de pedantería, pero de verdad que solo es desconocimiento de las reglas de socialización modernas), algo que pocas veces ha sido narrado como en estas páginas.
Empiezan a presentarse los profesores de la Universidad de Miskatonik:
“Camila Ríos, historiadora, México. Trabajo con pensamiento anticolonial latinoamericano siglo XX y XXI y con todo lo que la academia prefiere no mirar de frente.
“Óscar Márquez, de Bogotá, lingüista especializado en lenguas indígenas, nahuatl, quechua, guaraní. Estaré hablando de estructuras sintácticas como quien habla de constelaciones, más o menos.
“Alfredo Pená, filólogo argentino. Investigo lunfardo, literatura carcelaria y otras formas nobles de lenguaje que nunca pisaron una cátedra. Me gusta pensar que doy clases con permiso de lenguaje, no del ministerio.
“Alejandro… solo Alejandro, ingeniero informático, Chile. Trabajo con lógica computacional y estructuras lingüísticas formalizables. En versión excéntrica, estudio cómo las ideas se corrompen al volverse código o al revés, según el día.
“Salma Naer, investigadora y traductora de lengua árabe clásica, andaluza con familia de origen gazatí. La referencia a Gaza provocó una sorpresa silenciosa pero palpable entre quienes estábamos en la mesa. Trabajaré en desmontar tópicos sobre lo oriental.
“Llegó mi turno. Bruno T. Especialista en lógica, semiótica crítica y configuraciones discursivas de poder. Estudio pensamiento político desobediente y estructuras narrativas fallidas. Una mezcla que solo se permite en universidades como esta. A veces sobreviven, a veces mutan, y algunas otras, se suicidan”.
Aseguró la presentadora que en este libro hay una historia de amor, una búsqueda detectivesca, escapadas nocturnas a una biblioteca que resguarda documentos prohibidos y, sobre todo, una narración muy particular que ha llamado más su atención como lectora de literatura: la mención de las clases, específicamente, el cómo suceden las clases.
Pensó, por ejemplo, en las clases de literatura de Julio Cortázar, en cómo desarrolla el tema, su forma de hablar, cómo parece que está haciendo un ensayo tal cual a la hora de dar la clase. Pero lo que sucede en las lecciones narradas en esta novela, es singular: se asiste a una clase y es nada más y nada menos que una charla con amigos, un coloquio ameno. Hay un momento en el que uno de los maestros dice: “Prefiero que los estudiantes salgan de clases con más preguntas que con certezas estúpidas”.
Cuando fue el turno al micrófono del autor, agradeció a la presentadora y, sobre todo, al recinto. Lamentó que la primera estuviera a su derecha porque “después de haber leído ´La internacional´, estaba totalmente fuera de lugar”. Y comenzó:
“¿Qué diría Lovecraft si se enterase de que su universidad, Miskatonik, se ha convertido en una especie de comuna autogestionada? Porque eso más o menos es esta ficticia universidad”. Y continuó el autor: “Para crear la novela partí de dos ideas, y no sé realmente cuál me vino primero a la cabeza. Diré una primero y otra después porque no me queda más remedio, pero realmente no sabría deciros el orden.
“La primera era: ¿se puede hacer una novela en un ambiente clásico de literatura gótica y de terror, pero que no sea ni gótica ni de terror? Y ahí se me quedó en la cabeza. Y luego se me cruzó una consigna que he oído mucho estos últimos meses, quizá años: ´No dejes de hablar de Palestina´. Y me planteé, ¿se puede hacer eso? No haciendo un panfleto, ni un ensayo. Por desgracia, la gente no lee ensayos. ¿Se puede en una novela, sea de ciencia ficción, sea de terror, sea en un western, sea en una novela romántica, una novela histórica, se puede meter el tema palestino y no hacer un panfleto…? Yo pensé que sí.
“¿Y cuál es el género más despolitizado que hay? Quizá el romántico, ¿de acuerdo? Pues el segundo, el terror. El terror tradicionalmente, con matices y excepciones, claro, ha sido un género escapista. No ha tenido ninguna connotación social o a veces es peor todavía. Cuando tiene connotaciones sociales suelen ser reaccionarias. Y yo lo que veo muchas veces son malas películas en las que se ve una familia de clase media alta norteamericana con mucho dinero comprándose un caserón donde aparecerá un fantasma, o lo que ahora está de moda: la Dark Academia, que no deja de ser un ambiente reaccionario de culto a la autoridad y a una extraña ucronía de pasado remoto y culto, pero que realmente, si rascamos un poquito, simplemente con la uña, vemos que ahí ni cultura ni nada, es pura pose: unos personajes vestidos de negro, de tweed, moviéndose delante de una cámara. Pues tenía que lidiar con todo eso y a ver cómo me montaba Universitas tenebris como una parodia, ¿por qué no?, de la Dark Academia, pero a la vez vaciarla de lo que entendemos por contenido sobrenatural o fantasmagórico. Como ya ha dicho, Jessica, bastante terror nos da la realidad como para tener que recurrir a otro ficticio. Y ahí llega Bruno T. que es quien narra la novela”, sentenció Raúl Calvo. Y continuó:
“En un juego metaliterario se propone que Arkham y la Universidad de Miskatonik ciertamente existen. Al principio de la novela lo dice, ¡meteos en Google Maps y sale! Y allá va él a un seminario experimental en lengua castellana porque la población migrante en Estados Unidos ha aumentado considerablemente y se encontrará con unos personajes que obviamente provienen de diversos lugares y diversas asignaturas. En particular, ya que me han preguntado varias veces, si yo soy Bruno T. A ver: yo también soy maestro, pero soy de matemáticas, y no sé qué clase da Bruno, pero ciertamente no es de ciencias. Eso sí lo quería hacer a propósito para que no fuera tan radical el calco. Bueno, ¿habéis leído a Sherlock Holmes? ¿Quién narra sus relatos? Arthur Conan Doyle o John Watson. ¡John Watson! Conan Doyle es el agente literario de todos. Bueno, pues encantado de conoceros. Soy Raúl, el agente literario de Bruno T. Y a partir de ahí que cada cual ate los cabos que quiera o no quiera.
“Como ha dicho Jessica, quería mostrar el día a día de estas personas, no solo de Bruno. He querido dar voz a prácticamente todos: verlos en clase, la forma en que lo hacen y además no como compartimentos estancos. Unos se cuelan en las clases de otros siempre de manera, si queréis, muy heterodoxa, pero es lo que andan buscando y, como se ha dicho, prefieren que los alumnos salgan con dudas antes que con certezas. Entonces, ¿de qué trata la novela realmente?
“Efectivamente, el hilo conductor es Palestina. Sin destriparlo en exceso: hay una especie de conspiración con el tema de Gaza en el que de alguna manera participa la universidad o personajes de la universidad, pero no quería que fuera un thriller. Quería que estuviera esa nota de fondo, pero compartiendo la vida cotidiana con la de sus protagonistas. Una de las cosas más desagradables y de falta de realismo de muchas novelas es que no vemos la vida cotidiana de sus personajes. Venga, vamos a volver otra vez con John Watson.
“No recuerdo haberle visto nunca en una consulta médica, o trabajando, y la mayoría de los héroes que hay en la novela, bueno, esta gente, ¿qué hace? ¿A qué se dedica? Esta gente trabaja, no están en plan —vuelvo a la misma metáfora de Sherlock Holmes— investigando por la universidad porque tienen horarios que cumplir. Hace poco también lo dije en broma: ´¿Habéis visto alguna vez a Tintín escribir un artículo? ¡Es periodista!´ Yo no lo he visto en la vida y no quería que aquí ocurriese eso. Si están en una universidad, tenemos que verlos y tenemos que entrar con ellos a la clase y cuando acaben, bueno, pues que investiguen y que se metan en lo que quieran. Pero eso quería respetarlo. Por supuesto, aunque la novela es realista, sí he jugado con un ambiente gótico, a veces de manera autoparódica: hay escenas con velas, algunas. Hay escena con velas, hay que provocarla…
Interrumpió Jessica:
“Perdóname, Raúl, también hay otros momentos que forman parte de la cotidianidad de los maestros, y es cuando comen. Hay un maestro que les prepara de comer, ¡y nunca se sabe de dónde saca los ingredientes, pero les hace platillos exquisitos y maravillosos y perfectos y todos terminan chupándose los dedos! ¿Y de dónde los saca? Porque están en un campus universitario…”.
Respondió Raúl: “Pues bueno, además en Miskatonik hay muchas cosas que es mejor no preguntar y no saber. Sí, es interesante, por ejemplo, esta parte de tener un bibliotecario jefe que parece dormir dentro de la biblioteca. Una biblioteca que está abierta de noche”.
Al terminar la lectura de algunos fragmentos del libro y la participación de los comentaristas, una persona del público lanzó una pregunta:
“¿Por qué dejaste afuera a los estudiantes? Porque los estudiantes son los que traen la realidad a la universidad, en especial en Estados Unidos. Es decir, vos te enterás del país a partir de los estudiantes, no tanto quizás de los profesores, porque como vos decís, es una especie de burbuja porque está separada del mundo real, ¿no? Entonces quienes brindan esa realidad son los estudiantes…”.
Y Raúl respondió:
“Sí, sí tiene un motivo. Es realmente por darle una pequeña bofetada a Lovecraft. En sus novelas no aparecen estudiantes, aparecen profesores, pero son todos catedráticos, muy elitistas y como dije al principio, muy reaccionarios. Yo quería romper esa imagen. Los estudiantes, sí, tienes razón, quedarán pendientes para el siguiente texto. Pero en este caso yo quería además acompañar a los profesores. Quería verles convivir. Es fácil ver en otros libros la convivencia entre alumnos, pero quería ver a los profesores compartir mesa y compartir cocina…, por eso me centré en ellos”.
Cerró el autor.
Si el libro Universitas tenebris te ha despertado cierto interés o un par de preguntas curiosas, podrás encontrarlo en algún pasillo oscuro de la Biblioteca Henestrosa, y quizás tengas que ir a pedirlo a algún bibliotecario secreto con una clave de acceso… o no.
A partir del 24 de marzo, los Diablos Rojos del México defenderán el título de la Champions League Americas, que obtuvieron en el 2025 en el Estadio Alfredo Harp Helú. Para esta segunda edición del torneo en el Diamante de Fuego, la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol (WBSC) determinó invitar al campeón de Taiwán, los CTBC Brothers, uno de los dos equipos fundadores que aún pertenecen al circuito profesional del país asiático.
La edición 2026 de la Champions League Americas contará con la presencia de equipos campeones de Estados Unidos, Cuba, Nicaragua y Venezuela, además del CTBC Brother y el equipo defensor. Al momento del anuncio de la competencia, realizado la última semana de enero, Venezuela y Cuba todavía no anunciaban a sus novenas representativas.
Se estableció que el torneo se dividirá en dos grupos. Los mejores equipos de cada sector obtendrán el pase directo a semifinales, mientras que los otros dos boletos se disputarán en un encuentro de eliminación directa. La final está programada para efectuarse el domingo 29 de marzo. Los grupos fueron definidos de la siguiente manera:
El 13 de abril se cumplirá un año de que la Pandilla Escarlata conquistó su primer título internacional, superando 6-1 al equipo cubano, Leñadores de las Tunas. Aquella victoria permitió al México concluir su actuación en la Champions League Americas 2025 con carácter de invicto y una marca de 4-0.
En caso de que el representativo de China Taipéi llegara a medirse a los Diablos Rojos en esta justa, se trataría de la segunda confrontación histórica entre estos clubes, recordando la gira de los escarlata por Taiwán en 1995, cuando el nombre oficial del equipo era Elephant Brother.
Los detalles sobre el calendario de juegos y la venta de boletos se darán a conocer próximamente.


De mi cuerpo podrido crecerán flores
y yo estaré en ellas; y eso es eternidad.
Edvard Munch
“Eternidad” es una palabra grande, persistente, insistente, infinita; una afirmación lingüística del acontecer natural del mundo, tan natural como el hecho de que la humanidad haya secretado una idea cuya manifestación más bella se halla en una flor. Flor inmortal o siempreviva es su nombre, o bien, “siempre me verás así”, como también la llaman en San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca.
Aunque la especie más conocida en la literatura botánica es originaria de Australia, en México existen múltiples especies nativas con inflorescencias persistentes y brácteas secas. Su característica principal consiste en que sus brácteas —las estructuras vistosas que reconocemos como pétalos, pese a que no lo son realmente— están constituidas por células con paredes gruesas, rígidas y secas, que no dependen del agua para mantener su forma; por ello no colapsan ni se degradan al secarse.
Las brácteas no se marchitan fácilmente, sino que retienen su forma y color, incluso durante decenas de años. Esa capacidad ha permitido que estas flores sean las protagonistas de una práctica que transforma la fragilidad vegetal en permanencia simbólica y cultural. Se trata de las artesanías con flor inmortal producidas en San Antonino Castillo Velasco, de donde también son originarias Francisca Lidia Sánchez Mateos y su hija, Laura Raymundo Sánchez, artesanas de la flor inmortal del taller Biushita,1 fundado por la familia Raymundo Sánchez.
El nombre proviene de una voz zapoteca, cuyo significado fue revelado por Laura Raymundo: “en la comunidad, cuando algo ya no crece dicen que se quedó biushito”, es decir, se quedó pequeño, chiquito. Como aclara la maestra Francisca, biushita es también la forma cariñosa de referirse a la flor inmortal blanca, la más pequeña de todas con las que trabajan.
El misterio que la siempreviva parece guardar ha encontrado en la familia Raymundo Sánchez un lugar seguro. “Sagrada” es la palabra con la que la maestra Francisca describe tanto a la flor como a la labor que les permite realizar, ya que hunde sus raíces en tradiciones ancestrales, especialmente en las fiestas patronales y los convites.
El arraigo de Francisca Sánchez en la flor inmortal es apasionante; tenía 19 años cuando inició este camino que continúa a sus 69, y que ha de prolongarse por medio de sus siete hijos y sus bisnietos. El oficio lo aprendió de la familia de su esposo, el maestro Israel Gerardo Raymundo Cornelio, específicamente de los abuelos maternos de este, quienes elaboraban, principalmente, arreglos florales e imágenes para bodas y mayordomías. Para la maestra Francisca, casarse con él fue también contraer nupcias con este arte y amarlo. Ella misma describe el oficio de la flor inmortal como “un amor del pueblo, un amor celestial, un amor de Dios”, porque “nace del alma, del espíritu, del corazón” a partir de una conexión especial con las flores y su significado ritual y espiritual. Ella no sabe leer ni escribir, por eso tiene la certeza de que su habilidad artística y las palabras con las que bendice su trabajo y a las personas que lo valoran vienen de lo alto.
Sin embargo, esta sabiduría infundida no podría florecer sino mediante el trabajo arduo. El ciclo de cultivo de las flores dura alrededor de tres meses, y los cuidados, además del riego, van acompañados del amor y de un himno que se lleva a la parcela para pedir una buena cosecha. Esto implica tanto la abundancia de las flores como la diversidad de sus colores, pues de esa variedad dependen las creaciones y, en consecuencia, la vida misma de sus artífices. Es por eso que la señora Francisca no puede hacer una diferencia entre su arte y su vida.
El proceso creativo se encuentra palpitante en el cultivo, y aunque es necesario esperar a que las flores sequen, esto no impide que las ideas empiecen a surgir. En primer lugar, habrá que concebir la forma y el tamaño de la pieza deseada en la imaginación, tales elementos se ciñen a los objetos producidos en el taller Biushita: imágenes y esculturas religiosas de vírgenes y santos, cruces, corazones, estrellas, azucenas y animales como borreguitos, palomas y toros, por mencionar solo algunas. También se elaboran diseños para joyería, como aretes y collares. Las obras a escala se realizan con una técnica, propia del maestro Israel Raymundo, que consiste en trazar sobre la tierra un bosquejo de la pieza para sacar la medida de los carrizos. La selección de los carrizos es otro momento importante en el proceso, pues con estos —cortados en tiras— ha de elaborarse la base o el armazón de la obra, sobre la cual se zurcen hojas secas de plátano para crear el soporte que han de recibir las flores, de donde la obra toma su aliento vital.
“Cada pieza tiene una historia, un decir”, señala la maestra Francisca. Pero, como apunta Laura Raymundo, todas tienen un origen festivo y ritual en las celebraciones religiosas, y fue precisamente ese carácter el que las popularizó entre la gente, principalmente gracias a la elaboración de canastas con imágenes religiosas que las mujeres portan en las calendas. La pieza más antigua que conservan es precisamente una canasta en forma de arpa, cuya edad ronda los 56 años. Con el paso del tiempo, a las obras de carácter ritual se han sumado las ornamentales hasta llegar a la creación de piezas más pequeñas que viajan a otros estados y países. Esto ha sido posible gracias al impulso que Laura y su hermana, Monserrat Raymundo Sánchez, han dado al taller por medio del uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales.
La familia Raymundo Sánchez no desea que la herencia de este saber muera con ella. Afortunadamente, existe un claro interés por parte de las nuevas generaciones: no obstante, Laura considera que lo importante es enseñar y aprender este arte con responsabilidad. Es necesario “transmitirlo de una manera real: primero hay que conocer la historia y a los creadores, así como el significado de los materiales”, pues este legado tiene un profundo valor simbólico que atraviesa a cinco generaciones, y su permanencia se debe a la responsabilidad con la que se ha transmitido. En este sentido, para la maestra Francisca y su hija Laura, aprender y enseñar con responsabilidad y amor es parte fundamental para preservar el arte de la flor inmortal, partiendo del reconocimiento y la valoración de la labor ancestral de los maestros artesanos.
El compromiso de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, mediante la Galería de Andares del Arte Popular, se inscribe en esta misma línea de revaloración del arte popular. En este marco, en el mes de mayo el taller Biushita hará presencia en el Centro Cultural San Pablo con una exposición. Porque, en cada flor que no se marchita, en cada color que resiste al tiempo, la obra de este taller afirma que la eternidad no es una promesa abstracta, sino un acto cotidiano. Mientras haya manos que siembren, voces que canten a la tierra y flores que guarden la memoria de una comunidad, la flor inmortal seguirá diciendo —en silencio— que nada verdaderamente sagrado desaparece.
1 El taller Biushita está ubicado en Independencia 57, San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca.
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