El MIO en Santa María Atzompa

Una pequeña muestra de la exposición. Fotografía: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

El 7 de octubre de 2023 fue la primera vez que mostramos al mundo la exposición “Rostros de arte y color” en la comunidad de San Miguel Tixá, ubicada a unas dos horas de la capital oaxaqueña, en la Mixteca Alta del estado.

Rodolfo Nieto, Rufino Tamayo y Rodolfo Morales son los tres grandes maestros oaxaqueños que abordamos en esta exposición itinerante. Desde una mirada sensible y lúdica logramos crear tres salas que dialogan entre ellas, con el objetivo de crear un puente entre la rica herencia cultural del estado y las personas que habitan los distintos territorios del mismo

“Rostros de arte y color” llegó a Santa María Atzompa el 20 de diciembre, con sede en su Museo Comunitario. Para este nuevo espacio, tuvimos que realizar un rediseño museográfico y gráfico de la exposición, adaptándonos a las nuevas dimensiones, las necesidades de los visitantes y el clima impredecible de la zona. De esta manera, la exposición rediseñada del MIO cuenta con cuatro salas que convergen entre ellas, propiciando la interacción recurrente de las infancias con los elementos lúdicos de cada sala.

Al llegar al Museo Comunitario de Santa María Atzompa nos recibe la sala Rodolfo Nieto, representada por el color verde. Un teatro de rollo nos transporta al mundo onírico de Nieto, lleno de animales misteriosos y posturas expresivas. Los caballetes que encontrarás ahí nos piden llenarlos con pintura y trazos dinámicos: se nos presentan como un portal en blanco listo para inventar tu propio mundo.

Un color rojo intenso como el de las sandías nos indica que hemos llegado al espacio de Rufino Tamayo. Una mesa larga nos invita a tomar asiento para jugar y experimentar con la mixografía y otras técnicas gráficas y plásticas propias de la obra de Tamayo.

Al fondo se observan unas montañas moradas: has llegado a la sala Rodolfo Morales, enmarcada por sus columnas listas para ser intervenidas por los pequeños artistas. En ellas aparecen sus mujeres voladoras, las iglesias y los caminos de sus pinturas. En el centro cobran vida las obras de Morales por medio de un diorama, este nos transporta al mercado con todos sus puestos, aromas y sabores que culminan con el artista frente a un ferrocarril en Ocotlán de Morelos.

Después de conocer a cada uno de los maestros del color oaxaqueño, es momento de pasar a la cuarta y última sala, un espacio donde cobra vida la pintura Mujeres en Tehuantepec de Rufino Tamayo, los animales de Rodolfo Nieto y los papalotes de Rodolfo Morales. En este mismo espacio, en una vitrina frente a nosotros, se encuentran representados con títeres estos tres grandes maestros, los cuales serán nuestros guías en los talleres a lo largo de estos… ¿doce meses?

Recuerda: un pedacito del MIO te está esperando en las faldas de los cerros de Santa María Atzompa.


Víctor Chaʼca en el Centro Cultural San Pablo: Xu Roo / Terremoto

Bi’cu yaase / Perro negro, 2017-2024. Talla en madera de granadillo y zapote negro con laminado

El 7 de septiembre de 2017, un terremoto de 8.2 grados en el Golfo de Tehuantepec cimbró los estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Juchitán, en la región del Istmo, vio el derrumbe de casas y templos que habrían de iniciar un largo proceso de reconstrucción. Con las vigas de madera resultantes del colapso—destinadas al fuego o al desecho—, el artista juchiteco Víctor Orozco, alias Cha’ca, elaboró entre diciembre de 2017 y diciembre de 2024, además de nuevas propuestas en bronce, un conjunto de esculturas con la intención de resignificar el desastre.

Máscaras, nahuales, animalia, tzompantli, evocaciones de vida y muerte…; en este trabajo, el maestro Cha’ca traduce el ímpetu de la naturaleza, a veces implacable, en una nueva apuesta por la vida. Seres guardianes de tradición zapoteca, que se metamorfosean en animales, acompañan nuestra cosmogonía desde tiempos inmemoriales. En su obra, soles, lunas, conejos, jaguares, murciélagos y lagartos encuentran espejo con los seres angélicos y su gran arraigo en el sincretismo religioso, heredado de la tradición católica antequerana.

Asimismo, el rostro y la máscara, como perdurable binomio, se transforman en gestos polícromos en bronce o madera que son espejo y reflejo de nosotros mismos. La monumental obra introductoria que se exhibe en el atrio del Centro Cultural San Pablo invita a mirarnos en la pluralidad de muecas, expresiones y fisonomías.

Finalmente, en la dialéctica de eros y thánatos, es la muerte quien figura en esta coordenada como cirquera, contorsionista o musa; haciendo guiños desde la cosmovisión mesoamericana del muro de cráneos triunfal, hasta la picardía y jocosidad que sigue presente en el imaginario colectivo.

“Víctor Cha’ca. Xu Roo / Terremoto”, que tiene lugar en las salas de vestigios, capitular, capilla, atrio y patio de dómina, aborda en su primer eje temático distintas representaciones mortuorias. Osados personajes que hacen acrobacias y malabares apoyados en calaveras, conviven con seres alados que, como huestes celestiales, se impulsan para emprender el vuelo. La serie de Tzompantli evoca los cráneos como trofeo bélico en el México antiguo, estilizada por Cha’ca en sus tallas en madera a las que coronan hieráticas calaveras. La muerte enredada, acompañada por lunas risueñas, remite al carácter lúdico, cercano y popular que esta tiene en la esencia del pueblo mexicano.

En la segunda sección del recorrido, protagonizan las evocaciones del nahual y el tona que custodian el destino de los seres humanos. Es aquí donde la “animalia” de Cha’ca presenta emociones y estados anímicos transformados en lagartos, serpientes, conejos, jaguares y cánidos que transitan entre lo terrenal y lo divino.

Aquí están presentes, también, rostros y cuerpos que, en complejos escorzos, acercan al espectador al movimiento primigenio de la creación. Dos piezas monumentales, Gigante y Caracol, orquestan una sinfonía de color y volumen en los espacios abiertos del antiguo conjunto conventual dominico del Centro Cultural San Pablo.

Con la obra de Víctor Cha’ca estamos, entonces, en pie de igualdad con las voces de los antiguos zapotecos y sus muchos significados, que resuenan en los mitos e hitos de la fantástica tierra oaxaqueña.


Taller Permanente de Conservación, Restauración y Encuadernación en la Biblioteca Burgoa 2025

Una de las aucas o aleluyas trabajadas por el equipo de la Henestrosa. Fotografía: Acervo de la Biblioteca Henestrosa

Entre febrero y septiembre de 2025, integrantes de distintas filiales de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca —entre ellas el Museo de la Filatelia de Oaxaca, la Biblioteca Henestrosa, la BS Xochimilco, la BS Canteras y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova—, junto con representantes de la Biblioteca Francisco de Burgoa, la Biblioteca Pública Central, el Archivo Histórico Universitario (UABJO), la Biblioteca Beatriz de la Fuente y el Archivo Histórico de Notarías, participamos en el Taller Permanente de Conservación, Restauración y Encuadernación impartido por el maestro Joshua Hernández en la Biblioteca Francisco de Burgoa.

El objetivo del taller fue brindar herramientas y lineamientos fundamentales para la preservación y restauración de materiales bibliográficos, documentales y hemerográficos conservados en nuestras instituciones, así como introducirnos en diversos tipos y técnicas de encuadernación.

A lo largo de las sesiones, nos adentramos en conceptos clave como conservación, estabilización, restauración y preservación. Cada participante trabajó con una pieza perteneciente a su institución, iniciando con un diagnóstico detallado de su estado de conservación: evaluamos la magnitud del deterioro, identificamos daños tales como pérdidas de tapas y de lomo, acumulación de polvo, presencia de microorganismos, entre otros, y analizamos las características particulares de cada material.

Con base en este análisis definimos las intervenciones necesarias, estableciendo prioridades, técnicas, tiempos y recursos disponibles. Esta metodología nos permitió comprender a profundidad la importancia de planificar cuidadosamente cada etapa del proceso de restauración.

En el caso de la Biblioteca Henestrosa se trabajó con un conjunto de 34 aucas o aleluyas, piezas gráficas populares de origen europeo, especialmente difundidas entre los siglos XVIII y XIX. Estas impresiones, organizadas en viñetas numeradas, tenían fines educativos, recreativos y morales. Impresas en papel económico, su fragilidad contrasta con la riqueza narrativa y visual que contienen.

Estas hojas doble folio de papel colorido llegan a medir 40 x 30 cm, contienen entre 48 y 24 viñetas con pequeños versos o estrofas. Su intención de origen fue lúdica, aunque después se enfocaron en lo didáctico. Trataban asuntos históricos, morales, relatos literarios o simplemente nociones elementales de cultura como las corridas de toros, los personajes tipo de algún lugar, los oficios o el abecedario. La técnica utilizada para imprimirlas en un principio fue la xilografía, pero tiempo después se utilizó la litografía. Algunas veces las imágenes fueron monocromáticas y otras, iluminadas a color.1

Las aucas presentaban diversos tipos de deterioro, producto del paso del tiempo y del uso: roturas, manchas, dobleces y pérdida de soporte. Cada una supuso un reto particular. En primer lugar, se realizó la limpieza manual, después se procedió a consolidar y estabilizar los materiales para asegurar su preservación. Se aplicaron técnicas mínimamente invasivas, como la reintegración de zonas faltantes con papel japonés y el uso de adhesivos especiales para consolidar las fibras. Para mantener su estabilización se elaboraron protecciones de papel glassine designadas a cada una de las piezas; al finalizar el proceso, estas fueron resguardadas en una carpeta diseñada especialmente para su protección y futura consulta.

Participar en este taller fue mucho más que adquirir conocimientos técnicos; fue una forma de valorar la memoria impresa. No solo afiancé habilidades en restauración y encuadernación, sino que también reflexioné sobre el valor intrínseco de los objetos, el cual se desvanece cuando no son restaurados y preservados.

Aprendí que cada objeto encierra una historia propia y que su preservación es una forma de mantener vivo su significado. Restaurar va más allá de la reparación: es devolver la vida a los materiales, otorgarles una segunda oportunidad, prolongar su existencia y evitar que queden en el olvido. Es permitir que las futuras generaciones se acerquen, comprendan y valoren un pasado que se ha plasmado en palabras e imágenes. Es reconocer la historia detrás de cada objeto, de su propietario, de la información que ha transmitido, de las manos que lo han tocado y de su relevancia en nuestras vidas. Restaurar es comprender y valorar un pasado que, de otro modo, se habría perdido.

1 Paola Ambrosio Lázaro, “Las Aleluyas de la Biblioteca Andrés Henestrosa” en Boletín FAHHO No. 29 (Mar-Abr 2019). Disponible en https://fahho.mx/biblioteca-las-aleluyas-de-la-biblioteca-andres-henestrosa


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