Editorial

Este Boletín Digital FAHHO, el primero de 2026, es una invitación a seguir haciendo comunidad para la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. Y nada mejor para lograrlo que tender puentes y lazos, tal como hace el Museo de la Filatelia de Oaxaca con la inauguración de su sala permanente “México-Líbano: Estampillas de memoria” y el Jardín de Encuentros Migrantes. El Museo Textil de Oaxaca se une a esta encomienda hablando acerca de la universalidad del arte textil. Otro tanto hace la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova al revelarnos la presencia del guerrero-gobernante 8-Venado en los Países Bajos hacia 1931. Asimismo, Seguimos Leyendo comparte las impresiones de Claudio Ledesma, apasionado lector argentino, sobre la tradición oral en Oaxaca. Mientras tanto, la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío nos transporta a los vaporosos y etéreos paisajes chinos pintados por Hwang Ping-Hoong.

El Centro Cultural San Pablo nos habla del encuentro con los que se hace equipo para dar vida a proyectos como este, el de la FAHHO. El trabajo colectivo es lo que caracteriza y fortalece a la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú, de ahí que el hecho de invitar a Diablos Rojos Femenil convierta al conjunto en un proyecto de formación y confianza compartida. Desde otra perspectiva, Andares del Arte Popular muestra cómo el encuentro que propicia el trabajo artesanal con el barro une a las familias.

El acontecimiento de la lectura para la escritura es, asimismo, el tema de la FAHHO Itinerante, que nos trae pequeños fragmentos de sus talleristas, y, en otra nota, la Librería Grañén Porrúa nos comparte la experiencia de los visitantes que disfrutan del espacio y aman la lectura. Por su parte, la BS Canteras nos presenta la Biblioteca Infinita, un proyecto sobre la infinitud de las bibliotecas. Por eso es que también la Biblioteca Francisco de Burgoa puede presentarnos un ejemplar como Acerca de la materia medicinal, de Dioscórides, que ha trascendido el tiempo para seguir enseñando.

La supervivencia material e inmaterial de los libros es lo que buscan el Taller de Restauración Documental, al hablarnos sobre las bondades del papel antiguo, y la Biblioteca Henestrosa, con la restauración de 34 aucas o aleluyas que forman parte de su acervo antiguo. De igual manera, el arduo trabajo de Adabi Oaxaca en la conservación de los archivos antiguos se vio reflejado en beneficio de la comunidad de San Miguel Tequixtepec, que posee un archivo sin precedentes en el país.

En el rubro de exposiciones, el Centro Cultural San Pablo arranca el año con dos nuevas muestras con trasfondos profundamente humanos y reflexivos: “Mauricio Cervantes: Geografías líquidas” y “Xu Roo: Terremoto” de Víctor Chaʼca. Por otro lado, el Museo Infantil de Oaxaca ha instalado “Rostros de arte y color” en Santa María Atzompa, mostrando su compromiso con las infancias de las comunidades conurbadas a la ciudad.

Así iniciamos 2026, con una invitación al encuentro, a leer, mirar y compartir aquello que nos une y nos permite seguir haciendo comunidad.


“México-Líbano: Estampillas de memoria” y el Jardín de Encuentros Migrantes

Inauguración del Jardín de Encuentros Migrantes y de la Sala México-Líbano. Fotografías: Acervo Mufi

En noviembre de 2025 se inauguró, en el Museo de la Filatelia de Oaxaca, nuestra sala permanente “México–Líbano: Estampillas de memoria”. Bajo un ambiente agradable y rodeados de distinguidas personalidades de origen libanés —entre ellas George El Jallad, actual embajador del Líbano en México— recorrimos una muestra de poco más de doscientas piezas filatélicas, fotografías y objetos diversos. El recorrido presenta las primeras civilizaciones que dieron forma a lo que hoy son México y Líbano, y permite conocer la llegada de los primeros libaneses a México, iniciada en el último cuarto del siglo XIX; una migración impulsada por la inestabilidad y la persecución religiosa bajo el dominio del Imperio otomano, que se prolongó durante casi cuatro siglos. En esos mismos años, del lado mexicano, el país vivía una política migratoria favorable al arribo de extranjeros impulsada por el entonces presidente Porfirio Díaz, con la intención de fortalecer el desarrollo económico nacional.

Fue así como dos naciones —en apariencia opuestas en costumbres, economía e idioma— se encontraron y se aceptaron de una manera extraordinaria. Los primeros libaneses llegados a México se establecieron como comerciantes ambulantes y, con el tiempo, comenzaron a construir redes de negocio que más tarde se diversificaron hacia sectores como el textil, la industria y la gastronomía. Su éxito se atribuye a la capacidad de adaptación y a las habilidades comerciales heredadas de sus antepasados fenicios.

El emigrante libanés, pieza creada por el artista libanés Ramis Barquet.

Una vez establecidos, los lazos culturales comenzaron a fortalecerse. En la gastronomía adoptamos ingredientes libaneses como el aceite de oliva, el garbanzo y el ajonjolí, y heredamos los famosos tacos al pastor, adaptación del shawarma libanés que sustituyó el cordero por cerdo y el pan árabe por tortilla de maíz. En el cine, directores de origen libanés como Miguel Zacarías y Antonio Matouk impulsaron la carrera de figuras emblemáticas de la época de oro del cine mexicano, entre ellas María Félix, Jorge Negrete y Pedro Infante. En la literatura, una de las presencias más importantes, además del mexicano Octavio Paz —premio Nobel de Literatura en 1990—, es la del poeta Jaime Sabines, hijo de un inmigrante libanés.

En 2025 se celebraron los ochenta años de relaciones diplomáticas entre México y Líbano, y qué mejor conmemoración que recorrer esa sala que se mantendrá permanentemente abierta en el Mufi. La relación entre ambas naciones ha quedado registrada en la filatelia como una conexión que enlaza sus historias. Cada estampilla nos cuenta un episodio distinto y celebra los vínculos culturales y humanos que han unido a estos pueblos desde el siglo XIX. Cada pedacito de papel honra esta relación cercana y da testimonio de una hermandad que se mantiene viva.

Escultura del maestro oaxaqueño Alejandro Santiago, simboliza a los migrantes mexicanos que mueren en su intento por cruzar la frontera norte del país.

En el mismo evento se inauguró nuestro Jardín de Encuentros Migrantes, un espacio ideal para la contemplación y la lectura. Por medio de los libros de Gibran Khalil Gibran —que se encuentran disponibles al público— podrás viajar entre un continente y otro, acompañado por dos esculturas de gran tamaño. El emigrante libanés, pieza creada por el artista libanés Ramis Barquet, rinde homenaje a quienes llegaron a México en busca de una vida mejor. La segunda escultura, del maestro oaxaqueño Alejandro Santiago, simboliza a los migrantes mexicanos que mueren en su intento por cruzar la frontera norte del país; atiende la ausencia de quienes ya no están y evoca el deseo de sus seres queridos por mantenerlos presentes.

Para el Museo de la Filatelia de Oaxaca inicia un nuevo capítulo con la apertura de dos espacios que invitan a mirar la memoria compartida entre México y Líbano. Cada estampilla es un fragmento de vida, un rastro de identidad, de cultura y de familia, donde ambos pueblos dialogan y sostienen lazos que han perdurado a lo largo del tiempo. El Jardín de Encuentros Migrantes ofrece un respiro para sentir, pensar y acompañar; un lugar para reflexionar sobre lo que significa partir, llegar y reencontrarse. Comenzamos este año con la convicción de que nuevas historias, actividades y encuentros seguirán tejiendo este puente vivo entre la migración, la memoria y la filatelia.


Bienvenidas sean las reinas rojas

Develación de la placa por la visita de las reinas rojas en la Academia. Fotografía: Eduardo González

El 24 de noviembre de 2025, la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú se engalanó con la visita de las actuales campeonas de la Serie de la Reina de la Liga Mexicana de Softbol: 24 jugadoras mexicanas —de las cuales 4 son oaxaqueñas—, dos cubanas y una cubanoestadounidense. El motivo de esta visita fue la realización del early camp —que dio inicio el martes 25—, es decir, de la concentración que se lleva a cabo antes de la fecha de inicio oficial de la temporada, con el propósito de preparar a las participantes de manera temprana antes de la competencia. El entrenamiento comenzaba desde las ocho de la mañana en tres de los campos y las jaulas de bateo disponibles, para trabajar por las tardes en el gimnasio del lugar.

A una semana de su estancia en la Academia, el equipo de Diablos Rojos Femenil recibió la visita del C. P. Alfredo Harp Helú y de la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, quienes no solo dedicaron un inspirador mensaje a las jugadoras, sino que también develaron una placa que registra este acontecimiento como un suceso sin precedentes en esta institución.

Las jugadoras se prepararon en la Academia hasta el 16 de diciembre, con vistas a iniciar la pretemporada 2026 el 4 de enero en la Ciudad de México. En este proceso les esperan dos juegos de preparación históricos frente al Atlanta Smoke, de la Liga Profesional de Fastpitch (WPFL) de los Estados Unidos, y dos contra la Selección Nacional de Italia. Un gran inicio para abrir la temporada de la Liga Mexicana de Softbol, contra Charros de Jalisco Femenil, el 22 de enero.

Haber cobijado a las reinas rojas en su preparación para hacer frente a la temporada de la LMS, reafirma el compromiso de esta institución con el impulso al talento femenino y con el fortalecimiento del deporte en México. Las puertas que ese día se abrieron para Diablos Rojos Femenil son el signo de que, en este espacio, cada jugadora tiene un lugar para crecer, soñar y escribir nuevas historias sobre el diamante. El camino apenas comienza, y la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú seguirá siendo casa, impulso y motor para quienes comparten la pasión por el beisbol como una forma de vida.


Un Museo Textil, sí, de Oaxaca

Textiles en el MTO provenientes de Oaxaca y de otras partes del mundo. Fotografías: Acervo del MTO

Hace más de quince años, el Museo Textil de Oaxaca abrió sus puertas al público con un objetivo: ser un espacio para observar, sentir y dialogar por medio del arte textil. Desde su creación, este museo se ha mantenido fiel a una visión que no busca complacer al turismo ni responder a las expectativas de quienes llegan esperando una vitrina de “lo típico”. En un estado donde la cultura se exhibe muchas veces como mercancía, el MTO se ha atrevido a caminar por otro sendero: uno donde la belleza, la historia y la identidad se descubren con respeto, reflexión y encuentro sincero.

Este museo nace desde los sonidos de los telares, desde la voz pausada de las tejedoras, desde la paciencia que requiere cada hilo para entrelazarse con otro. El MTO invita a reconocer las miradas y posturas diversas que conviven en los pueblos, a cuestionar las versiones que reducen la cultura a una postal para el visitante.

El museo es consciente de la presencia de las fiestas y el valor simbólico que tienen para las comunidades; por ello nos recuerda que el textil es un lenguaje que cuenta historias de territorio, resistencia, creencias y afectos. En cada pieza hay siglos de sabiduría, y el MTO propone acercarse a esa cultura fomentando el diálogo y el respeto.

Y es aquí donde surge una de las preguntas más frecuentes entre los visitantes nacionales y extranjeros: ¿por qué, siendo de Oaxaca, el museo, además de mostrar esa gran sabiduría, presenta textiles de otras partes del mundo? La respuesta es sencilla y, a la vez, esencial: porque el arte textil es un lenguaje universal. Así como las palabras se transforman al cruzar fronteras, los hilos también hablan en distintos acentos, con diferentes materiales, colores, diseños y técnicas. Conocer los textiles de Perú, Guatemala, Japón o Nigeria no significa desplazar a los de Oaxaca, sino comprender que compartimos una historia común: la del ser humano que, desde tiempos remotos, aprendió a tejer para abrigarse, protegerse y, sobre todo, para expresarse.

En ese sentido, el Museo Textil de Oaxaca fue creado para quienes han nacido, crecido y viven o visitan Oaxaca. Es un espacio de disfrute en donde se abren las puertas de un universo lleno de colores que respiran al compás de las manos que los crearon, un lugar donde podemos sentirnos parte de algo que nos trasciende. Ofrece la oportunidad de reconocernos entre hilos: antiguos y nuevos, locales y de fuera, hilos que nos unen a otros pueblos.

Así, el MTO se mantiene fiel a su vocación: ser un espacio que celebra el arte de tejer como una forma de vida. Porque en cada hebra hay historia, en cada color hay memoria, y en cada puntada hay una posibilidad de encuentro y reencuentro. Por eso, más que un museo de Oaxaca, este espacio es —y seguirá siendo— el museo de quienes creemos que el textil es una manera de entender el mundo.

Un museo textil, sí, y de Oaxaca. Pero también del mundo que se teje, día a día, desde nuestras manos.


La Biblioteca Infinita

Participación de las primeras infancias en la Biblioteca Infinita. Fotografía: Acervo de la BS Canteras

Las Bibliotecas y el anillo de Moebius comparten una curiosa conexión, la cual quedó de manifiesto en la BS Canteras al cumplir su octavo aniversario. Un ocho acostado es un anillo de Moebius, un bucle infinito sin principio ni fin; las bibliotecas pueden sentirse como un laberinto sin fin, donde cada libro conduce a otro, y otro y otro…

Al sumergirnos en las estanterías de una biblioteca, nos encontramos rodeados de historias, conocimiento y mundos por descubrir. Todo libro es una puerta que se abre a nuevas posibilidades, un viaje que nos lleva por caminos inesperados.

La Biblioteca Infinita nos introduce en un ciclo continuo de descubrimiento y exploración, donde cada libro, cada página, cada historia nos lleva a nuevas aventuras y conocimientos. ¿Qué secretos nos depararán las bibliotecas? ¿Qué historias nos contarán sus libros? La respuesta, al igual que el anillo de Moebius, permanece en un bucle infinito de posibilidades.

En 2025 emprendimos una semana de festejos: ocho actividades que se realizaron en un bucle de gusano, un portal literario que se abrió en nuestra sala juvenil, donde niñas, niños, jóvenes y adultos se sumergieron en este concepto de infinito y de todas las posibilidades que nos ofrecen los libros. Durante una semana celebramos nuestro aniversario, donde cada día fue una experiencia sensorial.

El portal se abría día a día a las cinco de la tarde para iniciar un viaje, empezando por un pasillo luminoso con historias colgantes; después, los asistentes se acomodaban en nuestra sala espacial, en cuyo interior se observaban estantes llenos de libros que no tenían fin, entremezclados con imágenes de agujeros de gusano, estrellas fugaces…; luego, una voz que venía de otro espacio daba la bienvenida. Este recorrido era el preámbulo para la presentación. El primer día fue un “Agujero de gusano”: Arganza —la maga de las palabras— y Nuco —músico del tiempo— nos llevaron a través de un performance literario, en el que la lectura y la melodía del serrucho nos llenaron de emociones y recuerdos que nos ofrecen los libros.

El segundo día preparamos un video que rememora los ocho años de la biblioteca, con recuerdos muy emotivos de los usuarios, además de testimonios sobre las y los lectores y su vida en la BS Canteras. El tercer día invitamos a todas las caperucitas del mundo para ayudarnos a representar una nueva versión de este cuento clásico en un fantástico teatro de sombras, basado en el libro Otra Caperucita Roja, de Juan Scaliter y Delia Iglesias. El día cuatro, el portal de las letras fue escenario para que Ru, ru, ru. Camaleón, de Elisa Ramírez Castañeda, llegara con sus juegos y cantos en la voz y la música de Andy Mendoza y Vico Gutiérrez. Los más peques y sus familias disfrutaron de esta sesión especial.

Tanto el quinto como el sexto día se transmitió el video; se llevó a cabo el teatro de sombras, y por la tarde tuvimos una fantástica celebración. Los asistentes brillaban en la oscuridad gracias a los diseños pintados en sus cuerpos, que lucieron en la danza luminosa guiada por Mash. Para cerrar ese día de celebración hubo pastel, helado y elotes interestelares.

Pero como todo principio tiene su fin, el último día se transmitió el video, una vez más, para todos aquellos usuarios que no pudieron asistir en las jornadas anteriores. Con ello, honramos a nuestro jardín de letras y a quienes han abierto su corazón y han entrado por nuestras puertas.

Día tras día, las respuestas de aquellos que tuvieron la oportunidad de conocer la Biblioteca Infinita eran de alegría, de asombro, de sorpresa. Expresiones que iban desde un “¡qué bonito lugar!”, hasta “¡es verdad, la biblioteca infinita existe!”. Ver sus rostros emocionados nos motiva a seguir creando espacios cargados de intenciones literarias y de magia.


El color del encuentro

Proceso de pintura de las piezas. Fotografías: Acervo del Centro Cultural San Pablo

¿Por cuántos caminos podemos llegar a encontrar al otro? Indudablemente, quisiéramos creer que hay más rutas para encontrarnos que para alejarnos; máxime hoy día cuando la tecnología y todos sus artilugios nos brindan, como en aquel cuento inolvidable de Borges,1 la posibilidad de mirar varios mundos, momentos, personas y vivencias casi al mismo tiempo desde el lugar donde estamos. Y, por si fuera poco, en nuestro caso no es necesario descubrir un lugar en un sótano para vivir tal experiencia, basta tener a la mano un dispositivo electrónico y conexión a la red.

Sin embargo, está más que comprobado que ninguna tecnología procurará la magia del encuentro genuino. Y si la tecnología no lo ha logrado, cuanto menos el consumismo desaforado para agradar a otros, o las reuniones sociales que en diciembre parecen multiplicarse de manera exponencial. Me parece que es más bien cuestión de estar atento, de atisbar con fruición esas oportunidades en las que, por instantes, se nos abre inesperadamente un sendero por el que nos damos cuenta de que no estamos solos, que ahí muy cerca están esos otros que nos pueden ayudar a entender mejor este mundo, o incluso pueden ayudarnos a recorrer más fácilmente el propio camino, precisamente porque nos hacen salir de nosotros.

Cuando pensamos en estas posibilidades, no siempre pensamos en aquellos con quienes pasamos una buena parte del tiempo: nuestros compañeros de trabajo, a los que difícilmente consideramos como esos posibles “otros” con quienes nos podemos encontrar en la vida. Y, sin embargo, justo porque con ellos pasamos varias horas al día, podría existir una probabilidad más alta de abrir esos caminos de encuentro que, además, facilitarían de un modo insospechado algunas de nuestras tareas más pesadas.

Yo creo que, en estos días, ocurrió precisamente esa experiencia en San Pablo: se descubrió un camino oculto que algunos podrían considerar como “un portal que se abrió” y en el que vivimos, literalmente, momentos llenos de color.

La idea inicial parecía sencilla: pintar tres animales de madera para colocar en el atrio con motivo de la Navidad. Cual navegantes inexpertos —pero, eso sí, muy animosos—, nos lanzamos a los mares desconocidos del color y la aventura. Nos enfrentamos en primer término a la dimensión de los animales (enormes para nuestra poca pericia); y en un segundo momento, al reto de su diseño “tipo alebrije”. Hubo de todo: compañeros más avezados que otros en cada tarea; compañeros que sugerían abiertamente colores y formas, y otros que solo seguían indicaciones; compañeros que se animaban a trazar sobre ese lienzo en blanco que era la madera de nuestros animales, y compañeros que solo se animaron a pintar sobre el trazo ya hecho.

Las jornadas fueron largas. El trabajo fue demandante. Hubo quien cantaba al pintar, quien tomaba su brocha calladamente y se concretaba a hacer lo que le tocaba; hubo quien contó historias, quien borró errores de pintura (obviamente con más pintura) y quien puso música para inspirarnos. Siempre hubo quien nos hiciera reír a todos. Ahí, al tomar el pincel o la brocha, al deslizarlos sobre la madera poniendo color a cada animalito; ahí, mientras limpiábamos el pincel en agua y lo secábamos con estopa antes de elegir el siguiente color…, ahí, en un patio interno de San Pablo, ocurrió la magia.

Esos animalitos, producto de tantas horas de vida, están hoy en el atrio de San Pablo, alegrando a los infantes que, al verlos, quizá imaginen que los Reyes Magos vendrán a Oaxaca en unos animales tan llenos de color como esos. Y la experiencia de quienes vivimos la aventura de darles vida a través del color, esos momentos en que surgió la convivencia a brochazo limpio, ya forman parte de cada uno de los que ahí estuvimos. Porque lo cierto es que hoy, tras haber dado la última pincelada, ya nos miramos de otro modo.

1 Cfr. El Aleph, de Jorge Luis Borges.


Abejas

Manipulación de colmenas. Fotografía: Eduardo González

El proyecto abejas de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca inició en septiembre de 2024, con la idea de conservar, conocer y proteger al insecto más importante para la vida en el planeta Tierra. En este proyecto trabajamos con Abejas Melíferas y Abejas Meliponinas. Las primeras son las abejas más conocidas: amarillas con anillos negros, que pican y que producen una mayor cantidad de miel. Las Meliponinas son abejas que se ubican en ecosistemas tropicales, no pican, y hay de diversos tamaños: pequeñas, medianas y algunas especies son de dimensiones similares a la Melífera; la mayoría de estas abejas son negras, cafés y otras pocas amarillas con negro. Hay alrededor de 500 especies de Meliponinas, cuya existencia se desarrolla en ecosistemas tropicales donde viven gracias a la creación de un flujo genético que permite su reproducción (estas abejas no sobreviven fuera de dicho flujo y ecosistema).

La Abeja Melífera —también conocida como Abeja Europea— recorre alrededor de cinco kilómetros, es gran productora de miel y de cera (se dice que fue introducida al continente americano principalmente por la producción de cera, la cual era indispensable para las actividades eclesiásticas). Las obreras viven alrededor de cuatro o seis semanas, mientras que la abeja reina puede vivir hasta cinco años; una de sus principales características es que tienen aguijón, con el cual se defienden cuando se sienten amenazadas. Desde mi punto de vista, su subsistencia se basa precisamente en su aguijón: si no poseyeran ese mecanismo de defensa, el ser humano ya hubiera acabado con ellas.

En su mayoría, las Abejas Meliponinas —también conocidas como abejas sin aguijón— producen poca miel; algunas especies elaboran algunos mililitros al año, y muy pocas alcanzan los dos o tres litros en el mismo periodo de tiempo. Su principal depredador es el humano, pues es común que la gente obtenga la miel por medio de la rapiña y destrucción de las colmenas. No obstante estos peligros, se trata de una especie muchas veces ignorada y poco conocida, ya que no es una gran productora de miel. Por estas razones se ha convertido en una abeja en alto peligro de extinción. Existe poca bibliografía y conocimiento sobre ella, pero sabemos que los mayas fueron una de las culturas que más trabajó y conoció de estos insectos. Es gracias a su pequeño tamaño que logra la polinización en flores diminutas, la cual es más profunda en plantas; su miel es agridulce, casi líquida y contiene una mayor cantidad de propiedades medicinales.1

Todas las abejas son productoras de cera, miel, polen y propóleo; estos productos contienen propiedades medicinales, antibacterianas, energéticas, antioxidantes, probióticas, entre otras, gracias a los compuestos bioactivos que las abejas producen a partir de fuentes botánicas extremadamente ricas. Es por ello —y por ser los mayores polinizadores— que es considerada como la especie más importante en el planeta, pues el 80 % de los alimentos depende de la polinización: así de grande es la importancia de la abeja. Cuando digo que los beneficios son infinitos es porque hasta el veneno de abeja —al cual la mayoría de las personas temen— es medicinal; la apitoxina —sustancia que se desprende a través del aguijón— es utilizada para atender una infinidad de enfermedades, por ejemplo, el tratamiento de la artritis, además, posee propiedades anticancerígenas.

Uno de mis objetivos al escribir este texto es crear una cultura de respeto y protección de las abejas, inspirar a que las personas se sientan bendecidas cuando llegue una colmena a su casa y, de ser posible, impulsar a que se vuelvan apicultores. Es lamentable que en la actualidad la mayoría de nosotros no tengamos acceso a la miel pura de abeja: ese elixir de la vida. Es muy desafortunado que le temamos a este ser tan maravilloso. Creo que la naturaleza es tan sabia que solo necesitamos observar y aprender de ella, por eso me es incomprensible que uno de los mayores temores para el humano sea sufrir la picadura de una abeja, cuando él es el responsable de la destrucción de cientos de especies animales y vegetales. Pienso que uno de los principios básicos para la vida es aprender a respetar a la naturaleza, pues ella es la vida, la proveedora de todo lo elemental para vivir.

Nos queda un gran futuro por delante. Por mi cabeza se cruzan varias ideas, entre ellas, una me dice que cada municipio debería tener un espacio exclusivamente destinado a la conservación de las abejas, formar un equipo propio de apicultores encargado del rescate de colmenas, y destinar la cosecha de miel a los niños de las escuelas. Con la realización de esta propuesta también se lograría obtener áreas de reserva ecológica.

1 Para mayor información sugiero consultar Noemi Arnold, Raquel Zepeda, et. al., Las abejas sin aguijón y su cultivo en Oaxaca, México con catálogo de especies, Chiapas: El Colegio de la Frontera Sur, Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, 2018.


El guerrero-gobernante 8-Venado visita los Países Bajos: El lustro de la Universidad de Utrecht de 1931

Decoración en las puertas del palacio municipal de Utrecht, 1931. Archivo Municipal de Utrecht, núm. cat. 400530. Imagen de dominio público.

Este 2026, la Universidad de la ciudad de Utrecht, Países Bajos —ciudad donde yo nací—, celebra su septuagésimo octavo lustro (390 años). Aunque ya hubo festejos en 1736 (el primer centenario) y en 1786 (el primer siglo y medio), la universidad comenzó a celebrar sus lustros con un evento mayor a partir de 1836. Cada lustro venía dedicado a una figura histórica e incluía una mascarada y desfile temático que recorría la ciudad. Durante el siglo XIX, de acuerdo con el romanticismo nacionalista de la época, se celebraban sobre todo figuras de la historia de los Países Bajos, pero a partir de finales del XIX se buscaba inspiración en personajes y acontecimientos de un alcance geográfico más grande, como Genghis Khan y Jerjes. A partir de 1896 —con el tema de Maximiliano de Bohemia (Maximiliano II de Habsburgo)— se comenzaron a incluir grandes espectáculos teatrales. Así, en 1906, el tema fue el desfile triunfal del general romano Germánico en Roma en el año 17 d. C., y en 1926 el tema fue el poeta-faraón Ichnaton (Akenatón), quien sucumbió ante las ambiciones del general Horemheb. Debido a los importantes cambios en la sociedad, y sobre todo en las universidades durante la segunda mitad de la década de 1960, los grandes eventos de los lustros llegaron a su fin con la última edición de 1966, aunque la universidad sigue dedicando cada lustro a una figura histórica. Por ejemplo, el lustro de 2016 estuvo dedicado a don Quijote.

De manera algo sorprendente, para el lustro de 1931 se escogió la representación de Hernán Cortés. En las afueras de la ciudad se armó una enorme pirámide donde Moctezuma recibía a Cortés, encuentro que terminó en el fatal asesinato del emperador mexica.1

Aunque Utrecht y la Ciudad de México pertenecen a mundos muy distintos, hubo relaciones históricas anteriores. En 1459 nació en la ciudad de Utrecht un niño llamado Adriaan Floriszoon Boeyens, posteriormente conocido como el papa Adrián VI. En 1507, a sus 48 años, Adrián se hizo tutor de un niño flamenco de apenas 7 años llamado Karel, posteriormente Carlos I de España y Carlos V del Sacro Imperio Romano. Esta relación resultó después en el nombramiento de Adrián como cardenal en 1517, año en que inició la construcción de una casa en Utrecht —aún conocida como Casa del Papa— donde nunca vivió, pero la que puede verse en el minuto cinco de la filmación del desfile con sus características hileras de ladrillo y piedra de jabón. En 1522, Adrián, ya elegido papa, expidió la bula que daba amplias facultades a los franciscanos en el llamado Nuevo Mundo. Esta decisión influyó profundamente en la historia de la Nueva España y, por tanto, de México. Apenas duró un año en la santa sede, en un ambiente de resentimiento contra este extranjero.

Ambos países, en momentos distintos, formaron parte del imperio español. Es poco conocido que la guerra de independencia de los Países Bajos contra el imperio español (1568-1648) recibió un importante impulso con el secuestro de la flota mexicana por parte del almirante Piet Hein en 1628. Entre el botín había 177000 libras de plata, 66 libras de oro y 3000 cargas de índigo y cochinilla. A partir de este momento, la guerra —que había llegado a un empate— dio un giro favorable para la República.

Página 75 del Códice Nuttall de la edición de 1902. Imagen de dominio público

Por razones personales me llaman la atención estas líneas, como también la historia de un huérfano de la misma guerra de independencia, nacido en Haarlem y llamado aquí Cornelio Adrián César. El mismo que a partir de 1598 se convirtió en el impresor más importante de la Nueva España, imprimiendo libros enteros en lengua náhuatl, de los cuales la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova conserva algunos ejemplares.2

Pero regresando a los lustros, era costumbre que se decoraran ciertas casas y edificios haciendo alusión al tema escogido. Como podemos ver en el inicio de la filmación del desfile, el edificio de la fraternidad de estudiantes se había decorado con elementos que hacían referencia a los tableros o frisos de Mitla. Curiosamente, el palacio municipal de la ciudad —un pesado edificio neoclásico— fue decorado con grandes reproducciones de un detalle del Códice Nuttall, publicado por primera vez en 1902. Ahora, es importante recordarnos que en estos años aún no se sabía que el códice había sido pintado por un taller mixteco. La BIJC resguarda un ejemplar de esta primera reproducción editada por la misma Zelia Nuttall.

En la página 75 del mencionado códice vemos cómo el guerrero-gobernante 8-Venado y el señor de Cholula, llamado 4-Jaguar, cruzan el mar para llegar a la isla donde está la casa del Sol en el oriente. Este episodio es parte de las hazañas extraordinarias correspondientes a la persona del héroe mixteco, ya en la cúspide de su poder. Les guía el señor 9-Agua, habitante de la costa. Al parecer, por razones del azar, fue este último personaje el que se reprodujo a los lados de las puertas del palacio municipal en 1931.

De manera metafórica, pienso que 9-Agua finalmente había terminado su tarea de guiar a 8-Venado a través del mar en 1931, aunque los de Utrecht no tenían idea de quién había arribado a las puertas del palacio municipal.3

1 Para tener una idea de cómo se desarrolló el evento, recomiendo los siguientes enlaces al sitio del Archivo de Utrecht, que conserva una filmación muda tanto del desfile que se llevó a cabo en el día como del espectáculo de la tarde: http://bit.ly/4rXAnBb, https://bit.ly/3XWyffi.

2 “La Guerra de Ochenta Años, la juventud de Cornelio Adrián César y los impresores con quienes cursó su aprendizaje”. En: Cornelio Adrián César: impresor flamenco en México, 1597-1633 (Juan Pascoe, coord.). El Taller Martín Pescador, Tacámbaro; Biblioteca Francisco de Burgoa, Oaxaca; The John Carter Brown Library, Providence, 2017: 59-95 y 171-177.

3 También el edificio de la fraternidad estudiantil estaba decorado con figuras inspiradas en los dibujos de 9-Agua y 4-Jaguar, aunque no he podido encontrar buenas fotografías de estos diseños.


Narrar para la vida, narrar con otros

La sesión del DILEVANO con Claudio Ledesma en el CCSP. Fotografías: Acervo de Seguimos Leyendo

Los programas formativos de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca siguen creciendo y dando nuevos frutos. Tal es el caso del nuevo Diplomado Internacional de Lectura en Voz Alta y Narración Oral (DILEVANO) 25-26 con especialistas narradores de España, Cuba, Colombia, Argentina, México y Oaxaca. Cada sábado 30 participantes —entre lectores voluntarios del Programa Seguimos Leyendo y colaboradores de diferentes filiales de la FAHHO— reciben las sesiones presenciales y en línea. El sueño: convertirse en narradores orales para acercar la literatura infantil y juvenil, así como las recopilaciones de la tradición oral, a todos los públicos, desde primera infancia hasta adultos mayores.

El programa de educación continua cuenta con la acreditación de la Universidad La Salle Oaxaca. Y gracias a este gran equipo de especialistas en formación se está cociendo el guisado con pócimas y polvos mágicos hacia el Primer Festival de la Palabra Viva FAHHO.

Gracias a su participación en un encuentro internacional realizado en nuestro país, tuvimos la fortuna de contar con la presencia de Claudio Ledesma en Oaxaca, especialista argentino que forma parte del equipo docente del DILEVANO. Aprovechando su visita, le pedí un mensaje para compartir con todos los lectores del Boletín FAHHO:

1ª Edición del Diplomado Internacional en Lectura en Voz Alta y Narración Oral, “El Arte de la Palabra Viva I”

Hay lugares donde uno va a enseñar y otros donde uno va, sencillamente, a dejarse encantar. Y así fue mi travesía por Oaxaca, esa tierra donde la palabra parece brotar como el maíz: firme, dorada y dispuesta a hacerse tortilla, cuento o canto.

Tuve el honor —y también la deliciosa responsabilidad— de impartir clases a un grupo maravilloso. Un grupo que podría llamarse “selecto”, pero prefiero decir: un grupo con alma, formado por lectores voluntarios, coordinadores y el talentoso equipo de la FAHHO, que, además de trabajar con pasión, tienen la finura de la gente que sabe escuchar no solo lo que se dice, sino lo que tiembla detrás de cada palabra. Son lectores que no leen por obligación, sino porque sienten que un libro es algo así como una segunda respiración.

Gracias, Socorro Bennets, por abrirme la puerta a esta primera edición del diplomado, que seguramente será la primera de muchas constelaciones por venir. Y gracias infinitas, Nidia Girón Cruz, por tu ojo atento, tu oído fino y tu radar ultrasónico que detecta cuando falta un cable, un texto o un café.

Lo que viví en cada sesión fue más que un diplomado: fue un tejido de voces, un coro de presencias, un laboratorio donde la palabra dejaba de ser tinta para convertirse en carne, viento y emoción.

Y ahora, un secreto que no puedo callar: en Oaxaca se disfruta mucho…, y se come todavía mejor. Porque aquí uno llega a compartir historias, pero termina narrando también la aventura del mole, la épica del tasajo y el poema existencial de un buen chocolate caliente.

Entre palabra y palabra, uno entiende por qué la narración oral se llama palabra viva: aquí la palabra late, canta, brinca, se ríe de sí misma y te abraza por sorpresa.


Acerca de la materia medicinal de Dioscórides

“De los hígados de algunos animales”, Acerca de la materia medicinal. Fotografías: Acervo Biblioteca Burgoa

Dentro del acervo que resguarda la Biblioteca Francisco de Burgoa se encuentran varias ediciones de la obra de Pedacio Dioscórides, médico, farmacólogo y botánico del siglo I d. C., cuyas descripciones de remedios medicinales basados en plantas y animales tuvieron una influencia perdurable a lo largo de los siglos.

Dioscórides nació en Anazarbo, en Cilicia, cerca de Tarso —en la actual Turquía—. Se dice que estudió en Tarso durante su juventud y que ejerció como médico cirujano en las tropas romanas durante el reinado de Nerón. Esta labor le permitió viajar a distintas regiones del imperio, donde pudo observar la diversidad vegetal y aprender sobre sus usos medicinales. Desde los primeros siglos de nuestra era hasta la actualidad, el estudio de la botánica y la herbolaria ha sido fundamental para la medicina; la obra de Dioscórides es uno de los pilares de esta tradición.

Fruto de sus observaciones y experiencias, Dioscórides redactó su tratado La materia médica (De materia medica en latín), en el que describió el uso terapéutico de plantas y sustancias de origen animal. A lo largo de sus volúmenes se encuentran grabados de especies vegetales y animales acompañados de explicaciones sobre sus propiedades, desde las plantas más comunes hasta otras poco conocidas o de difícil acceso. Entre los remedios de origen animal menciona, por ejemplo, lagartijas, ratones y productos derivados de la leche.

La Biblioteca Burgoa conserva no solo un ejemplar, sino tres ediciones de Acerca de la materia medicinal, cada una salida de distinta prensa. Destaca la versión titulada Acerca de la materia medicinal, y de los venenos mortíferos (1695), una traducción del griego al castellano. También se resguarda una edición de 1733 impresa por Francisco Suárez de Ribera, dividida en dos tomos ilustrados con diversas plantas y acompañados por anotaciones tanto de Suárez como de Andrés Laguna. Finalmente, la más antigua, una edición latina de 1558 que incorpora ilustraciones realizadas por Leonhard Fuchs.

Estas obras comparten características que revelan su historia bibliográfica: presentan anotaciones manuscritas en portadas y márgenes, así como marcas de fuego de la orden dominica, testimonio de su paso por antiguas bibliotecas conventuales.

La coexistencia de varias ediciones de Dioscórides en la Biblioteca Burgoa permite observar la continuidad y la vigencia de su legado. Sus aportaciones a la medicina perduraron a través de los siglos, cuando los remedios basados en la naturaleza constituían el principal recurso terapéutico disponible.

Los lectores y estudiosos de distintas épocas recurrieron a los escritos de Dioscórides para enfrentar enfermedades y padecimientos, asegurando así la transmisión de su conocimiento hasta nuestros días.


Gente que lee. Colaboración 1/2*

Librería Grañén Porrúa.

La ciudad prometía diversiones para cada una de las personas con las que viajaría en esta ocasión. He de decir que de un tiempo a la fecha no soy la más fanática de los viajes familiares, pero con los padres recién jubilados y la hermana de vuelta de Colombia, negarme a esta salida hubiera sido un sacrilegio. La incipiente emoción me recordó dos viajes que hicimos a Juquila en la camioneta vieja del abuelo: ya sabíamos a dónde íbamos, y conocíamos todos los malestares del viaje de diez horas…, pero es que la Sierra, y las nubes, y el frío, la música, las risas: “¡Vamos, Camila!”, me animé, “es Oaxaca”.

Les cuento: pertenezco a una familia chilanga católica de clase media, donde chilanga quiere decir “de abuelos maternos originarios de un sitio de esta patria y abuelos paternos de otro, y asentada desde hace dos generaciones en la Vieja Ciudad de Hierro”. Así que estos éramos. Y en esta ocasión tocó visitar a la familia de mi madre acá, por eso vinimos. Mi cabeza no tardó en tejer el Vine a Oaxaca porque me dijeron que aquí vivía mi abuela, una tal doña Gloria. Mi madre me lo dijo…. Perdón, pero me encanta jugar a que soy los libros que he leído. Aunque seguro eso ya lo dijo alguien más, en fin.

Les decía: todos veníamos en una cruzada particular. Mamá buscaba el mejor par de huaraches de esos peludos; papá estaba de catador de mezcal (él es abstemio, entonces, qué diablos); mi hermana mayor quería llevarse huipiles para vender a sus compañeras de trabajo en Medellín (“Clásica oaxaquita”, pensé, y me reía de ella en secreto). ¿Y yo? Yo haría un tour de librerías, sí señor. Lo que me trajo hasta acá, a la Grañén Porrúa.

De entrada, no, no es La Porrúa. O sea, el apellido es el mismo, pero la librería es otra, completamente diferente a lo que conocía de la Ciudad de México. Esta tiene otro encanto, totalmente otro aroma. Probablemente sea el clima que entra de golpe por las ventanas de la primera sala, o la música —que no sabes si la puso tu mamá o tu hermana menor (y eso que yo soy la hermana menor)—, o la selección de libros —bastante independiente para una librería comercial y nada predecible para una librería de nicho—. No fue la primera librería que visité, primero busqué alguna de viejo. Por la reputación de la calle Donceles en Ciudad de México, quería saber qué de ahí había aquí, o mejor dicho, qué de aquí había aquí. He visitado librerías de viejo en cada sitio al que he tenido oportunidad de ir y debo decir que todas guardan su propia peculiaridad. Así que quería descubrir qué de Oaxaca había en los libros usados. De esas quizás hable luego, ahora me interesa esta, desde donde escribo este documento.

No hizo falta mucho tiempo para ver llena la tienda, quizás llegué en la hora pico de clientes, o estamos en su temporada alta (creo que es lo segundo; mucho turista mirando con las manos en la espalda y con un “Wow” pa’ tirar everywhere). Me gusta ver cómo confluye de todo en las librerías: estudiantes, mamás con sus hijas, tíos que andan buscando el libro escolar del sobrino, maestros de primaria buscando la próxima lectura para la clase; alguno que otro loquito preguntando por la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos (necesito una explicación real para esa búsqueda). Y me encanta cómo se conjuga el caos de las personas con la música, el aroma a cedro que se queda en las manos, el olor a café que viene del local de al lado, y los susurros de todos los títulos que aguardan aquí. También debo decir que el mesanín es un precioso detalle del lugar, digno no solo de foto, sino de subir y revisar qué tanto tienen arriba.

Convencí a todo el mundo de entrar a la Librería y estar y aguardar un rato conmigo. Más porque ya habíamos ido a buscar huaraches (y todos nos probamos al menos dos pares) y a catar mezcales (sí, salimos todos flamas). Solo faltaban mi tour y el de mi hermana (la neni colombiana): el mío va de maravilla, y el otro probablemente lo hagamos en estos días que restan. No quería dejar de comentar que hoy una persona lee esta librería, en esta librería y por esta librería. Y eso está bien. La verdad es que nada de páramos aquí, estoy en una librería que vive y suena.


¿Por qué el papel antiguo es mejor que el moderno?

Papel de algodón, madera y washi-kozo. Fotografías: Acervo del Taller de Restauración Documental

En el imaginario común solemos pensar que todo lo “antiguo” es frágil. Pero cuando hablamos de papel, ocurre algo sorprendente: muchos libros de hace dos o tres siglos se conservan en mejores condiciones que otros impresos hace apenas 70 años. Esta paradoja tiene una explicación clara: el tipo de fibras con las que se fabricaba el papel antiguo y los procesos artesanales que lo hacían resistente por naturaleza.

Cuando el papel venía de la ropa: las fibras nobles
Desde la Edad Media y hasta el siglo XIX, en gran parte de Europa y América el papel se fabricó casi exclusivamente con trapos de lino y algodón. La materia prima provenía de ropa vieja: camisas, manteles, sábanas y textiles domésticos sin pigmentar que ya no podían remendarse.

Estos trapos se sometían a un proceso llamado pudrición controlada, donde se dejaban fermentar ligeramente en agua para ablandar las fibras. Lejos de ser un procedimiento sucio o improvisado, era una técnica bien establecida que facilitaba el desmenuzado del tejido sin dañarlo. Luego, los trapos se batían con martinetes movidos por agua en un molino papelero hasta obtener una pasta homogénea, fuerte y flexible.

Después venía la formación manual: el papelero sumergía un molde con malla metálica dentro de la tina, la sacudía para entrelazar las fibras y formaba una hoja. Tras prensarse y secarse al aire, se obtenía un papel notablemente resistente.

¿Por qué esos papeles duran tanto?

  • Las fibras de lino y algodón son largas, puras y químicamente estables.
  • No contienen lignina, un componente que acelera el deterioro.
  • El proceso artesanal generaba papeles con pH neutro, lo que evita la
    acidificación interna.

Por eso, muchos papeles del siglo XVIII permanecen aún flexibles, blancos y estables, incluso cuando las tintas de hierro ya muestran signos de oxidación.

Cuando el papel empezó a venir de árboles: rapidez vs. permanencia
A mediados del siglo XIX la demanda de papel se disparó y los trapos se volvieron insuficientes. La industria adoptó entonces la madera como fuente principal de celulosa. Aunque eficiente, la madera contiene lignina, un componente que, al oxidarse, genera compuestos ácidos que deterioran la celulosa.

Los procesos químicos utilizados no eliminaban por completo la lignina. A esto se sumó otro cambio: la fabricación industrial utilizaba sustancias ácidas y agentes blanqueadores que dejaban el papel con un pH bajo. Esto hizo que, con el tiempo, el papel moderno se volviera más frágil. Por eso los periódicos del siglo XX se vuelven amarillentos, quebradizos y casi imposibles de manipular sin que se deshagan entre los dedos.

Soluciones actuales
Hacia finales del siglo XX, archivistas y conservadores documentaron ampliamente los problemas de deterioro asociados al papel industrial. En respuesta, la industria desarrolló papeles libres de ácido y lignina, adecuados para materiales que requieren larga permanencia. Hoy se elaboran con algodón, mezclas especiales o celulosa purificada y suelen incluir tampones alcalinos, lo que los hace ideales para guardas, cajas y otros materiales de conservación.

En restauración, el papel japonés (washi) sigue siendo indispensable. Sus variedades tradicionales hechas artesanalmente con fibras largas de kozo, gampi o mitsumata— son naturalmente estables y prácticamente libres de ácido. Su proceso de producción, que incluye hervir y limpiar las fibras, mezclarlas con mucílago vegetal (neri) y formar las hojas en moldes de madera o bambú, da como resultado un papel resistente y flexible, perfecto para injertos, refuerzos y reparaciones delicadas en libros.

Por todo esto, el contraste entre el papel antiguo y el moderno se vuelve evidente: mientras el papel de trapo surgió de un oficio paciente y cuidadoso, el papel industrial nació de la urgencia por producir más en menos tiempo. Esa búsqueda de velocidad sacrificó la permanencia. Entender esta diferencia nos permite apreciar la riqueza material de los libros antiguos y comprender por qué muchos siguen vivos, flexibles y luminosos, incluso después de varios siglos.


Escrituras posibles: Taller de escritura creativa en San Jacinto Amilpas

El proceso de escritura en el Taller de escritura creativa de la FAHHO Itinerante

La capacidad de crear vida con palabras es esencialmente un don”, sentencia Flannery O´Connor en su famosa y reveladora conferencia sobre el arte del cuento. No intentaré defender lo contrario pues, para mi desgracia, es lo que inevitablemente trazará el camino de una larga condena. La pregunta martilleante de “¿debo yo escribir?” será respondida en “la hora más callada de la noche”, y sospecho que, en un taller literario, tantas voces y el bullicio eufórico enmudecen la verdadera voz creativa, la confunden.

En un taller de escritura, el primer atino es la lectura y relectura de maestros del género (y el mismísimo desatino es la reescritura). En ese lienzo tan dadivoso surgen las preguntas, la incomodidad, el sobresalto. Lo cotidiano nos revela su horror. La lectura no solo desprende nuestra ternura, también nos demuestra qué tanto de oscuridad pervive en nosotros. La lectura a veces funciona como un espejo de la verdad. Basta de cursilerías.

Si de pronto alguien se levanta y con efusividad comienza a compartir una escena que cala su espíritu, que siente algo más que solo palabras, que parece ser atravesado por una hacha. Pausa. Y es en ese “hubiera” cuando sucede lo creativo; es entonces cuando podemos comenzar a mapear nuevos terrenos.

En estas cartografías de jóvenes interesados en la escritura noto la peculiaridad de una resistencia a los arrebatos irracionales, a la obscenidad beligerante, ¿será acaso una forma de manifestarse contra la absurdidad y exceso de nuestros días? En sus procesos de escritura revelan empatía con personajes inexistentes y me atrevería a decir que se arriesgan a buscar un final justo, un imperativo que los hace detestar cualquier movimiento violento. ¿Cómo podría revelarme ante ese ideal?

En este breve recorrido no hubo “recetas”, “fórmulas mágicas”, ni otro tipo de corrupciones que hay por montones a todas horas y en todas partes, solo nosotros con el silencio, el oído atento, el ojo divino prestado por las tinieblas y el resplandor. El secreto de la escritura permanece. Cada quien lo encontrará a su medida. Es una apuesta.

En las sobrecogedoras cartas que Rainer Maria Rilke escribe a esos jóvenes poetas, nos arroja al centro de nosotros mismos:

Usted pregunta si sus versos son buenos… está usted mirando hacia afuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… no hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuera permitido escribir.

¿Cuántos de estos novicios arriesgarán su vida por la literatura, el arte y la escritura? Sí, será un riesgo:

“Me llamo Emily. No sé porque mis padres no me llamaron Emilia. La mayor parte del tiempo me pierdo en los escenarios de mediodía y aprovecho para asolearme como una iguana. Busco en los archivos de la memoria historias de las personas que conozco, a las mascotas de mi abuela (ellos no lo saben, pero están viviendo una novela en mi imaginación)”.

“Jocelyn G. Nací a la orilla de la costa de Oaxaca. Me crié entre montañas y aprendí el lenguaje del viento. Retrato a las personas porque me gusta representarme en ellas. La fotografía encarna lo que me importa, lo que cuestiono y, a veces, mis mayores miedos. Transformar la luz, perfecta en su sola existencia, es un reto continuo, suave, duro, tenue… La vida me pesa de tanto en tanto, durante el día siento que me desvanezco entre el aire. Durante la noche me transformo, me desdoblo y dejo fluir la energía”.

“He vivido en multitud desde que tengo memoria. ¿Qué soy cuando no hay nadie? Al anochecer, cada madrugada el silencio ha sido tortura. Me hice consciente de mi soledad. Nací tarde, pero oportuno para vivir el fin del mundo. Mi nombre es César Barroso. Nací en Oaxaca, he crecido y vivido aquí por poco más de veinte años. Mi cuento habla de las inquietudes que de niño no supe poner en palabras y que me avergonzaban”.

“Nací en un día rebelde hace 18 años. Me llamo Aline Stefany, un nombre distinguido. Me gusta recorrerlo y pensar en descubrir lo que tiene para mí. Observo con la mirada curiosa alrededor. Alzo la vista y me topo con un zarcillo: verde, enredado, delgado. Inusual. Me transporta a mi infancia, en esos días donde jugaba a la ʻcomiditaʼ y eso era suficiente para ser feliz”.

“Donaldo Rivera Lezama. Tengo un vaso que miro y me mira. Veo en él mi vida: contorno oscuro y transparente. Diez curvas forman la silueta de una flor, pero también forman el espiral de mi vida”.

“Manuel escribe a contracorriente. Un fragmento: El hombre era alto y anguloso, con el rostro surcado por arrugas que parecían líneas de un destino mal trazado. Su piel pálida tenía la textura del papel antiguo, como si él mismo formara parte del archivo polvoriento del edificio. Una sonrisa torcida adornaba su semblante, una que no transmitía alegría, sino algo más afilado, más perverso. —Sabes cómo tratan a los judíos, ¿verdad?— El niño intentó sostenerle la mirada. Su corazón latía con la fuerza de quien enfrenta una tormenta sin refugio”.


Joyas de la biblioteca: La poesía del paisaje en Hwang Ping-Hoong

La belleza que guarda una biblioteca que fue cuidadosamente construida (en términos librescos, no precisamente de arquitectura) podemos observarla al hacernos la pregunta: ¿Sobre qué tema leeré el día de hoy? Por supuesto, si eres el dueño o el bibliotecario te sabes a santo y seña la clasificación temática de los libros, cuántos de cada materia tienes en tus estantes, cuáles requieren atención para una restauración, si algunos tienen dedicatorias, si se cuenta con más de un ejemplar de un mismo título, e incluso los distintos tamaños de esos objetos y el por qué deben guardarse de tal o cual manera. Sin embargo, una aficionada a la lectura como yo, que desconoce todos esos datos, prefiere dejarse sorprender primero por lo que ve en cada librero, y después por la cubierta y el contenido de cualquier libro que tome al azar. Así fue como llegué, queridos lectores, a esta nueva joya bibliográfica (nueva para mí, pero que lleva en esta biblioteca seguramente más tiempo de lo que yo tengo en este mundo) que, de hecho, no se encontraba a la vista, ya que se trata de un ejemplar de gran tamaño —48 cm de largo por 35 de ancho— y esos suelen estar en un espacio diferente a los de tamaño estándar, para protegerlos, todos bien ordenaditos, cuidando que ni una sola de sus esquinas se lastime.

Entre las obras de gran formato que forman parte del acervo de la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío, en Adabi, se encuentra esta de curiosa procedencia: un ejemplar que reúne una colección de 16 pinturas de paisaje hechas por el artista Hwang PingHoong (1864-1955), un reconocido pintor, calígrafo e historiador del arte chino. La edición de este bello álbum, publicado por la editorial Shanghai People’s Fine Arts Publishing House en 1955, fue posible gracias al trabajo del artista y editor chino Lai Sao-Chi, quien elaboró el prefacio presentado en chino, inglés y ruso. Para poder consultarlo me permitieron usar la gran mesa que tiene la biblioteca, siempre cuidando el ejemplar, por lo que me puse unos guantes y, para lograr hojearlo, usé ambas manos: cuidadosamente tomaba cada hoja de sus esquinas extremas para darle vuelta y detenerme a observar no solo el contenido, sino la textura del papel, el color que había adquirido por el paso del tiempo, así como la tinta de las letras, sinogramas y de las pinturas mismas reproducidas ahí y que se aprecian en perfectas condiciones.

Actualmente, algunas obras que aparecen en este volumen se encuentran bajo resguardo de la Galería Xubaizhai de Pintura y Caligrafía Chinas, un espacio creado en 1992 para albergar la colección personal donada por el conocedor de arte y artista Low Chucktiew, quien fuera también alumno de Hwang en la década de los cuarenta.

Viajes antiguos. Pinturas de Hwang Ping-Hoong reproducidas en el álbum

Voy del libro al buscador de Google para poder investigar un poco más sobre la vida y obra de este artista, y descubro, gracias a esa pequeña investigación y a lo que el prologuista señala en el mismo álbum, que Hwang Ping-Hoong fue un viajero entusiasta, quien dedicó gran parte de su vida a recorrer China. Anduvo de norte a sur, visitando y retratando cuerpos de agua, como el Río Yangste y el Río Hoang Ho; no lo detuvo el reto de escalar las peligrosas montañas de Szechuen, o las formaciones montañosas kársticas de Kweling, y se dejó maravillar por las hermosas colinas de HwaSan y Hwang Shan. Gracias a esos viajes por su país logró condensar una penetrante visión que le permitió atesorar y reflejar en su obra las sensaciones que le producían, por ejemplo, el césped o la hoja de un árbol, para él la esencia misma de su patria. Cada uno de esos paisajes provenientes de sus pinceladas —en las que parecen sobresalir los colores oscuros (con algunos reflejos de rojo intenso para delinear ramas de árboles o pilares de casas)— están acompañados de poemas y dedicatorias, como la que a continuación les comparto (claramente traducida, pero que podrán apreciar en la imagen en su lengua original):

Viajes antiguos
El último día exploré solo el camino a Qianxi y, sin darme cuenta, regresé a la orilla este en busca de rastros familiares. Sigo disfrutando de la primavera en Jianye, me apoyé en la barandilla, escuchando las mil capas de verdes montañas más allá del cielo y la cálida brisa del río.

La primavera se ha desvanecido, el buen vino flota junto a la ventana oeste; hoy pinto viejos recuerdos, ahora son solo pensamientos fugaces.

Nubes de Xiangjia llenan el cielo. Erigido en el sexto mes del solsticio de verano del año Wuzi.

Eres una luz distante, solo se ve tu sombra.

Desde que te envié esto, llevamos un boceto juntos.

Esta pintura va acompañada de mi breve poema. Finalmente, solo pensamientos fugaces.

Aunque suene a cliché, a pesar de que yo no conozco China físicamente, es gracias a los libros que descubro cada día, ya sea por medio de historias, poemas, fotografías o magníficas pinturas como las de este álbum, otro pedacito y otra perspectiva de este planeta llamado Tierra, y de las almas que se atreven a explorarlo.


Linaje de barro

Familia Zárate Fabián, artesanos alfareros

En su Historia natural (Libro XXXV), Plinio el Viejo describe el origen de la cerámica como un trabajo colaborativo entre un padre y su hija, es decir, dentro del ámbito doméstico, con la intimidad que requiere hablar del hogar. Y la historia del maestro Eligio Zárate, originario de Santa María Atzompa, evoca las palabras que el viejo naturalista pronunció algún día en un espacio y un tiempo muy diferentes a los de él, pero sobre esta misma tierra que sabe hacerse barro y arcilla para nuestras necesidades más urgentes y para nuestra fruición más honda, aquella que surge del gozo íntimo de las cosas bien hechas y del diálogo silencioso entre las manos y la materia.

La alfarería ha sido, desde antiguo, una actividad profundamente familiar. No es raro, pues, que Eligio haya aprendido el oficio por parte de sus abuelos, su padre y su madre. Es una herencia que se ha convertido en su forma de vida por más de 25 años, y que él y su esposa, Guadalupe Fabián, han inculcado a sus tres hijas desde muy pequeñas. Lo han hecho así no solo para preservar este patrimonio, sino para cultivar sus lazos familiares. La familia Zárate Fabián es primordialmente artesana: la alfarería es su cimiento.

Sus piezas se distinguen por el uso de barro blanco vidriado con engobe —alejándose del tradicional “barro verde” de Atzompa—; los diseños cuidados, geométricos y contemporáneos; las formas limpias que integran motivos geométricos, esferas, cilindros, jarrones y esculturas. Particularmente, les diferencia el decorado con calados hechos a mano y con gran detalle: se trata de cortes o vacíos decorativos que producen efectos de ligereza, juego de luces y sombras con un aspecto refinado. En manos de la familia Zárate Fabián, las ollas o vasijas cotidianas se convierten en piezas artísticas, decorativas, algunas de ellas escultóricas, de gran formato. La innovación surge de una creatividad abierta a los desafíos y consciente de las bondades del propio barro: un elemento moldeable, capaz de adaptarse a diferentes formas. Por otra parte, el juego entre las piezas ornamentales y las utilitarias logra el equilibrio entre tradición e innovación.

El proceso de producción es artesanal en todas las etapas: desde la elección del barro local hasta el torneado manual, mezclado, esmaltado y la cocción. Así, las ligeras variaciones en forma, textura o acabado que genera el trabajo manual potencian la singularidad de cada pieza.

Asimismo, existe un compromiso por trabajar con materiales seguros. El distintivo “Sin Plomo” otorgado por FONART junto con IFPA, tras cumplir con la NOM-231-SSA1—, que el taller ha recibido, indica un esfuerzo por adecuarse a estándares de salud y comercio actual. Recibir esta marca les ha abierto muchas puertas en el mercado, pues no solo les ha ayudado a vender más, sino a obtener mejores precios para sus piezas. El uso de esmaltes libres de plomo se ve reflejado en la confianza y seguridad que sienten los clientes al adquirir sus productos, pero también en los creadores mismos, ya que disminuye el riesgo de contraer alguna enfermedad causada por plomo. El sello “Sin Plomo” les permite cumplir requisitos de salud y seguridad que facilitan la exportación de sus piezas, por eso es que han podido abrirse a mercados más allá del local y el nacional. La oportunidad de que sus obras se vendan en otros países significa un gran reconocimiento que les motiva a seguir trabajando con calidad.

El maestro Eligio Zárate recuerda los momentos en que la alfarería ha sido vista como “un trabajo sucio propio de las personas sin estudios”, el último recurso para quienes no saben valorarla. Sin embargo, él no puede sino considerar a la alfarería como una labor profundamente noble, pues, aunque su oficio carece de un horario fijo y, al mismo tiempo, exige extensas jornadas de trabajo —y quizás por eso mismo—, le ha permitido convivir y compartir el día a día con su familia, con sus hijas. Esta ocupación le ha dado la oportunidad de atender tanto los problemas como los momentos felices que trae consigo la vida familiar. El maestro Eligio está seguro de que, con el empeño necesario, la artesanía propicia una vida digna en lo económico y en lo familiar. Por supuesto, Eligio Zárate se muestra orgulloso de ser un alfarero de Atzompa, pues gracias a su trabajo les ha dado una educación a sus hijas, bienestar a su familia y hoy se encuentra económicamente estable.

Como para todos los artesanos, para el maestro Eligio el legado de los oficios artesanales es fundamental; sin embargo, aconseja a los jóvenes no ver la alfarería como un trabajo más para generar dinero, sino como un gusto y un interés genuino. Para él, trabajar el barro debe ser una satisfacción que dirija a la innovación. Tal vez se trata de ser, como el barro, profundamente versátil. Afortunadamente piensa el maestro—, hoy el emprendimiento ha permitido que la artesanía resurja y no se pierda. En las zonas tradicionalmente artesanales se han perdido generaciones enteras, pero también hay personas de fuera que desean continuar este camino.

Mientras tanto, en Atzompa la cerámica sigue naciendo del hogar: de la cercanía, de la enseñanza y del fuego que transforma y que une a una familia. Porque, como bien sabe el maestro Eligio, el barro no solo se moldea, también nos moldea.


El archivo de San Miguel Tequixtepec

Parte del archivo de San Miguel Tequixtepec en proceso de organización por Adabi Oaxaca. Fotografías: Acervo de Adabi Oaxaca

Una infestación de pececillos de plata nos llevó al archivo municipal de San Miguel Tequixtepec ubicado en el distrito de Coixtlahuaca, al norte de Oaxaca. Las autoridades nos contactaron porque veían correr los insectos cuando buscaban las actas del Registro Civil. La fumigación —o, más bien, la desinsectación— se realizó en febrero del año pasado, y aunque el acervo se encontraba resguardado dentro de cajas numeradas con datos de su contenido, decidimos proponer una organización más sistemática.

La historia de este archivo es interesante. En 1992, cuando el señor Juan Cruz Reyes asumió el cargo como secretario, encontró una oficina en desorden y un montón de documentos amarrados con lazos o mecahilo en un rincón del palacio municipal. Entonces, con el permiso del presidente municipal, comenzó a desatarlos, extenderlos y ponerlos en carpetas que señaló como escritura antigua. Hasta ahora él ha sido el principal custodio de la memoria de su pueblo.

A partir de la inauguración del museo comunitario de San Miguel Tequixtepec se dio a conocer la existencia del conjunto documental. Por ese tiempo, un par de lienzos de los primeros años de la época colonial fueron restaurados por el taller de restauración de la Biblioteca Francisco de Burgoa. Así pues, se impulsaron importantes labores de rescate. En 2001, bajo la dirección del Dr. Sebastian van Doesburg, se realizó una clasificación dividida en las secciones Presidencia, Justicia, Registro Civil y Tesorería que dio como resultado un inventario con 75 cajas AG-12. En los años siguientes se hizo el ordenamiento de la documentación de la Alcaldía en 24 cajas AG-19. Asimismo, algunas reproducciones de documentos se exhibieron en el museo comunitario.

En la reciente administración, unos libros de la iglesia que estaban en riesgo de perderse fueron resguardados en la misma oficina del archivo municipal. De igual forma, durante una de las últimas visitas que realizamos nos mostraron una bodega ubicada en uno de los cuartos del palacio municipal que tenía más cajas con documentos. Se trata de uno de los archivos más grandes que hemos organizado hasta el momento.

La intervención de Adabi Oaxaca ha consistido en una clasificación a nivel de series documentales, es decir, una subdivisión de las secciones que se habían identificado anteriormente para agrupar los documentos por asuntos, con el mismo esquema que se ha utilizado en otros archivos municipales en el país. También se integrarán todos los trabajos anteriores en un solo inventario que abarcará desde el documento más antiguo hasta el último fechado en 1980. Asimismo, se han sugerido una serie de recomendaciones para su conservación.

El archivo municipal de San Miguel Tequixtepec es uno de los más importantes en el país. No tiene comparación con otros archivos ni por su antigüedad ni por su extensión. Es una de las pocas poblaciones que aún conserva lienzos del siglo XVI, junto con expedientes que datan de 1540 y que nos hablan de una comunidad con un pasado de gran relevancia política, cultural y económica durante la época colonial. Además, tiene algunos documentos escritos en lenguas como el mixteco, el náhuatl y el ngiwa o chocolteco. Este inventario que entregaremos a las autoridades facilitará la consulta y permitirá una mejor vigilancia del archivo, de esta manera la Fundación coadyuva en la custodia del patrimonio documental oaxaqueño.


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