Boletín FAHHO Digital No. 59 (Feb 2026)

Creando cucharadas de poesía

Ceci Morales / Kenia Velasco
Sesiones de Cucharadas de poesía en el CCSP. Fotografías: Acervo Seguimos Leyendo

Los textos que estás a punto de leer fueron generados en el taller de Cucharadas de poesía haciendo eco del poema “Instrucciones para dar un beso”, de Julio Cortázar. En este espacio se han buscado detonadores para incentivar a los participantes a crear sus propias propuestas desde diversas actividades. Esta fue la primera ocasión en que los textos fueron sometidos a un proceso de revisión por parte de los propios integrantes del taller, eso convirtió a esta experiencia lectora en un acontecimiento que potencia su propia percepción como creadores.

Instrucciones para habitar un poema
Ceci Morales

El poema solo se anima
al contacto de un lector o de un oyente
.
Octavio Paz

De raíz grecolatina, la palabra “poema” puede sugerir enamoramiento, ensoñación, o simplemente rima. Si bien todo esto es tocado por la poesía, leerla no es como llevarse un trago al cuerpo e incitar un suspiro. Un poema tiene forma de voluta de amor universal compuesta de abecedarios sutiles, ingrávidos. Volutas que contienen el quinto elemento.

Cómo leerlo:
i) Respire lento y profundo.
ii) Esboce una vocal de su nombre
y cántela evocando el objeto de su
devoción.
iii) Cierre los ojos y eleve la mirada
hacia su ajna (tercer ojo).
iv) Una sus manos en atmanjali mudra, y una vez establecida la conexión con su yo:
v) acaricie su texto con la mirada,
vi) inhale y suelte con la primera
palabra escrita, así la energía se expande en el universo.
Habite el poema,
habite el poema,
habite el poema.
Entrará en el supremo estado poético.

Al terminar, vuelva al aquí y al ahora con sumo cuidado, su final ha de ser sutil y poderoso.

Recuerde: Un poema no se traga, se disfruta, pues cada palabra que salga de su boca es sagrada.

Importante: No es necesario contar con audiencia.

Instrucciones para ver pasar la nubes
Kenia Velasco

Salga a un espacio abierto. Un lujo sería estar en el campo. Despójese de cualquier artefacto que obstruya su campo visual. Entorne los ojos y parpadee las veces necesarias, adaptándose a la luz. Una brillante mañana en los meses de lluvia o un atardecer del invierno oaxaqueño requieren ajustes diferentes. No desprecie las noches nubladas de luna llena, esta nos revela misteriosos caminantes. Dirija la mirada hacia arriba, valore la azulidad y fije su atención en un fragmento de cielo. Deje que la velocidad del viento, y de la tierra misma, den cuerda a la función. Sienta los contrastes de color y de texturas. Sucumba a la tentación clasificatoria: cirros, cúmulos, estratos o nimbos; bonitos términos como para evitar hacerlo. Ríndase a la lúdica trivialidad de buscar rostros y formas conocidas. Saboree las algodonosas formaciones, estelas casi transparentes o aborregadas, hileras que parecieran marchar a toda prisa allá arriba. Pregúntese el por qué de la urgencia con que se desvanecen y hacia dónde se dirigen, ¿a dónde van? Agradezca la fortuna de abandonarse a tan provechosa desocupación.


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