Habitar y jugar desde el patrimonio natural del MIO

de Aves.
Cada día, el Museo Infantil de Oaxaca se llena de diversos y variados sonidos. Entre los árboles, los vagones y las antiguas estructuras del ferrocarril, las aves comienzan a aparecer poco a poco, llenando el entorno de movimiento, cantos y pequeños destellos de color. Aunque la estación guarda una profunda historia ferroviaria, también se ha convertido en un refugio para distintas especies que encuentran alimento, sombra y descanso. También es un punto de encuentro donde niñas y niños de Oaxaca corren, juegan y descubren.
El taller “Aves del ahuelito” nos permitió observar los pájaros de la estación en compañía del equipo de Tierra de Aves. Durante una hora, el MIO se transformó en un espacio de observación y descubrimiento.
Desde el inicio, los participantes se involucraron activamente, colocando sobre sus hombros capas hechas con plumas de tela que los invitaban a imaginarse como parte del mundo de las aves. Por medio del juego, comenzaron a reconocer distintas especies y sus características de manera cercana y divertida.
Después llegó el juego de lotería y, con él, el murmullo entre las mesas se escuchaba cada vez que pasaba una carta: “Ya casi lleno mi tabla”, “a mí me falta uno”, “¿el de cabeza gris?”, “¡ah, ya lo encontré!”, “¡lotería!”.
Las risas y la emoción acompañaban cada descubrimiento, dando lugar a momentos de atención y curiosidad.
Lo que normalmente parecía un simple árbol o un sonido lejano comenzó a cobrar sentido por medio de la observación. Las miradas se levantaron hacia las copas, los oídos intentaban seguir los cantos y la emoción de los niños aparecía cada vez que alguna ave cruzaba rápidamente el cielo o se detenía entre las ramas. Poco a poco, comenzaron a identificar detalles como sus patas, las formas en que se desplazaban y los sonidos que emitían. Asimismo, reconocieron la importancia de acercarse con calma, avanzando despacio para no espantarlas y poder observarlas más de cerca a través de los binoculares.
Gran parte de esa vida encuentra refugio en el árbol más importante de la estación: el antiguo Ahuehuete que, con 1572 años de antigüedad, permanece como uno de los grandes guardianes del lugar, pues mucho antes de la llegada del ferrocarril ya extendía sus raíces sobre esta tierra. En él habitan diferentes especies que encuentran resguardo entre sus ramas, desde aves que descansan o anidan hasta pequeños organismos que forman parte de este ecosistema.
A unos cuantos metros lo acompaña el Higo del Valle, cuya sombra recibe diariamente a quienes visitan la estación. Bajo sus ramas descansan familias, trabajadores, estudiantes y visitantes que encuentran un momento de calma en medio del día. Un lugar donde la vida social y cultural también se hace presente: en diversas ocasiones su sombra ha sido escenario de conciertos y presentaciones musicales que reúnen a la comunidad, transformando el entorno en un punto de convivencia, escucha y disfrute. Mientras la música fluye entre sus ramas, el Higo del Valle no solo ofrece resguardo, sino también experiencias compartidas.
De esta manera, la antigua estación del ferrocarril se convierte en un sitio activo de aprendizaje y convivencia, donde las niñas y los niños pueden acercarse a la naturaleza de forma significativa. Mediante talleres, como “Aves del ahuelito”, se fomenta la observación, la curiosidad y el reconocimiento del entorno, fortaleciendo el vínculo entre las infancias y el patrimonio natural y cultural que convive en este lugar.