Boletín FAHHO Digital No. 59 (Feb 2026)

Imaginación enraizada

Amellaly Buendía
Dibujo elaborado por Constanza, niña de 7 años originaria de San Agustín de las Juntas, Oaxaca.

La ciencia ficción (…) es lo que la gente realmente hace y siente, cómo se relaciona la gente con todo lo demás en este apilamiento, este vientre del universo, este útero de cosas por venir y tumba de cosas que fueron, este relato sin fin.
Ursula K. Le Guin.

¿Qué sentido tiene hablar sobre ficción, fantasía, utopía, distopía, etcétera, con las infancias, o, mejor dicho, construir colectivamente imaginarios posibles con las infancias en medio de los presentes distópicos en los que vivimos?

La fantasía, la ciencia ficción y muchos universos creativos se han usado mayormente para inspirar futuros tecnológicos, sociedades alternativas, “nuevos mundos” y viajes a otros planetas. Estos relatos influyen en la creación de artefactos y sistemas tecnológicos que hoy circulan globalmente, los cuales hablan un lenguaje que no es compatible con el lenguaje de muchos pueblos humanos ni de otras especies, menos aún con el de la tierra. En este sentido, tampoco existe afinidad con la forma en que diversos seres habitan las diferentes etapas de su crecimiento, incluyendo las primeras etapas de los humanos.

En la niñez, más que en otras edades, hay un lugar que frecuentamos: la imaginación y, en consecuencia, los terrenos de la creatividad; es ahí donde la realidad tiene más posibilidades de mezclarse con los territorios oníricos y con las varias posibilidades “futuras”. Es en este lugar fértil en donde nos urge, en tanto educadores, trabajadores de la cultura y como personas, encontrarnos y escucharles (con todo lo que ello requiere), porque es posible que encontremos múltiples ideas, configuraciones ingeniosas y fecundas ante el presente. Tales como el acto de construir más que el de destruir, la escucha más que la palabra arrebatada y la duda más que la certeza.

Este vínculo entre imaginación y realidad es estrecho: podemos decir que después de la imaginación está el hacer o que luego de la imaginación están las ideas, los sueños, las corazonadas y enseguida el hacer. Y cuando el hacer se convierte en práctica, estamos más cerca de provocar caminos distintos a los que nos han impuesto y hecho creer que son los únicos.

Otro elemento importante es la raíz o la tierra donde nacemos, crecemos, vivimos; de tal mezcla resultan los imaginarios enraizados, que contienen los conocimientos de los pueblos y la relación con el territorio. Por ejemplo, los pueblos campesinos, ceramistas, pesqueros, textileros y migrantes nutren su creatividad, sus sueños y, por tanto, sus prácticas en identidad con su territorio.

Así, los imaginarios colectivos enraizados y los espacios de creatividad no le pertenecen solo a unas cuantas personas, ni representan escenarios hipotéticos, sino que se manifiestan ante realidades que hoy y hace mucho tiempo no nos sirven ni nos hacen sentido. Frente a ellas tenemos las nuestras: las que tienen raíces que hay que buscar con las manos en la tierra y de cuclillas o sentadas en compañía de las infancias.


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