LABOR-ES: Un arte difícil y estimable

“LABOR-ES: Un arte difícil y estimable” —que se presenta en el Museo Textil de Oaxaca hasta el 12 de abril próximo— es el título de una muestra compuesta por una selección de 25 piezas de la colección del Museo del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, en Ciudad de México. Diferentes materiales y técnicas muestran el talento de las alumnas del colegio, quienes confeccionaron estos trabajos textiles entre los siglos XVIII y XIX.
El Colegio se fundó en 1732 como una institución para mujeres, donde la enseñanza de las labores fue parte importante de su formación. La colección de textiles consta de 1650 obras, de las cuales la mayoría fue elaborada por las colegialas de esta institución. En la sala de labor, bajo la dirección de excelentes profesoras, se confeccionaron piezas de indumentaria religiosa que fueron usadas en la Catedral Metropolitana e incluso se exportaron a España, así como vestimenta para santos y objetos de uso litúrgico. El reglamento que seguían con rigor dio lugar a la formación de destacadas alumnas.
A finales del siglo XIX se enviaron sobresalientes manufacturas a exposiciones internacionales, como la de Filadelfia en 1876, la de Chicago en 1893 y las de París, donde obtuvieron premios.
Aunque podemos conocer la autoría de algunas de estas creaciones, se desconoce la de la mayoría; por esta razón, el hecho de organizar una exposición es una forma de rendir homenaje a tantas manos anónimas que participaron en la creación de obras sobresalientes. La colección está formada por ejemplares que provienen de la Capilla de Aránzazu del Colegio de Nuestra Señora de la Caridad y San Miguel de Belén. Esta institución cerró a raíz de las Leyes de Reforma, de modo que alumnas, colecciones y documentos se trasladaron al Colegio de Vizcaínas en 1862. Por tal motivo, en el Archivo Histórico de Vizcaínas se conservan documentos que hacen referencia a varios temas relacionados con los textiles, tal es el caso de un inventario de la indumentaria religiosa de la Capilla de Aránzazu, datado en 1820, con la lista de los diferentes colores que se usaban en la liturgia. Cabe destacar la importancia de los documentos del Archivo Histórico, pues en ellos encontramos valiosa información que amplía el conocimiento del rico acervo textil.
El Colegio tuvo un primer museo entre 1938 y 1944, donde se exhibieron algunas pinturas, esculturas y muebles; gracias a los informes, se sabe que también se expusieron algunos textiles. Fue hasta 1996 cuando se acondicionaron diez salas para poder exhibir la colección del Colegio. De las 1650 piezas textiles, solo se muestra un número mínimo. En la actualidad —en vísperas de su 30 aniversario— es prioridad crear una sala específicamente para exhibir una selección de textiles que puedan apreciar los visitantes del Museo Vizcaínas.
La colaboración con otras instituciones es fundamental para posicionar la colección en otros ámbitos. Un ejemplo claro es el Museo Textil de Oaxaca, donde un público cautivo y especializado en textiles visita con regularidad las exposiciones temporales y, al mismo tiempo, recibe un gran número de visitantes locales, nacionales y extranjeros, quienes podrán descubrir y apreciar el gran talento de las manos de las colegialas que habitaron el Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, en la Ciudad de México.