Boletín FAHHO Digital No. 58 (Ene 2026)

“Mauricio Cervantes. Geografías líquidas”

Héctor Palhares
Arrecife óxido y verde, Colección Humedales, 2025. Estructura metálica enjarrada con tierra cruda y fibras de maguey con relieves en placa de fierro

Yo soy el río que canta
al mediodía y a los
hombres,
que canta ante sus
tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.
Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas
quebradas,
por los ignotos pueblos
olvidados,
por las ciudades
atestadas de público
en las vitrinas […].

Javier Heraud, El río, 1960

Mauricio Cervantes (Ciudad de México, 1965) es egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Con una amplia trayectoria de más de tres décadas, mediante el empleo de mosaico, óleo, acrílico, cera de abeja, fierro, cemento, tierra, fibras naturales, entre otros, su trabajo cuasi alquímico convoca a los materiales primigenios.

Con numerosas exposiciones individuales y colectivas en México y el extranjero, y desde su actual bastión en San Agustín Etla, Oaxaca, la obra de Cervantes continúa sesgada por inquietudes, experimentación y propuesta.

Esta primera antología en el Centro Cultural San Pablo, de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, explora el rol de la materia en perdurables líneas sinuosas, cual ríos texturizados de oro y encáustica, que acuden a cartografías de la memoria.

En las series Geografías líquidas y Tatuajes de agua, el artista —acaso como evocaciones de un paisaje interior— despliega contrastes cromáticos de morados, magentas, ocres y verdes. De acuerdo con Laura Pomeranz: “Es en este marco de bidimensionalidad pictórica donde los ámbitos humano cósmicos se bifurcan/ amplían o bien emiten sus redes, entremezclándose —conjugándose—, fusionándose con un referente de libertades gestuales”.1

El abrazo naturalista se insinúa, igualmente, en los ríos, bosques e islas de fertilidad, donde “la vuelta al origen” dialoga sin dogmatismos con el entorno. Frente a las premisas de Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida, en las piezas de Mauricio Cervantes sabemos que lo fundamental habrá de permanecer de modo inexorable.

Hiawatha 2, Colección Tatuajes de agua, 2025.
Acrílico, encáustica y óleo sobre tela sobre madera

Piezas nodales de la colección La tierra es cruda… y sin embargo se mueve habitan los espacios de San Pablo: estructuras metálicas, tierra cruda, placas de cemento y fibras de maguey. El espectador se (re)conoce en ese tránsito del espacio rural al urbano, como precondición trágica de la contemporaneidad. Sin embargo, sus “proas como obelisco”, señeras de materialidad y textura, nos dan coordenada para encontrar el camino de vuelta; al tiempo que los botes lecheros, como escenarios borgianos, se bifurcan en senderos de maíz, colmenas y jardines.

Con sugerente mirada, sus arrecifes y humedales emergen en placas de fierro en la metamorfosis a la que alude Jorge Pech: “[…] cumple un proceso en donde la transformación de la materia lo conduce a transformarse a sí mismo”.2

Al final, en una suerte de eterno retorno nietzschiano, el espectador se encuentra con “Mitra”, pieza de la serie Memoria de un hermenauta (2009), donde el viaje no es sino el comienzo, la palabra, la imagen, el balbuceo de la historia de la cultura. Los primeros pasos, contundentes, hacia nuestra geografía esencial.

1 Mauricio Cervantes, Embarcaciones/Corriente/Detectores (Oaxaca: Punta Cometa, 2013), 21.

2 Mauricio Cervantes, Abluciones y bañistas (Oaxaca: Punta Cometa, 2006), 11.


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