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LOS NUEVOS INMORTALES

El Salón de la Fama del Beisbol Mexicano vivió su primera Ceremonia de Entronización, con el ingreso de Fernando Valenzuela, Daniel Fernández, Ricardo Sáenz y Cuauhtémoc Rodríguez Meza.

Agustín Castillo

Nueve meses después de su gran inauguración, el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano vivió su primera Ceremonia de Entronización, con el ingreso de Fernando Valenzuela, Daniel Fernández, Ricardo Sáenz y Cuauhtémoc Rodríguez Meza.

Fueron cinco años de espera para la generación 2019, que pasará a la historia por la categoría de sus integrantes, todos ellos mexicanos, y por ser la que estrena el bello recinto del Parque Fundidora. Para Fernando Valenzuela, su investidura no es más que un acto de justicia, toda vez que en Cooperstown se le cerraron las puertas hace unos años, a pesar de lo que significó su presencia en Ligas Mayores en uno de los momentos más críticos del mejor beisbol del mundo en los últimos cincuenta años. En nuestro país no pasaron desapercibidos todos sus logros en una carrera tan exitosa como longeva. Ningún otro jugador ha sido capaz de paralizar a México, como lo hizo el lanzador sonorense cuando lanzaba para los Dodgers.

El caso de Daniel Fernández es sumamente peculiar, es el clásico ejemplo para ilustrar que la estatura no es un impedimento para que un jugador se pueda catalogar como uno de los más completos que los aficionados mexicanos hayan visto en todos los tiempos, tan espectacular como explosivo.

Plenamente identificado con los Diablos Rojos del México, Daniel cubrió el jardín central durante décadas, siempre con una consistencia tan impactante como el día de su debut como mánager escarlata: jugó, se robó la segunda base y anotó su carrera 1837, la que estableció la marca a vencer en la Liga Mexicana.

Ricardo Sáenz también fue un jugador de trayectoria larga y destacada en verano e invierno. El poder fue su característica primordial, como lo ilustran los cuatro cuadrangulares que disparó en un mismo encuentro con Monclova, algo que solamente han conseguido cuatro bateadores en la historia. “El Siete Leguas” fue callado, pero efectivo. Vale la pena revelar que alcanzó la inmortalidad, a pesar de que las lesiones lo alejaron de los diamantes casi un veinte por ciento de los juegos que sostuvieron sus equipos.

Como directivo, Cuauhtémoc Rodríguez logró armar equipos realmente poderosos, primero con los Tecolotes de los Dos Laredos y después con
los Tigres, en sus versiones de México, Puebla y Quintana Roo. Su buena relación con las Grandes Ligas fue determinante para que la Selección Nacional pudiera contar con los mejores jugadores del momento en las primeras dos ediciones del Clásico Mundial de Beisbol.

Muchas felicidades a los cuatro nuevos inmortales del beisbol mexicano, una generación que reúne perfectamente los valores del nuevo recinto.

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