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TEATRO PARA LA PRIMERA INFANCIA

El teatro para bebés ha logrado replantear formas distintas de ver la escena, entender que el encuentro se puede generar fuera de las convenciones tradicionales de pensar el teatro únicamente como contar una historia o representar un personaje.

Susana Romo

El teatro para primeros años tiene muy poco de haber iniciado su camino en México, surge de la lucha por la inclusión de la primera infancia en actividades artísticas y culturales. Hasta ahora son muy pocas compañías a lo largo de nuestro territorio preocupadas por generar espectáculos que atiendan de manera específica las necesidades e intereses de niños y niñas de 0 a 6 años y sus familias. Creadores e investigadores de la escena mexicana se siguen preguntando por qué en México tardamos tanto en generar espacios de teatro para bebés, si está comprobado que lo que sucede en la vida de un ser humano –sobre todo de 0 a 36 meses– es fundamental, y trasciende a lo largo de la vida de una persona. Además, sabemos que en Sudamérica o Europa este teatro se realiza desde hace más de treinta años con gran rigor y calidad. La respuesta tiene que ver con la concepción que tenemos en México de lo que es un bebé o un niño en sus primeros años, al cual no le reconocemos sus derechos y capacidades de contemplar y emocionarse, y terminamos por excluirlos de cualquier experiencia estética. Nos resistimos a reconocerlo como un ser humano completo y complejo, no sólo receptor de mensajes, sino generador de significados.

El teatro para bebés ha logrado replantear formas distintas de ver la escena, entender que el encuentro se puede generar fuera de las convenciones tradicionales de pensar el teatro únicamente como contar una historia o representar un personaje. En realidad, lo que hacemos es jugar, jugar y encontrarnos, tejer momentos de contemplación y participación en donde el goce es el ingrediente principal de los procesos creativos. Provocamos espacios de vínculos profundos entre todos los partícipes de una experiencia de comunidad espontánea.

Trabajar para bebés nos permite regresar la mirada a lo importante, volver al encuentro esencial en donde se pondera más la escucha que el decir. Nos conectamos con el aquí y el ahora. Vivir de manera respetuosa y amorosa el encuentro significativo con un bebé y su familia, nos permite ejercitar los espacios de socialización y vivir procesos de empatía, colaboración, reconocimiento del Otro, y realizar el juego conjunto.

La inclusión de los niños en sus primeros años en actividades culturales y
artísticas debe ser normalizada en espacios públicos y privados, cerrados y al aire libre. Para que eso suceda, el presupuesto dedicado a esta área debe aumentarse, pero, sobre todo, debe haber una capacitación de los creadores, talleristas y monitores que lleven a cabo este tipo de actividades en un marco de inclusión y lucha por la dignidad de los bebés y sus familias.

El teatro para bebés es como un árbol oaxaqueño, así crece en nuestro país, lento, pero firme, fuerte y dando una gran sombra, tocando la tierra y mirando al cielo.

Es claro que, aunque seguimos siendo pocas compañías que atienden a este público específico, el movimiento de cultura para primera infancia ha crecido y se ve como una urgencia nacional desde muchos ámbitos del gobierno y la sociedad civil. Es indudable que Oaxaca ocupa uno de los primeros lugares en generar espacios culturales para la primera infancia en México, y con ello se han provocado espacios de reflexión, capacitación y difusión de actividades artísticas dedicadas a los más pequeños. Es bellísimo reconocer el trabajo de respeto y calidad con el que, desde hace muchos años, se generan talleres y distintas actividades de mediación de lectura para bebés y sus familias en Oaxaca, son un ejemplo a nivel nacional en muchos sentidos y en muchos ámbitos.

Cuando uno camina las calles de Oaxaca puede tocar, sentir y observar árboles muy grandes que tienen las raíces bien arraigadas, para verlos hay que mirar al cielo y la tierra. El teatro para bebés es como un árbol oaxaqueño, así crece en nuestro país, lento, pero firme, fuerte y dando una gran sombra, tocando la tierra y mirando al cielo. Seguramente tendremos momentos de pausa, momentos de revisar cómo estamos haciendo las cosas, pero el tejido que poco a poco se realiza entre instituciones, espacios independientes, creadores y familias nos permitirá evolucionar y reconocer el derecho de niñas y niños en primeros años a participar en actividades realizadas específicamente para ellos en todo el país. Que así sea.

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