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ALLÁ, EN SAN MATEO, UNA VEZ UNA MUJER:

Emiliano Aréstegui

Para las maestras: Mercedes, Edith, Zoraida, Nubia, Roselia, Griselda, Lupe, Wendolyn, Luz, Flavia, Tomasa, Brenda y Alina.

San Mateo del Mar es un lugar en el que la magia pervive. Antes de llegar nos topamos con un descampado en el que, además de breves y ligeras sábanas de sal, se encuentran un par de furgones derrengados que bien pueden confundirse con los guardianes del lugar, dos viejos camiones de volteo de un blanco jaspeado por la herrumbre, el polvo y el olvido.

Estamos en San Mateo. El viento aligera la pesadez de un sol pleno antes del mediodía. El aire se pinta de colores con el andar de las mujeres. Las faldas vuelan luciendo sus morados, naranjas, verdes y azules, mismos que hace sesenta años sorprendieron a Lourete Sejourné y que hoy siguen presentes. Ella hizo catorce horas en una carreta jalada por bueyes, ahora se hacen poco más de cuarenta minutos.

Ya en pláticas y lecturas había veni- do a San Mateo, ya me había bañado pues en sus lagunas. Un amigo se vino a vivir para darle vida a Nosotros el viento, una novela polifónica que se nutre de la filosofía ikoot; y en enero de este año me encontré Supervivencias de un mundo mágico, libro en el que Lourete Sejourné busca los recaudos de la magia y la filosofía de algunos pueblos de Oaxaca. El último ensayo, el más extenso, está dedicado a San Mateo del Mar. El primero tampoco tiene desperdicio, en él se retrata lo que pasaba en Juquila una vez llegada la procesión.

Estamos en una extensión del preescolar: una maestra, un baño portátil, siete sillas, una mesa, siete niños y una sombra (no es adivinanza), son el preescolar que aparece y desaparece en los brazos de la persona encargada de montarlo y desmontarlo. Aquí cantamos, leemos, compartimos libros de cartoné y moldeamos plastilina. Luego de trabajar con los pequeños, nos vamos a la primaria.

Hay algo en los ojos ikoots que los presume inteligentes. Edgar Olmedo (compañero de ruta, maestro y amigo) sugiere que se debe a la alta ingesta de Omega 3 de un pueblo en el que los más dependen del mar y sus lagunas. Supongo lo mismo, mas sospecho otras razones un poco menos intestinales…

En los salones de palma y piso de arena devoran historias los niños tragacuentos. Nosotros leemos y ellos escuchan. Ahí surge y hace de las suyas Malvado conejito, se subleva El pequeño Cuchi Cuchi, espuma rabiaLa peor señora del mundo, y Yoavi, protagonista de Romper el cerdito, libera a Pesajson en un campo de ortigas. Bajo esa sombra: pájaros, ranas, aviones y conejos papirofléxicos se mezclan con las sonrisas. El asombro es- capa de los ojos niños, cargados todos de un negror espléndido.

Roselia es la directora del colegio de bachilleres, una mujer práctica e inteligente. Abundan en el Istmo, pero en San Mateo son más que evi- dentes. Aquí no hay ceibas, pochotes ni huanacaxtles, quizá por eso las mujeres de San Mateo adquieren esas dimensiones. Es digno de admirar su feminismo pleno y natural. Ese liderazgo suyo que fluye como el agua que fluye.

En el BAI leo fragmentos del ensayo sobre San Mateo. Nada en específico, quiero que ellos se busquen por su cuenta. Los invito a que dialoguen y se reconozcan, o no, en la mirada de la antropóloga. Aquí voy a dejar el libro, para los que quieran leerlo, les digo. Y sé que muchos lo leyeron; lo leí en sus semblantes. Sé también que además de leerlo, van a confrontarlo. Ésa es pues la intención más última de nuestro trabajo: que los chavos se cimbren con lo que leen, lo cuestionen, lo hagan propio.

El maestro Juan nos invita a leer en la radio comunitaria. Edgar eligeSopa de clavo, yo el primer capítulo de Recuerdos del porvenir: “Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo…”, escribe Elena Garro en voz de ese pueblo llamado Ixtepec. Y acá, en esta tierra de hombres tecuanes, bajo la sombra de mujeres ceibas, pochotas y huanacaxtles: Andamos leyendo, leyendo andamos y leyendo seguiremos.

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