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EL ISTMO DE TEHUANTEPEC TODAVÍA NOS NECESITA, Y MUCHO

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Dr. Puck

El sismo del pasado 7 de septiembre de 2017 afectó muchas poblaciones del Istmo de Tehuantepec, debido a su cercanía con la zona del epicentro. Decidí que compartir una lectura sería una buena manera de ayudar. Considero que toda pequeña contribución suma. La oportunidad se presentó al enterarme de que una de las bibliotecas móviles del Programa Leyendo Ando, Ando Leyendo de la FAHHO estaba visitando esa región desde noviembre.

A poco más de tres meses del sismo, el jueves 14 de diciembre de 2017, camino a San Mateo del Mar, bastó un rodeo para darme cuenta de la magnitud del desastre que causó el sismo: casas completamente destruidas, otras seriamente dañadas, montones de escombro y varillas retorcidas, montones de material de construcción que se está usando para la reconstrucción.

En San Mateo del Mar (pueblo huave o mareño), Jalapa del Marqués y el barrio de Santa Cruz instalamos la biblioteca móvil y compartimos algo de lo visto en el taller Leyendo y Jugando Ciencia –un proyecto del Programa Seguimos Leyendo– con algunos niños y varios grupos de secundaria y bachillerato. Aunque se dice fácil “instalar la biblioteca”, requiere un esfuerzo considerable bajar de la camioneta los libros, exhibirlos en un librero, colocar tapetes para que los niños se sienten o se acuesten a leer, bajar mesas, sillas y si se requiere, bajar el material que se usará en las actividades manuales, y colocar una lona que anuncia que allí está la biblioteca.

Al final del día los promotores de lectura regresan todo para tomar camino hacia la comunidad siguiente. Una vez in talada la biblioteca, ellos leen en voz alta algunos textos, dirigen actividades manuales y juegos, y hasta proyectan películas. En este viaje tuve oportunidad de conocer a Elvis, un niño pequeño que se acercó muy emocionado a mostrarme el pingüino que había hecho con plastilina, cuyo rostro, por momentos, se entristecía al recordar que su papá ya murió.

Al final de esta aventura con la lectura volví agripado, cansado y… agradecido. Agradecido con Edgar y Jonathan por permitir que me uniera a ellos en esas pocas horas; compartir con ellos unos cuantos kilómetros de viaje, compartir asientos, cama, baño, alimentos, y el gusto por la lectura con otras personas. Agradecido también con la vida por tener suficiente energía y ánimo para hacer esto. En el Istmo de Tehuantepec hay mucho por hacer y rehacer, tanto física como emocionalmente, cualquier ayuda de buena fe es bienvenida. Espero volver pronto. Si te animas, avísame, en un descuido podemos ir juntos.

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