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LA UNESCO RECONOCE LA COLECCIÓN FRAY FRANCISCO DE BURGOA EN EL REGISTRO MEMORIA DEL MUNDO

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María Isabel Grañén Porrúa

El Comité Nacional de México Me- moria del Mundo decidió incluir la colección Fray Francisco de Burgoa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, exconvento de Santo Domingo en el Registro Memoria del Mundo de México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

El registro de este patrimonio bibliográfico y documental refleja su valor excepcional y reitera el compromiso de protegerlo para beneficio de la humanidad, difundirlo y asegurar su acceso a toda persona interesada.

Desde 1993, la UABJO, la sociedad civil y diversas instancias han unido esfuerzos para organizar, restaurar y conservar este legado de Oaxaca, uno de los más importantes de México. Los oaxaqueños y los mexicanos debemos sentirnos orgullosos de lograr esta distinción y sumarnos a su preservación.

La Biblioteca Fray Francisco de Burgoa custodia una de las coleccio- nes más completas de las bibliotecas novohispanas, aquellas que pertenecieron a los conventos oaxaqueños: carmelitas, jesuitas, agustinos, franciscanos, betlemitas y dominicos.

Un milagro hizo que los libros lle- garan al siglo XXI, se libraran de los terremotos, los incendios y el pillaje. A lo largo de tantos siglos, estos libros fueron un bálsamo para muchos hom- bres de Oaxaca que tuvieron acceso a una literatura humanística y científica que en nada tenían que envidiar a los radicados en su época en Europa.

Entre las obras de la colección con- ventual destacan 13 incunables y un magnífico fondo de libros impresos en el Nuevo Mundo, un manuscrito de fray Bartolomé de las Casas sobre el modo de atraer a los indios a la nueva fe y otro de fray Juan Caballero con ilustraciones de la flora oaxaque- ña. Además, el acervo cuenta con un gran número de libros raros y ejem- plares únicos de los que no hay más ejemplares en el mundo.

Los nuevos aires del siglo XIX trajeron a Oaxaca la ilustración y, con ella, en 1826 se fundó la Biblioteca Pública del Estado de Oaxaca, la segunda establecida en México. Al año siguiente, en 1827 el Instituto de Ciencias y Artes del Estado abrió sus puertas y con este una selecta biblioteca. En 1859, con la ley de nacionalización de los bienes del clero, las bibliotecas de los conventos religiosos pasaron a formar parte de la Biblioteca Pública del Estado.

A lo largo de los años, estos acervos se conjuntaron en una sola biblioteca que pasó a ser parte de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y sus acervos se enriquecieron con di- versas colecciones, como el fondo bibliográfico y hemerográfico de Manuel Brioso y Candiani. Cabe destacar que, entre los ilustres personajes oaxaqueños del siglo XIX, la Biblioteca Burgoa cuenta con tres colecciones de bibliotecas particulares que pertenecieron a Matías Romero, al médico juchiteco Aurelio Valdivieso y parte de la biblioteca de Benito Juárez García, junto con el archivo del periodo de gobierno de su hijo Benito Juárez Maza.

A pesar de que la Biblioteca Pública y la del Instituto estaban ubicadas en bellos edificios, después de varios años y disturbios políticos, los libros quedaron arrumbados, revueltos y en cajas. Las autoridades universitarias construyeron un edificio en Ciudad Universitaria para instalar el fondo bibliográfico, pero el local no era el adecuado: cuando llovía, el agua corría al interior y cuando caían tormentas, la lluvia se filtraba por las paredes y no había ningún tipo de seguridad.

Fue en 1993 que, gracias al interés de la UABJO y a la iniciativa de Francisco Toledo, comenzó el proyecto de inventario, clasificación y conservación del acervo de la Biblioteca. Gracias a la asesoría de la Dra. Stella María González Cicero, entonces directora de la Biblioteca del INAH, se fumigó el espacio, y un equipo de personas levantó los libros del piso, los sacó de las cajas y logró un inventario de más de 24000 títulos, que con el tiempo se fueron incrementando gracias a diversas adquisiciones y donaciones.

Debido a la importancia del acervo recién organizado, el INAH ofreció la nave del ala norte del exconvento de Santo Domingo de Oaxaca para instalar la biblioteca. Fomento Social Banamex financió la restauración de la nave y la estantería de cedro rojo. También se instaló un taller de restauración que da servicio a otros archivos y bibliotecas del estado.

Una vez concluido el trabajo, se prosiguió con el traslado de los miles de libros y, a partir del mes de mayo de 1996, la biblioteca abrió sus puertas en su magnífico hogar. Por fin, este fondo bibliográfico, al que se le llamó Fray Francisco de Burgoa en honor a uno de los primeros cronistas de Oaxaca, llegó al lugar que merece.

La FAHHO y ADABI de México han participado en la organización y funcionamiento de la Biblioteca Burgoa con diversos proyectos.

Después de 25 años de trabajo re- cibimos con agrado la noticia de que la UNESCO reconoce esta colección como Memoria del Mundo México. Celebramos este nombramiento con el compromiso de seguir trabajando por el rescate de los libros y los archivos de México.

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