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LA LENGUA QUE NOS MUEVE Y NOS HACE SENTIR EMOCIONES

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Zaira Alhelí Hipólito

“No estaba segura de ser intérprete, pero en uno de los cursos uno de los profesores dijo: ‘Todos hablamos diferentes lenguas, podemos ser bilingües o trilingües pero siempre hay una lengua con la que nos sentimos identificados, con la que platicamos y convivimos, ésa que nos mueve y nos hace sentir emociones’. Fue en ese momento que no tuve más dudas y me decidí a ser intérprete”.

Así comienza la trayectoria como intérprete de Gabi León*, de 23 años de edad, originaria de Yucunicoco y recién egresada de la Facultad de Derecho de la UABJO. Desde hace más de dos años realiza servicios de traducción e interpretación en juzgados de distrito y fue una de las participantes en el curso Inducción para Interpretes que prestan servicios de traducción e interpretación en los tribunales de California, en Estados Unidos.

No obstante, la labor de Gabi como intérprete comenzó mucho antes de profesionalizarse en la materia. Realizó pláticas y talleres bilingües mixteco- español en materia de prevención y promoción de la salud con mujeres de su comunidad. Al respecto, comenta: “Es mejor hablarles en la lengua, porque te entiendes mejor con ellas, pues que alguien más hable tu lengua y puedas expresarte es algo que te da seguridad para explicar lo que te ha sucedido”. De esta manera, la presencia de un intérprete en cualquier ámbito del servicio público mejora la comunicación, la comprensión y el intercambio cultural.

Un intérprete, además de ser un vehículo para que una secretaria o un juez se puedan entender con un imputado, también permite garantizar el ejercicio de un derecho humano, “el de hablar la lengua en la que nos sintamos identificados y la Ley General de Derechos Lingüísticos señala el derecho de las personas indígenas a hablar su lengua y que ésta pueda expresarse en el ámbito público, privado y donde se encuentre, y que es responsabilidad del Estado garantizar ese derecho que tenemos como indígenas”.

Como intérprete en el ámbito judicial, Gabi se formó y capacitó a través de los cursos del Centro Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción A. C. y con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, espacios que le permitieron adquirir las técnicas y estrategias de traducción necesarias para su tarea en los juzgados. “Te tiene que quedar muy clara la pregunta, para que cuando hagas el traslado de una lengua a otra no se pierda información valiosa, pues hablamos del transmitir información de una lengua a otra muy distinta y en contextos diferentes”. De las técnicas que emplea, la más recurrente es la paráfrasis, puesto que hay muchos términos jurídicos “que no existen en las lenguas y requieres de esta técnica para explicar por ejemplo: ¿Qué es un defensor?”.

En México los requerimientos de intérpretes son aún escasos, mientras que en California esta función cuenta con una remuneración fija, las cortes estadounidenses comienzan a ser conscientes de que “no por ser mexicanos hablamos español, y por ello se desarrolló este curso dirigido a interpretes de lenguas indígenas en cortes de California. Lo mismo debería suceder en Oaxaca, por toda su diversidad lingüística”. No obstante, comenta que Oaxaca es un estado “pionero en la implementación de un sistema que involucre a intérpretes en el ámbito judicial con la plataforma Ndiya. Ahora es más sencillo porque en el mapa se puede localizar cuántos interpretes hay, si son acreditados, certificados y prácticos, a qué institución pertenecen y cómo pueden contratarlos, facilita el trabajo porque los tribunales no saben dónde localizar y contratar interpretes”.

Contar con un intérprete hace una importante diferencia, pues según su experiencia “cuando no hay intérpretes, ha sucedido que personas que hablan el mínimo de español contestan ‘sí’, ‘no’, porque a las personas no nos gusta aparentar que no sabemos y contestamos que sí, cuando de hecho no entendemos, pero cuando somos asistidos por un intérprete las personas entienden las preguntas y pueden contestar con conocimiento, confianza y mayor claridad.

”Mi trabajo es importante. Como anécdota, recuerdo que me llamaron, querían que interpretara en una audiencia, me dijeron que tenían recursos y que me darían 400 pesos para hacer la interpretación, que si aceptaba. Honestamente, para trasladarme eran entre 200 y 300 pesos de pasaje, más alimentos, la verdad no alcanza. La CDI tiene un tabulador que estipula que son 15 salarios mínimos para el interprete más viáticos, alimentación y hospedaje si se requiere, por eso dije que no, pues para hacer que otros valoren el trabajo, depende de nosotros exigir que se nos brinde un pago justo”.

“A las y los indígenas les diría que sigan hablando su lengua, que la transmitan, que es su derecho acceder a los servicios públicos en su lengua, que tienen derecho a un interprete, y si alguna persona indígena ha sido juzgada sin la presencia de un intérprete, puede pedir la reposición de ese procedimiento, porque hay violaciones en el debido proceso, y esto es una causal importante para reponerlo”. Mientras esto ocurre, en el CEPIADET A.C. y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova continuaremos trabajando en la promoción y el ejercicio de los derechos lingüísticos en el estado de Oaxaca. Si quieres saber más de la plataforma Ndiya visita: cepiadet.org/ndiya

*Gabriela León es hablante de mixteco del oeste alto, su inteligibilidad abarca su comunidad y diferentes rancherías, así como Coicoyán de las Flores, algunas comunidades de Villa Putla de Guerrero y una parte de las comunidades del estado de Guerrero.

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