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PREFIRIÓ CUIDAR EL VESTIDOR DE LOS DIABLOS ROJOS, QUE IR A LAS GRANDES LIGAS

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Agustín Castillo

Era 1965 cuando el joven Gabino García llegó a la Ciudad de México para trabajar junto a su abuelo en el ramo de la construcción. Su tierra natal, Michoacán, ya no ofrecía retos del tamaño de sus aspiraciones. El cambio de rumbo implicó abandonar uno de sus más grandes gustos, aunque no por mucho tiempo: el beisbol.

Entre uniformes de paño, zapatos, manoplas y largas filas de cajas llenas de instrumentos deportivos, el cuñado de don Gabino recibió la noticia de que ahora sería el encargado del mantenimiento del campo de juego del desaparecido Parque del Seguro Social. Antes de que la contratación se hiciera efectiva, los directivos de la pandilla escarlata solicitaron que el nuevo empleado tuviera como principal virtud la honradez. Estaban por encontrar en el purépecha a la persona ideal.

La responsabilidad de estar a cargo del vestidor de un equipo profesional es muy compleja, y Gabino García la transformó en una tarea de tiempo completo. Desde su primer día tomó la decisión de vivir ahí, mientras los Diablos Rojos se encontraran en la Ciudad de México, a partir de la pretemporada y hasta el último día de competencia.

Durante seis décadas ha acostumbrado a cada uno de los jugadores que han pasado por el equipo a un trato de auténticas estrellas. Novatos y consagrados han lucido uniformes y accesorios impecables desde que dan el primer paso rumbo al diamante. Durante las décadas de los años sesenta y setenta fueron recurrentes las visitas de equipos de las Grandes Ligas a nuestro país, como parte de su entrenamiento de primavera.

De esa manera fue que en Estados Unidos supieron que en México existía una persona capaz de hacer el trabajo que para ellos requiere a todo un batallón. Piratas, Indios y Padres se encuentran en la lista de equipos que ofrecieron a don Gabino la oportunidad de cruzar la frontera. Ninguno logró que cambiara a sus queridos Diablos.

Noches interminables de limpiar cada rincón del clubhouse, lavar uniformes, ordenar casilleros y supervisar que no hiciera falta una sola aspirina en la bodega tuvieron una pintoresca recompensa cuando un intérprete de los Dodgers lo buscó urgentemente durante su visita al Foro Sol. Jim Tracy solicitó su presencia en el despacho privado del mánager; con una amplia sonrisa y observando sus zapatos deportivos sobre el escritorio, pidió al traductor que felicitara a don Gabino por dejar sus tenis “más limpios y brillosos que cuando los compró”. Segundos después llegó otra oferta de trabajo que fue rechazada con mucha amabilidad.

Para dejar huella en cualquier profesión es indispensable marcar diferencia. Gabino García fue el creador del único método que permite que una pelota de beisbol pueda ser reutilizada mientras no se rompa. El proceso secreto permite que una esférica rinda hasta tres veces más que su ciclo normal, lo que se traduce en un gran ahorro para el equipo.

Afortunadamente, la intención de don Gabino es permanecer algunos años más con los Diablos Rojos del México. El tema del retiro no es de su agrado, sobre todo ahora, cuando advierte que con la llegada de la Liga Invernal su trabajo aumentó, pero también la satisfacción de servirle a una mayor cantidad de peloteros.

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