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CIERRE DEL DIPLOMADO EN HABILIDADES LECTORAS

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Rocío Ocadiz

Los seres humanos, en un gran porcentaje de nuestra existencia, estamos modelados por experiencias. Dependiendo de la calidad, profundidad, intensidad y periodicidad de dichas experiencias, nuestras vidas se van diferenciando unas de otras. A lo largo de la historia, han existido diversas personas que, habiendo crecido en situaciones extremas y/o insólitas, en muy disímiles contextos y épocas, han mostrado que las experiencias marcan nuestras vidas con una huella indeleble. Tal es el tristemente sonado caso de niños que han sobrevivido a situaciones de violencia extrema o encierro, o de los llamados niños ferales, que por diferentes motivos han sido “adoptados” por lobos, cabras o felinos…, y de cuya existencia se han contado las más diversas e inverosímiles anécdotas, algunas ciertas, otras con toda seguridad nada veraces.

En algún momento invité a alumnos de licenciatura a seguir una reflexión respecto a estos niños ferales. Comentábamos que, siendo poseedores de una genética humana, pero tras una convivencia con animales que les había llevado a adoptar un estilo de vida totalmente salvaje, en todos los casos hubo un momento en que se intentó incorporarlos a la sociedad. En principio estas iniciativas tuvieron un éxito relativo, los niños parecían aprender los patrones de la convivencia humana. Sin embargo, en cuanto estos niños se sentían amenazados, ansiosos o inseguros por alguna situación, volvían a movilizarse en cuatro apoyos y a aullar o emitir ruidos similares a los de los animales con los que habían crecido.

Tras esta relatoría, la primera pregunta que les planteé a los jóvenes fue: “¿Cuál era el código genético de los niños?”; todos sin dudar, respondieron: “humano”. Cuando les pregunté cómo se comportaban ante un evento inesperado, respondieron, sin dudar y casi al unísono, que su comportamiento era más bien “animal”. Y entonces, a la pregunta de si finalmente los niños eran humanos o lobos, humanos o perros… las respuestas ya no fueron tan uniformes, ni fáciles de emitir. Algunos alumnos se inclinaban por decir que eran humanos porque su código genético así lo establecía, y otros  se inclinaban por considerarlos más bien lobos o perros salvajes, puesto que así se comportaban.

Lo interesante de este hecho es la certidumbre de la “experiencia” en la primera infancia como factor definitorio en la vida de las personas. Nuestro código genético es humano, pero las experiencias que vivimos día a día, momento a momento, modelan nuestras vidas, nuestra imaginación, nuestras actitudes y modo de relacionarnos, y nos hacen más o menos humanos, dependiendo de cuán estimulados estemos a dar más de nosotros, a superar nuestras propias limitaciones y a desarrollar nuestras potencialidades.

De ahí viene parte de la importancia esencial de los estudios que hoy culminan.

Porque hoy, todos los alumnos que han concluido su diplomado adquieren una seria responsabilidad para consigo mismos, para con otros, y para el desarrollo mismo de la sociedad humana.  Porque el diploma que hoy tendrán en sus manos es sólo el signo de que ahora son ustedes responsables de invitar, guiar y acompañar a otros a una de las experiencias humanizantes más sublimes: la de leer.

Y digo humanizantes porque la actividad de leer conlleva en sí misma la detonación de crecimiento del potencial más esencialmente humano: porque leemos para conocer, leemos para imaginar, leemos para gozar. Leemos para recordar y leemos ¡para no olvidar! (que no necesariamente es lo mismo… “diferencia que también aprendimos leyendo”). Leemos para entender a los otros y aprender a respetarlos. Leemos para tener conciencia de ideologías y culturas que pudiendo parecer lejanas, ya no lo son tanto una vez que ya las he acercado a mí a través de la lectura. Y fi nalmente, leemos para llegar a conformarnos como los seres humanos que estamos llamados a ser… Leemos para conservar viva la esperanza en la humanidad.

Esta es la riqueza del viaje que han recorrido juntos y que hoy culmina una primera etapa esencial con la entrega de este documento. Y hablo de una primera etapa, porque ahora continúa otra etapa más: la de poner al servicio de otros este conocimiento, esta experiencia que han tenido oportunidad de vivir, este aprendizaje que sólo será realmente significativo en sus vidas en el momento en que sea compartido con otros.

Estimados alumnos del Diplomado Promoción y Estrategias Lectoras, y Primera Infancia e inclusión: que estos estudios que hoy culminan permitan a ustedes llevar de la mano a todas las personas que están esperándolos para encontrar un medio para ser más humanos; que las estrategias aprendidas logren que otros puedan comprender del todo, y en su máxima expresión, que la vida es ese desafío que no culmina con vivir, sino con vivir humanamente, y no termina con morir, sino con seguir viviendo en el corazón de quienes hemos tocado con nuestro propio corazón, tal como dijera Tagore: “Y cuando mi voz enmudezca con la muerte, seguirás oyendo mi canción en tu corazón rebosante de vida”.

Muchas felicidades a todos.

Indivisa Manent

Lo unido permanece

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