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EL VALOR DE LOS APAPACHOS

EL VALOR DE LOS APAPACHOS
Ruth García-Lago Velarde

Uno de los muchos misterios que entraña el cerebro es por qué hay personas que logran superar las lesiones que en él se producen, mientras que otras no lo consiguen. Los neurocientíficos nos explican que nuestro cerebro crea nuevas conexiones nerviosas como respuesta a los estímulos sensoriales novedosos, pero también en respuesta al daño o las disfunciones.

Conocer el desarrollo del cerebro, desde los recién nacidos, es todo un reto para los científicos. Para conocer los avances de las investigaciones sobre este tema, el programa Seguimos Leyendo invitó a la socióloga y educadora Ana María Serrano a realizar dos diplomados: Primera Infancia e Inclusión y Promoción y Estrategias Lectoras, como parte de la preparación que los lectores voluntarios y los padres del Colegio La Salle Oaxaca reciben. La maestra habló sobre la importancia de las interacciones de calidad y su efecto en las estructuras y las funciones cerebrales de los bebés. También destacó la importancia de la lectura para el desarrollo del cerebro:

“Se sabe que el cerebro de un bebé se desarrolla en interacciones afectivas. En una relación de uno a uno, cara a cara, no tanto en una relación con aparatos electrónicos. De cero a tres años se determina el futuro de una persona. Tener salud emocional se determina por los vínculos afectivos sanos”.

La falta de afecto en la primera infancia es tan determinante que Ana María Serrano afirma que está demostrado científicamente que puede crear delincuentes, y cita a Feggy Ostrosky quien analiza a delincuentes de alta peligrosidad. “Ella encontró que el común denominador en estas personas es el daño que sufrieron cuando eran niños, de cero a tres años, donde hubo abandono, negligencia, falta de contención y mucho abuso.
Lo paradójico es que de grandes no se acuerdan realmente, no tienen esa memoria y, a la hora de delinquir, no hay remordimiento, no hay empatía con la persona que están maltratando”. La violencia en los niños provoca que tengan estrés tóxico, produce “una afectación en las estructuras y en las funciones cerebrales que provoca incapacidad para relacionarse, para autorregular conductas o aprender en la escuela, y tienen esta proclividad hacia la delincuencia”.

Para esta experta, no hay mejor manera —y que, además, es la más barata— de tener una sociedad mejor y más armónica que atendiendo “a la primera infancia. Apoyar a las madres que tienen bebés, porque en los primeros años de vida los niños necesitan muchísimo afecto, contención, regularidad en la atención y que no se sientan abandonados y negligidos”.

Ante la violencia que se vive en México, insiste que “el primer impulso es invertir más en cárceles. Tendríamos que invertir más en libros, en interacción, en apapachos, que se puede reflejar en una mejor sociedad”.

Además de amor y afecto —los apapachos—, Ana María Serrano destaca la importancia de los libros como una forma de prevención de la violencia, porque cuando se lee a un bebé o niño pequeño hay “una interacción de uno a uno, hay flujo de afecto, hay armonía”.

Serrano confirma estas declaraciones con un estudio que se hizo en Jamaica sobre el impacto del juego, la interacción y la lectura entre madres y bebés. En una zona de muchísima violencia y vulnerabilidad se hicieron tres grupos de familias urbano-marginadas: A uno no le dieron nada; a otro le dieron un programa nutricional; y al tercero le dieron un programa muy barato y muy sencillo: una chica visitaba domiciliariamente a las mamás y les enseñaba a jugar con sus bebés y a leerles. Los siguieron y estos niños tuvieron un desarrollo escolar mejor, un desarrollo social mejor. Hace poco salió el resultado de esta investigación y se vio que el índice de violencia había bajado. Entonces realmente vemos que tiene potencial maravilloso esta parte de la interacción afectiva con los niños pequeños, del juego en tercera dimensión y además de la lectura. El afecto realmente tiene un impacto muy importante en todo lo que es el desarrollo de las personas.

Después de leer esto, muchos pensarán que está muy bien, que sí hay que invertir en los niños, en que tengan afecto y que les lean libros. Pero, ¿qué hacemos con los que ya han crecido y muchos de ellos son delincuentes en potencia o ya han delinquido? Serrano nos da esperanzas.
Un neurocientífi co, el doctor Bruce Perry, habla de la afectación a nivel
estructura y funciones cerebrales cuando hay negligencia y abandono. Este neurólogo trata niños —y no tan niños— muy lastimados y la forma de recuperarlos es a través del afecto. “Tiene una terapeuta estrella, que es una señora sin mucha formación académica o terapéutica, pero su aproximación es el cariño. Ella se dedica a mecer a los niños, a tratarlos como si fueran bebés. De alguna manera, hace un resane en el momento y en la forma en donde fueron abandonados
y es la más exitosa de todas las terapeutas. Esto es muy lindo porque Perry le reconoce que hace un resane como muy primitivo, con ritmo, con abrazo, ofreciendo seguridad de algo que tuviera un futuro muy dañino”.

Como consejo para los lectores de libros a niños, Ana María Serrano nos dice que en los niños: “la parte afectiva es esencial y, si hablamos de lectura, la invitación a los lectores es que lo hagan transmitiendo emociones, vinculándose legítimamente con los niños porque los niños sí sienten
vibracionalmente toda la energía. El hemisferio derecho está mucho más presente y vivo en los  niños, se conecta con el aquí y el ahora, con el tiempo presente, lo emotivo, afectivo, vibracional, habla de color, de forma. Y generalmente los adultos estamos más vinculados con el hemisferio izquierdo, estamos preocupados por el futuro, por el pasado, y la verdad es que necesitamos, para tener un buen acceso a la lectura, hacernos un poco niños, estar mucho más en presente, tener una intención lectora realmente conectada con los niños, afectivamente vinculada y que realmente tenga un efecto en todo lo que es el desarrollo, la afectividad y la conexión con los pequeños.
[…] Los libros tienen una función maravillosa, en donde el pequeño aprende el lenguaje, a reconocer emociones, resuelve muchas veces problemas, tiene un factor liberador muy interesante, porque pueden recontar su propia historia de una manera diferente, con otro final. Y sabemos de muchas historias de éxito que se dan por esta iniciativa”.

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