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MEMORIAS DE UN MERCADO DE YALÁLAG

MEMORIAS DE UN MERCADO DE YALÁLAG

Remigio Mestas Revilla

Mayra Sánchez Viñas

A la invitación que nos hicieron para organizar una exposición y venta de creaciones de los artesanos de Yalálag en el contexto del Coloquio sobre Lenguas Otomangues y Vecinas (COLOV VI) y dos muestras dedicadas a la memoria del poeta y profesor yalalteco Mario Molina Cruz, decidimos responder con una propuesta basada no sólo en nuestros vínculos con dicha comunidad, sino en la particular perspectiva que nos ha brindado nuestra participación en la promoción y comercialización del arte popular a lo largo de muchos años. El referente inicial nos lo aportó una fotografía del mercado de Yalálag publicada por Donald y Dorothy Cordry en su libro Mexican Indian Costumes, y capturada por el primero de estos autores en 1938. En ella se observa una forma de disponer el mercado y un contexto social que conocíamos por las narraciones de los abuelos y por las excelentes investigaciones de Juan Delgado Revilla. Personas con sus vestidos tradicionales vendiendo, comprando y conviviendo. Un mercado en el suelo, con sus mesas de carrizo y sus cubresoles: un poco de morillo y manta y ya tenían un puesto armado.

Pero no se trataba simplemente de hacer una escenografía basada en esta foto. Nos interesaba mostrar lo que fue un mercado tradicional, con identidad, característico de una región, diferente a otros mercados de México y del mundo. También queríamos fusionar conceptos e ideas contemporáneos, que reflejen la forma en que un mercado así puede entenderse en la actualidad, y en el contexto del espacio que se nos había ofrecido en el Centro Cultural San Pablo de la ciudad de Oaxaca.

El proceso inició con una convocatoria abierta a los maestros artesanos de Yalálag que quisieran participar. De los catorce que mostraron interés, ocho fueron seleccionados en una primera reunión para representar las distintas ramas de actividad: huarachería, cestería, cerámica, tejido en telar de cintura, trabajo en máquina casera con las camisas de pechera, tlacoyales y los sombreros panza de burro. En un principio, expresaban incertidumbre, porque es frecuente que les hagan invitaciones y promesas que no llegan a cumplirse.

En visitas subsecuentes se detallaron algunos aspectos estéticos, se acordó que se utilizarían únicamente elementos naturales, de preferencia reutilizados, como madera, carrizos, todo lo que pudiera servir para el mobiliario del mercado. También se les invitó a llevar consigo los utensilios y herramientas propios de su actividad, la idea era que el público de Oaxaca pudiera tener un acercamiento al quehacer cotidiano de sus talleres.

Aún prevalecía cierto escepticismo, pues también es frecuente que los artesanos acudan a eventos que al final de cuentas no resultan en una ganancia o que incluso les ocasionan pérdidas, dados los gastos que implica su traslado y estancia en otro lugar. Se les explicó nuestra propuesta económica para el evento: al precio que suelen ofrecer sus productos en Yalálag se le aumentaría un 50% (precio Oaxaca), la diferencia se utilizaría para cubrir sus gastos, generándose así una ganancia adicional que además de evitar pérdidas les permitiera ser autosuficientes, no depender de apoyos externos. El montaje de actividades en San Pablo integró elementos simbólicos zapotecos, una ofrenda a la tierra con caldo de camarón, mezcal y pozontle para propiciar buenas ventas y recibir a la gente mientras sonaba la chirimía.

Aunque posiblemente imperceptible para los visitantes, la disposición de los puestos aludía a la forma de la serpiente, pues como yalaltecos consideramos que hemos salido de la Diosa Trece Serpiente. Durante cinco días, quienes transitaron por el atrio de San Pablo pudieron no sólo adquirir productos de la habilidad de las manos yalaltecas, sino tener un contacto directo con los colores, texturas, sonidos y aromas de Yalálag, observando a una mujer tejiendo en telar de cintura con su hermosa trenza cayendo por la espalda, mientras más allá un hombre se esmeraba en el trabajo de limpieza de la piel para los huaraches, otra mujer vendía tlacoyales y al mismo tiempo cardaba la lana, y en otro puesto se explicaba el proceso para elaborar los sombreros panza de burro. El barullo entretejía los sonidos del zapoteco y el español con los de las lenguas habladas por paseantes y asistentes al congreso internacional. Las hermosas mujeres sintiéndose en casa, vestidas con huipil blanco, refajo y ceñidor; los hombres con pecheras de manta, sus inigualables huaraches y sus peculiares sombreros.

Convirtiendo el lugar en un mercado auténtico. Los jóvenes de la Comunidad Juvenil Yalalteca de Oaxaca apoyaron en todo momento a los maestros artesanos y nos ayudaron a cuidar de cada detalle. Nuestro equipo de trabajo también apoyó con su experiencia en la parte de comercialización. Aunque hubo apoyo por parte del municipio y de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, la ganancia de los productos con un precio ajustado para Oaxaca permitió sufragar buena parte de los gastos y hasta permitió un saldo restante que se repartió equitativamente entre los maestros artesanos, lo que supuso una grata e inesperada sorpresa para ellos.

A nuestro parecer los objetivos se lograron, pues se compartió con el público de Oaxaca la esencia de un mercado tradicional y se mostró el fino trabajo de los maestros artesanos.

Se logró integrar en un mismo evento los componentes de la evocación y la nostalgia, con la participación de una comunidad, y con prácticas importantes para el contexto contemporáneo que nos parece muy importante impulsar: la sustentabilidad en el uso de materiales orgánicos y reciclables; la integración de componentes de la identidad local en todos los detalles visibles y también en los intangibles; y, fi nalmente, el impulso de prácticas de comercio justo que en este caso permitieron no sólo que los artesanos tuvieran una ganancia, sino que ésta estuviera acorde con el esfuerzo que implica trasladar y exhibir los productos a otra localidad, y que existiera un beneficio concreto como colectivo y no sólo en lo individual. El concepto desarrollado tuvo tal éxito que los maestros artesanos decidieron repetir la experiencia, pero esta vez en el contexto de la más importante celebración religiosa de Yalálag, las fiestas de San Antonio, en el parque principal del pueblo, lo que recibió comentarios muy positivos sobre todo de los paisanos que no viven en Yalálag, pero que regresan a la comunidad durante esas fechas.

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