Boletín FAHHO Digital No. 58 (Ene 2026)

Víctor Chaʼca en el Centro Cultural San Pablo: Xu Roo / Terremoto

Héctor Palhares
Bi’cu yaase / Perro negro, 2017-2024. Talla en madera de granadillo y zapote negro con laminado

El 7 de septiembre de 2017, un terremoto de 8.2 grados en el Golfo de Tehuantepec cimbró los estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Juchitán, en la región del Istmo, vio el derrumbe de casas y templos que habrían de iniciar un largo proceso de reconstrucción. Con las vigas de madera resultantes del colapso—destinadas al fuego o al desecho—, el artista juchiteco Víctor Orozco, alias Cha’ca, elaboró entre diciembre de 2017 y diciembre de 2024, además de nuevas propuestas en bronce, un conjunto de esculturas con la intención de resignificar el desastre.

Máscaras, nahuales, animalia, tzompantli, evocaciones de vida y muerte…; en este trabajo, el maestro Cha’ca traduce el ímpetu de la naturaleza, a veces implacable, en una nueva apuesta por la vida. Seres guardianes de tradición zapoteca, que se metamorfosean en animales, acompañan nuestra cosmogonía desde tiempos inmemoriales. En su obra, soles, lunas, conejos, jaguares, murciélagos y lagartos encuentran espejo con los seres angélicos y su gran arraigo en el sincretismo religioso, heredado de la tradición católica antequerana.

Asimismo, el rostro y la máscara, como perdurable binomio, se transforman en gestos polícromos en bronce o madera que son espejo y reflejo de nosotros mismos. La monumental obra introductoria que se exhibe en el atrio del Centro Cultural San Pablo invita a mirarnos en la pluralidad de muecas, expresiones y fisonomías.

Finalmente, en la dialéctica de eros y thánatos, es la muerte quien figura en esta coordenada como cirquera, contorsionista o musa; haciendo guiños desde la cosmovisión mesoamericana del muro de cráneos triunfal, hasta la picardía y jocosidad que sigue presente en el imaginario colectivo.

“Víctor Cha’ca. Xu Roo / Terremoto”, que tiene lugar en las salas de vestigios, capitular, capilla, atrio y patio de dómina, aborda en su primer eje temático distintas representaciones mortuorias. Osados personajes que hacen acrobacias y malabares apoyados en calaveras, conviven con seres alados que, como huestes celestiales, se impulsan para emprender el vuelo. La serie de Tzompantli evoca los cráneos como trofeo bélico en el México antiguo, estilizada por Cha’ca en sus tallas en madera a las que coronan hieráticas calaveras. La muerte enredada, acompañada por lunas risueñas, remite al carácter lúdico, cercano y popular que esta tiene en la esencia del pueblo mexicano.

En la segunda sección del recorrido, protagonizan las evocaciones del nahual y el tona que custodian el destino de los seres humanos. Es aquí donde la “animalia” de Cha’ca presenta emociones y estados anímicos transformados en lagartos, serpientes, conejos, jaguares y cánidos que transitan entre lo terrenal y lo divino.

Aquí están presentes, también, rostros y cuerpos que, en complejos escorzos, acercan al espectador al movimiento primigenio de la creación. Dos piezas monumentales, Gigante y Caracol, orquestan una sinfonía de color y volumen en los espacios abiertos del antiguo conjunto conventual dominico del Centro Cultural San Pablo.

Con la obra de Víctor Cha’ca estamos, entonces, en pie de igualdad con las voces de los antiguos zapotecos y sus muchos significados, que resuenan en los mitos e hitos de la fantástica tierra oaxaqueña.


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