Un museo para llevar

Cuando era niño y hacía mis primeras visitas a museos junto con mi familia, uno de los momentos más emocionantes del recorrido solía ser el final, cuando llegábamos a la tienda de recuerdos. Entre pines, postales y lápices gigantes, el reto estaba en encontrar un tesoro que me ayudara a recordar lo emocionante de la visita. Los recuerdos más especiales eran aquellos que me invitaban a seguir descubriendo.
Por eso, los libros ocupaban un lugar especial en mi colección. Un cuento, un catálogo, un mapa, un cuaderno de actividades o cualquier otro material de lectura podía llevarme de regreso a aquel museo, a sus salas y a las historias que había descubierto en ellas. La visita no terminaba al salir por la puerta: podía llevarme el museo a casa y volver a explorarlo cada vez que abría sus páginas. Yo creo que uno de los grandes poderes de los libros es convertir un recuerdo en una oportunidad para volver a descubrir.
Desde que abrió sus puertas en 2017, el Museo Infantil de Oaxaca ha intentado hacer precisamente eso. Cada dos años, con la llegada de una nueva exposición didáctica, también creamos un libro que permite continuar la exploración que comienza en la antigua estación del ferrocarril. Con el tiempo, esta tradición se ha convertido en una colección que lleva juegos, historias, reproducciones artísticas y actividades hasta los libreros de las familias de Oaxaca.
No existe una fórmula para crear los libros del museo. Un libro puede ser un viaje mágico por medio de la obra de Rodolfo Morales, un taller de artes portátil como el de Las Sonrisas de Tamayo o una aventura emocionante para encontrar a Teocintle. Cada publicación ha sido un nuevo reto y una nueva oportunidad para imaginar cómo llevar los temas de nuestras exposiciones más allá del museo y ponerlos en manos del público infantil.

Con cada publicación hemos aprendido a encontrar nuevas formas de contar. Descubrimos que no existe una sola manera de leer un libro y que todos los lectores pueden disfrutarlo de forma distinta. Por eso, cada nuevo título nos ha permitido jugar con la lectura de una manera diferente. Los primeros libros del MIO, dedicados a grandes maestros del arte oaxaqueño, nos plantearon el reto de ofrecer a las niñas y los niños una experiencia que hasta entonces parecía reservada para los adultos: contemplar las obras de grandes artistas en libros de excelente calidad, donde pudieran apreciarse tal como son y con el cuidado de una edición y una impresión a la altura de las propias obras.
Con nuestra tercera publicación quisimos hacer que algo tan cotidiano como el maíz y sus compañeros de la milpa se convirtieran en un viaje fantástico y maravilloso. Así nació Anoche soñamos con Teocintle, un relato ilustrado centrado en la aventura y el descubrimiento, pero también en el arte de contar historias y en la posibilidad de acercarnos a nuestros orígenes. Con cada libro, el MIO ha encontrado una nueva oportunidad para experimentar, probar distintas maneras de leer, imaginar y aprender, y para preguntarse qué más puede ser un libro para los niños.
Escribir libros infantiles no significa simplemente hacer textos fáciles de leer o explicar las cosas utilizando palabras sencillas. Como museo, y ahora también como editorial, entendemos que trabajar para los lectores más jóvenes implica cuidar cada detalle. Las niñas y los niños saben reconocer cuando un libro ha sido pensado realmente para ellos. No basta con tener ilustraciones bonitas o una edición atractiva; cada libro debe sentirse único, creado para despertar su curiosidad y acompañar su manera de descubrir el mundo.
Por eso para el MIO es tan importante trabajar con ilustradores que comprendan a sus lectores, cuidar con precisión los contenidos y hacer de cada historia, imagen, juego y aprendizaje una experiencia fascinante. Todos los elementos cuentan y deben ser trabajados con el mismo cuidado, porque queremos crear libros que, además de acompañar la experiencia en el museo, se conviertan, para nuestros visitantes, en algo que quieran conservar, volver a abrir y descubrir una y otra vez.

Justamente por eso, nuestra cuarta publicación ha significado un reto todavía mayor. Un día en Monte Albán es el resultado más reciente de este camino y una nueva oportunidad para preguntarnos hasta dónde puede llegar un libro para niños. Se trata de un libro de arqueología que también es un juego constante. La publicación invita a los pequeños lectores a viajar hasta Monte Albán en su época de esplendor, acompañar la vida de la ciudad desde que amanece hasta que cae la noche y buscar entre sus paisajes objetos, animales y pistas que nos conectan con quienes habitaron este lugar hace cientos de años. Observar, jugar y descubrir se convierten así en una forma distinta de leer, en un recorrido que puede comenzar una y otra vez y que siempre tiene algo nuevo por contar.
El 13 de agosto de este año, Un día en Monte Albán recibió la mención honorífica en la categoría Mejor Obra Infantil del XXVIII Premio Antonio García Cubas, en el marco de la 37ª Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia. Este galardón celebra el trabajo de las escritoras Brenda Arango, Patricia García y Marichelle Romero, del ilustrador Carlos Vélez Aguilera y del equipo que participó en su edición y producción. Pero también reconoce que hacer un libro en el MIO es un trabajo de muchas personas. Detrás de cada página hay manos, ideas, conversaciones, revisiones y esfuerzos de un grupo de profesionales que, desde distintas áreas, hizo posible que esta publicación cobrara vida y llegara a las niñas y los niños. Por eso, esta mención honorífica no solo distingue a Un día en Monte Albán; también nos permite celebrar el camino que el MIO ha construido desde 2017 y reconocer nuestra trayectoria como editorial.
En el MIO no tenemos una tienda de regalos. Y, sin embargo, cada visita puede terminar con ese broche de oro que es salir con un recuerdo emocionante, un aprendizaje nuevo o un descubrimiento que da ganas de compartir con todas las personas que uno se encuentra en el camino. Cada juego, actividad y recorrido puede convertirse en esa búsqueda. En estos años, nuestra colección de libros también nos ha convertido en una pequeña fábrica de recuerdos, una máquina del tiempo y un espacio para las historias que nos permiten seguir disfrutando de aquello que encontramos en el museo. Como parte del equipo que hace posibles estos tesoros de páginas y letras, me siento profundamente orgulloso de crear libros no solo para las niñas y los niños que visitan el MIO hoy, sino también para quienes, como yo, alguna vez hubieran querido conocerlo y, sobre todo, para aquellos que en el futuro seguirán descubriendo el museo a través de sus páginas.