Boletín FAHHO Digital No. 28 (Jul 2023)

Un cuarto de siglo difundiendo el arte filatélico en Oaxaca. Entrevista a Eduardo Barajas

Regina Mejía
Fotografía: Daniel de Laborde, Estampas de un espacio, Mufi, 2018.

Han pasado dos décadas y media desde que el Museo de la Filatelia abrió sus puertas. Durante este tiempo, el timbre postal ha tenido distintos momentos: pasó de ser un objeto utilitario y cotidiano presente en la correspondencia, a ser un elemento casi exclusivo de los acervos y colecciones. Lo que sí es un hecho es que los timbres siempre han sido un objeto coleccionable, y gracias a la apertura del Mufi en Oaxaca muchas personas descubrieron su universo y posibilidades.

Este mes de julio, el Mufi cumple su primer cuarto de siglo. Eduardo Barajas, quien ha sido colaborador del museo por 21 años, y su director durante los últimos 18, cuenta que, en 1996, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca realizó una exposición de filatelia y numismática: “Lo que se exhibía era una colección que pertenecía al Archivo Histórico de Banamex. Durante esa exposición, Francisco Toledo le habló a don Alfredo Harp Helú sobre poner un museo de numismática en Oaxaca, y este era un tema que a don Alfredo le interesaba porque coleccionaba monedas y timbres”.

Este primer encuentro anunciaba la llegada de un espacio que abrió sus puertas el 9 de julio de 1998, gracias a la filantropía de su fundador, el señor Alfredo Harp Helú, a su amor por la filatelia y al compromiso con su estado que siempre le han distinguido. Una casa del Centro Histórico, sobre la calle de Reforma, marcada con el 504, se convertiría en el Museo de la Filatelia de Oaxaca. Inició con una colección personal de timbres postales, dejando para el futuro la posibilidad de retomar el tema de la numismática.

Hoy en día, el museo está próximo a abrir una sala dedicada exclusivamente a esta otra forma de coleccionismo, pues en 2020 recibió, para su clasificación, investigación y exhibición la colección numismática de don Alfredo, compuesta por más de 19000 piezas —principalmente— de monedas nacionales, que los visitantes podrán apreciar en una sala permanente, sin embargo, el acervo filatélico lo supera en cantidad.

Barajas platica que:

Cuando el museo abrió, era un poco difícil de entender hacia dónde iba porque la filatelia era un tema muy especializado, lo veían como algo caro, elitista, de alguna forma de clase alta [ya que] las colecciones eran carísimas y privadas. Los primeros dos años fueron difíciles, en general para cualquier museo o empresa es difícil arrancar, plantear objetivos, explicar a los usuarios qué es la filatelia, por qué un museo y [cuál es] su importancia.

Pero apostaron por educar sobre la filatelia a las nuevas generaciones, y “lo que vino a reforzar y afianzar todo esto fue empezar con un programa dirigido al público infantil: talleres, actividades y programas para las escuelas que complementaban lo que veían en clase referente a temas como la carta y el timbre postal; todo esto abonó para que los niños se interesaran o supieran un poco más sobre este arte, [incluso] muchos empezaron a formar su propia colección de timbres”, detalla el director del Mufi.

Aquellas primeras generaciones de niñas y niños que acudían al museo han ido creciendo a la par del espacio. El Mufi ha escuchado a sus usuarios y se ha ampliado poco a poco hasta ser hoy en día una de las esquinas más atractivas del Centro Histórico.

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El Mufi es el primer museo que la Fundación Alfredo Harp Helú abrió en la ciudad. Para lograr posicionarse, el equipo planteó exposiciones y talleres temáticos, proyecciones de cine, convocatorias y numerosos congresos, y cabe decir que algo que ayudó desde el inicio fue que, arquitectónicamente, este es un espacio para disfrutarse.

Con el pasar de los años, y tras cinco lustros de experiencia, el Mufi ha sido germen para nuevos proyectos: gracias a la iniciativa y visión de la doctora María Isabel Grañén se hizo posible este sueño, cuyos muros han visto nacer en este estado proyectos como el Museo Textil, el Instituto de Órganos Históricos y Adabi Oaxaca. Detalla Barajas:

En el 2000, cuando se adquiere el predio de Reforma 500, el arquitecto Daniel López intervino el espacio de una forma minimalista: entonces el museo se convirtió en un espacio muy zen, con elementos japoneses y oaxaqueños; la arquitectura empezó a llamar mucho la atención y la gente entraba para ver de qué se trataba. En ese momento surgió el reto de explicar al público lo que significa la filatelia. Afortunadamente, gracias a todas las actividades, este espacio empieza a ser un centro cultural y un punto de encuentro para los creadores.

Y añade que durante el proceso de posicionamiento también se reforzaba la idea de volver más accesible la filatelia, que no fuera tan rigurosa; eventualmente, con las exposiciones temáticas, las personas se fueron acercando más al lugar.

Para Eduardo Barajas, el generar programas, actividades y exposiciones es motivante.

Los 21 años que llevo trabajando en el Mufi se han ido rápido; hacemos una diversidad de cosas y estamos comprometidos con el tema de los museos, con la relación que hemos establecido con muchos colegas, los intercambios y la profesionalización. Hemos logrado conformar un equipo de trabajo en el que todos proponen.

También es motivante trabajar con don Alfredo y la doctora María Isabel, porque son muy activos, todo el tiempo tienen proyectos a los que suman al Mufi; hemos colaborado, por ejemplo, en los proyectos culturales relacionados con beisbol en Monterrey y Ciudad de México.

Desde el Mufi, destaca su director, han tenido la oportunidad de impulsar congresos de museos que ayudan a la actualización de quienes ahí colaboran: ha sido pionero en la profesionalización de estos espacios en nuestra ciudad, atrayendo la mirada y el interés de muchos personajes mediante encuentros de talla internacional, como el 7.º Programa Nacional de Interpretación de Museos, realizado en 2011. En este evento, personajes de diferentes países y museos como el Thyssen, la Caixa, MoMa, entre otros, compartieron su conocimiento y visión; la Convención Anual 2018 de la México-Elmhurst Philatelic Society, que tuvo como sede el Centro Cultural San Pablo, un espacio abierto a coleccionistas independientes y miembros de las agrupaciones y sociedades filatélicas del país y del extranjero; el Encuentro del Museo Reimaginado en 2019, que reunió a más de 600 profesionales y colaboradores de recintos culturales de América. Espacios como estos permiten crear redes de diálogo y mejorar las prácticas en los museos.

Artistas presentes en el Mufi

El director del Mufi resalta que los creadores también se han involucrado con el museo: “El primer artista que no solo exhibió gran parte de su obra en el Mufi, sino que también tiene tres timbres en la filatelia mexicana, fue el maestro Francisco Toledo: realizó varias colaboraciones con nosotros que se pueden ver en los catálogos del museo”.

Saúl Kaminer, por su parte, realizó una colaboración con buzones de cerámica, y cuando el museo cumplió 10 años, se expuso su obra. “Después empezamos a hacer exposiciones colectivas e invitamos a varios artistas para que intervinieran objetos relacionados con la filatelia”, agrega.

También han colaborado con el Mufi Eduardo del Río Rius, el impresor Juan Pascoe, Pedro Friedeberg, Cristina Kahlo —quien ha participado en exposiciones de las cartas de Frida Kahlo, que se encuentran en la colección del museo—, Sergio Hernández, Adán Paredes, Guillermo Olguín, Nicola López, Alan Glass, Emilia Sandoval, Mauricio Cervantes, Carmen Parra, Betsabe Romero, Alberto el Negro Ibáñez, entre muchos más.


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