Boletín FAHHO Digital No. 60 (Mar 2026)

Sonreír de nuevo

Rocío Ocádiz

Pocas veces hacemos conciencia de que, fundamentalmente, somos caminantes. Hemos caminado desde que fuimos llamados a la vida y sabemos que algún día dejaremos de caminar en este mundo.

Creo que sería interesante, de alguna manera tecnológica, construir y mirar en un video el trazo que han tenido los caminos de nuestras vidas. Por el tiempo transcurrido, algunos serían evidentemente más largos y otros más cortos. Algunos con sinuosidades muy marcadas y otros con líneas más rectas.

Sin embargo, indudablemente, cada camino tendría sus borrascas inesperadas, sus tramos de calma, sus zonas oscuras y complicadas. Cada camino tendría sus cuestas arriba en las que seguramente la velocidad disminuyó, y también los tramos que, al verlos de nuevo, muchos quisiéramos desaparecer del trayecto. Quizá veríamos las múltiples veces en que sentíamos que no podíamos avanzar, cuando nos faltaba el aliento; o aquellos momentos en que por ese compañero de camino que se quedó atrás, tomó otro rumbo o simplemente dejó de ir con nosotros, pareció que no podríamos seguir adelante. Y, sin embargo, seguimos adelante, quizá más lentamente…, quizá a rastras, ¡pero seguimos!

La realidad es que nuestro camino ahí está, incluso si no podemos reproducirlo para apreciarlo en su avance al día de hoy. Nuestro trayecto personal, con sus paisajes luminosos, sus subidas y bajadas, sus desafíos y sus nostalgias, está en nosotros. Somos caminantes y sabemos que el camino se enriquece con bifurcaciones, la intersección temporal de los caminos de otros y la unión de otros senderos. Decisión tras decisión, vamos construyendo esa senda.

Por otro lado, están esos otros caminos: senderos colectivos que también hemos recorrido, y que son decisivos en nuestra vida. Con quién caminamos, para qué caminamos, con qué rumbo, hacia qué meta. Hace más de veinte años, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca comenzó un camino en estas tierras llenas de vida, música y color. Un camino al que muchos han sido invitados: unos con su trabajo, otros con sus proyectos e iniciativas, algunos con su propio dolor callado que los empuja hacia delante, y otros con sonrisas inigualables que animan el alma de los demás.

Un hombre y una mujer arrancaron ese trayecto en el que su propia historia de amor ha sido el motor principal para hacerlo reverdecer a la sombra de árboles nuevos, lo ha llenado de vida con la memoria presente de nuestros pueblos, y lo hace vibrar con voces que se comunican en las lenguas de nuestros ancestros. Un camino con el ánimo resuelto para seguir jugando y creando música, para vestirse de gala con cada textil de nuestras tejedoras incansables, para escribir y mandar una misiva sellada con un timbre y un beso… y para leer, leer y volver a leer cada noche antes de dormir.

Ha sido un camino al que cada vez más personas se unen y lo enriquecen con sus propios caminos previos y sus sueños por cristalizar. Cada caminante ha aportado su propia visión y lo ha enriquecido con sus propias historias y pruebas superadas. ¡Por supuesto que ha habido dificultades y escollos, pero siempre hemos superado las sombras y hemos avanzado hacia la luz!

Esta mañana ha amanecido como cada día: por primera vez. El horizonte nos indica que el camino sigue, vamos en la dirección correcta, y cada día hay alguien que nos espera, desde su propio sendero, para aprender a sonreír de nuevo.

*Rocío Ocádiz, Directora de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.


Lo sentimos, la página que buscas no existe.

¡Muchas Gracias!
En breve nos pondremos en contacto contigo.