Boletín FAHHO Digital No. 2 (Nov-Dic 2020)

Símbolos animales de Cerro Oscuro

César A. Tránsito

Imágenes en los textiles de San Juan Cotzocón

No cabe duda de que los animales y su simbolismo han estado presentes desde las primeras etapas de la humanidad. En estas edades tempranas, este otro animado seguramente fue motivo de asombro, asignándosele, paulatinamente, una serie de valoraciones, fuerzas y atributos que formaron parte de la concepción del mundo que el ser humano comenzó a construir.

Hoy en día, esta presencia animal sigue más vigente que nunca. Gran parte de la literatura infantil y juvenil tiene como grandiosos protagonistas a los animales. La mayoría de nosotros comenzamos nuestro aprendizaje observando y memorizando los nombres de todo tipo de animales y sus distintas “personalidades”. En nuestro contexto educativo, por ejemplo, aprendimos acerca de la majestuosidad del león, de las trampas de la zorra y de la astucia de la cigüeña; por otro lado detestamos la presencia de la rata, si esta se asocia con la suciedad, y reconocemos la maldad de las serpientes y los zopilotes.

De este modo, el ser humano ha dotado a los animales de características y personalidades que no necesariamente corresponden con su naturaleza. Se ha comprobado que muchas culturas distinguen perfectamente entre estas valoraciones y el animal concreto. No es un secreto que las primeras culturas humanas tuvieron deidades con cualidades zoomorfas, ya sea que estas hayan sido representadas por un animal en específico, o que dichas deidades tuvieran rasgos de uno o varios animales.

De manera especí ca, entre los pueblos ayuuk que habitan lo que ahora es la región Mixe en el estado de Oaxaca, se puede verificar la importancia del reino animal en varias de sus manifestaciones culturales. En las narrativas mixes que han logrado sobrevivir, restos de una compleja mitología, se puede presenciar todo un esquema valorativo del reino animal.

Algunos pueblos mixes poseen fama de tener y formar a grandes especialistas rituales. Tanto en su complejo mitológico, como entre las personas ayuuk de hoy, se tiene la firme convicción de que cada uno de nosotros nace con un “espíritu guardián” o tso’ok. Y esta “alma” muchas veces tiene forma animal. En el área de Mesoamérica, incluso, han sido motivo de estudio los naguales, es decir, aquellas personas que tienen la capacidad de transformarse en su alter ego animal. Fenómeno que también está presente entre los pueblos ayuuk.

Un notable ejemplo, en el que vemos la presencia del reino animal, lo constituyen los magníficos textiles de la comunidad de San Juan Cotzocón, principalmente en sus huipiles. En esta indumentaria, la más antigua hasta ahora documentada (alrededor de 1940), es constante la presencia de tres animales que se han tejido en estas prendas: el ave o joon, el perro o uk, y lo que parece ser un ave de dos cabezas, cuyo nombre misterioso se referirá más adelante.

En las narraciones que dan cuenta de la creación del mundo entre los pueblos mixes, los animales han jugado un destacado papel. Han sido loros, colibríes, palomas o zopilotes quienes han servido como aves mensajeras de Dios, ya sea para anunciar el n del mundo por un diluvio, o para revisar en qué condiciones ha quedado después de su destrucción.

El Noé ayuuk, encargado de construir el arca, salva a tres animales: una paloma, un cacalote y una zorra. El cacalote y la zorra se encargan de ir al infierno, una vez pasado el diluvio, a conseguir los elementos necesarios para los supervivientes. El cacalote acarrea la tierra para la siembra, mientras que la zorra roba el fuego del infierno usando su cola como antorcha.

Por otra parte, en una de estas antiguas narraciones ayuuk, una imagen reveladora es la del ave que preña a María, la tejedora. Tumagüiñ o Tum-Jëkëëny, nombre calendárico de uno de “los hermanos que vendían tabaco”, se transforma en ave y se para en el telar de la tejedora, quien, aparentemente lo mata de un golpe y lo mete en su regazo, arrepentida. El ave le pica un seno, dejándola embarazada. Más adelante, la mujer dará a luz, gracias a la ayuda de un zopilote, a unos gemelos: un niño y una niña que se convertirán en Sol y Luna, respectivamente.

Otra historia que se conoce en varios pueblos mixes, popolucas de Veracruz y zoques, parientes lingüísticos, es la de “La perra que echa tortillas”. El tema de esta historia gira alrededor de un hombre viudo que tiene que salir a trabajar y, al regresar del campo, descubre con sorpresa que sus alimentos están preparados y que sus hijos huérfanos han recibido una cuidadosa y misteriosa atención. Con sigilo, descubre a su perra: ve que se ha quitado su pellejo y que es, en realidad, una hermosa mujer. En algunas versiones de esta narración, la perra muere de vergüenza, en otras, el hombre se casa con la perra y se encargan de poblar el mundo.

En San Juan Cotzocón, los ancianos y ancianas del lugar comentan que, mucho tiempo antes, los “tres sanjuanes” mixes de la región baja (Cotzocón, Mazatlán y Guichicovi) conformaban un solo pueblo. La maestra tejedora, Francisca Díaz, cuenta que, en este caso, una señora viuda lloraba de pena por no tener quien le ayudara en sus tareas domésticas. Su perro, que la escucha, le responde que él la ayudará. Entonces, el perro se quita su “cuero” y la auxilia con sus labores. Como este suceso no era común entre los habitantes de la comunidad, las personas sugieren a la señora acudir con las especialistas rituales, las këxëë. Estas dijeron que aquello era una señal y que debían abandonar el pueblo para ir a fundar los actuales San Juan Mazatlán y San Juan Guichicovi.

No es desconocida la imagen del perro como el gran compañero, no solo en la vida, sino también en la muerte. Cuidarlo implica una gran responsabilidad pues, maltratarlo en vida, repercutirá en que el animal no nos ayude a cruzar al “más allá” después de morir. Por ello, no es casual que este animal se encuentre en el catálogo de imágenes tejidas de los huipiles de San Juan Cotzocón. Una mirada atenta a estos textiles revelará la gran riqueza formal de estas guras caninas.

Otra de las figuras enigmáticas que se siguen tejiendo en los huipiles de esta comunidad, es la que parece un ave de dos cabezas. Varias narraciones en el estado de Oaxaca refieren a un “monstruo” que se lleva a la gente a lo alto de un cerro. Algunas veces, este monstruo es precisamente un ave de dos cabezas. Los gemelos, nacidos del vientre de María, la tejedora, se encargarán de dar fin a este terrible animal.

En los huipiles más antiguos de San Juan Cotzocón, se tejía una compleja imagen en la zona del pecho y de la espalda, generalmente con hilos de color blanco. Dicha gura recibe varios nombres en ayuuk: ägres kë’e tu’uk pemy, witsn mäjkts kë’bajkx pemy o, simplemente, kopk. El primer nombre podría traducirse como ‘ figuras pelonas’ o ‘sin cabeza’, significado de las palabras kë’e, ‘mano’, y tu’uk ‘sin cabeza’ o ‘sin pelo’. Actualmente, las tejedoras de esta comunidad desconocen el significado de la palabra ägres, palabra que no es mixe y que bien podría significar ‘águila’, si es que dicho término no existiera en el ayuuk de Cotzocón, el cual es, precisa- mente, witsn. Mäjkts es ‘dos’ y kë’bajkx es ‘cabeza’. El último nombre, kopk, es ‘cerro’ y recibe este nombre por las formas triangulares que componen a este tejido, semejantes a montañas. Acompañan a estas figuras dos guras humanas o jääy.

Hoy en día, la nueva generación de mujeres tejedoras ha ido implementando nuevas figuras en los textiles, incluidas las de animales, que se tejen sobre todo para el mercado externo. En este sentido, cabe destacar que la presencia animal ha tenido, y mantenido, una presencia e importancia en la vida de las mujeres y los hombres ayuuk. Ya sea en su aspecto tenebroso, benéfico o de acompañamiento, el animal ha sido un elemento importante en la manera en que hemos conformado nuestra particular concepción e interpretación del mundo, expresado, en el caso de la comunidad ayuuk de San Juan Cotzocón, en sus manifestaciones artísticas a través del tejido en el telar de cintura.

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